Jean de La Taille
Saúl el furioso
Saul le furieux
Traducción
de
Saul le furieux
La Taille, Jean de. Saúl el furioso [ Saul le furieux ]. Traducido por Silvia Hueso Fibla para la Biblioteca Digital EMOTHE. Valencia: EMOTHE - Universitat de València, 2025.
Joan Oleza Simó
(Investigador principal)
Hueso Fibla, Silvia
(Traductor)
Hueso Fibla, Silvia
(Editor digital)
Español · Verso · 1401 versos
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- Bibliografía
-
Bibliografía crítica
- Bellenger, Yvonne. Le théâtre biblique de Jean de la Taille. Paris: Champion, 1998.
- Cazeaux, Jacques. Saül, David, Salomon. La royauté et le destin d’Israël. Paris: cerf, 2003.
- Chesters, Timothy. "« Jean de La Taille et la scénographie du “creux” : Saül le furieux (1572)". Ed. François Lecerce et Françoise Lavocat. Dramaturgies de l’ombre. Rennes: Presses Universitaires de Rennes, 2005.
- Couffignal, Robert. Couffignal, Robert. Paris: Lettres Modernes Minard, 1999. Saül héros tragique de la Bible. Étude littéraire du récit de son règned’après les livres de Samuel (I S, 9–31 et 2 S, 1).
- Garnier-Zuchelli, Sophie. "La déploration dans Saül le furieux ou la mise en scène de la pitié". L'information grammaticale. 1999, 81, p. 24-27.
- Lecercle, François. "Saül et les effets de spectacle". Les Tragédies de Jean de La Taille. Paris: Université Paris VII, 1998.
- Mazouer, Charles. Le Théâtre français de la Renaissance. 2 ed. Paris: Champion, 2013.
- Mazouer, Charles. Théâtre et christianisme. Études sur l’ancien théâtre français. Paris: Champion, 2015.
- Méniel, Bruno. "Saül et ses démons. Un personnage biblique à la croisée des discours de la fin du Moyen Âge à la Renaissance". Cahiers de recherches médiévales et humanistes. 2006, 13, p. 221-236.
- Thiel Maria Arendina. La Figure de Saül et sa représentation dans la littérature dramatiquefrançaise. Amsterdam: H.J. Paris, 1926.
Nota a esta edición digital
Esta publicación es parte del proyecto I+D+i «EMOTHE: Second Phase of Early Modern Spanish and European Theatre: heritage and databases (ASODAT Third Phase)», referencia PID2022-136431NB-C65, financiado por MICIN/AEI/10.13039/501100011033 y por FEDER Una manera de hacer Europa.
ARGUMENTO
TOMADO DEL PRIMER LIBRO DE LOS REYES El profeta Samuel mandó un día a Saúl —rey al que Dios había elegido antaño a la demanda del pueblo de Israel— que asolase por entero una ciudad llamada Amalec; que destruyese no sólo las gentes, mas todo cuanto allí respiraba, a causa de una antigua ofensa que la divina Majestad quiso entonces castigar. Mas Saúl, no cumpliendo del todo el mandamiento, y habiendo, por descuido o por algún motivo humano, reservado lo más hermoso del ganado —con intención, según él decía, de ofrecerlo en sacrificio al mismo Dios— y además habiendo dejado con vida, por cierta consideración, a Agag, rey de los amalecitas, cayó desde aquel momento en la desgracia del Altísimo; comenzó su decadencia, a perder poco a poco el seso, él, que había gozado desde el principio de tantos triunfos, bienes y honores. De suerte que al cabo Dios alzó contra él a un poderoso enemigo, Aquis, rey de los filisteos, y acaecieron entonces a Saúl hechos lastimosos, que se comprenderán fácilmente en el transcurso de esta tragedia.
PERSONAJES
Saúl
Rey
Jonatán
hijo de Saúl
Abinadab
hijo de Saúl
Melquisúa
hijo de Saúl
El primer escudero
de Saúl
El segundo escudero
de Saúl
La pitonisa
nigromante
El espíritu de Samuel
Un soldado amalecita
Un hombre de armas
David
Coro de sacerdotes levitas
Asamblea de sacerdotes levitas
Acto primero
(Saúl, furioso, Jonatán, Abinadab y Melquisúa)
SAÚL.
¡Ay, Señor! ¡qué visión! ¿Qué veo, mis soldados?
1
¿Qué eclipse repentino entenebrece el cielo?
2
¿Qué noche ya se cierne con lumbres flameantes
3
que arden hacia el mar descendiendo en reflejos?
4
Oh sol, no has completado tu jornada ordinaria:
5
¿por qué, en pleno día tu claridad se extingue?
6
JONATÁN.
Seño, ¿qué pensamiento os turba la cabeza?
7
¿Es acaso el humor de aquel frenesí
8
que a veces os tormenta y ciega vuestra vista?
9
SAÚL.
Ea, mientras reluce la luna en el espacio,
10
carguemos contra nuestros enemigos, a saco,
11
¡hagamos con sus cuerpos una carnicería,
12
que el valle sea inundado con torrentes de sangre!
13
¿No los veo en el aire, volando en derredor?
14
Vamos tras ellos ya, que con mi cimitarra
15
los haré desplomarse quebrados por la tierra.
16
Mas ¿no diviso tres que me miran con saña?
17
¡Venid, que con mi lanza, pues me están acechando,
18
los traspasaré vivos!
19
JONATÁN.
Mas, ¿qué queréis decir?
¿Queréis, en vuestra furia, matar a vuestros hijos,
20
y a vuestro Jonatán? Mirad al insensato,
21
de súbito, a su tienda, lanzándose corriendo,
22
y me habría ultrajado en su furor insano
23
como si ya no fuera el rey Saúl, mi padre.
24
((Entran Abinadab y Melquisúa))
ABINADAB
¡Qué rabia inoportuna le invade en esta hora,
25
cuando la guerra en torno nos asalta sin tregua!
26
¡Oh, si tuviese aquí nuestro David su cítara
27
que ahuyentaba el delirio con sus acordes santos!
28
MELQUISÚA.
Mas David no está aquí, y dicen que ha partido
29
a servir como jefe en el campo enemigo.
30
JONATÁN.
No, no: todo el ejército al fin le ha rechazado,
31
juzgando su confianza y su fe sospechosas.
32
Y marcha ahora a su villa de Siceleg arrasada,
33
por mano amalecita, y si busca venganza
34
no tardará en venir.
35
ABINADAB
Mas, ¿no escucháis, hermanos,
el lamento que tiembla en el eco de los valles,
36
el relincho tremendo que alzan tantos caballos?
37
¿No oís el clamor, el ruido y la borrasca
38
del campo filisteo que contra nos se apresta?
39
¿Hemos de estar dormidos viendo relucir cerca
40
el ejército de Aquis, nuestro fiero enemigo?
41
MELQUISÚA
Ay, ¿qué haremos entonces, si el rey no da gobierno
42
ni atiende al bien común?
43
JONATÁN
Lo tomamos nosotros,
dejando que mi padre divague en su locura,
44
y hablemos ahora de lo que hay que hablar.
45
Pensemos en nosotros, seamos diligentes
46
Pensando en la manera de iniciar la defensa,
47
siendo como el pastor que vigila sus hatos,
48
recorriendo los prados y oteando en las cumbres
49
si del monte desciende el lobo criminal,
50
o si del bosque surge presto para la presa.
51
Si tardamos, la afrenta quedará en nuestros rostros:
52
la ciudad saqueada, deshecha nuestra honra,
53
las mujeres cautivas, los hijos hechos huérfanos
54
ante los propios ojos, presa de filisteos.
55
ABINADAB.
¿Mas quién osará luchar si marchan tan numerosos
56
y nos aventajan con tropas incontables?
57
JONATÁN.
¿No es Dios quien puede, soplando en un instante,
58
deshacer mil escuadras como si nada fuesen?
59
¿Querría consentir que su arca venerable
60
fuese a honrar de Dagón el templo abominable?
61
Iremos a la lid con ayuda de Dios,
62
más firme que la lanza, espada y jabalina.
63
Aunque fueran cien más, si el Señor nos defiende,
64
¿qué resistencia pueden sus contrarios alzar?
65
¿No somos veteranos en capturar naciones?
66
¿No son testigos de ello filisteos y moabitas,
67
y Naas el cruel, y la ciudad de Jabés
68
salvada por nosotros, y Amalec destruido
69
por el enojo fuerte de Dios omnipotente?
70
¿Y los reyes de Soba, y la estirpe idumea,
71
no alabaron con palmas nuestra armada triunfante?
72
Si ya domamos pueblos, ¿qué ha de espantarnos ora?
73
¿No está de nuestra parte la justicia en la lucha?
74
¿Acaso no es razonable defender nuestras vidas?
75
Además, que la tierra donde está el enemigo
76
ya nos fue prometida junto con estos bienes.
77
¿No ocupan los rebeldes nuestra heredad bendita,
78
los campos que destilan la leche y la miel?
79
ABINADAB.
Mas vos sabéis, hermano, cuán incierto es el sino
80
que en toda lid reparte la azarosa fortuna.
81
JONATÁN.
¿Habremos de ceder a infieles obstinados
82
vencidos tantas veces como han sido rebeldes?
83
¿No vimos sus cadáveres infestar los caminos
84
hasta los muros de Ascalón y más allá,
85
cuando David tumbó en el prado verdeante
86
al arrogante tronco del gigante insolente?
87
¿Escapó alguno de sus filas hambrientas
88
cuando en ayuno ardiente les seguimos sin tregua?
89
¿Hemos de palidecer al ver su ejército ahora,
90
si sólo enriquece de gloria nuestra causa?
91
¿No abatió un solo Sansón a mil filisteos
92
armado con la quijada de un asno en sus manos?
93
¿Permitiremos, pues, que en nosotros se marchite
94
la gloria conquistada desde hace tanto tiempo?
95
MELQUISÚA.
¿Y queréis, oh Jonatán, sin prudencia alguna,
96
arriesgar nuestro resto y lanzarnos a la suerte?
97
JONATÁN.
La necesidad urge, y si es forzoso morir,
98
no es mejor morir ahora valientemente
99
que envejecer cobardes consumidos de tedio,
100
enemigos de toda virtud, de vigor y ardor.
