Théophile de Viau

Los amores trágicos de Píramo y Tisbe

Les amours tragiques de Pyrame et Thisbé

Viau, Théophile de. <<Los amores trágicos de Píramo y Tisbe>> . Traducido por Evelio Miñano Martínez, para la colección EMOTHE. Valencia: ARTELOPE Universitat de València, 2018.

Joan Oleza Simó (Investigador principal) Miñano Martínez, Evelio (Traductor) Durá Celma, Rosa (Editor)

Español · Verso · 1234 versos

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Tisbe
Píramo
Bersiana
Narbal
Lidias
El Rey
Sílar
Disarco
Deuxis
La Madre de Tisbe y su Confidente
[El Mensajero]
(Tisbe, Bersiana, Narbal, Lidias, el Rey, Sílar)

Escena 1

(Tisbe, Bersiana)
Tisbe
Separada por fin del ruido y los molestos, 1
mi fantasía a solas conmigo retirada, 2
ya puedo abrir mi alma a la luz de los cielos, 3
libre ahora mi voz, libres también mis ojos: 4
me es permitido aquí decir tu nombre, Píramo, 5
me es permitido aquí llamarte alma mía. 6
Alma mía, ¿qué dije? Esto es mal discurrir, 7
que el alma nos da vida y tú me haces morir. 8
Verdad es que la muerte que tu amor me procura 9
es la única cosa que yo llamo vivir: 10
lento y adormecido sin amor, nuestro espíritu espíritu Según Michèle Rosellini (2012a: 39), el autor se refiere al espíritu vital de la medicina galénica. 11
como en un sueño pasa nuestros jóvenes años; 12
antes de haber amado no se conoce el uso 13
que albergan los sentidos y los rasgos del rostro; 14
faltos de esa pasión, el animal más torpe 15
sabría el bien y el mal aún mejor que nosotros, 16
sería nuestro sino igual que el de los árboles 17
y en nosotros serían las bellezas cual mármoles 18
donde al grabar la imagen de lo humano, el Obrero 19
no sabría hacer que ojos y manos se movieran. 20
El ojo cuyo brillo solo luce a ventura 21
es como el sol oculto por la naturaleza, 22
antes que hubiera entrado en sus casas del cielo 23
y mirado lo bellas que son las estaciones. 24
Mas yo creo que solo desde la hora primera 25
en que amor me tocó, conseguí ver la luz, 26
y que mi corazón no comenzó a vivir 27
sino cuando se puso a suspirar de amor; 28
y a pesar de que el cielo haga fluir mi vida 29
en esta pasión con un poco de envidia, 30
que mil impedimentos combatan mis deseos, 31
que amenace un funesto final nuestros placeres, 32
que las tercas discordias de un odio inveterado 33
aún dividan la casa de Píramo y la mía, 34
que todo, hombres y cielo, arruine mi designio, 35
yo, aun así, no podría, de este pecho arrancármela; 36
y si pudiera hacerlo, mucho me apenaría 37
que mi alma se curara de tan dulce tormento. 38
Una salud como esa me daría la muerte; 39
solamente pensarlo me enoja y hace daño. 40
Bersiana
¡Cómo os habéis podido alejar de nosotros! 41
¿Os atrevéis a ir sin compañía alguna? 42
Todos están en casa preocupados por vos, 43
y aún más vuestra madre, que está muy irritada. 44
Tisbe
Y eso, ¿por qué? Mi vida, ¿tan sospechosa es? 45
Bersiana
¡No!, mas los viejos siempre quieren que los respeten. 46
Deberíais, al menos, habernos avisado, 47
mostrando de algún modo que ibais a salir. 48
Tisbe
¿No sabes que me gusta soñar, estar callada, 49
que, por mi natural, soy algo solitaria, 50
que intento muchas veces alejarme del ruido? 51
Siento, a decir verdad, odio por quien me sigue; 52
a veces, mi tristeza hallaría molesto 53
incluso conversar con la buena fortuna 54
y me disgustaría la visita de un dios; 55
hasta un rayo del sol me enojaría a veces. 56
Bersiana
¿Una hoja que cae, un céfiro, un átomo átomo Alleaume (Viau, 1855: 97), aun reconociendo que las diferentes ediciones atribuyen este verso a Bersiana, considera que tiene más sentido si lo pronuncia Tisbe. ? 57
Tisbe
Imagina el efecto que tendría un fantasma 58
y cómo me vería yo misma castigada 59
si un infernal espíritu viniera a hablar conmigo. 60
Bersiana
Según eso, ya formo parte yo de ese número. 61
Tisbe
Nunca algo vivo más se pareció a una sombra. 62
Bersiana
¿Y por qué esos desdenes? 63
Tisbe
Viejo espectro de huesos,
¡vaya ganas que tengo de que tú me entretengas! 64
Bersiana
Advierto claramente que murmura de mí. 65
Concluyo, pues, que soy esa infernal figura. 66
Tisbé
No es eso lo que digo, más te imaginarás… 67
Bersiana
Que conversar conmigo es algo prescindible. 68
Tisbe
Justamente. 69
Bersiana
Comprendo, si no me falta seso.…
Tisbe
Que otra cosa que tú tengo en el pensamiento. 70
Bersiana
Tenían sus motivos, Tisbe, nuestra sospechas 71
cuando todos los días tanta advertencia os dábamos; 72
no yerra vuestra madre poniendo ojos y oídos 73
en lo que estáis haciendo. 74
Tisbe
No importa que vigile.
Yo nunca nada hice para temer testigos, 75
mi inocencia se burla de vuestras inquietudes, 76
me turban todas ellas lo que el ruido de una hoja, 77
pues vivo sin reproche. 78
Bersiana
¡Ah, Dios lo quiera así!
Tisbe
Adiós, búscate a otro que te quiera escuchar. 79
Bersiana
Por mucho que uno esconda tal secreto en los huesos, 80
el amor, la ambición, el orgullo y la cólera 81
en nuestras frentes siempre se muestran claramente. 82
Espero yo que, en breve, lleguemos al final 83
de esta confidencia y lo sepamos todo. 84

Escena II

(Narbal, Lidias)
Narbal
¡Persistir, pese a mí, en ese amor funesto! 85
El ingrato me debe, tras al Cielo, la vida. 86
Tú que cobardemente adulas su quimera, 87
quieres que mi razón ceda a tu frenesí 88
y, trayendo el recuerdo de lo que antaño hice, 89
quieres aconsejarme la perdición de mi hijo. 90
Es cierto que, hace tiempo, yo sentí esa llama, 91
cuando animaba a mi alma la sangre más sutil. 92
Esclavo como soy de la ley natural, 93
como otros, en mi tiempo, ardía de ese fuego. 94
Mis designios, no obstante, lícitos siempre fueron 95
y mis justos deseos, dichosos e inocentes. 96
Lidias
De aquello, desde entonces, perdisteis el recuerdo, 97
mas si los mismos años os pudieran volver 98
y la ley natural, para favoreceros, 99
borrando en vuestra mente el horror de la tumba, 100
devolviera la fuerza a vuestros miembros rotos 101
y pusiera vuestro ánimo en su primer estado, 102
vuestro rigor, yo creo, de otro modo hablaría 103
y vuestros sentimientos no serían tan firmes; 104
ese hijo a quien mostráis tan mala voluntad 105
os vería cambiado de censor en rival. 106
No se pueden domar las pasiones humanas, 107
contra Amor la razón es importuna y vana, 108
una figura amable siempre tiene derecho 109
a hechizarnos si estamos en situación de amar. 110
Pronto se ve sujeta el alma a una belleza 111
por lo que cuentan de ella ojos y pensamiento. 112
Narbal
Tu mente participa aún de la estación 113
que no ve madurar frutos en la razón. 114
Yo que estoy bien curado de ese humor inconstante 115
y todos los peldaños de la edad ya pasé, 116
conozco más que tú la vida y el deber 117
y, mejor que tú, pronto se lo haré yo saber. 118
Amar sin mi permiso, dar pábulo, obstinado, 119
a un amor que lo pierde y me deshonra a mí, 120
de un mortal enemigo acudir a la hija: 121
prefiero el corazón arrancarte del pecho. 122
Ya desistirás, terco, que yo te enseñaré 123
el respeto que debes a tus progenitores 124
y que no debes nunca cultivar tu pasión 125
ni trazar tus designios si no es con mi permiso. 126
Lidias
Para probar fortuna en semejante asunto, 127
jamás es necesario tener licencia alguna; 128
de nada serviría cuando es un accidente: 129
en esto, se es más fino cuanto más imprudente. 130
No se pide permiso para una aventura; 131
se pide, en todo caso, a la naturaleza, 132
que guía nuestras vidas, o se apela a los dioses, 133
que tienen en sus manos nuestros ojos y espíritus. 134
Narbal
¿No sabe que me debe, por fuerza, complacer? 135
¿Que ese furtivo amor mi cólera irrita? 136
¿Que con ese proyecto va menguando mis días 137
y persistiendo en él comete un parricidio? 138
¿Aprueban, pues, los dioses, que son equitativos, 139
que se hagan fechorías? 140
Lidias
Si son inevitables,
no quieren apartar nuestros pasos los dioses. 141
Por encontrar el crimen un cebo en el amor, 142
que el rigor de las leyes sustenta y acrecienta, 143
incluso Radamantis Radamantis Radamantis, hijo de Zeus y Europa, juzga a los muertos en los Infiernos. se apiada de los que aman; 144
en cambio, un negro humor que mueve al asesino, 145
un natural cobarde inclinado a los hurtos: 146
eso es lo que horroriza al cielo y a la tierra; 147
sobre eso debe el rayo justamente caer, 148
mientras que los anhelos de un deseo amoroso 149
que del alma y del cuerpo solo aspira al placer, 150
merecen una ayuda, y querer arruinarlos 151
es propio de un humor envidioso y triste. 152
Narbal
Tus discursos no son bastante persuasivos: 153
ese mal es de pechos blandos, flacos y ociosos, 154
donde la sensatez jamás quiso morar 155
y la virtud jamás tuvo oportunidad. 156
¡Ya basta! Aunque pidiera la razón lo contrario. 157
el imperio paterno mantendrá su derecho. 158
Mi poder absoluto romperá esa empresa, 159
y hará mi autoridad que renuncie a su empeño. 160
Lidias
Vos queréis que Ixión, atado en los Infiernos 161
se arranque de su rueda y rompa sus cadenas cadenas Ixión fue castigado por Zeus a quedar eternamente atado a una rueda que giraba sin cesar. , 162
que un hombre ya difunto reciba curación, 163
que Sísifo descanse descanse Sísifo fue condenado a empujar eternamente una roca hasta lo alto de una pendiente, que volvía a caer cuando llegaba arriba. y que Tántalo beba beba Tántalo fue condenado al suplicio de una sed eterna. Sumergido hasta el cuello, cada vez que intentaba beber, el líquido retrocedía. . 164
Nuestros esfuerzos solo tienen poder humano: 165
quien tiende a lo imposible, se da trabajo en vano. 166

