Jean Mairet

La Silvanira

La Silvanire

Traducción

Mairet, Jean. La Silvanira. Traducción versificada y notas de Á. García Calderón & M. Á. García Peinado, para la Biblioteca Digital EMOTHE. Valencia: ARTELOPE - EMOTHE Universitat de València, 2023.

Joan Oleza Simó (Investigador principal) García Calderón, Ángeles; García Peinado, MIguel Ángel (Traductor) Tronch Valls, Carme (Editor digital)

Español · Verso · 2819 versos

Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional (CC BY-NC-ND 4.0)

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Nota a esta edición digital

Esta publicación de La Silvanira de Jean Mairet, traducción versificada y notas a cargo de Ángeles García Calderón y Miguel Ángel García Peinado (Universidad de Córdoba) es parte del proyecto I+D+i «Teatro español y europeo de los siglos XVI y XVII: patrimonio y bases de datos», referencia PID2019-104045GB-C54 (acrónimo EMOTHE), financiado por MICIN/AEI/10.13039/501100011033.

LA SILVANIRA O LA MUERTA VIVA TRAGICOMEDIA PASTORAL

A LA MUY EMINENTE Y PODEROSA DAMA, LA SEÑORA MARIE FÉLICE DES URSINS, DUQUESA DE MONTMORENCY Y DE AMPUILLE, BARONA DE CHATEAUBRIAND, ETC. Señora, Desde el mismo instante en que imaginé el plan de esta, concebí el de dedicárselo a Vuestra Grandeza. Siempre he considerado a mi Silvanira como una belleza que construi para que algún día apareciera ante los ojos de una de las damas más virtuosas y perfectas del mundo. Como resultado de esta consideración no estudié tanto para embellecerla, como para olvidarme hacerla honesta, para que de alguna manera fuese digna de presentarse ante vos. En estas circunstancias, Señora, os es fácil juzgar que, conociendo vuestra virtud como yo debería conocerla, y no habiendo tenido nunca una pasión más fuerte y más justa que la de complaceros hasta en las cosas más pequeñas, habré tenido buen cuidado para mantener este poema en tal pureza de acciones y de palabras, como para que vuestro pudor no pueda entender la representación, ni rechazar la lectura. En resumen, Señora, esta es La muerta viva, que, desde el parque sombrío de vuestra magnífica residencia de Chantilly, se ve hoy obligada a pasar a la claridad de la Corte, en la que vos sabéis que es importante hacer hacer su entrada con dignidad. Ella supo por la voz del pueblo cuántas caricias y alegrías recibió en el pasado su pastora mayor, Silvia, bajo la protección de Monseñor; ella no augura menos de la vuestra, si le hacéis el honor de recompensarla, como os lo suplica muy humildemente. El deseo de triunfar en la Corte no es lo que le produce más inquietud, ya que le consta que bajo vuestros auspicios solo podrá ser muy bien recibida. Quizá la parte más compleja que la perturba sea la de agradar primero a Vuestra Grandeza, comprometiéndo con ello vuestra reputación a la defensa de la suya. No dudo que de las dos partes necesarias para que os guste, el decoro y la belleza, encontréis la primera; en cuanto a la segunda, temo en extremo por ella y por mí que halléis muchas cosas que no os satisfazgan del todo. No se trata de que al considerar cuidadosamente las diligencias que aporté para embellecer su rostro no pueda convencerme (y quizá sin vanidad) de que no pasará por fea a ojos de la mayor parte del mundo. Pero cuando llego a representarme, Señora, la extraordinaria bondad de vuestra mente, unida a esa viva claridad de juicio que aparece tanto en vuestras acciones como en vuestras palabras, especialmente cuando recuerdo que os vi descubrir a veces en diversas cuestiones de poesía gracias y defectos que solo son percibidos por los más clarividentes de la profesión, ¿no tengo motivos para temer que descubráis en mi pastora algunos de los que nadie salvo vos habría visto hasta tarde? Toda Francia está de acuerdo en que Italia no le dio nunca nada tan bello o precioso como la Reina Madre, y vos, compartís tanto sus incomparables virtudes como el esplendor de su raza; y sin embargo, o no conozco de todo punto la lengua en la que os escribo, o la habláis precisamente como yo tendría que escribirlo para que los cortesanos creyeran que en mí es auténtica. Mi intención aquí no es la de alabaros, quisiera Dios, Señora, que me estuviera permitido hacerlo, por muy mal orador que yo pueda ser, no creo que en un asunto tan hermoso, mi cariño por serviros no me hiciera decir cosas muy bonitas; y no dudaría de que las almas cobardes a las que las alabanzas del mérito ajeno les resultan insoportables, sufrieran sin murmurar la pureza de las vuestras, lejos de cuestionarme la verdad. Pero cuanto más honor es, como es mi caso, de estar especialmente ligado a Vuestra Grandeza, también hago profesión de rendiros una excepcional obediencia: no iré más allá de los límites que vuestra modestia ha prescrito sobre este asunto, en esta exposición; no obstante, me atengo a ella con una desgana indecible. Pues además de la coacción a la que me veo obligado, es algo inequívoco que mi silencio será siempre sospechoso de ingratitud, más que justificado por la consideración del respeto que me impone, y la posteridad, que sabrá algún día por boca de la fama que habéis sido la maravilla de vuestro sexo y la admiración del nuestro, no me perdonará fácilmente la falta que cometo de dejar escapar una oportunidad tan excelente para garantizarme la fama por mis escritos. Con todo esto, Señora, prefiero estar seguro de que todo el mundo me culpe, antes que correr el riesgo de enfadaros. Sé muy bien que una virtud pura y noble como la vuestra se contenta con merecer elogios, sin preocuparse mucho por recibirlos. Me adaptaré, por tanto, a la modestia de vuestro carácter, con la condición, Señora, de que como recompensa reconozcáis por favor a esta pastora como vuestra, y sin acordaros de que provenís de la muy floreciente e ilustre Casa de los Ursinos, que es casi tan antigua como la nueva Roma, a la que todavía hoy embellece con esplendor, y dio tan dignos sucesores a San Pedro y tan grandes capitanes a Europa; que sin recordar, digo, la altura de vuestro nacimiento, o la bajeza del suyo, Vuestra Grandeza concederá dos o tres horas de vuestro ocio al deseo que tiene de entretenerlo con sus aventuras. Es cierto que son amorosas, pero también os he ya manifestado que ese legítimo afecto con el que ella responde al de su pastor, está más o menos en la naturaleza de lo que el matrimonio os permite tener por uno de los hombres más gloriosos de la tierra, y que uno de los hombres más gloriosos de la tierra tiene recíprocamente por vos. Eso me asegura, Señora, de que vos no la escucharéis con menos gusto, y de que la recibiréis con la misma bondad de carácter que os hace que seáis querida por todo el mundo. Si por casualidad ocurriera que la encontrarais hermosa, mi satisfacción se cumpliría, y me consideraría muy recompensado por el esfuerzo que me tomé de componerla así. Os juro, Señora (y lo digo sin adulación), que la mera estima que tengáis de mi obra determinará para mí la buena o mala opinión que debo formarme de ella, con tanta o más certeza que si Malherbe o Virgilio revivieran para decirme la verdad. Siempre hemos constatado que vuestra mente, que no está limitada por tipo alguno de materia, está además sostenida por una fuerza de juicio que no debe nada a la de esas personas sagaces a las que nuestro siglo respeta tanto como para no juzgar el precio de las cosas sino por la estima que a ellos les merece. Pero quizás este abusando impertinentemente de vuestra paciencia: terminaré, pues, después de rogaros que recibáis gratamente este testimonio de mi deber, que os hago llegar tan gustosamente, como me considero, Señora de Vuestra Grandeza el más humilde y obediente servidor mairet

La escena se desarrolla en Forez Le Forez es una región natural e histórica francesa situada en la parte central del actual “Départament de la Loire” (région Auvergne-Rhône-Alpes). Sus habitantes son “Foréziens”. Al oeste y al sudoeste se hablaba occitano. Comarca famosa en la literatura francesa por ser el escenario de uno de sus libros más representativos: L'Astrée de Honoré d'Urfé. .

ARGUMENTO DE LA SILVANIRA

Menandro, uno de los pastores más ricos de Forez, que solo tiene una preciosa hija bella y sensata, llamada Silvanira, decide casarla lo más ventajosamente posible. Para ello, pone sus ojos en Théante, pastor tan bien dotado de los bienes de la fortuna como desprovisto de los de la mente y del cuerpo. Silvanira, que desde edad muy temprana había sido atendida por el gentil Aglante, al que solo le faltaban las riquezas del otro para ser feliz, valora morir antes que consentir en ese matrimonio. No es que ella nunca hubiera descubierto su cariño por Aglante, al contrario, dado que ella era sumamente prudente y comedida, en cuanto ambos fueron cumpliendo años ella lo privó de los privilegios de su infancia, comportándose con indiferencia respecto de él; tanto más al deducir que la avaricia de su padre y la pobreza de Aglante nunca se conciliarían, era muy discreta como para dar vanas esperanzas al pastor; de ahí que se viera obligada a parecer insensible a su amor, y de disimular con gran dificultad la intensidad de su amor por él. La noticia de la decisión de Menandro llega a oídos de Tirinte, un joven pastor enamorado apasionadamente de Silvanira, pero cuyo carácter era mucho más violento que el de Aglante, se deja llevar por la desesperación, y totalmente furioso quiere subir sobre la cima de una roca para arrojarse al vacío. Alcirón, pastor sensato y amigo suyo, trata de apartarlo de este plan; finalmente, al darse cuenta de que su herida era muy honda para curarse con palabras, le da un espejo, mediante el cual le promete convertirlo en poseedor absoluto de su amada. Tirinte le da el espejo a Silvanira, y la apremia tanto para que se mire en él que al final ella lo hace; pero el resultado es tan extraño, y tan opuesto al que él mismo había presagiado, que pocas horas después le llegan noticias de su muerte, en lugar de las que esperaba de su amor. Enseguida sospecha que era un efecto del regalo de su amigo; de modo que, llevado por el amor y el furor, lo persigue a muerte como si fuera su más mortal enemigo. Alcirón, huido de sus manos, encuentra un barco de pesca en la orilla del Lignon, gracias al cual se explica tan bien al desesperado Tirinte, que van los dos juntos al monumento en el que había sido colocada Silvanira, siguiendo la costumbre del país, que requería que las jóvenes sobre todo fuesen enterradas con sus ropas, como mayor testimonio de honestidad. Tirinte la reanima, e intenta en vano conquistarla con dulzura; finalmente, recordando el consejo de Alcirón, quiere llevarla a la fuerza a una cueva, donde lejos de testigos pueda convencerla para que lo acepte como esposo. Mientras tanto aparece Aglante, y muchos otros pastores con él que atrapan al secuestrador; Fosinda busca la muerte de Tirinte, de quien estaba apasionadamente enamorada; se lo condena a ser arrojado desde la ‘Roca Infortunada’; Fosinda urde un plan para salvarlo; él, que nunca la había amado, está feliz por casarse con ella. Mientras que, por otra parte, Menandro tras muchas dificultades accede finalmente al matrimonio de Aglante y Silvanira. Este tema se trata con más detalle en la tercera parte de L'Astrée , donde el Señor d'Urfé construye una historia continua (1). El mismo autor la ha convertido en una pastoral en verso sin rima, a la manera de los italianos. Ahí es donde se puede provocar la curiosidad del lector.

PRÓLOGO EN FORMA DE DISCURSO* POÉTICO

Al Señor Conde de Carmail (1) Señor, Hace dos años, usted y Monseñor el Cardenal de la Valette (2) me convencieron para que compusiera una pastoral con todo el rigor que los italianos acostumbran a practicar en esta agradable clase de escritos, en los que hay que admitir que tres o cuatro de los suyos han triunfado divinamente (3). El deseo que tenía de complacerlos a ambos me hizo estudiar cuidadosamente las obras de estos grandes hombres, en las que después de una investigación exacta, al final encontré que no habían tenido mayor secreto que tomar sus reglas de las de los antiguos griegos y latinos, reglas que observaron más religiosamente de lo que nosotros hemos hecho hasta ahora. Me propuse, pues, imitarlos, no en la excelencia de sus pensamientos, a cuya altura no pretendo llegar, sino sólo en el orden y conducta de mi poema, que tal vez os parezca uno de los más regulares de nuestra lengua, tras el examen que hagáis de él si os place en vuestro tiempo libre. Por eso he decidido mostraros este pequeño Discurso sobre la Poesía, que os dedico, Señor, como al Señor de la Corte de vuestra profesión que conoce las cosas más bellas, y que mejor las practica. Como soy demasiado joven e ignorante para enseñar, no escribo este Prólogo para instruir a nadie: mi intención al hacerlo es sólo mostrar que si no he podido producir una obra perfecta, al menos no he sido negligente en la búsqueda de los medios que podrían ayudarme a hacerlo, y que mi tragicomedia no es una obra escrita de forma descuidada. DEL POETA, Y DE SUS PARTES Un poeta propiamente dicho es aquel que, dotado de una excelencia mental e impulsado por un furor divino, explica en bellos versos pensamientos que parecen incapaces de ser producidos por la mente humana. Dije dotado de una excelencia de mente, a diferencia del profeta, a quien esta condición no es en absoluto necesaria, especialmente porque los oráculos que los profetas más a menudo traducían en verso procedían inmediatamente del espíritu divino, o reputado como tal, que los agitaba, como atestiguan los libros de las Sibilas, y las respuestas de Apolo. Por esta definición resulta que para ser llamado verdaderamente poeta, no basta con tener una mente fuera de lo común, ni versificar bien, sino que además es necesario tener esa virtud natural de inventar bien, y ese entusiasmo por el que el alma del poeta se eleva a menudo por encima de su tema, con ese Os magna sonaturum (4) de Horacio, que no se puede explicar suficientemente bien en nuestra lengua. De ahí procede, sin duda, que a algunos les cueste incluir a Lucano entre los poetas, porque contó su historia pura y simplemente como sucedió, sin hacer uso de las ficciones e invenciones de la poesía. Cierto es que si consideramos el nombre de poeta un poco menos estrictamente, cualquiera que escriba versos con arte observando la propiedad de las cosas y las palabras como deben ser, puede seguir siendo llamado poeta; y así Lucano ya no estaría entre los historiadores. Por lo tanto, es cierto que de las dos clases de cualidades que deben entrar en la composición de un buen poeta, algunas son puramente naturales, y las otras son extrañas. Las naturales son, considerando las cosas más de cerca, la destreza de la invención agradable, la fuerza de la buena imaginación, y sobre todo la habilidad y poderosa inclinación a la poesía, que hace, por ejemplo, que de dos mentes igualmente buenas y doctas, una llegue más fácilmente al fin de un gran poema, que otra haga un epigrama. No digo nada de la claridad de juicio, ya que es una condición necesaria no sólo para la perfección de este arte en particular, sino también de todos los demás en general. Las cualidades extranjeras son, el perfecto conocimiento de la lengua hasta las menores gracias de que es capaz, el conocimiento de las Buenas Letras, particularmente de las Humanidades, así como de las que caen más comúnmente en la materia, y de la Filosofía Moral y Física, cuyos principios al menos son absolutamente necesarios, por no decir nada impertinente o contradictorio. Y por último, el arte de escribir versos no sólo con el rigor de las reglas ordinarias, sino también con esa elegancia y suavidad que se admira más que se imita, como se nota en los del Señor Malherbe, y que no puede expresarse mejor que con esa cualidad difícil de definir, que hace que de dos mujeres hermosas, una sea más agradable que la otra, sin que el ojo que reconoce esta gracia pueda adivinar la razón. De modo que, tras considerar cuántas cosas excelentes contribuyen a la estructura de un poeta perfecto, no es de extrañar que siempre haya sido tan difícil encontrarlas. Pero en la medida en que se puede preguntar cuanto de la Naturaleza o del Arte, es decir, de lo adquirido, contribuye más a la realización de esta obra maestra, es indudable que el Arte nunca será nada completo sin la ayuda de lo otro. Si queremos saber cuál de estas dos partes se sostendrá más fácilmente por sí misma, la apariencia indica que la Naturaleza, y que un hombre con las únicas ventajas del nacimiento demostrará ser mejor poeta de lo que otro podría hacerlo con todas las investigaciones y meditaciones de un largo estudio. No ocurre igual con el orador, que debe buscar la perfección en el arte, sin necesitar la ayuda de la Naturaleza, me refiero a esa aptitud con la que nacemos para algún tipo de ejercicio. Fimus oratores, nascimur poetæ (5). De ahí viene que muchas mentes excelentes, apoyadas únicamente en el vigor de su genio, hayan hecho en siglos pasados, y sigan haciendo en el nuestro, cosas tan bellas, como atestiguan los poemas de los señores de Racan y de Saint-Amant, que ellos mismos confiesan ingenuamente que nunca tuvieron la menor comprensión ni del griego ni del latín. Es cierto que el estudio es totalmente necesario para la producción de una gran obra, y que Homero y Virgilio no habrían emprendido sin él lo que tan gloriosamente acabaron. DE LA EXCELENCIA DE LA POESÍA Por la definición que he dado del poeta, es fácil saber qué es la poesía. Por su etimología, son muy pocos los que no saben que deriva del verbo griego ποτέω , que significa creo vel facio , así como la de la palabra verso que deriva del verbo latino verto, quod tandiu vertatur quandiu bene fiat (6). Por eso, un verso bien hecho se llama verso bien acabado. Sin detenerme, pues, en estas pequeñas observaciones gramaticales, pasaré al elogio de la poesía, que no puede negarse como la más digna de todas las Artes, ni por la nobleza de su origen, como la que viene inmediatamente del Cielo, ni por la excelencia de los bellos efectos que produce. Por esa razón se la conoce como la lengua de los dioses, tanto porque les gustaba ser alabados en los templos con himnos y cánticos, como porque su dulzura es tan encantadora, que si los dioses (decían los Clásicos) tuvieran que conversar con los hombres, se cree que utilizarían el lenguaje de la poesía, como puede juzgarse por los oráculos que solían pronunciar en verso. De ahí que los grandes poetas se hayan ganado el título de divinos. DE LA DIFERENCIA DE LOS POEMAS Tomando el nombre de poeta según la última y más amplia definición, encuentro que hay tres clases de poemas: los dramáticos, los exegéticos y los mixtos. La obra dramática, llamada también activa, imitativa o representativa, es la que representa las acciones de un sujeto por medio de personas que hablan, y en las que el poeta nunca habla él mismo: en este tipo de escritura deben colocarse todas las tragedias, comedias, ciertas églogas y diálogos, y en definitiva todas las obras en las que el autor introduce personas apasionadas, sin que él mezcle nada propio. El exegético o recitativo es una obra que no recibe otra persona hablante sino la de su autor, como lo son todos los libros que se hacen para enseñar, o física como Lucrecio, o astrología, como Arato, o agricultura como Virgilio en sus Geórgicas , salvo algunas fábulas que ha mezclado en el cuarto libro (9). El mixto, finalmente, es aquel en el que el propio poeta habla, y hace hablar unas veces a los Dioses otras a los hombres: este tipo de escritura se llama también épica o heroica, porque los héroes o grandes hombres tienen algo más que humano, cuyas aventuras representan; así es como Homero magnificó las acciones de su Aquiles, y Virgilio después de él las de su Eneas. Ahora bien, como no es mi intención escribir un libro en lugar de un Prólogo, me contentaré con examinar la dramática, como la que más comúnmente se practica hoy en día, y que es la única que constituye el verdadero objeto de mi Discurso. DE LA TRAGEDIA, COMEDIA Y TRAGICOMEDIA El poema dramático suele dividirse en tragedia y comedia. La tragedia no es otra cosa que la representación de una aventura heroica en la miseria. Est adversae fortunae in adversis comprehensio . Su etimología deriva de las palabras griegas τράγος y ψδη, una de las cuales significa cabra, y la otra canción, porque la cabra era el premio que se daba en la antigüedad a los que cantaban tragedias. Comedia verò est civilis privatæque fortunae sine periculo vitæ comprehensio . La comedia es una representación de un destino privado sin ningún peligro para la vida. Proviene de la palabra xῶμη, que significa burgos o aldeas, porque los jóvenes del Ática acostumbraban a realizarla en el campo. De la definición de tragedia y comedia podemos extraer fácilmente la de tragicomedia, que no es más que una composición de una y otra. De modo que la tragedia es como un espejo de la fragilidad de las cosas humanas, ya que los mismos reyes y príncipes que vemos en ella, al principio tan gloriosos y triunfantes, sirven al final como penosas pruebas de las insolencias de la fortuna. La comedia, en cambio, es una obra determinada que nos muestra la vida de personas de condición mediocre, y que enseña a los padres e hijos de una familia la manera de vivir bien entre ellos; el comienzo de la misma no suele ser alegre, como el final nunca debe ser triste. El argumento de la tragedia debe ser un tema conocido y, por tanto, fundado en la historia, aunque a veces se pueda mezclar algo fabuloso. El argumento de la comedia debe estar compuesto por una materia fingida, pero verosímil. La tragedia describe en un estilo elevado las acciones y pasiones de las personas elevadas, mientras que la comedia sólo habla de las personas mediocres en un estilo simple y mediocre. La tragedia en su comienzo es gloriosa, y muestra la magnificencia de los grandes; en su final es lamentable, como la que muestra a reyes y príncipes reducidos a la desesperación. La comedia es pausada al principio, turbulenta a la mitad, porque es donde están todos los engaños e intrigas, y alegre al final. De modo que el comienzo de la tragedia es siempre alegre, y el final es siempre triste; todo lo contrario de la comedia, cuyo comienzo es a menudo más bien triste, porque es ambiguo, pero cuyo final es infaliblemente bello y alegre: una causa aversión a la vida, por las desgracias de que está llena; y otra nos convence de amarla por lo contrario. DE LAS PARTES PRINCIPALES DE LA COMEDIA La tragedia y la comedia difieren entre sí no sólo por la naturaleza de su tema, sino también por la forma y la disposición de sus partes. Pero como quiero ser sucinto, y como mi pastoral está bastante dispuesta a la comedia, aunque sea de tipo tragicómico, me bastará con hacer una división de las partes de la comedia, sin detenerme en las de la tragedia, que están ampliamente deducidas en el filósofo y en el comentarista de Séneca (8). Las partes principales de la comedia son cuatro: prólogo, prótasis, epítasis y catástrofe. El prólogo es una especie de prefacio, en el que se permite, además de la argumentación del tema, decir algo a favor del poeta, de la propia fábula o del actor. Prótasis, es el primer acto de la fábula, en el que se explica una parte del argumento y no se dice la otra, para mantener la atención de los oyentes. La epítasis es la parte más turbulenta de la fábula, donde aparecen todas las dificultades e intrigas que se desenredan al final, y que propiamente pueden llamarse el nudo de la obra. La catástrofe es lo que transforma todas las cosas en alegría, y lo que aclara todos los incidentes ocurridos en el escenario. Ciertamente la división es según el orden de las comedias de Terencio, que Tasso y Guarini observaran regularmente. Queda ahora por saber cuáles son las condiciones esenciales de la comedia. Me parece que ya he dicho que el tema de la comedia debe ser fingido, a diferencia del de la tragedia, que debe tener un fundamento verdadero y conocido, como Antígona y Medea, aunque se permite mezclar lo fabuloso, como la huida de esta mujer desesperada tras el incendio del palacio de Creonte, y el regreso de Teseo después de su viaje a los Infiernos. Además, el tema de la comedia debe ser una pura farsa, y no una fábula; porque la fábula es una invención de cosas que no son, ni pueden ser, como las Metamorfosis de Ovidio. La segunda condición es la unidad de acción, es decir, debe haber una acción maestra y principal con la que todas las demás se relacionen como las líneas de la circunferencia con el centro. Es cierto que puede añadirse algo en forma de episodio de la tragedia, para remediar la desnudez de la obra, con tal de que esto no perjudique en nada la unidad de la acción principal, a la que ésta está como subordinada; y en este caso, el tema de la comedia no es simple, sino compuesto, como puede verse en la mayoría de las de Terencio. La tercera y más riguroso es el orden del tiempo, que los primeros trágicos redujeron al transcurso de un día; y que los demás, como Sófocles en su Antígona, y Terencio en su Ἑαυτοντιμωρούμενος de Menandro, han extendido hasta el día siguiente, pues es toda la misma regla y la misma condición a las comedias que a las tragedias. Parece, pues, que es necesario que la obra esté dentro de la regla, al menos de veinticuatro horas, para que todas las acciones, desde el primer al último acto, que no deben quedar por debajo ni pasar del número de cinco, puedan completarse en este espacio de tiempo. Esta regla, de la que puede decirse que es una de las leyes fundamentales del teatro, siempre se ha observado religiosamente entre los griegos y los latinos. Y me asombra que nuestros escritores dramáticos, de los que hoy hay tantos, unos no se hayan decidido todavía a mantenerla, y los demás no tengan la suficiente discreción para abstenerse de, al menos, reprocharla, si no son lo suficientemente razonables como para seguirla después de los primeros hombres de la antigüedad, que no la siguieron generalmente sin oportunidad. En cuanto a mí, tengo tal respeto por los Clásicos que nunca me alejo de su opinión o de sus costumbres, a menos que me vea obligado a hacerlo por una razón clara y pertinente. Es creíble con toda apariencia que establecieron esta regla a favor de la imaginación del oyente, que disfruta incomparablemente más (y la experiencia lo demuestra) en la representación de un tema dispuesto de tal manera, que de otro que no lo está; sobre todo porque sin ninguna dificultad ni distracción ve las cosas aquí como si realmente estuvieran sucediendo ante él, y que allí durante el tiempo, que a veces será de diez o doce años, es necesario que la imaginación se entretenga en el placer de este espectáculo que consideraría como presente, y que trabaje para comprender cómo el mismo actor que estaba hablando en Roma en la última escena del primer acto, en la primera del segundo está en la ciudad de Atenas, o en el gran Cairo, si se quiere; es imposible que la imaginación no se enfríe, y que un cambio de escena tan repentino no la sorprenda, y la disguste al máximo, si debe correr siempre tras su objeto de provincia en provincia, y casi en un momento pasar las montañas y cruzar los mares con ella. Pero, dirá alguien, quien crea quizá que ha objetado correctamente, ¿qué hará la imaginación?, ¿y qué placer puede obtener al leer cuentos y novelas, donde la cronología es tan diferente?, ¿o por qué no ha de seguir a su objeto por todas partes, ya que no puede ser detenido ni por las montañas ni por los mares? A esto respondo que la historia y la comedia, desde el punto de vista de la imaginación, no son lo mismo: la diferencia está en el punto en que la historia es una simple narración de cosas que han sucedido en el pasado, hecha propiamente para el mantenimiento de la memoria, y no para la satisfacción de la imaginación; mientras que la comedia es una representación activa y patética de las cosas como si realmente hubieran sucedido en el tiempo, y cuyo fin principal es el placer de la imaginación. Por eso, en el orden de la historia exegética mi imaginación no encontrará extraños los largos viajes, pues supongo que se hicieron en el tiempo; pero en el del drama, se asegura que por muy poderosa que sea nunca imaginará bien que un actor ha pasado de un polo a otro en un cuarto de hora; y aunque pudiera hacerlo, admitiendo la misma duración que asume en la historia (lo que sin embargo no se permite en la comedia, por la razón que ya he dado) es imposible que tal suposición no disminuya gran parte de su placer, que consiste principalmente en la verosimilitud. Ahora bien, como se ha convenido en que la intención del cómico es satisfacer la imaginación de su oyente, representando las cosas como son, o como deberían ser, y que para ello se vale de la voz, los gestos, los vestidos, la maquinaria teatral y los adornos, me parece que los Clásicos tenían razón al restringir a sus súbditos el rigor de esta regla, como la más adecuada a la verosimilitud de las cosas, y la que mejor se acomoda a nuestra imaginación, que realmente puede seguir su objeto a todas partes, pero que por otra parte no se complace en hacerlo. Por lo tanto, hay que confesar que esta es aceptada de buen grado, y al mismo tiempo es muy difícil de observar, debido a la esterilidad de los bellos efectos que rara vez se pueden encontrar en un espacio de tiempo tan corto. Esta es la razón del Hôtel de Bourgogne, esgrimida por algunos de nuestros poetas, que no quieren estar atados a ella, sobre todo porque, dicen, de cien temas para el teatro no se puede encontrar ninguno con esta circunstancia, y se tardaría más en encontrarlo que en tratarlo y ponerlo en verso. Pero, ¿qué importa el tiempo y las molestias que se tomen, siempre que se pueda encontrar? Se trata aquí de lo mejor, y no de lo más o lo menos: en lugar de los diez y doce poemas fallidos que haríamos, contentémonos con llevar uno a la perfección, y recordemos que los Tasso, los Guarini y los Guidobaldi han adquirido más gloria, aunque cada uno de ellos sólo haya estrenado una pastoral, que cualquiera que entre nosotros que haya compuesto más de doscientos poemas. No es que quiera condenar, o que no estime mucho, una serie de bellas obras, cuyos temas no están dentro de los límites de esta regla. Con esta salvedad, y sabiendo que sus autores y yo siempre estaremos en la misma línea de pensamiento, es cierto que sus obras me complacerían aún más con esta circunstancia, porque estarían en mi opinión más lograda, y siempre aconsejaré a un amigo que no desprecie una gracia por la que los Antiguos y los Modernos han tenido tanta consideración como para no separarla nunca de la belleza de sus obras. Es inútil alegar que es imposible encontrar temas bellos con el rigor de esta condición, y que los Clásicos, para evitar la confusión de los tiempos, cayeron en un inconveniente mayor: a saber, la esterilidad de los efectos, que son tan raros y tan exiguos en todas sus obras, que su representación hoy sería muy aburrida. Porque si bien es cierto que las tragedias o comedias de los Clásicos son sumamente escuetas, y por lo tanto en cierto modo aburridas, no se deduce de ello que la observancia demasiado rigurosa de esta ley las haya reducido a esta esterilidad de efectos e incidentes, cuya variedad hubiera sido ciertamente más agradable para nosotros. Porque hay que recordar que las mismas obras que ahora encontramos tan sencillas y tan desprovistas de argumento en Eurípides, Sófocles y Séneca, eran tenidas en su tiempo por muy completas en comparación con las del buen Tespis (9) que conducía la tragedia en un carro, y del valiente Esquilo después de él, que para gran ornato inventó el uso de la máscara, el vestido corto y el coturno. Ignotum tragicae genus invenisse Carmoenae Dicitur, et plaustris vexisse poemata Thespis, etc . (10) Así como las comedias de Menandro, Filemón, Plauto y Terencio, debieron ser riquísimas, teniendo en cuenta la pobreza de las de Cratino (11), Eupolis y Aristófanes, porque ambas estaban en la primera edad, y por decirlo así en la infancia de la tragedia y la comedia. Digamos, pues, que los Clásicos nos han dejado poemas mucho menos ajustados a la verdad que los nuestros, tanto por la razón que acabo de exponer como por alguna otra que desconocemos, y no se deduzca de ello que el rigor de nuestra norma fue la causa principal, como quieren hacer algunos de estos señores que no quieren aceptarla. Más aún cuando no podemos creerlo sin cometer una injusticia con aquellas grandes mentes de la antigüedad, que parecen haber tenido menos invención en la composición de sus temas que nuestros dramaturgos modernos, que a pesar de la dificultad de esta ley no han dejado de imaginar otros perfectamente bellos y agradables, como, por ejemplo, el Pastor Fido (12), la Filis de Scire (13), y, sin ir más lejos, La Silvanira o la Muerta viva . Pero es reforzar con demasiadas autoridades y razones algo que se apoya y defiende suficientemente; a mi en concreto me es indiferente que la aprueben o la rechacen; sé muy bien a qué debo atenerme, junto con muchos de los más hábiles, sobre todo en la pastoral, donde la transgresión de estas leyes nunca puede ser perdonada, en mi opinión; sobre todo porque el argumento debe ser fingido, y apenas cuesta más fingirlo como regulado que desordenado. Ya os he manifestado, Señor, que no es mi intención instruir a nadie, ni pasar por un nuevo legislador de la poesía. Sólo me he aventurado a escribir este Discurso para daros cuenta del orden y método que he seguido en este difícil tipo de escritos, de modo que sólo he trabajado para la justificación de mi obra, y no para la condena de las de otros, que podrían quizás haber violado todas estas leyes, que yo profeso observar, o por ignorarlas (lo que no sería nada bueno), o por despreciarlas (lo que sería aún peor). Por lo tanto, procedo a la disección de mi pieza en todas sus partes, para que por la división de las partes sea más fácil juzgar la composición del conjunto. En primer lugar, por lo que respecta a la fábula, no cabe duda de que es totalmente de tipo dramático, no de doble constitución, sino mixta, y de tema no simple, sino compuesto. La mezcla se compone de partes trágicas y cómicas, de tal manera que unas y otras forman juntas un buen acuerdo, tienen al final un desenlace alegre y cómico, a diferencia de la mezcla que Aristóteles introduce en la tragedia, de tal duplicidad, que los buenos siempre se encuentran con un buen final, y los malos con uno malo. Por eso la encuentro más parecida al Anfitrión de Plauto que al Cíclope de Eurípides, donde la mitad de la escena está llena de sangre y la otra mitad de vino, y que puede decirse con propiedad que tiene una doble constitución. Digo que esta fábula no es de tema simple, sino que está compuesta como la mayoría de las de Terencio, en las que se ve que una sirve de argumento principal, y la otra de episodio, tan bien concertado, sin embargo, que no hace nada contra la unidad de la fábula. Lo principal es el amor de Aglante y Silvanira, lo demás, que ocupa el lugar de un episodio, se conforma en las personas de Tirinte y Fosinda; el resto de la fábula es como los instrumentos y medios necesarios para llevar el conjunto a su final con la verosimilitud y propiedad de las cosas. En segundo lugar, en cuanto al orden del tiempo, es visible que está en el orden correcto, es decir, que no hay un solo efecto que no pueda ocurrir entre dos soles. Supongo que Silvanira cayó en letargo en pleno día, y fue llevada a la tumba esa misma noche, tanto para alejar este objeto fatal prontamente de los ojos de su padre y de su madre, como porque todavía no estaba de moda dejar a los muertos en sus lechos durante veinticuatro horas; y de hecho la costumbre sólo llegó a nosotros después de algunos ejemplos famosos de adormecimiento similar, combinados con las ceremonias de la religión que da este tiempo para preparar a los vivos en el entierro de los muertos. Al amanecer vuelve en sí, y en pocas horas se completa el matrimonio de ella y Aglante y de Fosinda con Tirinte, tanto más fácil cuanto que la escena no se cambia y todo está arreglado. De modo que la obra comienza con una mañana y termina con otra. Ahora bien, como tiene disposición cómica, quiero dividirla en cuatro partes, según el orden que los mejores gramáticos observan en la división de las de Terencio, es decir, en prólogo, prótasis, epítasis y desenlace. El prólogo recomienda la pureza de la fábula, y contiene una parte del argumento. La prótasis incluye el pretendido matrimonio de Silvanira y Tirinte, basado en la avaricia de Menandro, la aversión de Silvanira por este pastor, el efecto del espejo de Alcirón. El epítasis contiene la enfermedad de Silvanira, con el inesperado matrimonio de ella y Aglante, con el consentimiento de sus padres, su muerte, la desesperación de Aglante, la rabia de Tirinte, y todo Forez en duelo. La catástrofe (desenlace) abarca su resurrección, el último consentimiento del padre en favor de Aglante, la liberación de Tirinte por la invención de Fosinda, y en fin el descanso de estos amantes después de tantos tumultos. Esta es, Señor, la naturaleza y la riqueza de mi argumento. En cuanto al modo de tratarlo, lo he tomado de los italianos modernos, observando y siguiendo su ejemplo hasta donde pude, la propiedad de las cosas y de las palabras, evitando, como ellos, esa afectación importuna y viciosa de puntos y antítesis, que se llama mal gusto o afectación, apoyando mis razonamientos con sentencias y proverbios, y sobre todo no desviándome nunca de mi tema para divertirme con la descripción de una soledad o de un arroyo. Si alguien se da cuenta de que hablo de un lebrel en la caza del ciervo, que sepa, si le place, que me refiero a un lebrel fuerte y ligero, como lo eran los de Hircania, del tamaño aproximado de los de Inglaterra, y de nuestros lebreles de apego; así que le hago coger un jabalí por las orejas. En cuanto a su alcance, es cierto que se sale un poco de lo común, y que habiéndolo hecho más para el Hôtel de Montmorency que para el Hôtel de Bourgogne, no me preocupó mucho la longitud, que aparece sobre todo en el último acto, por la multitud de efectos que necesariamente hay que desentrañar; si esto es un defecto, es para los impacientes, no para los expertos. Por último, Señor, siempre que mi trabajo sea del gusto de quienes lo encuentran perfectamente bueno, como usted, seré bien recompensado. En cuanto al censor, no le temo en absoluto; si es un hombre honesto me aprovecharé de sus consejos, si no lo es, daría fe de ser aún menos honesto que él si me importara.