101
Que otros alaben la vejez y su consejo;
102
no hay más gloria que el fuego que da la juventud,
103
el oro de la barba antes que cana plata,
104
aunque se prueben riesgos y azares numerosos,
105
se consagra así un nombre a la gloria futura.
106
Corramos a la lucha antes de que el destino
107
nos condene a unas camas de dolencia senil.
108
Gastemos la presente vida mortal y rápida,
109
seguida por la eterna que nos dará reposo.
110
Antes me mataría que arrastrar lento cuerpo
111
apoyado en tres pies por corroídos años,
112
odioso a los hombres, molesto, desabrido,
113
muerto en vida, sin honra ni duelo recibido,
114
y al fin despeñado en los Infiernos oscuros
115
cual rescoldo extinguido y sin brillo de gloria.
116
Para no envejecer, juventud ofrezcamos
117
Y dulce primavera, a la inmortalidad,
118
Con la espada y la lanza, recibiendo mil golpes
119
A la cara, mejor que uno solo a traición.
120
¡Vayamos a morir para el vivir eterno:
121
mejor mil muertes nobles que huir en deshonra!
122
¡Antes morder el campo bañado en nuestra sangre,
123
Que recular un paso nuestra primera línea!
124
MELQUISÚA.
Sí, hermanos, marchemos: que una victoria noble
125
perpetúe la fama de nuestro honrado nombre,
126
o recibamos muerte gloriosa como premio,
127
cuyo lauro celeste no borrarán mil años.
128
Y aun si nuestra sangre se esparce por la tierra,
129
vendrá el pueblo doliente a llorar nuestras frentes,
130
y sobre nuestros cuerpos verterá flores santas.
131
Vamos ya, que es sagrado ceñir la lanza al hombro
132
por la salud gloriosa de la patria nativa.
133
¡Tengamos este día la victoria o la muerte!
134
JONATÁN.
¿No estamos unidos de común acuerdo?
135
ABINADAB.
¿Qué aguardamos, hermanos? ¿Querríamos acaso
136
que el fiero rey Aquis viniera a sorprendernos?
137
Antes con un asalto mostremos al soberbio
138
que en vano se abalanza contra sus vencedores.
139
MELQUISÚA.
Recorramos el campamento sin demora,
140
vayamos fila a fila y con buenas palabras
141
Que mantengan el orden, para que los soldados
142
Y todas nuestras gentes se apresten al combate,
143
dividamos en partes la armada poderosa,
144
y a lances de batalla probemos la fortuna.
145
ABINADAB.
Yo tomaré los primeros rangos de la contienda.
146
Mas siento que mis pies se aferran a la tierra.
147
JONATÁN.
Y mi ardor ya me arrastra, quisiera yo lanzarme,
148
mas, el pie se me traba y casi me derrumba.
149
MELQUISÚA.
¿No veo en lo alto un rayo de siniestra centella?
150
JONATÁN.
No dejemos de ir: acaso un mal presagio
151
Podría debilitar nuestra alma embravecida?
152
Ea, marchemos todos. ¡Y vos, sagrado Coro,
153
rogad ahora a Dios que Israel sea vencedor!
154
CORO DE SACERDOTES LEVITAS
Ya que por todos oramos,
155
exentos, libres estamos
156
De seguiros a la guerra
157
nosotros, padres levitas.
158
Id pues, príncipes dichosos,
159
salid valientes y heroicos,
160
y por vuestro brazo marcial
161
alejad a los filisteos
162
fuera de nuestras fronteras.
163
Mostrad el ejemplo al ejército,
164
tocad primero las alarmas,
165
pues desde la cuna os llaman
166
valor, sangre y corazón
167
a salvar al pueblo israelita.
168
Mostrad que vuestro nacimiento
169
Corresponde al del gran Rey
170
Que sujetó con su ley
171
El primero, a Judea.
172
Tú, Jonatán sin igual,
173
el más gentil, dulce y bello,
174
Que verá el Sol en el mundo,
175
en quien Dios derrama bienes
176
que reserva a sus escogidos:
177
tú serás, noble príncipe,
178
valiente en la batalla,
179
Nuestro escudo y echarás
180
con tu dura cimitarra,
181
al impío de esta tierra.
182
Como otra vez triunfaste
183
cubriendo el llano de sangre,
184
y de cuerpos enemigos.
185
¡Qué bienaventuranza
186
si viésemos repetida
187
victoria semejante!
188
¿No volverás algún día
189
sobre carro reluciente,
190
coronado en las ciudades,
191
siendo Israel enriquecido
192
con los despojos del rebelde?
193
Todos esperan besarte
194
la diestra poderosa,
195
que habrá destrozado multitudes
196
de pueblos incircuncisos.
197
Y entonces un nuevo salmo
198
Dará las gracias a Dios
199
por tu palma gloriosa.
200
¡Oh, que pronto pudieras,
201
llevando en noble frente
202
la corona de tu padre,
203
regir al pueblo fiel!
204
Mas, sea lo que deba ser,
205
oh Dios, y hágase tu voluntad.
206
Acto segundo
El Primer Escudero de Saúl
solo. ¡Oh Dios mío! ¡Qué furor y qué gran frenesí
207
se han cebado hace poco en el ánimo del Rey!
208
¡Qué lástima tan grave ver a un rey allí dentro,
209
sangriento y furioso, rugiendo fuera de sí,
210
masacrando a su paso a todo hombre viviente!
211
A unos descuartiza, a otros los abate,
212
y hay muchos que escapan del horror de su brazo.
213
Mas yo le dejé allí, recubierto de sangre,
214
caído en su pabellón, rendido al fin del ímpetu,
215
donde el cansancio puso a su furor reposo.
216
Y duerme a pierna suelta: yo escucho su ronquido,
217
y aun en los sueños siento rugir su locura.
218
Ora levanta el brazo, ora los pies sacude,
219
ora suspira en medio de su sueño, iracundo.
220
No hay sosiego en su mente presa del torbellino:
221
gira sobre un costado, cayendo al otro presto,
222
mientras sueño amargo digiere su veneno.
223
Mas como el mar bravío al que azotan los vientos
224
en fuerte tempestad, aunque cese la ráfaga,
225
Sus aguas no aparecen calmadas prontamente;
226
así está su espíritu, trastornado y revuelto,
227
no alcanza a sosegarse ni apagarse en la calma.
228
Pues estando tendido, yaciendo como bestia
229
Se levanta de golpe, moviendo la cabeza
230
Miradlo levantado, mirad cómo fulgura
231
la rabia que aún arde en sus ojos furiosos.
232
(Saúl y el Escudero.)
SAÚL.
Emerge ya la aurora, tiñe el cielo de púrpura.
233
Ea, traed mi arco, que quiero dispararlo
234
contra monstruos cornudos que desnudos combaten
235
en las mismas alturas de esas nubes errantes.
236
EL ESCUDERO.
¡Qué delirios confusos dominan su cerebro!
237
SAÚL.
Quiero subir al cielo. ¡Presto, uncid mis caballos!
238
Haré como los Gigantes: amontonando montes,
239
derribaré corriendo a ángeles y demonios,
240
y seré rey del cielo, ya que he puesto en fuga
241
a mis grandes contrarios, simiente exterminada.
242
EL ESCUDERO.
¿A qué señala, ay Dios? ¿Qué locura le prende?
243
Le veo tembloroso, abatido y sin dueño.
244
¡Qué rostro inflamado! ¡Señor, apiádate,
245
y que con su descanso se vaya su locura!
246
SAÚL
(volviendo en sí). ¿Qué monte es este, dí? ¿Contemplo yo la aurora
247
o acaso ya declina el curso del gran sol?
248
¿Eres tú mi escudero? ¿Es la tropa levítica?
249
¿Qué hice yo para que todos de mí huyeran?
250
¿Quién ha tiznado mi cuerpo con tanta atención?
251
¿Y estos pabellones? ¿En qué tierra me encuentro?
252
Dímelo pronto tú, mi fiel escudero.
253
EL ESCUDERO.
¿Ya no guardáis memoria, mi señor soberano,
254
que se llama Gelboé el monte en que acampasteis
255
para salir al paso de Aquis y su hueste,
256
erigida tan cerca con fuerzas filisteas
257
para abatir de todo a nuestro pueblo armado?
258
Y ya vuestros tres hijos y numerosas tropas
259
os adelantan ahora para abrir la batalla.
260
Es menester pensar si se acude al combate
261
o si espera Israel ruina y muerte segura.
262
Recobrad vuestra fuerza y vuestro seso entero,
263
para no caer presa de los incircuncisos.
264
Mas os quedáis callado, ahora palidecéis…
265
SAÚL.
¡Ah! Siento dentro de mí, en lo más profundo,
266
remontar el recuerdo de mis flamantes males
267
Que aviva la tristeza en que me veo abocado.
268
Los pensamientos queman la entraña de mi pecho,
269
me hunden en un océano de dolor insondable.
270
Sólo en mi sueño, arrastrado en furor delirante,
271
lograba un breve engaño que velaba mi pena.
272
Pero ahora ¿qué haré, si Dios me desampara,
273
me expulsa y me destierra de su gracia primera?
274
¿Siempre habrá tempestades moviendo mar bravía?
275
¿Siempre reinará el frío? ¿Siempre lloverá el aire?
276
¿No todo tiene fin? ¿Y tú, ira divina,
277
jamás cesarás de pesar sobre mí sin medida?
278
Aborrecido soy de los hombres y de ti,
279
padezco mil cuidados y nadie de mí cuida.
280
Mas dime tú la causa, razón de tanto odio,
281
¿por qué me dejas solo en tormento tan grande?
282
¡Ay Dios! ¿Qué he cometido, qué crimen merecí
283
para que eternamente tu enojo me persiga?
284
EL ESCUDERO.
¿No recordáis ya, oh Sire, que el gran Dios soberano
285
mandó por su profeta que asolaseis Amalec,
286
que os cerró los caminos a la vuelta de Egipto,
287
y que os ordenó arrasarlo sin dejar alma viva?
288
Mas cuando destruisteis su ciudad destinada,
289
conservasteis el ganado más hermoso y lozano,
290
cuando Dios por Samuel os había prevenido
291
que nada se guardase, que todo sucumbiera.
292
Perdonasteis la vida del miserable Agag,
293
antes que ensuciar con sangre vuestras manos.