Escena III

(El Rey, Sílar)
El Rey
Son demasiados votos, son demasiadas lágrimas; 167
hay, pues, que recurrir a otras armas mejores. 168
Esa ingrata y esquiva, con todos sus desprecios, 169
demasiado tormento ha infligido a mis ánimos. 170
Mi calidad de Rey, mi brillante fortuna, 171
en lugar de atraerla, la extrañan e importunan. 172
Innoble y deshonesta como es, ella prefiere 173
a un mero ciudadano. 174
Sílar
Le atrae su semejante.
El Rey
Sin embargo, yo haré, si sigo bajo el sol, 175
Que poco capaz sea, hoy mismo, de gustarle. 176
Sílar
¿A qué medio tan bueno podéis, pues, recurrir 177
para volverlo odioso? 178
El Rey
Lo voy a hacer morir,
pues cualquier otro medio es dudoso y grosero. 179
Cuando por fin lo vea sangriento sobre el polvo, 180
y sus ojos muriendo, torcida la mirada, 181
horriblemente quietos, permanezcan abiertos, 182
muy dentro habrá de estar el amor en su mente 183
si una imagen como esa, no lo expulsa de allí allí En la elegía “Cloris, lorsque je songe en te voyant si belle” (Viau, 2017: 174-176), el poeta desarrolla con mayor amplitud este mismo tema para mostrar cómo a la vista de las injurias que inflige la muerte al cuerpo amado, el amante no puede persistir en su amor: “Ceux qui jurent d’avoir l’âme encore assez forte / Pour vivre dans les yeux d’une maîtresse morte, / N’ont pas pris le loisir de voir tous les efforts / Que fait la mort hideuse à consumer un corps (…)”. . 184
Yo sé muy bien que Tisbe su muerte no verá 185
sin vívidos dolores, sin abundantes lágrimas, 186
mas al paso del tiempo, hasta la ínfima huella 187
del dolor más intenso se disipa y se borra. 188
Al ver que la figura de su primer amor 189
ya no ama, ya no siente, ya no comparte el día, 190
ella, que seguirá viva y aún sensible, 191
entonces a mi afecto será más accesible. 192
Sílar
¿Violaríais la ley de tanto que la amáis? 193
El Rey
Sabes que la justicia es inferior al Rey; 194
si la razón no asiste, buena es la violencia 195
que usa bien los derechos que tiene una corona. 196
Sílar
Pero sabéis que siempre vale más la equidad. 197
El Rey
Los grandes reyes deben vivir como los dioses. 198
Sílar
Por eso en esta tierra sois sus lugartenientes. 199
El Rey
A voluntad, su cólera hace caer el trueno 200
y aunque están inclinados, o parece, a querernos, 201
por mostrar su poder hacen morir a todos. 202
Y yo, mi mejor parte al cielo se la debo, 203
pues tiene simpatía mi alma con los dioses: 204
me gusta que me teman, y creo que la muerte 205
siempre es justa si alcanza a los que no me gustan. 206
Y Píramo es de esos, legítima es su muerte, 207
pues disgustar al Rey es cometer un crimen. 208
Él no es nada inocente. Los que la ley del sino 209
hace odiosos al Príncipe, se merecen la muerte. 210
Mi amor lo ha concluido. Ese cruel tirano 211
conmigo ha pronunciado el fallo irrevocable. 212
Mi víctima será, y yo juro que, antes 213
de que se haya podido mirar el sol naciente, 214
aunque tenga mi mano que ejecutar a mi odio, 215
su muerte, ya resuelta, aliviará mi pena. 216
Esa acción oficiosa aquí me mostrará 217
quién, de todos los míos, es el que más me ama; 218
con esto yo tendré una prueba segura 219
de la fidelidad que tanto me han jurado. 220
Sílar
¿El tiempo y la razón podrían aplacar 221
los violentos deseos? 222
El Rey
Tan solo acrecentarlos.
El tiempo y la razón harán del fuego hielo 223
y antes me arrancarán el corazón del pecho. 224
Sílar
Ya que esa voluntad no se puede apartar, 225
cueste, pues, lo que cueste, hay que darle salida. 226
Aquí estoy, mi señor, pronta el alma y la mano 227
a cumplir los designios que me hayáis destinado. 228
El Rey
¡Cómo ¡Te me anticipas! ¡Lo veo de verdad: 229
quieres que agradecido doblemente te esté! 230
Mayor es el placer que viene sin pensarlo. 231
Quien consiente que pidan, ya tiene recompensa; 232
y lo mismo le ocurre al que ve claramente, 233
si no se hace el sordo, nuestro deseo apremiante. 234
Sílar
Voy a ocuparme ahora mismo de nuestro asunto. 235
El Rey
¡Cómo me favorece con tu amistad el Cielo! 236
Sílar
Y dentro de dos horas le echaremos el guante. 237
El Rey
Mejor hoy, ciertamente, que esperar a mañana. 238
Y no te he dicho nada aún de tu salario. 239
Sílar
Solo espero, Señor, el honor de agradaros. 240
El Rey
Sé que todo servicio merece recompensa 241
Sílar
Bien sabe cómo debe emplear a los hombres: 242
un acto como este se sustenta en la paga. 243
Es el más liberal de entre todos los reyes; 244
mejor lo sirven, pues. El oro tiene medios 245
que por doquier nos llevan espíritus y cuerpos cuerpos En su sorprendente edición expurgada de las obras de Théophile de 1633, para adecuar el poeta libertino a los valores establecidos, Esprit Aubert añade aquí dos versos: “Les dons faits largement ont une grand’puissance, / Tout se fait par l’espoir de quelque récompense” (Lachèvre, 1911: 40). La sentencia nada aporta a las palabras de Sílar. Tal vez Esprit Aubert se sintiera impulsado a añadir esos versos para mantener la alternancia de las rimas masculine (no acabada en e muda francesa) y féminine (acabada en e muda francesa) entre los actos. . 246
(Tisbe, Píramo, Disarco)

Escena 1

(Píramo, Disarco)
Píramo
Sé bien, querido amigo, que tu prudente empeño 247
es sacarme la llama y la muerte del pecho, 248
y hacer que se recobre mi pobre alma extraviada 249
que, desde hace dos años, se separó de mí. 250
Mas, que lo sepas, mi alma tu razón aborrece; 251
para mí, tus consejos son como una traición, 252
y al instante en que vienes a decirme que apague 253
el fuego del que noche y día yo me quejo, 254
aun cuando soy consciente del error que cometo 255
como de tu amistad, me horroriza tu voz. 256
Te odio, si enemigo eres de mi contento: 257
a tu espíritu, debe agradarle mi humor, 258
déjate del cuidado de censurar mis lágrimas, 259
que tu afecto consienta a estas desdichas mías, 260
y que tu entendimiento ponga toda su industria 261
en conservar mi mal. 262
Discarco
¡Oh, Dios mío, qué furia!
Píramo
Si no, yo te tendré por despiadado y bárbaro. 263
Disarco
¡Mal conocéis los frutos que trae la amistad! 264
Píramo
Yo quiero que mi amigo, sin ficción ni reserva, 265
me complazca, sirviéndome, en toda mi pasión. 266
Disarco
Mas, ¿y si vuestro amigo os hubiera encontrado 267
en peligro mortal? 268
Píramo
Que me deje morir:
el más cruel despecho que a los desesperados 269
entrega la Fortuna es forzar a vivir. 270
Disarco
Es cierto que un deseo, una vez arrastrado 271
hacia un funesto amor, más firme aún se hace. 272
Nos retractamos antes de una intención legítima 273
por hacer algo bueno, que de un fin criminal. 274
Más cebos tiene el mal, y lo que más nos daña 275
con más habilidad y más vigor nos sigue. 276
Vos corréis obstinado, parece, a vuestra pérdida, 277
cualesquiera que sean las trabas que encontréis; 278
vuestros padres, que obliga un deber natural, 279
os oponen aquí su absoluto poder. 280
Píramo
Eso es lo que, aún más, enciende mi deseo: 281
me gusta quebrantar una ley si es tiránica. 282
Amor no tiene dueño; las trabas que ponéis 283
me hacen más seductor aquello que deseo. 284
Son para mí ocasión de mostrar que soy fiel 285
y de probarle a Tisbe que oso todo por ella. 286
¿No has reparado nunca en toda su belleza? 287
Tú que a todo prefieres siempre la novedad, 288
tú que, de las riberas donde el sol amanece 289
a las aguas remotas en que se acaba el día, 290
has hecho de tus ojos jueces de lo más bello, 291
¿has descubierto algo que pueda gustar más? 292
Disarco
Es verdad que hay en ella algo de lo más raro. 293
Píramo
¡Dirás que hay algo en ella que tentaría a un bárbaro! 294
Aquel que sus miradas no pueden conmover 295
es más duro que un tronco, más duro que una roca. 296
Disarco
¡Qué discursos tan propios de la melancolía! 297
Píramo
Tu razón vale menos, creo, que mi locura, 298
y te apiadas de mí sin motivo, acusándome 299
de un error en que dioses ya querrían caer. 300
Nunca me hables así: tu resistencia es vana, 301
y si no te has jurado conseguir que te odie, 302
si no te has decidido a romper con tu amigo, 303
deja, pues, de mandar en mi propia pasión. 304
Quisieras que yo amara del modo más común, 305
que un cobarde designio por hacer mi fortuna 306
me llevara hasta el fin que para mí pretendes. 307
Disarco
Quisiera gobernar algo vuestras pasiones 308
y salvar vuestro espíritu de peligro y censura. 309
Píramo
¿Te corresponde a ti gobernar, pues, mi alma? 310
¿Fue encerrado aquí dentro por ti mi corazón? 311
Deja a Naturaleza que obre: ella lo formó, 312
así como también a Tisbe le dio forma 313
para encenderme el pecho y por él ser amada, 314
pues en humor iguales, en edad y deseo, 315
la misma pena, el mismo placer ambos ansiamos; 316
y si a favorecer mi rostro me atreviera, 317
nos reconocerían en una misma imagen. 318
Fue el primer cebo que hizo mi pecho suspirar, 319
la primera esperanza con que me atrajo Amor, 320
esperanza que a mi alma felizmente ilusiona, 321
pues sus ojos se muestran propicios a los míos, 322
me colman de favor; en fin, seguro estoy 323
de que el amor es mutuo: así me lo ha jurado. 324
Mis labios en sus manos la prenda le tomaron, 325
y, para confirmarlo con escasas palabras, 326
su mente me lo ha dicho, la prueba está en sus ojos, 327
pues en nuestros discursos la voz habla muy poco. 328
Una mirada nuestra le dice al alma herida 329
muchos más pensamientos de los que encierra un libro libro La idea de que los amantes se hablan con su silencio ya figura en las historias de los amantes de Marino (1993, 421: vv. 490-510) y de Montemayor (1602: 214). Ambos se refieren al momento concreto en que, por primera vez, Píramo ve a Tisbe. , 330
y suspiros de fuego, que entre uno y otro van, 331
mejor que un confidente, hablan a los sentidos. 332
Y no necesitamos que entrometido alguno 333
trate de nuestro amor: nos molestan los árbitros árbitros Esprit Aubert, en su edición expurgada de la obra de Théophile de 1633, ha sustituido arbitres por barbares (Lachèvre, 1911: 40). . 334
Es óptimo el servicio del mejor confidente 335
cuando nuestro interés no mezcla con el suyo. 336
Según su libre antojo, ya avanza o retrocede 337
el ciego movimiento de un espíritu ardiente; 338
yo, a un gobernador no podría sufrir, 339
menos prosperidad prefiero al triunfar. 340
Excesivos cuidados impone la prudencia; 341
nada ansía mi alma sino mi servidumbre; 342
en ella hallo mi bien más que en mi libertad, 343
y, sin duda, la amo tanto como a la luz. 344
Disarco
Como esto es una peste pegada a vuestros huesos, 345
una flecha mortal clavada en vuestro pecho, 346
en vano uno se esfuerza en intentar curaros. 347
Píramo
No me pueden curar sin hacerme morir. 348
Disarco
Pues cuidad bien, al menos, de que este amor furtivo 349
no tenga para vos funesto desenlace; 350
sois ahora espiados, de lejos y de cerca, 351
por ojos vigilantes, enviados adrede. 352
Píramo
Pues inútil será toda su diligencia: 353
el alma enamorada no es tan poco sutil. 354
Sabemos elegir el tiempo y el lugar, 355
donde ni un dios siquiera podría descubrirnos. 356
Deja de preocuparte y permite, sin más, 357
si me quieres amar, que mi furor me dure. 358
Adiós, déjame a solas hablar conmigo aquí. 359
La noche ya se acerca, se ha oscurecido el cielo, 360
mi amante ya me espera. Y para complacerme, 361
el otro sol se va cuando este me ilumina. 362
Sin manera de hablarnos en ninguna otra parte, 363
sin forma de encontrarnos en un lugar mejor, 364
una pequeña grieta abierta en esta piedra, 365
que, hasta ahora, tan solo nosotros conocemos, 366
nos permite traer y llevar en secreto 367
las palabras que Amor nos permite decirnos, 368
pues en este lugar nuestra pasión discreta 369
saca un poco a la luz nuestras llamas secretas. 370
Aquí, crueles padres, pese a vuestra dureza, 371
conseguimos que pasen nuestras tímidas voces; 372
nuestros pechos abiertos, pese a esa tiranía, 373
hacen besarse aquí a nuestras voluntades. 374
Consejeros crueles y padres sin afecto, 375
mirad cómo este mármol se hiende de piedad, 376
y ante nuestro dolor, el seno de estos muros, 377
por guardar nuestros fuegos, se abre las entrañas entrañas Esta misma idea, con un desarrollo diferente, figura en Piramo e Tisbe , idilio VIII de La Sampogna de Marino (1993: 418, vv. 445-452), formulada por el narador en este caso, como ya selañaron Schirmacher y Cabeen (Saba, 1999a, II: 319). La misma idea también se encuentra en Píramo y Tisbe de Jorge de Montemayor (1602 [1561]: 213). Góngora sugiere algo parecido sin hablar propiamente de piedad: la pared, que separó a los amantes desde la infancia y oyó los ruidos de uno y otro lado, “tan bien la audiencia le supo / que años después se hizo / rajas en servicio suyo” (Góngora, 2011 [1618]: 57, vv. 37-40); la propia Tisbe considera después que la grieta es un efecto del amor: “Efecto improviso es, / no de los años diuturno / sino de un niño en lo flaco / y de un dios en lo oportuno. / Pared que nació conmigo / del amor solo el estudio/ no la fueza de la edad / desatar sus piedras pudo” (Góngora, 2001 [1618]: 59, vv. 193-200). H.C. Lancaster (1966 [1929], I: 173) considera que la misma idea se les pudo ocurrir independientemente a Marino y a Théophile, y no piensa que este le deba nada a Góngora. , 378
cómo a nuestro contento hasta el aire se rinde. 379
El aire, el más severo de los cuatro elementos, 380
padre de las heladas, fuente de las tormentas, 381
más humanidad tiene que vuestros rudos pechos pechos Esta contundente y explícita acusación de Píramo a los padres no se encuentra por lo general en las reescrituras francesas del mito, más proclives a buscar su conmiseración. El antecedente más directo son las acusaciones de Tisbe al padre en el idilio VIII de La sampogna de Marino (1993 [1620]: 456 vv. 1429-1442), que a su vez siguen de muy cerca las del Píramo y Tisbe de Montemayor (1602 [1562]: 227). Curiosamente, frente a lo que ocurre en ambas obras, Tisbe no acusará aquí a sus padres antes de morir al final de la tragedia. . 382
Pero oigo un ruido: es ella, no podía faltar. 383
Creo que estoy perdiendo de contento el sentido. 384
Ella no miente nunca y le remordería 385
pedirle a su amante demasiada paciencia. 386
Veo cómo se acerca, con los pasos contados, 387
suspicaz, con los ojos mirando a todas partes. 388

