Pierre de Troterel
Los corrivales
Les corrivaux
Traducción
Troterel, Pierre. <<Los corrivales>> [ <<Les corrivaux>> ]. Traducida y anotada por Evelio Miñano Martínez para la Biblioteca Digital EMOTHE. Valencia: ARTELOPE - EMOTHE Universitat de València, 2023.
Joan Oleza Simó
(Investigador principal)
Miñano Martínez, Evelio
(Traductor)
Tronch Valls, Carme
(Editor digital)
Español · Verso · 44 versos
https://playcode.fly.dev/plays/EMOTHE0713_LosCorrivales
Nota a esta edición digital
Esta publicación es parte del proyecto I+D+i «Teatro español y europeo de los siglos XVI y XVII: patrimonio y bases de datos», referencia PID2019-104045GB-C54 (acrónimo EMOTHE), financiado por MICIN/AEI/10.13039/501100011033.
AVISO AL LECTOR TOCANTE A ESTA COMEDIA
Sabrás, lector, que no he compuesto esta divertida comedia para enseñarte a seguir el vicio, pues nada hay en el mundo que aborrezca tanto. Y te juro de buena fe que odio más que la peste a los que lo siguen. Así pues, la razón que me ha impulsado a componerla, ha sido que, al ver tan bien pintada la maldad que hay en ella, te animes a seguir la virtud. Por eso los antiguos romanos hacían embriagarse a sus sirvientes ante sus hijos: para que, contemplando sus sucios actos, estos aprendieran a rehuir de la brutal embriaguez y los otros vicios que la acompañan. Para concluir, pues, ya digan lo que digan, no dejes de seguir la virtud aguerrida, y detesta el veneno del vicio con valor, pues acaba dejando sin uso de razón.
LOS CORRIVALES
Comedia bufa inventada por P.T.S D.
ELENCO
VAPULÓN
enamorado
CHULILLO
bufón
FIORETA
vieja
CLORITA
joven de mala vida
BRILLANTE
enamorado de Clorita
ALMERÍN
su criado
MARZÁN
padre de Clorita
MOLIVIA
madre de Clorita
HILARDO
compadre de Marzán
EL PROLOGUISTA
EL ESCONDIDO
PRÓLOGO
¡Dios os dé alegría, señores y señoras,
1
y a vosotras también, bellas mozas y damas!
¿Y bien? ¿Qué os trae aquí? ¿Habéis venido a ver
si somos entendidos en la cómica ciencia?
No tengáis duda alguna, que jamás los antiguos
tan sutiles e ilustres fueron como nosotros:
bien lo comprobaréis si gustáis de quedaros
y, guardando silencio, de observarnos un poco.
Así pues, ¡escuchad!, ¡prestadnos los oídos!,
y os contarán aquí espantosas rarezas,
de las que reiréis durante mucho rato,
por el solaz extraño que aquí os cautivará,
pues sabed que estos versos para reír se hicieron
y no para enseñaros a cambiar de costumbres.
Mas si por un casual, los tomáis para bien,
y es tanto lo que os gustan, que se los bebe la honda
cuba de donde sale toda vuestra memoria,
conseguiréis, de cierto, provecho muy notorio
y aún más de lo que digo: una honesta instrucción,
pues pronto enseñaréis a vivir castamente
a vuestros bellos hijos, cada uno en su familia,
aunque fuerais el padre de cuatro o cinco mil
y, de ellos, vuestra casa rebosante estuviera.
((Es necesario que uno de los actores, escondido tras el telón, responda:))
¡Cuánto estáis en lo cierto, capitán Papanatas!
EL PROLOGUISTA
¡Pero qué oigo, rediós! ¿Quién se atreve a injuriarme?
2
¡Demonios, como tenga un ataque de furia,
mucho lo sentirán los necios que hay aquí!
EL ESCONDIDO
¡Temblando estoy de miedo! ¡Con que uno de vosotros
3
se lo lleve al retrete, veréis cómo se caga!
EL PROLOGUISTA
¡Dios, esto es demasiado! Tengo que ir a por él.
4
¡Venga, tunante, sal! Te mataré, cobarde.
EL ESCONDIDO
Mejor te sentaría tragarte un buen mojón.
5
EL PROLOGUISTA
¡Pardiez, te atraparé! ¡Ah! ¡Es aquí detrás
6
donde se está burlando ese necio de mí!
No se marchen señores, que le daré una tunda.
Me resulta, en verdad, todo esto muy extraño:
por doquier lo he buscado, yendo de un sitio a otro,
sin ser capaz, rediós, de ver qué cara tiene.
Tengo yo la certeza de que es algún demonio
que ha venido a tentarnos.
EL ESCONDIDO
Eso es, amigo mío.
7
EL PROLOGUISTA
¡Escuchadlo! ¿No oís lo que sigue diciendo?
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EL ESCONDIDO
¡Escuchadlo! ¿No oís a ese estúpido bestia?
9
EL PROLOGUISTA
¿Bestia, yo? ¡Mentiroso! No hay nada menos cierto:
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soy valiente, galante y hombre de mucha honra.
EL ESCONDIDO
Habrá, pues, que quemarte y coger tus cenizas.
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EL PROLOGUISTA
¡Quemarme! ¡Santos clavos! No esperaré que ocurra;
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me largo ahora misma. ¡Oh, pero si es un duende!
EL ESCONDIDO
¡Pues sí, decís verdad, desgraciado idiota!
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EL PROLOGUISTA
(mira detrás de la cortina y dice): ¡Ay, qué bestias! Adiós, señores, me retiro,
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pues temo que, si espero, mucho peor me vaya.
¡Demonios, qué elemento! Lo he visto ahora mismo
rechinando los dientes para sacarles filo.
¡Por los clavos de Cristo, qué bestia tan malvada!
Lleva, como un cornudo, astas en la cabeza.
ACTO PRIMERO
ESCENA 1
(Vapulón y Chulillo.)
VAPULÓN
¡Pero cómo, demonios! ¿Un supuesto galán
1
se dará el atracón todos los santos días,
gozando a mi Clorita, llamándola cariño,
tesoro de mi vida, amor de mi alma entera,
poniéndole cien veces sus pezuñas patosas
sobre esos dos pezones que levantan sus tetas?
¡Rediós, como lo encuentre, ya puede estar seguro
de que cruzará pronto ese río que fluye
y murmura, regando los barrios del Infierno!
CHULILLO
¿Qué os pasa, compañero? ¿Pero quién os calienta
2
para que vuestra cara arroje tanta furia?
¿Queréis acaso haceros cruel y sanguinario
para mandar a alguno a un fúnebre paseo?
Nada matéis, al menos, que no esté bien hermoso.
VAPULÓN
Bien hermoso o delgado, morirá si lo atrapo.
3
CHULILLO
Pues le aconsejo entonces que se largue si os ve.
4
VAPULON
Muy prudente será, si acaso lo consigue.
5
CHULILLO
Decid: ¿de quién se trata? Quisiera yo saber
6
qué daño os ha infligido; y así, comprobaré
si debe ser pagado con la misma moneda.
VAPULÓN
Lo conocéis muy bien: es Brillante, ese necio,
7
ese gran fanfarrón sin pizca de valor.
Y lo que más me enoja y me llena de furia
es que no alcanzará mi mérito jamás.
CHULILLO
¿Y por qué os empeñáis en acabar con él?
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VAPULÓN
Porque me está usurpando mi más querido amor.
9
CHULILLO
¿Decís vuestro amor? ¡Dios! ¿Será tan temerario?
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Puede darse por muerto; pardiez, dejadme a mí.
¡Venga ya, venga ya! ¡Mi puñal de madera,
con el que he despachado, por lo menos, a tres!
¡Diantres, lo que le espera si se atreve a venir!
Más le saldría a cuenta buscarse un sacerdote
que escuche sus pecados en confesión, cuanto antes,
y, en cuatro garabatos, le copie el testamento.
VAPULÓN
He pensado que aún debemos esperar,
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para encontrar el medio de poder sorprenderlo
cuando se encuentre a solas conversando con ella.
CHULILLO
Para nada sois necio, muy buen juicio tenéis.
12
Os juro, de verdad, que sería una lástima
que os sacaran las tripas, con lo bueno que sois,
pues, si así lo pillamos, jamás podrá negar
el daño que nos ha hecho; y eso nos serviría
de mucho, os digo yo, si, por casualidad,
la justicia quisiera castigar nuestro actos.
VAPULÓN
Basta ya de palabras; al escondite, ¡venga!
13
Preparemos la trampa para librarnos de él,
que me han dicho que viene a ver a su querida.
CHULILLO
¡Ah, demonios, qué atroz y asombroso dolor
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le voy a hacer sentir, si su mala fortuna
lo trae por aquí a probar mi valor!,
pues quiero, amigo mío, de una sola embestida,
asestarle un buen tajo en toda la azotea,
machacarle los morros con el segundo golpe,
y, con otros más finos, hacerle tantos cortes
(pues nadie como yo es ducho en el oficio)
que parezca el jubón que viste un guardia suizo.
Mirad: ¡zas, zas! Pensaba que lo tenía ya,
de las ganas que tengo de darle un buen castigo.
VAPULÓN
¡Despacito, rediós! ¡Golpeas como un diablo!
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¡Cuánto me espantarían esas escaramuzas!
¡Menudo eres, caramba: zurras igual que un sordo!
CHULILLO
Apartaos bien lejos, que soy un poco torpe
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cuando enarbolo en alto mi afilada tizona.
VAPULÓN
Cortarías el cuello como una hebra de paja
17
a quien se te acercara sin tener buen cuidado,
cuando luchas así.
CHULILLO
¡Por lo clavos de Cristo!
18
¡También sé cómo dar aún mejores tajos,
de un modo personal, que tengo en gran estima!
Atento, pues, miradme: ¿no lo veis?, ¡zas y zas!
VAPULÓN
¡Valiente espadachín! ¡Oh, qué golpe mortal
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si, por casualidad, con algo hubieras dado!
¡Pues sí que una lástima que tanto estés parado!
Si el señor español te tuviera con él,
seguro que los turcos se llevarían todos
una buena paliza, en el próximo choque.
CHULILLO
¡Diablos, amigo mío! Sé cómo hay que cortar
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un jamón bien hermoso o una pieza de buey.
Creedme, en esas lides, por nueve valgo yo.
VAPULÓN
Pero basta de bromas, ¡vayamos, pues, que allí
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nos llaman nuestro plan y la necesidad!
CHULILLO
¡Vayamos, compañero, que tengo el brazo listo!
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¡Dios, qué extraño valor siento en mi interior!
¡Qué ardor noto por dentro ¡Pardiez, qué bravo soy!
¡Cuánto me gustaría que a una buena bodega,
llena de vino y sidra, ahora me llevaran,
siempre que yo tuviera conmigo un buen jamón!
ESCENA II
(Fioreta y Clorita.)