294
SAÚL.
¡Oh, insondable queda tu providencia augusta!
295
Por ser humano sufro el encono divino,
296
y si cruel me mostrase, quizá fuere benigno.
297
¡Desdichado de mí! ¿Ha de ser vencedor
298
quien use su rigor, olvide la piedad,
299
Degüelle a tantas gentes y no sea consciente
300
De que fortuna tal común les será a todos?
301
¿No vale mucho más salvar el propio honor
302
que ostentar solo fuerza en crudeza sangrienta?
303
EL ESCUDERO.
Guardad vuestras palabras, no os despeñéis, oh Rey,
304
blasfemando del alto destino del Señor.
305
No provoquéis su cólera con imprudencia vana,
306
reconoced humilde su justicia divina.
307
¿Es que no os acordáis del campo en que nacisteis,
308
simple hijo de Cis, un campesino pobre,
309
linaje de Benjamín, el menor de Israel,
310
la estirpe más postrera y abatida del pueblo?
311
Pensad pues en el tiempo en el que un rebaño
312
Se perdió por los campos y en que él os mandó
313
partir hasta encontrarlo. Pensad cuánto errasteis
314
por montes y por bosques, sin poder encontrar
315
al rebaño perdido y al final ocurrió
316
la aventura fatal que os llevó a alcanzar
317
la dignidad real: puesto que el gran Samuel,
318
profeta de alta fama y caudillo de Israel,
319
a quien ordenó el cielo espiarte en las sendas
320
para daros noticia de las bestias perdidas,
321
os ungió rey primero sobre la grey hebrea,
322
el primero y más grande que ella jamás tuviera.
323
Pensad en las victorias que el Altísimo os diera
324
en todos los lugares do llevasteis la guerra.
325
Pensad primeramente que desde el primer año
326
Entró en vuestro país un terrible tirano,
327
Éste fue el cruel Naas, rey de los amonitas,
328
Que saqueaba con soberbia las villas israelitas.
329
Era tan fiero y cruel que el ojo diestro vaciaba
330
A todo aquel hebreo que ante él se presentara.
331
Sin el diestro no podían servir más para la guerra.
332
Pensad que vino a asediar la ciudad de Jabés-Galaad
333
Y que amenazó a sus gentes con rendirse siervas
334
Y perder un ojo o esperar saqueo y muerte dolorosa.
335
Y así atemorizados os pidieron socorro
336
Y siete días de tregua gracias a vos tuvieron.
337
Y fuisteis vos, Saúl, quien, por Dios inspirado,
338
levantó una armada y libertó la plaza,
339
Del asedio, saqueo y de la gran crueldad.
340
Sorprendisteis a Naas, arrasando sus huestes,
341
ganando vuestro nombre gloria por estas tierras.
342
Pensad entonces cómo los mismos filisteos
343
Contra vos armaron una extrema potencia
344
Cuyo número iguala las arenas del mar,
345
Y que con gran malicia, nos dejaron sin armas
346
Y hasta sin armadores, para que no pudiéramos
347
Ofrecer resistencia, sin espadas ni lanzas.
348
Pensad que aquella vez, con sola compañía
349
De un campo desarmado y un pueblo asustado,
350
fue Jonatán vuestro hijo, con solo su coraje,
351
quien logró liberaros de aquel peligro enorme.
352
Con un solo escudero, enfrentó al enemigo,
353
Mató a veinte enemigos que dormían indefensos,
354
y del pánico huyeron y cayeron en matanza,
355
pues les perseguisteis, aumentando el desorden
356
Y con sus propias armas, carroña les hicisteis.
357
Mas, en vez de premiar el valor de Jonatán
358
Casi le disteis muerte por probar de esa miel,
359
Que un vuestro edicto ordena, tomar sólo en la noche.
360
En fin, pensad también en las demás victorias
361
que Dios os permitió y que son muy notorias.
362
Dad gracias al Señor por tan grandes honores,
363
y no lo injuriéis por tan poquita cosa,
364
pues Él con su bondad os concedió la gracias
365
de cetros que otros logran con guerras y con fuego.
366
SAÚL.
Bien sé que nadie apela contra el alto dictamen
367
del tribunal eterno, irrevocable al hombre.
368
Mas hoy la Palestina se levanta encendida
369
para cumplir sentencia de mi total ruina.
370
Pues saciaré su enojo y dispuesto me hallo
371
a morir ahora mismo, pues mi muerte le place.
372
EL ESCUDERO.
No os desesperéis, mas, con fe y esperanza,
373
soportad vuestros males aguardando su gracia.
374
Pensad cómo es injusto el odio que sentís
375
contra el joven David, por haber dado muerte
376
al profeta Ajimelec y a todo su linaje,
377
solo porque David se refugió en su casa.
378
Y también sentís pena, por el afecto fiel
379
De David y Jonatán.
380
SAÚL.
¿No debería mi hijo
odiar al que sospecho que habrá de arrebatarle
381
un día la corona, con toda la razón?
382
EL ESCUDERO.
No encubramos los yerros que habéis cometido,
383
rogad que Dios por bondad, los pecados perdone
384
invocadle contrito, pues cuando el hombre ruega
385
halla el Señor benigno, mas, si se le provoca
386
Siendo presuntuoso para justificarse,
387
sólo aguza la pena y castigo venidero.
388
SAÚL.
¡Ah, no me hables más! Locura sería esperar
389
que el Señor me defienda, que se digne a ayudar
390
Viendo que hoy me aborrece; pues si aún me estimara
391
como antes lo hacía, me habría revelado
392
el camino a seguir: pero ni por los sabios
393
mensajes de los ángeles, ni por los avisos
394
de sueños o visiones que la noche me muestra,
395
respuesta no me ha dado, ni tampoco consejo.
396
¡oh Samuel, oh Samuel verdadero profeta,
397
ya no estás en vida, cuánto anhelo tu voz,
398
pues bien tú me dirías lo que ahora debo hacer!
399
Pero tú, Señor, responde desde el cielo:
400
¿Debo ir contra Aquís? ¿Tomar las armas ya?
401
¿Lo venceré o no? ¿Debo rendirme ahora?
402
Por favor, que tu voz me diga qué hacer.
403
Mas, como tu silencio no muestra una respuesta,
404
sólo puedo esperar la victoria segura
405
de tantos enemigos, y mi propia vergüenza.
406
Me pierdo en el temor de verles poderosos
407
y no poder evitar el mal de cien mil muertes.
408
¡Ay!, desde que tomé esta real corona,
409
cuarenta vueltas dio el sol sobre mi pena,
410
¿y debo desde ahora hundirme en los cuidados
411
de una horrorosa guerra, en la edad en que más
412
la paz mi alma espera?
413
EL ESCUDERO.
Dejad esas palabras,
Que abatirán el ánimo del ejército nuestro.
414
SAÚL.
Confuso estoy de horror, de terror y de dudas,
415
ningún consejo firme arraiga en mi cabeza.
416
Por eso quiero indagar con afán diligente
417
el desenlace oculto de esta guerra fatal,
418
para intentar salvarnos, o por acuerdo honrado,
419
o por muerte violenta, o por un gran esfuerzo.
420
EL ESCUDERO
¿Queréis entonces saber los que os depara el futuro?
421
Mas gran yerro es saber lo que os trae el porvenir.
422
SAÚL
Sabiéndolo, se puede obrar con seso firme.
423
EL ESCUDERO.
¿Pensáis mudar destino sólo por conocerlo?
424
SAÚL.
El sabio huye a tiempo del golpe que se anuncia.
425
EL ESCUDERO.
Nadie huye jamás del dictamen del cielo.
426
SAÚL.
Más hiere la desgracia al ser desconocida.
427
EL ESCUDERO.
Más abrasa el tormento previsto de antemano.
428
SAÚL.
En fin, sabré mi suerte con arte nigromante.
429
EL ESCUDERO.
Mas Dios lo ha prohibido: ¿no recordáis acaso
430
que mandasteis dar muerte a todos esos brujos?
431
SAÚL.
Ayer ya despaché un fiel escudero
432
a buscar quedaba alguno en un villorrio.
433
Mas helo aquí que vuelve trayendo su mensaje.
434
((Entra el Segundo Escudero))
EL SEGUNDO ESCUDERO.
Señor, me han advertido de que hay cerca de aquí
435
una dama hechicera en la villa de Endor,
436
que sabe transformar su forma en mil figuras,
437
y hacer bajar los olmos más altos de los montes,
438
detiene los planetas en su giro celeste,
439
hace vagar las almas por fuera de sus tumbas,
440
sabe extraer la espuma de la brillante luna,
441
sabe trocar la luz del sol brillante en sombra
442
E incluso su luz nubla murmurando sus versos.
443
En suma, si lo quiere, hace temblar al mundo.
444
SAÚL.
Iremos los tres juntos a buscar su morada,
445
necesario es cumplir esta empresa funesta;
446
Pues he de conocer por su arte la verdad,
447
Con disfraz ocultemos mi real semblante.
448
El Coro de Levitas.
¡Oh Dios, que nos libraste
449
del yugo de Egipto,
450
que antaño en desiertos
451
nos serviste de guía
452
ahogando al tirano
453
y a su armada en el agua.
454
De los incircuncisos
455
Libra ahora a tu gente:
456
Han alzado sus tiendas
457
Para darnos cruel muerte
458
Y será gran vergüenza
459
Si su fuerza nos vence.
460
Dirán por todas partes
461
Que tu fuerza es pequeña
462
si no puedes rescatar
463
a tu pueblo israelita.
464
y de dicha victoria
465
presumirán altivos.
466
Pero nuestro castigo
467
Posterga a otros tiempos,
468
Pues grande es la miseria
469
A que estamos sujetos
470
Con un príncipe loco
471
Que nos gobierna mal.
472
¡Israel está cansado
473
De tus viejas demandas
474
Pues eres insensato
475
Buscando en las tinieblas
476
De las mágicas artes!
477
¡Maldito el inventor
478
De la primera magia,
479
maldito sea el hombre
480
que primero abrió
481
los cerrojos secretos
482
que el Señor tenía ocultos!
483
Tan nociva es la ciencia
484
para el hombre curioso,
485
como el fruto maldito
486
del manzano prohibido.
487
¡Guárdate, Rey funesto,
488
de consumar tal crimen!
