George Etherege
El hombre a la moda, o don Lindín Aleada
The Man of Mode, or Sir Fopling Flutter
Traducción
de
The Man of Mode, or Sir Fopling Flutter
Etherege, George. El hombre a la moda, o don Lindín Aleada. [ The Man of Mode, or Sir Fopling Flutter ]. Traducido por Juan José Calvo García de Leonardo, para EMOTHE. Valencia: ARTELOPE-EMOTHE Universitat de València, 2020.
Joan Oleza Simó
(Investigador principal)
Juan José Calvo García de Leonardo
(Traductor)
Tronch Pérez, Jesus
(Editor)
Español · Verso · 10 versos
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LA ESCENA —LONDRES
A SU ALTEZA REAL, LA DUQUESA
SEÑORA, Los poetas —aunque, por lo demás, puedan ser modestos— siempre tienen una opinión demasiado buena de lo que escriben. El mundo, cuando vea esta comedia dedicada a Vuestra Alteza Real, concluirá que he tenido más de esa vanidad de la que me toca. Pero, espero que el honor que me cabe por perteneceros excusará mi presunción. Es la primera cosa que he producido a vuestro servicio y mi deber me obliga a lo que mi elección no habría podido ni aspirar. Soy muy consciente, Señora, de cuanto se debe a vuestra indulgencia el éxito que ha tenido la obra; y vuestra protección no será menos feliz en la imprenta; pues todos ambicionan tanto haceros la corte, que ninguno podrá ser severo con lo que os place favorecer. Esta sumisión y respeto universales se deben a la grandeza de vuestro rango y cuna; pero tenéis otras cualidades ilustres que son mucho más atrayentes. Aquellas sólo deslumbrarían si no fuera porque estas cautivan los ojos y el entendimiento de todos aquellos que tiene la dicha de acercarse a vos. Los autores, en estas ocasiones, nunca dejarán de publicar algún detalle de las virtudes y perfecciones de sus patronos; pero las de Vuestra Alteza Real son tan eminentemente conocidas que, de seguir sus ejemplos, solo pintaría aquí esas maravillas de las cuales todos y cada uno ya tiene una idea en su mente. Además, no estimo adecuado apuntar, en prosa, a lo que resulta tema tan glorioso en verso; en cuyo arte habré de mostrar, de ahora en adelante, si he mayor celo. No penaré mucho por ello, ya que con menor pasión deseo el ser estimado como poeta que el ser considerado, Señora, De Vuestra Alteza Real El más humilde, más obediente y más leal criado, GEORGE ETHEREGE.
PRÓLOGO
Por Don CAR SCROOPE, BARONET Como bailarines sobre la cuerda, así les va a los pobres poetas. La mayoría joven perece, el resto está en peligro. Uno pensaría que esto haría cautelosos a los autores, pero, al igual que un jugador del naipe, los aturdidos necios se malogran. Una mano afortunada o dos les tienta; no pueden dejar de jugar hasta que están perdidos. Con tímidos temores, una musa empieza, como una mocita recién incitada al pecado; pero, una vez siente las cosquilla de la loa, por su buena voluntad, la lasciva necia ya no querrá quedar quieta. Esta noche, aquí topareis con una vieja amante, cuyos encantos, antaño, contemplasteis con deleite; pero, últimamente, habéis conocidos tales sucias zarrapastrosas; que una musa de mejor clase se avergüenza de teneros. La natura bien dibujada y la agudeza deben ahora ceder su lugar a la vistosa necedad y a la sosa mueca. No es extraño que os guste tanto ese tipo de agudeza, pues el de la mayoría es así. Pero me temo que, mientras vamos a Francia a traer a casa hermosos trajes, bailes y comedias, las tablas, como vuestras mercedes, serán más pisaverdes todavía. ¿Por qué habríamos de traer las heces de mercaderías extranjeras cuando podemos proveernos con tanta holgura en propia casa? Pues, gracias al Cielo, no es este un siglo tan sabio como para que vuestras necedades no puedan proveer el tablado. No hay temor de que el suelo, si bien frecuentemente arado, deba volverse yermo por exceso de laboreo, mientras que, ante vuestras puertas, se encuentran diariamente tales pilas de estiércol con que fertilizar el suelo. Es gracias a vuestras necedades que nosotros, los cómicos, prosperamos, así como los físicos viven de las enfermedades. Y así como, cada año, reina una nueva destemplanza, cuyo veneno amigo ayuda a aumentarles las ganancias, así, entre vuestras mercedes, brota cada día algún necio, otrora ignoto, para que lo representemos. Por lo tanto y por lo que os toca, no seáis demasiado severos, ni condenéis aquí lo que admiráis en casa: Pues que cada uno estima a su fea cara, ¿por qué habríais de romper el espejo cuando os lo sostenemos?
ELENCO
Maese DORIMANTE
hidalgo
Maese MISTURA
hidalgo
El VIEJO BELLAIR
hidalgo
El JOVEN BELLAIR
hidalgo
DON LINDÍN ALEADA
hidalgo
MADAMA VILLAVEGA
hidalga
EMILIA
hidalga
Doña LENCANTA
hidalga
BELINDA
hidalga
MADAMA VILASILVA
hidalga
ENRIQUETA
su hija, hidalga
SOLETA
azafata
AFANOSA
azafata
Un zapatero
Una naranjera
Tres bravoneles desastrados
Dos silleteros
Maese RISICAS
un reverendo
MAÑOSO
un camarero
Pajes
Lacayos
AMBAS
AMBAS
AMBAS
TODOS
Ambos
ACTO I
ESCENA I
(Un vestidor. Una mesa cubierta con un pañito, ropas listas.)
(Entra DORIMANTE en bata y chinelas con una nota redactada en la mano, repitiendo versos.)
Dorimante
Siglos ya brillaba, del orgullo hispano
1
el sol, en medio mundo, en vano.
([Mirando a la nota)
[Para Doña Lencanta.] ¡Qué cosa más torpe e insípida es un billet-doux , escrito a sangre fría, pasado el calor del negocio! Es una tasa sobre la buena natura que he estado esforzándome en pagar; y lo he hecho con el mismo remordimiento que jamás haya tenido el fanático al pagar los pechos o los diezmos de la Iglesia. Y tendrá la misma suerte, lo sé, que la de todas sus notas últimamente: no será estimada lo suficientemente amable. A fe que las mujeres tienen razón cuando examinan celosamente nuestras cartas, pues en ellas siempre descubrimos, por vez primera, la decadencia de nuestra pasión. ¡Hola! ¿Quién atiende?
(Entra MAÑOSO.)
Mañoso
Señor—
Dorimante
Llama a un lacayo.
Mañoso
Ninguno de ellos ha venido todavía.
Dorimante
¡Perros! ¿Van a estar roncando hasta el mediodía?
Mañoso
Lo mismo da, señor. Una vez en pie, os mostráis tan indulgente con ellos que se dedican, la mañana entera, a la caza furtiva de putas.
Dorimante
De ahora en adelante, apunta quien falta a su deber y, en la próxima purgación que tenga, se pudrirá como ejemplo. ¿Qué chusma está parloteando fuera?
Mañoso
Ani Botija, la naranjera y Tomás el blasfemo, el zapatero.
Dorimante
Ve; dile a esa jamelga que entre con su cestilla de tripas por delante; la fruta es refrescante por las mañanas.
([Sale MAÑOSO.)
No os amo con menor agrado
Que a vuestros pies postrado.
(Entra la NARANJERA con MAÑOSO.)
¡Saludos, Tripa Doble! ¿Qué nuevas traéis?
Naranjera
¡Nuevas! He aquí la mejor fruta que ha llegado a la Villa este año. ¡Dios! Estaba en pie antes de las cuatro esta mañana y he comprado lo más selecto del mercado.