FIORETA
Acaban de decírmelo: mi sobrina Clorita
1
cultiva con Brillante una amistad secreta,
y se les ve, a menudo, conversar cara a cara.
Bien podría ocurrir que ese lindo galán,
abriéndole los ojos, la acabe desflorando.
Además, ya se acerca ahora a la edad
en que las jovencitas sienten grandes ardores,
y, pálidas, se duelen mucho de sus pesares.
Todavía recuerdo el tiempo en que era joven,
y el importuno furor tanto me atormentaba.
¡Ay, Dios mío, qué mal! ¡Cómo arden esas brasas
cuando no se las riega de serena razón!
Voy a buscarla ahora, para dejarle claro
que ponga su cuidado en que no la seduzcan,
pues desconoce aún cómo se debe obrar
para salvaguardarse de una amoroso asalto;
todavía carece de astucia en ese oficio:
con unos juramentos, pronto la engañarían.
¿Pero qué advierto yo en la sombra del bosque?
Es ella; no lo dudo, la reconozco bien.
¿Qué estará haciendo ahí? Pues sí que me sorprende
verla en este lugar, y sin nadie con ella.
Buenos días, sobrina. Y bien, ¿qué hacéis aquí?
Parece que tenéis una amarga inquietud,
con esa tez tan pálida, ese cara, ese gesto.
Decidme, pues: ¿qué ocurre? ¿Os importuna algo?
No debéis ocultarme lo que os aflige así.
¿No puedo yo aliviar un poco vuestra pena?
CLORITA
Estad segura, tía, de que en este momento,
2
gracias a Dios, no siento, de verdad, pena alguna,
ni preciso que nadie se acerque a socorrerme.
FIORETA
¡Ah! ¿Por qué me mentís? No hay duda de que Amor
3
os tiene estrechamente cautiva entre sus lazos,
y, por eso, aquí estáis tan triste y pensativa.
CLORITA
¡Vaya! ¿Quién os lo ha dicho?
4
FIORETA
Vamos, vamos; lo sé.
5
CLORITA
Pues no podéis saberlo, porque no hay nada de eso.
6
¡Pero cuánta mentira, cuánta maledicencia!
No tengo yo noticia ninguna del amor.
¿Qué apariencia tendrá? ¿Es gris, o acaso verde?
¿Tiene cubierto el cuerpo de pelos o de plumas?
FIORETA
¡Venga, venga, sobrina, no finjáis ignorancia!
7
Salta a la vista aquí lo enterada que estáis.
Naturaleza, que hizo que aquí abajo naciéramos,
a todos nos enseña Amor y sus hechizos,
sin que sea preciso buscarse a un maestro
para reconocerlo, pues hasta a los más necios
deja bien instruidos; y no nos engañemos,
que cada cual aprende lo bastante del tema.
CLORITA
Aun así, nada sé; esa divinidad
8
que, según me decís, es maestra de todos,
nunca quiso enseñarme, por lo que no deseo
enterarme de nada, si es eso lo que quiere.
FIORETA
Pero, ¿por qué fingís tanto remilgo aquí,
9
con lo segura que estoy de que os gusta ese juego?
¿Qué, demonios, ganáis disimulando así,
si esos asuntos nunca se pueden esconder?
De nada sirve usar artimañas conmigo:
se podría engañar tal vez a una novata;
no a mí, que me conozco los trucos del oficio,
de haberlo practicado como otras de mi barrio.
CLORITA
¿Qué diablos me decís? ¿Así sois de insensata?
10
¿Cómo os confesaría algo que ni siquiera
rozó mi pensamiento? ¡Es una crueldad
forzar la confesión de lo que nunca fue
ni soñado ni hecho!
FIORETA
En vano contestáis.
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Id con el cuento a otras. Brillante es vuestro amante;
sus ojos os vencieron, y, con bellas palabras,
os ha tornado odioso a Vapulón, que os ama.
CLORITA
¡De esto, pues, se trataba! ¡Qué fastidiosa sois!
12
¡Dios mío! ¿Creeríais que estoy enamorada?
¿Y quién sería, entonces, el que quisiera amarme?
FIORETA
Ese mismo que acabo de nombraros ahora.
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CLORITA
Es demasiado bello para alguien como yo.
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FIORETA
Pues a él le parece que no os falta belleza.
15
Pero escuchadme, al menos: solo quiero advertiros
de que mucho os guardéis, no sea que, algún día,
el arrepentimiento os hiera el corazón.
No os mancilléis la honra, sed honesta y prudente;
y si vuestros favores le concedéis a un joven,
con él debéis casaros: hacedlo vuestro esposo.
Si no es así, mi niña, el amor no es honesto,
que es de bestias amar al primero que llega.
¿Acaso no sabéis que Dios lo prohibió?
Habéis oído al cura decirlo muchas veces.
Pensadlo bien, sobrina: todo cuanto os he dicho
solo es por vuestro bien, que mucho más deseo
que el mío, amiga mía, porque somos parientes
que se tocan de cerca.
CLORITA
Os lo agradezco mucho,
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queridísima tía, y las gracias os doy.
FIORETA
Sabed, pues, niña mía, que yo me moriría
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de tristeza y de enojo, si hablaran mal de vos,
en el lugar que fuera. Bueno, ya basta, ¡adiós!
CLORITA
Adiós, mi buena tía. ¡Ya era hora, qué alivio!
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No dejará esa vieja nunca de reprenderme
y de darme el sermón, como si fuera un cura,
para que guarde el sitio donde yace mi honra.
Y claro que lo haré: tiene mucha razón;
pero, antes, debo yo disfrutar lo que pueda,
puesto que, por derecho natural, nos es lícito
tener tantos amigos como nos venga en gana.
Uno solo no basta para satisfacer
lo que tanto nos gusta y tanto precisamos.
Por eso, al engreído Vapulón he cambiado
por mi amigo Brillante, tan valiente y gallardo,
al que voy a esperar aquí cerca, en el bosque,
echada sobre flores, al frescor de la sombra,
pues hemos acordado, además de jurarlo,
que hoy nos revolcaremos a gusto todo el día.
ESCENA III
(Brillante, Almerín, Clorita, Vapulón y Chulillo)
BRILLANTE
Venga, es hora, Almerín, mi más fiel servidor:
1
vayamos a encontrarnos con esa bella joven
que me tiene apresado bajo sus dulces leyes.
Me está esperando allí, a la sombra del bosque,
junto a un arroyo claro, que mana de una fuente.
Allí se aliviarán nuestras penas de amor.
ALMERÍN
Amo, os digo, en verdad, que, con esas picantes
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y agradables palabras, se me hace la boca agua,
y a punto estoy, ahora, de perder la razón,
cuando pienso y repienso en el gran regocijo
que conseguiréis con unos revolcones.
BRILLANTE
Basta, no te entretengas con palabras ociosas,
3
acércate a ese bosque corriendo para ver
si ella se encuentra allí, y vuelve aquí conmigo.
ALMERÍN
Voy en seguida, amo; no se discuta más.
4
BRILLANTE
Escúchame: además, para que esté contenta,
5
dile que beso humildemente sus bellos ojos,
sus manos y su boca; y regresa enseguida.
ALMERÍN
Y el culo, ¿no queréis besárselo también?
6
BRILLANTE
¡Je, Je! ¡Sí que le gusta bromear a ese necio!
7
¡Menudo es el granuja! ¿A quién no asombraría?
Esto es para ti, amigo; tómalo, es un tesoro.
ALMERÍN
Quedáoslo, mi amo; y también todo lo otro.
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BRILLANTE
¡Pero querrás ir ya! ¿Quieres hacer que sufra
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de este mal todo el día?
ALMERÍN
Ya me voy, os lo juro.
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Fijaos si son necios estos enamorados,
que están tan impacientes y sienten tantas penas;
mirad qué poco seso les queda en la mollera,
“Le beso yo las manos, le beso yo los ojos,
también le beso el culo, y un poco más abajo”.
¡Ah, qué necios cornudos! ¡No seré yo tan tonto!
Cuando el deseo a mí me pique en la entrepierna,
rápidamente iré a holgarme con alguna,
sin tan largos discursos que no valen de nada;
le saltaré yo encima como un gato se lanza
encima de un armario donde ha olido el queso.
¿De qué, diantres, sirve eso? ¿De qué, tantas palabras,
si no es más el amor que un natural deseo?
Pensad en lo contenta que estaría la gente
si toda esa retórica le fuera necesaria
para aplacar el hambre o mitigar la sed.
Pero estoy retrasándome, y debo ir a encontrarme
con la que está dejando sin seso a ese pobre hombre.
Aquí está, ya la veo. Buenas, mi joven dama;
mi amo, que os ama tanto como su propia alma,
os saluda y me manda para que me digáis
si os place que, muy pronto, acuda aquí a veros.
CLORITA
Estimado Almerín, dile sin esperar
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que se encuentre conmigo en medio cuarto de hora.
Jamás encontraremos mejor ocasión que esta.
ALMERÍN
¡Cómo voy a alegrarle el ánimo, rediós,
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pues sé que no desea nada más en el mundo!
Mas escuchadme un poco: olvidaba deciros
que besa vuestra frente, los ojos y la boca,
hasta el cuello, los pechos y todo lo demás.
CLORITA
Mucho es, desde luego; quiera Dios ampararlo;
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mas vete ya con él, por que no se retrase,
ahora que mi madre está fuera de casa,
pues ha ido a visitar a Alisón, su comadre.
¡Ay, Dios!, si ella regresa antes que yo al hogar,
me dejará el trasero morado de patadas;
y no quiero pensar en los gritos histéricos
con que me partirá entera la cabeza.
Mirad en qué peligro me pongo a cada instante
por amar firmemente a vuestro leal amo.
ALMERÍN
Pues sí que tiene suerte; muy feliz debe estar
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de que Venus quisiera que sea vuestro amante;
que, en un amor como este, sois el ave Fernique.
CLORITA
¿Cómo?
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ALMERÍN
Lo que yo digo: sois el ave Fornique.
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CLORITA
¡En lo cierto estarás! Pero dime: ¿qué es eso?
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¿Es algún animal?
ALMERÍN
En verdad, no lo sé,
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mas, cuando hablan de amor constante y nunca visto,
todos, frecuentemente, comparan con el Fénix.
Mas no os mováis de aquí. Amo, venid conmigo:
vuestra amada Clorita en el bosque os espera,
¡Apresuraos: debe volver después a casa!
BRILLANTE
Pues allá voy, amigo, con ánimo resuelto.
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Espérame tu aquí, que volveré muy pronto.
(Almerín se queda solo y habla.)
ALMERÍN
¡Dios! ¿Me conformaré, mientras huelo el asado,
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con ronchar solamente un trozo de pan seco?
Yo que soy tan amable, tan dispuesto y alegre,
yo que sé bien meter la morcilla en el bote
y mechar el conejo, estoy haciendo el tonto.