489
¡Malditos nigromantes
490
y malditas las brujas
491
que despiertan las sombras
492
de tumbas silenciosas,
493
violando el campo santo
494
para sus malos fines!
495
¡Que su curiosidad
496
Sea por siempre maldita,
497
Pues imita contra haciendo
498
La dignidad del profeta,
499
Engañando almas cándidas
500
Con sus locas vanidades!
501
Ya adivinen por el aire,
502
por fuego, tierra o por humo,
503
por el agua cristalina,
504
por el reflejo del vidrio,
505
por las líneas de las manos,
506
o mil otras fantasías.
507
Tales los encantadores
508
Que a todo Egipto cautivan,
509
los vanos imitadores
510
De lo que Moisés hacía.
511
Blasfemando con sus artes
512
Imitaban sus milagros.
513
Tales, a los que Saúl
514
Mandó al fin decapitar,
515
Y que ninguno escapó
516
Sin ver su testa tronchada.
517
Mas el mismo, ¡oh gran locura!
518
En la magia cree ahora.
519
Acto tercero
(Un soldado amalecita y los levitas.)
EL SOLDADO.
¿En qué peligro atroz, rayano a la muerte
520
me vi en el día de hoy? ¿Quién lo hubiera creído?
521
LOS LEVITAS.
¿De dónde huye este hombre? ¿Y por qué tal espanto?
522
¿Por qué mira sin cesar tras de sí, desvelado?
523
EL SOLDADO
¿Estoy aquí seguro de los filos de acero,
524
cuyo furor apenas he logrado esquivar?
525
Oh, David, dichoso hoy al sorprender a quienes
526
lograron sorprenderte.
527
LOS LEVITAS
Hemos de hablar con él.
Dinos, ¿quién eres tú y de dónde vienes?
528
¿Surge alguna alarma en nuestras propias filas?
529
EL SOLDADO.
Yo soy amalecita, y no vengo ahora mismo
530
del campamento hebreo, que aún no sufre ruina;
531
vengo, ay, de un lugar que ya no es campamento,
532
sino despojo que hizo David sobre Amalec.
533
LOS LEVITAS.
¿Cómo? ¿No está David con el ejército contrario,
534
donde lo hicieron jefe?
535
EL SOLDADO
Por fin lo apartaron.
Cierto es que, por la ira de Saúl y su rencor,
536
sirvió entre los de Aquís, sumido en el temor
537
- así suelen hacer los caídos en desgracia -
538
pero los cabecillas no quisieron buscar
539
ayuda en el que otrora fuera su enemigo;
540
aunque lo recibieron y aunque Aquís le dio
541
el pueblo de Siceleg, que está en aquellas tierras,
542
no se podían fiar de personaje tal,
543
pues sólo serviría al rey en detrimento
544
de sus propios jefes. Sabiéndolo allí,
545
los hombres de Amalec saqueamos Siceleg,
546
y casi hecho cenizas lo halló cuando volvió.
547
Mas no sé cómo pudo entonces sorprendernos,
548
pues cuando con ganado, con mujeres y niños
549
marchábamos gloriosos hacia nuestra región,
550
David y sus soldados nos sorprenden de lejos,
551
en medio de la cena, los unos embriagados,
552
otros extenuados, en sueños los demás…
553
deshizo nuestras filas, haciéndonos pedazos.
554
Recuperó el botín; apenas cuatrocientos
555
huyeron como yo sobre bestias cansadas.
556
LOS LEVITAS
Merecido tenéis lo que habéis contado.
557
EL SOLDADO
Así es como logré escapar del degüello.
558
LOS LEVITAS
¿A dónde quieres ir, soldado, en esta hora?
559
EL SOLDADO
A buscar con vosotros fortuna más propicia.
560
LOS LEVITAS
Marcha, pues, en buen hora, las armadas se aprestan
561
para entrar en combate y están aquí cerca.
562
Y llega con el rey, vestido extrañamente,
563
la dama Pitonisa. ¡Empresa condenada!
564
(LA PITONISA, SAÚL, PRIMER Y SEGUNDO ESCUDERO)
LA PITONISA
Quienquiera que tú seas, señor, que, como dices,
565
vienes a buscar mi arte desde tierras extrañas,
566
¿qué mal te habré hecho para que así le tiendas
567
Esta trampa a mi vida y todo por sorpresa?
568
¿Vienes acaso a saber los castigos crueles
569
que infringió el rey Saúl a nuestros nigromantes?
570
SAÚL
Nada temáis, señora: yo ahora testifico
571
por el Dios de allá arriba y la celeste bóveda,
572
que guardaré el secreto de tal manera que el rey
573
nunca por mí se entere y nunca te haga daño,
574
Mas te conceda honores y todo el bien posible.
575
LA PITONISA
No pido otro pago que el silencio absoluto.
576
¿De qué modo deseas utilizar mi ciencia?
577
SAÚL
Sabes de mi infortunio, sabes de mi dolor,
578
y si ahora deseas prestarme tu auxilio:
579
haz venir hasta aquí, por conjuros y versos,
580
el alma de Samuel desde el profundo Abismo,
581
para que en esta urgencia y grave situación
582
me otorgue consejo sobre lo que he de hacer.
583
LA PITONISA
No es la primera vez que mi arte prodigioso
584
ha despertado a alguien del sueño de la muerte,
585
y aunque el sol veinte vueltas haya girado ya
586
desde que ese profeta se cuenta entre los muertos,
587
yo no dejaré hoy de obligar a su espíritu
588
a venir hasta aquí, pese a su voluntad;
589
gracias a mis demonios, esclavos de mis versos,
590
que siempre obedecen a todo lo que mando.
591
Habiendo terminado con las invocaciones
592
iré a retirarme para hacer los conjuros.
593
¡Oh, demonios sabios, dispersos so la luna!
594
¡Si alguna vez recibí de vosotros favor,
595
si siempre os he honrado como os corresponde,
596
si nunca os encerré en círculo ninguno,
597
venid a obedecer el mando de mi voz;
598
y vosotros que estáis en mi anillo sagrado
599
como almas esclavas, si aprendí de vosotros
600
todo cuanto quise, venid aquí a servirme;
601
y vosotros, diablos, que al primer hombre hicisteis
602
gustar fatal manzana, para perjudicarle;
603
gloria de los infiernos, Satán y Belcebú,
604
que al hombre obligáis a cometer abusos;
605
y tú, Leviatán, Belial, Belfegor,
606
a todos os invoco!; y a vosotros, ángeles,
607
a quienes la soberbia lanzó con Lucifer
608
desde el alto Olimpo hasta el profundo infierno;
609
si os he consagrado mi alma desde la cuna,
610
si solo de vosotros depende mi destino,
611
venid y haced prodigio: haced volver aquí
612
el alma de aquel que nunca os hizo caso;
613
mostrad vuestro poder al humano linaje,
614
mostrad que nuestra magia no es una cosa vana,
615
trayéndolo a la fuerza, aun contra su Dios
616
también contra los ángeles, hasta este lugar;
617
mostrad cómo podéis retorcer la natura,
618
y si cada elemento cede a vuestro murmullo,
619
mostrad cómo podéis ensangrentar los cielos,
620
encantar a los astros, a Febo y a la luna.
621
Venid pues a ayudarme; y que la grande luz
622
no ilumine jamás la última jornada,
623
en la cual aquí bajo no viva nadie más,
624
Dios condene a los malos, salve a los elegidos;
625
y no nazca jamás el mesías prometido
626
con que se os amenaza en tantas profecías.
627
Espíritu de Samuel, ¿qué haces ahí abajo?
628
¿No haces caso a mi arte, mis versos, a mi enojo?
629
¿Me desprecias acaso? ¿No sientes mi poder?
630
Mas si nuestro furor intentas encender,
631
juro por el Gran Dios que no osaré nombrar,
632
que tú vendrás al fin, porque la prisa me urge.
633
¿Soy una encantadora loca, inútil y vana?
634
¿Acaso he olvidado saberes que tenía?
635
A todo el que te invoca con acento tesalio
636
siempre obedeces presto, ¿y ríes de mi poder?
637
Vosotros, mis demonios, tan tardos que me ofendo
638
y puedo castigaros, si encendiendo mi ira,
639
se inflama mi rabia; ayudadme, o si no...
640
LOS LEVITAS
¿Dónde va, sin el rey,
641
esa bruja maldita
642
que murmura entre dientes
643
versos furiosos sin fin,
644
y con cabello suelto
645
vaga tan confundida?
646
SAÚL
¡Ay, menudo espanto! Se me eriza el cabello
647
ante los alaridos que lanza Pitonisa,
648
que en secreto ejecuta sus oscuros conjuros.
649
¿Qué piensas, escudero? ¿Qué habremos de hacer?
650
Oyéndola aquí, siento un temor extraño
651
errando en mi pecho que ahora me presagia
652
no sé qué infortunio. ¡Ay, apartad de aquí
653
rayos y tempestades, que ya se está acercando…!
654
PRIMER ESCUDERO
Señor, ¿en qué pensáis? ¿Queréis continuar
655
lo que sabéis muy bien que desagrada a Dios?
656
LA PITONISA
Tú me has engañado, oh miserable rey,
657
que con falso disfraz ocultarte has logrado,
658
pero al fin he sabido todas tus artimañas.
659
SAÚL
Soy como dices, pero no temas mi presencia.
660
¿Dime qué has visto?
661
LA PITONISA
Un espíritu divino.
¡Oh, la gran majestad que reluce en su forma!
662
SAÚL
¿Cómo es?
663
LA PITONISA
Anciano, de porte venerable,
delgado, y vestido con sagrado ropaje.
664
SAÚL
Ve, haz venir a aquel al que has mencionadoe:
665
seguro que es Samuel, que me ha reconocido.
666
Estoy más agitado que el mar cuando lo azotan
667
los vientos, las tormentas, tempestad y granizo.
668
¡Pero qué terror siento, pensando que mis hijos
669
del combate que enfrentan no regresen triunfantes!
670
PRIMER ESCUDERO
¡Pobre de mí! ¿qué veo? ¡Señor, qué maravilla!
671
¿Qué fantasma es ése? ¿Es un sueño o vigilia?
672
¿Acaso no es Samuel, pálido y reluciente,
673
al que trae la bruja? ¡Oh, Qué espanto más grande!
