Alexandre Hardy
La fuerza de la sangre
La force du sang
Traducción
de
La force du sang
Hardy, Alexandre. <<La fuerza de la sangre>> . Traducida y anotada por Miguel Ángel García Peinado, para la colección EMOTHE. Valencia: ARTELOPE Universitat de València, 2017.
Joan Oleza Simó
(Investigador principal)
Miguel Ángel García Peinado
(Traductor)
López Martínez, José Enrique
(Editor)
Martínez Ojeda, Beatriz
(Editor)
Español · Verso · 1552 versos
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ARGUMENTO
Este asunto, representado con las mismas palabras de Cervantes, su primer autor, se limita únicamente a Leocadia, joven señorita de gran belleza, que fue, en un determinado paseo en las afueras de la ciudad de Toledo, raptada por la noche de entre los brazos de su padre y de su madre por uno de los primeros y más ilustres caballeros de allí, quien se la llevó a su casa totalmente desmayada y se aprovechó sexualmente de ella durante su desvanecimiento. Le vendó luego los ojos cuando ella se identificó y de ese modo la mostró en mitad de la calle; ella regresa al hogar paterno, llevando como testimonio del lugar en que la han violado una imagen de Hércules, y parió luego después de nueve meses un hijo tan hermoso como la madre, el cual sirvió finalmente al ser identificado milagrosamente para reparar el honor de la madre por medio de un feliz y legítimo matrimonio.
ACTORES
PIZARRO
ESTEFANÍA
LEOCADIA
ALFONSO
FERNANDO
RODRIGO
DON ÍÑIGO
LEONOR
FRANCISCO
LUISICO
CIRUJANO
GRUPO DE PARIENTES
ACTO PRIMERO
ESCENA PRIMERA
(Pizarro, Estefanía, Leocadia)
PIZARRO.
Se salvaría el hombre en su mortal carrera
1
de infinitas desgracias que el destino revela,
2
si este velo del cuerpo que envuelve nuestras almas
3
no impidiera entender los augurios del sueño;
4
si este importuno huésped en su pesada masa
5
su vuelo no plegara cuando llega algún sueño.
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Pero echemos la culpa a mil horribles pecados
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que nos han abolido los regalos celestes,
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desde que la edad de oro hizo sitio a otro peor,
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pues ahora el espejo hecho del mejor vidrio
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no refleja mejor objetos diferentes
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que antes cuando cada uno leía sus claros sinos,
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enviados por Morfeo, en quien, cosa notoria,
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no se abría la puerta que de marfil se llama,
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puerta falaz abierta a los sueños inútiles
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que pierden, mal ideados, a los crédulos hombres hombres Scherer, en sus notas y variantes, añade a toda esta disquisición que se trata de una larga preparación ideológica que proclama que el hombre tiene interés en conocer el futuro por medio de sueños verídicos, como ocurría en los tiempos de la edad de oro; pero ahora, los sueños son con frecuencia engañosos. Dado que las «Notes et variantes» de Scherer se hayan entre las páginas 1184-1191, en adelante, y para no repetirnos, omitiremos el número de página, operando de igual modo con la edición de Tomotani (quien introduce sus notas a pie de página, entre las pp. 213 y 219), para evitar la continua reiteración. .
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La certeza funesta de mi augurio profético
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por un momento invoca a esta dicha antigua antigua La dicha de leer claramente en los sueños, igual que en la edad de oro. ,
18
un momento que quiso inspirado advertirme
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cómo poder salir de este evento siniestro.
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ESTEFANÍA.
Muchas miles de veces vos me habéis reprendido
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por una loca creencia en frívolas doctrinas,
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por un miedo quimérico en falsas ilusiones
23
que perturban el sueño aportando visiones.
24
PIZARRO.
La mujer, excremento anormal de natura,
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imagina que le habla al aire, a la aventura.
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ESTEFANÍA.
¡Pobre mujer, pisada, y siempre sin razón,
27
quien puede compararse en todo con el hombre!
28
PIZARRO.
¡Sí, tan similar como alguna oscura estrella
29
al sol de nuestros días, o que un cuerpo a su sombra sombra Tomotani señala con acierto que Pizarro niega la comparación (posible según Estefanía) entre el hombre y la mujer por medio de dos comparaciones imposibles, que se incluyen en la retórica de los adunata o impossibilia de la poesía amorosa latina, como por ejemplo en el poema de John Donne “Go and catch a falling star” (Ve y coge una estrella fugaz). !
30
ESTEFANÍA.
De acuerdo, es mucho menos, y decidme, señor,
31
qué espectro os transmite un miedo tan atroz.
32
PIZARRO.
No es miedo, sino que la suprema bondad
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en este leve asunto no clarifica igual.
34
La hora era ya cercana en que el horror nocturno
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comienza a ocultarse en la aurora que llega,
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y que el ave de marzo ave de marzo Probable alusión al gallo, que anunciaba el día. , espía poco fiel,
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nos anuncia del día la primicia primera,
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que el frescor matutino fluye por nuestros ojos
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esas adormideras que la siesta hace airosa.
40
Fui entonces advertido de que una oculta tórtola
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en vuestro propio seno dulcemente criada,
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que no se alimentaba si no era de nosotros,
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que nos seguía constante y dócil, paso a paso,
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se topa al azar con la cruel llegada
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de una grande y brusca águila que bajó de la nube,
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que raptora, a pesar de nuestro vano esfuerzo,
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se la llevó en el aire, huyendo de repente.
48
Transido de terror, los ojos todo en lágrimas
49
en quien el desespero mantiene sus alarmas...
50
Por fin ella regresa igual que de la tumba,
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y viuda del esmalte de su bello plumaje,
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lamenta, avergonzada, una pérdida afín,
53
rechazando en principio nuestra altruista caricia caricia Toda la estrofa de Pizarro es un sueño premonitorio, a la vez que una prolepsis narrativa en la que Leocadia es la tórtola y Alfonso el águila. En el relato cervantino no existe el sueño premonitorio de Pizarro. ...
54
ESTEFANÍA.
El final...
55
PIZARRO.
Paciencia, escuchad todo el resto,
aunque sea voz al viento que pasa baladí...
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Al poco tiempo vi a esta tórtola amada
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revestir más alegre su pluma habitual;
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y, prodigio, un pequeño le nació de su ala,
59
igual que un oriente que se alza de las olas,
60
gentil, cortés, hermoso, al que se quiere y besa,
61
así que en sobresalto me despierto de gozo...
62
ESTEFANÍA.
Aún es decisión mía volver en caso tal,
63
que un mal cambiar nos debe el futuro a feliz;
64
que el hierro que lo hace su herida curará,
65
ninguna otra apostilla me parece más fiable.
66
PIZARRO.
De acuerdo con la mía, es preciso incordiar
67
con rezos a quien pueda el percance cambiar;
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quien maestro del destino, si no el propio destino
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propague sobre el orbe su clemencia suprema,
70
quien hizo muchas veces silbar su ira en el aire
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arrollando el orgullo de las rocas, no el nuestro.
72
ESTEFANÍA.
¡Cuán bien os explicáis! La humana previsión
73
a quien osa excederse de su propia sapiencia,
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derriba, precipita y pierde al temerario,
75
pues tan sólo es un préstamo del Señor de los Cielos,
76
médico generoso respecto a sus criaturas
77
en actuales dolores igual que en los futuros,
78
cuando una fe muy plena reclama su bondad
79
y nos movemos sólo por su gran voluntad.
80
PIZARRO.
Llegados a este punto, a lo largo del río río Scherer aclara que se trata del río Tajo, que baña Toledo. Asimismo Tomotani.
81
acabemos ahora el paseo íntegramente,
82
ejercicio del cuerpo sano, unido a que
83
tal placer me podrá disipar esta cuita.
84
ESCENA SEGUNDA
(Alfonso, Rodrigo, Fernando)
ALFONSO.
Puesto incluso a elegir el destino del mundo,
85
o deseos que antaño el monarca del agua
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al bravo hijo de Egeo hijo de Egeo Teseo, que fue rey de Atenas, hijo de Etra y Egeo; según otra tradición Teseo era hijo de Poseidón. Scherer explica que Neptuno había prometido a Teseo satisfacer sus deseos; igual Tomotani. otorgó, adivinad
87
de entre estos dos deseos cual aceptaría de ellos,
88
y con cual mi pasión más se satisfaría.
89
Quien zanjará mejor sin espera el enigma,
90
se afana en obtener una circunspección
91
que merece encontrar lógica solución.
92
RODRIGO.
¿Puede ser que envidiéis los lauros de Alejandro?
93
ALFONSO.
Jamás una pasión me hizo bajar allí.
94
FERNANDO. FERNANDO. Scherer precisa que el nombre «Fernande» es la forma afrancesada de Fernando.
Pasional de carácter, entrañaría peligro
95
que la deseada suerte del frigio, pastor pastor Scherer indica que se trata de una alusión a Paris. Efectivamente, el verso se refiere a la escena del juicio de Paris sobre la belleza de Hera, Atenea y Afrodita, cuyo resultado daría lugar posteriormente a la guerra de Troya. ,
96
en cuanto a poseer a una beldad divina...
97
o apunta a este deseo, que casi yo adivino.
98
ALFONSO.
No vayáis tan lejos; sin embargo buscar
99
una belleza extraña que más cara costáseme,
100
nada de eso: el trofeo que cuesta poco esfuerzo
101
y muy poco peligro, lo aprecio más gustoso gustoso Para Tomotani, Hardy se inspira en un verso de la Épître II de Mathurin Régnier, dedicada a Monsieur de Forquevaus: «J'aime une amour facile, et de peu de défense», quien a su vez lo hace en Horacio: Libro I, Sátira II , v. 119: «[…] namque parabilem amo venerem facilenque». .
102
RODRIGO.
Provisto de esta rama que lleva a los Infiernos Infiernos Scherer explica que Hardy desprecia el valor mágico del ramo de hojas de oro de Eneas para bajar a los Infiernos, insinuando que, según una broma habitual de su época, el oro permitía todas las conquistas amorosas. Parece ser que en 2010 un equipo de arqueólogos italianos dirigido por Filippo Coarelli, un profesor retirado de arqueología de la Universidad de Perugia, descubrió cerca de la ciudad de Nemi los restos de un recinto de piedra que habría protegido la legendaria “Rama Dorada”, el ramo de hojas de oro que en la mitología romana permitió al héroe troyano Eneas viajar de forma segura por el mundo subterráneo. .
103
que de los castos deja la libertad en cadenas,
104
Toledo no conoce a dama que os rechace,
105
ni caza que se os vaya se os vaya Jabalí o ciervo. por astuta que sea,
106
que no caiga, cogida de lleno de inmediato...
107
antes de arrinconarla se la saca del soto.
108
ALFONSO.
Mi pasión impaciente no aguanta merma alguna,
109
sólo un favor ansía por encima del tiempo:
110
fiados en la esperanza de gozar de inmediato
111
no se alargan jamás hasta el siguiente día.
112
FERNANDO.
Tenéis donde elegir entre bellas mancebas
113
donde está mal fingir, y que no son reacias,
114
al ruido del dinero agitado en la mano,
115
lenguaraces lenguaraces El vocablo original, «Fretillardes», designa en algunos caballos el continuo movimiento de la lengua; por analogía, las lenguas «frétillardes» son las que se mueven sin parar; entrada en: Encyclopédie, ou Dictionnaire Raisonné des Sciences, des Arts et des Métiers , par une Société de Gens de Lettres. Mis en ordre et publié par Monsieur Diderot; et quant à la partie mathématique par Monsieur D'Alembert Tome XV ( fore-genu ), Lausanne et Berne: Sociétés Typographiques, 1782, p. 405. las vemos acudir desde lejos
116
volando más ligeras que los mejores pájaros,
117
al repicar el bronce acuden cual abejas abejas Scherer aclara que el original, «mouches ménagères», alude a las abejas, igual que en las Geórgicas de Virgilio, Canto IV, verso 64, a las que se atraía haciendo sonar las campanas o los címbalos. ,
118
que sin esperar se hacen con el fruto maduro,
119
vedlas tratar a un hombre según el humor de éste.
120
ALFONSO.
Humor que empero cansa cuando es manjar frecuente,
121
el mío elegiría entre estas dos venturas:
122
un placer sustraído, conforme a que el azar
123
nos lleve a casa de una que se encuentre aislada;
124
Júpiter, eso dicen, de esta forma encelado,
125
desprovisto del mando y del rayo que porta,
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se deleitó en frustrar a las Venus humanas,
127
en conseguir, violento, la virginidad de ellas.
128
Sin embargo este plan roza lo temerario:
129
fácil de concebir, peligroso de hacer.
130
RODRIGO.
¡Peligroso, eh! ¿Cómo? ¡Oh la simplicidad!
131
¿Peligroso a quien tiene su ciudad sojuzgada?
132
¿Con paternal apoyo, siendo el primer hombre,
133
que Toledo en virtudes y nobleza exalta?
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Es propicia hora al hurto de la madre de Amor Amor Venus. ,
135
demos fuera de la urbe una vuelta en grupo,
136
paseo frecuentado por nuestras bellas hadas
137
que toman allí el fresco con túnicas abiertas.
138
Una vez avistadas, un guiño es suficiente:
139
inventamos, sutiles, una discordia adrede,
140
para así secuestraros a la beldad que ansiéis,
141
en lugar firme e íntimo, estrecho y aprisa,
142
que ella no conozca, totalmente oscuro,
143
ni pueda distinguir nada que sea real,
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custodiada hasta que vuestra sed satisfaga,
145
devolver se la pueda de igual modo que vino...
146
Vayamos, me da el pálpito que habrá éxito amoroso
147
capaz de que os pongáis contento y dichoso.
148
FERNANDO. FERNANDO. La edición original atribuye esta tirada de versos a Rodrigo. Rigal, en su artículo de 1891 en Zeitschrift für französische Sprache und Literatur , corrige, y con razón, atribuyéndolo a Fernando.
Ahora que una gran parte del gentío circula,
149
que el oscuro negror de la noche cae encima
150
y saca a los vecinos de su casa a pasear,
151
la empresa bien se presta al momento oportuno
152
y podremos lanzarnos sobre la retaguardia
153
de aquellos rezagados que no tengan cuidado
154
al ejemplo del lobo que escondido en el bosque,
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furibundo de hambre reduce y acorrala
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amparado en la niebla o en la sombra nocturna,
157
se une al rebaño al que sus crueles dientes
158
disminuyen de número, y a pesar del pastor
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se lleva sus entrañas, libre de todo riesgo.
160
Silencio, que atisbo venir sin más cortejo
161
a dos damas, un viejo su criado que las guía.
162
Estad ojos alerta, es hora de elegir,
163
irá hasta vuestras manos (a toparse) el placer.
164
ESCENA TERCERA
(Pizarro, Estefanía, Leocadia, Alfonso, Rodrigo, Fernando)
PIZARRO.
Desmedidos, incautos, juventud loca, loca,
165
no es a mis iguales a quien así les hablo,
166
fácilmente la calle se ve que no es muy amplia
167
para no ir a codazos, lo que un hombre nunca hace;
168
no se abordaría solo estando en desventaja,
169
y peores que vosotros saben de mi valor.
170
ESTEFANÍA.
Señor, que pasen ellos, que con airados tales
171
un accidente peor no nos estalle encima.
172
PIZARRO.
¡Insolentes, lanzarse a intolerable audacia,
173
Cual si fuerais rameras miraros a la cara!
174
ESTEFANÍA.