Pues esto va acabarse, que mucho me importuna.
Sí o sí, yo también, iré a buscar fortuna
con tanta gallardía como mi amo la busca.
VAPULÓN
¡Adelante, Chulillo, vamos a sorprenderlo
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las manos en la masa! Ve primero y aséstale
un solo puñetazo que lo deje sonado.
CHULILLO
Os incumbe el honor de poneros al frente.
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¡Id, que, como un valiente, seguiré vuestro paso!
VAPULÓN
¡Ánimo, pues, Chulillo! ¡Al ataque! ¡Valor!
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CHULILLO
¡Al ataque, al ataque, a matar, a matar!
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¡Zas y zas en el caput ! ¡Zas y zas en la espalda!
BRILLANTE
¡Socorro, amigos míos, que me quitan la vida!
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VAPULÓN
Estás clamando en vano para que te socorran.
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¡Encomiéndate a Dios!
BRILLANTE
¡Almerín, muerto estoy!
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ALMERÍN
Oigo cómo se esfuerza mi amo en sus amores.
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Escuchad como gime y cuánto se apasiona
del inmenso contento que su dama le da.
¡Si estuviera yo allí!
BRILLANTE
¡Ay, ven a socorrerme,
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Almerín, mi criado, que, si no, moriré!
ALMERÍN
¡Por el buen San Picaldo, no parece una broma!
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Oigo un gran alboroto: debe de haber camorra.
¡Adelante, allá voy, mi bastón de dos puntas!
¡Rediós, no dejaré títere con cabeza!
BRILLANTE
¡Arréale, criado, que me mata, por Dios!
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CHULILLO
Más valiente tendría que ser para arrearme.
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¡Caray, qué puñetazo acabo de encajar!
¡Más despacio, demonios, hermano centurión!
ALMERÍN
¡Dios, esta sí que es buena: mientras sigo zurrando
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a este bellaco vil, me sermonea a mí!
CHULILLO
¡Vete al diablo, rediós, que ya estoy bien servido!
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¡Ojalá yo no hubiera salido hoy de casa!
¡Al diablo con las putas y todas sus intrigas!
ALMERÍN
¡Pardiez, granuja infame, te voy a sacudir
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también de otra manera: ¡y pin y pan y pum!
CHULILLO
¡Ay! ¡Ay ¡Socorro! ¡Ayuda! ¡Que ya tengo bastante!
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¡Ah, verdugo! ¿Qué quieres? ¿Acabar con mi vida?
ALMERÍN
Para nada, granuja; no es ese mi deseo,
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pero quiero calentarle las costillas a gusto.
CHULILLO
Pues te lo impediré, que me largo ahora mismo.
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BRILLANTE
Deja a ese desgraciado, que no vale la pena
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darle palos, y ocúpate de nuestro capitán.
VAPULÓN
No te acerques a mí, rediós, o yo te mato.
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BRILLANTE
¡Por lo clavos de Cristo, furioso está el galán!
41
Mirad la espuma que echa, de rabia, por la boca.
ALMERÍN
Dejadlo, amo. ¡Puaj! ¡Cómo le canta el culo!
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¡Este villano infame encima se ha cagado!
BRILLANTE
¡Y qué quieres que hiciera, si está muerto de miedo!
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ALMERÍN
Vayámonos, mi amo, dejemos esta riña,
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que ya no aguanto más esta hedionda sentina.
ACTO II
ESCENA 1
(Marzán y Molivia, su esposa.)
MARZÁN
¡Ay! ¡Señor de los cielos, qué amarga es mi aflicción!
1
Siento que me devoran el corazón con saña
los dolorosos dientes de una amarga aprensión,
que, de día y de noche, su pasto ha hecho de él.
No tengo ya ni ganas de comer o beber,
ni tampoco puedo recurrir a mi hacha,
que tan bien aprendí, antaño, a manejar.
¿Qué voy a hacer? No sé. Tal vez lo sepa Dios.
¡Ay de mí! ¿En qué tendré que convertirme ahora?
Desde el aciago día en que se presentaron,
cuando iba yo a salir, para vilipendiar
a mi hija Clorita, que, para mi desgracia,
adoraba yo tanto, no he dejado un momento
de llorar, suspirar y desear la muerte.
¡Pero, cómo! ¿Tendré que creer lo que dicen?
¿Será ella, a fin de cuentas, tan necia y miserable?
Como descubra yo que es cierto lo que cuentan,
se puede dar por muerta esa puta, esa perra.
MOLIVIA
¿Por qué refunfuñáis de esa manera, esposo?
2
¿Qué tremendo furor os aflige y consume?
Decidme vuestro mal, que, de verdad, no puedo
veros más padecer esa importuna pena.
MARZÁN
Si lo quieres saber, escucha, mi Molivia;
3
sufro en el corazón una pena excesiva,
que no tardará en darme la muerte en pocos días;
Y todo lo han causado las enojosas nuevas
que hace poco me han dado de nuestra buena hija.
MOLIVIA
¡Pero qué estáis diciendo! Nuestra hija es tan buena
4
que siempre es para bien cuando hablan de ella.
MARZÁN
Demasiado la mientan, pues Miguelón me ha dicho
5
que, desde hace tres días, se murmura de ella
como de una persona harto maleducada.
MOLIVIA
¡Ha, qué insensato sois! ¡Y vos os lo creéis!
6
¿Acaso no sabéis que se muere de envidia
desde que ha comprobado que mi buena Clorita
es cien veces más bella que su hija Pietrina?
Pero, ¿no veis que actúa con toda su malicia?,
¿no veis que, si se entera de que un joven pretende,
tras conseguir su amor, casar con nuestra hija,
intenta que fracase, con infames mentiras?
¡Ah, qué maldad! Creedme, Marzán, no lo dudéis:
esos bellos discursos que le oís pronunciar
nada tienen que ver con los del Evangelio.
No hay nadie que no sea propenso a la mentira.
Eso es una calumnia; no creo yo, Marzán,
que se pueda encontrar, en este mundo entero,
una hija que sea parecida a la nuestra,
pues es un verdadero dechado de virtudes.
Olvidaos, por tanto, de esa triste sospecha,
que os haría morir de tanto desconsuelo.
MARZÁN
Ya que me aseguráis, con lo que me decís,
7
que esas vanas palabras tan solo son calumnias,
las arrinconaré; y me voy al trabajo.
Pero escuchad, esposa: siempre hay que vigilar
lo que unos y otros hacen; no os fieis de un tal Brillante,
que no le quita nunca la mirada de encima.
pues lo que es una mera sospecha ben podría,
a costa nuestra, hacerse real y avergonzarnos.
Ya sabéis lo inconstante que es siempre vuestro sexo,
pues lo que hoy rechaza, mañana lo codicia,
y, si algo le prohíben, más aún le apetece,
prefiriendo el capricho a toda la decencia.
MOLIVIA
No temáis que le ocurra jamás, esposo mío,
8
algo malo a Clorita, mientras yo siga viva.
ESCENA II
(Fioreta y Chulillo.)
FIORETA
¡Ay, de verdad, Dios mío, qué lástima me da
1
que el vehemente ardor de una loca amistad
arruine a una muchacha, dejando sin remedio,
y con tanta vergüenza, mancillado su honor!
¿No es sorprendente, acaso, que esa ardiente pasión
les libere la mente de cualquier aprensión,
y no teman la cólera de Dios omnipotente,
o que les caiga encima mala reputación?
¡Ay, Clorita, qué pena, qué dolor siento yo
de que no te metieran en un cajón mortuorio
antes del triste día en que las malas lenguas
murmuraron de ti tantas necias palabras,
pues cuando hemos perdido una vez nuestro honor,
jamás de los jamases no es restituido!
Mas, por muchos rumores que sigan circulando,
no creo que le hayáis permitido a Brillante,
el lechuguino ese, gozar de vuestro cuerpo.
Tal vez, esas calumnias las haya propalado
alguien que os quiere mal; me voy a molestar
en sacar la verdad en claro de todo esto,
pues nuestra alma, a menudo, se aflige por creer,
a la ligera, cosas que llegan a su oído.
¿Pero quién viene ahí? Parece que es un hombre.
¡Vapulón! Ojalá estuviera yo en Roma,
pues sé que mucho tiempo aquí me retendrá.
hiriéndome y burlándose con sus sucias palabras.
VAPULÓN
¡Hola! ¡Dios os ampare, mi sempiterna vieja!
2
FIORETA
¡Y también os proteja, señore sin cerebro!
3
VAPULÓN
Decid, ¿tenéis el ánimo contento, como siempre?
4
Muy sana parecéis.
FIORETA
Pues sí, gracias a Dios.
5
VAPULÓN
Bueno, escuchadme bien, que nos pueden oír.
6
Debo pediros algo que no es de vuestro gusto:
¿me llevaríais vos un cuarto de hora en brazos,
que ya no puedo más de correr y trotar?
FIORETA
¡Venga ya, sinvergüenza! ¡Ojalá os desangréis
7
por vuestras calenturas una semana entera!
¿No podríais decirme más palabras más honestas?
VAPULÓN
¿Hay algo más hermoso que platicar de amor?
8
¡Es tan dulce el efecto, y hasta tan necesario!
FIORETA
¡Por Dios, como os agarre, os haré bien callar!
9
¡Basta, rufián seboso! ¡Ya está bien, golfo verde!
¡Ojalá te arda el fuego de San Antonio el culo,
que no eres más que un cerdo, por no decir peor!
VAPULÓN
¡Ya vale! ¡Despacito, mi buena mujerzuela!
10
¿Para qué tanto enfado? ¿Para qué tanta cólera?
Creo que eso, en verdad, os sabría muy dulce,
y sobre todo ahora, querida viejecita,
que nadie está labrando vuestra tierra baldía,
esa que, hace diez años, dejaron en barbecho.
FIORETA
¡Fuera, vil desalmado, borracho de taberna!
11
¿Cómo no se os cae la cara de vergüenza
de venir a mostrarme vuestra concupiscencia?
Dirigíos a otras, que soy mujer honesta.
VAPULÓN
¡Pues ya quisiera yo que, en mis pobres bolsillos,
12
la misma cantidad de monedas hubiera
que palos os hundieron en el agujerito!
¿A quién engañaríais? Decid vuestros embustes
a cualquier forastero; a mí, no, que os conozco.
FIORETA
Os daré un buen sopapo en todas las narices,
13
por ser tan mentiroso.
VAPULÓN
Mirad cómo me burlo:
14
¡ay, qué miedo me dan vuestros tremendos golpes!
FIORETA
¿Te ríes, pues, de mí, desgraciado piojoso?
15
¡Toma ya: zas y zas, borracho bravucón!
¿Quieres que te caliente aún más el careto?
VAPULÓN
Despacio, sesentona, hagamos bien las cosas.