674
LOS LEVITAS
¿Permitís esto, Dios, oh alto Cielo, oh Tierra?
675
LA PITONISA
Señor, sólo me queda preguntaros ahora
676
lo que quiere saber, pues voy a repetir
677
todos mis conjuros para forzarle a hablar.
678
LOS LEVITAS
Mírala cómo sigue murmurando al oído
679
de ese doliente espíritu que aún no despierta,
680
con sus vanas palabras; ¡oh, sol, y no ocultaste
681
tus poderosos rayos al ver todo este horror!
682
¡Cuánto le hacen sufrir! Pero el Señor celeste,
683
que tal arte contrario a su poder detesta,
684
no puede consentir.
685
LA PITONISA
Ven aquí de nuevo,
y sin hacer aquí señas de tu poder,
686
háblanos claramente sobre el Rey y su suerte,
687
y si sus tres hijos saldrán vencedores del combate
688
o si serán vencidos.
689
LOS LEVITAS
Ay, un frío temor
cierra tan fuerte el alma, la voz del rey
690
que ya no sabe cómo iniciar su demanda;
691
pero arrodillado inclina la cabeza
692
ante la majestad de ese anciano santo,
693
que, rompe el silencio en palabras forzadas
694
moviendo la cabeza.
695
EL ESPÍRITU DE SAMUEL
¡Oh, maldita hechicera!
¿Por qué me haces ver dos veces esta luz?
696
Oh, falsa hechicera, que con versos nefastos
697
atormentas sin fin a las almas difuntas;
698
que con negros conjuros secas siempre los vientres
699
De las vacas y bueyes de toda la región;
700
que asustas a las madres con tus encantamientos
701
Que pronostican siempre la muerte de sus hijos;
702
¿pretendes con tu magia amenazarme ahora?
703
Y tú, el rey más maldito, ¿cómo tienes la audacia
704
de inquietar el reposo dado a los espíritus,
705
tras haber recibido mi perdón hace tiempo?
706
SAÚL
Perdóname otra vez, profeta venerable,
707
si la necesidad y ruina miserable
708
me incitan a romper tu sempiterno sueño;
709
pues ora necesito de tu sabio consejo.
710
Cerca de aquí se agrupan hordas de filisteos
711
armados fieramente para aplastar mi testa;
712
los profetas y Dios, la tierra, el cielo, el aire
713
contra mí se conjuran; por eso te llamé.
714
SAMUEL
Si Dios, la tierra, el aire conspiran contra ti,
715
Pues ¿para qué me buscas? ¿Qué esperas alcanzar,
716
si con tu insistencia ya no puedes cambiar
717
los males que por mí te fueron revelados?
718
Aun así, quieres que yo, sumando ultraje a ultraje,
719
pronuncie todavía tu sentencia final.
720
Debes saber que Dios ha resuelto hace tiempo
721
entregar tus dominios a otro rey elegido;
722
es David, al cual tú, por tu malsana envidia,
723
muchas veces trataste de arrebatar la vida.
724
Pero esta vez tus hechos recaerán sobre ti,
725
pues tu reinado y vida juntos acabarán.
726
Pronto a ti y a tu gente os veré en el infierno
727
puesto que Aquís sin duda os va a mostrar la ruta.
728
Así, por tus locuras, tus hijos y sus gentes
729
serán arruinados, vencidos y deshechos.
730
Y después de tu muerte, tu estirpe toda entera
731
dará cuenta al Señor por tu vida sangrienta,
732
y tus hijos, sobrinos y toda tu familia
733
verán el día fatal, llenos de mil desgracias.
734
Por traición morirán unos de horrible muerte,
735
los demás morirán sobre cruz vergonzosa,
736
porque no obedeciste a la divina voz,
737
como así tú debías, ni ejerciste venganza
738
que yo te mandé contra el amalecita.
739
LOS LEVITAS
De Samuel el espíritu
740
tras sus ojos cerrar,
741
ha desaparecido
742
en el sueño perpetuo.
743
SAÚL
¡Oh, consuelo funesto que agrava mi dolor!
744
¡Qué desesperación! Sostenedme, yo, yo…
745
LOS LEVITAS
¡Ahora el Rey está
746
sumido en confusión,
747
y yace sin sentido
748
por cuanto ha escuchado!
749
LA PITONISA
Mi triste corazón hieres con gran dolor
750
¡oh, Rey más desdichado que la propia miseria!
751
Vuelve en ti, con valor, muéstrate a todo el mundo
752
no mujer, sino hombre; no hombre, sino rey.
753
El grito, el llanto ocioso y el vano lamento
754
no harán sino aumentan nuestra gran pesadumbre.
755
SAÚL
¡Oh, grandeza funesta, en qué abismo maldito
756
me lanzas desde ahora, oh, falso trono real!
757
Mas, ¿a quién ofendí cuando desde mi choza
758
me sacaste, oh Dios celoso de mi suerte,
759
cuando vivía feliz sin maldición alguna,
760
sin rencor ni envidia, sin odio, ni ambición?
761
¡Para hacerme caer desde mayor altura
762
de entrada tú me hiciste el joven favorito!
763
¡Vaya linda manera de ir a buscar a un hombre
764
para después hacerlos caer desde lo alto!
765
Me atrajiste con honras, me elevaste a la gloria,
766
me hiciste triunfante, me diste la victoria
767
me moldeaste a tu gusto y como tú quisiste
768
transformaste mi alma: tú mismo me escogiste.
769
Sobre el pueblo quisiste situarme tan alto
770
como los grandes pinos sobre todo un paisaje,
771
me ungiste como Rey, me alzaste ex profeso
772
para después hundirme en un mar de desgracias.
773
¿Quieres pues, inconstante destruir míseramente
774
al primer rey del mundo que tú mismo elegiste?
775
LA PITONISA
No pierdas la esperanza: tu dolor, qua a compasión
776
movería a una roca, a un tigre, a un león,
777
tal vez conmueva a Dios, que es muy piadoso.
778
SAÚL
¡Cuán funesta me fue, Señor, aquella hora
779
en que desde mi choza salí a por el ganado!
780
Allí empezó el mal que ahora lamento,
781
que me hace añorar aquella antigua suerte.
782
Mas ¿por qué fue trocado mi antiguo cayado
783
en un cetro engañoso, tan falso y tan traidor?
784
LA PITONISA
Señor, señor, olvida tu llanto al escucharme:
785
bien sabes que he sido tu humilde servidora,
786
a tus mandatos siempre me he mostrado obediente.
787
sabes que yo por ti puse en riesgo mi vida
788
y puse a tu servicio mi arte y mi labor.
789
Si en todo obedecí presta a tu palabra
790
no me niegues ahora una petición sola:
791
concédeme el favor de entrar en mi casa,
792
de reforzar tu cuerpo tomando algo de vino,
793
pues el sol ya te encuentra exhausto y en ayunas.
794
SAÚL
¿Comer para vivir, si Dios quiere que muera?
795
¡Yo le complaceré!
796
LA PITONISA
Desafía al destino
come para vivir, pues él quiere tu muerte.
797
SAÚL
Mas por el hambre al menos, acabarán por fin
798
mis terribles dolores y mis años sombríos.
799
LA PITONISA
Vosotros, servidores, intentad persuadirle
800
para hacer que en mi casa venga a alimentarse.
801
SAÚL
El que ama la muerte nada debe comer.
802
Mas, ¿a dónde me llevan contra mi voluntad?
803
LOS LEVITAS
¡Ay, Rey! ¿de qué te sirvió
804
Contra el designio de Dios,
805
Que perturbaras el sueño
806
De la muerte del profeta
807
Para escuchar su consejo?
808
El hambre, el largo ayuno
809
Y el pavor de tu muerte
810
Tanto te han debilitado
811
que te arrastran como muerto.
812
¡Qué dolor! ¡Ay, Qué tristeza!
813
Dios, que su lenta angustia,
814
su miseria y su pasión
815
nos muevan a compasión.
816
Nos conmueve cómo ahoga
817
tantos suspiros ardientes
818
que se guarda en su interior.
819
¡Dura es la sentencia cruel
820
pronunciada por Samuel!
821
Para él y para sus hijos
822
un triste fin está escrito.
823
¿Existe peor tormento
824
que conocer día y hora
825
de la muerte que acecha
826
sin poder huir de ella?
827
¿Qué hará ahora el Rey
828
en tal confusión y miedo?
829
¿Qué remedio encontraría
830
para burlar a la muerte?
831
Sea cual fuere su final,
832
de ejemplo debe servir:
833
no hay que practicar tal arte
834
por tal precio y tal peligro.
835
¿No sabía acaso que Dios,
836
por la boca de Moisés,
837
lo había al pueblo hebreo prohibido?
838
¡Ay, pobre Rey! ¿qué pensabas?
839
¿Ignorabas tú la suerte
840
de aquel que, en su camino,
841
fue con riesgo detenido
842
por celeste mensajero?
843
Mas como no mueres solo,
844
no hay por qué tanto llorar,
845
cuando hoy también tu pueblo
846
debe morir, desgraciado.
847
¿Oh, Dios mío, qué pecados,
848
qué crímenes cometimos
849
por los que sufrir ahora
850
un castigo tan terrible?
851
¿Debe ser tu pueblo amigo
852
víctima del enemigo
853
y su cuerpo devorado
854
por lobos y hambrientos perros?
855
¿Lo haces para probar
856
si estamos en días de invierno
857
tan alegres y contentos
858
como en días de primavera?
859
Si así es, no murmuramos,
860
mas sufrimos con paciencia
861
lo que venga de tu mano,
862
sea riguroso o suave.
863
El Rey es entonces causa
864
de esta cruel maldición,
865
y del desastre total
866
que ha caído sobre Israel.
867
¡Ay, Rey! ¿de qué te sirvió
868
Contra el designio de Dios,
869
Que perturbaras el sueño
870
De la muerte del profeta
871
Para escuchar su consejo?
872
Acto cuarto
(Saúl, un hombre de armas huyendo de la batalla, el Primer y Segundo Escudero.)
SAÚL
¿Tú me has dejado, Señor, tú me has olvidado,
873
y sellaste tu odio con diamantino sello?
874
Ya no me amas más, eliges otros reyes,
875
poniendo tu favor en manos enemigas.