Una imprudencia tal no presupone nada,
175
que hay poca garantía entre estas personas.
176
PIZARRO.
La justicia bien debe castigar la insolencia.
177
ESTEFANÍA.
¡Apoyo miserable después de su violencia!
178
LEOCADIA.
¡Buen Dios, que miedo tengo!
179
PIZARRO.
Hija mía, no temas...
ESTEFANÍA.
Por nuestro bien, esposo, redoblemos el paso.
180
PIZARRO.
Al contrario, el mostrar señales de temor,
181
podría acarrearnos justa razón de llanto.
182
LEOCADIA.
Veo una sonrisa en ellos que pavor me produce.
183
PIZARRO.
Moriré antes de que se dirijan a ti.
184
Vamos, id por delante, con la misma confianza
185
que quien no ve apariencia de peligro alguno.
186
ALFONSO.
¡Oh, buen golpe fallado! ¡Indigno en adelante,
187
una ocasión igual no la espero jamás!
188
RODRIGO.
¿La habéis encontrado propensa a deleitaros?
189
ALFONSO.
La vi, pero es culpable por haberse escapado.
190
FERNANDO.
¿Una de vuestro gusto?
191
ALFONSO.
Es una cuyos ojos
enseñan en la noche dos agraciados soles,
192
una divinidad que se apropia de mi alma,
193
una que es atracción, encantos y pasión;
194
o vista no tenéis, o esta nueva Cipris Cipris Uno de los nombres de Afrodita, que era adorada en Chipre.
195
debió haber encendido vuestra alma al cruzárosla.
196
RODRIGO.
¿Para qué más discursos? Bella o fea, no importa,
197
¡basta que sea agradable! Que en el embate caiga,
198
que de reconoceros no tenga ocasión
199
o más bien, que os permitan elegir de las dos dos Entre Leocadia o Estefanía. .
200
¡Vamos, al tajo! Luego...
201
ALFONSO.
El orden de la empresa
requiere que se asuste al de la barba gris,
202
poniéndole en el cuello la punta de la espada;
203
otro debe agarrar jugueteando a la vieja,
204
mientras, por la cintura, doblegaré a la mía,
205
corriendo hacia la casa, escapando con ella.
206
Separaos entonces, y ya no me sigáis;
207
el camino seguido marcará nuestros pasos.
208
FERNANDO.
Máxima incuestionable; vamos, a toda prisa,
209
caigamos sin demora sobre esta gente tímida
210
que tratan como pueden de pasar por delante
211
y por su fin parece que hayan olido el viento.
212
LEOCADIA.
¡Padre mío, aquí están regresando iracundos!
213
ESTEFANÍA.
¿Sé nuestro protector, oh buen Dios, te lo ruego!
214
RODRIGO.
¡Calla, y estate quieta, párate o estás muerta!
215
PIZARRO.
¡Ay! Amigos míos, no me ultrajéis por yerro.
216
LEOCADIA.
Socorro, a la violencia, ¡ay! Estoy perdida.
217
PIZARRO.
Bandidos, traspasad esta blanda garganta
218
antes que usurparme con mi hija el honor.
219
LEOCADIA.
¡A la fuerza, me cierra la boca, el ladrón!
220
ESTEFANÍA.
¡Hija mía, alma amada! ¡Oh, bárbaro traidor,
221
consiente en que la siga o mátame con ella!
222
Hija mía, mi anhelo, muere antes que entregar
223
tu cara castidad a un bandido, el primero.
224
PIZARRO.
¡Ayuda, convecinos, me matan, me asaltan,
225
mi hija de entre mis brazos es raptada, violada!
226
Me dirijo a las rocas suplicando socorro socorro En el original: «Tu parles aux rochers, appelant du secour», Pizarro se habla a sí mismo. ,
227
el cielo y los humanos a esta hora están sordos,
228
del cielo y los humanos la presencia enemiga
229
sólo divulgar puede ahora mismo mi infamia,
230
remisa no sabría impedir el naufragio,
231
el naufragio fatal de aquello que más quiero.
232
¡Oh urbe miserable donde la rufián fuerza
233
de un montón infinito de holgazanes gobierne!
234
¡Oh viejo deplorable! ¡Oh padre desdichado,
235
oh siglo pervertido! ¡Oh destino implacable!
236
¿Mi amor, dónde estáis? ¿En el suelo, abatida,
237
no le habría Cloto Cloto Una de las tres Parcas, junto con Láquesis y Átropos. Eran hijas del Erebo y de la Noche y presidían la vida de los hombres, cuya trama hilaban sin cesar. Cloto presidía el nacimiento y tenía la rueca; Láquesis hilaba los diferentes acontecimientos de la vida; Átropos cortaba el hilo de ella en el momento de la muerte. El sentido del verso sería: Mejor que no hubiera nacido para acabar así. cerrado ya los párpados?
238
¡Amor mío, volved! Eh, volved a la vida,
239
compañera de penas de un miserable esposo.
240
ESTEFANÍA.
¡Señor, cuán débil soy y cuán confusa estoy
241
y que el viviente cielo de un abuso me aflija!
242
PIZARRO.
La extrema aflicción, llega a ser tan extrema
243
que en modo alguno puede transitar más allá;
244
arranca estos propósitos dichos a la ligera,
245
frutos del desaliento de un alma desolada.
246
Si hay que rehacerse, preciso es creer que un Dios
247
sabrá poner remedio al mal en tiempo y modo modo El final del verso dice literalmente «...en temps et lieu», pero en español la expresión utilizada es «en tiempo y modo», y no «en tiempo y lugar». ,
248
por medios ignorados que hay en su providencia,
249
que un milagro produce un impacto a la vista.
250
En el alma humillados, entremos en la casa
251
a pedir su piedad que nos hará justicia.
252
ACTO SEGUNDO
ESCENA PRIMERA
(Alfonso, Leocadia)
ALFONSO.
La impaciente sed de mi fiebre aplacada,
253
glorioso poseedor de una victoria fácil
254
más de lo que alardeaba mi pasión, saqueando
255
a esta virginidad que es digna de Júpiter,
256
a esta virginidad que se abatió de miedo
257
la beldad, según pienso, no la cree alterada,
258
¡oh, agradable ardid!, ella quiere ignorarla
259
o quiere atribuirla a su estado impasible impasible Tomotani advierte de la dificultad de los versos 257 a 260, a los que da dos interpretaciones: a) por un fingimiento Leocadia parece ignorar la violación; b) Leocadia atribuye la violación a su estado de insensibilidad ante ella. :
260
mi deseo, sea el que fuere, implicaba una pena
261
que su estancia aquí nos ocasiona escándalo.
262
Solita Solita Seulet, ette , adj. «Diminutif de seul, usité seulement dans le style pastoral, et surtout au féminin» ( Petit Littré , p. 2089). Una de las más conocidas «Ballades du veuvage» («Baladas de la viudez») de la primera escritora profesional, Christine de Pizan, juega continuamente con el adjetivo, que da comienzo a sus versos, como podemos ver ya en la primera estrofa: Seulete suy et seulete vueil estre, Seulete m'a mon doulz ami laissiée, Seulete suy, sanz compaignon ne maistre, Seulete suy, dolente et courrouciée, Seulete suy en languour mesaisiée, Seulete suy plus que nulle esgarée, Seulete suy sanz ami demourée.Solita estoy, solita quiero estar, solita me dejó mi caro amigo, solita estoy, sin compañero o dueño, solita estoy, doliente y afligida, solita estoy, de pena languidezco, solita estoy más perdida que nadie, solita estoy y sin amigo alguno allí dentro, aislada con sus lágrimas
263
que ya curar no pueden dolores semejantes;
264
salgo para inquirir a mi brigada fiel
265
sobre lo que debemos hacer con ella ahora.
266
Cambiar de opinión debo debo Scherer aclara que el original: «Change d'opinion...» es un pensamiento del propio Alfonso. Tomotani añade que Alfonso no se decide a decir la verdad a sus compañeros. , cautela, discreción,
267
para ti los honores de un secreto amoroso,
268
al Cielo irritarás más que a tu violación
269
si no dejas el hecho enterrado en silencio,
270
si al menos no reparas (muy cruel enemigo)
271
la mitad del honor, la deshonra callándote,
272
si no informas al Cielo Cielo Tomotani avanza la lógica hipótesis de que en el verso falta la preposición de : «[de] ne dire informé d'eux...». que tu brusca aflicción
273
y los ingenuos gritos de una virgen que llora
274
te la hicieron soltar intacta, unido a que
275
el miedo al futuro te tenía inquieto:
276
queda que en su salida es vital que no pueda
277
distinguir la vivienda luego por ningún rastro:
278
lo que es algo muy fácil, una venda en los ojos,
279
mil vueltas y rodeos en diversos lugares,
280
la dejaré huir a que busque su suerte.
281
Vamos, manos a la obra: y en caso de que aguante
282
que por última vez vendimie en su pecho
283
lo que no hará más que aumentar mi pasión pasión El original y todas las ediciones (salvo Scherer que termina con un punto final) finalizan el verso con dos puntos, cuando lo lógico debe ser puntos suspensivos, ya que el parlamento de Alfonso se interrumpe al despertar Leocadia. ...
284
LEOCADIA.
¿Dónde estoy? ¿Qué infierno de abyecta miseria
285
a cepos cepos Scherer aclara la palabra «ceps»”: «lien ou espèce de chaîne, entrave pour les prisonniers». de infortunio me liga prisionera?
286
¿Por qué no me arrebatas tras el honor la vida,
287
facineroso infame de mi dicha envidioso?
288
Si piensas sin embargo que por algún momento
289
me supuso algún gozo al estar inconsciente inconsciente Tomotani explica a la perfección el contexto: «si tu penses ("réputes") pourtant avoir tiré quelque contentement de moi qui était évanouie (ce n'est qu'un faux contentement)». No obstante, podría haber finalizado los versos con puntos suspensivos (lo que sí hace Scherer, en lugar de respetar el original y terminar el verso con una coma). ...
290
Habla, responde, pérfido, ¿dónde estás, execrable?
291
¡Pero el rojo brillo de este rayo torcido
292
que golpea de las rocas las inocentes cimas
293
perdona cual vil cómplice el horror de esos crímenes crímenes Scherer aclara el sentido de los versos: «Tu es à l'endroit ou la foudre, qui frappe des innocents se fait la complice des criminels et même leur pardonne. L'indignation de Léocadie imagine qu'Alphonse se cache dans un monde où la morale est inversée». Tomotani repite la misma explicación de Scherer. !
294
Caso extraño, mis manos sólo encuentran el aire,
295
y aunque entre la sombra se oye mucho más claro,
296
no llega ningún ruido a un oído atento atento El verbo «tendre» significa en una de sus acepciones extender, alargar, etc., aunque el sentido de la frase debe traducirse por la intención del personaje. ,
297
como en un laberinto extraviado y perdido.
298
Tratemos de observar el cuarto, o retener
299
del ladrón una marca luctuosa en el futuro.
300
¿El medio? Todo oscuro, los rayos de la luna
301
no encuentran abertura en su luz del ocaso ocaso Parece más acertada la solución de Scherer de finalizar el verso con punto y coma. ;
302
este lecho bordado y estos ricos tapices tapices Según Tomotani, se trata de una «tapisserie» («tapisserie» de soie», Cervantès, p. 232). Pero en Cervantes, Leocadia distingue los colores de «damascos» (tela fuerte de seda o lana y con dibujos formados por el tejido).
303
presagian que la suerte no me puede ser peor,
304
que un engreído apoyado en su rica familia
305
mi precioso tesoro me hurte impunemente.
306
Ánimo, yo no sé con qué puedo encontrarme,
307
que desdichada prueba abrazaré de pronto...
308
La puerta abierta cruje.
309
ALFONSO.
Vamos ya, descuidada,
¿pretendes que de nuevo mi pasión se apacigüe?
310
LEOCADIA.
No te lances felón, ni vayas a atreverte
311
a exponer mi vergüenza a una segunda muerte,
312
el pasado te basta hacía mí, de igual modo
313
que estos sueños falaces que el día nos trae,
314
ya que la voluntad este cuerpo purgando
315
no ha consentido, cruel, a tus sucios esfuerzos.
316
Porque sólo has gozado de una roca aterida;
317
mas ahora que recobro de nuevo el vigor,
318
en las uñas, los puños, los dientes dañaré
319
tu cara monstruosa, y no aguantaré más;
320
mejor será que tapes mi faz con una venda,
321
si temes el castigo por un ultraje tal.
322
Allí donde me lleves de la urbe, al momento
323
para mí te habrás ido como un fantasma irreal,
324
cuando encuentre el camino del hogar de mi padre
325
y vaya a descubrirle tu picadura, víbora.
326
ALFONSO.
No te retractarás, vamos dame la mano,
327
que por la oscuridad yo te ponga en camino.
328
ESCENA SEGUNDA
(Pizarro, Estefanía, Leocadia)
PIZARRO.
Viudo del apoyo único de mi débil vejez,
329
abrumado en desdichas, hastíos y tristeza.
330
¿Qué tarde más la parca en deshacer mis días?
331
¿Qué un mármol frío de tumba me encierre para siempre?
332
¿Morir sin resarcirse por la afrenta sufrida?
333
¿Y de quién?, sin saber de tu extravío el autor,
334
¡a que traidor cortar la garganta en tu honor,
335
el que al raptarte a tu hija eclipsa tu fruición!
336
¡Mas, ay!, un temor peor me desespera,
337
que no contento tras una vergüenza tal,
338
este ladrón cruel asesine a mi hija
339
con ronzal ronzal Licol : «Se dit aussi de la corde qui sert à étrangler les pendus» (Furetière : Dictionnaire universel ). o en el agua en que la vaya a ahogar.
340
ESTEFANÍA.
¡Ay! Cómo me matáis con lo que estáis diciendo,
341
si por grandes crueldades que rara vez ocurren
342
no encontrarla pudieran: su defensor, el Cielo,
343
atenuará la cólera del traidor raptor,
344
¡Cólera! ¿Por qué objeto? Esta belleza virgen
345
de fervor haría arder un fogoso destello
346
al alma de las rocas, de los tigres y leones:
347
los más crueles campeones cuando les suplicamos
348
perdonan muchas veces y no tienen arrestos
349
para oprimir al débil a quien la suerte ultraja.
350
PIZARRO.
Pensad que el pavor del suplicio al perverso
351
tiene el sepulcro abierto a miles de inocentes.
352
ESTEFANÍA.
Puede que si ha lugar a un feliz matrimonio
353
reparara el exceso de un ardor trastornado...
354
PIZARRO.
¿Qué mi hija se casara con un bandido audaz?
355
Jamás, jamás, al menos con mi consentimiento...
356
ESTEFANÍA.
¡Ay! Por desgracia sólo de su incierta vida,
357
vos dispondréis de un yerno según vuestros deseos.
358
PIZARRO.
Pero eso no aumenta ni mengua su desdicha.
359
ESTEFANÍA.
¿Y quién podría tener noticias del ladrón?
360
PIZARRO.
Esperemos del Cielo que la ayude y proteja,
361
cualquier búsqueda ahora es perniciosa y vana:
362
ESTEFANÍA.
¿Por qué?
363
PIZARRO.
Que divulguemos el rapto y la deshonra
es restañar heridas con males deplorables,
364
ESTEFANÍA.
Es cierto,
365
PIZARRO.
Y además la búsqueda adelanta
y arma el brazo enojado del bandido contra ella,
366
a quien culpa de su situación agobiada.
367
ESTEFANÍA.