Escena II

(Tisbe, Píramo)
Tisbe
¿Eres tú, prenda mía? 389
Píramo
¿Quién os ha retenido?
Al menos este día, he llegado primero, 390
acudís más tarde de lo que yo hice ayer. 391
Tisbe
Tienes razón, es cierto, no lo puedo negar, 392
mas cuando te haya dicho lo que a ello me obligó 393
yo creo que, a la fuerza, lo sentirás por mí. 394
Me compadecerás, porque no considero 395
que el daño que me han hecho sea menor que la muerte. 396
Píramo
¡Cómo! ¿Os han ofendido de algún modo, alma mía? 397
¿Acaso alguien ha herido a Píramo ausente? 398
No podría ni hacerlo un dios impunemente. 399
Tisbe
Esa ofensa solo era la inoportunidad 400
de una vieja horrorosa y necia criatura 401
que hoy me ha sometido el alma a la tortura, 402
que tanto me ha ordenado, que tanto me ha advertido, 403
tanto me ha repetido inútiles palabras 404
que antes se agotaría del agua la humedad 405
que ese triste humor suyo tan dado al cotorreo. 406
Píramo
Y decidme, os lo ruego, ¿cuál era la intención 407
que tenía la vieja cuando más se explayaba? 408
Tisbe
Pues que obedeciera perfecta y plenamente 409
a quienes debo yo el bien de haber nacido, 410
que también renunciara a deleite cualquiera 411
salvo que lo eligiera por mí su autoridad, 412
que defendiera bien mi mente y mis oídos 413
del dardo con que Amor la sangre joven prende, 414
pues no corren los jóvenes ni riesgo ni peligro 415
por escuchar consejos en materia de amor, 416
que aun para el más dichoso es funesto este cebo, 417
y que es un precipicio, un veneno, una peste. 418
Píramo
Hizo, pues, que el amor muy odioso os resulte. 419
Tisbe
Ella me lo pintó como lo ven sus ojos. 420
Píramo
¡Qué cambios más extraños en la naturaleza! 421
Un pobre cuerpo ajado que solo es podredumbre, 422
una vieja de humores resecos por la edad, 423
cuya decrepitud pervierte sus costumbres, 424
una sangre de plomo, siempre fría cual hielo 425
a no ser que una fiebre la recaliente un poco, 426
una osamenta solo movida con engaño, 427
al que el nombre pondríamos de fantasma viviente, 428
no deja de acosar, con envidia celosa, 429
los entretenimientos de nuestra juventud. 430
Esos viejos, de espíritu y de cuerpo decrépitos, 431
erigen la impotencia en signo de virtud; 432
ellos, que el curso siguen de la naturaleza 433
y viven al antojo que dicta su vejez, 434
se empeñan en forzar el orden de los tiempos 435
haciéndonos ya viejos a la edad de veinte años, 436
censuran nuestros hábitos con su ejemplo, imprudentes, 437
alegando qué son y no aquello que fueron. 438
Al menos, vida mía, en esa necia cháchara 439
espero que ese espíritu nada te haya influido influido Théophile desarrolla también esas ideas sobre la vejez, con argumentos muy parecidos, en su “Satire première” (Viau, 2017: 150-151). . 440
Tisbe
Me pasó ese discurso más lejos que una nube. 441
Píramo
¿Tu buena voluntad no habrá, pues, decaído? 442
Tisbe
Tanto más ha crecido: no han hecho sino echar 443
azufre entre las llamas para avivarlas más. 444
Yo soy de un natural al que la resistencia 445
fortifica el deseo, la esperanza y constancia; 446
creo que tantas veces me verían morir 447
cuantas me hagan oír esas molestas voces; 448
al contrario: mi amor más y más aún persiste 449
ardiendo con más fuerza cuando se le resiste, 450
y nada estimo tanto cual la oportunidad 451
de todo lo que pueda avivar mi pasión, 452
pues con el ser divino, al que doy mi amor todo, 453
quiere el sino que sea totalmente feliz 454
y que merezcas bien la inviolable fe 455
que yo te guardaré hasta la sepultura. 456
Píramo
Yo, si la sepultura les dejara a las almas 457
algún pequeño rayo de sus difuntas llamas, 458
no tendría más fuego que tú en los Infiernos, 459
y, dentro de sus cárceles, sino cadenas tuyas. 460
Mas con estas palabras no estamos reparando 461
que esta dulce entrevista, en que Amor nos demora, 462
si no somos prudentes, pronto nos faltará. 463
Tisbe
¡Ay! ¿No podremos nunca decirnos algo más? 464
Las aves en los bosques tienen el día entero 465
para cantar la furia que Amor les infudió, 466
las aguas y los céfiros, cuando hacen el amor, 467
su risa y sus suspiros prolongan noche y día. su risa y sus suspiros prolongan noche y día. Como ya había visto H.C. Lancaster (1966 [1929], I: 173), estos versos podrían ser una reminiscencia de Le meurier de Baïf (1883 [1572], II: 169). Tisbe, en esta obra, también compara la desgracia de los amantes separados a la libertad con que se unen aves y plantas. Van Emden (1973a: 878), que también señaló el parecido, lo considera un ejemplo de las concordancias que se dan exclusivamene entre los textos de Baïf y Viau. 468
Píramo
Debemos retirarnos, pues mucho yo me temo 469
que de este poco bien nos puedan aun privar. 470
Tisbe
Volveré a más tardar en una hora aquí. 471
Píramo
Y yo muerto estaré, si a este lugar no vengo. 472
(Deuxis, Sílar, Píramo, el Rey)

Escena 1

(Deuxis, Sílar, Píramo)
Deuxis
Un funesto presagio, Sílar, me altera el ánimo, 473
un témpano de espanto me oprime el corazón; 474
tenemos un propósito que pone ante mis ojos 475
las justas decisiones del hombre y de los dioses. 476
Sílar
¡Qué! ¿Te falta valor? 477
Deuxis
Percibo imposición
en lo que me propongo, no percibo temor. 478
Sílar
Conozco tu valor; y por esa razón 479
contigo cuento yo para este asunto aquí. 480
Deuxis
Es hermoso intentar una muerte legítima 481
por una gran hazaña cuando se hace sin crimen. 482
Todos llaman valor al generoso ánimo 483
que, no siendo inhumano, no es nada temeroso, 484
que muere en una brecha y cuyas honras fúnebres 485
se hacen bajo los muros del enemigo en ruinas. 486
Es la muerte o loable o ignominiosa 487
según sea el sujeto o cobarde o glorioso; 488
mas piensa con qué fin la espada hemos tomado, 489
qué hazaña nuestras manos ya van a acometer. 490
¡Qué! ¡Sin ser ofendidos, nos queremos vengar! 491
Cuando no se siente odio, no se puede inventar. 492
Sílar
Nos han hecho un encargo que da plena licencia. 493
Deuxis
Atacar la inocencia trae remordimientos. 494
Él no nos hizo nada, y queremos matarlo. 495
Sílar
La voluntad del Rey se debe ejecutar. 496
Deuxis
Si algún ligero exceso contentara su cólera, 497
creo que lo podríamos complacer justamente, 498
pero en un hecho tal, en una traición, 499
se le puede desobedecer, y con razón. 500
Sílar
El pueblo que desmiente a su Rey, aunque justa 501
pareciera su acción, está haciendo una ofensa. 502
Cual dioses en el cielo, los reyes en la tierra 503
establecen también las leyes soberanas; 504
se reparten a iguales cuanto en el mundo cabe: 505
unos, reyes del cielo; dioses de la tierra, otros; 506
en un instante, Júpiter hace mover los astros; 507
con el mismo poder nos dominan los príncipes; 508
cual grandeza de dioses se muestra su grandeza, 509
cual voluntad de dioses su voluntad se mide. 510
Deuxis
Se les debe obediencia cuando, dando sus órdenes, 511
imitan a los dioses que actúan con justicia. 512
Sílar
Indagar su secreto es gran temeridad, 513
les toca a ellos decir; y a nosotros, obrar; 514
si dio una mala orden, el crimen perpetrado 515
recaerá en él, y nos perdonarán: 516
el deber ignorante hace al alma inocente. 517
Deuxis
Mas si esta sabe el mal, consiente cuando actúa. 518
¡Un deber ignorante! ¿No ves que están tramando 519
a ese pobre inocente una muerte tan pérfida 520
que otra igual al infierno no se le ocurriría? 521
Sílar
Aprende: un siervo debe obedecer al amo. 522
Si se atendiera solo al honor y al derecho, 523
todos, sin duda, aquí ya nos reprenderían, 524
mas obramos forzados, pues nos obliga el Príncipe 525
y hemos de obedecerle, es algo necesario. 526
Deuxis
¿Y por qué necesario? Más vale que caigamos 527
en su desgracia eterna. 528
Sílar
¿Más vale, pues, morir?
Deuxis
Prefiero yo la muerte a vivir con vergüenza 529
y arrastrar criminales remordimientos siempre. 530
Si el can de los Infiernos Infiernos El can monstruoso Cerbero, que guarda la entrada a los Infiernos. viene con sus ladridos 531
a turbar a los vivos, mil veces mueren estos, 532
mas morir con honor es tomar el camino 533
de un dichoso descanso en los Campos Elíseos Campos Elíseos Paraíso de la mitología griega, reservado a las personas heroicas y virtuosas. : 534
feliz deja el espíritu al cuerpo desatado 535
de viciosas discordias con sus propios sentidos. 536
Sílar
Por dulce que Mercurio prepare la acogida Por dulce que Mercurio prepare la acogida Hermes, con el que se identifica el Mercurio romano, acompañaba las almas de los difuntos a los Infiernos. , 537
debes creerme: un hombre se turba al separarse, 538
los cuerpos fenecidos, cubiertos de una losa, 539
hacen polvo los huesos; gusanos, la carroña; 540
los errantes espíritus, por las riberas fúnebres 541
de un ignoto Cocito Cocito Río de los Infiernos. , no son más que tinieblas. 542
Que le reino de Plutón sea buena morada 543
es un cuento: no hay nada tan bello como el día, 544
más vale un perro vivo que todas las cohortes 545
de tigres, de leones o de panteras muertas. 546
Aunque soy hombre pobre, prefiero yo mi suerte 547
a la de cualquier príncipe o monarca difunto. 548
Sigue, pues mi consejo: no demos nuestras vidas 549
por preservar a otro, no seamos tan necios. 550
Deuxis
¿Por ello moriríamos? 551
Sílar
¿Crees que vivirás
cuando te hayas burlado del mandato del Rey? 552
Deuxis
¿No teme el Rey acaso la justicia más alta? 553
Haciéndonos morir, saca a la luz su falta. 554
No subirían nuestras cabezas al cadalso 555
sin revelar allí su criminal defecto. 556
Sílar
Para exterminarnos cuando le venga en gana 557
un rey tiene cien medios de quitarnos la vida. 558
Estamos en sus manos, nos pueden suprimir 559
y hasta inocentemente castigar al más justo. 560
Por culpable que sea un rey al acusarnos, 561
su gran autoridad no carece de excusa. 562
No se debe confiar contra él en el derecho, 563
el pretexto más falso puede justificarlo, 564
la pérdida, además, de dos como tú y yo 565
no será reprochable a nuestro Soberano. 566
Otros que tan piadosos no son como nosotros 567
y que se jactarían de tan alto secreto, 568
no temerán seguir al Rey en este rumbo. 569
¿Crees que sufriría, después, que aún viviéramos? 570
Tú y yo no evitaríamos de su brazo irritado 571
la injuria de un suplicio a mitad merecido. 572
Deuxis
Habrá, pues, que exiliarse, y lejos de un imperio 573
inseguro y nefasto a la gente de bien. 574
Sílar
Corriendo el universo de uno a otro confín, 575
no nos escaparíamos; un Rey va por doquier, 576
son tan largas sus manos que, por todo este mundo, 577
sin moverse de un sitio, alcanzan tierra y mar. 578
Deuxis
Es cierto lo que dices, tu razón me confunde. 579
Sílar
Culpables ante el Rey de esta cobarde falta, 580
estamos condenados; mas cumpliendo sus órdenes, 581
será después, sin duda, grande nuestra fortuna. 582
Los favores reales nos dejarán saciados: 583
ríos, en nuestros cuartos, áureos correrán. 584
Deuxis
El oro lo corrompe todo con sus hechizos; 585
prosternado ante él, rinde el honor las armas; 586
no hay tan fuerte muralla de justicia o de fe 587
que no rompa; no teme la piedad ni la ley. 588
Todo lo puede el oro, hasta cuando su cebo 589
a los valientes tienta que la miseria oprime, 590
como a mí, desgraciado, que el espanto del hambre 591
obliga a desear esa odiosa ganancia. 592
Monstruo de la pobreza, tu diente es más funesto 593
que el fuego más ardiente y la más fuerte peste. 594
El criminal que el miedo atormenta sin fin 595
tiene un dulce castigo, comparado a tus reos. 596
De los remordimientos del acto más infame, 597
el alma se consuela cuando tiene caudales. 598
El oro purga el crimen y nos cura de todo. 599
Sílar
La cosa, al fin, va bien; veo que se decide. 600
Deuxis
La suerte ya está echada, mi alma esa dispuesta 601
para lo que tú quieras, fácil veo el asunto. 602
Sílar
Nos basta únicamente con espiarlo aquí. 603
Deuxis
Aquí está, me parece. 604
Sílar
Lo creo yo también.
Deuxis
¡Hagámoslo a la vez! 605
Píramo
¡A mí, no me sorprenden!
Asesinos, veréis si me sé defender. 606
Aun solo contra dos, os haré comprender 607
que cuando uno me ataca, se arrepiente después. 608
Deuxis
¡Oh dioses, me han herido! 609
Píramo
Si no es mejor tu mano,
esa sangre cobarde vomitarás al punto punto Esprit Aubert, para evitar probablemente una evocación que consideraba demasiado cruda, ha sustituido este verso por “Que celle à Deuxis, tu mourras à cette heure” (Lachèvre 1911: 41). . 610
Tu suerte, cual la suya, ya pende de mi espada. 611
Sílar
¡Huyamos, que parece fantasma del infierno infierno Este verso atribuido a Sílar falta en 1623Q, 1626BQ y 1626JM. Solo figura en 1632S, donde se restablece la rima pareada. Esprit Aubert remedió esta falta con el verso: “Je m’enfuis pour ne voir si promptement l’enfer” (Lachèvre, 1911: 41). ! 612
Deuxis
¡Cómo echo yo de ver, oh mis dioses, aquí 613
que contra su conciencia nunca debe uno obrar! 614
Píramo
¿Su conciencia, ladrón? Ese remordimiento 615
solo te oprime porque vas a ver a los muertos, 616
porque sientes pavor de que una pena eterna 617
reciba cuando mueras a tu alma criminal. 618
Deuxis
¡Ah, si me concediérais un poco de licencia 619
para poder hablaros mientras tenga aún juicio! 620
Píramo
¡Qué me puedes decir? 621
Deuxis
Algo que a buen seguro
os podría servir. 622
Píramo
Debo, pues, escucharlo.
¿Qué es? 623
Deuxis
Algo que apenas se podría pensar:
el Rey nos ha obligado a venir a asesinaros. 624
Píramo
¡Oh, cielos! ¿Qué me has dicho? ¿Creeré a un traidor? 625
Deuxis
Os digo la verdad. 626
Píramo
Pero no puede ser.
¡Se me hiela la sangre! Es cierto que este Rey, 627
ama, según me han dicho, lo mismo que amo yo. 628
¡Perdido estoy! Mi mal ya no tiene remedio. 629
¿Qué dios podrá ayudarme a oponerme a mi Rey? 630
Deuxis
Cuidad de comportaros, por tanto, con prudencia. 631
Me estoy muriendo ahora, mas muero con alivio. 632
Píramo
Que el infierno te sea propicio y menos áspera 633
te haga este buen pesar su noche desdichada. 634
Pero lo más sensato es escapar ahora, 635
sin dormir ni siquiera, sin descansar aquí. 636
Cuando el alma de un rey se desata de cólera 637
es mil veces peor que torrentes y llamas. 638
Hay que salir de aquí, y por necesidad. 639
Tisbe mía, a menudo ya me lo habéis pedido. 640
Cien veces me habéis dicho que os haría feliz 641
seguir lejos de aquí mi fortuna amorosa, 642
que teméis a este Príncipe y que el amor que os tiene 643
algún día será desgracia para el nuestro. 644
Habrá que remediarlo, y si el humor audaz 645
de vuestro ardor valiente no se ha adormecido, 646
nos emanciparemos de sus crueles leyes 647
y ambos seremos nuestros propios padres y reyes. 648