AL SEÑOR MAIRET, A PROPÓSITO DE SU SILVANIRA

I Joven Apolo de nuestra Corte, Mairet cuya fecunda vena produce obras todos los días que saben seducir a todos, sin creer que nos fatiguemos de la dulce armonía de tus canciones, sigue componiéndonos nuevas: tus versos tan claros y dulces, y tus creaciones tan hermosas, son placenteras para todos. MARTIN

AL SEÑOR MAIRET

EPIGRAMA Mairet rodeas de tanto encanto a tu pastora Silvanira, que el censor allí no sabría hallar nada que difamar: es un ente de castidad, es la imagen de una belleza que arde con una santa llama; haces bien viendo en este cuadro la gentileza de tu alma, y cuán hermosa es tu mente. VILLENEUVE

AL SEÑOR MAIRET

SILVIA A SILVANIRA Estancias Querida hermana, no me avergüenzo de que tu belleza me supere y en adelante me haga objeto de desprecio: vengo con mis trofeos a aumentar tu victoria, y a entregarte toda la gloria cual un adorno de tu precio. Mis ojos llenos de suave llama para abrasar el alma de un Thélame sirvieron otro tiempo de antorchas al Amor: ¡Mas ay! Que creo que es pequeña mi conquista cuando conozco tu mérito, que encantar debe a la Corte. El que tu belleza esté contra mí, no tendría por qué desagradarme, a pesar de mi apego me gusta la dulzura, sin pena esperaré a que aumente tu gloria, y para que tu padre viva que hagas que fallezca tu hermana. Una vez fui la maravilla, y realmente era insuperable, si ante tu nacimiento terminara su suerte: mas por más que esta dicha fuera digna de envidia, prefiero perderla con tu vida que conservarla por su muerte. Si no quieres pronto seguirme cuidate de que viva mucho, aún las compondrá más hermosas que tú: pues por alguna gloria que loen tu nacimiento, ¿tiene menos poder contigo que el que ejerce conmigo? No, tu serás siempre magnífica, aunque presuma de poder, el mundo nunca vio brillar un solo Sol: luego, no tengas miedo de hallar tu sustituta, pues al traerte al mundo tu padre igual no tiene. Así nuestra ciudad dorada por ver tu grandeza adorada te levanta en los montes magníficos altares, y sus bellezas jóvenes con las que ella se anima darán a tu renombre lo que se da a los inmortales. Tu la haces mucho más gloriosa que esta tropa atrevida, que viene a hallar la muerte incluso en las manos, ni que este gran peñasco que le hace de muralla, y abrió su dura entraña para dar paso a los romanos. Acepta pues esta corona y este laurel que la rodea, marca de tu victoria y prueba de mi fe, no temas de que un día puedan arrebatártela, y cree que superando a Silvia tienes ya a todas las otras. FRANÇOIS DE LISOLA Besançonnais.

AL MISMO SOBRE SU SILVANIRA

EPIGRAMA Mentiroso agradable, tu astucia nos inspira un tan dulce error, que al tomar Silvanira por un objeto vivo, feliz con tanto encanto que reverencio en ella, yo te aconsejaría que seas su rastreador, si su padre no fueras. D'AL. EV. D'ALB.

AL SEÑOR MAIRET

SONETO Joven Cisne extranjero que del borde del Doux Doux : Río francés afluente del Ródano por su margen derecha. a atraer vienes con cantos a los pueblos del Sena, arroyo que se quiebra en pequeños guijarros fluye menos despacio que lo hacen tus venas. Y cuando de tu Héroe tan célebre entre nos tu cantas los combates con un aliento fuerte, vemos que por un cambio inimitable a todos corren en un torrente que asola la llanura. Mas al ver como vemos la bondad de tus hábitos, y de un joven obrero las obras tan maduras, esto es lo que aún más sorprende a nuestro siglo. Porque tras tantos muestras que ha creado tu pluma, ¿quién no dice que das fruto en Primavera que las más grandes mentes hayan dado en Otoño? de L. M.

AL SEÑOR MAIRET

SONETO Estos divinos pasmos de una amorosa llama tienen suaves encantos que hechizan nuestras mentes, caro Mairet, mi mente está embelesada por el santo furor que anida en tu alma. Apolo, al que todos con constancia reclaman ya no debe escuchar nuestras voces ni gritos, ya que solo tu ganas el premio desde ahora por inspirate en él sin incurrir en culpa. Ya no admiro nada en este Universo cuyo son sea tan dulce como el de tus versos: o que tu Silvanira por él esté cautiva. Pues pese al destino que la puso en la tumba ella sigue gozando de la más feliz llama, y te vuelve inmortal al la vida volviéndola. BURNEL

ALL’ SIGR MAIRET POETA GALLICO

Mairet, che per l'eccelse e verdi cime, Di'Pindo, oue ben rari Apollo ha scorto, Ten vai trà'l sacro choro hor à diporto, Et mi chiami in di à cantar versi e rime. Me, cui dal camin destro erto e sublime Sinistro fato in vie diverse hà torto; In drizza col tuo stil soave e scorto Dietro le belle tue vestigia prime. Che di quell'altra, che con tai fatiche Acquista sti in poggiar grado si degno, Forse questa non fia minor corona. Udir, Mairet hà cosi le Muse amiche, Che puote aprir à tal (ch'e' forse in degno) I varchi di Parnaso, & d'Helicona. GI0. BATTISTA ROSA Napolitano

PERSONAJES

AMOR HONESTO Prólogo
AGLANTE pastor
HYLAS pastor
TIRINTE pastor
ALCIRÓN pastor
SILVANIRA pastora
FOSINDA pastora
MENANDRO padre de Silvanira
LERICIA madre de Silvanira
MENSAJERO
DRUIDA
CORO DE PASTORES
CORO DE PASTORAS
Agl-Hyl-Tir
AGL-SIL

AMOR HONESTO

(PRÓLOGO)
Si por llevar al dorso diferente plumaje, 1
arco en la mano izquierda y fuego en la derecha, 2
y toda la tramolla asociada a mi imagen, 3
a alguno con razón le choca que una banda 4
ciña también mi testa, 5
soy yo el Amor honesto, 6
de quien los movimientos no son desordenados, 7
ni los ojos cegados. 8
Soy ese mismo espíritu de origen celestial 9
que hizo caer como víctimas a las crueles Parcas 10
al milagro del Himen, a la excelente Alcestis, 11
al precio de salvar a su cara mitad, mitad, Alcestis, hija menor de Pelias, rey de Yolco, que al casarse con Admeto olvidó realizar un sacrificio a Artemisa; al enfadarse ésta, llenó la habitación nupcial de serpientes, aceptando morir ella en lugar de su marido. 12
y que hizo que Artemisia 13
su promesa acatara 14
con Mausolo y sus restos, con una tumba honrado 15
la más bella del mundo. mundo. Artemisia, hija de Hecatomno, fundador de la dinastía hecatómnida, que se casó con su hermano Mausolo, sátrapa desde la muerte del padre de los dos. Famosa por el gran dolor que provocó en ella la muerte de su marido, a quien mandó levantarle un gran monumento sepulcral de su marido, llamado Mausoleo, que fue considerado como una de las siete maravillas del mundo antiguo. 16
El fuego en su reposo, el Planeta más claro, 17
y el Astro más bello de todo el firmamento, 18
no brillan todavía con tan nítida llama 19
como la que en mí arde de un amante virtuoso; 20
así nunca la tierra 21
ha sentido el trueno 22
por acto cuyo crimen con justificación 23
pueda serme imputado. 24
Si Paris de su huésped tiene la capa impura, 25
si Biblis Biblis Ovidio narraría con detalle la historia de Biblis ( Metamorfosis , IX, 450 ss.): Biblis, sentía por su hermano un gran amor, que más que el amor de hermanos era un amor incestuoso. Empezó a reprimir sus sentimientos hacía él, pues pensaba que no eran correctos; se preguntaba porque no podían casarse al igual que hacían los dioses. Decidió escribir una carta a su hermano, declarando su amor por él. Cauno, horrorizado por las pretensiones de su hermana, decide huir de su tierra y acaba fundando una ciudad en el exilio. Biblis, desesperada por la huida de su hermano se volvió loca de pena y lo buscó por toda Asia, sin encontrarlo. Abandonada a las lágrimas, muere, transformándose en fuente. concibió deseos insensatos, 26
o si Fedra abrasóse con ardor disoluto, 27
y de su casto hijo avanzó días bellos; 28
estos fuegos adúlteros 29
lo mismo que sus crímenes 30
son de un cierto demonio que se viste insolente 31
detentando mi nombre. 32
Yo sé que un falso Amor de terrenal origen, 33
cuya virtud jamás regula los deseos, 34
y que violentamente como ave de rapiña 35
se nutre de deleites y de sucios placeres, 36
profana mis misterios, 37
cae en mil adulterios 38
y ciego imprudente, ciega a los mortales 39
que le alzan altares. 40
Llevamos uno y otro una antorcha y flechas, 41
los dos hacemos uso de dulzura y encantos, 42
los golpes en el pecho abren las mismas brechas, 43
mas los mismos efectos no se siguen tras ellos, 44
y muchos de los hombres 45
(tan semejantes somos) 46
piensan que, como yo, este impostor sea Dios 47
huido del mismo sitio. 48
No obstante mantenemos cada uno sus costumbres, 49
mi juego mal comienza para bien acabarse, 50
y el suyo a contrapelo acaba en amargura, 51
y al contrario que el mío comienza en dulzura; 52
avivo yo mis llamas 53
solo en las bellas almas, 54
donde este buitre tímido merodea a las mentes 55
que están poco ocupadas. 56
Se complace en la Corte, mansión de la licencia, 57
y fecunda materia para actos ruines: 58
en mí, que soy amigo de la pura inocencia 59
no quiero abandonar la morada campestre, 60
mientras que los destinos 61
y el curso de los años 62
por asunto romano me obliguen cada día 63
a estar en la Corte. 64
Del Cielo que yo vengo la suerte saber me hizo 65
que en los bordes del Tíber hoy tan poderoso, 66
de la sangres de Ursinos saldrá una beldad 67
que a las otras supere en raras cualidades; 68
que bajo un rey más justo 69
y más feliz que Augusto, 70
sus virtudes harán que los franceses se asombren 71
en su propio país. 72
Entonces en su seno como dentro de un Templo 73
podré yo alojarme con total garantía, 74
sin temer que la Corte, que seguirá su ejemplo, 75
asegure mis leyes dentro de su pureza: 76
mas deseando que llegue 77
esta estación tardía 78
no abandonaré a los pastores de Forez, 79
ni sus antros secretos. 80
Me promete hoy Fortuna del todo complacerme, 81
y concebir conmigo prodigios amorosos, 82
en consecuencia el Sol brilla tan fuertemente, 83
que redoblar parece la claridad del día, 84
nunca, aunque se diga 85
de pastores de Arcadia, 86
puse en sus corazones tan dulces sentimientos, 87
ni hecho tan bellos cuerpos. 88
Ya hace cuatro o cinco años que Aglante y Silvanira 89
encienden mis altares con suspiros de amor, 90
por fin he decidido acabar su martirio 91
con un empujoncito que se geste por ellos, 92
les concedo el premio 93
cuando menos se espera, 94
y desde luego pocos me han servido algún tiempo 95
sin quedarse contentos. 96

ARGUMENTO DEL PRIMER ACTO

Aglante le cuenta el motivo de su tristeza a su amigo Hylas, quien trata en vano de abstraerlo de su amor. Mientras hablan, aparecen Menandro y Lerice; Aglante, que se acercaba, se había escondido tras una roca para no ser visto por Menandro, se entera por sus palabras de que buscaba a su hija para ordenarla que se casara con Théante. Después de algunos lamentos le suplica a Hylas que hable con Silvanira en su favor. Lo que el pastor hace al salir de allí; pero aparentemente sin resultado.

ACTO PRIMERO

ESCENA PRIMERA

(HYLAS, AGLANTE)
HYLAS
Aglante, confieso ahora que me van penetrando 97
los seguros presagios de lo tiempos convulsos; 98
¿quien no lo hubiese dicho viendo los nubarrones 99
en todo el horizonte que ya se prolongaban, 100
que hoy el ojo del cielo vertiera tantas lágrimas, 101
que hasta Flora llorara el daño a sus flores? 102
A pesar de ello vemos contra toda esperanza 103
una hermosa apariencia de un precioso día: 104
¿los tronos de los reyes son algo similares 105
al resplandor brillante del origen del Sol? 106
Y por más vanidad que se dé a su poder, 107
¿tienen este esplendor que brilla al nacer? 108
Su “lever” tan afable como nunca lo fuera 109
promete al mediodía primavera y verano; 110
y si atención prestas a esta gran luminaria, 111
tiene un no sé qué mayor a lo habitual; 112
yo creo ciertamente que el Cielo acomete 113
o medita llevar a cabo hoy algo grande, 114
parece que se entiende con la Naturaleza, 115
que espera él de ella algún extraño evento; 116
y nunca sin violar las leyes del Universo 117
no ha sacado a la luz más tesoros diversos; 118
pues todas las bellezas que en la estación reciente 119
optan por adornarse los reciben de ella. 120
De modo, caro amigo, que todo con razón 121
nos invita a gozar de los frutos de estación; 122
a mí, de inquietud libre, cualquier cosa que vea 123
trae insensiblemente el gozo a mi mente. 124
AGLANTE
¡Oh! ¡Si me permitir¡eran poder decir lo mismo, 125
Hylas, querido Hylas, cuán contento estaría! 126
Pero este ya es el cuarto o quinto año 127
que mi alma condenada a las penas de amor 128
está aún buscando un momento de asueto 129
para probar un día un estable placer. 130
La Natura provista de boato y de belleza 131
mil veces más aún de lo que nunca vimos 132
mis sentidos tentara con todos sus encantos, 133
que mi alma del placer no se desasiría. 134
HYLAS
¡Qué ingenio, o más bien cuánta melancolía! 135
AGLANTE
Tal que decir pudiéramos una extrema locura. 136
HYLAS
Ya que tu mal conoces, ¿por qué no te esfuerzas 137
de detener su curso por tu propia virtud? 138
AGLANTE
Con toda mi virtud trato de resistirle, 139
y toda mi virtud reside en mi constancia. 140
HYLAS
He aquí que mis ingenios tontamente constantes 141
son siempre despreciados, y siempre desdichados; 142
veamos, por hablar solo de este territorio, 143
que bien se lo ha tomado cual servidor de Astrea. 144
La constancia es un sueño, y este tipo de amantes 145
tan solo se encuentran dentro de las novelas; 146
yo, siguiendo la ley, de la propia natura, 147
solo amar podría a una beldad que me ame. 148
AGLANTE
Tu parecer tan libre y tan bien expresado 149
muestra muy claramente que tú no has amado. 150
HYLAS
Yo mismo he amado más de lo que aman todos 151
los mozos de Lignon. 152
AGLANTE
Me parece, no obstante
que es imposible amar, llamándose Hylas. 153
HYLAS
Olvida esa opinión, Aglante, si la tienes; 154
Criseida, Alexis, Floriante, Madonte, 155
y otros tantos que al fin ya no llevo la cuenta, 156
muestran que en todo caso más que tú he amado. 157
AGLANTE
Si dices más frecuente, y no mejor, lo creo. 158
HYLAS
Si entre los combatientes hacen mejor la guerra 159
los que menos se esfuerzan y caen más a tierra, 160
mejor el amor hacen los que trabajan menos 161
y siempre son premiados como los más valientes: 162
Aglante ama a la antigua, Hylas ama a la moda, 163
y el modo de amar nunca es desagradable, 164
donde el perder el tiempo, el llanto y la desgana 165
los días y las noches a la tuya acompañan. 166
Admito que un pastor que quiere hacer fortuna 167
servir pueda fielmente a lo sumo una luna, 168
y que en ese tiempo su mente esté dispuesta 169
a hacerse agradable al blanco elegido. 170
Luego si por simpleza o bien por presunción 171
el ingrato no tiene bondad con él ni aprecio, 172
que pronto su deseo va hacia la novedad, 173
y ofrece sus promesas a otra beldad cualquiera, 174
que de ojos más clementes verá sus sacrificios. 175
De modo, pobre amante, será preciso que obres, 176
sin querer obcecarte en este enorme orgullo 177
que devora tu edad y a un ataúd te manda. 178
Soñador, solitario, derrotado y pálido, 179
estás ya empezando a no ser ni tú mismo. 180
AGLANTE
Te agradezco, Hylas, tus sensatos consejos, 181
que alguien que no sea Aglante tal vez seguido hubiera; 182
¡Pero cómo! ¿Es que puedo luchar contra el Destino, 183
terco en perjudicarme desde mi nacimiento? 184
HYLAS
“Un corazón cobarde se forja en la desgracia 185
trocando su escaso ánimo en una obligación.” 186
AGLANTE
Ya sea el Destino, o mi propia flaqueza, 187
solo curarme puede la mano que me hiere. 188
HYLAS
Bien lo ha ella demostrado, al menos hasta ahora, 189
que por tu amparo tiene un desvelo magnífico; 190
“fuera está de lugar que de un jardín ajeno 191
esperemos las flores que crecen en el nuestro”. 192
AGLANTE
¡Cuán fácil es, oh Dioses, en la tranquilidad, 193
retribuir el consejo y la moralidad; 194
mas si te hubiera dicho el tema que me ocupa, 195
cambiarías muy pronto de sentir y lenguaje; 196
verías que Amor consigue con los ojos 197
un culto más omnímodo que el de los propios Dioses, 198
que un alma de su imperio una vez sojuzgada 199
de él salir no puede sino al dejar la vida, 200
y midiendo mi fuerza en mi actual estado, 201
verías que quejarme es todo lo que hacer puedo. 202
HYLAS
¿No conozco yo acaso este raro prodigio? 203
AGLANTE
Sí, desde que su nombre resuene en tus oídos. 204
HYLAS
Tan solo espero eso. 205
AGLANTE
¿Qué, sin oír su nombre
no sabes de quién hablo? 206
HYLAS
Puedes estar seguro;
¿es tema tan famoso como el agua y la tierra, 207
para que todo el mundo pueda bien conocerlo, 208
o es que debo tener el don de adivinar? 209
AGLANTE
No, pero no es difícil el poder sospecharlo 210
para aquel que conozca de que es la obra más rara 211
con que el cielo se adorna y la tierra se engalana, 212
honor de nuestros bosques, gloria de nuestros días, 213
y el objeto más digno de los amores leales 214
que concebir podrían los reyes más dichosos. 215
HYLAS
Creo que la conozco con sellos tan hermosos, 216
es sin duda la Aurora o la hermana del Sol. 217
AGLANTE
¡Tiene, como la Aurora, la tez fresca y bermeja, 218
porte, aspecto y ojos, que son nada mundanos, 219
y mucha más dureza que se atribuye a Diana! 220
En fin, por complacerte, y complacerme a mí, 221
pastor, es la arrogante y bella... Mas he aquí 222
a Menandro y Lericia; antes de que se acerquen, 223
por favor, escondámonos detrás de esta roca. 224