Reanudad, ojos míos, ahora vuestra lluvia,
368
no el flujo del cerebro que falta a vuestras fuentes,
369
sino la sangre exhausta que corre por mis venas,
370
la triste alma exhalada en estos vahos hirvientes,
371
en rojos borbotones de cólera espumosa
372
contra un destino cruel que no sabe decirnos
373
en una ocasión tal el sujeto de su ira.
374
PIZARRO.
Por desgracia es posible que ella lleve la carga
375
deplorable en este hecho de nuestros propios crímenes,
376
o que la alta presciencia del Todopoderoso
377
se sirva de ella para probar nuestra paciencia,
378
prueba beneficiosa para gentes de bien
379
que en Dios acomodados no se quejan de nada.
380
ESTEFANÍA.
¿Si ella hubiese pagado el tributo a natura,
381
del vientre maternal puesto en la sepultura,
382
muerte por una caída, tumor o congestión?
383
Recibiría su muerte mucho más dulcemente;
384
Mas, ¡suplicio!, tras ser criada recatada
385
a esta planta de honor se la había cultivado
386
para que ya brotara, para que germinara
387
muy bellos nietecillos nietecillos Neveux , (del latín nepos ) mantiene únicamente en poesía y en plural el sentido latino de «petit-fils». , dignos de ser honrados;
388
la sorprende un invierno, y luego la devora,
389
dichosa con nosotros, un Paris la desflora.
390
¡Desastre incomparable! ¡Extremado dolor!
391
¡Ay!, buen Dios, he aquí que aumenta su desdicha,
392
se arranca los cabellos, se desgarra la cara,
393
signo muy aparente de una horrible desgracia.
394
LEOCADIA.
Sentada en el regazo mi refugio final,
395
expuesta al naufragio no sabría negarse,
396
se lee sobre esta frente el pasado infortunio
397
en mi honestidad, no hace mucho perdida,
398
hija indigna de vos, hija indigna del día,
399
os ruego que expiéis mi crimen a mi vuelta.
400
Frívola expiación, y muy mal elegida,
401
ofrecer en ofrenda una hostia profanada
402
no puede apaciguaros, y no creo que pueda
403
la ofensa reparar soportando mil muertes.
404
PIZARRO.
Levanta, mi desvelo, casta en cuanto al valor,
405
no debes a la ira de este mastín temer,
406
no empañará el blancor de tu nombre y honor honor Los es un sustantivo arcaico con las siguientes definiciones: «A. − Louange. B. − Honneur, renom». (CNRTL: Centre National de Ressources textuelles et Lexicales, version 2012. UMR ATILF (CNRS-Nancy Université). Site internet: http://www.cnrtl.fr/ ,
407
reprime este torrente, reprime estos sollozos.
408
Quien no aprueba el pecado en lo íntimo del alma,
409
tampoco carga más suplicio que condena,
410
de otro modo nos deben, y pueden reprochar,
411
el no impedir que hubiera presentes y oyentes.
412
LEOCADIA.
El sino de este golpe cae sobre mí, exánime,
413
muestra que en adelante no debo ya vivir.
414
ESTEFANÍA.
La suerte de esta cuita nos aflige igualmente,
415
LEOCADIA.
Su doloroso efecto me aflige solamente,
416
PIZARRO.
A pesar del raptor tú sigues siendo casta
417
LEOCADIA.
¿Quién mejor que yo misma saber la verdad puede?
418
ESTEFANÍA.
Si tú fueras culpable no habrías vuelto así,
419
y este, mi propio brazo, bien te castigaría.
420
LEOCADIA.
Al ser yo misma quien denuncia mi atropello,
421
no podéis absolverme, menos creerme inocente.
422
PIZARRO.
Ofenderás aún más de este modo obstinándote
423
por soportar la fuerza de un bandido inhumano.
424
LEOCADIA.
¡Ay!, la desdicha me hace desbarrar, insensata:
425
hablo dejadamente, más allá del pensar.
426
ESTEFANÍA.
¿Qué buena suerte ahora te salvó de sus manos?
427
LEOCADIA.
Una que me llevó al peor de los humanos,
428
por la noche en su cuarto me mantuvo apresada,
429
de la Aurora más bien sólo vio la llegada
430
al vendarme los ojos tras varios descarríos;
431
de improvisto dejada entre dos travesías,
432
libre luego ignorando la ruta de su huida,
433
poco a poco llegar he podido hasta aquí.
434
PIZARRO.
¡Extraño infortunio! ¡Horrible aflicción!
435
¡Maldición que parece provenir de los Cielos,
436
al no poder fijarse en la casa, o el dueño,
437
sin poder recurrir a nadie salvo al reo!
438
LEOCADIA.
Ese antro floreciente de muebles tan valiosos,
439
demuestra que el ladrón confía, impulsivo,
440
en su excelsa fortuna, abundante, asentada
441
de padres reputados, que pueden refrenar
442
el ultraje sufrido en la ley amparándose;
443
mas la prueba cogida va a aclararlo mejor,
444
pues ciega y palpando, sola en cuarto encerrada,
445
la cogí, por ventura, a falta de otra cosa.
446
PIZARRO.
Obra maestra tallada del bravo Alcides Alcides Hércules o Alcides, hijo de Hijo de Júpiter y de Alcmena; estando en su cuna ahogó a dos serpientes. niño,
447
que ahogó en la cuna dos sierpes con sus manos;
448
¡Oh, Héroe Inmortal que limpiaste la Tierra
449
de monstruos, de tiranos, santa y loable guerra!
450
Si huyes algunas veces, y para ayudar vuelves
451
a procurarte un nombre que supere al antiguo,
452
sé el vengador que arrasa a monstruos que reviven
453
y el honor de los buenos destruidos alimenta.
454
ESTEFANÍA.
Cuanto más mantengáis este airado discurso,
455
más difícil será dar salida al dolor.
456
Vayamos dentro, hija, entremos que te acueste,
457
que de este desespero paliaré las aristas,
458
mi consuelo aplicado de modo personal
459
podrá servir de antídoto a este mal singular
460
LEOCADIA.
Señora confinadme, confinadme, soy vil,
461
en cualquier antro horrible en el que no entre el Sol,
462
donde el horror me escolte, cautiva para siempre,
463
que desde ahora mi infamia no salga a la luz.
464
PIZARRO.
Que sepas que no pierdes tu honor entre nosotros:
465
no te querremos menos que te queríamos antes,
466
mas con la condición de atenuar esta pena
467
que a tu padre se lleva de repente al féretro.
468
ESCENA TERCERA
(Don Íñigo Don Íñigo Desde la aparición de don Íñigo, Tomotani utiliza la grafía española (Don). , Alfonso)
DON ÍÑIGO.
Podrías poseer las riquezas de Átalo Átalo Alusión a la dinastía Atálida (282-133 a.C.), así llamada por su padre, Átalo, linaje que duró 149 años y cuyos reyes aspiraron a transformar Pérgamo en una ciudad de la categoría de la Atenas de Pericles. Sus reyes eran citados como ejemplo de riqueza. ,
469
del viejo rey de Frigia Frigia Creso, quien en realidad gobernó en Lidia entre el 560-546 a. C. Conquistó Pamfilia, Misis y Frigia. , o acaso las de Tántalo Tántalo En la mitología griega, rey de Lidia e hijo de Zeus. Los dioses honraron a Tántalo más que a cualquier otro mortal. ,
470
ser de extracción más noble que los propios minianos minianos Minianos o minias , así llamados por ser los descendientes de Minias, el fundador de la cultura Miniana de Orcómenos en Beocia y Iolkos en Tesalia alrededor del año 2000 a.C. Minias era hijo de Poseidón y se casó con Eurianasa; fue padre de Clímene y bisabuelo de Jasón, que condujo a los argonautas (como también se llamaba a los minias) en su búsqueda del vellocino de oro. ;
471
hoy despreciar se suele la nobleza y los bienes,
472
si el hombre no se instruye por sus méritos propios
473
si no lo irrita el vivo dardo de las virtudes,
474
cogiendo osadamente en países extranjeros
475
de la gloria el linaje en medio de peligros:
476
pues consumir ocioso en delicias la edad
477
bajo el cielo natal viene de un tímido ánimo.
478
Es como la tortuga en un caparazón,
479
con pesadez se arrastra pero no osa dejarlo.
480
Es vivir exiliado de buenas compañías,
481
si no encuentras tu sitio entre ellas las rehúyes,
482
cada uno te señala en tono de desprecio,
483
por un alto pesar propio de la vejez,
484
de que dilapidaras tu época juvenil,
485
mi deseo, además, es la razón final,
486
que te impone por ley el recorrer un tiempo
487
y visitar Italia, do las mentes felices
488
prueban costumbres varias en diversas provincias,
489
donde gobiernan príncipes o las comunidades.
490
Lo aprovecharás bien, y en el regreso próximo
491
recibes a la vez deleites sin final,
492
recepciones y halagos de tu ciudad, que sabe
493
el que por todas partes has llevado su fama;
494
escogerás mujer, con tal que mi nobleza
495
en Toledo, o doquiera, se equipare con otra.
496
En fin, que este viaje, Alfonso presupone
497
que asientes tu fortuna después de ser feliz.
498
ALFONSO.
Señor, bastantes veces un deseo semejante
499
me transporta, y me llega el valor de arraigar,
500
a mí mismo ominoso por mi holgazanería
501
y que (voy a decirlo sin ninguna jactancia)
502
nunca le temeré a peligros ni agobios,
503
no viendo nada bueno que sea igual que viajar
504
sabiendo aquí y allá lo que ocurre en el mundo,
505
qué tierra es buena en genios, cuál es feraz en armas,
506
para no seguir siendo inculto en el futuro;
507
si mantener queremos una buena soflama,
508
que cada uno asuma sus múltiples errores:
509
y ya que el interés a este objetivo os lleva,
510
cuanto antes lo efectuéis moriré más tranquilo,
511
pues sólo languidezco por una vida ociosa.
512
DON ÍÑIGO.
El pájaro de Júpiter Júpiter El águila, según Scherer. no ha cuidado en su espacio
513
la eclosión dadivosa de la paloma tímida,
514
nunca jamás la leona engendra una cierva,
515
sólo su propia forma reproduce el molde molde Scherer aclara: «C'est-à-dire: Le moule ne peut reproduire que sa propre forme». :
516
así que no concibas el loable deseo
517
del honor inmortal preferir a la vida.
518
Así tú sigues siendo el retrato, la antorcha
519
quien nos venga sacándonos del olvido del túmulo,
520
quien persiste magnánimo en hollar las delicias,
521
que siembra la riqueza, cebo de todo vicio.
522
Por lo demás yo quiero proveerte de un bagaje,
523
y de un boato que te haga ser digno de mí mismo,
524
que sirvan para ampliarte el corazón: te aviso
525
que además de Nápoles, Milán, Roma, Venecia, Génova,
526
(Florencia incluida incluida Scherer suprime los paréntesis del original. ), ya no hay más que buscar
527
de raro en Italia, o que cautivar pueda.
528
ALFONSO.
Vistas las principales flores de este parterre,
529
de acuerdo con el orden de elección prescrito,
530
mi curiosidad queda bien satisfecha.
531
DON ÍÑIGO.
De vuelta de los Alpes, pasados ya los montes
532
la Galia se presenta en pueblos mucho más
533
fecunda que España, que parece otro mundo:
534
pueblos civilizados, dialogantes, corteses
535
que no son arrogantes como nuestros iberos
536
que gustan de un humor familiar y abierto,
537
y que no es el nuestro, malicioso y altivo.
538
Trata de adaptarte al lugar en que estés,
539
y da, si es necesario, salida a tus pasiones:
540
así adquirió antaño nombre de sabio Ulises,
541
procurándose un paso por entre los peligros.
542
ALFONSO.
Vuestra buena instrucción grabada en al alma
543
me servirán de guía en la Osa y el Cénit,
544
situando mi viaje bajo el favor divino.
545
DON ÍÑIGO.
Sin él todo resulta nocivo y molesto,
546
sin él sólo tenemos que esperar aquí abajo,
547
vamos que tu futuro ahora se debate.
548
ACTO TERCERO
ESCENA PRIMERA
(Estefanía, Leocadia)
ESTEFANÍA.
¿Quieres volatizarte con lágrimas constantes
549
que no revocarán las cosas venideras?
550
Que el corazón me parten con una piedad tierna,
551
no tengo más poder o tú más gentileza,
552
pues razones, consejos, reproches, oraciones,
553
todavía no reprimen su húmeda carrera:
554
aunque no me hagas caso y sigas suspirando
555
para que tales llantos precipiten mis días,
556
perdona a tu dolor, hija mía, que ahora
557
de estas quejas tenía excusa suficiente.
558
Pero el tiempo, galeno de nuestra adversidad
559
recurrir no permite a esta extremidad,
560
ahora ya con nosotros nada peor pasará,
561
diríase, sin embargo, que el funesto aparato
562
confesa de este modo te destina al suplicio,
563
si sigues suspirando con infinitas lágrimas.
564
LEOCADIA.
Estos lloros y lágrimas, penitencia ligera,
565
no igualan un retorno de una nueva miseria.
566
ESTEFANÍA.
¿Qué retorno? ¿A dónde ir? Hablemos con razón,
567
si después de este golpe no has salido de casa.
568
LEOCADIA.
La ruina tiene en casa puertas desconocidas,
569
abiertas cuando él quiere cogerlas al momento.
570
ESTEFANÍA.
La violencia del pérfido,
571
LEOCADIA.
Es violencia traidora,
que propicia a mi honor una segunda muerte.
572
ESTEFANÍA.
Mi dicha, en cualquier caso, no debes ocultármela,
573
que soy fiel asesora de tus debilidades.
574
LEOCADIA.
Mi inmensa vileza muy pronto se verá,
575
y de un indigno objeto su atrición crecerá.
576
ESTEFANÍA.
¿Por qué? Si sólo son frutos de la natura,
577
como cuando sentimos aumentar la cintura.
578
LEOCADIA.
¡Oh Tierra! ¡Tierra, madre, entreabre tu regazo:
579
húndeme en lo abismos del río Aquerón Aquerón Aquerón o Aqueronte , conocido como el «río del dolor»; se creía que era una bifurcación del río del inframundo Aqueronte, descrito como un pantano insalubre dentro de un paisaje desolado, por el que Caronte conducía las almas de los muertos hasta el Hades o morada de los muertos. !
580
ESTEFANÍA.
El Cielo te preserva de la enfermedad peor,
581
LEOCADIA.
¿Peor?
582
ESTEFANÍA.
Sí, el silencio pone remedio a eso.
LEOCADIA.
El eterno silencio mi remedio seguro
583
trae su curación, mas yo lo imploro en vano.
584
ESTEFANÍA.
Pues se trata de un niño que el azar nos regala,
585
LEOCADIA.
Pero un cruel azote en horror me acorrala.
586
ESTEFANÍA.
Aunque te desesperes tanto como tú quieras
587
yo deseo tenerlo desnudo entre mis brazos.
588
LEOCADIA.
¡También yo deseo ver la raza de la sierpe,
589
por mis pies aplastada, por vengarme del padre!
590
ESTEFANÍA.
No podrías enfadarme más de lo que lo haces
591
que expresando, imprudente, semejantes propósitos,
592
LEOCADIA.
Queréis que yo apruebe, y que a la vez aprecie
593
al triste monumento que a mi vergüenza se alza.
594
ESTEFANÍA.
La natura te obliga en su ley primera,
595
a amar al fruto vivo que de ti nacerá.
596
LEOCADIA.
Fruto de árbol que logra une pasión ardiente.