Dorimante
Los desechos purulentos de vuestra tienda.
Naranjera
No tenéis por qué tenerle aprensión; os aseguro que todo es producto escogido.
Dorimante
Los ciudadanos compran mejor en días feriados, de camino a Tottenham.
Naranjera
Bueno o malo, da lo mismo. Nunca supe que elogiarais nada. ¡Señor! Si las señoras hubieran oído lo que decíais dellas, como yo lo he oído. Vamos, decidle a vuestro criado que me dé una moneda de oro.
([Posa la fruta.)
Dorimante
Devuélvele su fruta a la alcahueta.
Naranjera
¡Hola! Por mi conciencia, que nunca hubo uno como vos. ¡Vida de Dios! Se me olvidaba deciros que una joven señora, llegada no ha mucho a la Villa con su madre, está ¡tan prendada de vos!
Dorimante
¿Tiene partes?
Naranjera
¡Por Dios! que no hay mujeres de mejores prendas, os lo aseguro; y, según dicen, una inmensa fortuna. Vamos, comed este melocotón; es de primera calidad: mejor que cualquiera de Newington que hayáis probado
Dorimante
Esta mujer gallarda, apostaré mi vida en ello, [cogiendo el melocotón] es algún malcompuesto y torpe sapo del campo que, no habiendo más de cuatro docenas de pelos negros en la cabeza, se ha adornado la calvicie con un enorme rizo blanco para que pueda parecer a la moda, frente al palco del Rey, en una comedia vieja.
Naranjera
Por Dios que cambiaríais de nota rápidamente con tan sólo verla.
Dorimante
¿Cómo llegó a conocerme?
Naranjera
Os vio ayer en la Lonja. Me dijo que llegasteis y burlasteis con la mujer de la tienda de al lado.
Dorimante
Cierto, recuerdo que había una máscara observándome. ¿Burlar, dijo?
Naranjera
Sí. Voto a que también me dijo veinte cosas que dijisteis, agitando la cabeza y el cuerpo muy como vos.
(Entra MISTURA.)
Mistura
Dorimante, mi vida, mi gozo, mi caro pecado, ¿cómo estás?
Naranjera
¡Dios! ¡Qué sucias invenciones la de estos hombres, besándose los unos a los otros!
([Escupe.)
Mistura
¿Cómo sufrís que esta carretada de escándalos se os acerque y que haga que vuestros vecinos os crean tan desproveído como para necesitar de una alcahueta?
Naranjera
¡Bien, ahora la vamos a tener! Solamente queríais que él os ayudara; vamos, pagadme por la fruta.
Mistura
Haz que nos sintamos agradecidos por ello, mujercilla. Las alcahuetas están tan anticuadas como los ujieres de saleta: solamente las viejas damas formales usan de los unos, y solamente los viejos pisaverdes emplean a las otras. — Marchaos: no sois sino una insignificante botella de aguardiente.
Dorimante
No, que en ello le hacéis agravio: tres cuartas de canario es su oficio.
Naranjera
Lo que os plazca, hidalgos.
Dorimante
¡Vamos, a él! Dadle tanto bueno como trae.
Naranjera
Que lo cuelguen, no hay mayor pagano en la Villa; eso sí: salvo el zapatero de afuera.
Mistura
Os veré levantar la mano ante el estrado, en la próxima sesión ordinaria, para responder por asesinato, mujercilla. Ese zapatero puede jurar que estáis a sueldo del físico para vender fruta verde a la nobleza y que, crudas, les engendren enfermedades.
Naranjera
Os ruego que me deis mis dineros.
Dorimante
Ni un penique; cuando traigáis aquí a la hidalga de la que hablabais, se os pagará.
Naranjera
¡La hidalga! ¡Por lo que yo sé, la señora puede ser igual de honrada que las hermanas de vuestras mercedes. Por favor, pagadme, Maese Dorimante y no me tratéis tan mal; yo tengo un modo de vida más honrado, vos lo sabéis.
Mistura
¿Hubo jamás alcahueta tan terca?
Dorimante
Algunos trucos de jamelga sí que tiene, pero los enmienda cuando está de buen humor. Vamos, decidme el nombre de la dama y Mañoso os pagará.
Naranjera
No puedo: ella me lo prohibió.
Dorimante
Señal segura de que os quería tener.
Mistura
¿Dónde vive?
Naranjera
Se alojan en mi casa.
Mistura
Pues entonces, está en un modo esperanzado.
Naranjera
Buen Maese Mistura, decid lo que os plazca de mí, pero cuidaos de afrontar mi casa. ¡Así Dios me salve: “está en un modo esperanzado”!
Dorimante
¡Silencio, te lo ruego! ¿Qué clase de mujer es la madre?
Naranjera
Una buena y grave señora. ¡Señor! ¡Cómo pone a los jóvenes salvajes de la Villa! En cuanto a la parte que os toca, os tiene por un demonio encarnado. Por mi conciencia que, si os viera, miraría a ver si tenéis una pezuña hendida.
Dorimante
¿Me conoce?
Naranjera
Tan solo de oídas; mil horrendas historias le han contado de vos y se las cree todas.
Mistura
Por la semblanza se debe tratar de la famosa Madama Vilasilva y su hija Enriqueta.
Naranjera
Se me antoja que el diablo habita en él y le da el don de adivinanza.
Dorimante
¿Las conocéis?
Mistura
Muy bien a ambas; la madre es una gran admiradora de las formas y la civilidad de la época anterior.
Dorimante
A una anticuada belleza se le puede tolerar que no tenga humor para las libertades presentes. Es una buena referencia de la madre. Y, decidme, ¿qué tal la hija?
Mistura
Pues, primero, que es una heredera vastamente rica.
Dorimante
¿Y de partes?
Mistura
Desconozco qué alteraciones doce meses pueden haber obrado en ella, pero, hace un año, era la más bella criatura que jamás he visto; una forma espléndida, fácil, limpia; cabello castaño claro en abundancia; sus rasgos regulares; su complexión clara y vivaz; ojos descocados; pero, sobre todo, una boca que me ha hecho besarla mil veces en mi imaginación: dientes blancos e iguales y bonitos labios carnosos, con algo de humedad colgando siempre dellos, como la rosa de la Provenza en el rosal, antes de que el sol de la mañana haya absorbido completamente el rocío.
Dorimante
¡Rapto, mero rapto!
Naranjera
No, por Dios que os dice la verdad; esa una delicada criatura.
Dorimante
¿Seso tiene?
Mistura
Más de lo ordinario en su sexo y otro tanto de malicia. Luego es tan salvaje como desearíais que fuera y tiene un recato en su persona que lo hace muy sorprendente.
Dorimante
Carne y huesos no pueden escuchar esto y no desear conocerla.
Mistura
Me espanta qué es lo que ha instado a su madre a traerla a la Villa; un viejo y senil protector de doncellas no puede ser más celoso de su amante.
Naranjera
Ella me hizo reír ayer. Había venido a visitarlas un juez y el viejo, según me dijo ella, se la quedó mirando muy fijamente y, cuando la saludó, ¡con qué gusto restalló los labios! ¿Quien lo habría pensado de ellos?
Mistura
¡Dios nos valga, un juez!
Dorimante
Bien merecido le está, los hidalgos togados no han logrado, con un buen ejemplo, enfrentarse al vocinglero pecado de la nación.
Mistura
Vamos, terminad de vestiros; es más tarde de lo que imagináis.
Dorimante
Llama al zapatero, Mañoso.
Naranjera
Buen Maese Dorimante, pagadme. ¡Dios! Preferiría daros mi fruta a quedarme y que ese bribón malhablado me insulte. Lo que los hidalgos decís poco importa; pero un sucio individuo como él es desgracia mayor para una.