ESCENA II

(MENANDRO, LERICIA)
MENANDRO
Vagamente paseamos nuestra mirada y pasos; 225
seguro estoy que hoy ya no vamos a verla, 226
sé muy bien que ella elude encontrarme; 227
si preciso es que ella por la noche aparezca, 228
y el día que la oculte tendrá poco poder 229
ni obviará que la noche me la muestre otra vez. 230
Pese a este rigor, suyo tan poco loable, 231
creo que ella estará con Théante en tres días, 232
como continuamente se lo he solicitado. 233
LERICIA
El plazo me parece que es muy precipitado, 234
ya que además el hecho por sí mismo requiere 235
reflexión más profunda, la chica ya es mayor; 236
además, evitemos pillarla de improviso; 237
dicen que nunca es tarde si la dicha es buena. 238
MENANDRO
Hablas como mujer, y no tienes en cuenta 239
que se alejan las nupcias mientras se las retrasa, 240
y que difícilmente un similar partido 241
viniera a buscarnos una vez alejado: 242
nos concierne el asunto con tanta conveniencia, 243
que sería estúpido pensarlo por más tiempo. 244
LERICIA
Mas aun así, Menandro, justo es, a fin de cuentas, 245
que él esté de acuerdo. 246
MENANDRO
Lograré resolverlo;
yo se bien el poder que me da sobre ella 247
el derecho inviolable de la ley natural; 248
deberá ceder ella por fuerza o de buen grado. 249
LERICIA
De estas dos la última siempre es la más segura, 250
ya que sin adularla, en la vecindad pocas 251
tienen para su edad un juicio tan sereno, 252
que vencer no tendrá más que tu decisión. 253
MENANDRO
Si tú no la confundes con tu benevolencia, 254
como suelen hacer casi todas las madres, 255
cuyas mentes malsanas imaginan quimeras; 256
la haces creerse tan sabia, a pesar de que ves, 257
su mínimo interés en tenerme contento: 258
si Théante la aborda se marcha del lugar, 259
o le pone una cara tan fría como el hielo. 260
LERICIA
¿Debemos sorprendernos? Le asusta este pastor 261
que le sigue mostrando un rostro indiferente; 262
cuando converse a solas con ella y la apacigue 263
en unos quince días lo verá como amigo. 264
MENANDRO
No creo que sean bastantes para verlos casados. 265
LERICIA
Es muy juiciosa como para a ti contrariarte. 266
Mas vamos a buscarla, es posible que haya ido 267
a cazar con Fosinda en el bosque del valle. 268

ESCENA III

(AGLANTE, HYLAS)
AGLANTE
¡Oh funesta noticia, oh Dioses! ¡Qué he oído, 269
mi mal no tiene cura! ¡Hylas, estoy perdido! 270
¡Ay, Menandro, Menandro! 271
HYLAS
Pues, ¿qué quieres decir?
AGLANTE
Que me muero de amor, que es por Silvanira, 272
y que el sangriento afán del viejo y del destino 273
en favor de Théante han dispuesto mi muerte. 274
HYLAS
Conozco a la pastora, es realmente muy bella; 275
pero sabiendo en cambio cuán rebelde es contigo, 276
pienso yo que los dioses han hundido a propósito 277
este amorío para dejarte sosegado, 278
“pues la ilusión perdiendo se pierde el deseo.” 279
AGLANTE
Di que al perder la fe debo perder la vida, 280
sin que tenga sobre ella ningún otro derecho 281
más que el de complacerme por mi propio cariño; 282
mi amor no desea que otro la posea, 283
pero mi razón quiere que yo a todos la ceda. 284
HYLAS
¿No esperas nada entonces? 285
AGLANTE
Nada más que la muerte,
nada, en absoluto. 286
HYLAS
Te quejas sin razón:
“quien deja de esperar deja de tener miedo, 287
y si a nada se teme no hay razón en quejarse.” 288
AGLANTE
Aglante en verdad no tiene miedo ni espera, 289
y este es el momento por el cual él se queja, 290
pues si alguna esperanza brillaba en su alma, 291
algún impedimento que combate su llama, 292
pensaría en vencerla a fuerza de sufrir, 293
y tendría paciencia en vez de murmurar. 294
HYLAS
O que se cierre toda esperanza a tu amor, 295
(cosa a la que no obstante se opone la razón), 296
siendo, en mi opinión, más fácil de prever 297
un otoño infructuoso que amor sin esperanza; 298
si tu alma ama bien, digas tú lo que digas, 299
incapaz de esperar, debe ella desear. 300
AGLANTE
Es verdad, lo deseo, y moriré satisfecho, 301
con tal de que mi anhelo obtenga su efecto; 302
¿sus riquezas quizás? ¿O bien como tu piensas, 303
sus suspiros, sus besos, y dignas recompensas? 304
No, ya que este honor siempre caro para ella 305
me prohíbe desear lo que enfadarla pueda. 306
HYLAS
¿Y qué, pues? 307
AGLANTE
Que mi fe siempre inmutable
viva en su memoria, y le sea agradable; 308
así mi mal presente, así mi mal pasado... 309
HYLAS
¡E incluso el futuro! 310
AGLANTE
Será recompensado;
a más rico estipendio no aspira mi espera. 311
HYLAS
“Más rico es aquel que con poco se contenta;” 312
mas quien me redujera a tan sobrio deseo, 313
sin duda Amor en mí sería una dicha. 314
AGLANTE
Hylas ama a su modo, Aglante ama al suyo. 315
HYLAS
Con razón; por ello es que lo que está bien se deja. 316

ESCENA IV

(AGLANTE, HYLAS, SILVANIRA)
AGLANTE
¡Dioses! Aquí llega ella hermosa como el día, 317
y trayendo consigo el desdén y el amor; 318
¿notas como la gracia va con ella a su paso? 319
¿Y bien, Hylas? 320
HYLAS
¡Me muero! Tiene muy buen aspecto,
y excepto su rigor nada puede igualarla. 321
AGLANTE
Pero verla no es todo, hay que oírla hablar: 322
si el ojo que la ve cree que es un milagro, 323
el oído que la oye la toma por oráculo. 324
SILVANIRA
Pastores, por fortuna os encuentro aquí, 325
con tal que me saquéis de una inquietud penosa: 326
desde hace una hora o dos vago por estos campos, 327
con la intención de unirme a mis queridas amigas; 328
por favor complacedme en querer enseñarme 329
el lugar en que pronto podría encontrarlas. 330
AGLANTE
Pastora, ornamento de nuestros ricos prados, 331
si supiera do se hallan las queridas amigas, 332
yo no preguntaría para así enseñároslo 333
sino por la alegría de a vos acompañaros. 334
SILVANIRA
¡Oh Destino! ¿Acaso, por mucho que me esfuerce, 335
tendré que perder hoy el placer de la caza? 336
HYLAS
Sin tener que ir de caza, ni vagar por el bosque, 337
puedes ver ahora mismo a un siervo atormentado. 338
SILVANIRA
Tiene Diana razones de estar con vos en deuda, 339
burlaros de este modo de su afligida Ninfa: 340
¡que el Cielo os preserve de su severidad! 341
HYLAS
Aglante es testigo de que digo verdad. 342
AGLANTE
Dice Hylas la verdad. Escuchad, Silvanira, 343
soy yo el ciervo, y no otro, del que habla este pastor, 344
ciervo herido del dardo que irradian vuestros ojos, 345
y tristes pensamientos que por dentro me afligen, 346
mueren a vuestros pies, si pronto vuestra mano 347
no trata de aplicar el bálsamo a mi herida. 348
SILVANIRA
¿Cuándo veré acabar estas pesadas prédicas? 349
AGLANTE
Cuando vos o la muerte me hayáis socorrido. 350
SILVANIRA
Adiós, si por más tiempo me paro en estos sitios 351
llegaré muy tarde a la muerte de la bestia. 352

ESCENA V

(AGLANTE, HYLAS)
AGLANTE
La inhumana se marcha sin querer escucharme, 353
como si el quererla fuera desagradarla; 354
mi mal, cuyo relato conmoviera a un tronco, 355
en lugar de ablandarla la irrita y la asusta. 356
HYLAS
La caridad me obliga tanto como el cariño 357
a tener que ayudarte, tu suerte me da pena, 358
más vale antes que tarde retar a quien nos reta; 359
y en libertad vivir que morir como esclavo; 360
cesa, cesa de amar a esta roca animada 361
que te odia, si es posible, por mucho haberla amado; 362
¿esta razón que un Dios destila en nuestras almas 363
será inútil para las penas del espíritu? 364
AGLANTE
¡Tu remedio es peor que la enfermedad! 365
((Hylas recita los dos versos siguientes vuelto hacia los espectadores))
HYLAS
En verdad este Aglante es animal cobarde, 366
y en él la constancia es un extraño brío. 367
Ánimo, ¿cómo quieres que te ayude tu amigo? 368
AGLANTE
Si quisieras hablarle defendiendo mi causa, 369
contarle mi dolor, hablarle de mi fe; 370
y como tu ingenio no carece de acierto, 371
confirmarle que ya me urge el desespero; 372
describirme, en resumen, cual ababol curvado 373
al que el rigor del frío o el arado ha tocado; 374
podrías ablandarme a esta alma despiadada, 375
complaciendo a un amigo con pasmoso servicio, 376
y salvar a un amante de una muerte segura. 377
HYLAS
Me bastan tus palabras, voy allí de inmediato. 378
AGLANTE
¿A suplicar por mí? 379
HYLAS
Por ti, te lo prometo,
y creer lo contrario es querer injuriarme. 380
AGLANTE
Ve, me lo has prometido. 381
HYLAS
Te lo juro otra vez
por de año nuevo el muérdago, y por la sierpe de oro. 382
¡Cuán grande debe ser el crimen de constancia 383
que carga a su autor con tanta penitencia! 384
Deidad sin poder, misterio fabuloso, 385
del que cree aprovecharnos un sexo engañoso, 386
virtud de amantes necios que con razón detesto, 387
¿no eres a la mente lo que la peste a los cuerpos? 388
Mas llega Silvanira, pero a favor del prójimo 389
tengo que ensalzar hoy a este ídolo. 390

ESCENA VI

(SILVANIRA, FOSINDA, HYLAS)
SILVANIRA
Cuánto lamento, hermana, no haber podido ir 391
contigo esta mañana. 392
FOSINDA
Te he estado esperando
al menos una hora en el siguiente cruce, 393
donde la asamblea ha preparado el día, 394
nos ha forzado el ciervo a hacer mucho ejercicio, 395
pues desde el comienzo de la batida ha aguantado, 396
hasta que una flecha le ha herido el hombro 397
y ha ido por el río, donde lo hemos cogido. 398
Filis fue la primera que disparó al venado, 399
se trajo la cabeza en señal de victoria. 400
Por lo demás, el galgo que la muchacha Dafne 401
había últimamente traído a la caza, 402
cogió por las orejas, valiente a un jabalí... 403
SILVANIRA
Lo que oigo, ¿es cierto? 404
FOSINDA
Fue muy valiente y hábil,
nunca lebrel alguno fue así ni lo será; 405
Diana seguramente no tiene mejor perro; 406
corre, o mejor dicho, no corre, sino vuela. 407
SILVANIRA
Dafne lo querrá mucho. 408
FOSINDA
Está loca con él;
Celia, de finas manos, dice en tono de broma 409
que es mejor ser su perro antes que ser su amante. 410
SILVANIRA
¡Oh caza! El placer mejor de los placeres. 411
FOSINDA
Si no acarreara un cansancio tan grande. 412
HYLAS
Muy bien habla Fosinda, y muy sabiamente 413
mostrando en sus palabras que tiene muy buen juicio; 414
¿en el amable oriente de la edad en que estáis 415
es que hay que divertirse persiguiendo animales? 416
Mal placer es sudar rastreando los bosques 417
llevando el peso inútil del carcaj y las redes; 418
este duro oficio requiere fuerza de hombres. 419
SILVANIRA
¿Que podemos hacer en nuestro actual estado? 420
HYLAS
Cazar. 421
SILVANIRA
Tu lo defiendes.
HYLAS
No, si lo corazones
son la presa y premio de vuestros ojos triunfantes, 422
y mientras no se abuse del dolor del trofeo. 423
SILVANIRA
Que la aprecie quien quiera, para mí la desprecio; 424
prefiero antes las astas de un ciervo o un gamo, 425
que vuestros corazones. 426
FOSINDA
Con menos menosprecio
me haría más amable un corazón que conozco 427
que los ciervos del mundo, y sin ser censurable. 428
HYLAS
Cruel, ¿sabes acaso que un miserable amante 429
al que de dejar vengo, se consume de hastío, 430
los ojos anegados, el pecho abrasado, 431
y dispuesto a abrírselo con impetuosa mano, 432
relata a estas rocas más sensibles que tú 433
tu extremo rigor, y su extrema fe? 434
¡Ay! Si pudieras verlo el estado que sufre, 435
aunque fuese tu pecho de un temple más duro, 436
ante este triste asunto el cariño total 437
dotaría a tus ojos de lágrimas piadosas; 438
es cierto que parece una figura pálida 439
cuya apariencia y trato inspiran mal agüero; 440
es un fantasma irreal que anda bruscamente, 441
y que sigue soñando como sueñan sin cuerpo 442
desdichados amantes cuya tropa infinita 443
pronto por tus desprecios añadirá otra sombra. 444
SILVANIRA
Ni tus palabras, Hylas, ni su consternación 445
provocan en mi mente mucha más impresión 446
que las penas que Amor harían en cien años 447
a los mozos de Arcadia, o del otro hemisferio. 448
Y no es que a un buen carácter lo afecte el hastío 449
de la sencilla historia de la pena del prójimo, 450
al no ser de desdicha, fingida o verdadera, 451
de la que exigir pueda el tributo de la queja; 452
¿mas sin ser inhumana, con mi inocente pecho 453
puedo sanarle el mal que tu dices que siente? 454
HYLAS
Pastora, en ese caso tendrá que perecer. 455
SILVANIRA
Son la razón o el tiempo los que deben curarlo. 456
HYLAS
Contra la actividad de un mal tan violento 457
“la razón es muy débil, y el tiempo es muy lento.” 458
FOSINDA
Lo que dice es verdad, y a mí la experiencia 459
me hizo conocerlo con bastante sapiencia. 460
SILVANIRA
Vámonos ya, Fosinda. 461
FOSINDA
Vamos.
SILVANIRA
Adiós pastor,
adiós, mejor amigo que buen intermediario. 462
HYLAS
Adiós joven altiva, adiós irresponsable, 463
despreciando a todos, por todos despreciada; 464
cuando la edad borre esas delicadas facciones, 465
y destiña ese cutis a los ojos tan bello, 466
entonces en tu espejo, o en alguna fontana, 467
al ver de tu hermosura la ruina asegurada, 468
romperás el espejo, o enturbiarás el agua, 469
y odiarás al pintor con motivo del cuadro. 470
Esta es la manera con que Amor favorece 471
a quien sigue la ley que Sylvandro autoriza, 472
quien legislador tonto no puede ser penado 473
por su tonta doctrina a menos que lo expulsen. 474
CORO
Viendo nuestras pequeñas cumbres 475
copiosas en semillas verdes, 476
y nuestras campiñas cubiertas 477
de pastores y de rebaños, 478
pareciera que nuestra vida 479
llena estuviera de placeres, 480
y que de aquella edad de oro 481
en la que nuestros padres vieron plácidas cosas, 482
solo aún nuestra tierra 483
conserva hoy algunos vestigios aún visibles. 484
¿De hecho quien no sabe 485
que esta es la comarca 486
donde la huida Astrea 487
trazara su paso último, 488
cuando el mal de los hombres 489
menos falaces aún 490
y taimados que ahora, 491
al desterrar la fe que la había retenido, 492
volvía ella a los Cielos 493
con el mismo ropaje con que venido había? 494
No obstante a cada paso 495
una fatal desgracia 496
como una ira nativa 497
turba nuestro reposo; 498
un monstruo en nuestros bordes 499
causa estragos a diario 500
que nos arrancan lágrimas; 501
otra sierpe del Nilo, que come a quien la adora, 502
se oculta en las flores, 503
y agosta a su presa antes de devorarla. 504
Si hubiera en nuestras ciénagas 505
una hidra espantosa, 506
o un jabalí salvaje 507
cazara a nuestros bueyes, 508
o que en nuestras praderas 509
un lobo en los apriscos 510
dador de muerte fuera, 511
bien nos consolaríamos de mermas tan ligeras; 512
pero este monstruo ardiente 513
molesto con los mozos guerrea con las pastoras. 514
Rival de nuestra paz 515
(ya que debo nombrarte), 516
amor que en mortal pecho 517
cual buitre te alimento, 518
tú causas nuestras pérdidas, 519
en nuestros llanos yermos, 520
y suspirar nos haces. 521
Pues entre tantos bienes de que Forez abunda, 522
¿qué desear podríamos?, 523
sin ti, fuente fecunda de todos nuestros males. 524
Antaño en nuestros campos 525
todo era a todos próvido, 526
la cuerda, el precipicio 527
solo para los viles; 528
mas desde que en mala hora 529
allí Amor su hogar hizo, 530
nos quitó toda dicha, 531
cien cándidos pastores la razón han perdido, 532
cien se han arrojado, 533
y cien bajo el ronzal han entregado su alma. 534
¿En vez de con nosotros, 535
que somos almas viles, 536
no vas a las ciudades 537
a alardear de tus golpes? 538
Allí tu gloria entera 539
como en causa más digna 540
más dignamente vierase. 541
Ve, pues, entre los reyes a establecer tu reino, 542
tras tu distanciamiento 543
tu hermana hará brotar nuestras chozas de paja. 544
Mas, ¡oh libertad necia 545
de insensatas palabras!, 546
¡oh Dioses!, a qué ideas 547
se ha guiado nuestro pecho; 548
imprudentes que somos 549
más allá de los hombres, 550
por osar calumniar 551
a un Dios que sobre todos extiende sus prebendas, 552
que podría en el acto 553
clavar al paladar sus sacrílegas lenguas. 554
Si fuera así, de hecho 555
que lo hemos trazado nosotros, 556
pudiendo castigar nuestras blasfemias, 557
¿no lo habría ya hecho? 558
Es él por quien la luz 559
abriendo la masa primera 560
hizo el hermoso día tal cual es, 561
que de todo el orbe solo hizo una provincia, 562
y que hace cuanto queire 563
en el cuerpo de un mozo lucir alma de un príncipe. 564
Hace, ¡ensueño amoroso!, 565
cortesano a un bárbaro, 566
liberal a un avaro, 567
y a un ruin dadivoso; 568
sus hechos por otros ejemplos 569
dignos del honor de los templos 570
bastante están justificados; 571
la culpa es de los amantes que con poca actitud 572
muy pronto desconfían 573
del bien que con frecuencia escolta a la constancia. 574

ARGUMENTO DEL SEGUNDO ACTO

Silvanira, conmovida por las palabras que le acaba de decir Hylas a favor de Aglante, se deshace de su compañera Fosinda, para poder quejarse con libertad. Se duerme vencida por el desánimo y el cansancio, y le cuenta al pastor Tirinte lo que ha soñado mientras dormía. Él le habla de su amor, y Silvanira le cuenta lo que la pastora Fosinda sentía por él. Tirinte se desespera; es consolado por Alcirón, que le promete proporcionarle un espejo, por medio del cual le asegurará la posesión de su enamorada.

ACTO II

ESCENA PRIMERA

(SILVANIRA, sola)
SILVANIRA
Justos Dioses, sabéis con qué conminación 575
abro el pecho a mi boca y mi boca a mi queja, 576
si es verdad, como dicen, que con la claridad 577
dais a nuestra alma aún más libertad, 578
¿por qué todos los días la injusticia del hombre 579
hollando impunemente la flaqueza en que estamos, 580
nos quita este tesoro que habemos de vosotros, 581
y que vuestra largueza hace común a todos? 582
Mas lo que más nos marca es que estos mismos padres 583
que establecer debieran nustras fortunas prósperas, 584
nos han arrebatado un derecho tiránico, 585
igual que hoy el mío lo ejerce en mi lugar, 586
anciano autoritario al que una vil codicia 587
dar hace a Silvanira por esposa a Théante, 588
servil padre tirano, desnaturalizado, 589
de nuestras alegrías conjurado enemigo, 590
y sobre quien, no obstante, una extraña costumbre 591
quiere que mal que bien se ordene nuestro sino, 592
¡y que al inmolarnos nuestro deber sea tal 593
que adorar debamos al cura y al altar! 594
¡Ay! ¿Voy a ser el deplorable ejemplo 595
de la severidad de un padre inexorable, 596
si se puede, no obstante, dar un nombre tan bello 597
a quien vende a su hija y la lleva a la tumba? 598
¡Imprudente Natura, justamente punible, 599
si no pusiste en mí algo de adorable 600
más que para entregarme al poder de un marido 601
en quien no hiciste nada digno de ser amado, 602
de un idiota y mal hecho, que por todo provecho 603
sabría bien jactarse de un rico patrimonio, 604
y quien por toda charla que alguna vez tuviera 605
no pudo departirme más que de sus ingresos! 606
Mi padre, sin embargo, lo cree como un oráculo, 607
y siempre que habla de él es como de un milagro: 608
hija mía, me dijo, hablándome de él, 609
es el más primoroso de los pastores de hoy; 610
cien rebaños a diario trashuman en sus prados 611
siendo el rico ornamento de tantas alquerías; 612
¡Tu dicha será grande si quieres escucharme, 613
y dulce tu destino si sabes saborearlo! 614
Confiesa, luego de esto, que no eres pudiente 615
por un favor así del que me eres deudora. 616
Así el avaro aún pretende complacerme 617
sacrificándome a los bienes de este pastor, 618
“como si en la vergüenza una ajorca brillante 619
al ser de oro puro fuese menos pesada.” 620
Pero hagan lo que hagan, trabajan sin provecho, 621
pues lo que hacen entre ellos, lo destruye mi ingenio; 622
y si me obligan a ello con absoluta fuerza, 623
sabrán que anida en mí un alma muy resuelta; 624
padres, por una muerte detenida hace tiempo 625
os devuelvo el día que los dos me prestasteis; 626
así es como engañando vuestro extremo rigor 627
me exculpo ante vosotros y asumo mi deber. 628
Es cierto que pensando en el miedo a la muerte, 629
lo que provoca en mi alma un más sensible esfuerzo, 630
no es tanto el padecer un final tan violento, 631
sino morir infiel contigo (caro Aglante), 632
si la persona al menos es ingrata, de hecho, 633
que solo en deseo puede cumplir con un buen acto; 634
pues al fin lo confieso en este sitio aislado, 635
en que Natura enseña a todo a callar, 636
que tus raras virtudes y tu amoroso empeño 637
merecer deberían un más dichoso éxito. 638
Pero el que me mata tras hacer que naciera 639
no me posibilita poder reconocerlo, 640
y el Cielo que se ríe de todas nuestras ansias 641
te impide conocer el bien que te deseo. 642
Si te fuera visible cual la frente este pecho, 643
pecho que injustamente tu llamas insensible, 644
viendo en mi frialdad y ardientes suspiros 645
la Escitia por fuera y África por dentro, 646
dirías que el Honor y el Amor me han situado 647
bajo la zona tórrida, bajo la zona helada. 648
Serían, pues, Aglante, tus ojos lo testigos 649
que por callar su pena no se la siente menos. 650
Pero este sitio calmo y estas costas floridas 651
excitan fuertemente mis mohínos ensueños; 652
así, al dejar pasar el calor excesivo, 653
soñemos con la idea de mi desgracia próxima. 654
¡Ay pastor que te quejas de mi ingratitud, 655
si tu me encontraras en esta soledad, 656
cuán difícilmente prodrías suponer 657
cuál es la ocasión que me la hace amar! 658
((En este momento, se duerme de cansancio y desánimo))