597
ESTEFANÍA.
Mas tal fruto es criatura de tu sangre formada.
598
amable en la inocencia, ignorando quien lo ha hecho:
599
su mala causa, en síntesis, produce un buen efecto.
600
LEOCADIA.
¿Un bien que a mí me prive de mi flor virginal?
601
ESTEFANÍA.
Es bien, como obra maestra que procede del Cielo.
602
LEOCADIA.
Por más que aduléis mi punzante dolor
603
y dotéis a mi crimen de un velado color,
604
el Sol no lucirá, odioso, para mí;
605
de este rapto el sucio aire anhela mi desastre,
606
la tierra con gran pena soporta ya mis pasos,
607
mi vida es un proceso horrible hacia la muerte,
608
de aflicción un infierno, una cruel prisión
609
que sin embargo apenas me retendrá en ella.
610
ESTEFANÍA.
Tus violentos lamentos alivian mi inquietud,
611
no nos afecta menos el desastre a nosotros,
612
mas cuando ha sucedido su fatalidad dura
613
y exige que se sufra sin curarla curarla Rafraîchir , según el Dictionnaire de Moyen Français : «renouveler, rendre plus vif»; es decir curar la úlcera, la llaga, siendo el sentido que se debe sufrir sin que la herida se cure o se cierre. esa úlcera;
614
temes que tu embarazo provoque un gran rumor,
615
espantoso relámpago al que sucede el trueno;
616
pero, hija, ya sabremos prevenir las injurias:
617
tan sólo me tendrás a mí como partera,
618
seré yo quien te libre de dolencia cualquiera
619
instruida en este oficio con gran celo y esmero.
620
Una vez hecho eso, tras la maternal cura
621
llevamos al campo a una nodriza muy discreta
622
quien con nombre supuesto criará a tu linaje
623
y los antecedentes, leal conservará:
624
mas posterga tus quejas y dales una tregua
625
a tus hondos sollozos, tus derramadas lágrimas,
626
y no pienses ya más, iracunda en herir
627
a flores de esta dermis para que se marchiten,
628
so pena de que sufras mi merecido odio,
629
de ver, en adelante, a tu madre irritada,
630
si no anticipas un parricidio, en el duelo
631
sin que sea su momento, por su vejez al féretro.
632
LEOCADIA.
Señora perdonad lo que un alma apenada
633
profiere en desgracia por la razón lisiada,
634
perdonad los pesares que mi honestidad
635
inmola a su tumba en tal adversidad,
636
cualquiera los podrá moderar al momento
637
del ultraje sufrido aceptando morada,
638
insensible al honor que vos me habéis siempre
639
enseñado, mejor que el paso de los días,
640
o antes que cometer una ofensa impía,
641
para no reprobarlos según vuestra defensa,
642
mi fuerza se impondrá a ella; y mis hastíos
643
diarios ya no serán fuertes alteraciones,
644
devoraré los días: su acidez suavizada
645
con vuestra gran bondad que de mí se preocupa.
646
ESTEFANÍA.
Cara esperanza, ánimo, los males más sentidos
647
obtienen muchas veces por súplica a los cielos
648
un final agradable, un feliz desenlace,
649
¿aunque en su origen fuera horrible y fatídico,
650
cuánto tiempo calculas que puede aún durar?
651
LEOCADIA.
Veo, por desgracia, un hecho doloroso que llega
652
que aviva su salida y duras contracciones
653
bregándome en el cuerpo e incluso hasta en la médula,
654
y pronto nueve lunas se cumplen desde ahora
655
en este estado lánguido y penoso en que estoy.
656
ESTEFANÍA.
Paciencia mi ventura, deja pasar la lluvia
657
una agradable calma que enjuga tus lágrimas,
658
a este violento mal el bien sucederá:
659
cree en mi palabra que eso no será nada.
660
ESCENA SEGUNDA
(Don Íñigo, Francisco)
DON ÍÑIGO.
El corcel generoso cuando la edad lo abate,
661
al ruido de trompeta vuelve a alzar su valor:
662
el auténtico príncipe morador de los sotos sotos Bocager : «a) [En parlant d'une chose] Qui est propre aux bocages; p. ext. , champêtre; b) [En parlant d'un animé] Qui hante les bocages». ( Dictionnaire du Moyen Français ). Para Tomotani la perífrasis designa al lobo, y no al león. ,
663
incluso hasta en la tumba desprecia los peligros,
664
tan pronto el aguijón del hambre lo atormenta;
665
que el meticón montero su desespero aumenta,
666
y que oiga por las cercas bramar en primavera
667
a los soberbios toros por amor combatiendo:
668
así sobre mí el paso cumplido de los años,
669
en el nombre glorioso de las palmas ganadas,
670
no impide que en el pecho de este viejo seno
671
al ruido como antaño vital no se emocione,
672
con los juegos juegos Rigal corrige el original yeux , por el más lógico jeux . marciales en la nobleza usuales,
673
juegos en que mostrar su destreza sobre otros otros Rigal corrige el verso siguiente: «Yeux qui font à l'ennui paraître son adresse», por el más lógico: Jeux qui font à l'envi paraître son adresse . La expresión à l'envi (sin e final, pues no tiene nada que ver con «envie», que proviene del verbo latino invider = «regarder d’un œil malveillant»), procede del latín invitare = «provoquer au jeu». ,
674
en sortija corrida corrida La «corrida de sortija» era un antiguo juego ecuestre que se practicaba en Europa en la Edad Media, Norte de África y en el Río de la Plata, donde aún se sigue practicando. Cervantes la menciona en El coloquio de los perros : «y sobre ella puso una figura liviana de un hombre con una lancilla de correr sortija, y enseñóme a correr derechamente a una sortija que entre dos palos ponía;...». El Diccionario de la Lengua Castellana compuesto por la Real Academia Española, reducido à un tomo para su más fácil uso (Madrid: Joaquín Ibarra, 1780), en la entrada Sortija , define así correr sortija : «Fiesta de á caballo, que se executa poniendo una sortija de hierro de tamaño de un ochavo segoviano, la cual esta encaxada en otro hierro, de donde se puede sacar con facilidad, y este pende de una cuerda ó palo tres ó cuatro varas alto del suelo; y los caballeros, ó personas que la corren, tomando la debida distancia, á carrera, se encaminan á ella, y el que con la lanza se la lleva, encaxándola en la sortija, se lleva la gloria del mas diestro y afortunado» (p. 853). con gran habilidad
675
el premio de la prueba en merecida justa,
676
atleta impertérrito, ducho en tales usos,
677
valían para mí cual caras ambrosías.
678
Más fuerte en el ataque, lo probará la prueba,
679
que un montón de niñatos ante mí afeminados:
680
ya se presente quien luche con maza o lanza,
681
mi brazo contendrá su impulsiva violencia,
682
retador retador El original tenant : «Celui qui dans un tournoi, dans une lice, entreprend de tenir contre toute sorte d'assaillants» ( Dictionnaire de l'Académie ). «Chevalier qui lance un défi à la joute et défend la place» ( Dictionnaire du Moyen Français ). o adversario: acaban de advertirme
683
que el torneo va a empezar, que es hora de partir.
684
FRANCISCO.
Mi Señor la barrera abierta os reclama,
685
en un mundo guerrero donde la masa irrumpe,
686
por escuadras en fila, muy bien armonizadas
687
cuando al sonar clarines se mueven, similar
688
a dos bandos dispuestos a oponerse en batalla;
689
la flor de los villanos que bordea la muralla
690
asiste al desfile, más pasmada que nunca
691
desean ver en vos a la joya del país,
692
tanto que os han enviado un correo a toda prisa
693
con el fin de que el juego empiece al momento momento La oscuridad de los versos finales del parlamento de Francisco parte del uso de l'ont envoyé donde cabría esperar on vous a envoyé . Tomotani interpreta acertadamente el verso: «les citoyens désirent tant vous voir qu'ils ont envoyé un messager pour vous demander de venir en hâte». .
694
DON ÍÑIGO.
¿Mi lanza, mi caballo, y mi espada también,
695
rápido, eh, adentro, estoy aún aquí?
696
Entremos, del establo trae mi bereber bereber El original barbe , designa al caballo bereber o berberisco, raza de caballos existente en Berbería o costa berberisca (término que los europeos utilizaron desde el siglo XVI hasta el XIX para referirse a las regiones costeras de Marruecos, Argelia, Túnez y Libia. El nombre derivaba de los bereberes, llamados entonces berberiscos). bayo
697
que en sortija corrida es ventaja notable;
698
luego traedme el otro caballo de la brida,
699
más que nunca Bucéfalo, diestro y luchador:
700
con ellos dos, sin duda, una doble corona
701
antes de regresar la frente me acordona.
702
ESCENA TERCERA TERCERA Scherer indica que la escena primera se situaba en casa de Pizarro; la segunda en casa de don Íñigo; la tercera en Italia. Tomotani añade que esta tercera escena es totalmente inventada por Hardy.
(Alfonso, Fernando, Rodrigo)
ALFONSO.
La voluptuosidad maga de nuestras vías,
703
Circe es quien las transforma en leones rugientes,
704
crea de poco gozo una larga tristeza,
705
cuando resulta malo tenerla de anfitriona:
706
los que la han alojado tendrán cuando se marche
707
un aciago salario y un indigno pesar,
708
seguros de nutrir en la picoteada alma
709
cual águila perpetua del audaz Prometeo,
710
desde que su furor brutal en crueldad
711
me llevó hasta el rastro de una casta beldad,
712
no sé yo que aguijón maniático me queda
713
yo que soy casi amigo del iracundo Orestes Orestes No del «parricida» Orestes, ya que la acción de Orestes fue vengar la muerte de su padre (Agamenón), matando al amante de su madre. ,
714
que pienso cada día en ver de nuevo a esa virgen
715
y a cielo e infierno ruego que propicien mi ruina,
716
por sus gritos penosos al desgarrarse el seno
717
de marfil, y arrancarse el pelo perjurio obvio,
718
¡golpazo condenable! ¡Pobre e infeliz niña!
719
Un inicuo destino te arrojó a nuestras redes,
720
que un inicuo destino expulse mi hechizo
721
y pueda yo ofrecerte mi vida en sacrificio,
722
poderte resarcir del detestable abuso
723
que me dio a tu cuerpo este ilícito acceso:
724
¡qué aflicción tan tardía me asalta la conciencia,
725
y harto furiosa la colma de impaciencia,
726
tan pronto como pasa el recuerdo en la mente!;
727
mas atisbo que suenan los pasos de mis cómplices,
728
cómplices del error perpetrado amoroso,
729
mas ante mí imagen de la ofensa pendiente.
730
FERNANDO.
¿Sobre qué estáis rumiando solitario, apartado?
731
ALFONSO.
Sobre algo que en la vida saldrá de mi conciencia,
732
FERNANDO.
Confieso haber pifiado, la indiscreta pregunta
733
merecía este rechazo de legítima enmienda.
734
ALFONSO.
No es así: un apego estable e inalterable,
735
debería incitaros a temas superiores,
736
RODRIGO.
Pues mejor departamos de un Cielo que no veo
737
en absoluto extraño, debiendo vivir juntos.
738
ALFONSO.
Patriotas, vecinos, hermanos por amor,
739
y que de igual manera hicimos elección,
740
pasaríamos un siglo, aunque no en Italia
741
sino entre altivos árabes árabes El original Alarbe , Según el Dictionnaire de Trévaux : «s. m. C'est, dit Marmol, le nom qu'on donne aux Arabes établis en Barbarie. Ce mot ne me paraît être autre chose que l'article al , & le nom Arabe ; & qu'on a dit Alarabes , puis Alarbes , c'est-à-dire les Arabes. Le Roi Sébastien environné de soixante des plus hardis des ennemis, commanda à quelqu'un des siens de mettre un linge blanc au haut de sa lance pour ligne qu'il se voulait rendre; mais son malheur voulu que ceux qui l'entouraient fussent Alarbes , qui croyant que c'était un signal pour appeler ses gens à son secours se jetèrent sur lui & le tuèrent. Les Alarbes sont des voleurs qui vont en troupe dans la Barbarie en Afrique, dit Nicolai» (p. 254). , o entre los de Getulia Getulia Getulia, Gaetulia : parte de Biledulgeria (Marruecos), de Sedjelmesse y del Sahara, antigua comarca de África, al sur del Atlas, limitaba al norte con Numidia y las dos Mauritanias; al este con el país de los garamantes; al sur con el Sahel; al oeste con el Océano Atlántico. El legendario Hiarbas (rey de Numidia que conquistó Cartago tras la muerte de Dido) fue el más célebre de sus reyes. Cartago tenía muchos getulos entre sus mercenarios. :
742
yo me resignaré a seguir en España
743
mientras que errancias tales mantengan su trayecto.
744
FERNANDO.
Las cosas de este mundo tienen un cierto límite,
745
que nos enseña el uso diario de la natura:
746
así a veces el ciervo se aleja de su suerte,
747
y así a veces el pez se divierte en el borde.
748
Deseoso, sin embargo, de volver a su abrigo
749
al primer accidente de un trayecto más rápido.
750
Guiados por la antorcha de la razón divina,
751
cumplimos este viaje en su propia estación,
752
satisfechos de ver transcurrir la fortuna en
753
el seno de Cibeles, y el húmedo Neptuno Neptuno Según Scherer, perífrasis mitológicas que designan la Tierra y el Mar. ,
754
en nuestra natal Ítaca Ítaca Para Scherer, Ítaca es el equivalente de Toledo, la patria de los personajes. tras la labor cumplida,
755
igual residiremos como hito y como premio.
756
ALFONSO.
No imaginad igual mi deseo frenético
757
de elegir de los númidas la vagabunda vida,
758
o de los escitas que no fijan sus moradas
759
más que en pastos do aún no ha pacido el ganado,
760
que arrastran en un carro a su exigua familia,
761
y del placer se priva social de los mortales,
762
del reposo que goza el hombre cuando es viejo
763
venerable rodeado de una tribu de niños,
764
que a su país devuelven la luz anticipada,
765
su memoria inmortal por todos añorada:
766
felicidad que debe conquistar sin pensar
767
ni siquiera hablar de ella, ni incluso evocarla.
768
RODRIGO.
Tal preocupación a la edad reservada,
769
creo que sin el oleaje en su concha elevada,
770
Venus primero vio la orilla latina,
771
donde Amor desde entonces reina por un azar,
772
do el infinito número de tantas bellas damas,
773
nos deslumbra los ojos, y cautiva las almas.
774
También conversadoras, mimosas, seductoras,
775
que en la casa nativa nosotros no tendremos.
776
ALFONSO.