876
Pues quiérelos, Señor, y favorécelos:
877
yo iré a acabar mi vida en medio del combate,
878
rematando con ella tus iras y mis males.
879
Mas ¿qué quiere ese hombre que viene jadeante?
880
EL HOMBRE DE ARMAS
Señor, todo el ejército sucumbió en la liza:
881
Israel fue deshecho por los filisteos,
882
yacen tus tres hijos tendidos y sin vida.
883
SAÚL
¡Oh hijos exterminados! ¡Qué nueva tan atroz!
884
¡En tan breves palabras hallo gran desventura!
885
¡Cierto es lo que anunció el severo Samuel!
886
¡Dios, si puedo decirlo, cuánto me eres cruel!
887
Mis hijos y mis gentes, todos están muertos.
888
Mas dime, por consuelo, narra cómo ha pasado.
889
EL HOMBRE DE ARMAS
Vos sabéis, Sire, bien, que el soberbio Aquís
890
asentó campamento junto al monte Gelboé,
891
y vuestros hijos junto al pueblo israelita,
892
quedaron acampados en llano de Jezrael.
893
En la escaramuza primera se encontraron,
894
Vuestros hijos con furia atacando al contrario
895
y pronto la refriega se tornó gran batalla:
896
sólo se oían gritos, relincho de caballos,
897
y el río cercano de sangre colorearse
898
el caer de los muertos y las voces de alarma
899
un caos de soldados caídos y de gentes de armas.
900
Cada cual se defiende a su modo y fortuna:
901
Uno gana, otro pierde, aquel sale triunfante.
902
La Fortuna un tiempo, su balanza iguala
903
mas luego, ¡ay, desventura! Por la ira fatal del cielo
904
que causa desventura, o por no ser nosotros
905
tantos como el contrario, se inclinó la balanza
906
E hicimos retirada poco a poco en el campo.
907
Mas pronto vuestros hijos con exhortos y ruegos
908
nos alzaron el ánimo, incitando al valor
909
para ocupar las líneas con el primer vigor;
910
y así, para animarnos a más fuerza y coraje
911
van partiendo la escuadra contraria valerosos
912
con su arrojado brazo. Mas al cabo la suerte
913
se inclinó contra ellos, cediendo al destino.
914
Que ya de vuestros hijos solo quedaba entonces
915
Jonatán, quien sintiendo numerosas heridas,
916
sin querer retirarse, sangrando generoso,
917
Sintiendo no el coraje sino la fuerza huir,
918
Rindió su alma al Cielo con sus gestas heroicas
919
Entre espadas desnudas, entre miles de lanzas.
920
En su mano aún tenía la espada reluciente,
921
con ceño levantado cayó muerto en el sitio,
922
que antes había sembrado de cuerpos enemigos.
923
SAÚL
¡Hijos de mis entrañas! ¡Oh, padre desdichado!
924
¿Tiene que recaer sobre todos vosotros
925
el peso del castigo de mis propios pecados?
926
EL HOMBRE DE ARMAS
Viendo que está muerto, nos lanzamos en fuga,
927
pues ¿quién podía resistir muchedumbres tan fieras?
928
Unos fueron cercados, otros hechos cautivos,
929
y pocos escaparon: los demás, destrozados.
930
Llegan los enemigos, me pisan tras los talones,
931
si llegan hasta vos, os darán muerte cierta.
932
Yo buscaré resguardo, salvando mi cabeza.
933
SAÚL
¿He de huir yo también? ¿Seré cobarde y vil?
934
¡No, venid, enemigos, dadme presto la muerte!
935
Que el hierro que mató a mis hijos inocentes
936
culmine de una vez mis días desgraciados.
937
¿Cómo, después de mis hijos, viviré criminal?
938
¿No debiera seguirlos más bien hasta el combate?
939
¿Para qué vivir más, detestado de Dios,
940
cercado de miserias, hundido en mil dolores?
941
¡Muramos y que cumpla Samuel su profecía,
942
que anunció mi caída dictada por el cielo!
943
¡Muera yo, muera presto! Y tú, fiel escudero,
944
que en penas y en ventura me has acompañado,
945
te ruego, por la lealtad que en ti reconocí,
946
cumple ahora conmigo el último servicio:
947
Mátame por piedad, libérame del yugo
948
que atormenta mi vida con mal insoportable.
949
He aquí mi blanco pecho, mi cuello o donde quieras:
950
estoy presto a sufrir el golpe de tu brazo.
951
EL PRIMER ESCUDERO
Mas, ¿qué pedís, Señor? ¡Qué dicha para Aquis,
952
al saber que mi mano, de forma tan cruel
953
Os habría quitado la vida que defiende
954
Y le impide triunfar sobre los israelitas!
955
Él sabe que jamás obtendrá la victoria
956
Sin vuestra propia muerte y también es consciente
957
De que vos bien podéis volver a darnos fuerzas.
958
Pero si vos morís, todo estará perdido,
959
Sin esperanza alguna, esclavos del filisteo.
960
¡Vivid, pues no por vos, mas, por el bien común!
961
Vos podéis otra vez reanudar las batallas;
962
mas, si el hilo se corta, no se puede anudar.
963
El sabio no desea su propia destrucción.
964
Que no sería bueno que fueran a mataros
965
Y que vuestro cadáver, al escarnio sujeto,
966
Sirviera de alimento a las bestias y canes,
967
Y que vuestros despojos encontrados aquí
968
Honrasen a Astarté, la diosa sanguinaria.
969
SAÚL
Mis hijos en mi nombre murieron en combate,
970
¿y no he yo de seguirlos pereciendo también?
971
¿He de buscar pomposa sepultura real
972
y dejar a mis hijos en poder de las fieras?
973
Quizá habrá quien se digne juntarnos en la tumba,
974
y si los enemigos les ultrajan en muerte,
975
yo seré compañero fiel de su ignominia.
976
¿No debo yo al menos sufrir su misma suerte?
977
Así pues, te suplico procedas a matarme.
978
EL PRIMER ESCUDERO
No conviene que caiga vuestra virtud primera
979
ni que el primer embate de Fortuna la quiebre.
980
Si no sois vencedor del enemigo en batalla,
981
con corazón valiente, sedlo de la Fortuna.
982
SAÚL
¡Oh, cuán feliz sería si no hubiera gustado
983
el amargo veneno de las glorias reales!
984
Si quedara en la casa paterna sin peligros
985
viviera sosegado entre callados campos.
986
Mas ya deshecho estoy, desprecio la grandeza;
987
devuelvo a tus manos esta corona infame,
988
con la que tú me honraste de forma miserable
989
Sin haberla pedido, Señor como bien sabes.
990
¡Dichosa y más dichosa es la humilde choza
991
que nunca está sujeta a los vientos y al rayo!
992
EL PRIMER ESCUDERO
Yo estimo más dichoso aquel hombre escogido,
993
que huye de la oscura y sorda multitud,
994
y que se ha liberado de la insensata turba,
995
para eterno renombre de virtud verdadera,
996
como vos, que huyendo de la oscura ignorancia,
997
haréis brillar un nombre los siglos venideros,
998
y ganaréis con hechos una gloria eterna,
999
que nunca olvidará el siglo por venir.
1000
SAÚL
Yo que fui sin defecto, el cielo me alzó alto
1001
para después hundirme desde mayor altura.
1002
Y nadie hay en el mundo que pruebe más que yo
1003
cuán falsa es Fortuna con sus mudanzas súbitas.
1004
EL PRIMER ESCUDERO
Mas Dios, aunque castiga, no siempre es enemigo:
1005
también prueba a los buenos, sin dejar de quererlos.
1006
SAÚL
¿Querría Dios, por tanto, a los suyos dañar?
1007
EL PRIMER ESCUDERO
Solamente lo haría para sondar su alma:
1008
Así tentó a Abraham entregando a su hijo,
1009
así a nuestro ancestro, que feliz encontró
1010
A José con honores; mas, en la incertidumbre,
1011
mientras sobrevivían bajo la dura angustia,
1012
Ante la adversidad, más duros que la roca
1013
Contra el viento y los mares se mostraban al fin.
1014
No os dejéis abatir por golpes de fortuna
1015
Esperad, porque siempre llega la hora oportuna
1016
Controlando constante la inconstancia del hado
1017
Mostrad que realmente, vuestra alma es bien fuerte.
1018
Dios, quizás, si os viera con una fuerte constancia
1019
Os haría llegar al fin de los trabajos.
1020
¡Atrás, esperanza! Sólo una muerte pronta
1021
Podrá poner el término a mis profundas penas.
1022
EL PRIMER ESCUDERO
Pues si la sabéis cierta, huid la hora fatal.
1023
SAÚL
Cual un varón magnánimo la quiero enfrentar.
1024
EL PRIMER ESCUDERO
¿Por qué pues despreciáis aliento de esperanza?
1025
SAÚL
Porque ya no la puedo en mi alma hospedar.
1026
EL PRIMER ESCUDERO
Quizá otra vez Fortuna os sea más favorable.
1027
SAÚL
Desgraciado es quien funda su fe en la Fortuna.
1028
Te ruego, pues, de nuevo que agarres tu espada
1029
Y que hagas de mi cuerpo saltar esta cabeza.
1030
Así no te podrá atormentar este duelo
1031
Pues mejor soberano vendrá después de mi.
1032
Témome que los viles incircuncisos tengan
1033
con risa vergonzosa la gloria de matarme.
1034
EL PRIMER ESCUDERO.
Prefiero que el gran Dios me hienda la cabeza
1035
con su brillante rayo, antes que yo atreverme
1036
a tocar esta cabeza ungida, que Dios mismo estimó
1037
y que ni el enemigo osó jamás tocar.
1038
SAÚL.
¿Eres escrupuloso? ¿Qué temes si me niegas
1039
compasión verdadera con falsa compasión?
1040
Pues bien, como no quieres herirme con tus manos
1041
Usaré contra Aquís y contra mí las mías:
1042
levantaré a mi pueblo y le daré coraje
1043
lanzaré aún mi carga, contra el pueblo enemigo.
1044
No quiero, rebajando mi alta majestad,
1045
evitar el destino que ya está prefijado.
1046
Quiero valientemente morir por esta patria,
1047
quiero ganarme gloria vendiendo cara el alma.
1048
Que si mi acero abate multitud de enemigos,
1049
mis manos, no pies pies – si me hicieran cautivo-
1050
Cumplirán su deber.