ESCENA II

(TIRINTE, SILVANIRA)
TIRINTE
Dulce amiga de amantes, mocedad de este año, 659
primavera que trae el día más hermoso 660
que jamás ascendiera a nuestro horizonte, 661
bello esplendor, ¿mi mal no tiene acaso cura, 662
para participar como hacen los demás 663
en placeres ligados a la estación de rosas? 664
Si como tu partida me dejó de amor libre, 665
hoy libre de amor me hallaba tu regreso, 666
ver me complacería la agradable pintura 667
que se ve en nuestros campos remozar la Natura, 668
y a los corderillos con saltos redoblados 669
celebrar balitando el nacer de los trigos, 670
do la Madre de flores con mano liberal 671
en vano a mis miradas sus riquezas despliega; 672
todo ese nuevo encanto que ella va mostrando 673
no atraería a la vista en un alma infeliz. 674
Mas vamos adelante, veamos quien puede ser 675
aquella que reposa a la sombra de esta haya. 676
¡Oh dicha vanamente deseada tantas veces! 677
¡Ver sola a Silvanira en este sitio aislado, 678
prisionera del sueño y de la lasitud, 679
la misma que mantiene al Amor en servidumbre! 680
Vamos, sin miedo, alma, veamos a nuestros émulos; 681
estamos bien seguros puesto que están dormidos. 682
¡Ah!, verdaderamente creo yo que sus párpados 683
en favor de mis ojos ocultaron sus luces, 684
o mejor que dos soles tan ardientes y claros, 685
que sus menores rayos son potentes relámpagos; 686
la nieve que desciende sobre el desnudo campo, 687
pura como era cuando emergió de la nube, 688
la rosa en lo más bello de su nueva estación, 689
de su tez fresca y blanca hacen el parangón; 690
su hermoso pelo áureo con el que juega el viento, 691
y que con neglicencia sombrean su mejilla, 692
¿qué es en realidad sino un rico vellón 693
que hallaría apurado a un digno Jasón? 694
En mente de un amante su boca entrecerrada 695
es un viviente ataúd de coral y de rosa, 696
bello ataúd que exhala un perfumado céfiro, 697
que impregna a todo el aire dejándole su aroma. 698
De entrada al verla el ojo confuso creer pudiera 699
que se halla ante una estatua de mármol o marfil, 700
si no fuera por ver su trenza errante al viento, 701
y su cuello de lirio moviéndose en cadencia. 702
Pero no pienso nunca mientras que yo contemplo 703
a esta deidad de la que mi pecho es el templo 704
a la que besar puedo su boca y sus senos; 705
¿osaría acabar con este hermoso proyecto? 706
Lejos pudor, respeto, vuestras leyes estrictas 707
más de la mitad encarnan las penas amorosas; 708
no podréis reunir bastante persuasión 709
para privarne del fruto de esta ocasión. 710
Tierno hechicero de los males de cuerpo y alma, 711
frío opresor nocturno, sueño que yo reclamo, 712
fortalece tus lazos, y echa sobre sus ojos 713
lo mejor de tu magia y que mejor hechice. 714
Ya que de tu bondad aguardo este provecho, 715
tú de mi gratitud espera un sacrificio: 716
dos haces de amapolas, dos pesados lirones 717
llenarán tu altar una vez cada año. 718
¡Ay!, pérfido sueño de mi gozo envidioso, 719
ya está despertándose antes de que la bese, 720
y no llevando a cabo lo que me he propuesto 721
solo tendré el honor de haber mucho arriesgado. 722
SILVANIRA
¿Ese no es Tirinte? 723
TIRINTE
Sí, bella Silvanira,
Tirinte quien por vos suspira asiduamente 724
con tan poco provecho. 725
SILVANIRA
Si supieras, pastor,
la extraña visión que acabo de soñar, 726
nunca de uno tan malo ni de tan triste ensueño 727
fue seguido un sueño. 728
TIRINTE
Ni de tantas mentiras.
SILVANIRA
Cuando te haya contado este oscuro misterio 729
quedarás asombrado si una vez lo estuviste. 730
TIRINTE
Por favor, complacedme con esta cortesía. 731
SILVANIRA
De tantos que han turbado mi alma y fantasía, 732
tendré yo suficiente con referirte uno, 733
el más negro de todos y el más inoportuno. 734
Habiendo encontrado en este oscuro soto 735
una hierba tan suave y el frescor de la sombra, 736
me he parado aquí, y huyendo del sol 737
casi sin planearlo me quedé bien dormida; 738
para no alargarme, me pareció, Tirinte, 739
que estábamos los dos dentro de un laberinto 740
entre sus pasadizos y caminos perdidos 741
junto con nuestro juicio y pasos confundidos; 742
habiendo ya pasado buena parte del día 743
para buscar los medios de una feliz salida, 744
hallamos un sepulcro sombreado de cipreses 745
bordeando un bello estanque que dormitaba cerca; 746
a la vista de esta agua que se hubiera estimado 747
como el solo placer de una boca alterada, 748
me dijiste, acércate, Silvanira, a ver ven 749
a quien sobre Tirinte tiene el más gran poder. 750
Allí, a mi pesar, mirando sobre el agua, 751
divisé los objetos más horribles del mundo, 752
numerosas serpientes y peces gigantescos, 753
(de este pérfido estanque monstruosos alimentos) 754
saltaron de las aguas, y con la boca abierta 755
me echaron el veneno de una ballena fétida; 756
mi pecho al pronto late, me dan escalofríos 757
seguidos de dolor de cabeza y vómitos; 758
de la mente y el cuerpo el dolor inaudito 759
tanto me oprime hasta que caigo desmayada; 760
y algún tiempo después (pasados ya mis síncopes) 761
me encuentro viva al lado de los ya fallecidos; 762
tú me habías bajado a la tumba, del modo 763
que allí se baja el cuerpo de una persona muerta. 764
Esta es mi visión. 765
TIRINTE
Extraño, a fe mía,
cuyo presagio solo me afecta a mí, 766
pues preciso es trocar estas negras visiones, 767
y en sentido contrario explicar sus figuras. 768
No temáis, cambiaré con solo dos palabras 769
por mi propia desgracia vuestro sueño ilustrado. 770
El amor que os tengo no tiene parangón, 771
estrictamente hablando, ¿no es un Laberinto 772
que dentro en sus errores, como en cualquier prisión, 773
mi libertad retiene, mi edad y mi razón? 774
Este agua tan en calma y tan apetecible 775
es de vuestra belleza la imagen verdadera; 776
por fin vuestros rigores son, para bien decirlo, 777
los venenosos monstruos que harán que yo muera, 778
puesto que mi fin es demasiado evidente. 779
SILVANIRA
Tu interpretación, que me es indiferente, 780
no me quita el fastidio que me produjo el sueño. 781
TIRINTE
Vuestro mal es un sueño, el mío algo cierto. 782
SILVANIRA
“Así, de este modo, la carga que lleva otro 783
con placer nos parece más leve que la nuestra.” 784
((Estos versos tienen doble sentido, se refieren a Aglante y Tirinte cree que van dirigidos a él))
TIRINTE
¡Ay!, pastora cruel, ¿habéis comenzado 785
a curar mi herida con vuestra indiferencia? 786
Ya que vuestras crueldades me la hacen mortal, 787
vos que me la habéis hecho, creedla al menos tal. 788
SILVANIRA
Tal como tu prefieras, pero en haberte herido, 789
es justo en lo único en lo que no pensé. 790
TIRINTE
No, porque rechazáis guiar allí la mente, 791
y eso es lo que más ofende a mi alma. 792
¡Ay!, tan solo viendo el peso de mis golpes 793
pronto juzgar se puede que proceden de vos; 794
la causa de mi mal es demasiado obvia. 795
SILVANIRA
Transportas en tu seno un ardiente incendio, 796
si como tu discurso tu pecho está inflamado. 797
Pero ¿de qué te quejas? 798
TIRINTE
De que no soy amado.
SILVANIRA
Ya que ese es el punto en que basas tu queja, 799
arranca de tu pecho ese hondo dolor, 800
júzgate el más feliz de los mozos de Lignon, 801
y cree que tu dicha no tiene parangón. 802
TIRINTE
Adorable belleza por quien amor suspira, 803
primor de nuestros días, ¿qué acabáis de decir? 804
SILVANIRA
Que si Tirinte me ama, lo aman aún más. 805
TIRINTE
Palabras que me dejan paralizado el juicio, 806
amar más no es posible. Mas, divina pastora, 807
¡Pobre de mí!, ¿no estáis mintiendo en mi perjuicio? 808
SILVANIRA
Ya que la honestidad me prohíbe jurar, 809
las intrínsecas pruebas poco te ayudarán. 810
TIRINTE
Detened, pues, el curso de este alegre torrente, 811
do mi razón se pierde y mi alma se ahoga. 812
((Los dos versos siguientes los recita [Silvanira] vuelta hacia los espectadores))
SILVANIRA
“¡El alma de un amante, aun siendo blanda y débil, 813
fácilmente imagina y cree lo que le agrada!” 814
Habrá muchos pastores que tendrán gran envidia 815
de la dicha que veo que sigue a tu fortuna, 816
cuando tú tener puedas el tesoro precioso 817
que contentar podría a los más ambiciosos, 818
Fosinda, la dulzura y la sabiduría. 819
TIRINTE
¿Fosinda me decís? 820
SILVANIRA
Sí, Fosinda que te ama,
y que bien se merece que tú la ames también. 821
TIRINTE
Solvanira, ¿por qué me tratáis así? 822
Sufro mucho al ver mi amor despreciado, 823
sin que vos de él hagáis un tema de irrisión: 824
“¿dónde veis a un bravo y altruista campeón 825
que aflija al vencido con lenguaje burlón?” 826
SILVANIRA
Fosinda, la más bella y hasta la más perfecta... 827
TIRINTE
¡Silvanira, dejémoslo!, por favor os lo pido, 828
mejor habladme de las bellezas de la muerte. 829
SILVANIRA
Mirad al desdeñoso, que se siente agraviado: 830
si alguna vez se cree la compañera fiel, 831
te hará tan feliz como tú la hagas a ella. 832

ESCENA III

(TIRINTE, solo)
TIRINTE
Ve, ve a aconsejarla, pero tu no harás nada, 833
no estarías contenta de hacerme tanto bien: 834
vete, vete ingrata, inhumana tigresa, 835
que mi dolor transformas en un tema de gozo, 836
áspid sorda y cruel que te anegas en lágrimas, 837
y escondes tu veneno en la beldad de las flores; 838
bien sé que finalmente no tengo esperanzas 839
de vencerte algún día por la perseverancia. 840
La Parca es ahora mi único soporte, 841
y adentro del féretro debo encontrar el puerto; 842
estos montes que alzándose por entre las tormentas 843
llevan dentro del cielo sus orgullosas testas, 844
y de los que la raíz en los negros abismos 845
del mundo hacen los límites, y oscuras mansiones, 846
abren por todos lados bastantes precipicios 847
que pronto harán que todo para mí sea propicio. 848

ESCENA IV

(ALCIRÓN, TIRINTE)
ALCIRÓN
Tirinte, es en vano que por disimular 849
creas esconder un mal que ocultar no se puede; 850
no veo nada en ti que no me asegure 851
de que efectivamente tu mente está enferma: 852
ya no te gusta el juego, pierdes la robustez, 853
huyes de tus amigos, no te gusta hablar, 854
y al perder día a día tus buenas tradiciones 855
te dejas cautivar por mil preocupaciones; 856
tus rebaños que he visto tan gordos, tan brillantes, 857
son los peores de todos y los más desnutridos; 858
están bajo el cuidado solo de la natura, 859
y en la fe de un perro vagan siempre al albur. 860
Tus acciones, en fin, llevan a suponer 861
que un cambio tan grande solo se debe a amar; 862
no todos piensan eso, pero yo que te veo 863
cual si otro yo fueras, verdad es, me preocupo; 864
tu enfermedad conozco, y para bien tratarla 865
solo debo saber el motivo que la causa; 866
“la peste cuanto más se esconde más infecta; 867
se hace el amor más fuerte cuanto más se lo apresa.” 868
TIRINTE
¡Oh!, cuán agradecido por mí se muestra el Cielo 869
por la atención que prestas a una mente afligida; 870
Alcirón, tu lo has dicho, Amor es quien me mina; 871
en vez de la razón me oprime este tirano, 872
mi alma está encendida, y si saberlo quieres, 873
los botafuegos son los ojos de Silvanira. 874
Esta es, caro Alcirón, la fuente verdadera 875
de donde mis suspiros incoaron su carrera, 876
y la digna materia de mi enfermedad. 877
ALCIRÓN
No debes tu culparte por esta elección, 878
puesto que el buen juicio de acuerdo está con ella; 879
pues además de que la chica es muy bella, 880
un mérito extremo se suma a su belleza. 881
TIRINTE
Si tu también supieras cómo es la crueldad, 882
dirías que el honor de estar bajo su imperio 883
de todos los destinos es el más noble y peor. 884
ALCIRÓN
¿Seguro que sabe ella que te abrasas de amor? 885
TIRINTE
Eso debe tenerlo tan claro como el día. 886
ALCIRÓN
Está, pues, conmovida. 887
TIRINTE
Tan poco como este árbol;
no tiene corazón, si lo tiene es de mármol, 888
insensible al Amor. 889
ALCIRÓN
Pudiera ella tenerlo
y tardarías tiempo en darte cuenta de ello. 890
“La mujer ama pronto, mas sabes que el pudor 891
hace que en descubrirse no sea ella tan presta, 892
y luego al no poder nada hacer por tu alivio, 893
viviendo como vive, lo hace sabiamente.” 894
Théante anda a la caza, y dicen que Menandro 895
en tres o cuatro días hará que sea su yerno. 896
TIRINTE
¿Théante anda a la caza, y la ingrata lo quiere? 897
ALCIRÓN
Respetar a su padre es todo lo que puede, 898
por lo que la razón por mí te aconseje 899
a asumir en la pérdida un dolor similar 900
que en la merma de un bien no se puede lograr. 901
TIRINTE
Yo sabré encontrar el modo de sanar: 902
“En los cruentos embates que nos da el infortunio 903
cuando la fe está muerta preciso es no vivir; 904
y en verdad mal encaja a las mentes altruistas 905
el querer subsistir cuando son desgraciadas.” 906
Incluso con tal de grabar en mi sepulcro 907
de mi dolor la prédica y mi muerte futura, 908
creo que expresamente los Dioses se han cuidado 909
de traerte aquí para que lo observaras. 910
ALCIRÓN
Deja esa idea, Tirinte, piensa por el contrario 911
que el Cielo allí me lleve con el fin de distraerte; 912
“Amor ama la vida, y nunca en tu pecho 913
su antorcha alumbró esta trágica meta.” 914
TIRINTE
“A quien de fe carece la muerte es deseable.” 915
Si más espero, amigo, soy más miserable. 916
ALCIRÓN
Espera un poco más, ya no lo serás más, 917
el amor como el mar tiene flujo y reflujo; 918
verás, me gustaría que tu alma curada 919
no sufriera pasiones ni descontrol alguno, 920
mas como tu energía está aletargada 921
yo no olvidaré como amigo ayudarte. 922
Con tal de que Tirinte solamente me crea 923
el sabrá lo que vale una dicha perfecta: 924
yo te juro, pastor, ponértela en la mano. 925
TIRINTE
¿A quién? 926
ALCIRÓN
Tu Silvanira, antes de que amanezca.
TIRINTE
¿Ponérmela en la mano? 927
ALCIRÓN
Sugiero en tu poder,
para pasar si quieres a gozar del placer. 928
TIRINTE
Piensa, piensa, Alcirón, en lo que tu prometes. 929
ALCIRÓN
Si yo no lo resuelvo nunca más me respetes, 930
siempre que, por tu parte, tu me quieras creer, 931
usando bien acerca de tu victoria el fruto. 932
TIRINTE
¡Oh, ya no eres mi amigo, sino mi salvador, 933
si puedes complacerme con un favor así! 934
ALCIRÓN
Nunca te he prometido nada que no hiciera. 935
TIRINTE
¿Pero cómo aceptar una gracia tan grande? 936
ALCIRÓN
Solo en tu amistad he basado mi rédito, 937
feliz de que por ti pueda estar ocupado. 938

ESCENA V

(FOSINDA, SILVANIRA)
FOSINDA
¡Ay!, bien sospechaba que esta alma altanera 939
tu mediación haría vana como mi búsqueda. 940
SILVANIRA
Es el pastor más fatuo y el más inhumano 941
que nunca haya tenido el cayado en la mano; 942
reconocí el exceso de su impertinencia 943
menos por su discurso que por su apariencia; 944
cuando te he nombrado una sonrisa altiva 945
claramente ha mostrado su orgullo pretencioso; 946
te juro, hermana mía, que sentía vergüenza, 947
y no te jactes de que yo sea mentirosa, 948
lo reconocerás. 949
FOSINDA
¡Ay!, realmente te creo,
mas ¡Dioses!, cara hermana, ¡qué dirás tú de mí, 950
de mí, pobrecita, ay!, ¡yo que te aseguré 951
de amor que con razón creerías insolente! 952
Sobre todo porque esta ceguera, Silvanira, 953
no provoque en ti desaliento alguno; 954
cree que moriré si debe mi locura 955
soltar o abrir el nudo del amor que nos une: 956
de tu Fosinda apiádate, y ámala por favor, 957
por muy desesperada e imprudente que sea. 958
Así aún el Cielo capte vuestra conducta, 959
y en que me veo excluida. 960
¡Ay, cruel, ay, cruel! 961
SILVANIRA
Modera tu hartazgo,
en nada se merece que tu pienses en él; 962
este ingrato arrogante, cuyo altivo desdén 963
a tu ética deja más baja que la hierba, 964
“rechazando un mérito do se une la belleza, 965
por el mismo rechazo muestra que no lo tiene, 966
a no ser que a otra parte su honestidad plegada 967
a otra amistad cualquiera le haga perder el ansia.” 968
Para ver tu descanso realmente repuesto 969
utiliza el desdén, o al menos el olvido, 970
si tu no quieres ser un nuevo Prometeo 971
sobre una misma roca día y noche inmóvil. 972
Si el amor como a ti me hubiera cautivado, 973
lo sufriría todo excepto el desprecio. 974
Pero a quien me arrojara un rayo similar, 975
no tendría yo hierros que no se los hundiera. 976
FOSINDA
Por ahí es por donde mi mal debe calmarse, 977
“mas quien no tiene alma no tiene voluntad.” 978
CORO
De tantas flores de las que se compone 979
la corona de una beldad, 980
es verdad que la honestidad 981
proporciona la mejor rosa; 982
¡mas Dioses!, cuánto hay que aguantar 983
a quien desee adornarse con ella. 984
¿Qué dolores de cuerpo y alma 985
no se mitigan con razón 986
a los dolores sin comparación 987
que sufre la mente de una mujer 988
a la cual el honor le hace esconder 989
el fuego que la seca? 990
Eolo, aquellos a los que gobiernas, 991
los vientos siempre impetuosos, 992
son mucho menos tumultuosos 993
en la prisión de tus cavernas, 994
de lo que es Amor en su corazón 995
al que trata cual fatuo vencedor. 996
Es imperioso y atrevido, 997
cualquier opresión le disgusta, 998
y de tan libre y amo que es 999
no quiere trocarse en esclavo; 1000
se convierte en tizón, 1001
y reduce a cenizas su prisión. 1002
Aglante, solo se puede compadecerte 1003
por no conocer tu felicidad, 1004
si tu vieras cómo el honor 1005
fuerza a Silvanira a fingir, 1006
y la obliga a arder, 1007
a callarse y a disimular. 1008
Me aseguro, oh fiel pastor, 1009
que a la vista de tal amistad 1010
ella se apiadaría de ti, 1011
y las lágrimas que quieres de ella; 1012
pero aún no ha llegado el tiempo 1013
de que conozcas este secreto. 1014

ARGUMENTO DEL TERCER ACTO

Hylas viene informar de su encargo a Aglante, y por su estado de ánimo se burla de él por la poca consideración que ha tenido Silvanira de su amistad. Mientras están hablando llega ella con Fosinda. Hylas aconseja a su amigo que le hable él mismo; lo que el hace, pero aparentemente con tan poco éxito, que se separa de ella desesperado. Hylas lo sigue. Algún tiempo más tarde, Tirinte muestra su espejo a Silvanira, del cual se desencadenan los maravillosos efectos de los dos últimos actos.

ACTO III

ESCENA PRIMERA

(HYLAS, AGLANTE)
HYLAS
Pastor, ¿si yo te digo que tu bella amada 1015
sufre un mal semejante al que a ti te oprime, 1016
que ante el nombre de Aglante se le fue un suspiro 1017
mostrando que su pecho está muy afectado, 1018
e incluso que sus ojos ya del todo llorosos 1019
a punto casi estaban de soltar perlas líquidas, 1020
sin que su bella mano que llevaba un pañuelo 1021
bastante a escondidas les impidiera caer? 1022
AGLANTE
¡Ay, dichoso pastor!, ¡oh, dichosa noticia! 1023
HYLAS
Mirad cómo el amor le trastorna el cerebro. 1024
Además, si te digo que tengo pelo suyo, 1025
que ella misma te manda, ¿tienes lo que tu quieres? 1026
AGLANTE
¿Dónde están los cabellos? 1027
HYLAS
¡Gran Dios, cuánto es su júbilo!
AGLANTE
Acércate, muéstramelos, déjame que los bese, 1028
son totalmente cómplices de las penas que sufro. 1029
HYLAS
¿Loco estás pobre Aglante? ¿Has perdido el juicio? 1030
“Eres el vivo ejemplo de que es verdad el aserto 1031
de que la gente cree en lo que quiere creer.” 1032
AGLANTE
¡Oh, amigo tan cruel! 1033
HYLAS
Ten paciencia, pastor,
“erramos a menudo cuando creemos tan rápido:” 1034
lo que voy a decirte es algo verdadero, 1035
y lo que yo te dije es solo pura fábula. 1036
Es cierto que he visto esos ojos tan bellos 1037
a los que tu les diste tus soles y tus Dioses; 1038
hice lo que de hecho tenía que hacer 1039
prestándote este oficio cual compasivo amigo; 1040
jamás fue hombre alguno en discurso tan fecundo 1041
doblegando un orgullo que no tiene igual. 1042
“Mas como en pleno invierno una soberbia roca, 1043
terrible objeto del barquero que se acerca, 1044
riéndose de las olas que piensan sacudirla, 1045
las echa muy lejos y hace retroceder:” 1046
tal y más orgullosa ella ha reculado 1047
respecto a tu cariño y a mi larga súplica. 1048
AGLANTE
¡Oh, muerte!, ¿por qué tardas en venir a buscarme? 1049
Ya en vano no esperemos, Aglante, hay que morir; 1050
los males bajo los que tu constancia sucumbe 1051
a pesar del destino pararán en la tumba: 1052
feliz si en tus huesos ella deja caer flores, 1053
no osando esperar a que derrame allí lágrimas. 1054
HYLAS
“Cuando se apremia al Cielo de ridícula muerte, 1055
en lugar de avanzar a veces la retrasa; 1056
muerte que a fin de cuentas no se puede evitar 1057
y llegará muy pronto sin tener que llamarla. 1058
Dejemos que los Dioses planeen la hora suprema.” 1059
Mas llega tu inhumana, abórdala tú mismo. 1060
Háblale osadamente, tal vez cuando te vea 1061
la piedad o el amor puede que la conmuevan. 1062