Cada uno es de un carácter, y la raza mortal
777
difiere en el pensar casi como de cara;
778
el sobrado artificio de las que a vos os gustan
779
enfría de inmediato mi más ardiente ardor:
780
una espontaneidad ingenuamente rústica,
781
en tal juego mil veces me encela aún más;
782
discursos rebuscados que el corazón no expresan,
783
alabanzas que encierra un lenguaje burlón,
784
besos paradisíacos que los labios inflaman
785
con gestos remedados, impudicias insípidas
786
de laúdes mal templados y dignos de la voz
787
me hacen pensar aquí en las hijas de Aqueloo Aqueloo Aqueloo : Río-Dios de la mitología griega cuyas hijas eran las sirenas. Tomotani cita los versos 5-6 del soneto 130 de Les Regrets de Du Bellay, alusivo a las Circes de Italia; por su similitud transcribimos el soneto completo y su traducción, de autoría de Carlos Clementson y Miguel Á. García Peinado: Joachim Du Bellay: Lamentos y Añoranzas (Les Regrets) , Córdoba: Servicio de Publicaciones de la Universidad, 1991: Et je pensais aussi ce que pensait Ulysse, Qu'il n'était rien plus doux que voir encore un jour Fumer sa cheminée, et après long séjour Se retrouver au sein de sa terre nourrice. Je me réjouissais d'être échappé au vice, Aux Circés d'Italie, aux Sirènes d'amour, Et d'avoir rapporté en France à mon retour L'honneur que l'on s'acquiert d'un fidèle service. Las! mais après l'ennui de si longue saison, Mille soucis mordants je trouve en ma maison, Qui me rongent le cœur sans espoir d'allégeance. Adieu donques, Dorat, je suis encor Romain, Si l'arc que les neuf Sœurs te mirent en la main Tu ne me prête ici, pour faire ma vengeance. Y yo también pensaba, igual que pensó Ulises, que nada habría más dulce que ver surgir un día el humo de mi casa, y tras un largo viaje volver de nuevo a hallarme en mi tierra nutricia. Y me congratulaba de haber huido del vicio, de las circes de Italia y amorosas sirenas, y haber conmigo a Francia traído a mi regreso esa honra que se adquiere por un leal servicio. Ay, pero tras las penas de una tan larga ausencia, mil mordientes enojos encuentro yo en mi casa, que el pecho me carcomen sin remedio ni alivio. Adiós, pues, buen Dorat, aún me siento romano, si el arco que las Musas pusiéronte en la mano no accedes a prestármelo para tomar venganza. ,
788
bellas de ojos que embrujan, mas su astuta malicia
789
no nos sojuzgará si huimos como Ulises.
790
FERNANDO.
Gran redención, e incluso pensada en poco tiempo,
791
ALFONSO.
A distintas edades, distintas aficiones,
792
la ociosidad antaño, celestina sutil
793
entre las seducciones, hizo esclavo a Aquiles
794
haciéndole emplear la aguja y el huso huso En el acto segundo del Aquiles de Tirso de Molina, se produce el siguiente diálogo entre Aquiles (vestido de dama) y su madre Tetis: TETIS: Cuando a Hércules se iguale el que disfraza tu ser, y en hábito de mujer le contemples con Onfale, dejarás de estar confuso; pues no te aconsejo yo que, si Hércules hiló, juegues tú a la rueca y huso. Nunca mucho costó poco, mucho si amas has de hacer. AQUILES: Yo vestido de mujer y no me juzgas por loco? Bien lograré de Quirón las lecciones y ejercicios con que, refrenando vicios, pieles del tigre y león despedazados por mí por galas me acomodaba, y en vez de triunfos me daba los brazos viéndome así. ¿Qué diría si me viese de infame mujer vestido? ,
795
por gustar a su dama tejer con hilo de oro,
796
que sin embargo tras un vórtice de gloria,
797
acabó con Ilión contribuyendo al triunfo.
798
El amor (real carácter del cocodrilo cocodrilo En sentido figurado: «horrible, espantoso, taimado, pérfido» ( Diccionario universal francés-español y español-francés , por una sociedad de profesores de ambas lenguas bajo la dirección de D. Ramón Joaquín Domínguez, Tomo I, Madrid: Imprenta de la viuda de Jordán e Hijos, 1845, p. 708). El diccionario comprende un total de seis volúmenes, tres para la parte francés-español y tres para la parte español-francés. ) huye
799
de quien con él se enfrenta, persiguiendo a quien le huye.
800
RODRIGO.
Se burla amor invicto de nuestros galleos frívolos
801
sabiendo el desacuerdo entre efecto y palabras,
802
ALFONSO.
Totalmente ignorarlo superaría lo humano,
803
mas huésped, no es preciso velarlo al día siguiente:
804
sabéis que hasta el más fuerte puede ser derribado,
805
por lo que no aseguro que a mí no me sorprenda...
806
FERNANDO.
Tal que cuando esta Europa Europa Comparación del «rapto de Europa» por Júpiter y el de Leocadia (esta Europa). muy cercana al agua
807
en su flor virginal tuvo un brío fatal.
808
ALFONSO.
¡No me hagáis acordarme de un acto tiránico,
809
que a todo sobrepasa, abominable, inicuo,
810
lleno de infamia y culpa, que está siempre en mis ojos,
811
me abrasa espantado con antorchas furiosas:
812
pero no falta nunca, mi poder sobrepasa,
813
única perfección de la divina esencia!
814
Creo que ya se acerca la hora de la arena,
815
que no nos deja más prolongar este diálogo,
816
vamos en caravana:
817
RODRIGO.
Vamos, tal ejercicio
tiene aquí la ventaja de la tierra de crianza;
818
parece que se debe honrar primero a Italia
819
desde la loa que adquieren los centauros primeros.
820
ESCENA CUARTA
(Luisico, Don Íñigo)
LUISICO.
¡Socorro amigos míos! ¿No hay nadie que me preste
821
ayuda estando herido en la mano derecha?
822
DON ÍÑIGO.
Pobre pequeñín ven conmigo, abrázame,
823
tu educación requiere que de ti uno se apiade,
824
¿de quién dependes tú criatura?
825
LUISICO.
De mi madre madre El relato de Rosset es más detallado, explicando el motivo de las magulladuras del niño: «Or il arriva un jour que son Aïeule l'envoya au logis d'une sienne parente, pour y faire un message. Il passa en une rue où quelques Cavaliers couraient la bague. Le petit garçon se mit à regarder les courses, & pour mieux les voir il voulut passer d'un côté à l'autre: Mais il ne peut le faire si promptement qu'un cheval furieux, & lequel ne peut jamais être retenu en la course de celui qui le montait, ne lui passât sur lui. Le pauvre enfant tomba étendu à terre comme mort, versant une grande quantité de sang de la tête. Cet accident à peine survint, qu'un Chevalier d'âge, qui regardait les courses, se jeta plus légère qu'on ne saurait croire hors des arçons, & courut au lieu où était gisant le petit garçon» (p. 188). .
DON ÍÑIGO.
Tienes razón, pues siempre la certeza total
826
procede de ese lado en cuanto a la ascendencia,
827
la hembra puede más en trances semejantes,
828
¿eres entonces huérfano?
829
LUISICO.
Lo soy por nacimiento.
DON ÍÑIGO.
Respuesta que revela una pura inocencia,
830
¿qué apellido tiene ella?
831
LUISICO.
Ella no me lo ha dicho
¡Ay! Ay buen Dios, la caída me aturde
832
Señor mandad buscarla súbito, por favor.
833
DON ÍÑIGO.
Este rostro resuelto representa a mi raza,
834
esos ojos, la frente, la boca y la nariz,
835
que ningún pintor nunca mejor retrataría:
836
es ese el mismo acento de mi hijo a esa edad,
837
el corazón turbado forja un horrible augurio,
838
un instinto tribal en la fuerza de la sangre
839
no permite que sea para mí un extraño:
840
¿me querrías indicar dónde vive tu madre?
841
LUISICO.
Al final de esta calle, en la última casa,
842
no hay más que preguntar por el señor Pizarro.
843
DON ÍÑIGO.
Es el común espíritu de los críos excederse.
844
Pero corazoncito no te preocupes, ánimo
845
Dios quiere que mi mano te salve del desastre
846
un padre te levanta, un padre en vez del tuyo,
847
que te tendrá en su casa muy bien hasta curarte,
848
¿No serás tú hijo mío?
849
LUISICO.
Sí, dado que me lleva
mi madre que está ausente podría inquietarse.
850
DON ÍÑIGO.
Admirable prudencia sí, sí, tú vas a verla,
851
y tendrás un mejor tratamiento que de ella.
852
ACTO CUARTO
ESCENA PRIMERA
(Leocadia, Francisco)
LEOCADIA.
¡Ay, penosa noticia, ay fúnebre jornada,
853
deplorable criatura, ay madre infortunada,
854
ay crueldad cien veces bárbara de poder
855
a pies de los caballos caballos Tomotani aclara que don Íñigo precisará más adelante que se trata de una «tourbe» («foule») (v. 917) y no los caballos, lo que ha derribado a Ludovic (Luisico). Habría que pensar que Francisco no conocía todos los detalles del accidente. ver a un niño inocente,
856
y magullarlo así cual si fuera en el lodo!
857
No es muy comprensible esa extraña aventura,
858
el cielo y los humanos encendidos de rabia,
859
con nosotros jamás se mostraron muy justos,
860
como eterna cloaca de su deseo maligno,
861
quieren cara esperanza mi vida con la tuya,
862
sea, muramos, por mí que no vaya a aplazarse
863
el que feliz escolte en la tumba tus pasos.
864
FRANCISCO.
Su herida no es grave, y creedme Señora,
865
no supone motivo para iniciar un duelo,
866
ligera, sin peligro alguno que de miedo,
867
o que de que se cure pueda hacernos dudar,
868
curación que el aspecto maternal no realiza.
869
LEOCADIA.
Esa facilidad al contrario me mata,
870
apariencia engañosa que oculta el accidente
871
de este joven Sol tendiendo hacia Occidente.
872
FERNANDO.
El verlo os dará fe de mi veraz palabra.
873
LEOCADIA.
¿En qué parte del cuerpo ha cobrado la herida?
874
FRANCISCO.
Un poco magullado sin más golpe en la cara,
875
de su caída:
876
LEOCADIA.
Ese poco, frágil de mí, me es mucho,
¿qué hay que hacer para echar dentro en la sepultura
877
a una tan delicada y débil criatura?
878
¡Qué desgracia! ¿Por qué si es una herida leve,
879
no ha podido venir a casa por su pie?
880
La apariencia desdice este informe que alivia,
881
quizá esté presta a ver a mi raza enterrada.
882
FRANCISCO.
Permitid tres palabras que arguyan la razón
883
que retiene a este herido dentro de nuestro hogar,
884
una extrema belleza que admira mi Señor Señor El original «Monseigneur» era el título que se daba en Francia a personas de una alta dignidad, no sólo eclesiásticos, sino duques, pares, etc. ,
885
el miedo a que su mal se agrave al trasladarlo,
886
fuera de no saber en la ciudad encontrar
887
amigos que lo puedan socorrer útilmente,
888
amigos que algún día y en el momento exacto
889
mejor propiciar puedan un viento de fortuna.
890
LEOCADIA.
El autor de un buen fin fin Dios. quiera recompensar,
891
su piedad generosa y mis hastíos cortar,
892
y hacer que el apoyo de una viuda en lágrimas,
893
sólo perciba el mal de su caída aceptada.
894
FRANCISCO.
Confiad en lo que os digo ignorando el perjurio,
895
fiaros de este amo, fiador de garantía,
896
de una salud perfecta, que se ve claramente,
897
vamos Señora entrad, ya está la puerta abierta abierta Scherer indica que el verso muestra que la escena se desarrollaba en la calle que llevaba a la casa de don Íñigo. Las escenas siguientes se desarrollarán en el interior de la casa. .
898
LEOCADIA.
Me da un escalofrío, oh Motor Soberano
899
haz que mi voz suavice este negro presagio.
900
ESCENA SEGUNDA
(Don Íñigo, Leocadia, Luisico, Leonor, cirujano)
DON ÍÑIGO.
Quien quiera distinguir de su madre a Cupido,
901
dos gotas comparar del agua marinera,
902
que admire a uno y a otro tan bellos cual la noche,
903
Astros claros gemelos gemelos Cástor y Pólux. la cara que reluce,
904
Señora atajad lágrimas, una alarma imprevista,
905
ocupa tanto en vos la vista y el espíritu,
906
este pequeño vástago de un tallo valeroso.
907
me conoció amable en su feliz desdicha,
908
soy quien os lo devuelve, al azar de la vida,
909
tan sano como veis presintiendo el deseo,
910
¿pues bien, no la conoces?
911
LUISICO.
Es mi madre,
LEOCADIA.
Es mi hijo.
DON ÍÑIGO.
El fervor del encuentro me parte el corazón.
912
LUISICO.
No tenéis que afligiros. Dios me dará la gracia
913
de estar pronto curado:
914
LEOCADIA.
¿Qué implacable tracio tracio Alusión a Marte, Dios de la guerra que comandaba a los tracios guerreros, quienes lo consideraban como su Dios y adoraban. ,
que Busiris Busiris Busiris fue en la mitología griega un rey de Egipto famoso por ofrecer en sacrificio a los dioses a todos los extranjeros que pisaban sus tierras; uno de ello, Heracles, le dio muerte liberando a los egipcios. sediento de matanza y de sangre,
915
mas qué monstruo infernal no pudo liberarte
916
de la ira de su rabia?
917
DON ÍÑIGO.
Una turba imprudente,
al salir del torneo, y además se produjo
918
una gran desbandada: al momento corrí,
919
lo cogí entre mis brazos, pues era lo apropiado;
920
más transido de miedo, con más pasión, más lívido
921
que este pobre pequeño lo traje aquí yo mismo,
922
do desde entonces cierto encanto en sus ojos,
923
los míos lleva a admirarlo activos y curiosos:
924
es el vivo retrato de un querido hijo mío,
925
que es mi apoyo único ahora en mi edad madura.
926
LEOCADIA.
Yo y él jamás podremos estar más satisfechos,
927
de esta buena acción: forzados desde entonces
928
a decir que tras Uno que gobierna el mundo,
929
nos debemos la vida como un segundo padre,
930
tal y cual protectores o comunes guardianes,
931
pues, ¡ay!, caro sobrino tu tránsito es el mío.
932
DON ÍÑIGO.
Ser la tía y la madre me parece imposible,
933
debido a que las dos son algo incompatible.
934
LEOCADIA.
Es de mi prima hermana, la cual nacido el niño,
935
aceleró exánime sus días en el Orco Orco Según Pierre Grimal: «En las creencias populares, Orco es el demonio de la muerte, bastante mal diferenciado de los propios Infiernos, morada de los muertos» ( Diccionario de mitología griega y romana . Edición revisada, con bibliografía actualizada por el autor. Prefacio de Charles Picard. Prólogo de la edición española de Pedro Pericay. Traducción de Francisco Payarols, Barcelona-Buenos Aires: Ediciones Paidós, 1982, p. 389). ;
936
desde la cuna amado, criado bajo mi ala,
937
ajeno al apellido su cariño requiero.
938
LEONOR.
Algo normal, entonces, sin más desasosiego,
939
pensad que esta morada en su veneración
940
no olvidará aportarle los medios de asistencia,
941
¿pero qué nuevo asunto turba vuestra firmeza?
942
Aquí y allá los ojos se mueven espantados,
943
que en un río de lágrimas se entreabren ahogados.
944
LEOCADIA.
¡Ay doloroso fin! ¡Deshonra que retorna!
945
¿Laberinto fatal me aprisionas cautiva?
946
LEONOR.
Hija mía, se desmaya, se le cambia el color,
947
su precioso semblante se extingue triste y lívido,
948
decid beldad al menos la raíz de este mal,
949
para que de inmediato se os pueda tratar.
950
LEOCADIA.
¡Ay! Es irremediable, ningún poder humano
951
ni aun cuando el mismo Apolo me echara una mano,
952
no daría alivio a su dura tortura
953
rehaciendo en el alma una tal abertura,
954
como esas terapéuticas bajo tierra incubadas incubadas Según Tomotani, Leocadia se refiere a minéraux «médicamenteux»: «Les minéraux sont des corps fixés et solides engendrés des exhalaisons et vapeurs encloses dans les entrailles de la terre». ,
955
y que salen de golpe en elevadas llamas.