Escena II

(El Rey, el Mensajero, Sílar El Rey, el Mensajero, Sílar La indicación de los personajes que intervienen en esta escena (Píramo, Deuxis, Sílar, el Rey) es errónea en 1623Q, 1626BQ y 1626JM. Solo aparecen en la escena el Rey, Sílar y un personaje cuyas dos intervenciones son equivocadamente atribuidas a este. En 1632S se ha corregido parcialmente el error haciendo desaparecer a Deuxis e introduciendo un mensajero, al que se atribuyen las dos réplicas erróneas de Sílar. No obstante, en esa edición se sigue manteniendo a Píramo, que no aparece en ningún momento en la escena.)
El Rey
Esta afrenta me sube la sangre a la cabeza. 649
¡Cuánta vergüenza siente mi condición de Rey 650
sabiendo que querías hablarle de mi parte! sabiendo que querías hablarle de mi parte! En ninguna de las cuatro ediciones manejadas se indica que estas palabras son pronunciadas por el Rey. 651
El Mensajero
Cien veces hoy en vano me enviaríais a ella 652
El Rey
¿No dio, pues, seña alguna de que te conocía? 653
El Mensajero
En cuanto vio, Señor, que allí me presentaba, 654
apartó su mirada, de pronto sorprendida, 655
igual que hubiera hecho al ver una serpiente. 656
Y entonces comenzó, en compañía de otros, 657
con una retahíla de discursos sin fin, 658
hasta que consiguió esconderse de mí. hasta que consiguió esconderse de mí. Las dos réplicas del mensajero son erróneamente atribuidas a Sílar en 1623Q, 1626BQ y 1626JM. En 1632S se atribuyen a un mensajero. 659
El Rey
¡Tratar tan rudamente la pasión de un rey! 660
¿Debemos, pues, nosotros, los hijos de los dioses 661
parecernos al vulgo en nuestros sentimientos? 662
¡Un día de estos, tendré que obligarte a elegir, 663
ingrata, entre probar mi odio o mi amor! 664
Te haré saber que reino, y que la tiranía 665
me puede conceder lo que el amor me niega. 666
Despachado ese joven, si no vuelves atrás, 667
bien podrías hacerle compañía en la muerte. 668
Mas aquí está de vuelta mi ministro leal; 669
leo en su corazón fatídicas noticias. 670
Teme venir a mí. ¡Habla y alza los ojos! 671
Sílar
Muy mal va nuestro asunto. 672
El Rey
No esperaba otra cosa.
Sílar
Mi compañero ha muerto y yo, muy malherido, 673
acudo aquí a informaros de estas noticias ciertas. 674
Cuando a punto ya estábamos de acabar la faena, 675
el pueblo enfurecido se nos abalanzó, 676
y entonces, perseguido por armas y por gritos 677
crecientes, conseguí apenas escapar. 678
El Rey
¡Basta!, veo que Amor se burla de mis votos 679
y que el cielo, a propósito, prohíbe lo que quiero. 680
Estoy desesperado; mi alma, atormentada; 681
he guardado en el seno la muerte todo un año. 682
Mis desgracias se siguen sin fin, una tras otra, 683
nunca hubo en invierno tantas rachas de viento, 684
nunca tantas heladas, tanto frío y granizo, 685
sin que, al menos, hubiera un buen día en tres meses. 686
Nunca viejo caduco estuvo tan enfermo 687
que no tuviera al año un día de salud. 688
Eolo algunas veces ata todos los vientos 689
y hace que el nauta vea las aguas sin un rizo, 690
pero el astro más fiero y maligno del cielo 691
nunca de mi destino apartó su mirada. 692
Ese traidor me dio el cetro y el valor 693
para darme los males aún con más ultraje. 694
Mas me lamento en vano, no se equivoca el cielo: 695
todo hombre de valor es dueño de su suerte, 696
somete la fortuna a obediencia suya, 697
su deber no conoce más ley que su poder; 698
eso hace incluso un rey, cuyo único deber 699
es gozar los derechos de un poder soberano. 700
Pues no, no y no: mi juicio dejó de vacilar, 701
me decido sin dudas, Sílar, por la violencia; 702
intentarás de nuevo cumplir con mis designios, 703
ve hasta su cama y clávale un puñal en el pecho, 704
di que es de parte mía, que te echen una mano; 705
para forzar la casa, di que soy yo, no importa; 706
invéntate algún crimen para que se le acuse: 707
podrás en nombre mío decir y osarlo todo. 708
Sílar
¡Qué cosa tan extraña es el furor de reyes! 709
Ambicionan que el cielo se someta a su humor 710
y todos, a su yugo. Si en ese cruel empeño 711
Recurriera a otro, se lo agradecería. 712
(Píramo, Tisbe, la Madre de Tisbe y su Confiddente)