ESCENA II

(SILVANIRA, FOSINDA, AGLANTE, HYLAS)
SILVANIRA
Las dos, hermana, huyamos, huyamos por favor. 1063
FOSINDA
¿Y por qué huiríamos, si nada nos asusta? 1064
En mi opinión Aglante no es tan peligroso. 1065
AGLANTE
¡Ay! Fosinda, ella teme de un infausto el asalto, 1066
comparable al ladrón que huye con pie cohibido 1067
el reencuentro del cuerpo del que fue homicida. 1068
No, no tengáis miedo de que en mi esfuerzo último 1069
me vengue yo de vos que me dais la muerte. 1070
Los rasgos de mi alma conservan caracteres 1071
tal que si vuestros ojos fueran los sagitarios. 1072
Por ellos yo agonizo, los Dioses sean loados, 1073
mi suerte es muy hermosa si me lo admitís. 1074
Mas ¿por qué ocultarme estos fuertes planetas, 1075
de do caen tantos fuegos y tan nítidas llamas? 1076
Voldedlos hacia mí, para que los vea un poco, 1077
a estos soles que adoro y que me han incendiado. 1078
¿Por qué huis de mí?, yo que toda mi vida 1079
con mente y corazón os he seguido siempre? 1080
¿En qué falta incurrí enojando a esos ojos? 1081
¿O qué dejé de hacer para que amigos fueran? 1082
A fondo analizándome desde mi tierna infancia, 1083
¿dije o hice algo que a vos os ofendiera? 1084
Del tiempo que mi amor aún era pequeño 1085
vos a andar lo ayudasteis, vos le disteis la mano, 1086
y desde que fue grande vos le hicisteis la guerra, 1087
igual que con los hijos de la Tierra hizo Júpiter. 1088
Pero esos, Silvanira, eran presuntuosos, 1089
donde el mío es prudente y respetuoso. 1090
¡Cuán desgraciado soy predicando a una estatua, 1091
a un ídolo de mármol vestido de pastora! 1092
FOSINDA
Aglante, por mi alma, es digno de piedad, 1093
realmente quiere bien. 1094
HYLAS
Más que le corresponde,
y de ahí viene que ella, desleal de él abuse. 1095
AGLANTE
Vuestro rigor, pastora, es el de la Medusa, 1096
como vos Silvanira que transformada en roca, 1097
os volvéis sorda y muda a quejas del amante. 1098
SILVANIRA
El honor, no el rigor, me vuelven sorda y muda 1099
ante las persuasiones de un amor indiscreto, 1100
que basa con frecuencia en nuestro deshonor 1101
su más rica conquista y su más grande dicha. 1102
AGLANTE
Juro yo por Hésus, por la antorcha celeste, 1103
por la Tierra y Cielo, y el Amor que acredito, 1104
en fin por las promesas que un mortal puede hacer, 1105
sobre el más adorable y más santo altar, 1106
que yo ardo por vos con una llama tan pura 1107
que fuego ser pudiera en vez de su natura. 1108
El amor que os consagro es tan nítido y claro 1109
como para dejar mancha en vuestra honradez. 1110
SILVANIRA
Di todo lo que quieras, la más santa amistad 1111
salvarme del mal puede, pero no del espanto. 1112
“Honor es un espejo tan frágil y tan caro, 1113
que no debe tocarlo ni la menor sospecha.” 1114
HYLAS
“Pastoras, este honor es demonio dañino, 1115
de visibles angustias artesano invisible, 1116
de vuestra edad un tirano, rival de los placeres, 1117
que el Amor como frutos presenta a vuestro anhelo. 1118
Es una creación de vuestras astutas madres, 1119
que secas cual ceniza, y de vejez ajadas, 1120
por los nombres augures de Honor y de Virtud, 1121
os prohíben un bien que ellas mismas tuvieron, 1122
cuando ellas más finas que vos lo conocieron.” 1123
FOSINDA
En fin siemppre Hylas, Hylas que se presenta. 1124
SILVANIRA
Quiero que este honor que sé que tu no apruebas 1125
sea de mis acciones la regla y el compás; 1126
“y si es un error que cunde en nuestro sexo 1127
seguir quiero el error de la mitad del mundo”. 1128
AGLANTE
No, no, morir prefiero antes que ofender 1129
ni ver que se ofendiera vuestro casto pensar; 1130
pero el Cielo que os hizo de su largueza objeto 1131
os ha querido dar esta rara prudencia 1132
a fin de ayudar a vuestra rara belleza, 1133
y así no confundirla con la inhumanidad; 1134
parecer implacable a mi justa demanda, 1135
no es acción alguna que el honor os encargue. 1136
SILVANIRA
No importa, la franqueza es un bien tan perfecto 1137
que odio del amor el nombre y el efecto. 1138
FOSINDA
Cuántos pechos altivos cayeron bajo flechas 1139
que horadados de impactos y atestados de brechas, 1140
muestran no poder nada contra un Dios poderoso. 1141
SILVANIRA
Su caída me vale para de pie quedarme, 1142
y contra este tirano que me sirve de huida, 1143
seguiré engañando su ciego acosamiento; 1144
y por mucha dureza de que culparme puedan, 1145
no será mi marido ni tampoco mi amante. 1146
AGLANTE
¡Oh injusticia! ¡Oh Dioses, horrenda ingratitud! 1147
¡Oh, de tantos trabajos indigna recompensa! 1148
¡Así pues vendrá otro amado por los astros 1149
que cosechará el fruto de lo que yo he sembrado, 1150
otro hará de mi fe que no es muy común 1151
un motivo de triunfo para su buena suerte! 1152
si solo quieres que con impunidad 1153
reine la ingratitud y la inhumanidad, 1154
concede a mi valor esta vana lealtad, 1155
que un ofendido espíritu extraiga la venganza; 1156
mas por todo castigo entiendo que vengarme 1157
sea conmoverle el alma y hacerla cambiar. 1158
HYLAS
Lo invade el desaliento. ¡Oh, pastora insensible, 1159
todo esto lo causó su constancia invencible. 1160
pero si yo no estoy, su mente extraviada 1161
intentar bien podría un golpe irremediable! 1162
SILVANIRA
“¡Ay, cómo compruebo que no hay peor martirio 1163
que el de bien amar, y no osar decirlo!” 1164
Mas Dioses, es mi padre quien llega, simulemos; 1165
ahora que me ve no puedo echarme atrás. 1166

ESCENA III

(MENANDRO, LERICIA, SILVANIRA, FOSINDA)
MENANDRO
Por fin, Lericia, hallamos a nuestra corredora; 1167
bien nos hemos ganado este feliz encuentro 1168
desde hace tanto tiempo que estamos dando vueltas. 1169
LERICIA
Aún así, gracias a que la hemos encontrado. 1170
MENANDRO
Silvanira, ¿en qué sitio te habías escondido, 1171
que desde esta mañana te estamos buscando? 1172
SILVANIRA
Preguntad, padre mío, a quien está conmigo, 1173
mi hermana y yo estábamos a menos de mil pasos, 1174
en este valle donde vamos de caza a veces. 1175
FOSINDA
Realmente no del todo. 1176
MENANDRO
Mas vamos, olvida eso;
no queremos meternos en qué pasáis el tiempo, 1177
con tal de que, en cambio, nos tengáis contentos; 1178
siempre habéis mostrado la obediencia ciega 1179
que de los bien nacidos requiere el nacimiento. 1180
Silvanira mi hija y mi último apoyo, 1181
que sepas que hacer puedes que hoy ocurra un milagro, 1182
que rejuvenecer puedes esta cara arrugada 1183
sin recurrir a artes a que lo hacía Medea, 1184
por esposo aceptando a un pastor a tus anchas 1185
que de entre los mejores te he querido elegir: 1186
es el gentil Théante, a quien le caen en suerte 1187
florecientes rebaños y una rica herencia; 1188
él te quiere y te busca para hacerte su esposa, 1189
y no es un partido que deba rechazarse. 1190
¿Pero al bajar los ojos y en un silencio lúgubre 1191
Parece que tu alma se viera violentada? 1192
LERICIA
Cuando tu padre te habla te convendría más 1193
no quedarte en silencio y levantar los ojos. 1194
SILVANIRA
El cariño y amor que a los dos os profeso 1195
no me posibilitan portarme de otro modo, 1196
sabiendo que entregarme al poder de un esposo 1197
es someterme a él y aislarme de vosotros. 1198
FOSINDA
Tiene razón, el Hymen es un Dios muy tiránico. 1199
MENANDRO
Aleja de tu mente este terror y pánico, 1200
tu madre y yo, lo sabes, te amamos demasiado 1201
y nunca admitiremos que de nosotros te aislen. 1202
LERICIA
No, no, querida hija, ten por cosa segura 1203
que no estarás por ello de nosotros aislada; 1204
cuando la muerte que ya nos pisa los talones 1205
quiera cortar el hilo de nuestros largos días, 1206
serás tú la que cierres nuestros pesados párpados, 1207
y dirás de nosotros las últimas palabras. 1208
Hija mía, salvo eso, no va a diferir mucho 1209
nuestra satisfacción y tu bien aparente. 1210
SILVANIRA
Para a ambos complaceros no habrá tormenta alguna 1211
a la que no expondría con placer mi cabeza; 1212
pero lo que queréis de mi justo deber, 1213
aunque esté en mi deseo no está en mi poder. 1214
MENANDRO
¿Por qué? 1215
SILVANIRA
Vos bien sabéis la poca simpatía
de los juegos de Venus junto con los de Cintia. 1216
MENANDRO
¿Qué quiere decir eso? 1217
SILVANIRA
Es que un voto solemne
me obliga a prestarle un servicio eterno, 1218
a fin de que siguiendo el fuego que me guía 1219
seré, si ello os complace, una Vestal o Druida; 1220
o si lo preferís seguiré en los bosques 1221
(como otras muchas hacen), el rigor de sus leyes. 1222
MENANDRO
No obstante seguirás a pesar de los riesgos 1223
esas que la natura te impone por mi mano. 1224
Bonita invención es esa de hacer votos, 1225
para no obedecer las cosas que yo quiero; 1226
Diana urge con urgencia de un seguidor así. 1227
SILVANIRA
Me daré por conterta con ser su servidora. 1228
MENANDRO
Tu me satisfarás de grado o por fuerza, 1229
mi poder comprobando hasta el último grado. 1230
FOSINDA
¿Querrías arrancarla de las aras de Diana, 1231
para prostituirla al dinero de un profano? 1232
MENANDRO
Cerciórate, Fosinda, de que soy harto agudo 1233
para ver de su plan el principio y final. 1234
Cubrir de golpe quieres con el velo de druida 1235
tu insubordinación y mantenerme a raya; 1236
Leo en tu corazón... 1237
SILVANIRA
¡Quiera Dios!
MENANDRO
El proyecto
que tu mente pequeña se hace de este tema: 1238
piensas retroceder, o romper este trato, 1239
pero será tu esposo, hagas tu lo que hagas, 1240
y si tu lo amaras… 1241
FOSINDA
“No hay fuerza ni ley
que obligue a una mente a amar a su pesar; 1242
la voluntad que influye en el amor y el odio 1243
solo forzar se deja por el ser que la arrastra.” 1244
MENANDRO
¡Cuánta moralidad! ¿Quién te ha enseñado tanto? 1245
¡Ved un poco el orgullo de estas jóvenes mentes! 1246
Esto es el fruto de las lecciones de Silvandro; 1247
les cuenta el charlatán sin parar mil patrañas. 1248
Lo quiero, a fin de cuentas, debes así aceptarlo; 1249
ven aquí que te vea. 1250
LERICIA
Acaba de marcharse.
MENANDRO
¡Juventud atolondrada, indiscreta e imprudente, 1251
que de tus propios males haces tu aprendizaje! 1252

ESCENA IV

(MENANDRO, LERICIA, FOSINDA)
MENANDRO
¡Dloses! ¿Vivir yo debo en esta edad execrable 1253
do más que la virtud lo que impera es el vicio, 1254
donde las mentes jóvenes como si gentil fuera 1255
desprecian los consejos de la sabia vejez? 1256
¿Dentro de esta ceguera acaso hay que asombrarse 1257
si la hija obedecer ya no quiere a los padres? 1258
¿Lericia tú que dices? 1259
LERICIA
No estoy ya a favor de ella.
MENANDRO
No la apoyes más o tendremos querella. 1260
LERICIA
Bien me ha engañado; nunca habría creído 1261
su mala condición, si no la hubiese visto. 1262
FOSINDA
Creo yo, por el contrario, que Menandro y Lericia 1263
son más culpables que ella debido a su avaricia; 1264
¿por rehusar a Tirinte se la puede culpar? 1265
¿Debe ella casarse con quien no puede amar? 1266
“Obligarla a eso es unir boca a boca 1267
a los vivos y muertos todos en mismo lecho,” 1268
suplicio que utilizan la mayoría de padres 1269
si por desgracia nuestra se vuelven dictadores. 1270
MENANDRO
¿Y si tu padre Alcás eligiera un yerno? 1271
FOSINDA
¿Y si mi padre Alcás fuera como Menandro? 1272
MENANDRO
¿Así que elegir quieres por ti misma a tu esposo? 1273
FOSINDA
Mi padre ciertamente no estaría afligido. 1274
MENANDRO
No lo sé, pero al menos debería estarlo, 1275
si bien te conociera cual debe conocerte. 1276
FOSINDA
También le gustaría el que yo no quisiera. 1277
“Quien come a gusto de otro hace malas comidas.” 1278
LERICIA
¿Cómo debiera ser para que te gustara? 1279
FOSINDA
¿Cómo? Honesto de mente y bello de figura. 1280
MENANDRO
Así lo es cualquiera que posea muchos bienes. 1281
FOSINDA
Esa es vuestra opinión, pero no es la mía: 1282
en la felicidad se halla riqueza. 1283
MENANDRO
¡Oh!, hijas insensatas, juventud inconsciente, 1284
cuando para maridos elegís bellos hijos, 1285
optáis solo por besos en manjar confitados; 1286
pero si la pobreza participa en el juego, 1287
hasta la más cruel Venus muy pronto se suaviza; 1288
vuestra primavera huye, se van las diversiones, 1289
y de tantos placeres se deshacen los hierros, 1290
mientras que Amor a veces abandona a Himeneo, 1291
triste, y ahogando en lágrimas su infortunado lecho. 1292

ESCENA V

(TIRINTE, ALCIRÓN)
TIRINTE
Que contra los tormentos con que me martirizan 1293
encuentro en este espejo un remedio seguro, 1294
es algo a mi razón defícil de entender, 1295
y nada salvo el fruto me lo puede enseñar. 1296
ALCIRÓN
Incrédulo pastor, ¿no estás satisfecho 1297
si tu amada ya es tuya? 1298
TIRINTE
Yo soy, en efecto.
ALCIRÓN
Espera, pues, tranquilo y lleno de confianza 1299
de este espejo el efecto, de la experiencia extraña; 1300
con tal que Silvanira pueda mirarse en él, 1301
no tengas duda alguna de que la poseerás. 1302
Cuida bien sobre todo que otro en él se mire; 1303
y si lo hubieras hecho tú mismo por error, 1304
no seas perezoso en venir a buscarme 1305
para evitar el daño que pudiera ocurrir; 1306
rómpelo, en resumen, antes que lo vea nadie 1307
excepto la belleza por la que te lo doy. 1308
Prefiero privarme de él por mucho que valga, 1309
que de él no privarme y fallar nuestro golpe. 1310
En fin, todo irá bien siempre y cuando me creas; 1311
pero no te sorprendas veas tú lo que veas. 1312
TIRINTE
Como Atlas bajo el Cielo, del que lleva la carga, 1313
caigo yo bajo el peso de los bienes que me haces. 1314

ESCENA VI

TIRINTE
(sosteniendo el espejo) Del Amor maravilla que a mi alma deleita, 1315
en mis manos yo llevo el precio de mi vida; 1316
todas esas rarezas que nos venden en Grecia, 1317
todo el oro que el ansia del Levante ha sacado, 1318
en fin, todos los cetros de los amos del mundo, 1319
no me son tan queridos como este amado espejo, 1320
pues por medio de él adquiero un tesoro 1321
mil veces más valioso que las perlas y el oro. 1322
Mas, oh, esperanza frágil, la más vana del mundo, 1323
que en un poco de hielo y vidrio se derrite: 1324
“¿la forma del Amor, Amor que es solo ardor, 1325
vive en este hielo do reina la frialdad? 1326
y que el propio hielo sobre sí mismo impele, 1327
si alguna vez su afín a otro afín no ahuyenta?” 1328
Pero este argumento largo de la mitad 1329
ofende al mismo tiempo al Amor y a Amistad, 1330
la Amistad que se ofende en Alcirón que me quiere, 1331
y Amor en el Amor, cuyo poder extremo 1332
nos prohíbe indagar como filosofar 1333
sobre los medios múltiples que tiene de triunfar. 1334
Antes del elemento la masa confundida, 1335
y la propia Natura en sí mismo perdida, 1336
fue él quien la salvó de esta obcecación, 1337
y quien fundó la paz entre cada elemento. 1338
Que si supo sacar la luz de las tinieblas, 1339
y hacer tantas proezas en el mundo tan célebres, 1340
creo que lo puede todo, y para él es poco 1341
el incendiar el hielo y congelar el fuego. 1342

ESCENA VII

(SILVANIRA, FOSINDA, TIRINTE)
SILVANIRA
¡Cuán desgraciada soy! ¡Dondequiera que vaya, 1343
siempre algún imprudente me sigue y mortifica! 1344
¡Dioses! ¿Qué habré hecho para que el resquemor 1345
os lleve a castigarme con tan duro castigo? 1346
FOSINDA
¡Ay! Llamas a esto castigo y suplicio 1347
lo que otros, hermana, llamarían delicia. 1348
Vamos, vergüenza aparte, esforcémonos hoy 1349
por hacerlo sensible al mal que por él tengo. 1350
Así que, ¿oh pastor despiadado, 1351
mi firme y constante amistad 1352
no te hará nunca doblegarte 1353
a los tardíos flujos de una justa piedad? 1354
TIRINTE
(à Silvanira) Así que, ¿oh pastora despiadada, 1355
mi firme y constante amistad 1356
no te hará nunca doblegarte 1357
a los tardíos flujos de una justa piedad? 1358
SILVANIRA
Pretendes algo imposible 1359
al querer mi corazón cautivar; 1360
es una roca inaccesible, 1361
al que tu afecto no podría llegar. 1362
TIRINTE
(à Fosinda) Pretendes algo imposible 1363
al querer mi corazón cautivar; 1364
es una roca inaccesible, 1365
al que tu afecto no podría llegar. 1366
FOSINDA
Tantas lágrimas derramadas, 1367
tantos deseos y abatimientos, 1368
que en vez de ser recompensados 1369
de triunfo servirán a tus fieros rigores. 1370
TIRINTE
(à Silvanira) Tantas lágrimas derramadas, 1371
tantos deseos y abatimientos, 1372
que en vez de ser recompensados 1373
de triunfo servirán a tus fieros rigores. 1374
SILVANIRA
¿Qué quieres que haga al respecto? 1375
¿Si el destino quiere afligirte 1376
con esta amorosa desgracia, 1377
está en mi poder el poderlo cambiar? 1378
TIRINTE
(à Fosinda) ¿Qué quieres que haga al respecto? 1379
¿Si el destino quiere afligirte 1380
con esta amorosa desgracia, 1381
está en mi poder el poderlo cambiar? 1382
FOSINDA
¡Oh!, desgraciada amante. 1383
TIRINTE
Preciso es consolarse;
pero es a Silvanira a quien debo hablar. 1384
Ya que por mi desgracia, de la que clamar debo, 1385
vuestra gracia es un bien que alcanzar yo no puedo, 1386
por toda renta al menos no vayáis rechazando 1387
este fiel espejo que os doy como regalo; 1388
en él podréis ver vuestra propia imagen 1389
la Diosa inhumana a quien rindo homenaje. 1390
¿Cómo, lo rechazáis? 1391
SILVANIRA
Me plantea problemas
tomar algo de ti sin haberlo consultado: 1392
“el don del enemigo es propenso a sospecha.” 1393
TIRINTE
“Es que el ojo no aprecia lo que el alma desprecia.” 1394
SILVANIRA
Desde la razón lo hago y no desde el desprecio; 1395
“son falaces las dádivas: aceptarlas te atrapa:” 1396
mas para contentarte me permito cogerlo, 1397
con tal de que más tarde pueda yo devolvértelo, 1398
ya que mi intención no es la de quedármelo. 1399
TIRINTE
Cogedlo solamente para veros en él. 1400
¡Oh, bendito espejo, ya que en ti se refleja 1401
el sol de las bellezas do la virtud se admira! 1402
¡Demonio claro y vivo, muestra lo que tu puedes, 1403
haciendo obrar tu espejo a favor de mis fuegos, 1404
mientras que Amor, venciendo a esta altiva enemiga, 1405
haga fortalecer mi esperanza y su gloria! 1406
SILVANIRA
Tiene las cualidades de un verdadero amante, 1407
pues además de limpio y bello pulcramente, 1408
está aún dotado de una dulzura fiel, 1409
que su maestro creo... 1410
TIRINTE
¡No terminéis, cruel!
SILVANIRA
Mas ¿de dónde me viene este aturdimiento? 1411
Me siento conmovida. 1412
TIRINTE
Sí, es un buen comienzo,
este admirable espejo visiblemente opera. 1413
Acaba, Amor, acaba, este milagro avanza. 1414
FOSINDA
Puede ser que a mi vez lo pueda yo tocar 1415
TIRINTE
Romperlo prefiriera, y si fuera más caro. 1416
FOSINDA
Lo veré, sin embargo, antes de que lo rompas, 1417
si quieres después rómpelo. 1418
TIRINTE
En eso te equivocas.
SILVANIRA
Pastor, toma tu espejo, tan fuera estoy de mí, 1419
que no entiendo nada de las cosas que veo. 1420
FOSINDA
Al menos que su vuelta, si no es por mi mérito, 1421
haga que lo obtenga. 1422
TIRINTE
Tu súplica me irrita;
roto pieza a pieza, y pedazo a pedazo, 1423
péscalo, si es que puedes, del fondo de este arroyo, 1424
necesitas espejos, y aún más Tirinte. 1425
FOSINDA
Ve procaz vencedor, ve tigre a quien te adora, 1426
y por quien te desprecia no solo como hombre, 1427
sino hombre con los ojos y el pecho de un amante. 1428
“Mostrémonos los dos, dulces con quien nos veja, 1429
que Amor junto al pecho nos quita el coraje.” 1430
CORO
No nos sorprenda ver tan poco golpeado 1431
el penoso camino que lleva a la virtud, 1432
en esta edad ignorante do la avaricia abunda; 1433
sino más razonablemente 1434
asombrémonos doblemente 1435
al ver que un virtuoso se halla en el mundo aún. 1436
Los ignobles regalos que nos hace el Levante 1437
de riqueza y honor colman muy a menudo 1438
las arcas y los días de su avaro amante, 1439
do la virtud por fruto 1440
no aporta al que la sigue, 1441
sino el placer de ir tras una beldad tan rara. 1442
Este mueble precioso, este bien verdadero, 1443
no ha gracia sin el otro, y para nada cuenta; 1444
y seamos Apolos, o bien seamos Hércules, 1445
más aún, si es posible, 1446
si quiere la fortuna, 1447
junto a nuestros laureles ridículos seremos. 1448
Claro que si el valor del más rico tesoro 1449
radica en la rareza de la perla o del oro, 1450
de la tierra excremento, y de olas de Neptuno, 1451
¿cómo es que solo en el desprecio 1452
la virtud no tiene precio, 1453
ella que don del Cielo es mucho menos común? 1454
¿De qué sirve al pastor revestirse con ella, 1455
dado que la pobreza que lo tiene abatido 1456
le impide obtener la palma que demanda? 1457
Siglo injusto y maldito, 1458
no de hierro que dícese, 1459
realmente siglo de oro, pues en él manda el oro. 1460
Esperemos, no obstante, que de un cambio aparente 1461
Amor en su favor, declarándose Amor, 1462
como es omnipotente, rompa cualquier obstáculo, 1463
el plazo es corto, mas su mano 1464
puede de la noche al día 1465
por un menor asunto hacer un gran milagro. 1466

ARGUMENTO DEL ACTO CUARTO

Aglante, Hylas y Tirinte se enteran todos a la vez de la repentina y mortal enfermedad de Silvanira. Tirinte imagina enseguida que es un efecto del espejo de Alcirón, y va a buscarlo con la intención de vengarse. Menandro y Lericia llevan a su hija al cercano templo de Esculapio, en reconocimiento por la salud que parece haber recuperado. En el camino se encuentran con Aglante desmayado en los brazos de Hylas; Silvanira, conmovida por tan lamentable espectáculo, lo hace volver en sí al oír el tono de su voz. Su dolor se recrudece, y creyéndose estar cerca de la muerte, pide a sus padres que le permitan morir como mujer de Aglante: lo que ambos le conceden.

ACTO IV

ESCENA PRIMERA

(MENSAJERO, AGLANTE, HYLAS, TIRINTE)
MENSAJERO
¡Qué dolor, oh Dioses! ¡Qué conmiseración! 1467
¡Oh, trágica aventura, oh, dura aflicción! 1468
¿Qué crimen cometimos, para que el Cielo acuerde 1469
arrancarle a la tierra una cosa tan bella? 1470
AGLANTE
Veamos de donde viene esta voz quejumbrosa. 1471
MENSAJERO
¡Compañeras de Diana, huéspedes de estos bosques, 1472
acudid en su ayuda con alguna raíz 1473
que rompa la violencia del mal que la asesina! 1474
Viendo como están de afligidos los padres, 1475
realizar las acciones de total constricción, 1476
y esta pobre chica que yace en sus brazos, 1477
¿qué alma compasiva no se conmovería? 1478
¡Infelices espíritus, por los tres siento lástima! 1479
AGLANTE
¡Oh, hados alejad la desgracia que temo! 1480
Hylas, pregúntale de su queja el motivo. 1481
TIRINTE
Siento mi pecho helado por un miedo mortal. 1482
HYLAS
Pastor, ¿por qué estos gritos que salen de tu boca, 1483
que hemos escuchado desde el cercano arbusto? 1484
MENSAJERO
Si para lamentarme tuviera tantas bocas 1485
como flores los prados y los bosques tocones, 1486
mis quejas no podrían igualar mi desgracia, 1487
o la nuestra a nosotros, diciéndolo mejor, 1488
ya que de una pastora en maravillas única 1489
se comunica a todos la irreparable pérdida. 1490
ya no está Silvanira. 1491
AGLANTE, HYLAS, TIRINTE
¿Que nos decís, gran Dios?
MENSAJERO
Lo que acabo de ver con estos tristes ojos. 1492
AGLANTE
¡Oh, muerte inhumana y tan precipitada! 1493
MENSAJERO
Aún estaba viva cuando yo la dejé; 1494
mas creo firmemente que desde mi partida 1495
de la ley de la luz no ha formado ella parte, 1496
pues ya el velo negro y triste de la muerte 1497
cegó sus bellos ojos, inmóviles estrellas, 1498
y ya en su semblante las rosas y los lirios 1499
en el frío del óbito estaban sepultados; 1500
tan solo el jadeo de su garganta moviéndose 1501
mostraba que la pobre aún estaba viva. 1502
TIRINTE
¿No se sabe de dónde este mal le ha venido? 1503
MENSAJERO
Realmente nadie cree haberlo conocido, 1504
y no es que en la aldea todo el mundo diga 1505
que el veneno ha terciado en su enfermedad. 1506
AGLANTE
¡Oh, miserable Aglante, ¿en verdad cobarde eres, 1507
o es que mucho dolor te vuelve insensible? 1508
¿Qué esperas de la muerte, ya que te ha quitado 1509
del mundo a la única que nutría tu vida? 1510
MENSAJERO
Ayudadlo, pastores, se cae desmayado. 1511
¡Oh!, de gran amistad testimonio inaudito: 1512
amaba a Silvanira, y quiere aún seguirla 1513
a este fatal Imperio donde no vive el cuerpo. 1514
¿Es en un día tan bello, y a la vez tan fatídico, 1515
que en nuestros campos triunfe sobre el Amor la muerte? 1516
No la dejéis mientras que de una carrera 1517
voy a sacar agua del manantial cercano. 1518
TIRINTE
¡Pero escucha, pastor! 1519
HYLAS
Oye, deja que vaya.
TIRINTE
¡Ay!, traidor que me pierdes haciéndola morir, 1520
preciso es que mi cólera se abreve de tu sangre, 1521
y que al menos yo dé esta prueba fiel 1522
de que no soy culpable de la infidelidad 1523
que te ha hecho abusar de mi credulidad. 1524