956
Señora, sin embargo a vos sola os diré
957
de mi pena el motivo:
958
DON ÍÑIGO.
Que se retiren todos,
mando, y de buen grado me ausento y dejo sitio
959
al secreto de féminas que no admite terceros,
960
quienes quieren que el sexo apelado se alivie,
961
con los sabios remedios de la edad prolongada.
962
LEONOR.
Solas, debéis romper un silencio incómodo,
963
por enfermo que crea su médico dudoso,
964
no hay temor en curar: y además buena amiga,
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el más cruel veneno se expulsa vomitando,
966
como con las molestias que se producen luego,
967
a los que creen poderse aligerar después:
968
debéis hacerme cómplice de vuestro gran secreto,
969
soy de las que cuando hablan lo hacen con el alma,
970
que aprendí con los años y la mucha experiencia,
971
remedios naturales eficaces y fuertes,
972
¿contra la crueldad de la ciega fortuna,
973
por qué volverse más recelosa e incongruente?
974
Declarad claramente qué amargo recuerdo
975
os produce un dolor lejano que retorna.
976
LEOCADIA.
Este infame relato me corta la palabra,
977
me vuelve a hundir en iras como bacante loca;
978
mi lengua intentará iniciar un discurso
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del naufragio en que víme, y no en alta mar,
980
sino en el propio coto de esta sombría estancia,
981
de esta horrible guarida me llegó la desgracia.
982
LEONOR.
Vos os imagináis cosas que no han pasado,
983
un lugar que antes de hoy vuestros pies no pisaron;
984
que penséis ser culpable a pensar no me llevan
985
que nunca en él sufristeis una muy dura prueba:
986
LEOCADIA.
Señora, por desgracia puedo en cualquier momento,
987
convencerlo convencerlo Dado que el artículo le no aclara a quien se refiere, puede ser a don Íñigo o a Alfonso. de un rapto infamante e insolente,
988
LEONOR.
El hecho cierto es que en un oscuro escándalo,
989
nuestro hogar se mantiene virgen de fama alguna,
990
LEOCADIA.
Un ultraje ignorado no puede evitar
991
que ensucie al autor por la infamia que hizo.
992
LEONOR.
No me sigáis teniendo en tortura prolongada,
993
por el veraz origen de la queja escuchada.
994
LEOCADIA.
Decídete miedosa miedosa Leocadia reflexiona sobre si contarlo todo o no. , y antes que el sonrojo
995
te culpe ya iniciado el hiriente alegato:
996
cuida cerrar la puerta, que ningún Argus Argus Pierre Grimal: Diccionario de mitología griega y romana : «El Argo [Argos] de más celebridad -designado a veces por la forma latinizada Argus - es el biznieto del anterior [Argo hijo de Zeus y de Níobe]. Según unos, sólo tenía un ojo; según otros, poseía cuatro, dos que miraban hacia delante y dos hacia atrás. Finalmente, otras versiones le atribuyen una infinidad de órganos visuales distribuidos por todo el cuerpo» (p. 46). pueda
997
proveer tu secreto de una cierta malicia.
998
LEONOR.
Ya hemos pensado en ello, no temáis nada extraño,
999
que en el hogar se atrevan solamente a pensarlo.
1000
LEOCADIA.
Sometida a este sino, sabed que hace siete años
1001
desde el momento en que se torció nuestra órbita,
1002
pues con mi padre y madre un día tras la cena,
1003
tal cual se va los días tranquilos a distraerse,
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y por esparcimiento a la orilla del río:
1005
nos vimos sorprendidos por un grupo asesino,
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que cerca del regreso nos atacó iracundos,
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de nuestros gritos búrlanse dispersos en las sombras,
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sujetó a mi padre, que sólo es piel y huesos,
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y por la viva fuerza me extirpó de mi madre,
1010
de los tres cargóme uno desmayada en su pecho,
1011
trayéndome hasta aquí del honor asesino,
1012
gozó, lobo extasiado hambriento de lujuria,
1013
de una estirpe muda insensible a la injuria.
1014
LEONOR.
¡Oh, prodigio espantoso!
1015
LEOCADIA.
Escuchad lo que sigue,
el feroz prosiguió el terror del delito,
1016
tan sólo abandonándome después de su violencia,
1017
sola y acompañada del oprobio y silencio,
1018
desesperada, ciega, retraída en mí misma,
1019
me armé contra el traidor con gritos y con uñas,
1020
agitando y moviendo aquí y allá los brazos
1021
al no encontrar el áspid mortal en su pinchazo,
1022
guiando mis inseguros pasos donde sentarse,
1023
palpo por todas partes con mis manos el cuarto,
1024
con la intención de hallar, estando afligida,
1025
una ventana baja y por ella arrojarme.
1026
LEONOR.
¡Ay Dios! ¿Buen Dios podré haber dado yo a luz,
1027
al monstruo miserable que os jugó esa pasada pasada Scherer añade en este momento una anotación muy lógica: «Rien n’indique jusqu’au présent que le coupable soit le fils de Léonore». ?
1028
LEOCADIA.
Cansada de dar vueltas y mi dolor frustrado,
1029
una imagen de Hércules Hércules En La fuerza de la sangre el objeto robado es un crucifijo pequeño de plata; en la imitación de Rosset «un petit Crucifix tout d'argent»; en la obra de Hardy, éste convierte el crucifijo en una estatua de Hércules. que encontré palpando
1030
me queda en depósito, en el que la verdad
1031
de su Sol amortigua igual oscuridad:
1032
testigo de mi estancia que prueba irreprochable,
1033
el lugar y el autor del acto abominable,
1034
desconocido hasta ahora, pues, ¿cómo ir a buscarlo
1035
desvelando mi ultraje al pueblo ciudadano?
1036
LEONOR.
Dejad de exponerme un crimen que yo admito,
1037
indigno de la cuerda, las llamas, de la rueda rueda Método de suplicio utilizado en algunos países europeos desde la Edad Media. Se usaba para ajusticiar a reos que habían cometido un delito bastante grave y degradante. Para este cruel método, se usaba una rueda típica de carruaje, que fuera lo bastante grande como para poner a un hombre atado de brazos y piernas. Una vez atado, el reo era expuesto al peor de los castigos: un verdugo especializado con un gran palo de madera empezada a destrozar los huesos del ajusticiado, sobre todo fijando su atención en las tibias, las rodillas, costillas y brazos. Tal era el apaleamiento que el cuerpo quedaba como si fuera un simple trapo. Una vez desmembrado completamente era expuesto al público, que mientras agonizaba le escupía, le orinaba encima o le lanzaba piedras. ,
1038
un crimen que supera en su expiación
1039
a lo que los más crueles hubieron inventado,
1040
lo que a los condenados decreta Radamantis Radamantis Radamantis era un héroe cretense, generalmente considerado como uno de los tres hijos habidos de Zeus y Europa, y hermano de Minos y Sarpedón. Fue uno de los jueces de los muertos en el Hades, junto con Éaco y Minos. (Grimal: Diccionario de mitología griega y romana , p. 464). :
1041
la imagen desde ahora nada puede negarla,
1042
el tiempo en que perdióla harto me justifica,
1043
de que no son razones o imposturas morales,
1044
¡ay, mil veces malvado, ay de valor cobarde!
1045
¿No había vil cabrón otra persona donde
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descargar tu cruel rabia y tu concupiscencia,
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sino en la tierna flor de una casta joven?
1048
Suerte que estás ausente en la hora de mi ajuste,
1049
que exterminar no puedo tal monstruosa ralea.
1050
LEOCADIA.
Requeriría el abuso un remedio más leve,
1051
que mi honor restaurara de esta cólera hirviente,
1052
ya que de él nacido me deja desdichada,
1053
una preciada muestra que brinda el himeneo,
1054
para que odiar no pueda a mi mortal rival,
1055
en el fruto que a medias me alivia de mis males.
1056
LEONOR.
Tal placer que esperaba me cerraría la boca,
1057
si este pequeño amor fluido de vuestra raza,
1058
si este joven Alción Alción Alcyon . s. m. «Oiseau fameux, duquel on dit, qu'il fait son nid au bord de la mer, & qu'alors la mer demeure calme. Un nid d'alcion. L’alcion a fait son nid ». ( Dictionnaire de l'Académie française , 1ère édition). Scherer explica la asociación de Alción y la tormenta del siguiente modo: «Alcyoné [qui ressemble à un alcyon], fille du maître des Vents, Éole, avait été, à cause de son orgueil, transformée par les dieux en alcyon. Cet oiseau faisait son nid au bord de la mer, et les vagues le lui détruisaient sans cesse. Par pitié, pour que l'alcyon puisse couver ses œufs, Zeus décida que les vents se calmeraient pendant deux semaines: l'une précédait et l'autre suivait le solstice d'hiver. Les 'jours alcyonides' sont donc, pour ceux qui connaissent cette légende, des jours de tranquilité». en la abierta tormenta,
1059
hija mía, todo tema de denuncia acallara.
1060
LEOCADIA.
Señora, vuestro esposo esposo Para una mejor comprensión del texto es preferible aclarar el verso, ya que «Monseigneur» se refiere al esposo de doña Leonor, don Íñigo; al traducir el parlamento de Leocadia por «Mi Señor vuestro esposo...» se evita la posible confusión, al ser «Monseigneur» un título aplicado en Francia a personas de alta dignidad, pero reservado en España para los prelados. , confirma mi aserción,
1061
notando a simple vista la fe de su linaje.
1062
LEONOR.
Sí, cuanto más lo miro revivo sus retratos:
1063
es su nariz, su frente, y muchos otros rasgos
1064
que me encienden la sangre con un nuevo recuerdo;
1065
sólo tengo un escrúpulo que me mantiene inquieta,
1066
sobre lo que habéis dicho que es de vuestra hermana.
1067
LEOCADIA.
Tomé adrede el aspecto que creí más seguro,
1068
a fin de prevenir la búsqueda importuna
1069
usual en este caso:
1070
LEONOR.
¿Y en cuanto a la riqueza,
de qué extracción social?
1071
LEOCADIA.
Después de mil testigos
diré que el apellido de los Pizarro al menos,
1072
mi familia en nobleza no cede ante ninguna,
1073
aunque una estrechez mediocre la dañe ahora,
1074
siendo en honor más rica que en bienes mal logrados,
1075
la virtud entendiendo como su bien más rico.
1076
LEONOR.
Magnánima respuesta, augurio memorable
1077
que te hace en cuanto a mérito preferible a las reinas,
1078
que demuestra que el Cielo ha hecho la elección
1079
para aliar nuestra casa con casta perfección;
1080
para ti es seguro que el rapto sufrido
1081
traerá a ti y los tuyos un tiempo de reposo,
1082
una imprevista dicha que allana la esperanza,
1083
y que de otra manera no podría triunfar;
1084
si nuestro único hijo no se llega a casar
1085
con la que deshonró de su virginal rosa,
1086
y que hallará más dulce de ahora en adelante,
1087
favor que me prometo lograr de tu familia.
1088
LEOCADIA.
Hay gran desigualdad, sin contar mi repudio:
1089
el premio que se adquiere de una manera indigna,
1090
mis deseos desesperan, que tan sólo aspiran
1091
a poder alcanzar esta unión soberana.
1092
LEONOR.
Mi promesa se apoya en dos fundadas bases bases Según Tomotani, las dos «bases» en que se fundamenta Leonor son: 1. El apoyo de don Íñigo, dado el gran cariño que ha tomado a Luisico; 2. La segura obediencia de Alfonso, quien tras un mal paso habría recuperado el buen juicio. ,
1093
que tal es la intención del padre, respaldada
1094
por él y el abuelo quien (prodigio del cielo)
1095
quiere más a este crío extraño que a sus ojos,
1096
él, que la verdad sabe y mi plegaria añade
1097
que el natural instinto avivará el final
1098
de manera que Alfonso tras ser siempre obediente,
1099
con la edad madurando haya en piedad ganado,
1100
no osaría rechazar el partido propuesto,
1101
mas la fatalidad que tal deseo exige,
1102
basta para que esté vigilando el futuro:
1103
cambiemos de objetivo, ya llega aquí por suerte
1104
quien nos dirá el estado del herido.
1105
LEOCADIA.
Me espanto,
por miedo a que oír tenga una mala noticia,
1106
CIRUJANO.
¿Qué hace nuestro enfermo?
1107
LEONOR.
Una siesta analéptica analéptica El sentido del vocablo en el contexto no es el de una substancia o un medicamento que se aplica al niño, sino el de que la siesta por sí misma es reparadora. ,
ha poco cogió el sueño.
1108
CIRUJANO.
Señal que es muy feliz,
siempre y cuando el sueño no se vuelva letargo,
1109
el ser del cuerpo humano cual un motor encaja,
1110
LEONOR LEONOR Según Scherer, Rigal atribuye este hemistiquio a Léonore, corrigiendo la edición original que lo incluye en la réplica del cirujano. Tomotani es de la misma opinión que Scherer. .
¿Qué estáis diciendo?
1111
LEOCADIA.
¡Hijo mío, estás muerto!
CIRUJANO.
Eso es lamentarse y sin razón asustarse.
1112
LEONOR.
Un supuesto peligro del sueño que lo arroba,
1113
no debe exponeros a una sensible alarma,
1114
CIRUJANO.
No, si eso se afirmara, sería muy imprudente,
1115
antes de constatar que ha caído en desgracia,
1116
lo que es casi increíble y tampoco es posible,
1117
dado que ha recibido un eficaz remedio.
1118
LEONOR.
Tanto mejor, pensar que si luego se levanta
1119
en esta obra maestra vuestro arte habrá logrado,
1120
un salario análogo al de nuestra alegría,
1121
que se evidenciará con largueza imperial.
1122
CIRUJANO.
Mi jefe lo respalda franqueado del peligro
1123
que obliga a nuestras almas a cambiar de morada morada Alusión a la muerte. ,
1124
mandar su curación en el momento justo,
1125
cual si fuera un impuesto que cobrara el gobierno gobierno El vocablo police tiene además de su significación común otras, entre ellas: «Il se dit encore de l'Administration qui exerce la Police. La Police a ordonné d'éclairer les rues. Assigner quelqu'un à la Police. Être mandé à la Police. Il est noté à la Police ». ( Dictionnaire de l'Académie , 5ème édition). ,
1126
nunca, nunca me importa el tiempo, siempre que
1127
un paciente se cure, no me crean mentiroso:
1128
¡su pulso que ahora tomo me dirá aún más,
1129
nada de fiebre tiene! ¡Oh, qué gran mejoría!
1130
Luego la conclusión ya aclarada o casi,
1131
el dormir es remedio necesario y valioso:
1132
dejemos que repose, esta crisis benigna
1133
su salud recupera y el dolor le mitiga.
1134
LEOCADIA.
Señor no halaguéis por favor mi desdicha.
1135
CIRUJANO.
Yo dejo que se juzgue donde reina el dolor,
1136
si el cuerpo puede hacer sus funciones a gusto,
1137
de una fiebre mejor sin reavivar las ascuas
1138
todo va bien, la puerta cerrada que repose.
1139
mi profesión os debe imponer el silencio,
1140
yo volveré a verlo en menos de una hora.
1141
LEONOR.
Sabed que nunca obrasteis de un modo mejor;
1142
mientras tanto, hija mía, no perdamos un tiempo
1143
que volverá a los tuyos felices y contentos.