1051
EL PRIMER ESCUDERO.
¡Ay, qué temblor me entra!
¿Queréis vos daros muerte?
1052
SAÚL.
Escucho yo a mis hijos
que ya desde lo alto me llaman con sus voces.
1053
¡Oh, hijos, voy con vos!
1054
EL PRIMER ESCUDERO
¿Dónde vais? ¡Ay, Señor!
Ora quiera morir, ora quiera vivir
1055
O irse a los infiernos, siempre le seguiré.
1056
¿Querrá pues combatir para después morir?
1057
Tras vos caminaré, no os dejaré jamás.
1058
EL SEGUNDO ESCUDERO
¡Oh, Rey, bien manifiestas heroico corazón,
1059
pues no huyes de la muerte por el bien de tu pueblo!
1060
¡Oh príncipe valiente, que vas a la batalla
1061
Donde espera tu muerte! Los que van a la guerra
1062
En pos de la victoria menos honor merecen
1063
Que él, cuya muerte sabe le espera en la pelea
1064
Contra el Palestino, a la que va resuelto.
1065
Vos, reyes ambiciosos, mirad en este ejemplo
1066
cuánta fuerza requiere dar la vida a la patria
1067
despreciando el peligro y la muerte segura.
1068
Por mí no me detengo: lo sigo paso a paso,
1069
y si muero con él, será gloria segura.
1070
Coro de los Levitas.
¡Oh rey desgraciado!
1071
¿Eres tan riguroso
1072
Y tan rebelde eres
1073
Para alzar tu mano
1074
Contra tu propio ser
1075
Torciendo tu destino?
1076
¿Tan cobarde es tu alma
1077
Que no sabe aguantar
1078
Las desgracias comunes?
1079
¿Quieres pues, por despecho
1080
Desaliento o manía
1081
Romper la harmonía
1082
Que Dios en ti ha formado,
1083
No habiendo obra más contraria
1084
A las leyes de Natura
1085
Que atentar contra uno mismo?
1086
Sin el permiso de Dios
1087
No debe el alma del cuerpo
1088
Separarse: así, el soldado
1089
Nunca parte de la guerra
1090
Sin orden del capitán.
1091
¡Pero huyamos de aquí,
1092
que es tierra detestable,
1093
para siempre execrable!
1094
¡Este lugar miserable
1095
en el que hoy yacen muertas
1096
Gentes fuertes y valientes!
1097
¿Qué galardón tendrán
1098
los hombres de Israel,
1099
muertos en esta guerra,
1100
sino luto, sollozo,
1101
suspiros y querellas,
1102
como de esos padres tristes
1103
sobre hijos moribundos?
1104
Oh valerosos soldados
1105
caídos en las alarmas,
1106
puesto que más no podemos
1107
ofreceros como pago,
1108
recibid de nuestra parte
1109
estas quejas y suspiros
1110
estas lágrimas sagradas,
1111
como las de aquellos padres
1112
sobre el muriente heredero.
1113
Acto quinto
(Un soldado amalecita, solo.)
EL SOLDADO
{v} ¡Qué lástima mirar la nación devastada,
1114
¡Qué lástima da ver al pueblo fugitivo!
1115
Los perros que se cebaban devorando los cuerpos,
1116
y los campos sembrados de cadáveres fríos,
1117
otros aún gimiendo con el aliento roto,
1118
como en el campo aquel de donde ahora vengo,
1119
y de donde he sacado este botín precioso,
1120
pues corrí hacia allí con tales intenciones.
1121
Qué pena contemplar la gloria enloquecida
1122
de los que hoy triunfaron al filo de la espada,
1123
y ver allí en el medio al propio rey Aquís
1124
Blasfemar – desdichado- contra Dios y Saúl;
1125
Y ver el grito, el ruido, la alegría y el canto
1126
Que en torno a las hogueras entonan festejando,
1127
clamando que es hoy día vencedor de Saúl
1128
A pesar de su Dios y del propio Saúl.
1129
Que inútilmente Dios en el cielo reside,
1130
pues ni guardó a su pueblo ni a su propio ungido.
1131
Él dice que no es más que simple ídolo vano
1132
como el dios Astarté, y que en su falso altar
1133
colocará las armas y cabeza del rey.
1134
Pero ¿qué veo aquí? Es David, el hebreo,
1135
que viene victorioso del burgo de Siceleg
1136
Del que antes escapé, donde arrasó a mis hermanos.
1137
Callándome esto, me acerco a presentarle
1138
lo que a Saúl acabo de quitarle a toda prisa
1139
Para dones recibir o ganarme su gracia.
1140
Viene al punto, le diré con mentirosa voz
1141
Que yo fui el propio autor del asesinato real.
1142
(David y el soldado amalecita.)
DAVID
¡Por fin la raza vil de Amalec ha caído,
1143
sintiendo en carne propia la fuerza de mi brazo!
1144
Así perezcan todos los ladrones infames.
1145
Mas ¿quién podría darte gracias que sean tan dignas
1146
Como los altos bienes que sobre ti sostienes?
1147
Mas ¿quién eres tú, que vienes hacia mí?
1148
EL SOLDADO
Soy, Señor, un soldado de las huestes de Amalec,
1149
y vengo ahora mismo del campo israelita
1150
para entregarte, postrado, la corona de su Rey.
1151
DAVID
¿De qué rey me hablas?
1152
EL SOLDADO
De Saúl, vuestro suegro,
Tan odiado por vos, que acaba de morir
1153
En el mismo combate en el que el día de hoy
1154
ha muerto con él todo el pueblo de Israel.
1155
Al hallarse cercado, herido de mil llagas,
1156
intentó darse muerte cayendo en su espada,
1157
mas no tuvo vigor para hundirla en su seno.
1158
Al verme tan cercano, conociendo mi origen,
1159
me rogó que ayudara a cumplir su deseo:
1160
«No permitas —me dijo— que incircuncisos viles
1161
tomen con vida mi cuerpo y me ultrajen con crueldad.»
1162
Entonces compadecido, viendo su mal estado,
1163
viendo también la angustia que estaba soportando
1164
al ver que el enemigo le perseguía con saña,
1165
yo lo maté y lo hice desplomarse al punto
1166
sobre el cadáver aún sangrante de Jonatán.
1167
DAVID
¿Saúl, muerto? ¿puede ser tal noticia posible?
1168
¡oh, desgracia fatal!, ¡Oh, fortuna cruel!
1169
No quiero yo vivir tras mi señor Saúl,
1170
de quien recibí bienes, favores y honores.
1171
EL SOLDADO
Mas, Señor, ¿por qué rasgáis vuestras ropas de tal modo?
1172
¿No tomó muchas veces las armas contra vos?
1173
DAVID
Fue espíritu maligno quien turbara su seso,
1174
mas de naturaleza fue siempre hombre piadoso.
1175
Jamás reinó en la tierra monarca tan benigno.
1176
EL SOLDADO
Mas él era, en verdad, enemigo mortal.
1177
DAVID
Nunca jamás lo tuve yo por tal enemigo.
1178
Mas tú, cruel deslamado, ¿no temiste tu mano
1179
alzar sobre el ungido con óleo celestial?
1180
¿No respetaste al hombre que Dios nos entregó?
1181
Yo mismo, aunque acosado, nunca osé herirle.
1182
Y tú, extranjero vil, amalecita impuro,
1183
te jactas de su muerte, ¡blasfemia abominable!
1184
EL SOLDADO
Señor él se encontraba de filisteos cercado,
1185
Con una angustia tal de verse capturado
1186
Por el pueblo enemigo, o aún asesinado,
1187
Que se iba a matar con sus propias manos
1188
para ponerle fin a sus penas extremas.
1189
Yo evité, piadoso, que él se diera muerte.
1190
DAVID
¡Calla ya, servidores, prendedle y matadlo!
1191
¡Que muera sin demora quien osó tal delito!
1192
EL SOLDADO
¡Ay, Señor, qué delito cometí yo tan grave?
1193
DAVID
El haberte manchado con la sangre de Cristo.
1194
EL SOLDADO
¿Y debo yo sufrir la muerte más cruel
1195
Pour el dolor causado al dar una noticia?
1196
No hubo rencor en mí al dar fin a su vida,
1197
sino deseo de serle en su dolor benéfico,
1198
y quizá de ganarme siquiera vuestra gracia.
1199
DAVID
Tu lengua en vano clama.
1200
EL SOLDADO
Piedad, Señor, te ruego
por el Dios de los Cielos, padre del Universo,
1201
pido perdón y espero que todos os estimen
1202
y también que el Señor en todo os favorezca;
1203
que el cetro en vuestras manos al pueblo haga presto
1204
someterse a las leyes que vos le dictaréis.
1205
¡No he sido yo – os lo juro- quien le causó herida!
1206
¡Él se mató, él mismo se manchó con su sangre
1207
Que yo no lo maté!
1208
DAVID
Infame desgraciado
Con otras mentiras excusas tus mentiras.
1209
EL SOLDADO
Mis mentiras no causan ningún daño.
1210
DAVID
No hay nada peor que las falsas mentiras.
1211
EL SOLDADO
Bien, me equivoqué; pero no hay en la tierra
1212
Nadie que al menos en una ocasión yerra.
1213
DAVID
Debes abandonar esas palabras vanas.
1214
EL SOLDADO
No os ofendí en nada y si encontráis ofensa
1215
Sed conmigo paciente y otorgadme la gracia.
1216
DAVID
Hablas tú sin razón.
1217
EL SOLDADO
Aunque de nada sirva
No moriré aquí con mi lengua servil.
1218
Hombre cruel, incivil, riguroso e injusto
1219
Que en el horror de un antro tenebroso
1220
Junto a la blanca leche mamaste negra rabia
1221
de una fiera leona. Malvado y perverso
1222
no eres el hombre cortés del que tanto se habla
1223
mas, guardo la esperanza de que tu tiranía
1224
jamás quede impune. Y le ruego a Dios
1225
el que todo lo observa, que tu orgullo ataque
1226
y si un día eres rey por destino celeste
1227
que el hambre y que la peste así como la guerra
1228
infecten tu país y que tus propios hijos
1229
contra ti se levanten.
1230
DAVID
Anda, hombre perverso
Despídete del mundo que ésta es tu última luz.