Dorimante
Dale diez chelines, y cercioraos de decirle a la joven hidalga que he de trabar su conocimiento.
Naranjera
Ahora estáis deseando tentar a esta linda criatura. Bueno, ¡que el Cielo os enmiende!
Mistura
¡Adiós, aguaza! [Salen NARANJERA y MAÑOSO.] Dorimante, ¿cuándo habéis visto a vuestra pis-aller , como llamáis a Doña Lencanta, por última vez?
Dorimante
No desde hace dos días.
Mistura
Y ¿como están los asuntos entre ambos?
Dorimante
Ha habido mucho parche últimamente, mucho quehacer; nos esforzamos por seguir juntos.
Mistura
Me espanta cómo su poderoso espíritu lo soporta.
Dorimante
Harto estoy, en plena conciencia. Nunca conocí criatura tan violenta.
Mistura
Ella es la más apasionada en el amor y la más extravagante en los celos que cualquier mujer de la que yo haya oído. ¿Qué nota es esa?
Dorimante
Una excusa que voy a enviarle por el abandono del que soy culpable.
Mistura
Leedla, os lo ruego.
Dorimante
No. Pero, si queréis tomaros la molestia, podéis hacerlo vos.
Mistura
[Lee.] “Nunca tuve afición por el negocio, pero ahora tengo justo motivo para odiarlo, puesto que me ha tenido sin veros estos dos días. Tengo intención de visitaros por la tarde y, en el placer de vuestra conversación, olvidar todo lo que he sufrido durante esta tediosa ausencia.” Este negocio vuestro, Dorimante, ha sido con una máscara en el corral de comedias; no os he perdido de vista. Si alguna persona maliciosa os delatara, esta amable nota apenas lograría que hicierais las paces con ella.
Dorimante
No deseo nada mejor.
Mistura
¿Cómo? ¿Acaso el que ella lo supiera os obligaría a vos?
Dorimante
Del modo más infinito. Junto a lo que supone el conocimiento de una nueva amante, amo la riña con una vieja amante. Pero debe ser cosa del Diablo, pues ha habido una calma tal en mis asuntos últimamente que no he tenido el placer de que una mujer siquiera rompiera su abanico, se mostrara mohína o faltara a sus juramentos en estos últimos tres días.
Mistura
Una gran desdicha. Veamos: amo la picardía lo bastante como para promover este asunto yo mismo y lo haré al punto; y aunque sé que la verdad de lo que habéis hecho va a volverla furiosa, yo lo aumentaré en algo con invención, la dejaré con una ataque de la madre y estaré de vuelta aquí antes de que estéis listo.
Dorimante
Quedaos, os lo ruego; podéis ahorraros la labor; el negocio ya lo ha emprendido alguien con la misma destreza y, según creo, con algo más de malicia que vos.
Mistura
¿Y quien, en el nombre del Diablo, puede ser?
Dorimante
Pues la máscara —esa misma máscara con quien me visteis.
Mistura
¿Ama la picardía tanto como para delatarse a si misma para zaherir a otra?
Dorimante
No, claramente, Mistura: os haré comprender el misterio. Para mayor confirmación de lo que le he estado jurando estos dos días atrás, ayer, en el corral de comedias, me hizo que le prometiera, ante su cara, que rompería del todo con Lencanta y, puesto que ha cura de mi reputación y no me permitiría hacer cosa bárbara, ha urdido una manera para ofrecerme una espléndida ocasión.
Mistura
Muy bien.
Dorimante
Ella tiene pensado hacerle esta tarde una visita a Lencanta, sobre una hora antes que yo y (disfrutando del privilegio por razón de una amistad profesa entre ellas) hablar de sus preocupaciones.
Mistura
¿Es una amiga?
Dorimante
¡Oh, una íntima amiga!
Mistura
Mejor y mejor. Continuad, os lo ruego.
Dorimante
Ella pretende, como sin quererlo, insinuar una charla sobre mí y, artificialmente, suscitar sus celos a tal altura que, transportada con los primeros movimientos de pasión, se arroje contra mí con toda la furia imaginable en el momento en que yo entre. Habiendo comenzado la riña de modo tan dichoso, yo he de representar mi papel, confesar y justificar mi villanía, jurar que su impertinencia y mal humor la hace intolerable, asociarla con el primer pisaverde que me venga a la cabeza; y, de mal humor, marcharme, ignorarla y dejársela a quienquiera crea que le merece su tiempo postrarse ante ella.
Mistura
Esta máscara está al día y posee un ingenio que la hace digna de vos, Dorimante.
(Entra MAÑOSO, Zapatero y Lacayo.)
Dorimante
Bribón, que os escabullís como un perro que ha derribado un plato; si no enmendáis vuestros servicios os despojaré de la librea , y os soltaré a la rueda de la fortuna. Mañoso, séllalo y que salga corriendo con él enseguida.
([Salen MAÑOSO y Lacayo.)
Mistura
Puesto que os habéis decidido por la riña, ¿por qué le enviáis esta amable nota?
Dorimante
Para que se quede en casa: por el buen orden del negocio. [Al Zapatero] ¿Y bien, necio borracho?
Zapatero
¡Cuerpo de! No habéis motivo para hablar. No he tenido una botella de vuestro blanco seco en las tripas en estos quince días.
Mistura
La naranjera dice que vuestros vecinos tienen noticia de lo pagano que sois y tienen pensando informar al obispo y que os quemen por ateo.
Zapatero
¡Maldita sea, la pila de estiércol! Si su marido no la aparta, apesta de tal modo que la parroquia tiene pensado llevarlo a juicio por molestia pública.
Mistura
Os aviso como amigo, reformad vuestra vida: os habéis atraído la envidia del mundo por vivir por encima de vuestras posibilidades. Putear y blasfemar son vicios demasiado hidalgos para un zapatero
Zapatero
¡Cuerpo de! Creo que vuesas mercedes, los hombres de calidad, se volverán tan irrazonables como las mujeres, estancaríais los pecados de la nación . Los pobres, en cuanto empiezan a ser malvados, son reprendidos por sus superiores.
Dorimante
Bribón, haré que os pongan en la picota por este libelo.
Zapatero
Algunos lo merecen, estoy seguro. Hay tantos dellos que nuestros jornaleros, en vez de inofensivas baladas, solamente cantan vuestras malditas diatribas
Dorimante
¿Nuestras diatribas, bribón?
Zapatero
Vamos, mi buen señor, ¿por qué no habríais de escribir vuestros propios comentarios al igual que César?
Mistura
El pícaro ha leído, según veo.
Zapatero
Ya sabéis el viejo proverbio: “cerveza e historia”.
Dorimante
Ponedme los zapatos, bribón.
Zapatero
He aquí un zapato.
Dorimante
Se asienta con más arrugas que el ceño de un bravonel airado.
Zapatero
¡Cuerpo de! Tan suave como la piel de vuestra amante en ella misma; meted el pie a fondo. ¡Cuerpo de! Si alguna vez un monsieur de todos ellos hace algo más a la moda, aceptaré con gusto que me rebanen las orejas con mi propia lezna.
Mistura
Y que lo sirvan de colación en ragout , en vez de currutacos a una compañía de zapateros franceses.
Zapatero
¡Alto, alto! ¡Malditos extorsionistas, orugas! ¡Que se alimenten de coles! Vamos, señor, esta mañana vuestra salud me es próxima al corazón.
Dorimante
Id, marchad a casa y gobernad mejor vuestra familia, no permitáis que vuestra esposa os acompañe a la cervecería, golpee a vuestra puta y os conduzca a casa en triunfo.