16
Furcia, tienes la cara cubierta de colgajos,
vieja mula arrugada, o, mejor, perra chocha.
¡Cómo! ¡Me has arreado en todo el frontispicio!
¿Y si te desenvaino mi entrepierna yo aquí?
FIORETA
¿Y qué me vas a hacer, galicoso, gazmoño?
17
VAPULÓN
¡Rediós, te cortaré esos morros mocosos!
18
FIORETA
¡Qué os parece! ¡Escuchad, mirad a este mastuerzo!
19
¿Oís bien lo que dice? ¡Menudo papagayo!
VAPULÓN
¡Cuánta palabrería, caramba, hay aquí!
20
¡Y zas, y zas, y zas, rediós, vieja buscona!
¡Más de cien puntapiés en el culo os daré!
FIORETA
¡Socorro, amigos míos! ¡Ya no me siento el culo!
21
¡Mucho me temo yo que me ha roto algo dentro!
VAPULÓN
Me siento envenenado. ¡Por Dios, menudos pedos!
22
Se diría más bien que son escopetazos.
¡Dejad que me retire de este sitio, rediós,
que podría diñarla aquí mismo ante vos,
por el aire corrupto de esas ventosidades!
¡Qué increíble es el tufo!¡Al diablo, con la gorda!
¡Salgamos ya de aquí, y con paso bien rápido!
FIORETA
¡No será para tanto! ¡Por tres vulgares pedos!
23
VAPULÓN
No debe haber retrete en ninguna posada
24
que huela igual de mal, ni peor muladar.
¿Qué? ¿Pero no oléis nada? ¡Aire, por favor, aire!
Poco olfato tendréis si aquí nada notáis.
Mejor aún; tapaos la nariz con un paño,
vosotras, sobre todo, bellas divinidades;
o aspirad los aromas florales de un jardín,
si no queréis echar vuestras tripas aquí.
ESCENA III
(Clorita, Almerín y Vapulón)
CLORITA
¡Qué preocupación tan extraña me embarga
1
por el ansia que tengo de saber el final
de la lid que ha enfrentado a mis dos campeones,
y a quién el poderoso destino ha decidido
conceder el favor de la dulce victoria,
dejando al derrotado la vergüenza por gloria!
¡Cuánto desearía que ya viniera ahora
el mozo de Brillante a contármelo todo,
pues estoy espantada de que la caprichosa
Fortuna haya dañado a mi querido amigo!
¡Ah, lo veo venir por ese caminito!
Pues voy a hablar con él. ¡Dios os guarde, Almerín!
¿Cómo está mi Brillante? ¿Tiene contento el ánimo?
ALMERÍN
Está a salvo y en forma; y me ha enviado a vos
2
para estar bien seguro de cómo os encontráis.
CLORITA
¡Ojalá le mantengan los cielos sus favores!
3
Si está a salvo y en forma, igual que él estoy yo,
pero, en verdad, sentía una tremenda inquietud
por saber qué ha pasado en vuestro enfrentamiento
con ese Vapulón. ¿Ha sido tan cruento?
¿Qué parte de las dos ha sido victoriosa?
ALMERÍN
Nos hemos distinguido por nuestra valentía
4
con buenos bastonazos, con buenos puñetazos.
El golfo de Chulillo, que pronto he puesto en fuga,
bien podría contarlo, y también Vapulón,
que todo el campo libre nos ha dejado a ambos,
después de haberle hecho vocear de dolor.
Mas cambiemos de tema, que os quiero hacer un ruego,
que me concierne a mí.
CLORITA
Hablad, estoy dispuesta
5
a oír y otorgar también lo que pidáis.
ALMERÍN
Me haríais el hombre más feliz de este mundo,
6
concediéndome ahora lo que tanto deseo,
pero mucho me temo que no le destinéis
a un bruto como yo amables pensamientos.
CLORITA
Tal vez, todo depende de lo que me pidáis.
7
ALMERÍN
Pues aquí os lo diré; escuchad, por favor,
8
pero os ruego que, en nombre de todos nuestros santos,
no queráis rechazar lo que voy a imploraros.
Ardo yo y me consumo, me cuezo, tuesto y aso,
incluso me convierto, de pronto, entero en fuego,
de tan enamorado que estoy de vos, Clorita.
Si os apetece, pues, jugar a la bragueta
tengo una dotación como nunca se ha visto,
de las que más trabajan para hacer su deber;
y lo comprobaréis, si queréis permitir
que la meta yo dentro de lo que ya sabéis.
CLORITA
¡Qué grosero que sois! ¡Hablad honestamente,
9
o me haréis escapar de aquí avergonzada!
ALMERÍN
¡Vaya, esta sí que es buena! Os avergüenza, pues,
10
oír hablar del tema, pero nada os importa
echar más de cien polvos, moviendo todo el culo,
con vuestro buen Brillante, hasta dejarlo exhausto.
¡Dejadme a mí que os monte y os agarre bien fuerte!
Y si por un casual, se presenta un espía,
ya le haremos señal, meneando el trasero,
de que no se aproxime y nos deje a lo nuestro,
para que disfrutemos dándonos un buen lote.
¿No sería estupendo?
CLORITA
Para nada.
11
ALMERÍN
¿Y por qué?
12
CLORITA
Porque quiero ser fiel a mi amado Brillante,
13
y todo lo que hacemos es porque casaremos.
ALMERÍN
Pues nosotros querremos ser fieles al casquete,
14
que eso pinta mejor, como muy bien parece,
que dejarse apresar por la ley conyugal,
como comprobaréis cuando tengáis costumbre
de que os aten los lazos de vuestro matrimonio.
CLORITA
Escuchad dos palabras: Amor, que todo vence,
15
ha metido a Brillante tan dentro de mi pecho,
que será muy difícil que se escape de allí,
si no me lleva a rastras la muerte a un ataúd.
No me habléis más del tema, porque, mientras yo viva,
nunca conoceré a ningún otro amante.
ALMERÍN
Ya que tenéis grabada tan bien su bella estampa
16
en todos los lugares de vuestro corazón,
pues que se quede allí por siempre eternamente;
por mi parte, os prometo, os juro y aseguro
que no me propondré para sustituirlo,
pues solo él ha podido derretir vuestro hielo.
Aun así, corazón, no porque me dejarais
teneros en mis brazos y disfrutar de vos,
disfrutaríais menos de vuestro propio amigo,
pues cualquiera que venga y con vos se deleite,
no os despoja de nada; muy al contrario, deja
en vuestro cantarito cuanto Naturaleza
le permite a sus fuerzas; por lo tanto, ya que os dan,
no deberíais nunca a nadie rechazar.
CLORITA
¿Qué, demonios, decís? Me parece, Almerín,
17
que habéis completamente perdido la chaveta.
¡Cómo os saltáis los límites de toda la modestia!
¡Os daré, por mis muertos, una buena lección!
¡Toma ya, zas y zas!
ALMERÍN
¡Mas despacio, que duele!
18
¡Socorro, buena gente, que me parten los huesos!
CLORITA
¡Fijaos qué granuja! ¡Encima, se está riendo!
19
ALMERÍN
Para nada, más bien deploro mi desgracia.
20
Pero esto es demasiado: me voy a retirar
a cualquier agujero para allí lamentarme
del horrible disgusto que me asalta y oprime,
porque me ha rechazado una amante tan bella.
CLORITA
¿Será tan turbador para vos el amor,
21
como dais a entender, por lo que estás diciendo?
ALMERÍN
Sí, y peor aún; me estoy desesperando.
22
¡Ah! Voy a darme muerte de una buena estocada
y de vaso de vino, que me espera aquí cerca;
y, si no, me ahogaré con una buena cuña
de mantequilla fresca, o en un plato de nata.
CLORITA
¡Pues sí que dará lástima! ¡Cuánto lo sentiré!
23
¡Ja, ja, qué botarate! ¡Debe ser, ya lo creo,
un tormento cruel la muerte que buscáis!
Está aún por venir el año en que veamos
terminar vuestra vida del modo en que decís.
ALMERÍN
¡Ah, no estéis tan segura! Mas escuchadme un poco,
24
que basta ya de bromas: mi amo, que está ardiente,
me ha dicho que esta noche, sin falta, lo veréis,
CLORITA
Que venga. Yo pondré el oído esperándolo.
25
ESCENA IV
(Brillante, Almerín y Clorita.)
BRILLANTE
¡Ha, pero qué tremenda, pero qué sorprendente
1
es la pasión que amor infunde en nuestro ser,
cuando se nos instala dentro del corazón
y expulsa la razón, dominándolo todo!
¡Cómo nos emociona, sin dejarnos jamás
reposar una hora tranquilamente en paz!
Nos obliga, al contrario, a buscar sin parar,
allá donde se encuentre, a nuestra bella amante,
por gozar de su vista, por hacerle caricias,
por besarla mil veces, estrecharla en los brazos;
y aunque esos regocijos sigan todos los días,
el ardiente deseo no mengua para nada,
pues, incluso al momento de habernos separado,
ya estamos deseando empezar otra vez;
he podido yo mismo comprobarlo sin falta,
pues no he sido capaz de seguir esperando
más de tres, más de cuatro jornadas, como mucho,
sin ver a esa belleza, que ha hecho de mí un esclavo
de esa pasión furiosa y cruel por igual.
He enviado a buscarla hace poco a Almerín,
pero no ha vuelto aún; podría haber tenido
tal vez, algún percance; sí, eso debe ser.
Pues no, gracias a Dios. Aquí está, ya lo advierto.
ALMERÍN
Esa joven belleza, que tanto os ama y precia,
2
me ha dicho que vengáis, cuando se haga de noche,
a acostaros con ella y deleitaros juntos.
BRILLANTE
Dime, pues: ¿sigue estando aún muy asustada
3
por la arriesgada lid que surgió de imprevisto?
ALMERÍN
No, no; ya no se acuerda lo más mínimo de eso,
4
aunque ha sido, a fe mía, un valiente combate,
de esos que mucho espantan y también se celebran.
BRILLANTE
No se hable más del tema; vete ya a preparar
5
algo para saciar esta importuna hambre,
que es hora de cenar.
ALMERÍN
Entendido; ya voy.
6
¡Qué bueno es todo esto! ¡Qué contenta está mi alma!
Ahora la Fortuna se presenta ante mí
para que yo me ría con una buena treta.
Hecho está: gozaré de vuestro dulce amor,
desdeñosa Clorita, más dura que una piedra.
¿Y queréis saber cómo? Pues me disfrazaré
poniéndome la ropa de vuestro caro amigo,
Voy a dejarlo, ahora, totalmente dormido.
tras hacerle tomar unas cuantas gotitas
de un helado brebaje, que echaré en su comida.
¡Adelante, está claro! ¡Eh, amo mío, amo,
la cena ya está lista! ¡Venid, pues, a comer!
¡Rápido, que no es bueno que sigáis ahí fuera!