Escena I

(Píramo, Tisbe)
Píramo
Ya ves cuánto peligro nuestra fortuna acecha: 713
no nos es permitido ni vernos a la luz. 714
¿No quieres tú, por fin, romper esta prisión? 715
La impaciencia se une aquí con la razón. 716
El tirano ya está reventando de cólera, 717
con el fin de saciarla cualquier medio usará, 718
y antes, posiblemente, que el lucero del alba 719
nos haga ver mañana regresar sus corceles, 720
sepamos cuánto alcanza un furor que se une 721
a la autoridad de una fuerza impune. 722
Tisbe
Pues ya me he decidido sin esperar más tiempo: 723
debemos liberarnos, resueltos, de su mano. 724
Yo seré muy feliz si comparto fortuna, 725
desgracias y favores estando junto a ti. 726
Cuando no tenga ya que adular más espías, 727
ni tampoco parientes ni madre que temer, 728
cuando Amor, ya cansado de mostrarse tan bárbaro, 729
deje de interponer un muro entre nosotros, 730
y, sin impedimentos, nuestras miradas puedan 731
llegar donde han venido la voz y el pensamiento, 732
entonces, de placer colmada entre tus brazos, 733
ya no será turbada mi alma por el tirano, 734
y a nadie más que a ti tendré que respetar. 735
Píramo
Y a nadie más que a mí tú tendrás que ordenar: 736
sobre mi voluntad, la tuya soberana 737
por siempre te dará la calidad de Reina. 738
Te juro por la gracia, Tisbe, que hay en tus ojos 739
–y eso es más, para mí, que jurar por los dioses–, 740
que el afecto que hoy muestras me deja arrebatado. 741
No pensé que pudiera nunca ser tan intenso, 742
dudé que se pudiera amar con tal constancia, 743
y que tanto amor fuera tan solo para mí; 744
pensé que otros, más bellos… 745
Tisbe
No concluyas, oh Píramo,
esa fea sospecha: herirías mi alma. 746
Hablar de otro que tú es para mí un disgusto, 747
corazón, ¿y qué ganas afligiéndome así? 748
Píramo
Eso no turbará mi fantasía, créeme: 749
deja que tanto amor sienta unos pocos celos, 750
mas no por los mortales, pues tengo la certeza 751
de ser tu único amor. 752
Tisbe
Y lo puedes jurar.
Píramo
No obstante, me da celos todo lo que te toca No obstante, me da celos todo lo que te toca Los celos del amante por los cabellos de la dama, que la besan, y por el mirto y la yedra que miran a los amantes, ya figuraban en el poema “La solitude” (Viau, 2017: 66, 70). Théophile ha desarrollado aquí el tema con profusión. , 753
el aire que a menudo sale, entra por tu boca; 754
creo que eres la causa por la que el sol alumbra 755
con todos sus luceros de envidia y de amor; 756
las flores que a tu paso nacen en los caminos 757
me duelen del honor que tienen de gustarte; 758
y si yo complaciera mi celoso designio, 759
vetaría a tus ojos que miraran tu seno. 760
Tu sombra se aproxima demasiado a tu cuerpo, 761
pues tú y yo solamente debemos andar juntos. 762
En fin, eres tan dulce y cara para mí 763
que hasta tu misma mano me daña si te toca. que hasta tu misma mano me daña si te toca. Lachèvre (1911: 41) considera execrables los dos versos que Esprit Aubert ha añadido aquí, solo excusables por su intención moralizadora: “L’Amour se voit tousjours mesler de jalousie, / S’il est accompagné, c’est une grand’manie”. 764
Tisbe
Cuando no nos separe este obstáculo aquí, 765
ya verás que tus votos son también mis deseos 766
y que el mal que te oprime también me oprime a mí. 767
Mas el curso del día ya se está terminando 768
y con su claridad la luna se confunde. 769
Es hora de ocuparnos de nuestra libertad, 770
debemos arriesgarnos a huir por la noche, 771
pues me guardan celosamente durante el día. 772
Píramo
Eso está bien pensado: cuando de un hondo sueño 773
la suavidad primera se funda en nuestras venas, 774
cuando bajo ese peso, taciturno y sombrío, 775
solo se oiga el silencio y se vean las sombras, 776
debemos escapar cada uno de su casa, 777
mejor dicho, fugarnos cada uno de la cárcel. 778
Tisbe
Mas al irnos de aquí para vernos al poco, 779
¿en qué lugar seguro podremos encontrarnos? 780
Píramo
El día esperaremos cerca, en sitio adecuado; 781
parece que el amor me lo enseña a propósito: 782
en la tumba de Nino Nino Rey legendario asirio. Esta alusión permite localizar la historia en Babilonia. . 783
Tisbe
Muy cerca está de aquí.
Píramo
Fluye allí un claro arroyo pegado a una roca, 784
que, con sus vivas aguas cuidando de las flores, 785
al prado le mantiene el alma y los colores. 786
Un árbol muy cercano, fértil en moras blancas, 787
nos ofrece el abrigo de sus espesas ramas. 788
¿Podríamos hallar lugar más apropiado ? ¿Podríamos hallar lugar más apropiado ? A lo largo de la tradición literaria de esta historia, la propuesta de la fuga ha sido atribuida conjuntamente a los amantes (Ovidio, Christine de Pisan, etc.), a la dama ( Piramus et Tisbé francés del siglo XII, primer Ovide moralisé en prosa) o a Píramo (segundo Ovide moralisé, Moralité nouvelle de Piramus et Tisbee del XV, etc.). Théophile opta por Píramo, como otros escritores anteriores de su tiempo: Guillaume Belliard (1578: 77), Baïf (1883 [1572], II: 170) y Góngora (2011 [1618]: 59, vv. 269-280), en tanto que la Roque (1597: 9), Marino (1993 [1620]: 431, vv. 780-783) y Montemayor (1602 [1651]: 218) optan por una decisión conjunta de los amantes. 789
Tisbe
Es el mejor del mundo; vamos, que ya está hecho. 790

Escena II

(La Madre, su Confidente)
La Madre
Se siguen erizando de espanto mis cabellos, 791
sus feroces miradas me siguen apuntando. 792
¡Desgraciado reposo, cuánto miedo me has dado 793
con tu engañoso sueño, oh dioses, cuánto espanto! con tu engañoso sueño, oh dioses, cuánto espanto! Encontramos un antecedente de sueño premonitorio en el Piramus et Tisbé del siglo XII. En esa obra (Anónimo, 2000: 56-58, vv. 523-548), es Tisbe quien le cuenta el sueño que tiene a su amante: Píramo, triste y pensativo se presenta ante ella, angustiada y atormentada; la joven le tiende las manos, pero entonces todo se disipa. Además, una voz le dice que se vaya del lugar con su amigo. Tisbe ruega que ese sueño sea favorable –“Diex donge / Que biens me viengne de cest songe” (Anónimo, 2000: 65: vv. 539-540), lo que revela sus temores. Théophile ha trasladado el sueño premonitorio a la madre de Tisbe. El hecho de que haya conservado el sueño, frente a las otras versiones, sería una prueba, entre otras, de su conocimiento de la obra medieval (Van Emden, 1973a: 875). 794
De esa visión funesta, la imagen triste y negra 795
persiste en mi memoria con demasiado horror; 796
he estado todo el día pensando con temor 797
en esta mala noche. 798
La Confidente
No es más que una ilusión.
La Madre
¡A muchos, como vemos, las voces de los sueños 799
han contado verdades! 800
La Confidente
Y mentiras también.
La Madre
Tengo yo ese espanto demasiado metido 801
en el ánimo para despreciar su presagio. 802
Jamás una figura tan pálida y tan triste 803
se nos presenta así sin traer mal augurio. 804
Una noche como esa no tengo yo a menudo. 805
La Confidente
Para el que es razonable, el sueño solo es viento. 806
Bueno es, malo, fingido, verdadero o variable, 807
según como haya errado nuestro mudable espíritu. 808
La Madre
Si tú supieras cómo apareció ese sueño 809
y la muerte corrió cien veces por mis huesos, 810
se jactaría en vano tu razón de ser firme, 811
pues tú también, tal vez, como yo te espantaras. 812
La Confidente
Si no os molesta hacérmelo escuchar de vos misma… 813
La Madre
Si esa sombra, al habblar, se pudiera esfumar 814
y si su forma errante, todavía en mi lecho, 815
saliera de mi alma al salir de mi boca, 816
pronta ya me verías para hacerte saber 817
lo que vi claramente con mis ojos cerrados. 818
La Confidente
El dolor descargado en el alma leal 819
de una persona amada, menos cruel se siente. de una persona amada, menos cruel se siente. Estos dos versos están encabezados por comillas en 1623Q, 1626JM y 1632S para mostrar su carácter sentencioso, algo propio de tragedias de la época que insisten en la enseñanza moral. La inserción entre comillas de las sentencias y proverbios es frecuente en el teatro francés del siglo XVI y principios del XVII, aunque no todos siempre las llevan y, en otras ocasiones, lo hacen frases que no son de ese tipo (Scherer, 1977: 320-321). 820
El socorro ofrecido, por pequeño que sea, 821
hace que el mal, al menos, se soporte mejor. 822
Si hay, pues, que suspirar, con vos suspiraré. 823
La Madre
Me apremias a contártelo con tu curiosidad. 824
Era después de la hora en que el cuerpo, cargado 825
de groseros vapores, suscita en los sentidos 826
caprichosos engaños, y mi mente tranquila 827
bebía los narcóticos que nos destila el sueño, 828
mientras la noche estaba a punto de acabar 829
y aún no había llegado el carro de la aurora. 830
La Confidente
Es en esos momentos, según opina el vulgo, 831
cuando los sueños tienen una visión más clara. 832
La Madre
Ya han sucedido cosas que me han atestiguado 833
que es cuando engaña menos lo incierto que hay en ellos. 834
La Confidente
¡No quiera, pues, el cielo que persista ese sueño 835
pronosticando aún su funesta aventura! 836
La Madre
Te diré que jamás un sueño, por oscuro 837
que fuera, me hizo ver tanto horror y verdad. 838
La Confidente
Tan solo con oíros, ya me siento turbada. 839
La Madre
Ya te lo cuento, ¡oh dioses!, para espanto de mi alma. 840
He visto yo a través de la venda del sueño, 841
en medio de un desierto, el eclipse del sol. 842
Es el primer objeto de la funesta imagen 843
que señala a mi sino un perjuicio seguro. 844
En esa noche espesa donde por todas partes 845
todo permanecía igualmente escondido, 846
sentí bajo mis pies que la tierra se abría 847
y que el trueno, de ahí, sordamente atronaba. 848
Un enjambre de cuervos se reunió sobre mí, 849
se desplomó la luna, se estremeció el cielo, 850
las nubes descargaron y, en esa tempestad, 851
unas gotas de sangre me cayeron encima. 852
Un león de ojo ardiente y de crin erizada, 853
enredada horrorosamente en su ancho cuello, 854
rugiendo, mas sin verme al lado de la cueva, 855
dos o tres vueltas dio alrededor de mí. 856
Y gritos subterráneos, quebrados de sollozos, 857
como si las riberas y las aguas bramaran, 858
a través del silencio y de horribles tinieblas 859
mi pecho atravesaron con sus acentos fúnebres. 860
La Confidente
¡Oh, dioses! Solamente oyéndoos hablar 861
ya siento que de horror mi corazón se hiela. 862
La Madre
Y cayendo, de pronto, en pavores más vívidos, 863
me pareció que erraba por la infernal ribera, 864
donde, por una noche aún más negra cegada, 865
me encontré con un cuerpo ensangrentado y pálido 866
que me representaba, de modo lamentable, 867
de mi cara hija Tisbe, el retrato veraz. 868
Tres heridas tenía ese cuerpo en el pecho, 869
que teñía el sudario en el que estaba envuelto. 870
Mas en cuanto sus ojos mi faz reconocieron, 871
pese a que ya no fueran sino sombras y nube, 872
me lanzaron miradas con tanta vehemencia 873
que parecían flechas por la muerte asestadas. 874
Y me dijo, acercándose, con la voz agria y fuerte: 875
“¿Qué buscas tú, tigresa? ¡Ya lo ves, estoy muerta! 876
¿Vienes, pues, inhumana, a esta aciaga ribera, 877
a seguir espiándonos el amoroso espíritu?” 878
Y me toma la mano, me saca de mi sitio 879
para mostrarme a Píramo tendido sobre el hielo, 880
que, herido como ella en el mismo lugar, 881
mostraba que un mismo ánimo lo había allí empujado. 882
¡Mira, me dijo, bárbara, en ese triste espectáculo, 883
de qué nos han servido las trabas de tu envidia! 884
¿Quién te impulsa a venir a turbar nuestro amor? 885
Aquí nuestro destino tu piedad aborrece, 886
el infierno sí deja vivir a nuestras llamas. 887
¡Ve, no nos vuelvas nunca a importunar las almas! 888
Su brazo me empujó y yo, sobresaltada, 889
entonces desperté con un grito muy alto. 890
¿Acaso no es motivo todo esto de inquietud? 891
La Confidente
Se turbaría incluso el pecho más valiente. 892
La Madre
Me arrepiento de haber regañado tan fuerte 893
a una hija tan buena, reconozco mi error. 894
De ahora en adelante, quiero aflojar las riendas 895
con que ato los deseos que su edad le despierta. 896
La Confidente
Es cierto, mi señora, que con menos rudeza 897
vos la gobernaríais con más comodidad. 898
Como es de buena sangre, tiene el humor altivo; 899
menos vale la fuerza que el ruego en un buen pecho. 900
Cuando era de su edad, recuerdo yo que un día 901
mi padre a mí me quiso apartar de un amor 902
para él no adecuado, pero para mí sí. 903
Su prohibición volvió tan fuerte mi pasión 904
que pronto se dio cuenta de que, al fin y a la postre, 905
debía estar de acuerdo con cuanto Amor quisiera. 906
Ni el respeto por otro, ni siquiera nuestra alma 907
se pueden abstener de seguir lo que se ama. 908
La Madre
Puedes estar segura de que te alegrarás 909
de verme indulgente con su joven deseo. de verme indulgente con su joven deseo. Théophile ha atenuado la dureza de la madre en esta escena, haciendo que, tras el sueño, recapacite sobre el trato que da a su hija y se proponga ser más tolerante con ella. Théophile, con este tramiento del personaje de la madre se opone a los autores que no diferencian a los padres, como el propio Ovidio, o a los que han hecho, sin más, a la madre protagonista del confinamiento de la joven para que no pueda ver a Píramo, como ocurre en el Piramus et Tisbé francés del siglo XII (Anónimo, 2000: 26-28, vv. 85-92) y en las dos redacciones del Ovide moralisé en prosa (Anónimo, 1954: 134; van Enden, 1973b: 38). Más próximos a Théophile en el tiempo, François Habert (1541: 98) y la Roque (1597: 6) tampoco han diferenciado en este punto a los padres, en tanto que Baïf (1883 [1572], II: 167) y Belliard (1578: 71-72) han hecho protagonista del encierro de Tisbe a la madre. Marino (1993 [1620]: 409, vv. 240-245), siguiendo a Montemayor (1602 [1561]: 210), hace que el padre prohíba a Tisbe ver a Píramo, y matiza al personaje de la madre en la misma dirección que Théophile. Así, en la obra de Montemayor (1602 [1561]: 228), antes de su suicidio, y tras haber lanzado duros reproches a su padre, Tisbe usa un tono muy diferente para dirigirse a su madre ausente, que llama piadosa , mostrándola más cercana a ella que su padre: le recuerda, que es honroso no romper la fe dada y que por eso muere, pidiéndole que la entierre junto a Píramo. En la obra de Marino (1993 [1620]: 456, vv. 1443-1452), Tisbe también llama pietosa a su madre y le pide que los entierre juntos. 910