1231
¡y vosotros, amigos, con puñal afilado
1232
Enviadlo con saña a ladrar a otra parte!
1233
Caiga sobre tu testa la sangre y el ultraje
1234
Por haber levantado contra ti testimonio.
1235
(David y el Segundo Escudero)
EL SEGUNDO ESCUDERO
¡Oh pérdida fatal, oh reino de Israel
1236
Hoy pierdes a tu príncipe, lleno de desconsuelo!
1237
¡Fortuna mutable, traidora y lisonjera,
1238
bien claro nos demuestras que tu rueda es variable!
1239
Puesto que el hombre aquél al que tanto alzaste
1240
Ha sido rebajado por ti hasta los infiernos:
1241
Hablo de Saúl, al cual de la nada hiciste rey,
1242
Y casi un dios terrestre rozando las estrellas.
1243
Ahora lo has hundido y el mismo se destruye
1244
Viendo cómo su imperio tanto como él mismo
1245
En un día se extinguen disueltos en la nada.
1246
¡Oh, pobre rey, que das un ejemplo excelente
1247
De que un rey no es nada, ni un reino tampoco!
1248
Que uno no debe alzar su voz contra el poder
1249
Ni mendigar honores a impía tiranía,
1250
Ya que eso mismo ha hecho que tú pierdas la vida.
1251
¿Mas no es David acaso aquel que ven mis ojos
1252
blandiendo la corona del ya difunto rey?
1253
¡Cómo la está observando!
1254
DAVID
¡Corona fastuosa!
¡Corona que resultas más bella que dichosa!
1255
Quien conociera el mal que sufren los que, fieles,
1256
te portan en su testa, no querría por nada
1257
tu porte ni tu gloria como hacen ahora:
1258
Antes bien, si te hallara orgullosa en mi camino,
1259
no querría alzarte ni honrar tu destino.
1260
Mas llega ya un criado del antiguo monarca;
1261
quizá sabe del rey, de su suerte y desgracia.
1262
Veamos si conoce la ruina del poder.
1263
¡Oh triste amigo mío! ¿De dónde vienes tú?
1264
((Entra el Segundo Escudero del rey Saúl, superviviente del combate.))
EL SEGUNDO ESCUDERO Del campo de batalla.
1265
DAVID Y bien, ¿qué nuevas traes?
EL SEGUNDO ESCUDERO
Muerto cayó Saúl, de muerte miserable;
1266
pues no pudo encontrar un brazo que, asesino,
1267
Diese fin a sus días, así como a sus males
1268
No tuvo más remedio que con su propia mano
1269
Darle fin a sus días, oficio lamentable.
1270
DAVID
¿Se dio muerte por sí? ¡Qué lástima tan grande!
1271
Cuéntame, buen amigo, cómo fue su desgracia.
1272
EL SEGUNDO ESCUDERO
Perdida la batalla, viendo a sus hijos muertos,
1273
decidió con grandeza dejar al enemigo
1274
una victoria amarga, con sus grandes hazañas.
1275
Se lanzó el rey entonces, furioso en la refriega,
1276
y golpeó al enemigo con todo su valor.
1277
Como un león colérico que asola el hato,
1278
Cuando éste, tranquilo, pace en las altas hierbas,
1279
así vi yo a Saúl, que en su cólera viva
1280
hiere, destroza y siembra la muerte en el campo,
1281
y nadie en su furor encuentra compasión.
1282
Mas pronto contra él se juntaron arqueros,
1283
que, llenos de vergüenza, lo hirieron de frente
1284
hasta que combatiendo, fue gravemente herido,
1285
y hubo de retirarse en medio del combate.
1286
Volviendo vio los cuerpos sangrientos de sus hijos,
1287
y lloró abrazándolos mientras le perseguían.
1288
Entonces, viendo que iba a caer prisionero
1289
en mano enemiga, miró a Jonatán y lloró:
1290
«¿Es este el reposo que dabais a mi vejez,
1291
mis hijos, el premio que prometía vuestra fuerza?
1292
¿Así heredas el cetro, Jonatán de mi vida,
1293
que fuiste un día mi gloria y ahora desventura?
1294
Ya es tiempo, hijos míos, de que este padre os siga
1295
en la muerte y destino que ha de juntarnos hoy.»
1296
Se lamentó sobre ellos, errante y desolado,
1297
y se arrojó, sin dudar, sobre la fiera daga,
1298
hasta que al fin murió.
1299
DAVID
¡Ay, desgraciado rey!
EL SEGUNDO ESCUDERO
Lo que más estremece mi pecho temeroso
1300
Es que tan pronto vio esa herida mortal
1301
su escudero fiel – al que el rey pidió en vano
1302
asestara el golpe que su vida hendiría-
1303
cayó de golpe al suelo, se arrancó los cabellos,
1304
arañándose el pecho con desesperación
1305
golpeando su frente y rasgando sus ropas;
1306
Grita, aúlla, llamando a su señor querido.
1307
Pero al ver que la muerte sus ojos para siempre
1308
Había clausurado y de nada servían
1309
Sus gritos y lamentos, pues su vida era ida:
1310
«Lo seguiré —se dijo— pues su muerte me incita,
1311
a despreciar esta vida que resulta maldita.
1312
Muramos y gocemos del honor y la gloria
1313
De haberlo acompañado en penas y venturas.»
1314
Dicho lo cual, se arroja sobre su luenga espada,
1315
y así apaga su vida junto a la de su rey;
1316
jamás abandonó al rey en el dolor,
1317
como nunca lo había dejado en la dicha,
1318
terminando sus días con la misma espada,
1319
que aún estaba manchada con la sangre del amo.
1320
Realmente es digno del más grande honor:
1321
caer a los pies del rey y guardar firme fe,
1322
ya no como un bárbaro, mas como amigo fiel,
1323
pues lealtad tan firme es rara y miserable.
1324
DAVID
¡Seas tú de Dios, oh palestino maldito,
1325
pues has exterminado al pueblo de Israel!
1326
SEGUNDO ESCUDERO
Todavía después de tan horrible muerte,
1327
el orgulloso Achis no se muestra pacífico,
1328
no deja que los huesos del exánime rey
1329
reposen en su tierra, sino que los arranca,
1330
y —¡qué cruel ejemplo!— los lleva a su templo,
1331
de modo que los dioses nunca honrados en vida
1332
ahora sean honrados tras su terrible muerte.
1333
DAVID
Oh Palestino hinchada de una soberbia vana,
1334
guárdate del orgullo y de sus malas artes,
1335
pues la Suerte podría volverse contra ti
1336
y mostrar su ira en futura desdicha.
1337
¡Gelboé, que tu cima no reciba la lluvia
1338
ni el rocío, y tus campos permanezcan resecos,
1339
pues sobre ti cayendo han muerto tantos hombres,
1340
pues sobre ti —montaña de malditas entrañas—
1341
ha sido asesinada la flor de Israel!
1342
Hijas de Israel, que antes por mí cantasteis,
1343
llorad ahora la muerte de este rey valeroso,
1344
quien os embellecía con ropas exquisitas,
1345
y os vestía de púrpura y de oro de Tiro.
1346
¡Los campos se han teñido con su sangre encarnada,
1347
como si nunca hubiera recibido óleo santo!
1348
¡Ha muerto Saúl, y también Jonatán!
1349
¡Jonatán, mi consuelo y mi preocupación!
1350
¡Desgraciado! ¿Por qué no habré muerto contigo?
1351
Habría sido feliz y ahora lloro mil muertes;
1352
¡Muy grande es el tormento al recordar tu muerte!
1353
Y ahora, ¿Dónde está ese cuerpo amado
1354
Y ese rostro que a todos resultaba agradable?
1355
Querido Jonatán, mi amigo más leal,
1356
Cuyo amor más dulce era y más querido era
1357
Que la ardiente llama al amar a una dama.
1358
¡Pobre de mí! Jamás seré capaz de olvidar
1359
Tus últimas palabras, pues un ingrato soy:
1360
“Oh David al quien amo más que a mi propia vida
1361
Voy a morir, mas sé que Dios te ha destinado
1362
Este reino hebreo; mas si muero te ruego
1363
Que recuerdes después a mi raza y linaje”.
1364
Siempre, siempre, ese día en exceso dichoso,
1365
en que un amor recíproco nos unió para siempre,
1366
Quedará firmemente en mi alma grabado
1367
Y nunca olvidaré tus bondades sin número:
1368
a menudo con dulces palabras mitigaste
1369
la ira de mi padre, y en mi vagar errante
1370
tú me diste consejo, esperanza y coraje,
1371
hiciste enfadar por mi culpa a tu padre.
1372
¡Oh Jonatán, sería más bárbaro y cruel
1373
que un escita o un tártaro si alguna vez,
1374
llegara yo a olvidarme de cuidar a los tuyos
1375
Como a mis propios hijos, si llegara a reinar!
1376
Mas, ¿qué placer tendré al reinar si no estás,
1377
y este duelo me sigue allá por donde vaya?
1378
¿Y por qué llorar solo? Que llore todo el mundo
1379
Que el dolor es común, pues -pueblo de Israel-
1380
Tu escudo y tu fuerza estás perdiendo ahora.
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¿Cuánto aumentará la fuerza enemiga
1382
con su muerte, cuán grande será ahora su poder?
1383
Así, amigo, has muerto en una tierra extraña,
1384
y en tu juventud caíste sin sepultura;
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¡qué crueldad del cielo! Pero un bien te queda:
1386
haber muerto en mitad del combate y la fama,
1387
la gloria de tu nombre al morir por tu pueblo.
1388
Al menos, te digo adiós, querido amigo,
1389
guarda nuestra amistad, que no muere al morir tú,
1390
vivirá para siempre mientras vivan mis versos
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y tu triste epitafio en todo el universo.
1392
Escucha, Saúl, mi llanto y mi triste lamento:
1393
quieres acompañar a tu hijo en la muerte
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Para no separaros ni muertos ni vivientes.
1395
¡Muchos envidiarán el valeroso término
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de tu vida, pues logras con tu muerte un honor
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que hará inmortal tu nombre! Pues podemos decir:
1398
Que caídos en tierra, ambos extinguisteis
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el trueno de la guerra, y que fuiste tan fuertes
1400
que nadie sino tú pudo darte la muerte.
1401