BRILLANTE
¡Tranquilo, que ya voy! ¿Qué me pasa? Me duermo.
7
¿Qué significa esto? ¡Ayúdame, Almerín
acuéstame enseguida! ¡Ah, ah! ¡Cómo bostezo!
(Almerín va a acostar a su amo, vuelve y habla.)
ALMERÍN
¡Caray mi enamorado! ¡Está como si muerto!
8
¡Venga, adelante, hagamos algo bien ingenioso!
((Almerín se pone el vestido de su amo y va acostarse con Clorita, que cree que es Brillante.))
¡Pero qué bien me sienta la ropa de mi amo!
Voy a tocar ahora suavemente a su puerta.
CLORITA
¿Qué estoy oyendo yo? ¿No sois vos, prenda mía?
9
(Almerín, imitando la voz de su amo.)
ALMERÍN
¡Sí, cariño, soy yo! ¡Abridme, apresuraos!
10
CLORITA
Entrad, amigo mío; más cerca, que os abrace.
11
Venga, venid, venid a este lugar que es vuestro.
(Almerín, después de un tiempo, sale y habla así.)
ALMERÍN
Os juro, por mi fe, que he combatido bien.
12
Soy un hombre valiente y de tremenda fuerza.
Tengo yo aquí un potrillo que no se cansa nunca
y que bien se merece un poco de cebada.
Ha echado diez carreras, ¿no es acaso admirable?,
y, en cada una de ellas, he clavado en la argolla.
ACTO III
ESCENA I
(Vapulón y Chulillo.)
VAPULÓN
He vuelto a recorrer, de cabo a rabo, el pueblo
1
buscando a mi Chulillo, ese buen arador,
pero nada ha llegado a mis oídos de él;
creo que está defunctis , si no se ha evaporado,
o los negros demonios del tenebroso averno,
dentro de una caverna, de los pies lo han llevado.
CHULILLO
¡Pardiez, no me dan miedo! Y aunque tuvieran cuernos,
2
quisiera yo, a fe mía, que hubieran acudido:
les habría partido el espinazo entero,
mandándolos de vuelta con dama Proserpina.
VAPULÓN
¿Quién habría pensado en ir a buscarte allí?
3
CHULILLO
Tú: seguro que no; pero, en fin, aquí estoy,
4
alegre y bien dispuesto, y con tanta gazuza
que bien me zamparía un paté en un pispás;
aunque fuera tan grande como una honda fuente,
lo comería entero, aunque así reventara,
pues desciendo del hijo que tuvo Gargamel,
que tomaba la sopa a grandes paletadas,
y, por parte de madre, derechito provengo
del ilustre linaje del buen Pantagruel,
el que siempre bebía de una enorme cazuela,
si estaba padeciendo alguna enfermedad,
pues, cuando estaba sano, su alegre escanciador,
para que trasegara, le entregaba un tonel
lleno de buenas pintas, que vaciaba de un trago.
VAPULÓN
Pues sí que merecía poseer el Imperio
5
de los soldados ebrios; y tú, ser su heredero,
que mereces tenerlo in globo , todo entero.
Pero escúchame bien; hablemos de otra cosa.
CHULILLO
¿Por qué? ¿Queréis bailar? Conozco la gavota.
6
VAPULÓN
¿Es eso que se baila moviendo la barbilla,
7
con una paletilla de cordero en el puño,
en lugar del ramillo que se pone en la oreja,
y con una botella bajo el brazo por gaita?
CHULILLO
¡Bien hablado, compadre! ¡Adivinas muy bien,
8
para no haber estado viviendo con gitanos!
VAPULÓN
¡Que el asunto no es ese! Te vuelvo a suplicar
9
que escuches lo que digo.
CHULILLO
De acuerdo: ¡desembucha!
10
VAPULÓN
Me acaban de advertir que mi necio rival,
11
ese que yo abomino aún más que el veneno,
visitará esta noche a nuestra buena amiga.
Seguro que no ignoras la amargura que siento;
por eso, compañero: ¡vayamos contra él
y venguemos con furia la afrenta recibida!
Sabrás que en todas partes corre la comidilla
de que nos atizaron, para vergüenza nuestra.
VAPULÓN
Tenemos, pues, que ir, pero, en primer lugar,
12
empinemos el codo, porque, si no es así,
se me esfuma el valor, y no soy de provecho;
sabed, amigo mío, que, si el hambre me azuza,
no valgo, de verdad, ni siquiera un pimiento.
CHULILLO
¡Bien hablado! Comamos, que, después, allá iremos.
13
CHULILLO
Mas, cuando estoy chispado, querido amigo mío,
14
sabe bien el Señor si peleo y si zurro,
Y si yo hubiera estado bien borracho, hace poco,
no nos habrían dado golpes tan peligrosos;
así que, compañero, vayamos a beber
y, después, será nuestra, sin duda, la victoria.
VAPULÓN
Vayamos, pues; de acuerdo.
15
CHULILLO
Sírvenos del mejor.
16
VAPULÓN
Y para mí también.
17
CHULILLO
¡Qué bueno estás, oh, vino!
18
¡Por Dios, cuánto te quiero, cuánto te amo y venero!
VAPULÓN
Venga, pues, dediquémonos un poco al buen yantar.
19
Toma, quítate el hambre con este buen jamón.
CHULILLO
Este amiguito mío parece estar muy rico,
20
aunque tiene la carne algo negra de más.
Mas, ¡basta de comer sin beber! ¡A beber!
Sírveme, compañero, que beba a reventar.
VAPULÓN
¡Pero qué buen gaznate! No dejará en el vaso
21
ni siquiera una gota.
CHULILLO
¡A beber y reír!
22
Voy a cantaros yo una bonita jácara.
((Canción.))
No hay en el mundo mayor contento
que meterse un buen vino pa’ dentro;
quiero por eso continuamente
que me remoje un morapio el vientre.
Así que bebamos sin parar,
pues es placer que no tiene par.
Si alguna pena sientes por dentro
que te corroe o te da tormento,
solo con que cinco tragos bebas
la habrás sacado de tu cabeza.
Así que bebamos sin parar,
pues es placer que no tiene par.
El buen vino alegra el corazón,
aumenta en todo quisqui el valor
y hace que siempre nos merendemos
todos los que han querido ofendernos.
Así que bebamos sin parar,
pues es placer que no tiene par.
Todos los animales del mundo,
la barriga se mojan a gusto;
la salud que ellos tienen depende
de lo que se meten en el vientre.
Así que bebamos sin parar,
pues es placer que no tiene par.
Mientras en el mundo aún esté,
nunca pararé yo de beber,
y cuando llegue mi hora final,
apartaré de mi todo mal,
empinando el codo sin parar,
pues es placer que no tiene par.
Y cuando me hayan dejado el cuerpo
allá al fondo de mi monumento,
quiero yo que todos mis amigos
lamentando mi triste destino,
empinen el codo sin parar,
pues es placer que no tiene par.
Basta ya de cantar; bebamos y bebamos.
VAPULÓN
¡Oh, qué bonita voz! De verdad que te admiro
23
por esos gorgoritos que haces tan melodiosos!
Has hecho que me crea, de ahora en adelante,
los pequeños relatos de los viejos poetas,
que nos cuentan que mudas serían sus hermanas,
como peces de estanque, si el primoroso Baco
no fuera el compañero querido de su grupo.
CHULILLO
Cuando bebo dos tragos, amigo, yo me animo,
24
y la gente disfruta de mis finos gorjeos,
pues canto algo mejor de como canta un búho,
o si así le prefieres, incluso un viejo lobo.
VAPULÓN
Pero, ¿por qué te burlas de ti mismo, colega,
25
si superas en voz al cisne y Filomela?
CHULILLO
Me alegra que lo digas, mas sigamos bebiendo,
26
que no hay ningún placer que a mí me guste más.
VAPULÓN
¡Eh! ¡Más despacio, mientras repaso yo este hueso!
27
¡Por lo clavos de Cristo, bebes más que una esponja!
¡Dame eso ahora mismo, que beba yo una vez!
CHULILLO
¡Caray, amigo mío, bebed las que queráis!
28
VAPULÓN
¡Sírveme, entonces, lléname este vaso hasta arriba!
29
CHULILLO
Aquí lo tienes lleno. ¡Bebe y tíralo al suelo!
30
VAPULÓN
Pero mientras nos damos un gran festín aquí
31
y brindamos sin fin, se no está olvidando
la gran empresa que ambos hemos de acometer.
¿No te acuerdas de nada?
CHULILLO
¡Rediós, que si me acuerdo!
32
¡Arriba, venga, en pie, rápido para allá!
Ayúdame, que quiero armarme hasta los dientes.
Vamos, deprisa, dame esa vieja coraza.
La suerte ya está echada, morirá allí mismo.
Mira, quiero también ponerme ese morrión,
que mucho temo yo que me den un golpazo.
Solo me falta ahora ese largo asador.
Ve rápido a buscarlo. Acércate aquí, hermano.
Ya estoy bien preparado. Vayamos cuando quieras.
VAPULÓN
¡Qué desastre, pardiez, si ya estás en el suelo!
33
¡Arriba, arriba ya! ¡Que lo pongan en pie!
No hay duda de que está ebrio como una cuba,
pues, en cuanto le ha dado un poco el aire fresco,
no ha hecho más que saltar, tropezar y caer.
¡Arriba, en pie, levántate!
CHULILLO
Ay, tengo una migraña
34
que vive en mi cerebro como en su propia casa!
VAPULÓN
¡Ánimo, pues, levántate! Te echaré yo una mano.
35
CHULILLO
¡Ay, ay, ay, huy, huy, huy! ¿Qué oigo yo retumbar
36
tan espantosamente, en mis propios oídos?
¡Ay, ay, ay, huy, huy, huy! ¡Sí que esto asombroso!
¡Tralalá, tralalá! Son abejorros, tábanos,
que, revoloteando, se pelean entre ellos.
¡Moscas, moscas, ya basta! ¡Ay! ¡Dejadme vivir!
VAPULÓN
Borracho está perdido, no hay duda, el pobre diablo;
37
se ha quedado sin ápice de seso ni razón;
tendré yo que llevármelo de vuelta a nuestra casa.
CHULILLO
Lo voy a destrozar con un golpe de lanza,
38
lo haré caer de bruces sobre su propia panza,
pero, ¡ay, si yo tuviera un poco de pecunia !
Bueno, una de gallardibus aquí me marcaré.
VAPULÓN
¡Qué bien lo está pasando! Ha perdido el sentido,
39
no sabe lo que dice.
CHULILLO
Sí: en Cuaresma iré.
40
(Lo coge y lo mete dentro.)
ESCENA II
(Fioreta y Molivia.)