Zapatero
¡Cuerpo de! No hay nadie en la Villa que viva más como un hidalgo con su esposa que yo. Nunca me interesan sus movimientos, ella nunca inquiere acerca de los míos, hablamos civilmente entre nosotros, nos odiamos de todo corazón y, puesto que es vulgar yacer y sudar juntos, tenemos yacijas separadas.
Dorimante
Dale media corona.
Mistura
No, a menos que prometa emborracharse como un príncipe de sangre.
Zapatero
Borrachez es el vocablo a la vista del mundo, por el honor de mi señor, mozo.
Dorimante
No pervirtáis a mis criados, bribón.
Zapatero
Le hago un mero guiño; él distingue una cervecería de una choza.
([Sale el Zapatero.)
Dorimante
Mis ropas, pronto.
Mistura
¿Dónde comeremos hoy?
(Entra BELLAIR.)
Dorimante
Donde queráis; aquí llega un buen tercer hombre.
Bellair
Servidor de vuestras mercedes.
Mistura
Noble señor, ¿como responderéis desta visita ante vuestra honorable señora? No es de su interés que os juntéis en compañía de hombres de seso que hablarán con cordura.
Bellair
No temo por su perdón, concededme el vuestro por mi descuido reciente.
Mistura
Aunque nos habéis sumido en la tristeza por falta de vuestra buena compañía, para demostraros que estoy libre de resentimiento: que la hermosa causa de vuestra desdicha os dé todas las albricias que los felices amantes han compartido desde que el mundo es mundo.
Bellair
Deseáis que esté en el Cielo, pero me creéis camino del Infierno.
Mistura
Tenéis un fe sólida y buena y eso puede contribuir mucho a vuestra salvación. Yo confieso ser de constitución recalcitrante, tiendo a las dudas y escrúpulos y, en el amor, no son mayor distracción que en la religión. Si yo estuviera tan próximo a un matrimonio, no haría sino gritar en mi coche como con un ataque ¡Cornudo, cornudo! , con furia no inferior a la del fanático loco cuando entona su Gloria en el manicomio de Belén.
Bellair
Porque la religión vuelve locos de atar a algunos ¿he de vivir como un ateo?
Mistura
¿No es gran indiscreción para un hombre de crédito, que puede obtener bastante dinero bajo palabra, el ir y cerrar un trato con judíos, que, por una pequeña suma, hacen que los hombres contraigan obligaciones y cedan bienes?
Bellair
No sigas predicando sobre este pasaje; estoy determinado y no hay esperanza de mi conversión.
Dorimante
[a MAÑOSO, que revolotea su alrededor] Basta de tu innecesario revoloteo; una avispa zumbando junto a la nariz de un hombre en la comida no es más molesta que tú.
Mañoso
Os encanta que vuestra ropa os cuelgue ajustada, señor.
Dorimante
Amo ir bien vestido, señor; y no lo tengo por escándalo para mi entendimiento.
Mañoso
¿Usaréis perfumes o agua de azahar?
Dorimante
Oleré como huelo hoy: no es ofensa para las narices de las damas.
Mañoso
Como gustéis, señor.
Dorimante
¡Que la excelencia de un hombre resida en atarse con galanura una cinta o una corbata! Con qué cuidado natura provee al mundo de los necesarios currutacos.
Bellair
Un traje muy bonito el vuestro, Dorimante.
Dorimante
Me alegra de que cuente con vuestra aprobación.
Bellair
Nadie en toda la Villa tiene mejor arbitrio en el vestir que vos.
Dorimante
Me haréis tener mi genio en estima.
Mistura
Según he oído, hay un gran crítico en estos asuntos, llegado a borbollones desde París
Bellair
Os referís a Don Lindín Aleada.
Mistura
El mismo.
Bellair
Él se tiene por el patrón de la galantería moderna.
Dorimante
Desde luego es el patrón de los pisaverdes modernos.
Mistura
Estuvo ayer en la comedia con un par de guantes que le llegaban a los codos y una peluca con rizos más perfectos que la cabeza de una dama recién vestida para ir al baile.
Bellair
¡Qué ceceo tan lindo tiene!
Dorimante
¡Ja! Eso es porque lo afecta, en imitación de las gentes de calidad de Francia.
Mistura
Su cabeza suele reclinarse hacia un lado y su mirada es más lánguida que la de una dama cuando se recuesta un tanto en su coche o reclina la cabeza, descuidada, en la partición de una cazuela en la comedia.
Dorimante
Ciertamente es una persona de muchas locuras adquiridas.
Mistura
Él es como muchos otros: se debe a su crianza que sea un currutaco tan eminente. Más de un necio se habría perdido para el mundo si sus indulgentes padres no los hubieran dotado de instrucción o de buena crianza.
Bellair
Él ya ha estado, como se dice en barbilindo, “brioso con las damas”. Estuvo ayer en casa de mi tía Villavega y le dio a Doña Lencanta un catálogo de todas las buenas cualidades que convienen al hidalgo cumplido, el cual, de acuerdo con Don Lindín, deberá: vestir bien, bailar bien, tirar bien de espada, tener agudeza para las cartas de amor, una voz agradable para una cámara, ser muy amoroso, algo discreto, pero no demasiado constante.
Mistura
Lindos ingredientes para una persona cumplida.
Dorimante
Me alegra que se fijara en Lencanta.
Bellair
¿Por qué?
Dorimante
Yo quería cargarle en cuenta un pisaverde y este viene pintiparado.
Bellair
Seguro estoy de que ella no ama a nadie sino a vos.
Dorimante
La buena fortuna sería suficiente para hacerme vanidoso, pero soy modesto de natura.
Bellair
Escuchad, Dorimante. Con la venia, Maese Mistura; es un secreto relacionado solamente con una hermosa dama.
Mistura
Vuestra buena crianza, señor, os da demasiados problemas; podríais haberlo murmurado sin toda esta ceremonia.
Bellair
[a DORIMANTE] ¿Cómo se encuentran vuestros negocios con Belinda últimamente?
Dorimante
Es una falsa bagasilla.
Bellair
Vaya, yo la creo lo suficientemente falsa, pero para vuestros propósitos no es peor; estuvo con vos ayer, bajo disfraz, en la comedia.
Dorimante
Allí reñimos y resolvimos no volver a hablarnos.
Bellair
¿La ocasión?
Dorimante
Falta de valor para encontrarse conmigo en el lugar designado. Estas jóvenes aprehenden el amar casi como los jóvenes conciben el luchar al principio; pero, una vez iniciadas, al igual que ellos, al punto se vuelven bravoneles.
(Entra MAÑOSO.)
Mañoso
[a BELLAIR] Señor, afuera vuestro criado desea hablar con vos.
Bellair
Hidalgos, vuelvo enseguida.
([Sale BELLAIR.)
Mistura
Muy lindo individuo éste.
Dorimante
Es apuesto, educado y, con mucho, el más tolerable de los jóvenes que no están sobrados de seso.
Mistura
Siempre bien vestido, siempre complaciente y rara vez impertinente. Vos y él os habéis vuelto muy íntimos, según veo.
Dorimante
Es nuestro mutuo interés el serlo: hace que las mujeres piensen mejor de su seso y juzguen más favorablemente mi reputación. Pasa por ser una persona de muy buen sentido para algunos y yo por una muy civil para otros.
Mistura
¿Qué murmuración es esa?
Dorimante
Una cosa que él habría deseado saber, pero no creía adecuado decirle; podía haberle hecho rehuir sus honorables intenciones de desposarse.
Mistura
Emilia, en su favor hay que decirlo, tiene la mejor reputación de una joven en toda la Villa; y belleza suficiente como para provocar la murmuración. Su compostura carece de afectación, su hablar es modesto: ni censor ni pretencioso como las falsificaciones del siglo.