Escena III

(Tisbe, sola)
Tisbe
Oh diosa de la noche, Luna, madre de sombras, Oh diosa de la noche, Luna, madre de sombras, Frente a las versiones anteriores, parcas en la descripción del lugar de encuentro, Montemayor (1602 [1561]: 220) le dedica a ello una bella décima concentrándose en la luz de la luna, las flores del campo y el efecto que hacía una suave brisa meneando las ramas y esparciendo el olor de las flores. Marino (1993 [1620]: 436: vv. 907-953) ha ampliado considerablemente este pasaje en su obra, con un intenso enriquecimiento estilístico, al fondo del cual se ven las ideas fundamentales de Montemayor. Tisbe toma en esa obra la palabra mostrando o anhelando la complicidad de los elementos de la naturaleza con sus amores: “Ecco il cielo fatto è spia / de’ nostri dolci furti. /Ne’ miei casi felici / vogliono ancor le stelle / vigilar spettatrici” (Marino, 1993 [1620]: 437, vv. 926-930). Todo indica, pues, que Théophile ha seguido a esos dos antecesores haciendo que Tisbe en esta escena se dirija con más amplitud a los elementos de la naturaleza y seres mitológicos pidiéndoles su ayuda, dando así una indirecta descripción, realzada por figuras, del lugar de encuentro. 911
tú que me ves llegar bajo esta fronda oscura, 912
mantente silenciosa, no dejes que te ofenda 913
el descarado amor que guía aquí mis pasos. 914
No me mires: podrías envidiar mi contento; 915
ya te basta aquí abajo con que Endimión Endimión Joven pastor del que Selene se enamoró en la mitología griega. te bese; 916
y, sin reñir conmigo por celos o sospechas, 917
permanece tú sola junto a ese joven tuyo; 918
y créeme: mi amor se arriesga aquí por algo 919
donde no hay intención que te pueda afectar. 920
De sobra hay en los ojos del que me hace venir 921
ahora a este lugar, para atraerme siempre. 922
Y tú, sagrado arroyo, cuya agradable orilla 923
tanto más abordable veo cuanto salvaje, 924
redobla para mí el rumor de tus aguas 925
hasta que los silvanos silvanos Divinidades romanas protectoras de los bosques. se queden todos sordos 926
y que la vana Eco Eco Ninfa de los bosques. Según la leyendo acabó convertida en una voz que repite las últimas palabras pronunciadas. , también ensordecida, 927
mis palabras de amor no repita en el bosque. 928
¡Mas no!, fluye despacio para no despertar 929
a las ninfas del agua, déjalas, pues, dormir. 930
No pone tanto frío en sus almas el agua 931
como para no arder a la vista de Píramo. como para no arder a la vista de Píramo. Théophile desarrolla una imagen parecida en la oda II de La maison de Sylvie , jugando con la paradoja del agua que se hace fuego por la mirada que un ser hermoso lanza sobre ella: “Ses yeux jetaient un feu dans l’eau : / Ce feu choque l’eau sans la craindre, / Et l’eau trouve ce feu si beau / Qu’elle ne l’oserait éteindre ” (Viau, 2017: 189). 932
¡Mas cómo! El perezoso aún está por venir. 933
Desconozco el motivo que pueda retenerlo; 934
claro está, tiene amor; aun así, no es posible 935
que lo sienta hasta el punto en que lo siento yo. 936
Solo os lo digo a vos, arroyos, antros, bosques, 937
a quien la propia Diana confió sus secretos. 938
Hazme este favor, Eco: ¡pídele a esa roca 939
que le diga palabras de amoroso reproche! 940
¿Mas, no oigo yo a lo lejos, como parece, un ruido? 941
Un brillo atisbo ya, como si fuera un ojo. 942
¡Pero qué he visto, oh dioses! ¡Qué espantoso animal! 943
Es un león hambriento que busca aquí su caza. 944
¡Huye del horror, Tisbe, de un sino tan nefasto! 945
¡Dioses, no sea Píramo, al menos, su botín! 946