1144
ACTO QUINTO
ESCENA PRIMERA
(Don Íñigo, grupo de parientes, Leocadia, Estefanía, Leonor, Pizarro, Alfonso, Fernando, Rodrigo, Luisico)
DON ÍÑIGO ÍÑIGO El parlamento de don Íñigo va dirigido a los padres de Leocadia. .
Versado en el propósito que me induce a ser justo,
1145
que valdrá a los sobrinos de ejemplo para siempre,
1146
volver sobre el pasado no valdría de nada,
1147
pues sólo de un gran mal se colige más bien:
1148
que del sabio destino la prescripción suprema
1149
nos da en adelante incluso una fortuna,
1150
nuestros unidos cónyuges forman pareja igual,
1151
como nunca estrechó una unión conyugal.
1152
Disculpad el candor de mi libre franqueza,
1153
que el asunto en palabras serviles no disfraza,
1154
lo que me haría mostrarme con un deseo imperioso,
1155
forzar, más que plantear una propuesta seria,
1156
propuesta en que cada uno compartiera igual mando,
1157
mi sana intención reza en conjunto, aconseja:
1158
el criminal que busca romper sólo una puerta,
1159
muestra muestra Todas las ediciones (original, Stengel, Herbert Davis y Scherer) salvo Tomotani, incluyen la grafía «monstre», cuando el sentido de los versos indica que no se refiere a «monstruo», sino a «mostrar», «demostrar». yendo a otra parte, su salvación obviar;
1160
así el rapto incurrido no tiene que agradaros,
1161
y del crimen probado el recuerdo lo borra
1162
con la unión de dos seres cuyo bien nos es caro,
1163
que unidos no tendrán nada que reprocharse reprocharse Dada la dificultad de los versos 1158-1164, veamos su traducción española en prosa: «Yo estoy lleno de buenas intenciones y os hago una petición en mi beneficio, pero al mismo tiempo os doy un buen consejo: el criminal que sólo tiene que romper una puerta para liberarse, muestra, al no hacerlo, que no quiere salvarse. Del mismo modo, ya que el rapto fue cometido, para haceros justicia, y para borrar el recuerdo de un crimen probado, no queda otro remedio que el matrimonio de nuestros hijos, cuya felicidad nos es tan querida, y que unidos no tendrán nada que reprocharse». Con esta reflexión, don Íñigo muestra que ni ellos ni los padres de Leocadia pueden hacer otra cosa mejor. ,
1164
mi hijo, rico en bienes, no podía en España
1165
optar por una esposa que a mí más me gustara,
1166
bella, que en sus virtudes honra a la ciudad,
1167
que desde el duelo saben de su honestidad
1168
vivir virgen y austera en su casa recluida,
1169
por la culpa del prójimo penitente y confusa,
1170
ilustre en cuanto al tronco, otro punto estelar
1171
que hará que el honor no pueda refutarse:
1172
loar el suyo no es bueno, mas a decir me atrevo,
1173
que entre los de su edad Alfonso resplandece
1174
como uno de los mielgos mielgos Nueva alusión a los Dioscuros Cástor y Pólux, símbolos del amor fraterno. El vocablo mielgo proviene del latín vulgar gemellĭcus, de gemellus . que centellean por turnos
1175
en el cielo estrellado, indicio de su amor;
1176
en fin, este es el yerno que por mí os da el hado,
1177
si rechazáis mi oferta no dañará a mi honor:
1178
seguiré, a fe mía, la ley del Universo,
1179
al que está y estará nuestro ánimo sujeto,
1180
el que quede inocente del hecho perpetrado
1181
y su reparación, sólo os compete a vos vos La alusión al Universo no ayuda a ver del todo claro el final del parlamento de don Íñigo, que viene a decir lo siguiente: «aunque rechacéis mi ofrecimiento, mi opinión sobre la violación no cambiará, ni tampoco afectará a mi honor; en ningún momento le daré la razón a mi hijo o justificaré su hecho, debiendo ser vos quien elija el medio de castigarlo o reparar la afrenta». .
1182
PIZARRO.
Fénix de los virtuosos, que por nada merece
1183
duro siglo do el vicio sembró tanto atractivo,
1184
do la inicua riqueza, y altanera indolencia
1185
ejerce impunemente su cobarde violencia
1186
sobre el pobre oprimido, distraído en venerar
1187
un prestigio que le hace deplorable morir:
1188
brutal, ingrato, estúpido, tendría tendría La traducción española requiere un condicional, más que un futuro para expresar la hipótesis. en el pecho
1189
en vez de corazón un duro farallón,
1190
no aceptando el arreglo que os dignáis a ofrecerme:
1191
quien rechaza un socorro se merece sufrir,
1192
mi hija se estimará más que recompensada,
1193
y su púdica flor propiamente entregada,
1194
siendo esclava del que su distinción de rango
1195
sólo muestra un esposo en su lealtad mirífico,
1196
tanto que dudo pueda sin cometer un crimen,
1197
poder darle el rango de legítima esposa.
1198
DON ÍÑIGO.
El socorro recíproco obliga por igual;
1199
sin embargo en su casa tal mi deseo preside,
1200
que una mala mirada retaría a buen tiempo
1201
a bajar obediente donde mora la Parca:
1202
¿además la apariencia, el tema, la razón
1203
que una hija bien nacida, y de ilustre linaje,
1204
de quien tomó el zafio las púdicas primicias,
1205
sufriera su rechazo haciéndonos ser cómplices?
1206
Usando del derecho de los viejos romanos,
1207
querría estrangularlo yo con mis propias manos,
1208
impaciente de ver una audacia rebelde,
1209
el doble sacrilegio sacrilegio Violarla y rechazarla. ejercido sobre ella;
1210
mas no llegará a eso, me excito sin razón,
1211
pues de llevarlo dócil me siento muy capaz.
1212
ESTEFANÍA.
Dad gracias hija mía, de rodillas postrada,
1213
con un valor devoto con recato inclinada,
1214
a este Señor benévolo al que impulsa el Cielo
1215
para trocar lo amargo de nuestro hastío en miel,
1216
para alejar del féretro tras un siglo apagada,
1217
tras haberle asestado el gran golpe mortal,
1218
nuestra primera gloria, un tan raro servicio
1219
merece alzar altares a aquel que lo propicia.
1220
LEOCADIA.
Jamás podría incluso teniendo el don de lenguas lenguas Conferido a los apóstoles por el Santo Espíritu en Pentecostés. ,
1221
o poseer del hijo de Maya la facundia facundia Maya era la mayor de las siete Pléyades, madre de Hermes (en la mitología griega) o de Mercurio (en la mitología romana), cuyo padre fue Zeus. Mercurio era un dios ingenioso, inventor de instrumentos de música, intérprete y hábil mensajero de los otros dioses. ,
1222
dar bastante las gracias ante una bondad tal;
1223
no creo en ley alguna, sino en la voluntad,
1224
y la vuestra Señora, como intermediaria,
1225
a quien mi honor debe, favorable tutora,
1226
su caída aupada: al menos, ¡ay!, al menos
1227
si un tercero tercero El «tercero» al que hace referencia Leocadia sería Alfonso, ya que si está segura de la inclinación de los padres de él por ella, no lo está tanto del asentimiento de Alfonso a la propuesta de su padre. esta dicha cumple en todos sus puntos.
1228
LEONOR.
Espejo de modestia, alma afín a la mía,
1229
creo que Cloto muy pronto abreviará mi vida,
1230
o que te veas estable en el seno de un cónyuge:
1231
su mitad reputada en presencia de todos,
1232
su ambrosía, su dicha, su casta palomita,
1233
¿podría acaso no amar a una imagen tan bella?
1234
¿Y no vibrar de júbilo a la vista de un niño,
1235
que protegernos pueda del miedo a la tumba?
1236
Sola, yo asumiré esta agradable pena pena La separación de mi hijo por su matrimonio. ;
1237
que viva primavera dulcifique tu rostro,
1238
arme en lugar de flores tus deseos al amor,
1239
ahora que de un tiempo a otro se espera su regreso,
1240
que estás en el umbral del futuro himeneo;
1241
mas llega de allí un ruido de dicha inesperada,
1242
y que venga Francisco corriendo lo confirma,
1243
que llega para darnos satisfacción cumplida,
1244
mirad como un rubor de repente os asalta,
1245
dudando entre el temor y la incierta esperanza.
1246
FRANCISCO.
Mi Señor, vuestro hijo ha llegado a Dios gracias
1247
sano y salvo, no estéis más tiempo preocupado:
1248
DON ÍÑIGO.
¿Viene acompañado?
1249
FRANCISCO.
Dos hidalgos de escolta
en su viaje elegidos entran ya por la puerta.
1250
DON ÍÑIGO.
Que esperen allí en la sala, y no intentes
1251
que alguno con nosotros hable a la ligera.
1252
LEONOR.
Señor dejad que sea quien guíe la embajada,
1253
que alguna estratagema me haga ser persuasiva,
1254
mientras vos, si os parece, disponéis el festín.
1255
DON ÍÑIGO.
Sí, eso es labor mía según la tradición,
1256
colocar a cada uno en la mesa lo mismo
1257
que si fuera una flota lista para el combate;
1258
la diferencia estriba en estar entre amigos
1259
a gusto, igual que horrible estar entre enemigos;
1260
unido a que una madre más meliflua es en términos
1261
con juicios que penetran poco a poco en el alma,
1262
que nosotros ligeros de mano en su dislate dislate El dislate, la temeridad o imprudencia de los hijos.
1263
que en el rechazo atacan a nuestra autoridad:
1264
que cada uno cumpla con la carga asignada.
1265
LEONOR.
Antes de acabar la obra no soltaré la presa,
1266
escuchadme un momento y escondeos que no os vean os vean Según Scherer, Leonor se dirige a Pizarro; en opinión de Tomotani la advertencia es para toda la familia, lo que parece más creíble.
1267
sin mostraros curiosos respecto al artificio,
1268
y de aquello que pase en el momento justo.
1269
PIZARRO.
No temáis que el augurio contravenga o se exceda.
1270
LEONOR.
Mi hija nuevamente tendrá en cuenta mi aviso,
1271
que todo lo que veis no os haga sospechar.
1272
LEOCADIA.
Es promesa difícil de cumplir, titubeando.
1273
entre extremos opuestos en vagos pensamientos;
1274
no obstante, Señora, yo bien me esforzaré,
1275
en que vuestros propósitos se asienten para bien.
1276
ESCENA SEGUNDA
(Alfonso, Fernando, Rodrigo)
ALFONSO.
Similar recepción diluida en el silencio,
1277
muestra que mi familia se sintió desolada
1278
por una ilustre pérdida: pero, por otro lado,
1279
todo sujeto lúgubre de temor me fue obviado
1280
por el gozo común entre todos los criados;
1281
indeciso, asediado por pensares quiméricos,
1282
¿cuánto tardé en ver el Sol tan deseado,
1283
sacado de la duda de los ojos paternos.
1284
¿Qué pensáis amigos?
1285
FERNANDO.
Que algún matrimonio
se amasa en secreto a la vuelta del viaje.
1286
ALFONSO.
La carta paternal habría hecho mención
1287
para así disponer al menos la intención.
1288
FERNANDO.
Un caballo genuino de carácter guerrero,
1289
sin ayuda de espuelas corre en cualquier carrera carrera Es decir: «sin prevención alguna, un hombre debe estar siempre listo para el combate amoroso». ;
1290
Señora vuestro aspecto alegre es testimonio
1291
de que estáis muy lejos de lo que vos pensáis.
1292
LEONOR.
Sois muy bien bienvenidos después de tanta espera,
1293
en adelante mi alma reposará contenta,
1294
en adelante mi alma sin inquietud se alegra,
1295
al veros ya de vuelta y sanos, a Dios gracias:
1296
permitidme señores, que me quede con mi hijo
1297
sola por cierto asunto durante un minuto,
1298
pronto vendré a buscaros
1299
RODRIGO.
Señora ordenad,
y en cuanto a nosotros no os sentáis incómoda.
1300
ESCENA TERCERA
(Leonor, Alfonso)
LEONOR.
Alfonso brevemente, ve que estás en la edad
1301
en que tu padre y yo queremos ya una boda
1302
del único heredero que nos sucederá,
1303
quien los bienes y el nombre creso poseerá:
1304
quien sólo gozará en su suerte dichosa,
1305
de una que le eligen por pareja amorosa,
1306
honesta, de linaje y no inferior a ti,
1307
y este es el retrato precioso que yo tengo tengo Leonor tiene en la mano un retrato que le enseña a su hijo. :
1308
no pareces contento porque frunces el ceño ceño En español no es usual traducir «arrugar la cara». ,
1309
su belleza no es más que su gracia y encanto,
1310
unido a que sus bienes suplen cualquier defecto,
1311
¿de qué sirve dudar en lo que es obligado?
1312
Si el partido nos gusta útil debe atraerte,
1313
pues no hay razón alguna que prime lo contrario.
1314
ALFONSO.
Mi equitativa queja a la deformidad
1315
que en este retrato inclina la balanza,
1316
¿Dios, qué medio hay de amar a una cosa tan fea?
1317
Una que serviría de remedio al amor,
1318
ojos hundidos, chata chata La expresión habitual en español es «chato», no nariz corta o roma. , con la boca de lado,
1319
y el cuerpo de un color ya para los gusanos.
1320
Gracias al Dios Supremo y a vos, yo valoro
1321
que una mujer tan sólo me aporte su belleza belleza Alfonso alude a la belleza de la madre, modelo para él de las mujeres. ,
1322
belleza que supone en su culminación
1323
la de las tradiciones que implican el cariño,
1324
sella el encanto el vínculo de los ánimos juntos,
1325
con los que no se reúne la discordia espantosa:
1326
Señora no queráis constreñir mi deseo
1327
y se os convierta luego más tarde en aversión.
1328
LEONOR.
Verás que me hallarás igual que de costumbre,
1329
del corazón quitándote cualquier sabor amargo,
1330
ya hallaremos con qué poderte contentar
1331
y según tu talante en eso aconsejar;
1332
preferiría morir a este yugo de unión
1333
ahogando en un infierno tu vida desdichada,
1334
es acuerdo sujeto a tu consentimiento
1335
revocable y que puede romperse tácitamente:
1336
piensa en celebrarlo, y recobra el aliento
1337
tras este largo viaje, insuperable esfuerzo,
1338
mientras voy a buscar a tus amigos, quiero
1339
de tres cosas vitales parlamentar con ellos.
1340
ALFONSO.
(para sí) De un dédalo salido, otro peor me atrapa;
1341
¿qué tendrá que decirles en secreto mi madre?
1342
La gran curiosidad femenina a veces
1343
se basa en cualquier cosa, y lucha contra el viento:
1344
dado que aún me queda elegir libremente,
1345
mi libertad no muera en indigno propósito,
1346
por lo demás, que traiga lo que quiera la suerte,
1347
tengo para vencerlo el ánimo muy fuerte.
1348
ESCENA CUARTA ESCENA CUARTA Scherer aclara que esta escena se desarrolla en otra estancia de la casa de don Íñigo.
(Leonor, Fernando, Rodrigo)
LEONOR.
Mi ruego, o más bien cierto pequeño escrúpulo,
1349
que ni hay que mencionarlo, y de importancia nulo,
1350
como amigos os fuerza a no contradecirme,
1351
y del hecho inquirido no ocultarme nada:
1352
prometed cual testigos oculares decir
1353
la intachable verdad que yo deseo saber.
1354
FERNANDO.
Siempre y cuando eso no exceda el privilegio,
1355
ninguno de nosotros faltará a su deber,
1356
mi fe se esforzará más allá de la vida,
1357
Señora en complaceros, y pronto en tal deseo.