FIORETA
He aplazado hasta ahora, informaros, hermana,
1
de un asunto que mucho me preocupa a mí,
porque me he confundido teniendo la esperanza
de que no seguiría aumentando ese mal,
confiando en que mi seso y mis sabias palabras
tendrían el poder de detener su curso;
mas, al ver que no puedo conseguir nada más,
ya no hay necesidad de callarlo –he pensado–,
y tengo que informaros puntualmente hoy,
para que, si podéis, encontréis el remedio.
Vuestra hija, mi sobrina, está que arde de amor
por su lindo Brillante, que la ve y la corteja.
Me han dicho que los dos ya no son más que uno:
el rumor ya circula aquí por todas partes;
he intentado hasta ahora todo lo que podido,
para romper su amor, pero ha sido invencible.
Pensad, pues, en qué haréis.
MOLIVIA
Pero, ¡qué oigo, Dios mío!
2
Mi corazón por poco no se ha partido en dos.
¡La desesperación me deja sin sentido!
¡Fioreta, hermana mía, estoy ya medio muerta!
¡Pero qué mala pécora, qué malvado traidor!
FIORETA
Calmaos, que esta pena no os desazone tanto;
3
apartad a los lejos este pesar que os roe:
quizás no todo es cierto, y hay algo de mentira.
¿Acaso no sabéis que el populacho tiene
costumbre de mentir en asuntos de amor?
MOLIVIA
Claro que lo sé, hermana, mas la maledicencia
4
siempre trae consigo un enorme perjuicio,
pues aquellos que alcanza su maldito veneno
son odiados por todos, igual que los pecados.
FIORETA
Pero el paso del tiempo, con su enorme poder,
5
consigue que se borre, al final, el recuerdo.
MOLIVIA
¡Cómo! No puede el tiempo hacer olvidar algo
6
que ya van pregonando por todos los lugares,
igual que los edictos, mil miserables lenguas,
mucho más afiladas que estoques y que espadas.
Y no solo eso, hermana: aunque, a veces, se cree
que el fuego está apagado, bien pronto se comprueba
que, bajo la ceniza, solo estaba dormido,
por la facilidad con que vuelve a prender;
pues ocurre lo mismo con las habladurías
que se creían muertas: reviven al momento.
FIORETA
¡Y qué se le va a hacer! Tenéis que decidiros.
7
MOLIVIA
¡Ojalá que, al nacer, la hubiera fulminado
8
y hasta enterrado un rayo! ¡No sentiría ahora
un pesar tan amargo como el que ya me invade!
FIORETA
Tranquila, hermana mía.
9
MOLIVIA
¡Dios mío! ¡Que será
10
de mí, en adelante? ¿Qué tengo yo que hacer?
MOLIVIA
Tranquila, hermana mía, enjugad esas lágrimas.
11
No hay nadie en este mundo que escape a las desgracias.
¿Acaso no sabéis que la cruel Fortuna,
con todos sus engaños, a todos importuna,
que los grandes señores, los príncipes y reyes
están, como nosotros, sujetos a sus leyes?
MOLIVIA
¡Ay! Claro que lo sé, pero es inevitable
12
llorar por esos males, enojarse y quejarse;
si eres de carne y hueso, no hay modo de evitarlo:
solo una dura roca, un gélido tronco
serían insensibles a cualquier accidente;
pero, para nosotros, eso es algo imposible.
Bueno, adiós, ya me marcho. ¡Quedad con Dios, hermana!
FIORETA
Bien, pero moderad un poco vuestro enojo,
13
que, de veros así, siento yo mucha pena.
MOLIVIA
¡Qué paliza daría a esa mocosa ahora!
14
FIORETA
Por el amor de Dios, no le peguéis, hermana,
15
que vendría enseguida a reprocharme a mí
haberos revelado algo feo sobre ella,
y, entonces, me odiaría con un odio inmortal.
MOLIVIA
No le daré una tunda, porque me lo rogáis;
16
aun así, las cuarenta, sí se las cantaré.
FIORETA
Buena cosa será, pero no le digáis
17
que yo encendí esa ira en vuestro corazón.
MOLIVIA
¡Ahora te tendré ¡Ven aquí, vil mocosa!
18
Muriendo estoy por ti, de tristeza y tormento.
CLORITA
¡Ay, madre! ¿Qué os ocurre? ¿Por qué tanta aflicción!
19
¡Decídmelo, por Dios!
MOLIVIA
¡Pues te vas a enterar!
20
Para deshonra tuya, sé que haces el amor
con ese tal Brillante, durante todo el día.
Eso no es nada bueno; es deshonesto y sucio.
CLORITA
¡Que me caiga yo muerta aquí ante vuestros pies,
21
exánime e inerte, si todo eso no es falso!
¡Dios mío! ¿Quiénes son esos viles demonios,
esos maledicentes, o esos ruines impúdicos
que han venido a contaros tales iniquidades?
Hacedme ya el favor de decirme sus nombres,
que muy amargo es esto, ¡buá, ¡buá!, ¡buá!, para mí.
MOLIVIA
No saldrán de mi boca ni nombre ni apellido
22
de los que me han contado esta triste noticia,
pero es gente de bien, que ha visto cómo hablabais
ese Brillante y tú, en sitios indecentes.
CLORITA
Lo que dicen es falso; habéis sido engañada.
23
MOLIVIA
Venga ya, venga ya, no os hagáis más la lista;
24
amáis ardientemente a Brillante: eso es cierto.
CLORITA
No seguiré ocultándolo: es verdad que me ama
25
y se desea unir conmigo en matrimonio;
él mismo, por mensaje, hoy me lo ha hecho saber,
y me ha dicho, además, que vendría el domingo
para ver si mi padre quiere lo mismo que él.
MOLIVIA
Si no me estáis contando ahora una mentira,
26
amadlo, pues, Clorita: no me disgustará;
y sí, que venga a vernos; díselo claramente.
CLORITA
De verdad, buena madre, todo es como lo cuento;
27
pongo yo por testigo hasta al rey de los cielos
de lo notorio que es nuestro amor a sus ojos.
MOLIVIA
Pues ya no se hable más; te creo, es suficiente.
28
Aliviada me siento de una amarga inquietud,
mas, si esa villanía hubiera sido cierta,
¡qué desesperación, qué locura tendría!
Y, aun así, todavía me siento algo turbada.
Me parece que el mundo está hoy endiablado.
¿Dónde se habrá tramado este malvado embuste?
Hoy, el mundo se baña y se hunde en la mentira
ESCENA III
(Brillante, Clorita, Marzán y Molivia.)
BRILLANTE
¡Qué perezoso soy! Me debo preparar
1
para ir a enmendar enseguida el agravio
que hice ayer por la noche a mi querida amante,
faltando a mi deber, pues le hice una promesa
que, después, no cumplí, por culpa de ese sueño
odioso e inoportuno, que se metió en mis ojos,
pese a mi voluntad, y me dejo dormido
lo mismo que un lirón, en su oscuro escondrijo.
Pero ya me retraso; vayamos, pues, aprisa
a verla y recibir todas sus dulces órdenes
para pagarle así, con generosidad,
las rentas de sus tierras hasta cuadruplicarlas.
Pero, ¿quién viene aquí? Es ella, ya la veo,
¡Oh, qué perfecta amiga! Está acudiendo a mí.
¡Dios os guarde, mi bien, mi prenda enamorada,
mi único pensamiento, mi dicha en esta vida!
CLORITA
Eso mismo sois vos, querido amante mío.
2
BRILLANTE
Decidme: ¿sentís en vuestro corazón
3
algún pesar o enojo por mí, mi cara amiga?
CLORITA
¿Por qué, querido amante? ¿Por qué, mi alma gemela?
4
BRILLANTE
¡Y preguntáis por qué! Pues porque ayer no vine
5
junto a vos por la noche a gozar los deleites.
Y ocurrió porque un sueño, al que yo no acostumbro,
me tumbó largo tiempo sin sentido en la cama.
CLORITA
¡Qué poco habéis tardado en haceros bromista!
6
¿Quién fue, entonces, Dios mío, el malicioso espíritu
que vino hasta mi puerta, con astucia y destreza,
le dio unos golpecitos suaves con los nudillos,
y, con estos requiebros, me quiso cortejar:
“Abrid, hermosa, abrid; aquí está vuestro siervo
que quiere deleitarse una hora o dos con vos”?
Oigo yo estas palabras, y no le hago esperar:
me levanto del lecho y abro de par en par
la puerta bien sellada, pues estaba segura
de que erais vos, amor
BRILLANTE
Me estáis volviendo loco,
7
pronunciando ante mí semejantes palabras.
Por Cristo, no sabéis lo que eso me disgusta.
¡Caray! Si yo supiera de quién estáis hablando,
le rompería a palos la cabeza y los huesos,
aunque fuera un amigo o un íntimo pariente.
CLORITA
¿Qué es eso? ¡Con qué poco os arrastra la cólera!
8
Calmaos, corazón, y no seáis celoso.
Es mentira, os lo juro: era por conocer
el humor con que el cielo os trajo a nuestro mundo.
Mas ya no tengo duda; me he enterado muy bien,
y, de aquí en adelante, ya nunca os probaré.
BRILLANTE
Corazoncito mío, de verdad, sois muy mala.
9
CLORITA
¿Muy mala? ¡Para nada! Venga, tranquilidad,
10
y hablemos de otra cosa.
BRILLANTE
Sí, mi amor, eso quiero,
11
pero es para rogaros, prenda de mis deseos,
que pueda yo gozaros una hora esta noche,
para aliviar las penas que hay en mi corazón.
CLORITA
Amor supo abrasarme tan bien por vuestros ojos
12
que yo, de ningún modo, podría rechazaros.
Venid, pero que sea durante el primer sueño,
que es la hora en que duerme el gruñón de mi padre.
(Continuación de la escena: Marzán, el buen hombre, acostado detrás del telón del teatro, se despierta al oír hablar a Brillante y Clorita, acostados juntos, y le habla así a su mujer.)
MARZÁN
¿Pero qué ruido es ese? ¿Qué palabras escucho?
13
MOLIVIA
¡Ay, Dios mío, callaos, dejadnos descansar!
14
Eso solo serán unas cuantos ratones
que van por los armarios buscando qué comer.
MARZÁN
Si es así, nuestros gatos están poco aguerridos.
15
¡Por lo clavos de Cristo! ¿Qué ratones o ratas,
demonios, van a ser? Tan solo es vuestra hija,
que algún vil sinvergüenza se pasa por la piedra.
¡Mi hacha de tonelero, ahora mismo, por Dios!
Vas a probarla, golfo, y morirás aquí.
BRILLANTE
¡Ay, ay! ¿Qué voy a hacer? Lo diré a voz en grito:
16
¡Socorro, amigos míos! ¡Venid aquí, os lo ruego!
¡Venid, que ya me matan! ¡Eh, eh! ¡Salvad al rey!
MARZÁN
¡Grita más fuerte aún, que no te tengo miedo!
17
Brillante escapa y Marzán corre tras él.