Escena I

(Píramo, solo)
Píramo
He salido, por fin; su prudencia importuna 947
ya no gobernará ni a mí, ni a mi fortuna. 948
Mi alma ya solo sigue a la antorcha de Amor; 949
en mi ceguera encuentro la suficiente luz. 950
Bella noche que tiendes estos oscuros velos, 951
menos vale, de veras, el sol que tus estrellas; 952
dulce y tranquila noche, de ahora en adelante 953
más vales para mí que el día más hermoso. 954
Veo que mis sentidos van a henchirse de gozo 955
sin que mortal alguno ni dios me vea aquí. 956
Mas ya me encuentro cerca de la tumba elegida. 957
Diviso la morera, oigo el ruido del agua. 958
Este lugar, Amor lo destinaba a Diana: 959
nunca vino aquí nada profano sino yo nunca vino aquí nada profano sino yo La idea de un lugar sagrado frecuentado por Diana, en el que penetran los amantes, ya figuraba en el poema “La solitude”: “Cette forêt n’est point profane ; / Ce ne fut point sans la fâcher Qu’Amour y vint jadis cacher / Le berger qu’enseignait Diane. /Amour pouvait, par innocence, /Comme enfant, tendre ici des rets ; / Et comme reine des forêts, / Diane avait cette licence (Viau, 2017 : 62). . 960
Soledad y silencio, oscuridad y sueño, 961
¿no visteis por aquí resplandecer mi sol? 962
¿Dónde escondéis, oh sombras, los ojos de mi amante? 963
El deseo impaciente de saberlo me apremia: 964
tantas dificultades me han tenido apresado 965
que moría de miedo de ser aquí el último. 966
Mas, por lo que parece, he llegado temprano 967
ya que aún en su lecho mi Aurora permanece. 968
A la espera que venga aquí oportunamente, 969
el resto de la noche me ofrece su reposo. 970
Mas, ¿podré yo dormir con toda mi inquietud, 971
reine el sueño que reine en esta soledad? 972
Desde que yo la sirvo, bien me ha enseñado Amor 973
a pasar sin dormir las horas de la noche. 974
El murmullo del agua y las flores del prado 975
deleitarán un poco, mientras tanto, mi ensueño. 976
Flores, si vuestro espíritu alguna vez mudó 977
despojando los cuerpos de amantes desdichados, 978
si alguna de vosotras se acuerda todavía 979
de haber sufrido fuera del imperio de Flora, 980
dulces y lastimosas, de mí no tengáis celos 981
si Amor, más que a vosotras, quiso favorecerme; 982
y si aún os conmueven los recuerdos pasados, 983
prestadnos, sin que os pese, vuestro amoroso lecho. 984
Mas veo que el rocío ya os mojó los tapices. 985
Pero, ¿qué digo? ¡Es sangre lo que los ha ensuciado! 986
¿De dónde es esa sangre? La sangrienta manada 987
de osos y de leones viene aquí de costumbre. de osos y de leones viene aquí de costumbre. La Roque es el único autor que, como Théophile, indica la posibilidad de que Tisbe haya sido presa de leones u osos, lo que corrobora, entre otras cosas, que Théophile conoció la obra de La Roque (van Emden, 1973c: 582-583). 988
Un espanto recorre una y otra vez mi alma. 989
Pienso en el grito horrible de un búho amenazante Pienso en el grito horrible de un búho amenazante Esta referencia a un ave de mal agüero también se encuentra en el Piramus et Tisbé del siglo XII, aunque aquí la protagonista es Tisbe. Según van Emden (1973a: 875), es una prueba de que Théophile conocía el texto medieval. 990
que me ha estado siguiendo; estas sombras nocturnas 991
aumentan mi terror, y estos sitios callados. 992
¡Oh, Dioses! ¿Qué estoy viendo? Lo entiendo claramente: 993
¡Sin duda, un gran león por aquí ha pasado! 994
Reconozco sus huellas y veo sobre el polvo 995
la sangre que vertía su boca carnicera. 996
¡Pero, oh Cielo, qué horror es esto para mí! 997
Detestable, ya llego a las huellas de Tisbe. 998
Esas huellas que veo, su pie las ha formado 999
y se han entremezcaldo con las que ha hecho el león. 1000
Entre todo esto hay sangre abundante esparcida. 1001
¡Ah! Solo veo horror, muerte por todas partes. 1002
Ya no dudo, mis ojos me dicen bien mi pérdida. 1003
¡Oh, justos dioses! ¿Cómo habéis permitido esto? 1004
Mas no sabíais nada, porque sois falsos dioses. Mas no sabíais nada, porque sois falsos dioses. Ni en Ovidio, ni en las versiones medievales francesas Píramo acusa en este momento a la divinidad por haber permitido la muerte de Tisbe. En cambio, en el Renacimiento algunos autores han puesto en boca de Píramo reproches o acusaciones de ese tipo. Así, Píramo acusa a Cupido de cruel (Habert, 1541: 102), la voz narradora acusa a los dioses de inhumanos (Baïf, 1883 [1572], II: 175), la Roque (1597: 12, 14) acusa al Cielo de despiadado –”ô Ciel impitoyable!”– y falto de clemencia para los que lo han ofendido y lo llama “injuste autheur de mon ennuy”. También tanto Montemayor como Marino han puesto en boca de Píramo, junto antes de darse la muerte, palabras contra la divinidad: “cielos, mis quexas tomad” (Montemayor, 1602 [1561]: 226); “prendi, malvagio Cielo / i lamenti e sospiri” (Marino, 1993 [1620]: 453, vv. 1350-1351). Théophile sigue en esa línea, pero añade la posibilidad de que los dioses no existan. Conociendo cómo el libertino utiliza la cultura pagana para disimular sus ideas, puede que esa insinuación vaya más allá de los dioses paganos. 1005
Yo soy quien la ha traído a este lugar culpable, 1006
yo, traidor, que sabía que cerca de esta fuente 1007
los oso y leones acuden sanguinarios, 1008
pues este abrevadero es para ellos tan cómodo 1009
que siempre se les ve en esta soledad. 1010
Infame criminal, Píramo desleal, 1011
¿qué has hecho, pues, de Tisbe?, ¿qué has hecho de tu alma? 1012
¿Cómo he podido yo privarme de mí mismo? 1013
Ella se adelantó, y el día ya ha llegado. 1014
¿No veo yo acaso que la aurora despunta 1015
esparciendo en el cielo su resplandor confuso? 1016
¡Oh sol! ¿Querrás brillar después de este accidente? 1017
¡Busca para esconderte un más negro occidente! 1018
Pero no, sal, podrás hacerlo sin vergüenza, 1019
que ya no queda sol que te supere aquí: 1020
Tisbe perdió la vida. ¡Oh, bello árbol!, ¡oh roca!, 1021
¡oh, flores!, ¿dónde debo ir a buscarla ahora? 1022
Cristal cándido y bello, cuyo espejo ya expresa 1023
la imagen de mi crimen en mi pálida frente, 1024
tú que viste en tu orilla cómo la desgarraban, 1025
¿no pudiste quedarte con algún miembro suyo? 1026
Traidor, solo serviste de refresco a las fauces 1027
del león, entregándole a mi Tisbe sin nadie. del león, entregándole a mi Tisbe sin nadie. La interpelación que hace aquí Píramo a los elementos de la naturaleza, tras descubrir la muerte de Tisbe, tiene antedecentes en otros autores que ampliaron la única del texto de Ovidio, dirigida al león. Esas interpelaciones han fluctuado entre el lamento ante esos elementos o su acusación, todo ello acompañado por un enriquecimiento estilístico de diferentes dimensiones. La interpelación a los elementos es claramente acusatoria en el Piramus et Tisbé anónimo del siglo XII: “Nuis de dolour, nuis de torment, / Moriers, arbres de plorement, / Prez, qui dou sanc estes sanglent, / Fontaine, / Que me m’avez rendue saine / Cele cui sans gist en l’araine!” (Anónimo, 2000: 66-68, vv. 686-6919). El primer Ovide moralisé en prosa sigue en la misma dirección, aun cuando suaviza la acusación: “Hé morier, qui mort signifies, et, fontaine de douleur, et vous, prez parez de tristesse et triste verdure (…) trop m’est muée la consolacion joyeuse que j’esperoye avoir o vous en lamentacions amères” (Anónimo, 1954: 136). La segunda redacción del Ovide moralisé solo conserva la interpelación al moral (vam Emden, 1973b: 44). François Habert (1541: 102) hace que Píramo acuse a la noche y al bosque por la desgracia vivida, y Guillaume Belliard (1578: 79-80) hace que se lamente ante el moral por haber consentido la muerte de Tisbe bajo sus ramas. Marino (1993 [1620]: 450-451, vv. 1284-1312) desarrolla ampliamente este pasaje con diversas figuras: insiste en la envidia del cielo y de la luna, siguiendo en esto a Montemayor (1602 [1561]: 225), y hace testigo de su pena a la fuente, que junto a otros elementos también era acusada de envidia en Montemayor (1602 [1561]: 225). Las palabras que dirige aquí Píramo al sol, apuntando la vergüenza que sufría cuando Tisbe estaba viva, nos recuerdan la acusación a la luna en las obras de Montemayor y Marino. La acusación a la fuente, que no figura en Marino, recuerda otros antecedentes, desde la novela francesa del siglo XII hasta Montemayor. 1028
¿Mas por qué quiero yo reñir aquí a las piedras? 1029
Con mi propia imprudencia es con quien debo hablar. 1030
Es a mi crueldad a quien debo la pena 1031
de esta muerte, la menos justa y más inhumana; 1032
mis dos brazos debían haberla socorrido; 1033
no lo hicieron; soy yo quien debe, pues, morir. 1034
Salid para ayudarme de vuestros antros huecos, 1035
y desgarrarme el cuerpo; venid, hoscas manadas, 1036
mi justo desespero os apremia y espera; 1037
este cuerpo os entrega un botín sin defensa; 1038
crueles, no busquéis un cándido cordero 1039
para inmolarlo a vuestras furias en las majadas, 1040
corred por otras partes para hacer vuestros robos, 1041
comed a criminales, matad a asesinos. 1042
Y tú león, ya tuvo su funeral mi alma Y tú león, ya tuvo su funeral mi alma Théophile ha ampliado con fuerza la apostrofe a los leones que ya aparece en Ovidio (1964: 128, vv. 112-114): “Despedazad mi cuerpo y devorad a fieros modiscos estas vísceras criminales, oh leones todos que habitáis en esta roca”. El Piramus et Tisbé del siglo XII amplió esa interpelación haciendo, entre otras cosas, que Píramo se dirigiera al león pidiéndole que, pues había bebido la sangre de Tisbe, bebiera también la suya (Anónimo, 2000: 70, v. 728). Los autores renacentistas franceses, con mayor o menor insistencia, han ampliado también este apóstrofe (Habert, 1541: 102, nueve versos; Belliard, 1578: 78-79: veinticuatro versos; La Roque, 1597: 6, trece versos). Van Emden (1973a: 877) ha encontrado un parecido entre los textos de Baïf y Théophile que atestiguaría que ambos conocieron alguna de las impresiones que hizo Vérard, a partir de 1493 en París, del segundo Ovide moralisé en prosa. Vérard añadió la imagen de que, una vez devorado Píramo, el vientre de la bestia se convierte en sepultura de los amantes: “Si coucherons tous deux en ung cercueil”. Efectivamente tanto Baïf (1883, II [1572]: 176) –“Vos gorges [las de los leones] soyent au moins la sepulture / De deux amans, et vos ventres comblez / Soyent le cercueil de nos cors assemblez”– como Théophile, modulan cada uno a su manera esa idea. No obstante, algo muy parecido también se encuentra en la Moralité nouvelle de 1535, cuando Píramo le pide al león que lo devore: “Affin que dedans ung cerceuil / Soyons tous deux après la mort” (Anónimo, 1901: 27, vv. 406-407) y en Belliard (1578: 79): “Et que puissent dormir souz une mesme lame / Tysbé l’infortunée, et son amy Pirame”. La idea también está presente en Marino –y no en Montemayor en este caso–, cuando Píramo dirigiéndose a la bestia le dice “se quel conoscimento / (…) ancor non ti mancasse / in saver qual tesoro / nel ventre tuo si chiuda, / non saresti sì cruda / que nel’istessa tomba / non sepellissi insieme / ancor la spoglia mia / per darle compagnia“ (Marino, 1993 [1620]: 450, vv. 1272-1283). Todo indica, pues, que Théophile pudo tener una reminiscencia de otros textos que el Ovide moralisé en prosa, en particular de Marino, cuya obra probablemente conocía. , 1043
mi corazón digieres dentro de tus entrañas, 1044
regresa y hazme ver, al menos, mi enemigo, 1045
solo me has devorado, además, a mitad, 1046
acaba tu comida, serás menos funesto 1047
si me eres más cruel. Acaba, pues, los restos 1048
y déjame sin forma de poder castigarte. 1049
Mas en vano te pide mi dolor que regreses; 1050
cuando esa bella sangre se mezcló a tu alimento, 1051
tus sentidos perdieron su cruel condición; 1052
creo que hasta tu humor cambió de calidad, 1053
y que es más amoroso ahora que brutal. 1054
Desde que su bella alma aquí quedó esparcida, 1055
el horror de estos bosques por siempre se perdió. 1056
Los tigres, los leones, las panteras, los osos 1057
tan solo engendrarán amorcillos aquí; 1058
creo que pronto Venus verá cómo florecen 1059
de esa sangre amorosa mil capullos de rosa. 1060
Se verterá mi sangre aquí sobre la suya, 1061
mi alma con la suya así se mezclará mi alma con la suya así se mezclará En estos versos Théophile consigue una gran plasticidad por medio de cambios y metamorfosis poéticas, muy barrocos, como hace en otras ocasiones (véase Viau, 2017: 186-199, oda II de La maison de Sylvie ): el cambio de naturaleza del león, la desaparición del horror de los bosques, el engendramiento de amorcillos por las fieras, las tranformación de la sangre en rosas, etc. Celicia Rizza considera que las metamorfosis en la obra de Théophile son metáfora de un universo donde todo está ligado “et où la vie même consiste en ce mouvement perpétuel et en ce changement de formes”, al tiempo que revelan “la conscience de la confusion et de la dissolution des êtres dans le paraître et, par conséquent, l’inquiétude de l’homme et l’inquiétude des choses” (Rizza, 1996 : 111-112). . 1062
¡Qué impaciente ya estoy por que mi alma consiga 1063
alcanzar a su espíritu en la mortal ribera! 1064
Si yo encontrara, al menos, de esa obra maestra 1065
una santa reliquia para honrar una tumba, 1066
el pecho me abriría de parte a parte entero 1067
y su carne en la mía tendría sepultura. 1068
Tú, vivo ataúd suyo, regresa a devorarme, 1069
cruel león, regresa, que yo quiero adorarte; 1070
si mi diosa se debe confundir con tu sangre, 1071
el más sagrado altar, para mí, eres del mundo. 1072
¡Oh, dioses!, si al morir, no veo nada de ella, 1073
al menos besaré la huella de sus pasos, 1074
y mi labio, al seguir esa sangrienta senda, 1075
cien veces besará su sangre gota a gota. 1076
¡Bella sangre preciosa, que tan fría y tan muerta 1077
tanta fuerza tenéis todavía en mi alma, 1078
abandonasteis, pues, las delicadas venas 1079
para dar fin a vuestros tormentos y mis penas! 1080
Pues el sino me dice que fue voluntad vuestra, 1081
menos resuelto a mí no me verá que a vos. 1082
¿Pero que encuentro aquí? Esta sangrienta tela 1083
a la pobre difunta, de velo le sirvió. 1084
¡Oh, testigo cruel de mi última desdicha! 1085
¡Testigo de mi crimen, sélo de mi dolor! 1086
¿Mas cómo? ¿En este objeto de un sino tan amargo, 1087
sangriento y desgarrado, aún me eres amable? 1088
¿Debo, pues, adorarlo? Así es, que yo lo quiero: 1089
el tocó antaño el oro de sus rubios cabellos. 1090
Un casto uso le dio nuestro amor a este velo, 1091
pues no dejaba al sol que besara su cara; 1092
el cuidó, para mí, de su tez tan hermosa. 1093
¡Ojalá te veneren desde ahora cual santo 1094
y, en favor de la sangre que pinta nuestro drama, 1095
que la noche te vista con su manto de sombra! 1096
Mas creo que mi pecho se deleita en su pena; 1097
ya es hora que mi vida con su rigor acabe. 1098
¿Debo para morir buscar a quien me ayude? 1099
Solamente mi mano me ofrece ese remedio. 1100
Si quisieras abrirte, tierra, bajo mis pasos, 1101
te lo agradecería; mas no lo estás haciendo: 1102
parece que tus flancos aún se aprietan más. 1103
¡Oh, dioses!, si quisierais enviarme aquí el trueno, 1104
en deuda os estaría. ¡Vergonzosas palabras! 1105
Oyéndome, diríase que mi muerte es dudosa 1106
y aún delibera en mí la desesperación. 1107
El asombro y no el miedo me difieren la muerte. 1108
He aquí con qué vengar las injurias del sino; 1109
aquí ya está mi trueno, y mi abismo y mi muerte. 1110
Pese al Cielo, a los padres y a la naturaleza, 1111
mi suplicio pondrá término a mi tortura. 1112
Los hombres valerosos mueren cuando les place. 1113
Ama este corazón, Tisbe, tan masacrado. 1114
Otro golpe más, Tisbe. Esta es mi última herida, 1115
mira bien aquí dentro si mi dolor es cierto. 1116