1358
LEONOR.
Unidos fielmente por amistad con mi hijo,
1359
pues si uno da un paso el otro lo acompaña;
1360
mas debéis escucharme con una gran paciencia,
1361
y que cada uno entre de lleno en su conciencia:
1362
podréis recordar, que siendo aún jóvenes
1363
tras la cena una noche hace ya siete años,
1364
del acto cometido osado e irreflexivo,
1365
del rapto de una chica de brazos de sus padres,
1366
que os mostréis asombrados aumenta mis sospechas,
1367
sé que son travesuras habituales de chicos.
1368
RODRIGO.
Recordando confusos las pasadas locuras,
1369
la mocedad que pronto sus planes disipó,
1370
su cifra azararía incluso al más juicioso,
1371
y ese en concreto no viene a mi memoria.
1372
LEONOR.
El poder del deseo disuade, os lo aseguro,
1373
que una dicha se apresta a reparar la injuria.
1374
FERNANDO.
Tras este largo plazo un olvido acaecido
1375
no impide que el revés no sea invalidado.
1376
LEONOR.
Confesión que supone la mitad de una prueba,
1377
¿sabéis como llegó esta dulce enemiga?
1378
RODRIGO.
¿Cómo saber podíamos en la noche en tinieblas,
1379
que envolvía a vuestro hijo guiado por Cupido?
1380
LEONOR.
Entiendo, entiendo, este algo basta para el comienzo
1381
que de vos precisaba mi viva conjetura conjetura La madre de Alfonso quería estar segura de lo acontecido, de ahí que indague con los amigos de su hijo. ,
1382
es igual este crimen al fruto, que en invierno
1383
más maduro y hermoso vemos ya en sazón:
1384
igual que el Ave Fénix surge de sus cenizas,
1385
quien de un gusano vil y amorfo se engendra;
1386
vamos, venid alegres a celebrar este éxito
1387
una dicha congénita, de eso no presumáis.
1388
ESCENA QUINTA
(Don Íñigo, un grupo de parientes, Leonor, Alfonso, Fernando, Rodrigo, Pizarro, Francisco, Estefanía, Leocadia, Luisico)
DON ÍÑIGO.
A la mesa amigos, ocupad vuestros sitios,
1389
y sin más ceremonia ni tampoco oraciones,
1390
con mi ejemplo ya basta, quien se siente primero
1391
deje bajo los pies todas sus inquietudes,
1392
siguiendo mi ejemplo quien quiera complacerme,
1393
Alfonso de vuelta, ¡eh! ¿Podríamos hacer menos?
1394
Alfonso apoyo único de sus padres ya canos;
1395
así, sin más cumplidos y sin más parlamentos
1396
que cada uno se siente: mientras voy mi copa
1397
a beberme de un sorbo a la salud del grupo:
1398
que cada uno decida de acuerdo con su rango
1399
levantar con buen ánimo su copa igual que yo.
1400
GRUPO DE PARIENTES PARIENTES Scherer aclara que, igual que en el coro de las tragedias, un solo personaje habla en nombre del grupo. .
Primero saldaré la carga ordenada,
1401
guiaré el primero el asalto exigido,
1402
sacrificando a gusto este agradable néctar
1403
a un segundo Néstor Néstor Néstor era el más joven de los hijos de Neleo y Cloris, único superviviente de la matanza que de ellos hizo Heracles. Tal como aparece en la Ilíada y en la Odisea, Néstor es el prototipo del anciano prudente, valeroso aún en el campo de batalla. (Pierre Grimal: ( Diccionario de mitología griega y romana , pp. 378-379). Don Íñigo es comparado a él. merecedor del Cielo,
1404
a la buena salud de su querida esposa,
1405
y al feliz retorno de su hijo a España;
1406
el que me seguirá, para hallar desde ahora
1407
los Astros que le sean benignos para siempre.
1408
DON ÍÑIGO.
He ahí lo que encarna un siglo de inocencia,
1409
que me devuelve al tiempo de mi adolescencia,
1410
vosotros viajeros no dejéis sin embargo
1411
de hablar libremente durante la comida,
1412
cosas dignas de escucha sobre la diferencia
1413
de los pueblos, países, o de su preferencia.
1414
ALFONSO.
Nosotros no podemos enseñar nada nuevo
1415
a quien antes ha visto lo que Italia a de bello,
1416
a quien me esbozó sus rarezas, de modo
1417
que nada ya sabido aporte a su relato,
1418
instruido había visto todo antes de verlo,
1419
y el hablar luego de ello contraviene al deber.
1420
LEONOR.
Tanto hace ya que mientras el viaje por Italia
1421
habéis engendrado un genio melancólico melancólico Hardy no da pista alguna para que podamos deducir de qué estado habla en la «aparición» de la melancolía en Alfonso, si: -Como un temperamento (teoría de los cuatro humores). -Como una enfermedad mental (caracterizada por depresión profunda y ataques de ansiedad). -Como un estado de ánimo pasajero y nostálgico (el estado de creación en muchos poetas). Si nos remitimos a su etimología, desde que el ser humano habita en el mundo la palabra Melancolía: del griego melankholia: melas (negro) y kholê (bilis), y del latín melancholia , uno de los cuatro humores cardinales (bilis negra, bilis amarilla, flema y sangre), que se consideraba que provenían del bazo y eran capaces de engendrar la hipocondría; los dos términos se utilizarán desde muy temprano para calificar y designar distintas formas de la tristeza; de ahí que, desde un primer momento, adquiera el matiz de palabra fatídica. La melancolía es inherente a todas las épocas y ha encontrado anclaje ya desde la literatura de la Antigüedad, desarrollándose críticamente en el Renacimiento (sobre todo con Montaigne, el fundador del género ensayístico) y hallando su expresión poética en poetas como Du Bellay («desilusión melancólica» de Roma, regret ), Théophile de Viau y Saint-Amant, en poemas motivados por esa inexpresable «vague à l’âme», ante la contemplación de un paisaje, en aquello que representa una derivación literaria de las Soledades de Góngora. ,
1422
tres humores afines y muy bien asociados;
1423
mas, ¿cómo relegar cual pecado olvidado
1424
a una joven tan grata y tan gentil huésped,
1425
a la que abandonaron vejada de tristeza?
1426
Pronto, pronto que alguien la traiga a mi lado,
1427
decidle que no tenga miedo en lo que concierne
1428
a su honestidad, que viene convocada
1429
a alegrarnos los ojos con su celeste imagen.
1430
DON ÍÑIGO.
Prepárale, hijo mío, su asiento a tu lado,
1431
hace cincuenta años cuando tenía tu edad,
1432
tal honor suponía de una diadema el premio,
1433
mil veces más amando a las damas que a mí:
1434
moriría si su aspecto no me alegraba el alma,
1435
aspecto que a hasta Júpiter lograría vencer.
1436
ALFONSO.
¡Oh, divina belleza! ¡Si tu menor fracción
1437
le fuera concedida a quien quieren que espose,
1438
supliría sus defectos defectos El pasaje en el relato de Cervantes es como sigue: «Rodolfo, que desde más cerca miraba la incomparable belleza de Leocadia, decía entre sí: “Si la mitad desta hermosura tuviera la que mi madre me tiene escogida por esposa, tuviérame yo por el más dichoso hombre del mundo. ¡Válgame Dios! ¿Qué es esto que veo? ¿Es por ventura algún ángel humano el que estoy mirando?”». , a ser muy dichoso
1439
me habrías ayudado, favorable pafiano pafiano En algunas tradiciones Pafo, o Pafos, era hijo de Céfalo y la Aurora (Eos) y fundador de la ciudad de Pafos, en Chipre. (Pierre Grimal: Diccionario de mitología griega y romana , p. 396). Según Scherer, Venus tenía un santuario en Pafos; así, al utilizar el adjetivo Paphien (pafiano), Alfonso se declara devoto de esta diosa. !
1440
LEONOR.
Los remedios actúan, una palidez súbita
1441
surge de improviso de su querida Cárite Cárite Las Cárites -en latín las Gracias - son divinidades de la belleza, y tal vez, en su origen, potencias de la vegetación [...] Se representan generalmente como tres hermanas, llamadas Eufrosine, Talía y Áglae, tres jóvenes desnudas cogidas por los hombros; dos de ellas miran en una dirección, y la del medio, en la dirección opuesta. Su padre es Zeus; su madre, Eurínome, hija del Océano. A veces, su madre es Hera, en vez de Eurínome. (Pierre Grimal: Diccionario de mitología griega y romana , p. 87). ,
1442
quien no menos confusa, mirando a hurtadillas
1443
muestra que sus deseos a sucumbir la llevan llevan Es decir, que Leocadia no puede resistirse a su amor por Alfonso. .
1444
LEOCADIA LEOCADIA Reflexionando sobre su situación. .
¿Crees tú desgraciada que de esta manera
1445
una similar dicha te llega por alianza?
1446
No, ya no la espero, y a partir de ahora muere
1447
y no arrastres tus días infaustos por más tiempo.
1448
LEONOR.
¡Buen Dios! Me doy cuenta que flaquea y que vacila,
1449
sostenedla, hijo mío, estad pendiente de ella.
1450
ALFONSO.
Su desmayo me mata, prendado de cariño,
1451
adorable retrato de una gran perfección
1452
¡Señora es lamentable! ¿Qué significa esto!
1453
La muerte se esboza en sus labios de rosa,
1454
sin pulso o vida alguna, ¡Ay! No puedo más,
1455
ni fuerza ni voz tengo para apiadarme de ella.
1456
DON ÍÑIGO.
Estimo que los dos llevan el mismo rumbo,
1457
movidos por el Dios ligero que está ciego ciego Alusión a Cupido. ,
1458
¿qué opináis, esposa?
1459
LEONOR.
¡Ay, extraña desgracia!
¡Ay, placer diluido por un dolor amargo!
1460
¡Vuelve en ti, hija mía, querida Leocadia,
1461
¿decidnos dónde encalla la enfermedad al menos?
1462
Sus insensibles cuerpos sufren del mismo modo,
1463
sin dar ninguna pista o indicio de vida
1464
ni con vinagre, o agua, que no acuda nadie
1465
en situación así a prestarles socorro.
1466
PIZARRO.
Dejadme que intervenga, ¿qué tipo de desmayo
1467
enturbia así el banquete, esparciendo estos gritos?
1468
No me los ocultéis.
1469
FRANCISCO.
La joven damisela
ha caído desmayada; por desgracia, tras ella
1470
de mi Señor el hijo: bella pareja en tierra
1471
no muy distinto a aquellos que han entregado el alma.
1472
ESTEFANÍA.
Corramos a ayudarles, la prohibición no importa.
1473
LUISICO.
¡Madre mía hablad!
1474
GRUPO DE PARIENTES.
Prueba excelente y fuerte
de piedad natural en este pobre crío,
1475
que mucho más padece que el dolor maternal.
1476
LEONOR.
Sosiégate bonito, sosiégate mi vida,
1477
ella te besará como tú estás deseoso,
1478
presta está a despertarse: hija mía, mi congoja;
1479
Alfonso, cara espera, ¿qué significa esto?
1480
Todo irá muy bien, hasta del mejor modo,
1481
uno y otra saliendo de su profundo síncope
1482
a respirar comienzan: mi hijo casi azorado
1483
por haber de amor dado un dudoso presagio.
1484
ALFONSO.
¡Ay, qué extraño encanto sorprendió mi firmeza!
1485
Cuanto más se esforzaba inútil resistencia,
1486
¿a quién se imputará de este veneno el fruto?
1487
Quizá una viril frente cubre un corazón blando:
1488
que cede el ánimo ante los primeros progresos
1489
de algo que sin duda daría vida a las rocas;
1490
recobra tu confianza, vista su reflexión
1491
ella y yo respiramos un socorro recíproco.
1492
LEONOR.
No te arrepientas, hijo, de una cosa bien hecha,
1493
tu victoria en este hecho se basa en tu derrota,
1494
no podías mostrar bastante inclinación
1495
a tu mitad, caída en una aflicción tal:
1496
deja de embelesarte con tan dulce beldad,
1497
la belleza que ves no tenía similar,
1498
antaño fue el botín de tu brutal afán,
1499
y su púdica flor muy fuerte en ti anidó:
1500
flor que gestó este fruto, flor que te troca en padre
1501
pudiendo cosechar la loa del vituperio,
1502
gozando en adelante cual justo poseedor
1503
de una que conociste como infame raptor,
1504
no busques subterfugios, o réplica al contrario:
1505
tu padre y yo queremos que la hagas tu esposa.
1506
DON ÍÑIGO.
Sí, piensa obedecer este fatal decreto,
1507
a riesgo de que sea tu enemigo crucial.
1508
ALFONSO.
¿Qué alma tan cruel, por el vicio insensible
1509
soportar puede a gusto su culpa bien lograda,
1510
no querría aceptar la oferta que se me hace,
1511
la oferta de un diamante de virtudes perfecto?
1512
Antes que rechazar la humilde obediencia
1513
que gozar permitiérame de este raro tesoro,
1514
prefiero que me alcance un rayo y me castigue,
1515
mi única ambición se limita a esposarla;
1516
la boda por amor me traspasa el Imperio,
1517
mi anhelo al suyo idólatra respira,
1518
siempre que desposándola acallo el futuro
1519
del ultraje incurrido el vengador recuerdo.
1520
LEOCADIA.
El ultraje me sirve de gran felicidad,
1521
y no pasará día que el corazón le ofrezca
1522
mil humildes promesas de obediencia y tributo,
1523
tal crimen deseable en su absolución,
1524
tal crimen deseable donde el favor divino
1525
en mirtos amorosos cambia un ciprés funesto funesto Tanto Scherer como Tomotani señalan la significación simbólica del ciprés (árbol de la muerte) y el mirto (arbusto del amor). ,
1526
tal crimen perfección de mi felicidad,
1527
al que honor arruinado pone más altamente.
1528
PIZARRO.
Hija tienes razón según mi profecía profecía Scherer indica que se trata de un recuerdo de la reflexión de Pizarro al comienzo de la obra. ,
1529
que contra nuestro anhelo la cosa sale bien,
1530
este naufragio abyecto podía desagraviarte,
1531
podía de una tormenta planificar la calma,
1532
anhelando la ayuda en el momento exacto
1533
de quien lleva el timón de la feliz fortuna:
1534
mas perdonad Señor por la temeridad,
1535
quien sobre un ruido esparce contra la realidad
1536
más bien que de razón la emboscada ha anulado,
1537
la atracción de la sangre muy fácil satisface
1538
de una oscura apariencia...
1539
DON ÍÑIGO.
Dejad a partir de ahora
las excusas con Nos más ligeras que el viento,
1540
tal que obra terminada ya no admite control;
1541
y visto que esta dicha precede a la propuesta propuesta A la propuesta de matrimonio. ,
1542
puesto que el Cielo amigo precipitarla quiere quiere La dicha. ,
1543
rechazando sus frutos sólo se es indigno:
1544
cuanto más recolecta el labrador temprano
1545
de sus trabajos previos queda bien satisfecho satisfecho Tomotani sugiere que don Íñigo asimila el matrimonio a una cosecha anticipada. :
1546
ya que el Misterio Santo requerido al casarlos
1547
es que se celebre antes de que se comunique,
1548
deseo que se prepare un ceremonial regio
1549
un ceremonial público igual a nuestra dicha,
1550
y a nuestra grandeza, que lleva a estos amantes
1551
al deseado trono de su felicidad.
1552