Dorimante
Es una doncella discreta y creo que nada podrá corromperla salvo un marido.
Mistura
¿Un marido?
Dorimante
Sí, un marido; he conocido a muchas mujeres que estorban la pérdida de su doncellez y, después, no estorban en absoluto hacer cornudos.
Mistura
Esa prudente consideración me lleva a pensar que os ha hecho confirmar al pobre Bellair en la desesperada resolución que ha tomado.
Dorimante
A fe que la poca esperanza que yo encontraba en ella, el estado en que se encontraba ella, han hecho que, por consejo mío, él contribuyera en algo al cambio en la condición della. Entra BELLAIR. Querido Bellair, por los Cielos que creí que te habíamos perdido; los hombres enamorados nunca son dignos de confianza cuando queremos formar compañía
Bellair
Dorimante, estoy perdido; mi criado me ha traído las nuevas más sorprendentes del mundo.
Dorimante
Alguna desdicha peregrina ha caído sobre vuestro amor.
Bellair
Mi padre vino a la Villa anoche y se aloja en la misma casa que Emilia.
Mistura
¿Sabe que es della de quien estáis enamorado?
Bellair
Sabe que estoy enamorado; pero no sabe de quien, salvo que algún necio impertinente me haya traicionado.
Dorimante
Vuestra tía Villavega es vuestra confidente y favorece el negocio.
Bellair
Della no apercibo malos oficios, en absoluto. He recibido una carta en la cual mi padre me ordena que nos encontremos en casa de mi tía esta tarde. Además me informa de que me ha buscado esposa y me insta a decidirme a ser obediente a su voluntad o esperar verme desheredado.
Mistura
Ha llegado vuestro momento, Bellair; nunca se le había ofrecido, a un amante, tal oportunidad de presentar pruebas generosas de su pasión.
Bellair
¿Y cómo es eso, por favor?
Mistura
¡Hola! ¡Que cuelguen la hacienda! Casaos con Emilia sin más y retad a vuestro padre a cumplir sus amenazas; es tan simple como despreciar un coche, humillaros ante un par de chapines, estar descompuesto en compañía de vuestros amigos, ser señalado y compadecido vayáis donde vayáis por todos lo pisaverdes amorosos que conozco … y vuestra fama será inmortal.
Bellair
En mi corazón podría hallar la resolución de no casarme en absoluto.
Dorimante
¡Vergüenza, vergüenza! Eso echaría a perder una buena burla y estafaría a los bienhumorados de la Villa de una ocasión para reírse de vos.
Bellair
La tormenta que he estado esperando tanto tiempo se cierne sobre mi cabeza y empieza a descargar sobre mí; estoy en el potro de la tortura y no puedo hallar descanso hasta que me satisfaga de lo que temo. ¿Dónde vais a comer?
Dorimante
En Long’s o en Locket’s.
Mistura
Que sea en Long’s.
Bellair
Corro a ver a Emilia, e informarme de cómo están los asuntos. Si mis desdichas no son tan grandes como para hacerme inepto como compañía, me uniré a vuestras mercedes.
([Sale BELLAIR.)
(Entra un Lacayo con una carta.)
Lacayo
[a DORIMANTE] Una carta, señor.
Dorimante
El destinatario es correcto: Para Maese Dorimante .
Mistura
Veamos: el garabateo mismo y la letra de una puta de casta.
Dorimante
Conozco la letra; el estilo es admirable, os lo aseguro.
Mistura
Léedla, os lo ruego.
Dorimante
[Lee.] “Os dije que no me hamabais, que si no, mabriais bisitao denantes. No tengo dineros y estoy muy maláncolica; por favor me mandéis una guinea para ir a ber las operis. Criada buestra, Marica.”
Mistura
Por favor, que la puta reciba un respuesta favorable, para que pueda lucirla en una caja y honrar su profesión.
Dorimante
Así lo hará y galleará con la cabeza erguida. ¿Se encuentra el coche en el portal?
Mañoso
No me pedisteis que mandara venir uno.
Dorimante
¡Lerdo eterno! [MAÑOSO hace por salir.] ¡Eh, zote!
Mañoso
¿Me llamabais, señor?
Dorimante
¿Espero que no tendréis justa objeción al nombre, señor?
Mañoso
Tengo sentido, señor.
Dorimante
No más que una mosca en invierno. —¿Cómo habéis venido, Mistura?
Mistura
En una silla.
Lacayo
Podéis tener un coche de alquiler, señor.
Dorimante
Puedo cabalgar el elefante si me place, señor. Llamad a otra silla y que mi coche nos siga hasta Long’s.
([Salen cantando «Habed calma, oh antepasados», etc.)
ACTO II
ESCENA I
(Entran MADAMA VILLAVEGA y EMILIA.)
Madama Villavega
Temí, Emilia, que se hubiera descubierto todo.
Emilia
Tiemblo con esa aprensión todavía.
Madama Villavega
¡Que mi hermano fuera a alojarse en la misma casa en la que vos estáis!
Emilia
Suerte hubo de disponer de tiempo suficiente para avisar a la gente que mantuviera el secreto; parece ser un viejo de bastante buen humor.
Madama Villavega
Siempre tuvo una notable inclinación por la risa.
Emilia
Me llama “bribona”, dice que no me puede soportar y no hace sino darme palmadas.
Madama Villavega
Entonces, palabra de que gozáis muy de su favor.
Emilia
Ha estado muy inquisitivo, según me dicen, sobre mi familia, mi reputación y mi fortuna.
Madama Villavega
Cierta estoy de que no sospecha la más mínimo que sois la mujer de la que su hijo está enamorado.
Emilia
Entonces ¿por qué habría de informarse sobre mí con tantos particulares?
Madama Villavega
Él mismo siempre fue de temperamento muy amoroso. Puede que esté sufriendo un ataque de mimo, ¿quién sabe?
Emilia
No puede ser.
(Entra el JOVEN BELLAIR.)
Madama Villavega
Aquí viene mi sobrino. ¿Dónde dejasteis a vuestro padre?
Joven Bellair
Escribiendo una nota, dentro. Emilia, esta temprana visita hace parecer que algún tipo de celos no os deja descansar en casa.
Emilia
El conocimiento que he de mi rival me da algún motivillo para temer por vuestra constancia.
Joven Bellair
¡Mi constancia! Juro—
Emilia
No juréis. — Nuestro amor es frágil como nuestra vida, y tan poco en nuestro poder. ¿Estáis seguro de sobrevivir a este día?
Joven Bellair
No lo estoy; pero cuando nos hallamos en perfecta salud sería ocioso asustarnos con pensamientos de muertes repentinas.
Madama Villavega
Decidme, os lo ruego, ¿qué ha pasado entre vos y vuestro padre en el jardín?
Joven Bellair
Está firme en su resolución y me dice que he de desposar a Doña Enriqueta o jura que se desposará el mismo y me desheredará. Cuando vi que no podía persuadirle para que fuera más indulgente, fingí obediencia a su voluntad, lo que ha domado sus pasiones y nos dará tiempo —y espero que la oportunidad— para burlarle.
(Entra el VIEJO BELLAIR con una nota en la mano.)
Madama Villavega
Silencio, aquí llega.
Viejo Bellair
Quique toma esto y que tu criado lo lleve en mi nombre al gabinete de Maese Truffa, mi abogado, en el Temple. [Sale JOVEN BELLAIR. [a EMILIA] Vecina, por Dios que me alegra verte aquí. Tenla en mucha estima, hermana; es una de las mejores entre vuestras conocidas. Me gusta su porte y su conducta; tiene una modestia que no es común en este siglo. Por Dios, que la tiene.