ESCENA II

(HYLAS, AGLANTE desvanecido)
HYLAS
“¡Oh, con cuanta justicia declamo contra ti, 1525
peste que envenena la llama del Amor, 1526
bruja de quien el nombre me hace temblar de horror, 1527
constancia que es tan solo un constante error, 1528
y solo falsa llama que brilla por dañar 1529
a las mentes perdidas que allí se dejan ir! 1530
Amor, por su natura, es un niño benigno, 1531
que aunque se enfade, nunca tiene veneno; 1532
de dolor y placer su servidumbre está llena, 1533
mas allí el placer supera a la pena, 1534
cuyo mal todavía se ciñe a la lógica, 1535
que hace el bien más dulce por su comparación; 1536
pero esta locura obstinada y constante 1537
que en todos los amantes debiera abolirse, 1538
esta falsa virtud de constancia y de fe 1539
hace que un justo rey parezca un tirano. 1540
Por ella un corazón cobarde persevera 1541
sufriendo los desprecios de una beldad severa, 1542
que su desasosiego convierte en barahúnda, 1543
y hasta el final lo trata ingratamente, 1544
de este infeliz testigo al que el dolor inmola 1545
a altares inhumanos de este ídolo vano.” 1546

ESCENA III

(MENANDRO, LERICIA, SILVANIRA, HYLAS, AGLANTE, MENSAJERO)
MENANDRO
Ánimo Silvanira, Esculapio en su caso 1547
nunca nos fallará, su templo no está lejos, 1548
vayamos, hija mía, tratemos de llegar. 1549
SILVANIRA
¡Padre mío, me muero ! 1550
LERICIA
Ayúdala Menandro,
me rompe ella los brazos. 1551
MENANDRO
¡Ay!, soy el apoyo
de la que debería ser más bien el mío. 1552
¡Dura metamorfosis! 1553
MENSAJERO
¡Por fin la he encontrado!
¿Pero no he llegado ya demasiado tarde? 1554
SILVANIRA
¡Dioses! ¿Qué es lo que veo? Es Aglante, sin duda. 1555
HYLAS
¡Alto!, pastor, detente, no la derrames toda, 1556
“tan solo ha comenzado, es preciso cuidarla.” 1557
SILVANIRA
¡Ay! ¿Qué le han hecho a este pobre pastor, 1558
que está la muerte escrita en su pálido rostro? 1559
¿Quién lo ha llevado a esto? 1560
HYLAS
¡Eres tú!
SILVANIRA
¡Yo!
HYLAS
Tú misma,
el rumor de tu muerte lo ha puesto en este estado. 1561
Mas probemos de nuevo la ayuda de la voz: 1562
Aglante, Aglante, Aglante, Aglante, se valiente. 1563
SILVANIRA
Se acabó, está muerto. 1564
LERICIA
Sería una gran pena.
SILVANIRA
Lo llamaré; quizá cuando oiga mi voz 1565
los espíritus vuelvan a su cuerpo expirante. 1566
HYLAS
¡Oh, ternura de Amor que no tiene igual! 1567
Con la excusa de unir su boca al oído, 1568
ella va y lo besa. 1569
SILVANIRA
Respóndeme, Aglante,
escucha a quien te llama, abre los ojos, ve 1570
a Silvanira que es la más sana del mundo, 1571
con tal de que tan solo Aglante le responda. 1572
HYLAS
Oh milagro de Amor, hélo aquí revivido 1573
por la sola virtud de este amado nombre. 1574
AGLANTE
Cruel, seas quien seas, cuya injuriosa ayuda 1575
retiene en ataduras a mi alma furiosa, 1576
rival caritativo, ¿en qué te he ofendido 1577
para turbar mi paz apenas comenzada, 1578
frenándome a llegar a la muerte a que aspiro? 1579
Mas, ¡Dioses! ¿No veo acaso a la bella Silvanira? 1580
MENANDRO
He aquí el enemigo caritativo y cruel, 1581
que te volvió a la vida, más de media perdida. 1582
AGLANTE
Vos de quien la belleza preside como reina 1583
sobre mi vida y muerte de que sois soberana, 1584
¿qué es lo que no haríais con todos los esfuerzos 1585
si vuestra sola voz resucita a los muertos? 1586
MENSAJERO
Una persona muerta y otra que resucita; 1587
¡Oh, de Amor maravilla, digna de ser cantada 1588
y que el tiempo nunca la haga olvidar! 1589
Por mi parte, todo esto yo lo divulgaré. 1590
HYLAS
Y no haré yo menos; en un misterio tal 1591
hablar es lo correcto, y un crimen es callar. 1592

ESCENA IV

(AGLANTE, SILVANIRA, MENANDRO, LERICIA)
AGLANTE
¿Debo daros las gracias tras este accidente 1593
por haberme alejado de una muerte obvia, 1594
o quejarme de vos por quien se ha prolongado 1595
el curso de los tedios do mi alma está sumida? 1596
SILVANIRA
Tan solo vive Aglante, firme que en cualquier caso 1597
si tus desgracias son grandes no durarán. 1598
MENANDRO
Vamos a dar las gracias por tu salud repuesta. 1599
SILVANIRA
Es justo, padre mío ¡Dioses!, estoy perdida, 1600
me muero, mis dolores me asaltan de nuevo, 1601
de repente me alcanzan el pecho y el cerebro. 1602
LERICIA
¡Ay! ¿Qué mal es este, que a veces retrocede, 1603
vuelve también a veces, y siempre empeora? 1604
Socórrela Menandro; ayúdanos Aglante; 1605
ella no tiene fuerzas, y ya no tiene pulso. 1606
AGLANTE
¡Oh, mi bien que te apagas con tanta rapidez! 1607
LERICIA
¡Oh, madre ya sin hija, pero no sin tristeza! 1608
MENANDRO
¡Ah!, viejo ya vencido por tedio, no por años, 1609
¡desgraciado tan solo por mucho haber vivido! 1610
Una muerte precoz me hubiese hecho el favor 1611
de no sobrevivir al desastre de mi raza, 1612
y de mis días frenando el pesado transcurso 1613
me hubiera evitado caer en languidez. 1614
AGLANTE
¡Y yo, pobre de mí, cuya aventura es tal 1615
que otrora presionado por angustia mortal, 1616
el destino me ha hecho el día casi expoliado 1617
a fin de ver morir a aquella por quien vivo, 1618
experimentado ahora en este infortunio 1619
mil tormentos por uno, y mil muertes por una! 1620
LERICIA
Tristes, fatuas Hermanas, cuya aguda tijera 1621
derriba en nuestros días el hilo y el husillo, 1622
dejad la descendencia, o coged la ascendencia 1623
lista para caer, y que ya se retira, 1624
devolved fruto al árbol, oh Hijas de la Noche, 1625
o coged por piedad el fruto y el árbol. 1626
AGLANTE
Si la Parca olvidando su rigor habitual 1627
quisiera devolverle la luz a mi antorcha, 1628
¡oh, cuán rápidamente, tesoro de recato, 1629
con mi sangre al completo serías redimido! 1630
Con cuanta vanidad se loaría mi sombra, 1631
mientras se acordaba en su oscura morada 1632
que fue sobre la tierra dichosa hasta el punto 1633
de haber sido el precio de lo que no lo tiene. 1634
Mas la que tiene el ojo y el oído cerrados 1635
por miedo a que le afecten nuestras quejas y penas 1636
venga al botín soltar que ella se apropió, 1637
no se decidirá devolverla a este precio, 1638
además de que incluyan a mi vida en la suya, 1639
como un bien adquirido que su orgullo desprecia. 1640
MENANDRO
Si mis justos deseos y suspiros se cumplen, 1641
que al menos ella vuelva para bien despedirse. 1642
De mi vejez promesa, honor de mi familia, 1643
Silvanira que fue y ya no es mi hija, 1644
¿contra el orden del tiempo de mí tendrás al menos 1645
las lágrimas y adioses que de ti esperaba? 1646
AGLANTE
Ánimo, volverá. 1647
MENANDRO
Poderoso Esculapio
completa tu trabajo, y déjala escapar, 1648
seguro que cada año y con solemnidad 1649
pagaremos el gallo a tu divinidad. 1650
LERICIA
Hija mía esfuérzate, ve el amargo dolor 1651
que sufren por tu causa tu padre y tu madre: 1652
levanta hasta nosotros tus embotados ojos, 1653
verás en riachuelos los nuestros convertidos. 1654
AGLANTE
Escucha, escucha a Aglante, Aglante que te ruega 1655
que vuelvas otra vez al grito de su voz. 1656
SILVANIRA
¡Oh!, tú que con tus lágrimas de agua inundas mi rostro, 1657
y con vanos lamentos acompañas mi pérdida, 1658
sé menos cruel conmigo, y con tu edad discúlpate; 1659
creed, queridos padres, que vuestro duelo ultrájame, 1660
injuria asaz el mal que ahora soporto, 1661
sin que la vuestra aún la haga más pesada. 1662
Cierto, me rindo, y me siento bien con mis penas 1663
pues de la muerte el ánimo se adentra en mis venas; 1664
pero es la orden del Cielo, y como bien todo hace, 1665
debemos someter nuestro deso al suyo. 1666
AGLANTE
Cielo, a tu voluntad someto yo la mía, 1667
tú que tan parcialmente me privas de la vida: 1668
mi corazón, al que mi amor mentir impide, 1669
dice en muy alta voz que no puede consentirlo. 1670
MENANDRO
Lo mismo dice el mío. 1671
SILVANIRA
Cesaz, os lo suplico,
esta rebelión tan llena de blasfemias; 1672
“¿queréis irritar a los Poderes de arriba? 1673
¿Saltar contra el Cielo, o tomarlo al asalto?” 1674
Si no es suficiente con llamarlo injusto, 1675
podríais tacharlo de ciego y tiránico, 1676
y de un sinfín de insultos saturar vuestra cólera, 1677
aunque no dejará por ello de rodar. 1678
Os suplico de nuevo que calméis vuestros golpes 1679
que un fuerte dolor excita en vuestro ánimo; 1680
por mí, dejando aparte desidia y fingimiento, 1681
prefiero que mi fuego se apague antes que tarde; 1682
tan solo de dos cosas temería la crítica 1683
y esas son los cuchillos secretos de mi alma: 1684
una es la de dejaros y de verme extasiada 1685
el tiempo y los medios para siempre serviros; 1686
la otra, (al ser yo misma muy poco atrevida, 1687
la muerte abre mi boca y quiere que la diga) 1688
que si de tan molesta y fastidiosa carga 1689
mi barco aligerar puedo cuando me vaya, 1690
¡Oh, con que suavidad partiré sobre la ola 1691
que repondrá mi vida a los bordes de todos! 1692
MENANDRO
Un secreto engorroso le ahoga el corazón; 1693
cuéntalo, y nada temas. 1694
LERICIA
Habla, querida niña.
SILVANIRA
Con vuestro beneplácito resolveré decirlo; 1695
¡acaso mejor fuera elegir escribirlo! 1696
Ved a este pastor, cuyos llantos y esmeros 1697
son los tristes testigos de un amor perfecto. 1698
Nuestro trigo ha sentido cuatro veces la hoz 1699
desde que a amar se digna a vuestra expirante hija, 1700
mas con ardor tan casto, así como perfecto, 1701
que si se ama en el Cielo se debe amar así. 1702
“Nunca un candil de Amor por tanto tiempo ardió 1703
ni lanzó tanta llama y tan poca humareda.” 1704
Mas juro por Estigia y el Juez infernal 1705
que ya me solicita ante su tribunal 1706
(él mismo bien lo sabe), que en este largo plazo 1707
capaz de quebrantar un pudor menos firme, 1708
nunca dije ni hice heroicidad alguna 1709
para que perdurara en esta devoción, 1710
y si quiere admitirlo, por dolor que me diera, 1711
el nunca ha sabido que la reconociera; 1712
“honor, cuyo perfume es de tan buen olor, 1713
me ordenaba vivir con este desamor,” 1714
“incluso no ignorando que hija de buena cuna 1715
es solo un retrato de Amor y de Himeneo,” 1716
y que el fin de un marido no era mi elección, 1717
carámbanos mostraba del fuego que escondía, 1718
a quien tan solamente prohibía brillar, 1719
no pudiendo evitarle el quemarse y dañarse. 1720
Tú, cuyo fatal brazo sobre mi testa se alza, 1721
¡oh, muerte!, no termines hasta que yo lo haga; 1722
ahora que los Dioses de mi próxima boda 1723
y mis jóvenes años romperán la cadena, 1724
mi mente bien quisiera poder desahogarse 1725
de toda ingratitud antes de retirarse, 1726
siempre que de los dos tuviera la licencia. 1727
MENANDRO
Te damos, hija mía, un máximo poder. 1728
SILVANIRA
¡Ay!, no puedo más: acércate Aglante, 1729
coge mi mano fría cual muestra de mi fe; 1730
este dulce pensar consolará mi alma, 1731
que vivas como esposo y yo muera cual tu cónyuge: 1732
pastor, ¿accedes a ello? 1733
AGLANTE
¡Dioses! ¿Qué estás diciendo?
SILVANIRA
¿Y mis amados padres? 1734
MENANDRO
Sí, los dos lo queremos,
esta gracia inútil, que nos importa poco 1735
nos contenta lo mismo que una persona muerta. 1736
SILVANIRA
Adiós triste comarca, donde la Muerte hoy 1737
al Amor triunfar hace, y luego a Él lo vence, 1738
tú que la luz me diste, adiós, muero contenta, 1739
porque tengo la dicha de morir tuya, Aglante. 1740
AGLANTE
¡Oh Dioses, ella muere! ¡Oh Parcas irritadas! 1741
MENANDRO
¡Ay!, en este momento ella nos ha dejado, 1742
y tras de tantos miedos, tantas falsas alarmas 1743
debemos dedicarle lágrimas verdaderas. 1744
LERICIA
Su cuerpo, ya privado de espíritu y calor 1745
solo es materia vana de palidez mortal. 1746
AGLANTE
Dejadme recoger de sus labios agónicos 1747
de un alma tan divina las reliquias errantes, 1748
y que así con mis besos al calentar sus miembros 1749
recuerde de inmediato a mi esposa, vuestra hija. 1750
¡De haber yo bien pegado mi boca a la suya, 1751
su bella alma tan pronto no habría exhalado, 1752
o su postrer suspiro a mí habría pasado 1753
que Céfiro en el aire ya ha recolectado, 1754
para perfumar todo el Imperio de Flora! 1755
Amor, si es que amor queda aún alguno, 1756
¿es por tu sutileza, o por la del destino, 1757
que tus rasgos se cambian por rasgos de la muerte? 1758
¿O bien soportarás que tu ahogada gloria 1759
sea por su insolencia materia de trofeo? 1760
MENANDRO
Luego que tantas lágrimas nuestros rostros ahogaron, 1761
tantos gritos agudos a los astros enviados, 1762
apartar no han podido las nubes invisibles 1763
de las que tanto mal cae sobre nuestras testas. 1764
LERICIA
El corazón le late, pero muy débilmente. 1765
MENANDRO
No el alma, los espíritus causan esta corriente, 1766
cual se ve en el Lignon cuando su ola irritada 1767
mucho tiempo después del temporal se agita. 1768
¡Ay! Lericia, ¡ay!, bien podemos llorar, 1769
AGLANTE
Oh, hermoso atardecer al que yo reverencio, 1770
prepara que tu aurora resucite a cuatro, 1771
los cuatro en su destino, que está tan vinculado, 1772
de ti tan solo esperan el naufragio o el puerto. 1773
MENANDRO
Llevémosla a casa por si ella regresa 1774
(lo que no creo yo que mi dolor consiga), 1775
Mucho mejor podremos recordar su vigor, 1776
o bajar mi alegría con ella a la tumba. 1777

ESCENA V

(TIRINTE, FOSINDA)
TIRINTE
Si estuviera en el centro del globo de la Luna, 1778
si ya hubiera ascendido al globo de Neptuno, 1779
o hubiese descendido al amargo abismo 1780
de su más tormentoso y más profundo mar, 1781
en resumen, ya sea en la tierra o en sus entrañas, 1782
el puñal que sostengo hará su funeral. 1783
Inhumano, desleal, ¿qué puedo haberte hecho 1784
para de mi servirte en tan cobarde crimen? 1785
Aquí viene Fosinda, ella podrá informarme 1786
de lo que saber debo y que no quiero oír. 1787
¡Traidor, traidor amigo! 1788
FOSINDA
¡Qué extraño destino
une sin mediodía la noche a su mañana! 1789
TIRINTE
Fosinda, ¿de qué hablas? 1790
FOSINDA
Que Silvanira ha muerto.
TIRINTE
Pero ¿muerta sin duda? 1791
FOSINDA
Como tal, se la llevan;
todo el mundo en la aldea de su muerte advertido 1792
saldrá a su encuentro si ya no ha salido. 1793
Aglante con Menandro transportan a la bella, 1794
y Lericia los sigue, los tres muertos como ella. 1795
TIRINTE
¡Oh, funesta noticia, y funesta por siempre 1796
la boca que lo dijo. 1797
FOSINDA
Así fuera, no obstante,
¿volar no dejarías a tu imaginación? 1798
TIRINTE
Sí, sí, y que su muerte acabe con tus celos. 1799
FOSINDA
¿Debo soportar siempre que tengas mal carácter? 1800
Se va, ojos angustiados y la mente agitada; 1801
se percibe en su rostro el amor y la ira, 1802
pero de esto último el fuego brilla más. 1803
¡Ay! Pobre Silvanira, ¡ay, cómo tu desgracia 1804
dejará entre nosotros un dolor duradero! 1805
¡Dioses! ¿La muerte debe extender sus rapiñas 1806
en un cuerpo do brilla una virtud tan grande? 1807
¿Y que lo majestuoso de un rostro tan bello 1808
se pierda para siempre en la noche del túmulo? 1809
Si bien, si la belleza que te han arrebatado 1810
los Dioses por no haberla debidamente usado, 1811
fuese algún tesoro que heredar se pudiera, 1812
otros que tu mejores buen uso harían de ella. 1813
En vano siempre amable, pero jamás amante, 1814
te creerás hermosa a ojos de Radamantis, 1815
“pues de tantos encantos que hacen amar un cuerpo, 1816
nadie sigue su sombra al reino de los muertos.” 1817
CORO
¿Por qué de un bello anhelo llevado a la gloria 1818
no usamos sabiamente la poca claridad 1819
que de la noche al alba arrebatar nos pueden? 1820
Nuestros más bellos días se van y ya no vuelven, 1821
mil y miles caminos conducen a la muerte, 1822
pero ninguno en cambio nos trae a la vida. 1823
El que de los mortales quiere liberarse 1824
al poder de la muerte no puede doblegarse, 1825
sería una empresa ridícula y vana; 1826
ni rezos ni deseos jamás podrán lograrla, 1827
y nunca su rigor pudo disminuir 1828
la bravura de Aquiles, o la beldad de Helena. 1829
En ella sin respeto por la suerte o la sangre 1830
el pastor y el príncipe tienen el mismo rango. 1831
¿Qué es del justo Minos? ¿Qué es del bravo Alejandro? 1832
Y tantos otros héroes tan grandes y famosos, 1833
en el hueco del túmulo que los tomó desnudos, 1834
¿qué es de ellos hoy sino polvo y cenizas? 1835
Los árboles cada año tras los rudos inviernos 1836
dejan caer su vida en sus ramajes verdes, 1837
cada noche el océano ve la luz que se apaga; 1838
de un orden sin embargo que jamás se transforma, 1839
el Sol obtiene siempre su incipiente Oriente, 1840
y el cedro siempre obtiene su juventud primera. 1841
Mas con suerte contraria todo lo que ve el día 1842
se va a la tumba sin esperanza de vuelta; 1843
tan solo permanece la virtud inmortal, 1844
y a pesar del destino su privilegio es tal, 1845
que sembrando de ella un renombre inmortal, 1846
hace que de nosotros la memoria no muera. 1847
Es la única belleza que verdaderamente 1848
del olvido del túmulo exime a su amante; 1849
por haberla tratado y haberla seguido 1850
con más de mil trabajos ha merecido Alcides 1851
este clamor tan raro en la posteridad, 1852
que se puede llamar una segunda vida. 1853
Es el potente encanto de esta rama dorada, 1854
que tierna en todas partes es por doquier amada, 1855
franquea cualquier obstáculo a quien sea que lo lleve; 1856
en apoyo de ella el famoso troyano 1857
triunfó sobre Cerbero, y encontró la manera 1858
de salir del Infierno, del que guarda la puerta. 1859
De un generoso anhelo llevado a la gloria 1860
usemos sabiamente la poca claridad 1861
que de la noche al alba arrebatar nos pueden. 1862
Nuestros más bellos días se van y ya no vuelven, 1863
mil y miles caminos conducen a la muerte, 1864
pero ninguno en cambio nos trae a la vida. 1865

ARGUMENTO DEL ACTO QUINTO

Aglante, tras gemir toda la noche en los bosques, se encuentra por fin, sin pensarlo, cerca de la tumba de su amada. Este funesto objeto lo sume en nuevos dolores, y le hace quejarse de nuevo, al final de lo cual decide deliberadamente sacrificarse a los Manes de su pastora; para llevar a cabo este trágico plan corre furiosamente a su cabaña para conseguir un cuchillo. Tirinte, sin embargo, persigue a Alcirón a muerte, quien, por fortuna, habiendo encontrado un esquife de pescador en la orilla, se arroja a él; y con el río entre ellos, se explica tan bien a Tirinte, que le obliga a arrojar su puñal al agua; hecho esto, ambos se dirigen a la tumba de Silvanira, a la que Alcirón deja medio resucitada en brazos de su amigo, para que la utilice a discreción. Tirinte, al ver que Silvanira no respondía a su amor, le pierde el respeto y quiere llevársela por la fuerza. Llega Aglante y se lo impide, seguido inmediatamente por los pastores y pastoras que han acudido a los gritos de Silvanira. Menandro quiere romper el matrimonio entre ella y Aglante, en contra de su promesa. Presentan sus quejas al druida, que falla a favor de los dos amantes. Tirinte, acusado por Fosinda, es condenado, según la ley del país, a ser arrojado desde la Roca Infortunada. Fosinda le salva la vida en virtud de otra ley; y Tirinte, para satisfacer tantas obligaciones, la recibe como esposa, para alegría de todo Forez.

ACTO V

ESCENA PRIMERA

AGLANTE
(solo) ¿No cambiarán, oh, bosques, por mí vuestros tocones 1866
en gladios afilados, o en bestias feroces? 1867
¿No se convertirán vuestros ciervos en tigres, 1868
bebiendo sus malditos apetitos en mí? 1869
Si más busco la muerte, menos yo me la encuentro, 1870
si mi dolor la llama, ella menos se muestra; 1871
su hermano, por su parte se presenta ante mí 1872
y va solicitándome en vano que repose; 1873
no es que mis sentimientos fácilmente permitan 1874
que mis hundidos ojos por fin puedan dormirse, 1875
con tal que el sueño de ellos fuese un sueño de hierro 1876
como el que construye los sueños del Infierno. 1877
Pero, ¡oh desvarío de mi alma aturdida! 1878
Reclamo yo la muerte de mis gritos ahogados; 1879
inútiles clamores, ya que para hablar bien 1880
al no vivir ya más no podría morir. 1881
Pues si dicen que un cuerpo privado está de vida 1882
cuando ha arrasado su alma la mano de la Parca, 1883
es del todo forzoso concederme este punto: 1884
o que yo ya no vivo, o se vive sin alma, 1885
o vivo como un cuerpo cuya masa se rige 1886
por el infausto arte que enseña la magia, 1887
en quien toda la vida es esa agitación, 1888
que supliendo al alma de ella hace la función. 1889
No es la suya mi cuerpo, y la única tristeza 1890
de ella es la despiadada y mortal anfitriona, 1891
anfitriona que pronto para mi desahogo 1892
derribará por fin su triste alojamiento. 1893
Pero esperar del tiempo y su mano tardía 1894
el remedio que exige un dolor tan agudo, 1895
“a estas cobardes almas a quien la fe en curar 1896
persuade mucho más que el ardor de morir.” 1897
La ruina de Aglante y el amor de Silvanira 1898
exigen un final más rápido y sangriento; 1899
esta muerte que a veces yo reclamaba en vano 1900
sin buscarla tan lejos se halla en mi mano; 1901
“se ofrece a los que el miedo palidecer les hace, 1902
y los que son más fuertes se la dan así mismos.” 1903
pero cierto objeto divisado en la noche 1904
tiene un rostro de tumba, si mi ojo no me engaña; 1905
veámoslo más de cerca ¡Oh vista, oh conciencia! 1906
¡Oh tumba de mi gloria y de mi esperanza! 1907
¡Triste y mortal objeto que el odio de los Cielos 1908
para agrandar mi pena presenta ante mis ojos! 1909
¡Oh Dioses! ¿Es preciso que mi menor ventura 1910
siempre esté por encima o contra la natura? 1911
Se dice que a menudo de los muertos las ánimas 1912
aparecen en sitios do reposan sus cuerpos; 1913
y la mía al contrario (cosa maravillosa) 1914
erra en torno al sepulcro donde su alma reposa, 1915
tumba de los amores que ya frío y blanco 1916
pronto estará muy roja y caliente con mi sangre. 1917
Pero por lo que veo esta tumba que toco 1918
será el desgraciado tálamo conyugal 1919
de donde los suspiros, lágrimas y quejidos 1920
se deben engendrar de nuestros besos y abrazos; 1921
e incluso donde, por la forma usual de la boda 1922
permite que la novia entre al lecho primero, 1923
mi pastora me espera, a quien la muerte empero 1924
habrá hecho dormir mientras que me aguarda. 1925
¡Oh monstruoso himen, oh lecho malhadado, 1926
donde el único fruto del amor es la muerte! 1927
Ay, cuando mi espíritu ya se va encarnando 1928
un medio cuarto de hora es casi un momento 1929
que vio aflorar el día de nuestro matrimonio, 1930
e iniciarse la noche de mi triste viudez, 1931
me parece que soy el único al que el Cielo 1932
nunca dio sus bondades sino con mucha hiel: 1933
pues este ingrato al menos incapaz de que piense 1934
dejar mis largas faenas sin recompensa alguna, 1935
salvo que siendo injusto se hubiera equivocado, 1936
me envió este bien por manos de la Muerte, 1937
¡manos tan impregnadas de crimen y rapiña 1938
que quitaron las rosas dejándome espinas, 1939
cien veces más infausto de lo que hubiera sido 1940
si yo hubiera tenido el bien que me quitaron! 1941
El abatido Orfeo rescató de este modo 1942
del rey de los Muertos a su Eurídice muerta, 1943
con un pacto no obstante en exceso importuno, 1944
pues perderla y tenerla fue casi todo uno; 1945
estando aún de acuerdo que perdió por su culpa 1946
la honra medio ganada de un galardón tan alto, 1947
y que ella era de él de haber tenido fuerza 1948
de abstenerse un instante del placer de tenerla. 1949
Una falta tan noble era muy perdonable 1950
para un juez más clemente o menos imprudente; 1951
mas ¿qué pude haberle hecho al caprichoso Cielo 1952
que hasta sus favores me resultan dañinos? 1953
Nueva Estrella del Cielo, Silvanira alma mía, 1954
a quien llamar no oso con este dulce nombre, 1955
fuego de amor que afrenta a los fuegos del cielo, 1956
ve los ahogos mortales que padece tu amante; 1957
Bello Sol cuya muerte de una rabia absurda 1958
adelanta al eclipse en el signo de Virgo 1959
a través del grosor de la banda nocturna, 1960
mira que para ti yo estoy en Acuario 1961
hasta que yo diluya en lágrimas tan vanas 1962
el sangrante licor que hierve en mis venas. 1963
Este es el altar do mi suerte inhumana 1964
quiere que al fin me inmole y con mi propia mano, 1965
y que así renueve el uso ilegítimo 1966
por el que un hombre a otro ofrece como víctima, 1967
solo en este misterio yo ejerzo a la vez 1968
de sacrificador y víctima también. 1969
Muere infeliz Aglante, y con mano atrevida 1970
cierra el acto sangrante para esta tragedia; 1971
tu pastora en esto ya quiso advertirte, 1972
y como no pudieron tus penas retenerla, 1973
concédete al menos el placer de seguirla, 1974
deja de morir cuando termines de vivir. 1975
“Muestra que la adustez de la muerte despiadada 1976
someten al amante, pero no a la amistad.” 1977
La muerte en el pasado era horripilante, 1978
pero ¿ahora a quién no le es deseable, 1979
si el amor solo es muerte, y la muerte es amor, 1980
desde que su bella alma de morada ha cambiado? 1981
Para evitar incluso el afán que natura 1982
pide a cada mortal con respecto a su tumba, 1983
parece que este caro y funesto sepulcro, 1984
rico con el tesoro más hermoso del mundo, 1985
es realmente un sepulcro de mineral precioso, 1986
y me presenta adrede su lecho oficioso; 1987
por tanto aunque contenga un ingreso apropiado, 1988
si ahí no estoy yo aún no está bien ocupado. 1989
Mas, ya que a mi pesar el dolor no me mata 1990
busquemos una espada que ejecute mi rabia. 1991