ACTO IV
ESCENA I
(Molivia, Clorita e Hilardo)
MOLIVIA
¡Ay, Dios mío! ¡Que infeliz, qué desgraciada soy!
1
¡Ay, Fortuna inconstante, cruel y rigurosa!,
¿me has estado guardando, para la senectud,
estas cuitas tan grandes, tan acerbas y tristes?
¿Acaso no probé, en mis jóvenes años,
bastante tus mudanzas y altivas asperezas,
ya fuera por la muerte de mis parientes íntimos,
ya fuera por la ruina, por siempre lamentada,
que una espantosa guerra trajo a todos mis bienes?
¡Ay! Antes de este día, ya había yo sentido
tus golpes penetrantes, a los que nadie escapa;
no era, pues, necesario, ¡oh cruel despiadada!
que acabaras conmigo de este golpe infamante.
Pero mientras suspiro y me voy lamentando
de esta calamidad que me tortura el pecho,
¡cómo!, ¿no veo acaso a la ruin desalmada
que, dándome tormento, me hace echar tantas pestes?
¡Rediós, con qué paliza la voy a calentar!
CLORITA
¡Ay, mi querida madre, perdonadme, os lo ruego!
2
Tened piedad conmigo: os juro por mi sangre
que yo preferiría sufrir la negra peste
o incluso la morriña, antes que haber pensado
en todo lo ocurrido hace un momento aquí.
Escuchad, por favor, y sabréis con qué tretas
ha conseguido entrar ese traidor malvado.
MOLIVIA
Tal vez, a otras engañes con tu ardid; a mí, no.
3
CLORITA
¡Pobre de mí! ¿Tendréis tan poco corazón
4
que me apalearéis, sin haber escuchado
ni un poco las razones que tengo en mi defensa?
MOLIVIA
¿Qué razones tendrás? Venga suéltalas ya.
5
CLORITA
Que se abrase mi cuerpo como un leño en el fuego
6
o que el gran Lucifer me arrastre hasta su Infierno,
si, por encantamiento, no han abierto la puerta,
y ese hombre tan taimado, con pasos sigilosos
ha venido a meterse en mi cama desnudo,
sin que, en ningún momento, yo llegara a advertirlo.
Mirad qué extrañamente ese hombre me ha engañado.
MOLIVIA
¿Por qué no me llamaste, entonces, al instante
7
para que yo viniera a echarlo de esta casa?
CLORITA
Madre mía querida, ¡ay de mí!, no podía.
8
MOLIVIA
¿Y qué te lo impedía? Venga, dilo, mocosa.
9
CLORITA
Me encontraba sumida en un profundo sueño;
10
y pienso, de verdad, que, de no haber gritado
padre con tanta fuerza, me habría desflorado.
Creo que, al acostarse, tuvo que restregarme
zumo de adormidera sobre sienes y ojos,
pues ni siquiera oía una sola palabra.
MOLIVIA
Si dices la verdad, el caso es muy extraño.
11
CLORITA
Si no es todo verdad, que el ángel desgraciado
12
que reina en el abismo del espantoso Infierno,
acuda ahora mismo, y en sus manos me ahogue.
MOLIVIA
Ahora, yo te creo. Pero escapa cuanto antes,
13
no sea que tu padre te encuentre y te apalee;
está furioso, tiene de piedra el corazón;
ni piedad ni perdón conseguirás de él.
¡Huye, pues! Vete a casa de la tía Fioreta.
Te tiene mucho afecto y es mujer muy discreta:
muy bien te esconderá; y yo, por todas partes,
buscaré, mientras tanto, al buen compadre Hilardo.
¡Ay, ay, querido Hilardo, que tanto aprecio yo,
apiadaos de mí, imploro vuestra ayuda!
HILARDO
¿Qué os ocurre Molivia? Necesitáis consuelo.
14
¿Qué disgusto os aflige hasta tal punto ahora?
MOLIVIA
Es tanta la amargura y la calamidad,
15
que me muerdo las uñas y los puños de pena.
HILARDO
Pero decidme: ¿acaso no tendrá eso remedio?
16
MOLIVIA
No sabría deciros. Venid conmigo a casa;
17
escucharéis así mi cruel infortunio
y veréis lo incurable que es mal que padezco.
HILARDO
¿Es, pues, a vuestra casa, donde debemos ir?
18
MOLIVIA
Eso es, mi buen Hilardo; para hablar con Marzán.
19
ESCENA II
(Marzán, Hilardo y Molivia)
MARZÁN
No quiero oírlo más, vuestro ruego es en vano;
1
dejad, dejadme ya, retiraos de aquí
y nunca más volváis a importunarme así.
¡Pardiez, todo está dicho, quiero acabar con ella
con un millón de golpes de mi afilada hacha!
¡Retiraos de aquí, que ya está decidido!
HILARDO
¡Dios mío! ¿Qué decís? Compadre, no debéis
2
darle de vuestra mano esa espantosa muerte.
Sería, de verdad, un crimen tan horrible
que lo castigarían enseguida los jueces,
pues el asesinato, lo prohíben su leyes.
MARZÁN
No tengo ningún miedo de subir al cadalso
3
y de que allí me dejen colgado de una cuerda,
siempre que haya inmolado antes toda mi cólera.
MOLIVIA
¡Ay, pobre desgraciado! ¿Pero que estáis diciendo?
4
¿Queréis perder la vida en vano y sin razón?
¡Qué furor más extraño os domina y destruye!
¿Dónde fue a parar toda vuestra prudencia?
MARZÁN
Creo que esta mujer me sacará quicio.
5
¡Dedicaos a hilar la lana y a coser,
o marchaos de aquí a hacer vuestras tareas!
MOLIVIA
¡Ay, Dios mío! ¿Qué haré?
6
MARZÁN
¡Como os agarre yo,
7
el cuello os partiré!
HILARDO
¡Tranquilidad, compadre
8
que ni bueno, ni santo, ni bello eso sería!
Compadre, debéis ser más discreto y prudente;
apartad de la mente esa rabia brutal
que os nubla la razón!
MARZÁN
Quiero, en primer lugar,
9
enterrar aún viva al fondo de una tumba
a esa maldita puta; vamos, debo saber
a dónde ha ido ahora; se esconderá en vano,
que no hay nada que pueda salvarla de la muerte.
MOLIVIA
¡Ay, Marzán!, yo os suplico que, antes de perpetrar
10
algo tan espantoso, me deis vuestra licencia
para que, en dos palabras, defienda su inocencia.
MARZÁN
No dejaré yo ahora que me engañéis con eso.
11
HILARDO
Compadre, no hay razón para prohibir que os hable.
12
No se dicta jamás una buena sentencia
sin haber escuchado primero a la defensa.
MARZÁN
De acuerdo, pues, compadre, para no disgustaros,
13
puede, con mi permiso, contarnos lo que sabe.
MOLIVIA
Podéis estar completamente seguro, esposo,
14
de que nuestra Clorita no cometió esa falta:
ni se lo pensaría, de lo discreta que es;
así me lo ha jurado una, dos y tres veces.
Lo que le ha sucedido es que el traidor malvado,
por un astuto ardid, se ha metido en su cama,
después de haber abierto con su propio cuchillo
la puerta, que una tranca tan solo aseguraba.
HILARDO
No es, por tanto, culpable de lo que se le acusa
15
ni tampoco merece recibir un castigo.
MARZÁN
Pues no, no lo merece, si todo ha sido así.
16
MOLIVIA
Que se apague, por siempre, la luz para mis ojos,
17
que termine mi vida entre negras tinieblas
y todas las desgracias fúnebres y siniestras,
si no ha ocurrido todo del modo en que os lo digo.
MARZÁN
¡Rediós, muy atrevido ha tenido que ser!
18
¿Y se la ha cepillado? Os lo ruego, decídmelo.
MOLIVIA
Pues no; os lo aseguro: se ha encarado con él,
19
asestando en su espalda más golpes que a un caballo.
HILARDO
Lo que ahora decís es la clave de todo.
20
¡Le echaremos el guante, pardiez! Callad, compadre,
que juntos vengaremos pronto este vituperio!
¡Qué diantres, se me acaba de ocurrir una trampa
que lo hará astutamente caer en nuestras manos!
Así que escuchad bien: que vaya hoy Clorita
a encontrarse con él, y que no se le olvide
de bien engatusarlo, de bien enamorarlo,
por que venga esta noche a acostarse con ella.
Ya nos encargaremos, yo y alguien más, del resto.
MARZÁN
Os juro y aseguro, Hilardo, por mis muertos,
21
que sois muy perspicaz. ¡Qué estupenda ocurrencia!
¡Adelante, vayamos a ponerla ya en práctica!
Salid de aquí, Molivia, en este mismo instante
a buscar a Clorita para ponerla al tanto.
MOLIVIA
Ahora mismo salgo.
22
MARZÁN
Tenéis que apresuraros.
23
MOLIVIA
¡Ojalá quiera Dios guiarme y asistirme!
24
ESCENA III
(Brillante y Almerín.)
BRILLANTE
Te aseguro que acabo de sentir más terror
1
que si un banda de cafres me hubiera perseguido.
Almerín, mi criado, largo me han acosado,
con la espada en la mano para acabar conmigo
Mira, fíjate un poco cómo sigo temblando.
ALMERÍN
Con tan serio peligro, ya lo creo, ¡por dios!
2
¿Qué singular suceso os ha ocurrido, pues?
BRILLANTE
Ahora lo sabrás. Marzán, ese hombre calvo,
3
me sorprendió esta noche, cuando estaba gozando
–tú me entiendes, ¿verdad?– con mi bella Clorita.
ALMERÍN
¡Qué terrible infortunio para vos, amo mío!
4
BRILLANTE
¡Desgraciado de mí! Mi mayor aflicción,
5
¡ay, querido Almerín!, mi miedo más atroz
es que, con un hachazo, le hienda la cabeza
dejándole partidas la nariz y el mentón.
¡Me muero de terror! ¡Ay, mis hermosos pechos,
si pudiera el deseo hacerse realidad,
ojalá ya estuvierais lejos en otra parte,
pues, si ese hombre es cruel como para asestaros
el fatídico golpe, será tanta desgracia
que acabaré mis días en una ermita a solas!
ALMERÍN
¿Qué? ¡Buenos son los tiempos para hacerse ermitaño!
6
Pero, ¿cómo es posible que estéis tan afligido
por el amor impúdico de una hembra como esa?
¿No hay en el mundo acaso unas cuantas como ella?
BRILLANTE
Por supuesto que sí; y en número infinito
7
pero ninguna de ellas entró en mi corazón,
como ha entrado la bella que me quiere y me ama
un millón más de veces que a su propia persona.
ALMERÍN
No debéis, amo mío, estar tan orgulloso;
8
que yo puedo, a fe mía, certificaros ya
que vos no sois el único, pues tiene más amores.