Madama Villavega
Conozco su valor, hermano; y la estimo en consecuencia.
Viejo Bellair
Recomendadle que luzca más alegría en el rostro. ¡Por Dios, es demasiado seria!
Madama Villavega
Falta muy excusable en una mujer joven.
Viejo Bellair
¡No, por Dios! No me gusta menos por ello. Una belleza melancólica tiene sus encantos; amo una linda tristeza en un rostro que varía de tanto en tanto, como los colores mudables, y se troca en sonrisa.
Madama Villavega
Se me antoja que habláis con mucho sentimiento, hermano.
Viejo Bellair
Sabéis, no tengo sino cincuenta y cinco años, hermana, ¡una edad no del todo insensible! [a EMILIA] Ánimo, corazón: tengo un secreto que contarte que, quizás, te alegre. Nosotros tres haremos una colación pronto y, mientras tanto, silencio: no puedo soportaros, marchaos, no puedo soportaros. Entra el JOVEN BELLAIR. ¡Quique, venid! Tenéis que ir conmigo a casa de Madama Vilasilva. Le voy a soltar el muchacho a una amante.
Joven Bellair
Una esposa, señor, querréis decir.
Viejo Bellair
No hay por qué estar tan mohíno, señor: una esposa no es una maldición si aporta las bendiciones de una buena hacienda. Pero una casquilucia ociosa de ciudad, con un rostro pintado, una reputación podrida y una fortuna cascada, ¡por Dios!, eso es el demonio y toda su parentela; y, según me dicen, es con una de esas con la que estáis coaligado.
Joven Bellair
No puedo evitar las murmuraciones, señor.
Viejo Bellair
¡Nada! ¡Malhayan sus calzones! Hay suficientes necios protectores para tales presuntuosas bagasas y aún son demasiado buenos para ellas. [a EMILIA] Acuérdate de esta noche. Marchaos, sois una bribona, sois una bribona. Id con Dios, id con Dios; vamos, vamos, vámonos, señor.
([Salen el VIEJO y el JOVEN BELLAIR.)
Madama Villavega
A fe que el viejo avanza a buen paso; apostaré mi vida a que está malparado.
Emilia
No es sino el placer de su humor.
Madama Villavega
Yo lo conozco mejor que vos. Dejad que obre, puede ser afortunado.
(Entra un Paje.)
Paje
Señora, Maese Mistura me ha enviado para averiguar si una visita no sería un estorbo esta tarde.
Madama Villavega
Decidle, de parte mía, que sus visitas nunca lo son.
([Sale el Paje.)
Emilia
Es un hombre muy agradable.
Madama Villavega
Es un hombre muy necesario entre nosotras las mujeres; nada escandaloso, perpetuamente pendiente de juntar buena compañía y siempre dispuesto a llenar un hueco en el juego del hombre. Por lo demás, se sabe todos los chismes de la Villa.
Emilia
Me encanta escucharle hablar de las intrigas. Por muy aburridas que puedan ser, él las hará placenteras con su modo de relatarlas.
Madama Villavega
Pero mejora las cosas tanto que una no puede fiar la verdad de él. Maese Dorimante jura que una mosca o un gusano no se vuelve más monstruoso con una lente de aumento de lo que se vuelve una historia cuando la cuenta él.
Emilia
¡Silencio! Aquí viene.
(Entra MISTURA.)
Madama Villavega
Maese Mistura.
Mistura
Servidor de vuesa merced, señora.
Madama Villavega
Os habéis convertido en un extraño últimamente.
Emilia
Creo que tuvisteis una hartura del juego del hombre la última vez que estuvisteis aquí.
Mistura
A fe que acabé con un hartazgo de esa arpía Madama Mano. Nunca vi jugador más insaciable a las cartas, un viejo jugador de glic nunca se ha sentado a la mesa con mayor gusto que ella. He jugado con ella al menos una docena de veces hasta agotar su fina complexión y que su postizo en media luna se negara a seguir rizado.
Madama Villavega
No la culpéis, pobre mujer; no hay nada que ame más que un as negro.
Mistura
¡El placer que he visto en ella cuando tiene esperanza de sacar un matador!
Emilia
Es una diversión tan linda para ella, como para vos el persuadir a las máscaras que se las quiten para hacer descubrimientos.
Madama Villavega
Decidme, os lo ruego, ¿dónde está vuestro amigo, Maese Dorimante?
Mistura
Atendiendo a sus negocios. Es hombre de enorme empleo: tiene más amantes ahora dependiendo de él que causas el más eminente de los abogados de Inglaterra.
Emilia
Aquí ha estado Doña Lencanta, tan desasosegada y malhumorada estos dos últimos días.
Madama Villavega
¡El amor y los celos bullen de modo peregrino en esa pobre mujer!
Mistura
No podía haber escogido, en toda la tierra, un demonio más apto para atormentarla; ya le ha hecho romper una docena o dos de abanicos, hacer trizas una decena de encajes y destruir cintas y lazos sinnúmero.
Madama Villavega
Dicen que le ofreció una agradable serenata la otra noche
Mistura
Una serenata danesa, con timbales y trompetas.
Emilia
¡Oh, qué barbaridad!
Mistura
¡¿Cómo?! ¿Os contáis entre el número de damas cuyos oídos se han vuelto tan delicados a partir de nuestras óperas que nada os encanta sino flutes douces y oboes franceses?
Emilia
No burléis y decidnos si ha surgido algún nuevo ingenio, canciones o novelas.
Mistura
Una pieza de galantería muy bonita de un eminente autor, titulada Las diversiones de Bruselas , de lectura muy necesaria para todas las viejas damas que desean mejorar en preguntas y órdenes, la gallina ciega y otros tales recreos de moda.
Emilia
¡Oh, qué ridículo!
Mistura
Luego está El arte de la afectación , escrito por una antigua belleza de calidad, enseñándoos como subir los pechos, estirar el cuello, proyectar el justillo, jugar con la cabeza, levantar la nariz, morderos los labios, girar los ojos, hablar en un tono necio y suave de voz y usar todas la necias palabras francesas que, infaliblemente, tornarán vuestra conversación en algo cautivador; con una breve apología, al final, a favor de las jóvenes damas con la mala fama de lavarse y pintarse aunque tengan, de natural, buenas complexiones.
Emilia
¡Cuántas cosas nos contáis!
Mistura
Las que se permite la Villa, señora. Los rusos, sabiendo del gran respeto que tenemos por la danza extranjera, enviaron hace poco algunos de su mejores bailarines: se encuentran ahora practicando un famoso ballet que, en nada, se verá en el Jardín de los Osos.
Madama Villavega
Por favor, dispensadnos de estas historias ociosas y dadnos una relación del estado actual del amor.
Mistura
En verdad, ha habido algunas revoluciones en esos asuntos, mucho negociar y traficar entre los viejos —y algunos nuevos— amantes, a quienes la malicia, indiscreción o mala suerte han metido, afortunadamente, en el juego.
Madama Villavega
¿Qué os parece si pasamos a la siguiente pieza y nos sentamos antes de que deis comienzo a este negocio?
Mistura
Estoy a vuestro servicio, y espero (aunque las mujeres no suelen ser razonables) que, con la cantidad de chismes que os descubriré, os daré gran contento, señoras.
([Salen.)
ESCENA II
(Entran DOÑA LENCANTA y SOLETA. DOÑA LENCANTA, levantando una carta, luego sacando su lente de bolsillo y mirándola.)
Lencanta
Soleta.
Soleta
Señora.
Lencanta
Me detesto a mi misma. Tengo tan mal aspecto hoy.
Soleta
Detestad la malvada causa dello: ese hombre vil, Maese Dorimante, que hace que os atormentéis e irritéis continuamente.