ESCENA II

(ALCIRÓN, TIRINTE)
ALCIRÓN
Huyamos, que la huida es nuestra garantía: 1992
no es bueno esperar a un amante irritado. 1993
TIRINTE
¡Vil envenenador, homicida infiel, 1994
aunque fueras más leve que una golondrina, 1995
muy pronto sentirás mi aliento a tu espalda! 1996
((Cae))
¡Oh Cielo que es peor y más traidor que él, 1997
pues con los asesinos eres muy comprensivo! 1998
¿Por qué razón retrasas de mi venganza el fruto, 1999
mi pie haciendo fallar casi cuando mi mano 2000
iba a enterrar la espada en su pecho inhumano. 2001
ALCIRÓN
¡Dios!, estoy sin aliento, y no libre de miedo; 2002
como ha perdido el juicio, su ira no es fingida. 2003
Prefiero estar solo y advertirlo de frente 2004
que esperar el retorno de un similar acoso; 2005
no sabe donde estoy, pero por si llegara 2006
un esquife pesquero que veo en la orilla 2007
me capacitará para decepcionarlo, 2008
sin temer el esfuerzo que pudiera emplear. 2009
Helo aquí que sin ruido por detrás se me acerca, 2010
no creyendo encontrar una barrera así. 2011
TIRINTE
¡Te tengo esta vez, de mi bien enemigo! 2012
ALCIRÓN
Creo que no me harás nada en esta ocasión; 2013
Lignon, cuya corriente se opone a tu furia 2014
me da seguridad. 2015
TIRINTE
¡Dioses, qué insolencia!
¿Cómo, villano, crees que el Dios de esta agua 2016
soporta impunemente tu crimen y tu barca? 2017
¡Como hay muy poca agua para lavar tu ofensa, 2018
tiene gran rectitud para bien defenderte! 2019
Deja que nuestras costas tu vileza atestiguen, 2020
y vete al océano a bufar tu crueldad. 2021
Por mucha variedad de bestias tan salvajes 2022
que de África y Asia infectan las orillas, 2023
y en fin algún monstruo que en casa tenga Tetis, 2024
ella no encontrará monstruo peor que tú, 2025
ni cuyo enfrentamiento y furia sea peor. 2026
ALCIRÓN
Amigo infiel, ¿no tienes nada más que decir? 2027
TIRINTE
No, mas mucho que hacer teniendo que vengarme 2028
de una furia infernal en ropa de un pastor, 2029
de un tigre y la serpiente del mundo más mortífera, 2030
que me pierde en la tierra y se salva en el agua. 2031
ALCIRÓN
Me insultas, pastor, y me acusas falsamente; 2032
mas quiero a mis amigos con todos sus defectos 2033
y, notando bastante que la supuesta muerte 2034
de la que hasta la tumba yo mismo he bajado, 2035
la cólera aviva que tanto te enajena, 2036
Yo perdono tu error y también lo comprendo; 2037
en vez de perseguirme con esta negra cólera, 2038
Tirinte, deberías calmarte y creerme. 2039
TIRINTE
Te he creído mucho, envenenador pérfido, 2040
menos credulidad más feliz me hubiera hecho; 2041
por haberme halagado con esperanzas frívolas, 2042
deseo de un traidor la sangre, y no palabras. 2043
¿Qué discurso, incluso por boca de los Dioses, 2044
desmentir la fe puede que a los ojos debemos? 2045
Cruel, ¿cómo no he visto el verdadero efecto 2046
de tu espejo asesino, en su fin lamentable? 2047
Veo yo que su muerte pone a todos de luto, 2048
salvo tú, únicamente que la has puesto en la tumba. 2049
Sin embargo, ¡tal es, impostor, tu insolencia, 2050
que dices que aún vive! 2051
ALCIRÓN
Así es, realmente.
TIRINTE
¡Oh, espíritu malvado! 2052
ALCIRÓN
Bien, ¿sin que te emociones
quieres que al instante te lo pueda probar? 2053
Hasta ahora mi miedo, unido a tu impaciencia 2054
no nos han permitido el experimentarlo, 2055
y no voy a poner un pie fuera del barco 2056
si antes tu cuchillo no veo en Lignon; 2057
luego creerás que soy el más malo del mundo 2058
si el hecho no transcurre tal como te he dicho. 2059
TIRINTE
¿Y cuál es ese hecho? 2060
ALCIRÓN
Tan solo te deshaces
de la espada que tienes y te enterarás; 2061
tiempo es de que contigo, por tu bien, me sincere. 2062
TIRINTE
¿Posible es que Tirinte un vez más confíe 2063
en lo que Alcirón diga luego de lo que ha visto, 2064
sin estar desprovisto de memoria y de mente? 2065
“Pero ¿de qué errores no es capaz un amante?” 2066
Ven sin miedo a bordo si no eres culpable; 2067
Lignon que se ha hundido mi cuchillo en el pecho 2068
ha desviado el efecto de mi primer propósito. 2069
ALCIRÓN
Nunca hubiera creído, si es que debo culparte, 2070
que tanta desconfianza se alojara en tu alma; 2071
((Sale de la barca))
mi enorme amistad hubiera merecido 2072
menos ingratitud, o más autoridad: 2073
mas como normalmente en asuntos idénticos 2074
se cree más en los ojos que creemos en los oídos, 2075
quiero hacerte ver, y sin hechizo alguno, 2076
que cuando me persigues obras injustamente. 2077
Y ahora para que entiendas por completo un asunto 2078
que es tan singular, al tiempo que elevado, 2079
que sepas que el espejo que te ha dado Alcirón 2080
es, como tu bien crees, un vidrio envenenado. 2081
TIRINTE
¡Vaya, envenenador! 2082
ALCIRÓN
Permite que me explique:
este vidrio está hecho de mefítica piedra, 2083
junto al potente extracto del famoso pescado 2084
que sorprendió al cebo del anzuelo mortal 2085
hace fluir un veneno en la línea enemiga 2086
que del pescador triste adormece la mano; 2087
tanto que los reflejos que hacerse pueden de ella 2088
producen admirables frutos a nuestros ojos, 2089
sedando los sentidos de aquellos que los ven 2090
por el contagio de los espíritus que envían. 2091
Además, saber debes que este sueño profundo 2092
bajo un rostro aparece tan afín a la muerte, 2093
que los más decididos frustrados por la imagen 2094
notar allí no pueden ninguna diferencia. 2095
Así, igual que tú, todo un pueblo engañado 2096
por la ingeniosidad que hemos utilizado 2097
cree muerta a Silvanira, y que aun a esta hora 2098
como tal en la aldea todo el mundo la llora. 2099
TIRINTE
¿Qué me dijisteis, Dioses?, o más bien, ¡oh pastor! 2100
¿Qué me has ocultado? ¿No eres un mentiroso? 2101
ALCIRÓN
En absoluto. 2102
TIRINTE
¡Pasmo apenas concevible!
Mas aunque lo que dices sería bien plausible, 2103
no veo cómo ella puede que sea mía, 2104
ni cómo conseguir que ella volviera en sí. 2105
ALCIRÓN
Climante, el impostor más grande de la tierra 2106
(ese es el nombre del que me dio el espejo), 2107
decirte cómo fue, y cuál fue el motivo, 2108
sería un discurso muy largo en esta etapa, 2109
baste con que este Dédalo o este otro Arquímedes 2110
al enseñarme el mal me enseñó el remedio, 2111
destilando ante mí en este frasco de peltre 2112
de este incierto veneno el seguro antídoto. 2113
Es un agua inodora, clara como el rocío, 2114
que con varias materias el mismo ha compuesto. 2115
TIRINTE
¿Y sabes bien su efecto? 2116
ALCIRÓN
Sí, realmente lo sé,
al ver hacer con ella una notable prueba; 2117
este misterio en suma al no saberlo nadie, 2118
tu Silvanira es tuya, Alcirón te la da; 2119
juzga ahora amigo, hombre de poca fe, 2120
si no tengo motivos para de ti quejarme. 2121
TIRINTE
¡Oh, de amigos perfectos impecable modelo, 2122
siempre tan ingenioso como siempre tan fiel! 2123
¡Grande será mi dicha, qué perfecta será 2124
si haces que al lenguaje le suceda el efecto! 2125
ALCIRÓN
¡Este espíritu incrédulo no me cree aún! 2126
Pero ya los colores de la cercana aurora 2127
anuncian el retorno del sol que la prosigue; 2128
en el desorden de las antorchas de la noche, 2129
veo el sepulcro donde sé que fue colocada, 2130
ya que nada se hizo salvo mi mediación. 2131
Con urgencia abrámoslo, no nos es necesario 2132
para este misterio ni día ni testigo. 2133
TIRINTE
¡Oh, precioso sepulcro, que dentro de tu estancia 2134
guardas como en depósito el honor de Natura, 2135
devoto centinela de la gloria de Amor! 2136
ALCIRÓN
Tirinte, apresurémonos antes de que amanezca, 2137
necesito tu mano, no preciso tu lengua; 2138
deja tu perorata para otra ocasión. 2139
Sería muy nocivo que aquí nos sorprendieran 2140
antes de que el asunto se haya solucionado. 2141
Usemos bien los medios que el tiempo nos presenta: 2142
venga, alcemos la piedra. 2143
TIRINTE
¡Oh, Dioses!, cómo pesa,
y me da mucho miedo que carga tan pesada 2144
no lo aplaste todo en lo hondo de esta tumba. 2145
ALCIRÓN
Lo que estás diciendo podría ser sin duda 2146
si las que hay debajo no sostuvieran todo; 2147
tras levantar la losa quitémosle el sudario. 2148
Ayúdame si quieres, ¿supones que yo solo 2149
puedo hacerlo todo? 2150
TIRINTE
¡Dioses!, me tiembla el pecho,
¡Ah, traidor! Está muerta. 2151
ALCIRÓN
Te lo parece, al menos;
di más bien que ella duerme. 2152
TIRINTE
¡Ah, malvado! ¡Embustero!
ALCIRÓN
Como es inofensiva, no debes tener miedo: 2153
aquí tengo el agua que debe despertarla; 2154
sostenla únicamente, y verás el prodigio. 2155
TIRINTE
¡Dioses!, ella respira, y ha abierto los ojos. 2156
ALCIRÓN
Ya habrá otra vez en que tú más me creas, 2157
no obstante, caro amigo, por si hay algún percance, 2158
dejo en tus manos a tu hemosa MUERTA VIVA. 2159
Adiós, yo me retiro, ella es tuya en esencia; 2160
utliliza la suerte y el tiempo como debes, 2161
utiliza tus cartas igual que yo lo hice, 2162
y sobre todo cuídate de que no venga alguien. 2163

ESCENA III

(SILVANIRA, TIRINTE)
SILVANIRA
¡Oh Dioses, qué aventura y que nuevo país 2164
asombra mis sentidos y deslumbra mis ojos! 2165
¡Qué destello de luz, real o engañosa, 2166
me sorprende y conmueve! ¿Estoy viva o muerta? 2167
Viva no es posible, ¿acaso no recuerdo 2168
que ayer yo sentí los dolores de la muerte? 2169
Muerta no, pues los muertos son menos que los ídolos, 2170
como no tienen boca, no articulan palabras 2171
y, privados del cuerpo en el que yo me siento, 2172
no tienen como yo el uso de los sentidos. 2173
Argumentos aparte, si es preciso, eso creo, 2174
que esté viva o muerta, o ambas cosas juntas. 2175
Claro que esta es la sábana que cubriera mi cuerpo, 2176
y este mi monumento que aún está abierto; 2177
todo esto señala mi fin precipitado, 2178
mas no demuestra cómo yo he resucitado. 2179
Porque al final yo creo que no hay retorno 2180
del oscuro Infierno a la claridad del día; 2181
nuestras almas por siempre vagan sobre la arena 2182
del río que la Parca ha hecho que más no vuelva. 2183
¡Dioses!, ¿no veo ahí a Tirinte el pastor, 2184
Tirinte que antaño fuera mi servidor, 2185
si al menos su amor no era una mentira. 2186
TIRINTE
Es el mismo pastor, muy amable pastora, 2187
al que con gran rigor solíais tratar. 2188
SILVANIRA
¿En qué país estoy? 2189
TIRINTE
Estáis dentro de mi alma,
estáis en Forez como antaño estuvisteis. 2190
SILVANIRA
Mas si morí ayer. 2191
TIRINTE
Es verdad, que moristeis.
SILVANIRA
¿Cómo hoy asistimos a mi resurrección? 2192
TIRINTE
Lo hacemos por el gran poder de mi cariño. 2193
SILVANIRA
¿Cómo, tu devoción ha sido, pues, tan fuerte 2194
que ha devuelto la vida a Silvanira muerta? 2195
TIRINTE
Es verdad, mi amor ha vencido a la muerte. 2196
SILVANIRA
Si el amor de alguien (cosa que yo no creo) 2197
retirarme ha podido del mortal laberinto, 2198
ese es el de Aglante, y no el de Tirinte. 2199
TIRINTE
¡Cuán injusta que sois al condenar mi fe! 2200
¿Creeríais que otro tuviera más ardor? 2201
Juzgar mejor mi amor, oh bella Silvanira, 2202
y tened por seguro lo que voy a deciros: 2203
ni todos los amantes del mundo en uno unidos, 2204
los que están por venir, o los que ya se han ido, 2205
ni toda la Natura y hasta todo el Amor 2206
amaros más podrían que os ama Tirinte. 2207
SILVANIRA
Te lo ruego, rompámosla, y enséñame cómo 2208
quebrar hoy he podido la ley del monumento. 2209
TIRINTE
Este Dios que me dio el alma para hacer 2210
el forcejeo ingenioso que vais a aprender, 2211
Amor, el mismo Amor me priva esta vez 2212
de alma para decíroslo tanto como de voz; 2213
lo diré sin embargo, romperé el silencio 2214
del que sufrir no debo la injusta violencia. 2215
¿Recordáis que ayer yo rompí el espejo 2216
que contra vuestro genio os insté a que vierais, 2217
y que muy fijamente vos en él os mirasteis 2218
durante el poco tiempo que vos me lo guardasteis? 2219
¿Os acordais de eso? 2220
SILVANIRA
Tengo que recordarlo,
pues desde ese momento la salud no me ha vuelto. 2221
TIRINTE
Estate pues atenta al relato de una historia 2222
que es tan digna de crédito cual difícil de creer, 2223
escuchad un proyecto de lo más arriesgado 2224
que alguna vez brotara de una mente amorosa. 2225
Después de haber probado cualquier medio posible 2226
con tal de superar tu rigor invencible, 2227
y hecho lo que un mortal humanamente puede 2228
para agradar a un alma, y todo es en vano, 2229
máxime no queriendo que al desdén de mi amor 2230
tuviera el placer Théante de teneros por cónyuge, 2231
(perdonad, Silvanira, el cariño que os tengo) 2232
por fin me decidí a usar la inventiva; 2233
me serví de este espejo, que sin ser nada mágico 2234
os durmió los sentidos con un sueño letárgico, 2235
suma en sus efectos tan perennes y fuertes 2236
que con razón se dice que es el de la muerte; 2237
así fue como fuisteis llevada al ataúd. 2238
SILVANIRA
¿Y qué ambicionabas con mi aparente muerte? 2239
TIRINTE
Pensé que al estar muerta en el juicio de todos 2240
me sería muy fácil el llevaros conmigo. 2241
SILVANIRA
¿Y luego? 2242
TIRINTE
Y después llevaros a un lugar
donde el cirio del himen brille para alumbrarnos. 2243
SILVANIRA
¿Así que sin estar acorde a mi deseo 2244
estabas planeando este acto insolente, 2245
que te servirá solo como acto de vergüenza? 2246
TIRINTE
“Un amor impecable supera cualquier cosa;” 2247
y de él yo espero que un venturoso éxito 2248
corone mi propósito, pues él me lo insinuó. 2249
SILVANIRA
Solo a ti mismo prestas tu pérfida malicia; 2250
el amor nunca fue el autor ni el cómplice; 2251
y para hacerte ver que no es partidario 2252
de una maldad de la que tú fuiste el artífice, 2253
él mismo trabajando con resortes ocultos 2254
destruye claramente todo lo que consultas, 2255
y haciendo que el crimen recaiga en el autor 2256
muestra con suficiencia que nunca fue el motor. 2257
Tu malicia, pastor, ha obrado lo contrario 2258
de lo que tu pensabas. 2259
TIRINTE
¿Y qué pudo hacer?
SILVANIRA
En mi muerte ella obró un milagro tan dulce, 2260
que conforme a mis padres Aglante es mi marido. 2261
Tu feliz artificio posible ha hecho esta boda, 2262
no me preguntes, pues tu la has posibilitado; 2263
ya no hagas más planes sobre el bien de los otros; 2264
Aglante es mi mundo, para él yo soy todo. 2265
Como es por la muerte que este bien poseo, 2266
por la muerte también deberé yo cederlo. 2267
TIRINTE
¡Oh Cielo, injusto Cielo!, ¿por lo que voy sabiendo 2268
otro obtendrá el fruto de las penas que paso? 2269
No, no, no hay negativa ni promesa que valga, 2270
“la recompensa es para el que la trabaja.” 2271
Fijaos en que el Cielo por una eternidad 2272
unió nuestros destinos con tanta afinidad 2273
que al ser el Muerto en vida, y vos la Muerta viva, 2274
preciso es que entre nos se cumpla el matrimonio. 2275
Y el momento se esfuma mientras que platicamos, 2276
y la noche con él; vamos, pastora, vamos. 2277
SILVANIRA
¡Dios! ¿Dónde debo ir? 2278
TIRINTE
Donde seáis atendida
con una tal ternura que quedéis encantada. 2279
SILVANIRA
Tu ya me has encantado, secuestrador pérfido, 2280
pero es con la violencia, y no con la ternura. 2281
No, antes morir prefiero. 2282
TIRINTE
Vamos, vamos malvada,
y cállate tan solo. 2283
SILVANIRA
¡Ladrón, que yo me calle!
Oh, Cielos, que nos ven. 2284
TIRINTE
Y la tierra y los cielos
han cerrado los ojos a este crimen de amor. 2285
SILVANIRA
Así pues Amor llamas a una fuerza insolente. 2286
TIRINTE
Amor o fuerza, al fin. 2287
SILVANIRA
Socorro, mi Aglante.
TIRINTE
Llama a tu Aglante tanto como tu quieras, 2288
y a Plutón si quieres: sin embargo, vendrás. 2289

ESCENA IV

(AGLANTE, SILVANIRA, TIRINTE)
AGLANTE
No debatamos más, muramos en su tumba, 2290
un amante inmolado vale más que un desastre. 2291
SILVANIRA
A la fuerza, oh pastores, oh Dioses, socorredme. 2292
AGLANTE
¿Qué es lo que oigo, y qué es lo que veo? 2293
Esta es su misma voz, este es su mismo gesto, 2294
y sus mismos vestidos, no dudemos del resto, 2295
ciertamente es ella. 2296
TIRINTE
Este inútil esfuerzo
no logrará salvarte, yo seré el más fuerte. 2297
AGLANTE
Ah, traidor, mi ayuda estropeará tu empresa, 2298
y este hierro, al menos, te hará soltar la presa. 2299

ESCENA V

(CORO DE PASTORES, SILVANIRA, AGLANTE, TIRINTE)
CORO
¿Qué tumulto, qué ruido, qué gritos tan agudos, 2300
incluso en esta hora truenan en nuestros campos? 2301
SILVANIRA
Cuán necesario era, hallarte, compañero 2302
para salvar mi honra con este aventurero. 2303
AGLANTE
¡Ah!, pérfido Tirinte. 2304
TIRINTE
¡Oh Dioses, morir quiero!
SILVANIRA
Muere, si de otro modo no deseas curarte. 2305
CORO
Sepamos de do viene el ruido que escuchamos. 2306
Pero Dioses! ¿No es esa la hija de Menandro 2307
a quien muerta creíamos, y negarse no puede 2308
muerta estar de verdad? 2309
SILVANIRA
Es cierto que ayer
fui llevada a la tumba por el ardid penible 2310
de un acto de insolencia imaginable apenas, 2311
del que veis aquí al detestable autor. 2312
TIRINTE
¡Oh, ingrato corazón! 2313
SILVANIRA
¡Oh, malvado impostor!
CORO
“¡Oh, divinas bondades, qué encanto tiene el vicio, 2314
y qué dañino es juzgar por apariencias!” 2315
¿Quién pensar pudiera que a un pastor tan buen mozo 2316
pudiera ocurrírsele un acto tan cobarde? 2317
pese a ello, habría que advertir al padre, 2318
a quien la pena tiene en justo desespero. 2319
Para comunicárselo sería apropiado 2320
nombrar a Cloridón, como el más idóneo. 2321

ESCENA VI

(HYLAS, FOSINDA, SILVANIRA, AGLANTE, TIRINTE, CORO)
HYLAS
Veamos que ocurre, vamos pronto, corramos, 2322
por aquí hay pastores que nos lo contarán, 2323
esa es Silvanira. 2324
FOSINDA
¡Dios, ante este prodigio
la sangre del espanto se me hiela en las venas! 2325
SILVANIRA
Acércate Fosinda, no tengas ningún miedo, 2326
¿ya no somos amigas? 2327
FOSINDA
Vete, espectro engañoso,
guarda tu afecto gélido para con tus iguales, 2328
no quiero yo cariños con los que han fallecido. 2329
Dios! 2330
SILVANIRA
Huyes de mí, pues.
FOSINDA
¿Quién de ti no huiría?
Fijaos cómo habla y anda a grandes pasos. 2331
HYLAS
Era así su figura, y era así su voz 2332
antes de abandonar su sustancia mortal, 2333
y como si esta sombra tuviera un cuerpo humano 2334
Aglante la acaricia y le besa la mano, 2335
efecto extremo y vano de su extremo amor. 2336

ESCENA VII

(MENANDRO, LERICIA, SILVANIRA, TIRINTE, CORO, AGLANTE, FOSINDA, HYLAS)
MENANDRO
Ya sea un fantasma, o nuestro propio hija, 2337
quiero verla ¡Oh, Cielo! ¡Cielo Omnipotente! 2338
¡Milagro de grandeza superior a los otros! 2339
Hija mía abrázame, hija mía querida. 2340
LERICIA
¡Dioses! Es Silvanira, o está mi vista aojada. 2341
SILVANIRA
Padre mío aseguraos, y vos madre también, 2342
de que no hay abuso ni hechizo en esto: 2343
este pastor que tanto de los demás se aleja, 2344
tan desleal como es, sabrá bien explicároslo. 2345
TIRINTE
Lo explicaré, cruel, para tu confusión: 2346
para morir usando tan hermosa ocasión, 2347
yo no ocultaré la audacia aventurera 2348
do me llevó el exceso de mi furia amorosa. 2349
CORO
Amor no tiene exceso que te pueda excusar 2350
por la fuerza y el ímpetu que querías usar. 2351
MENANDRO
¿Por la fuerza? 2352
TIRINTE
Es cierto.
LERICIA
¿Por la fuerza a mi hija?
¿Haber puesto en peligro el honor de mi familia? 2353
Pastores: si en vuestra alma anida algún derecho, 2354
¿podríais dejar a este malvado impune? 2355
Vos que fuisteis testigos de sus malas acciones, 2356
si a mí no me vengáis de él complices sois. 2357
CORO
Solo los jueces tienen derecho a castigarlo, 2358
el nuestro es apresarlo y luego retenerlo. 2359
FOSINDA
Amarradlo tan bien que bajo vuestro mando 2360
salvarse vanamente lo intente en la huida. 2361
TIRINTE
Ya me atéis, pastores, o bien no me atéis, 2362
de la muerte el camino sin pesar seguiré. 2363
HYLAS
A este infeliz sigamos para ver qué sentencia 2364
aplican las leyes en casos de esa importancia. 2365
FOSINDA
Por fin el día llega tanto tiempo esperado, 2366
en que queda atrapado en la red que había echado, 2367
y mi apego hacia él tantas veces vejado 2368
será al mismo tiempo satisfecho y vengado. 2369
Que aumente, si es que puede, su soberbio desprecio, 2370
yo estaré en lo cierto: lo tengo, está cogido. 2371
Pero voy a seguirlo do lo lleve la tropa, 2372
y así estar presente cuando dicten sentencia. 2373