Escena II

(Tisbe, sola)
Tisbe
Casi no recupero el sentido y la voz; 1117
el miedo que he pasado me ha hecho perder un velo, 1118
y me ha hecho demorar mucho tiempo escondida. 1119
Quizás mi amante me haya desde entonces buscado. 1120
Ya debe haber llegado si no perdió el cuidado 1121
de venir a mi encuentro, pues casi ya es de día. 1122
No oigo más que el agua que mana de la fuente; 1123
el silencio profundo me da seguridad 1124
para ir hasta la tumba donde, todo este tiempo, 1125
seguro que mi Píramo se consume esperando. 1126
La bestia que buscaba el agua de este valle, 1127
tras apagar su sed, ahora se ha marchado, 1128
pues, si no, yo oiría el ruido que ella hiciera 1129
y, a través de la noche, sus ojos brillarían. 1130
¡Oh, noche, ya regreso al fin bajo tus sombras! 1131
Comparada a mi amor, poca es mi valentía. 1132
Mas si eso que yo veo no engaña mi mirada, 1133
motivos tengo ahora para temer de nuevo: 1134
un repentino horror me apresa inesperado; 1135
y si yo veo bien en esta oscuridad, 1136
no desmiente un augurio incierto mis sospechas. 1137
Unos pasos mezclados, revueltos con los míos, 1138
este lugar sangriento, pisado por doquier, 1139
señalan que la bestia su furia aquí sació. 1140
¡Oh, dioses, veo en tierra un cuerpo como muerto! 1141
Pero, ¿por qué espantarme? Es Píramo que duerme. 1142
Para escapar al tedio de su aburrida espera, 1143
descansa al dulce ruido de esa vívida fuente. 1144
Le tocará ahora echarme a mí la culpa. 1145
Mas este lugar duro, frío, poco propicio 1146
para el reposo, húmedo del rocío que cae, 1147
me obliga a despertarlo. ¡Qué tímida soy, dioses! 1148
Su contento y reposo, para mí son tan caros 1149
que hasta teme mi voz hablar por si molesta. 1150
Duerme tan suavemente que apenas se podría 1151
discernir en el aire el ruido de su aliento discernir en el aire el ruido de su aliento La suavidad del aliento de la persona amada, contemplada cuando duerme, ya figura en las famosas estancias “Quand tu me vois baiser tes bras…” (Viau, 2017: 104), donde recibe un amplio desarrollo imaginativo: “La rose en rendant son odeur, / Le soleil donnant son ardeur, / Diane et le char qui la traîne, / Une naïade dedans l’eau, / Et les Grâces dans un tableau, /Font plus de bruit que ton haleine.” . 1152
Pero ¿por qué será que, quieto y frío al tacto, 1153
parece muerto? ¡Píramo! ¡Oh, dioses, llamo en vano! 1154
No respira; este bello cuerpo se ha hecho de hielo. 1155
¡Ay! Ya veo pintada en su cara la muerte; 1156
una noche eterna cubre sus bellos ojos. 1157
Veo su pecho pecho Théophile utiliza aquí la palabra estomac . Guido Saba, en su edición de la obra (Saba, 1999, II: 330) entiende estomac como sein, poitrine . La palabra poitrine fue, de hecho, objeto de alguna condena por excesivamente realista (sic) en el clasicismo francés, por lo que algunos recurieron a estomac con ese sentido. Furetière ha recogido esa acepción en su diccionario : “Se dit abusivement de la partie extérieure du corps, qu’on appelle autrement le sein , la poitrine et qui est au-dessus de la ceinture”. No obstante, Píramo en las versiones anteriores no siempre se suicida hiriéndose el pecho: su golpe le alcanza en los ijares en la fábula de Ovidio y en el Piramus et Tisbé anónimo del siglo XII; en los Ovide moralisé su herida es par mi le corps (Anónimo, 1954: 136; van Emden,1973c: 44). No hemos leído nada en esta obra que indique claramente el lugar del cuerpo en que se hiere en su suicidio. Théophile, igual que François Habert (1541: 103), utiliza después la misma palabra estomac , para indicar el lugar en que Tisbe se clava el hierro. abierto por un profundo tajo. 1158
¡Eh, no mueras tan pronto, abre un poco los párpados 1159
y respira otra vez; moriré la primera, 1160
no te vayas sin mí, no me hagas ese daño! 1161
¡No me respondes nada, corazón! No estás muerto, 1162
los dioses nunca mueren, y la naturaleza 1163
sabia es para que muera lo más amable que hizo. 1164
Mas, ¡oh vanas palabras!, ¡oh, mentiroso alivio!, 1165
lo que he perdido aquí me hace perder el juicio. 1166
¡Píramo ya no vive! ¡Se lo lleva un suspiro! 1167
¡Mas, cómo! ¡Él ya no vive y no estoy muerta yo! 1168
Píramo, si te queda un poco aún de luz, 1169
si me guarda tu espíritu un poco aún de amor, 1170
y si el viejo Caronte, sensible a mi infortunio, 1171
se demora en su barca un poco por mi súplica, 1172
espera, te lo ruego; y que una misma muerte 1173
selle nuestros destinos; ahora mismo será. 1174
Pero tú no me esperas y, por poco que viva, 1175
mi sino ya me impone el deber de seguirte. 1176
Culpable como soy de esta muerte injusta, 1177
criminal desgraciada del furor de la suerte, 1178
¿qué?, ¿sigo respirando, sigo mirando a Píramo 1179
que ha muerto antes que yo, y aún no he perdido el alma? 1180
Veo cómo esa roca se ha roto de dolor 1181
para derramar lágrimas, para abrirme una tumba; 1182
ese arroyo, de horror por mi injuria, ya huye, 1183
sin descanso ninguno, sin hierba en sus riberas; 1184
incluso esta mañana, en lugar de rocío, 1185
ha vertido la Aurora lágrimas en las flores; 1186
y ese árbol, conmovido de desesperación 1187
al encontrar la sangre en su tronco insensible, 1188
ha mudado su fruto; se ha hecho la luna pálida 1189
y la tierra ha sudado la sangre de su vómito. y la tierra ha sudado la sangre de su vómito. En varias versiones, Tisbe en este momento hace un llamamiento a los elementos de la naturaleza para que sean testigos de la desgracia de los amantes. Así se exclama la joven en el Piramus et Tisbé del siglo XII: “ Lune, fontaine, prez, moriers, / Nuit pale / Qui enseigne me feïs male / Quan sui issue de la sale / Oiez ! / Pri vous que ma mort tesmoignez” (Anónimo, 2000 : 74-76, vv. 822-827). En algunos casos esa petición se acompaña del deseo de que esos elementos sean testigos mediante algún cambio o transformación. Así, Habert (1541: 103) pide a los dioses que el río se seque y el mármol de la fuente se vuelva negro : “Et que ceste eau qui rend si doulx murmure, / De marbre blanc qui a vive closture / Perdre son cours du beau son argentin, / Et le blanc marbre, en pris grand et haultin, / Devienne noir pour le malheur hideux, / Prenant le tainct de ce sang de nous deux“. Curiosamente, tanto Píramo como Tisbe hacen la súplica en la obra de la Roque (1597: 12, 19). Píramo suplica: “ Donc, Nymphes de ces bois, roches, arbres et fleurs, / Lamentez maintenant, et pleurez mes douleurs, / Ternissez vos beautés, pour tesmoigner ma perte, / Et en habit de deuil changez la robbe verte. / Et vous, chers oisyllons des forests et des champs, / Qui sçavez mon angoisse et mes regrets tranchans, / Voletez pres de moy en ces obscurs tenebres / Et changez vos chansons en complaintes funebres”, lo que es aún más ampliado en palabras de Tisbe. Como era de esperar, Marino (1993 [1620]: 457, vv. 1452-1472) ha dado un intenso desarrollo a este pasaje haciendo que Tisbe le pida a un amplio número de seres de la naturaleza: “siate voi dela pena / ch’a morir mi conduce / guidici e testimoni”, y a los faunos, pastores y ninfas, que escriban en las cortezas de los troncoss, con su propia sangre su infortunio. Se aleja de su modelo Montemayor (1602 [1561]: 228), en este caso mucho más escueto: “frutos, plantas se enlutaron / por los dos que con mas fe / en esta vida se amaron”. Théophile recoge, pues, aquí esta tradición, con la particularidad de que parte de esos cambios no son un deseo, sino que ya se han producido antes de la muerte de Tisbe. Además, cambiando de actitud, el personaje también manifiesta desconfianza por el luto de algunos elementos, ya que se renuevan todos los años. 1190
Bello árbol que en el mundo permaneces tras mí, 1191
para mostrar al Cielo mejor tus rojas moras, 1192
para mostrarle el daño que ha infligido a mis votos, 1193
haz como yo, arranca, por favor tus cabellos, 1194
ábrete el pecho y haz que se vierta a la fuerza 1195
este sangriento humor por toda tu corteza. este sangriento humor por toda tu corteza. Ovidio (1964: 128-129, vv. 154-166) concluye su relato con las dos conocidas súplicas de Tisbe: a los padres, que sepulten juntos a los amantes; al árbol, que el color de sus frutos sea negro para dar testiminio de la desgracia. Nos indica después que las súplicas conmovieron a padres y dioses, que accedieron a ellas. Previamente, el cambio de color del fruto ya se había producido al contacto de la sangre de Píramo, sin que este pronunciara ruego alguno (Ovidio, 1964: 127, vv, 119-127). Estos elementos de la fábula han recibido diferentes tratamientos en las reescrituras francesas: unas veces cada amante ha hecho un ruego –por ejemplo en el Piramus et Tisbé del siglo XII (Anónimo, 2000: 70, vv. 743-746)– ; otras, solo Tisbe ha hecho un único ruego (Habert, 1541: 103) o los dos (Baïf, 1883 [1572], II [1572]: 180); tampoco se han repartido siempre del mismo modo los dos ruegos, dándose además el caso de que se ruege no a los dioses sino solo al árbol (la Roque, 1597: 15), a Júpiter (Belliard, 1578: 80) o a Dios en singular –como ocurre en el segundo Ovide moralisé en prosa (van Endem, 1973b: 44)–, etc. Y también hay diferencias en el tratamiento de la metamorfosis, pues unas veces se ha producido la metamorfosis al contacto de la sangre de Píramo y otras, no. Théophile recoge la tradición de que solo Tisbe pronuncie una súplica al árbol, pero añade matices importantes. Sus palabras indican que el cambio de color ya se ha producido, por la sangre de Píramo, lo que conecta directamente con Ovidio (1964: 127, vv.121-127), pues le pide al árbol que arranque sus cabellos para mostrar mejor sus moras rojas al cielo; ahora bien, no pide al árbol que deje testimonio del infortunio de los amantes, sino del daño que ha infligido el Cielo a sus deseos. Théophile tampoco sigue aquí ni a Marino, ni indirectamente a Montemayor. En Marino (1993 [1620], 458: 1480-1484) Tisbe no pronuncia ningún ruego y es la sangre mezclada de ambos amantes la que al tocar el moral produce el cambio de color del fruto. En Montemayor tampoco se pronuncian ruegos y parece que la metamorfosis se produce en dos fases: rojo frutos al contacto de la sangre de Píramo, pues el fruto cobró “el mismo color que Píramo había perdido” (Montemayor, 1602 [1561]: 227); negros frutos al contacto con la sangre de Tisbe y Píramo mezcladas (Montemayor, 1602 [1561]: 228), como en su imitador Marino. 1196
Mas, ¿me sirve tu duelo? ¡Oh ramas, verdes prados, 1197
qué impotentes que sois para aliviar mi mal! 1198
Aunque por él murierais, bien se ve que el destino 1199
os devuelve la vida cuando devuelve el año: 1200
una vez cada año os vemos perecer, 1201
una vez cada año os vemos florecer, 1202
pero Píramo ha muerto y no regresará 1203
de las pálidas casas donde mora su espíritu. 1204
Desde que el sol nos ve nacer y perecer, 1205
ningún difunto ha sido el primero en volver ningún difunto ha sido el primero en volver En el interrogatorio del 26 de marzo de 1624 le recriminaron a Théophile este verso, por deducirse de él que no creía en la resurrección, lo que implicaba acusarlo de ateísmo (Lachèvre, 1909, I: 391-392). El escritor se defendió argumentando que eso había sido escrito en una tragedia donde se representaban personajes paganos y que él siempre había mostrado su creencia en la resurrección. Que Théophile negara en esta obra el retorno de un lugar de ultratumba pagano no evitó la acusación. Fue la única del juicio referida a a esta obra. . 1206
Y aunque hicieran los dioses que mañana, por mí, 1207
reviviera, hoy estoy resuelta yo a seguirlo. 1208
Es mucha mi impaciencia y, puesto que el destino 1209
ha hecho cruel botín de nuestros amorosos 1210
cuerpos, sin permitir que el placer merecido 1211
por nuestro ardor mezclara nuestras almas unidas, 1212
allí las juntaremos, y nuestra santa unión 1213
tornará en un espíritu la sombra de dos cuerpos. 1214
Y puesto que por mí ya duerme su bella alma, 1215
mi espíritu inocente lo mismo hará por él. 1216
No obstante, no podré si no muero yo el doble. 1217
Píramo se ha matado solo por sospechar; 1218
su fiel amor ha sido demasiado impetuoso 1219
al ver que yo tardaba en cumplir mi deber 1220
y, de haber sospechado que yo no lo amaba, 1221
tan solo con la muerte se ha podido curar. 1222
¡Caiga, pues, sobre mí tu brazo con más fuerza, 1223
oh muerte, y, si es posible, muera yo más que él! 1224
¡Quiero a la vez sentir veneno, fuego y hierro! 1225
¡Vamos! ¿De los Infiernos, quién me abre a mí la puerta? 1226
¡Ah, aquí está el puñal que, de sangre de su amo, 1227
cobarde se ha manchado; ¡el traidor enrojece! cobarde se ha manchado; ¡el traidor enrojece! Estos dos versos son conocidos por la crítica que hizo de ellos Boileau (1701: 3), con tanta fortuna para la posteridad: “Toutes les glaces du Nord ensemble ne sont pas, à mon sens, plus froides que cette pensée ? Quelle extravagance, bon Dieu ! de vouloir que la rougeur du sang, dont est teint le poignard d’un Homme qui vient de s’en tuer lui-mesme, soit un effet de la honte qu’a ce poignard de l’avoir tué ?”. No obstante, esa pointe de Théophile ya había sido admirada e imitada por varios dramaturgos (Saba, 1999a, I: 332; Angebault, 2009: 92), cuando Boileau hizo ese juicio despectivo. Y antes que Boileau, Charles Vion d’Albray (2015 [1632], s.p.) ya decía: “Ces trop grands chercheurs de subtilités sont les plus grands ennemis qu’aient le Muses” en el “Avertissement” a su traducción de la Aminta de Tasso, poniendo como ejemplo precisamente estos versos de Théophile. 1228
¡Execrable verdugo, si te quieres lavar 1229
del crimen que empezaste, ¡solo lo has de acabar! 1230
¡Clávate ya aquí dentro, hazte más rudo, empuja 1231
fuegos con tu hoja! ¡Ay! ¡Es demasiado dulce! 1232
No podía morir de un golpe más amable 1233
ni por otro que Píramo, odiar el de los cielos. ni por otro que Píramo, odiar el de los cielos. Théophile acaba la obra con tres versos que son un verdadero reto para el lector, y confirman que ha querido concluir con la máxima intensidad lírica la obra, pues tras la agudeza imaginativa del puñal, sigue este laberinto conceptual donde la acumulación de dos proformas en el último verso desafía la comprensión. La entrada en el cuerpo del puñal, manchado de la sangre de Píramo, es percibida extremadamente suave y amable por Tisbe, lo que sugiere evocaciones eróticas y mórbidas a un tiempo. En contraposición a la favorable acogida de este golpe –por el puñal de Píramo–, Tisbe muestra su odio al golpe de los cielos celui des cieux – a Píramo– autre objet –, lo que formula negativa y restrictivamente: yo no podía odiar el golpe de los cielos por otra persona; esto es, lo odio porque ha golpeado a Píramo. Esta es nuestra interpretación del verso; agradecemos a Michèle Rosselini y Guillaume Peureux su ayuda en el debate que hemos tenido sobre estos versos. 1234