BRILLANTE
Eso no me lo creo, porque sé que aborrece
9
a cualquier otro amante más aún que el Infierno.
He podido yo mismo comprobarlo cien veces.
ALMERÍN
Las jóvenes de ahora ya no tienen escrúpulos
10
en dejar de ser fieles y, a menudo, engañarnos,
pues el amor que sienten no es más que polvo y viento.
BRILLANTE
No pienso como tú, puedes estar seguro,
11
que en muchas ocasiones he visto su constancia.
ALMERÍN
Pues para mí está claro, que demasiadas veces
12
he comprobado yo sus malditas mudanzas.
BRILLANTE
Eso es, amigo mío, porque tu cruel destino
13
ha hecho que te enamores de necias malnacidas,
pero si el dulce arquero, el bello hijo de Cipris,
hubiera hecho prender en tu pecho el amor
por una que a Clorita algo se pareciera,
sé que no encontrarías nada tan agradable
y, muy arrepentido de todo lo que has dicho,
irías elogiando por doquier su virtud.
ALMERÍN
Pues si ella es tal dechado de virtudes, mi amo,
14
en nombre del amor, os ruego yo y suplico
–como pago os lo pido por todos mis servicios–
que me dejéis montarla, al menos, una vez.
BRILLANTE
¡Ja, ja, ja! ¡Qué papel más lucido tendríais!
15
ALMERÍN
¡Ja! ¡Ja! Sé que no estoy entre los más apuestos,
16
pero hasta alguien peor, bien que la apañaría.
BRILLANTE
Almerín, te pareces, de verdad, a esos necios
17
que cuanto más les pasa por la cabeza el tiempo
tanto más se convierten en idiotas cabestros.
ESCENA IV
(Fioreta, Clorita y Brillante.)
FIORETA
No tardéis más, sobrina, lo pensáis demasiado,
1
daos prisa en vengar vuestro ofendido honor,
que incluso vuestro padre os pide que lo hagáis,
y también lo desea vuestra buena madre.
¿Qué caviláis aún? Tenéis que camelarlo
Y, con sabrosos besos, dejarlo engatusado.
CLORITA
Oíd, querida tía: no tengo atrevimiento
2
para galantear de esa forma con él;
sería provocarlo más allá de la raya,
y temo yo, además, quedar al fin burlada.
FIORETA
¡Venga ya, no penséis en eso para nada!
3
Al contrario, actuad tal y como os proponen,
que nos encargaremos nosotros ya del resto.
CLORITA
Querida tía, ¡cuánta tranquilidad me dais!;
4
os quiero obedecer: iré sin detenerme.
FIORETA
Entonces, mientras tanto, me retiro de aquí.
5
CLORITA
¡Qué bien he conseguido disfrazar la verdad,
6
cuando he visto que todos se enfadaban conmigo!
Es bueno, en ocasiones, mentir para evitar
cubrirte de vergüenza y que de ti se burlen.
Pero aquí está mi amigo. ¡Dios os guarde, mi amante!
BRILLANTE
¡Y a vos, mi corazón! Me estaba consumiendo
7
un aciago temor que tenía por vos.
CLORITA
Pues no temáis ya nada, que estoy sana y alegre.
8
He conseguido obrar con tanta discreción,
que a todos he ocultado lo que hay entre nosotros,
de tal modo que, ahora, padre y madre ambos dos,
engañados por mí, ya no piensan como antes.
Por eso, caro amigo, vos que sois mi señor,
esta noche vendréis a acostaros conmigo.
BRILLANTE
No deseo, en verdad, otro bien, amor mío,
9
siempre que nadie acuda a hacernos algún daño.
CLORITA
Amigo, corazón, no tengáis más temor;
10
no habrá nada, a fe mía, que pueda molestarnos;
sabed que he preparado en casa cierto ungüento,
machacando ingredientes, cuyo extraño poder
a cualquiera sumerge en tan profundo sueño,
que, aunque griten a voces, no deja despertar.
Con él, ungiré el lecho donde mi padre duerme.
Así, ya no tendréis motivo de temor.
BRILLANTE
Si vos me prometéis que haréis lo que decís
11
– y no lo dudo yo–, ¡estamos, pues, de acuerdo!
Desde luego, esta noche acudiré sin falta.
CLORITA
¡Qué bien, mi corazón da saltos de alegría!
12
BRILLANTE
Querida amiga mía, antes de que os marchéis,
13
acercaos a mí para abrazarme un poco.
CLORITA
¡Oh, mi perfecto amigo, qué dulce arrobo siento,
14
cada vez que yo pienso en nuestra dulce vida!
ACTO V
ESCENA 1
(Marzán, Hilardo, Vapulón y Chulillo.)
MARZÁN
Por lo clavos de Cristo que os pillaré, perdido,
1
y sentiréis los golpes de todo mi rigor
como no reparéis la deshonra de mi hija.
HILARDO
Se merece, en verdad, una buena paliza
2
que les sirva de ejemplo a todos los rufianes.
MARZÁN
Es como si, ¡rediós!, ya lo hubiera atrapado
3
y unas cuantas verdades le dijera a la cara.
HILARDO
Nunca se había visto que la vil golfería
4
reinara como ahora: los hombres, los muchachos,
las mujeres, la chicas, de diversas maneras,
compiten ejerciéndola y se jactan de hacerlo,
de tanto que se abrasa, en estos tiempos, su alma
en la ardiente lujuria; y eso me hace pensar
que, solo porque queda gente de bien aquí,
no nos cae la cólera de Dios omnipotente
como antaño cayó en Sodoma y Gomorra.
MARZÁN
También lo creo yo, pero no hablemos más
5
y busquemos a alguien que nos pueda ayudar,
pues ese vil bellaco tiene mucha más fuerza
que nosotros, dos viejos que estamos en los huesos.
HILARDO
Necesitamos, pues, al voraz Vapulón
6
y también a su socio, el borracho Chulillo,
porque, cuando nos llegue la hora de luchar,
esos dos bravos mozos valdrán por más de cuatro.
MARZÁN
Pues entonces, compadre, marchad de aquí a por ellos
7
y rogadles a ambos que vengan a ayudarnos.
HILARDO
Compadre y buen amigo, iré como una flecha.
8
¡Oh, bravos campeones, nacido para Marte,
cien veces más valientes que tigres o leones,
el bueno de Marzán y yo os suplicamos
que vengáis a ayudarnos, con pronta diligencia,
contra quien nos ha hecho una cruel ofensa!
VAPULÓN
¡No digáis más, demonios, que lo capturaremos!
9
Pero contad, Hilardo, si os han dado licencia,
en dos o tres palabras, qué desgracia os aflige.
HILARDO
Me es imposible ahora, que el tiempo corre y vuela,
10
mas puedo prometeros que una vez que lleguemos
al lugar indicado, hablaremos de ello.
CHULILLO
Por todos los demonios, querido vejestorio,
11
¡cuánto me alegra oírte hablar de una contienda!
Cuando alguien me suplica que castigue a un rebelde,
salgo igual de contento que si fuera a un banquete.
¡Que traigan enseguida mi alabmierda , rediós!
¡Y deprisa, que tengo que acabar yo con él!
¡Voy a hacerlo salir volando por los aires!
VAPULÓN
¡Ni que tú te creyeras el pugnaz Rodomonte!
12
¿Piensas, pues, castigar a solas esta injuria?
¿Piensas tú, de verdad, que voy a permitirlo,
y no voy a entregarme, como tú, en cuerpo y alma?
CHULILLO
¡Compañero, por Dios, disipa ese temor!
13
¿Sabes qué te propongo? Luchemos a porfía
y mandémoslo pronto de paseo al infierno.
HILARDO
¡Basta de discutir el uno con el otro!
14
Caminemos deprisa y estemos preparados,
que tendremos que ser astutos y sagaces
para que ese bellaco no pueda hacernos daño.
VAPULÓN
Nada temáis, Hilardo, no tengáis ningún miedo,
15
que, así como los rayos del astro rey disipan,
a la vista de todos, los vapores oscuros,
los golpes de mi espada acabarán con él.
HILARDO
No os pedimos, por Dios, que deis tantos mandobles:
16
no tenemos empeño en herirlo o matarlo,
que lo necesitamos en vistas a otro asunto.
Debemos, pues, por eso, actuar con cautela.
Basta con que logréis que no pueda escapar
y tenga que cumplir con nuestra voluntad.
VAPULÓN
Está bien; ya os entiendo; así actuaremos.
17
CHULILLO
¡Caray, así será! Y si no, pues, ¡al diablo!
18
ESCENA II
(Molivia y Fioreta)
MOLIVIA
¡Ha ocurrido, Dios mío! Nunca habría creído
1
que tanto bien y gozo nos vinieran de un mal,
si, con mis propios ojos, no lo hubiera yo visto.
¡Qué escondidos están, oh Señor, los secretos
de vuestra providencia! Solo vos sois capaz
de hacer que, de un gran mal, nazca un bien dulce y útil.
FIORETA
Oigo como alguien habla aquí, para sí mismo,
2
de un bien que ha recibido de la bondad suprema.
¡Tengo que ver qué es eso! ¡Ah, pero si es mi hermana!
MOLIVIA
Venía yo a buscaros; ya está todo arreglado;
3
los vamos a casar, y pronto tendré un yerno.
Pero vayamos ya, que os están esperando.
FIORETA
Pues contadme primero cómo todo ha ocurrido.
4
MOLIVIA
Todo ha ido muy bien, mejor de lo pensado.
5
Si queréis escucharme, os contaré el asunto.
Tan pronto como dijo Clorita a vuestro hermano
que su amigo vendría a acostarse con ella,
hizo venir a Hilardo y lo envío a pedirles
al fiero Vapulón y a su socio Chulillo
que rápido acudieran a la fiesta con ellos,
quiero decir, a echarle el guante al mozalbete.
Llegados al lugar, se apostaron allí
y todos esperaron un largo cuarto de hora
a que el niño bonito viniera a aquella casa.
En cuanto allí acudió, todos se abalanzaron
fieramente sobre él, dándole algunos golpes
que le hicieron gritar: “¡Perdonadme la vida,
señores, que enseguida haré cuanto pidáis!”.
Al oír esa súplica, dijeron que debía
casarse con Clorita, pues así lo quería
el padre de la joven. Sin rechistar, entonces,
contesta eso es todo cuanto anhela su pecho.
Y ya está: así ha sido cómo han hecho las paces.
FIORETA
Y Vapulón, ¿qué dice?
6
MOLIVIA
¡Ah, hermana, esperad!
7
Sed un poco paciente; y escucharéis el resto.
Cuando se ha dado cuenta Vapulón del amor
manifiesto que unía a Brillante y Clorita,
la ha dejado, diciendo que ya no la quería.
FIORETA
Pues todo se ha arreglado.
8
MOLIVIA
De la mejor manera.
9
¡Vayamos que, si no, Marzán nos reñirá!