ESCENA VIII

(AGLANTE, MENANDRO, SILVANIRA, LERICIA)
AGLANTE
Ahora que el Cielo al que nuestro llanto turba 2374
nos ha devuelto el bien que nos había ocultado, 2375
¿os complace, Menandro, y a vos, sabia Lericia, 2376
que sin más dilación se cumpla nuestro enlace? 2377
“Matrimonio aplazado está medio deshecho.” 2378
MENANDRO
“Sí, mas nuevo consejo se amolda a nuevos hechos.” 2379
AGLANTE
¿Qué deducís de eso, Menandro? 2380
MENANDRO
¿Qué deduzco?
Que quiero disponer de ella como padre, 2381
y darle a Tirinte a título de esposo. 2382
AGLANTE
Me la disteis antes, ella ya no es vuestra. 2383
MENANDRO
¿Qué ella ya no es mía? 2384
AGLANTE
No, o vuestra palabra
no tendrá más valor que la pluma que vuela. 2385
MENANDRO
Si lo tomas así, mi palabra y mi fe 2386
se las di a Tirinte mucho antes que a ti; 2387
olvídala Aglante, y busca otra mujer. 2388
AGLANTE
¡Oh pérjuro, oh falaz, Dioses, a Vos reclamo, 2389
que visteis el acuerdo concluido entre nosotros, 2390
¿no vais a tronar ante su deslealtad? 2391
Mas con todo, Menandro no hay acuerdo que aguante; 2392
reclamo a Silvanira, ella debe ser mía: 2393
y como tu rigor no quiere consentirlo, 2394
iré con mis razones a prevenir al druida, 2395
El me dará justicia, o bie el Juez Supremo 2396
de mi brazo sirviéndose me la dará él mismo. 2397
SILVANIRA
¡Oh pastor, compadezco tu desgracia y la mía! 2398
MENANDRO
Por más que amenace, no hará acción alguna 2399
con fuerza suficiente que me haga desistir. 2400
Mas tú, cuya imprudencia trae este desorden, 2401
¿no quieres completar el fallo cometido 2402
cuando tu mente enferma aceptó a este yerno? 2403
Ciega, ¿para vergüenza tuya también nuestra 2404
prefieres su belleza a las riquezas de otro? 2405
Que si lo hubieras hecho, un día a tu antojo 2406
tus ojos maldicieras por haberlo elegido, 2407
elección que será siempre una prueba cierta 2408
que al punto que lo hiciste muy cuerda no estabas. 2409
¿Adónde vas? Regresa. Se va, sin hacer caso; 2410
ve, ve, sigue al tipo de tus locos amores, 2411
y haz el ridículo ante todo el vecindario. 2412
LERICIA
Hay que ser repetuosos por la edad que tiene. 2413

ESCENA IX

(MENANDRO, LERICIA)
MENANDRO
Siendo tú permisiva con sus deseos jóvenes 2414
pretendes que se deje llevar por sus placeres, 2415
y haciendo oídos sordos al consejo del padre, 2416
atraiga un vituperio común sobre nosotros. 2417
Pero los dos podrían retirarse de acuerdo 2418
con el docto druida, y mostrarme mi error; 2419
yo voy, por mi parte, a argüir mis razones, 2420
y ver el bello enlace destruirse en dos palabras. 2421
LERICIA
Oh, padre despiadado, tu ruin hambre de oro 2422
acarreará que al fin la perdamos de nuevo. 2423
Quieran los justos Cielos acabar este asunto 2424
que en cuanto a nuestro bien será muy necesario. 2425

ESCENA X

(AGLANTE, SILVANIRA)
AGLANTE
Deja ya de pensar, Aglante, en tu bobreza, 2426
que cree que el mal siempre estará de tu lado; 2427
mas sin deber confiar en la justicia humana 2428
apela a tu coraje que a tu dolor rescate: 2429
Silvanira es tu vida, y de ahí tu deduces 2430
que ella debe ser tuya, o no quieres vivir. 2431
Su muerte me la dio, luego me la ha quitado, 2432
y la sigo perdiendo al estar ahora viva. 2433
¿Cómo detener puedo la dicha que se escapa, 2434
si la muerte y la vida por igual me hacen daño? 2435
Mas ya llega. Oh beldad que no tienes igual, 2436
¿podría yo perderte y seguir en el mundo? 2437
SILVANIRA
Consuélate, pastor, si alguna vez me amaste; 2438
te busco por consejo del sabio Adamás 2439
a quien de forma breve le conté nuestro asunto, 2440
y puedo asegurarte que me oyó cortésmente: 2441
Hylas que prometióme obrar para nosotros 2442
me vio cuando lloraba besando sus rodillas, 2443
cuando mi padre entró, y entró de tal manera 2444
que un hombre dominado por el ardor y furia, 2445
tembloroso, atónito, los ojos más ardientes 2446
que esos fuegos de noche que dan miedo a fisgones, 2447
así que comprendiendo su presencia y su ira 2448
salí con evasivas. 2449
AGLANTE
¡Ay!, mi Silvanira
(si por ‘nuestro’, no obstante podemos emplazarnos, 2450
un bien que nos disputan y que quieren robarnos), 2451
qué difícil será combatir la tormenta 2452
que se alza ante nosotros. 2453
SILVANIRA
Ten valor, pastor mío:
¿el Cielo que bendice nuestro futuro enlace, 2454
dejaría así su obra incompleta? 2455
¿No tenemos un juez actualmente invencible, 2456
con la única equidad de todo tiempo afable, 2457
y cuya alma es aún igual que era antes 2458
un puerto de justicia a salvo de los vientos? 2459
Pero como el rigor de nuestra actual desgracia 2460
somete nuestra suerte al juicio de los hombres, 2461
“hombres que a menudo el error favorecen, 2462
por ignorar la ley, o bien por despreciarla,” 2463
quiero yo asegurarte, ocurra lo que ocurra, 2464
que hasta la sepultura seguiré siendo tuya; 2465
y recibe este beso por muestra de mi fe. 2466
AGLANTE
¡Parcas, en adelante debatid sobre mí, 2467
y no murmuréis más, vos tristes pensamientos, 2468
Silvanira este día os ha recompensado! 2469
Mas ¿qué agradecimiento, o bien qué movimiento 2470
(si no tenéis nada en cuenta mi cariño), 2471
hará cualquier deber que yo os agradezca, 2472
y que ingrato no muera por tan grande favor? 2473
SILVANIRA
Ningún favor, Aglante, preciso es que a mi vez 2474
delibere contigo sobre amor y constancia. 2475
AGLANTE
Bien, admitir debemos que el amor es constante 2476
al hacerte abrazar las miserias de Aglante, 2477
Aglante que no tiene nada que sea estimable 2478
salvo un buen corazón y que bien sabe amar. 2479
SILVANIRA
Con estas cualidades no hay Cetro del Imperio, 2480
al que con sensatez el cayado no aspire: 2481
por grato que sea el bien, ¿te imaginarías 2482
que pueda conmoverme a costa de tu virtud? 2483

ESCENA XI

(SILVANIRA, HYLAS, AGLANTE)
SILVANIRA
Pero ya está de vuelta nuestro fiel abogado. 2484
AGLANTE
¡Dioses, estoy temblando! 2485
SILVANIRA
¿Y qué noticias hay?
HYLAS
Tal cual que en tanto soy yo vuestro servidor 2486
yo mismo he querido de ellas ser portador. 2487
Vamos, pues, los placeres que os envía el Cielo 2488
logren en vuestros pechos un camino común, 2489
vuestros amores tienen el premio merecido. 2490
(AGLANTE y SILVANIRA juntos)
[AGLANTE, SILVANIRA]
¡Oh, Dioses! ¿Qué nos dices? 2491
HYLAS
La rotunda verdad.
AGLANTE
Al menos es verdad que deberé morir 2492
antes que Silvanira vaya a otro lugar. 2493
HYLAS
No, no, no es el momento para desesperarse, 2494
nada más que la muerte puede ya separaros; 2495
y no es porque Menandro no haya abierto la boca, 2496
ni haya utilizado todos los argumentos, 2497
interponiendo a veces, poniendo por delante 2498
el poder paternal que a menudo alegaba, 2499
y a veces su promesa a Tirinte otorgada, 2500
que no puede (decía) compartirse entre dos; 2501
en fin, en esta acción basaba su poder 2502
avalando el derecho que creía tener. 2503
Como además también yo me hice oír 2504
en todas las razones que excusarte podían, 2505
tanto que el druida, justo como él es, 2506
a favor de los dos emitió su sentencia. 2507
Luego clamando en alto, y con pálida ira, 2508
quiso desmelenarse, si la propia Lericia 2509
y el afable Alcás no lo hubieran parado. 2510
Igual que si en eso Théante que aparece 2511
restituye al anciano de su palabra dada, 2512
dejando a la asistencia por el rasgo asombrada; 2513
el himeneo, dijo, es libre por sí mismo, 2514
vuestra hija puede ser de cualquiera, no mía: 2515
“Quien con un cuerpo casa a pesar de su alma 2516
cásase, o poco falta, con la mitad de una hembra.” 2517
Menandro, ahí, confuso tras esta oscilación 2518
de repente cambió su determinación: 2519
pues bien, dijo solemne, retiro mi palabra, 2520
será, pues, para Aglante, tendrá a Silvanira. 2521
SILVANIRA
¡Dioses! Es el momento en que somos felices. 2522
AGLANTE
Alma mía, por Dios no perdamos el tiempo, 2523
no sea que con él se vaya nuestro bien: 2524
busquemos a Menandro. 2525
HYLAS
Id, y dad mi palabra;
pues yo, por un camino divergente del vuestro 2526
veré si a Tirinte ya lo han condenado. 2527
AGLANTE
¿Así morir veremos al infeliz Tirinte, 2528
y junto a nuestra dicha tragarnos esta absenta? 2529
HYLAS
Del resto (asunto duro que me sorprende mucho) 2530
es que incluso Fosinda le procure la muerte. 2531
SILVANIRA
“Así es como amor gravemente ofendido 2532
se convierte a menudo en furia sin sentido.” 2533

ESCENA XII

(ADAMÁS, TIRINTE, FOSINDA, CORO DE PASTORES, ALCIRÓN)
ADAMÁS
Si pudiera, hijo mío, de la muerte eximirte, 2534
los Dioses son testigos de que no morirías. 2535
Tu culpa, por la edad que es el cómplice ciego, 2536
te hace digno de lástima cuanto que del suplicio. 2537
Mas aun cuando Temis ha puesto en nuestras manos 2538
la espada que castiga los crímenes humanos, 2539
seguirás sus dictámenes, víctima destinada 2540
al altar de la muerte por la ley ordenada: 2541
no es que por el espejo se te prive del día, 2542
(todo ardid se permite en el cetro de Amor) 2543
el tema que sin más te consagra a la Parca, 2544
es la fuerza que Amor como el Amor censura. 2545
TIRINTE
La muerte es desde ahora para mí una gracia, 2546
con tal que me la otorguen, el por qué nada importa; 2547
aunque el rigor de ley eximiera mi vida, 2548
se trata de que sea mi paz arrebatada. 2549
“Un desgraciado siempre demasiado ha vivido, 2550
y el día solo es de los que están contentos.” 2551
CORO DE PASTORES
¡Dioses! ¿Cómo la idea de una falta tan negra 2552
puede haberse infiltrado en un alma tan noble? 2553
FOSINDA
Pero este es el estado, corazón inhumano, 2554
en que desde hace tiempo te había deseado. 2555
TIRINTE
Pues bien, ahí es donde Tirinte está gozoso en 2556
complacer a Fosinda. 2557
FOSINDA
¡Ay! Dios no lo quiera.
((Se pone de rodillas))
Padre, os solicito que este triste pastor, 2558
que será mi marido, fuera esté de peligro; 2559
vos sabéis que la ley de este modo lo admite. 2560
ADAMÁS
Consiento de buen grado, si la ley lo permite. 2561
TIRINTE
Pues yo, no lo consiento de ninguna manera. 2562
CORO
¡Oh, respuesta insensata! ¡Oh infeliz muchacho! 2563
FOSINDA
¡Cómo! Tirinte, ¿así es que insensible a tu pérdida 2564
rechazas la tabla que se brinda a tu naufragio, 2565
y aceptar nada quieres de mi muestra de afecto 2566
por miedo a contraer una deuda conmigo? 2567
TIRINTE
Que una condición tan engorrosa y dura 2568
me salve de la muerte que habré de soportar, 2569
prefiero antes cien muertes, en vez de elegir una, 2570
que tener que vivir con deseo tan cobarde: 2571
no, no, que me conduzcan a la cima más alta 2572
de ‘Roca Infortunada’ do mi crimen me llama, 2573
afligida para otros, y para mí dichosa, 2574
ya que allí acaba mi suerte rigurosa. 2575
FOSINDA
Que te baste al menos ser desleal con quien te ama, 2576
sin ser de nuevo ingrato y cruel contigo mismo. 2577
TIRINTE
No insistas, morir quiero, es algo decidido. 2578
FOSINDA
¿Quieres morir, Tirinte, y así yo habré sido 2579
el aciago instrumento de tu fin desdichado? 2580
¿Se podría pensar que la amante Fosinda 2581
perdió al desleal Tirinte con el fin de vengarse? 2582
Mas puedo complacerte a la vez que me purgo; 2583
pierde, cuando tu quieras el fulgor celestial, 2584
para instruirte en morir yo moriré primero. 2585
ADAMÁS
Pastores, impedid su trágico propósito, 2586
ella quiere esconder un cuchillo en su pecho. 2587
FOSINDA
Déjame, déjame, curarme en este instante; 2588
¿si vos me impedís que morir hoy pueda 2589
arrancando la daga y la muerte de mi mano, 2590
podréis evitar que mañana ocurriera? 2591
ALCIRÓN
Amigo, si obstinado te niegas a vivir, 2592
vayamos a la muerte, quiero seguirte allí. 2593
ADAMÁS
¿No crees, pastor, que cuando dejes estos lugares 2594
delante de los Dioses parecerás culpable 2595
del rapto de una moza, y del crimen de otra? 2596
Evita, hijo mío, su justicia y la nuestra, 2597
acepta de buen grado, por tu casta mitad, 2598
este perfecto objeto de amor y de piedad, 2599
y si el ansia de vida innata en el humano 2600
no se mostrara en ti, que se muestre en ella. 2601
Responde, ¿qué opinas? 2602
FOSINDA
Responderé por él:
“quien se pierde a sí mismo, no preserva a los otros.” 2603
TIRINTE
¿Do no llega un amor de tanta amplitud? 2604
Tu ardor, oh Fosinda, mi hielo ha derretido, 2605
y mi rigor vencido después de tantas luchas 2606
se rinde a tu constancia y baja ya los brazos. 2607
“Vivamos, que la muerte nos roba el poderío 2608
de pasar del buen acto al reconocimiento,” 2609
y que por contentar lo que yo te adeudo, 2610
es muy conveniente que viva para ti. 2611
ADAMÁS
“Cielos, que por bondad más que por tradición 2612
de nuestras aflicciones suavizas la amargura, 2613
y de nuestros disgustos haces nuestro contento,” 2614
haz tu prodigio por el bien de estos amantes. 2615
CORO
¡Oh próspero Lignon! ¡Oh tierra afortunada 2616
en tu espontaneidad, 2617
do Amor habría muerto si la muerte amorosa 2618
no lo hubiera animado! 2619
Que este hermoso día sea siempre renombrado 2620
en que Amor y la Muerte 2621
de ser siempre enemigos, en pro de Himeneo 2622
llegaron a un acuerdo. 2623
ADAMÁS
En vez de consumirse en discursos estériles 2624
el tiempo que hay que usar en efectos más útiles, 2625
id todos a buscar al buen pastor Alcás, 2626
cuyo consentimiento falta hace en este caso; 2627
yo me adelantaré al templo a esperaros, 2628
donde también vendrá el grupo de Menandro. 2629
CORO
¡Oh próspero Lignon! ¡Oh tierra afortunada 2630
en tu espontaneidad, 2631
do Amor habría muerto si la muerte amorosa 2632
no lo hubiera animado! 2633
Que este hermoso día sea siempre renombrado 2634
en que Amor y la Muerte 2635
de ser siempre enemigos, en pro de Himeneo 2636
llegaron a un acuerdo. 2637

ESCENA XIII

(MENANDRO, LERICIA, SILVANIRA, AGLANTE, HYLAS)
MENANDRO
Hijos míos (por tales os tengo sin gravamen) 2638
desterrad de vuestra alma la sospecha y el miedo, 2639
y que el simple recuerdo de lo que ha pasado 2640
sea de nuestra memoria para siempre borrado. 2641
Muy lejos de guardaros un poso de rencor, 2642
o sentirme afectado por aversión alguna, 2643
mi mano os mostrará como efecto contrario 2644
que mi alma se arrepiente del mal que os ha causado. 2645
Sé que mis buenos actos y vuestro buen enlace 2646
atraerán la atención de todo el vecindario. 2647
Pero, a fin de cuentas, el pobre virtuoso 2648
es preferible al rico de mente defectuosa. 2649
LERICIA
Cierto es que la riqueza siempre transformar puede 2650
en rico a un virtuoso, pero no al revés: 2651
prueba es Damón el simple, Tirsis el avezado, 2652
de los que uno ha ganado más que el otro ha perdido. 2653
MENANDRO
Creo que Aglante también guardará el recuerdo 2654
de nuestra afección. 2655
AGLANTE
Podéis bien creerlo.
SILVANIRA
Sabiendo la virtud del pastor que he aquí, 2656
apreciad, padre mío, y vos, madre también, 2657
recibir de nosotros devociones perfectas, 2658
y atenciones parejas al bien que nos hacéis. 2659
AGLANTE
Perdería el esfuerzo y el tiempo en el crédito 2660
si responder quisiera tras lo que ella ha dicho, 2661
pues gobernando mi alma, viviendo solo en ella, 2662
su boca es fiel intérprete de este mi corazón. 2663
SILVANIRA
Aquí llega Hylas, téstigo y mensajero 2664
de la desgracia de Tirinte. 2665
MENANDRO
¡Pobre pastor!
Aunque nos salió cara su audacia insolente, 2666
hay que compadecerlo por su final violento. 2667
LERICIA
Parece muy feliz por tan triste accidente. 2668
HYLAS
¿Por qué, sabios ancianos, vais entreteniendo 2669
el fruto en dos amores que no tienen igual, 2670
por quien Cielos amigos hacen puros milagros? 2671
¿Por qué no vais al templo a donde todos corren? 2672
MENANDRO
Hambre que espera hartura no es hambre ninguna, 2673
pero la ley no quiere que un himen se consuma 2674
cuando un miserable es llevado al suplicio. 2675
HYLAS
Los Dioses hacen que este daño no nos retrase. 2676
MENANDRO
¿Y Tirinte? 2677
HYLAS
Tirinte libre está de la muerte.
LERICIA
¿Y cómo se libera? 2678
AGLANTE
Fugándose, sin duda.
HYLAS
No: por un accidente digno de escucharse; 2679
mas puesto que os buscan y que es importante 2680
ir rápido al altar donde espera el druida, 2681
para evitar a todos la mitad de la angustia, 2682
sigamos por la senda que conduce hasta el llano; 2683
así podremos verlos vengan de donde vengan, 2684
pudiendo permitirnos hablar por el camino. 2685

ESCENA XIV

(CORO DE PASTORAS, con los nombres de CELIA y de DIANA)
CELIA
Cuidaos, rebaños nuestros, id a la aventura 2686
siguiendo vuestro instinto buscad vuestro alimento: 2687
os dejamos los perros, defendeos de los lobos, 2688
pero en todo el día no esperéis ayuda. 2689
Otra ocupación más amable y hermosa 2690
por la voz del Amor a otro sitio nos llama: 2691
el ver a los amantes de mirto coronados, 2692
cuyo duelo y gozo asombra nuestros campos. 2693
DIANA
En lugar de tomar una ruta incierta 2694
nos hallamos aquí en el paso de la fuente, 2695
donde para ir al templo todos deben pasar, 2696
pudiendo unirnos a ellos para recoger flores. 2697
CELIA
Está muy bien pensado, dejemos los cayados, 2698
hagamos sombreros de telas de violetas, 2699
y muchos más esmaltes cuyo vivo frescor 2700
no cae aquí abajo en mano del segador, 2701
para que en la pompa a que nos preparamos 2702
cada uno de nosotros tenga uno en la cabeza. 2703
DIANA
Una variedad tal se presenta a la vez 2704
que mis ojos se fuerzan a aplazar la elección; 2705
no obstante pongamos una hora entera 2706
antes de que el arte iguale a la materia, 2707
y si hay que apresurarse, con la brújula hagámoslo. 2708
CELIA
La boda en adelante no nos sorprenderá. 2709
DIANA
Exacto, pues el Eco de estas rocas secretas, 2710
que responde con calma al ruido de las gaitas, 2711
indica que la tropa ya está cerca de aquí. 2712
CELIA
Es verdad que se acerca; ¡ah, ya están aquí! 2713
(CANTO NUPCIAL DE LAS PASTORAS)
[CELIA, DIANA]
Hermana y esposa del Dios que lanza el trueno, 2714
Gran Diosa cuyo nombre 2715
responde desde el Cielo al centro de la Tierra, 2716
ven aquí Diosa Juno. 2717
No como en otro tiempo cuando te convocaron 2718
a la boda de Peleo, 2719
pero lleva contigo 2720
la Concordia y la Fe, 2721
no olvidando ante todo a la fértil Lucina 2722
que repara el mundo, 2723
pues sin ella, en efecto 2724
el himen no es perfecto. 2725

ÚLTIMA ESCENA

(TIRINTE, AGLANTE, SILVANIRA, FOSINDA, ALCIRÓN, MENANDRO, LERICIA, CORO DE PASTORES, CORO DE PASTORAS)
TIRINTE
¿Me perdonáis entonces, dichosa Silvanira? 2726
SILVANIRA
Sí, Tirinte, con gozo, y me atrevo a decir 2727
que mi pastor y yo casi estamos forzados 2728
a imputarte los bienes que nos han sucedido. 2729
TIRINTE
Y tú, leal Aglante, perdona mi audacia 2730
y todo mi cariño. 2731
AGLANTE
Tendría mala gracia
el que no excusara u odiara al que 2732
me ha causado la gloria en la que hoy estoy. 2733
ALCIRÓN
¿Y el autor del espejo? Es muy razonable 2734
que el fruto conseguido lo haga excusable; 2735
confieso ingenuamente que yo lo había hecho. 2736
LERICIA
Nada es más excusable do todo es perdonado. 2737
MENANDRO
Vamos, vamos al templo a concluir la alegría, 2738
y dar gracias al cielo del bien que nos envía. 2739
SILVANIRA
Vamos cara Fosinda, al culmen de la dicha 2740
donde el Amor nos lleva de mano del honor. 2741
FOSINDA
¡Oh hermana mía, que la parte que me has dado 2742
vestida en tu cariño me hará afortunada! 2743
¡Los Dioses son propicios, y por amor a ti 2744
me han dado y me dan un trato tan sensible! 2745
(CANTO NUPCIAL DE LAS PASTORAS)
[CELIA, DIANA]
Hermana y esposa del Dios que lanza el trueno, 2746
Gran Diosa cuyo nombre 2747
responde desde el Cielo al centro de la Tierra, 2748
ven aquí Diosa Juno. 2749
No como en otro tiempo cuando te convocaron 2750
a la boda de Peleo, 2751
pero lleva contigo 2752
la Concordia y la Fe, 2753
no olvidando ante todo a la fértil Lucina 2754
que repara el mundo, 2755
pues sin ella, en efecto 2756
el himen no es perfecto. 2757
(CANTO DE ALEGRÍA DE LOS PASTORES)
¡Oh próspero Lignon! ¡Oh tierra afortunada 2758
en tu espontaneidad, 2759
do Amor habría muerto si la muerte amorosa 2760
no lo hubiera animado! 2761
Que este hermoso día sea siempre renombrado 2762
en que Amor y la Muerte 2763
de ser siempre enemigos, en pro de Himeneo 2764
llegaron a un acuerdo. 2765
HYLAS
Milagro en Forez nunca antes ocurrido, 2766
y que no solo es digno de ser grabado 2767
en la corteza de árbol, 2768
en el metal o el mármol, 2769
sino en la áurea frente del más duro diamante, 2770
de manos de un Amor, o al menos de un amante. 2771
CORO
Amor que de buen grado tiene extraños rigores, 2772
sobre leyes muy duras ha fundado su Imperio. 2773
Si a él se inmola un alma tiene extremos desánimos, 2774
durante mucho tiempo se gime, se suspira; 2775
y para bien gozar de un descanso seguro 2776
debes haber llorado. 2777
Entre la breña se hallan sus flores más hermosas, 2778
su dulzura es el precio de una larga amargura; 2779
para cosechar risas, exige siembra en lágrimas, 2780
y tal es la fatal costumbre de este Dios, 2781
que para que este próvido hay que perseverar, 2782
y mucho soportar. 2783
Exige de los suyos un servicio continuo, 2784
un celo infatigable, una larga esperanza 2785
para coger un fruto que se cree perdido 2786
y que por fin concede a la perseverancia, 2787
sendero habitual que conduce a la cima 2788
del bien que nos promete. 2789
Cuando el labrador con enorme esperanza 2790
arroja en los surcos la semilla que brota, 2791
la recibe el otoño, y devuélvela el estío; 2792
mas de Amor la cosecha requiere un mayor plazo; 2793
madurarla a menudo lo suficiente apenas 2794
cuesta cinco o seis años. 2795
Oh tú que como yo suspiras bajo el peso 2796
de las penas que aguantas de un alma despiadada, 2797
(si alguien sin embargo que como yo amando, 2798
sufre del mismo modo un castigo increíble), 2799
La razón es preciso que hoy te consuele 2800
por el ejemplo ajeno. 2801
Los amantes que el Cielo ha colmado de gozos, 2802
después de mil tormentos sufridos con paciencia, 2803
al final tienen todo conforme a sus deseos: 2804
bendicen sus males que les sirven de experiencia 2805
pues la felicidad mejor se saborea 2806
cuando mucho ha costado. 2807
Así el marinero al que el tifón acucia 2808
halla en el océano el campo más hermoso; 2809
así el triste invierno punzante de carámbanos, 2810
añade algo de gracia a la nueva estación: 2811
y así la noche vuelve la celestial antorcha 2812
más amable y más bella. 2813
¡Ay! Si la ley de Amor ordena justamente 2814
que cuanto más dolor soporta un pobre amante, 2815
más gozo al final tiene su corazón, 2816
después de tanto tiempo y de tantos esfuerzos, 2817
¿seré yo algún día el hombre más dichoso 2818
de todos los amantes? 2819
FIN