Lencanta
A fe que él tiene la culpa.
Soleta
¡Culpa de estar dos días sin enviar recado, escribir o acercarse a vos, en contra de su juramento y Alianza!. ¿Qué sentido tuvo hacerle jurar? No hay un solo artículo que no haya violado: ha hablado con las máscaras en el patio de mosqueteros, ha acompañado a las damas desde las cazuelas hasta sus coches, ha ido tras el tablado y adulado a esas pobres insignificante criaturas, las actrices. Segura estoy de que es imposible sufrir un hombre de temperamento inconstante como el suyo.
Lencanta
Sé que es un demonio, pero todavía tiene algo del ángel sin borrar de su rostro, lo que lo hace tan cautivador y agradable que he de amarle por muy malvado que sea.
Soleta
Que poco se me antojaba, señora, ver vuestro espíritu domesticado hasta tal grado; vos, que desterrasteis al pobre Maese Sinelseso por sólo recoger el abanico de otra dama en vuestra presencia.
Lencanta
Mi conocimiento de tales necios odiosos contribuye a que ame más a Dorimante.
Soleta
Vuestro conocimiento de Maese Dorimante, según yo lo veo, debería más bien hacer que odiarais a toda la humanidad.
Lencanta
Y así es, aparte de él mismo.
Soleta
Decidme, por favor, ¿qué excusa da en su carta?
Lencanta
Ha tenido negocios.
Soleta
“Negocios”, en término generales, no habría servido de excusa corriente en otro. Un hombre a la moda siempre está muy ocupado cuando persigue una nueva amante.
Lencanta
Algún pisaverde os ha sobornado para que lo vilipendies. Él tenía negocios, yo le creeré y le perdonaré.
Soleta
Vos podéis perdonarle lo que sea; pero yo nunca le perdonaré que me haga objeto de ridículo como, según he oído, hace.
Lencanta
Percibo que os encontráis entre el número de las necias a las que su ingenio ha vuelto sus enemigas.
Soleta
Yo me encuentro entre aquellas que él se complace en vilipendiar, señora; y, de creer a Maese Menealabanico y Maese Vayacabriolas, a veces, él hace burla de vos entre las risas de sus compañeros.
Lencanta
Los lerdos son tan maliciosos para los hombres de ingenio como las mujeres feas para las hermosas. Es su interés y hacen de difamarlos su negocio.
Soleta
Desearía que Maese Dorimante no hiciera del difamaros su negocio.
Lencanta
Y si lo hiciera preferiría ser infame por él que deberle mi reputación a la torpe discreción de esos pisaverdes de los que habláis. Entra BELINDA. ¡Belinda!
([Corriendo hacia ella.)
Belinda
Querida.
Lencanta
Habéis estado desagradable últimamente.
Belinda
¡No digáis desagradable, decid desdichada!
Lencanta
Podría reprenderos. ¿Dónde habéis estado estos dos últimos días?
Belinda
Compadecedme más bien, querida; pues he estado tan cansada con dos o tres hidalgas campestres, cuya conversación ha sido más insufrible que un violín campestre.
Lencanta
¿Son parientes?
Belinda
No, galesas que conocí cuando estuve el año pasado en Saint Winfred. Me han hecho mil preguntas sobre las modas y las intrigas de la Villa y yo les he dicho otras tantas cosas, a modo de nuevas, que apenas si lo eran cuando sus batas estaban de moda.
Lencanta
Criaturas provocadoras, ¿cómo pudisteis sufrirlas?
Belinda
Ahora, a proseguir con mi trama. Nada sino el amor podría hacerme capaz de tanta falsedad. Es hora de empezar porque, si no, vendrá Dorimante antes de que, a ella, los celos le hayan picado.
Lencanta
¿Visteis a Dorimante allí?
Belinda
Sí; y me imagino que estabais vos con él, aunque no tengo pruebas de ello.
Lencanta
¿Qué os hace pensarlo?
Belinda
Una dama enmascarada en un lindo déshabillé , con quien Dorimante conversó con mayor respeto de lo corriente entre galanes y una máscara común.
Lencanta
Dorimante en una comedia, conversando con una máscara ¡oh, cielos!
Belinda
Bien.
Lencanta
¿Permaneció allí todo el rato?
Belinda
Hasta que acabó la comedia; y luego la condujo afuera, lo que me confirma que erais vos.
Lencanta
¡Traidor!
Soleta
Ahora podéis creer que tenía negocios y podéis perdonarle también.
Lencanta
¡Desagradecido, perjuro!
Belinda
Muy preocupada parecéis, querida. Me temo que os dicho, sin querer, lo que mejor debería haber ocultado por vuestro sosiego.
Lencanta
¿Qué formas tenía?
Belinda
Alta y delgada, muy gentil de movimientos; cierto que ha de ser persona de condición.
Lencanta
¡Que la vergüenza y la confusión permanezcan en su rostro cuando lo muestre!
Belinda
Yo culparía a vuestra discreción por amar ese salvaje, querida; pero dicen que tiene unas maneras tan hechizadoras que pocas de quienes le conocen pueden defender su corazón de él.
Lencanta
Lo arrancaré de mi corazón o moriré en el intento.
Belinda
Sed más moderada.
Lencanta
¡Ojala tuviera puñales, dardos o flechas envenenadas en el pecho tan solo para poder apartar los pensamientos que de él albergo!
Belinda
¡Vergüenza, vergüenza! Vuestros transportamientos son violentos en demasía, querida. Puede que no se trate sino de galantería accidental y, probablemente, terminó en su coche.
Soleta
Si no se detuviera ahí, confortaos pensando que la conducta, que Maese Dorimante afecta, hará que pronto conozcáis a vuestra rival. Diez a uno que os permitirá verla arruinada y su reputación expuesta a la Villa; una dicha que nadie le envidiará sino vos, señora.
Lencanta
¡Quienquiera que sea, todo el daño que le deseo es que le ame como yo y que le dé las mismas causas para odiarlo que a mí!
Soleta
Nunca dudéis del final de vuestra maldición, señora.
Lencanta
¡Que todas las pasiones suscitadas por amor desdeñado, celos, indignación, rencor y sed de venganza ardan en su alma eternamente, como lo hacen ahora en la mía!
([Camina arriba y abajo con aspecto trastornado.)
(Entra un Paje.)
Paje
Señora, Maese Dorimante.
Lencanta
No he de verle.
Paje
Le dije que os encontrabais en casa, señora.
Lencanta
Decid que mentisteis, decid que estoy ocupada, cerrad la puerta, decid lo que sea.
Paje
Helo aquí, señora
(Entra DORIMANTE.)
Dorimante
Prueba la muerte quien al Cielo arriba,
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Mas nosotros abordamos este paraíso en vida.
[a LENCANTA] ¡Hola!, ¿bailando, el caballito galopante sin violín? [Hace ademán de cogerla por la mano, ella le aparta de golpe y sigue caminando.] Este desasosiego del cuerpo me infunde temor, señora, [persiguiéndola] de que proceda de una falta de sosiego de la mente. ¿Qué desgraciado accidente os malhumora: un punto mal lavado, nudos echados a perder a la hora de componerlos, cabello mal tintado o alguna otra pequeña equivocación a la hora de aderezaros?
Soleta
Una fruslería, en mi opinión, señor; mucho más inconsiderable que cualquiera de las que mencionáis.
Dorimante
¡Oh, Doña Soleta! Nunca os supe lo suficientemente mohína como para permanecer callada; vamos, informadme del negocio.
Soleta
El negocio, señor, es el negocio que os ha acaparado estos dos últimos días. ¡Cómo os he visto reíros de los hombres de negocios y ahora vos mismo os habéis vuelto un hombre de negocios!
Dorimante
No somos dueños de nuestros propios afectos; nuestras inclinaciones cambian de día en día. Ahora amamos el placer y al punto adoraremos el negocio: la flaqueza humana así lo quiere y ¿quien puede evitarlo?
Lencanta
¡Infiel, inhumano, bárbaro!
Dorimante
Bien, ahora suena la alarma.
Lencanta
Sin sentido del amor, del honor o de la gratitud, decidme —pues habré de saberlo- ¿con qué demonio, enmascarada que iba, estuvisteis en la comedia ayer?
Dorimante
A fe que estaba tan resuelto a saberlo como vos, pero el demonio era obstinado y no quiso decírmelo.
Lencanta
¡Falso en esto como en vuestros juramentos para conmigo! Vos lo sabéis.
Dorimante
La verdad es que hice todo lo posible por saberlo.
Lencanta
¿Y os atrevéis a admitirlo a mi cara? ¡Furias e infierno!
([Hace pedazos su abanico.)
Dorimante
Perdonad a vuestro abanico, señora: os estáis acalorando y os hará falta para refrescaros.
Lencanta
¡Que el horror y la locura se apoderen de vos, que la pena y el remordimiento reconcoman vuestra alma y castiguen todos vuestras perjurios para conmigo!
([Solloza.)
Dorimante
Cual el trueno nubes hiende
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y, a la lluvia, el paso tiende.
[Volviéndose a BELINDA. Belinda, vos sois el demonio que ha suscitado esta tormenta. Vos estuvisteis en la comedia ayer y habéis estado haciéndole descubrimientos a vuestra querida amiga.
Belinda
Sois el hombre más equivocado del mundo.
Dorimante
Así ha de ser y aquí juro venganza. Resuelvo seguiros y perseguiros con mayor impertinencia de la que jamás amoroso pisaverde lo hiciera con su amante; os daré caza en el Parque, seguiré vuestro rastro en el prado del Mall, os seguiré el rastro a las visitas, me apareceré ante vos, como un fantasma, en las comedias y en el gabinete privado, colgaré mi nariz de vuestro cuello y hablaré con vos, lo queráis o no; y os miraré siempre con ojos mortecinos, hasta que vuestras amistades tengan celos de mí, os expulsen de la Villa y hagan que el mundo sospeche de vuestra reputación. [En voz más baja. De aquí saldremos a casa de Madama Villavega.
([Mira amablemente a BELINDA.)
Belinda
Me encontraré con vos allí.
Dorimante
Basta.
Lencanta
Apartaos, no habréis de fijar vuestra mirada en ella así.
([Apartando a DORIMANTE de un empujón.)
Dorimante
¡Bien! Ya hay una celosa.
Lencanta
¿Es esta la constancia que jurasteis?
Dorimante
¡Constancia a mis años! No es virtud de esta temporada; igual os daría esperar a que la fruta que madura en otoño lo haga en primavera.
Lencanta
¡Monstruoso principio!
Dorimante
La juventud tiene un largo viaje por delante, señora. De haberme detenido en la primera venta en la que paré, nunca habría llegado a la felicidad que ahora disfruto.
Lencanta
¡Hipócrita, maldito hipócrita!
Dorimante
Lo soy, lo confieso; la buena naturaleza y los buenos modales me corrompen. Soy honesto en mis inclinaciones y no querría, salvo para evitar una ofensa, hacer que una dama algo entrada en años crea que la tengo por joven, equivocar a propósito arte por natura y parecer tan aficionado a una cosa como que estoy hastiado della cuando la adoraba en serio.
Lencanta
¡Hombre falso!
Dorimante
¡Mujer verdadera!
Lencanta
¡Ahora empezáis a mostraros de verdad!
Dorimante
El amor nos dora por encima y, por un tiempo, nos hace mostrar cosas hermosas el uno al otro; pero pronto el oro se desgasta y vuelve a verse el latón nativo.
Lencanta
Pensad en vuestros juramentos, en vuestros votos y protestas, perjuro.
Dorimante
Los hice cuando estaba enamorado.
Lencanta
¿Y por tanto no deben ligaros? ¡Oh, impío!
Dorimante
Lo que juramos en momentos así puede, hasta cierto punto, ser prueba de una pasión presente, pero, a decir verdad, en el amor no hay seguridad alguna a futuros.
Lencanta
¡Horrendo y desagradecido! Marchaos y no volváis a verme.
Dorimante
Yo no soy uno de esos currutacos molestos que, porque fueron bien recibidos una vez, se arrogan el privilegio de agobiar a una mujer con su amor desde ese instante. Os obedeceré, señora, aunque me inflija algo de violencia.
([Hace ademán de irse y LENCANTA lo retiene de un tirón.)
Lencanta
Volved, no os marcharéis. ¿Podréis tener la mala natura de intentarlo?
Dorimante
Cuando el amor enferma, lo mejor que podemos hacer es darle muerte violenta; yo no puedo soportar la tortura de una pasión prolongada y consuntiva.
Lencanta
¿Podéis pensar que el mío es enfermizo?
Dorimante
¡Oh, desesperadamente enfermo! ¿Qué peores síntomas puede haber sino que estéis siempre desasosegada cuando os visito, que busquéis reñir conmigo por las ocasiones más nimias y que, en mi ausencia, estéis amablemente escuchando las impertinencias de todo necio de moda que habla con vos?
Lencanta
¿Qué necio de moda podéis apuntar en mi cargo?
Dorimante
Vaya, pues el gallo-necio de todos los necios, Don Lindín Aleada.
Lencanta
En mi vida lo he visto sino una vez.
Dorimante
Peor mujer sois, entonces, que la primera vez que lo veis os adornáis de todos vuestros encantos para entretenerlo con esa suavidad de vuestra voz y toda esa descocada amabilidad de vuestros ojos, que es notorio que afectáis cuando planeáis una conquista.
Lencanta
La malicia nunca inventó una mentira tan condenada. ¿Quién os lo dijo?
Dorimante
No importa. ¡Que alguna vez haya podido amar a una mujer que es capaz de adorar una cabriola insensata, una chabacana cinta francesa y una corbata formal!
Lencanta
Me volvéis loca.
Dorimante
Una conciencia culpable puede hacer mucho; adelante, sed la maestra de juegos de la Villa y dad entrada a todos nuestros jóvenes pisaverdes tan pronto lleguen de viaje.
Lencanta
¡Vil e insidioso!
Dorimante
¡Una hermosa reputación mortificante habrá de ser para una mujer de vuestro orgullo, ingenio y calidad!
Lencanta
Estos celos son mero pretexto, un maldito ardid inventado por vos, os conozco.
Dorimante
Creedlo y todo lo malo que podáis de mí: no querría que una mujer pensara bien de mí lo más mínimo, si puede pensar bien de Lindín. Adiós; adelante y que os aproveche con vuestro currutaco.
Lencanta
Quedaos, ¡oh! quedaos y os lo diré todo.
Dorimante
Ya se me ha dicho demasiado.
([Sale DORIMANTE.)
Lencanta
Llamadle, que vuelva.
Soleta
Dejad que se vaya: de buena os libráis.
Lencanta
Corred, digo. Quiero que se le llame.
Soleta
El Diablo habría de llevárselo primero por lo que a mí me afecta.
([Sale SOLETA.)
Belinda
Él me ha asustado de la mera idea de amar a los hombres. Por el amor del Cielo, querida, no le descubráis lo que os he dicho; temo su lengua tanto como vos deberíais haber temido su amistad.
(Entra SOLETA.)
Soleta
Se ha ido, señora.
Lencanta
¡Que un rayo lo parta!
Soleta
Cuando le dije que deseabais que volviera, se sonrió, me hizo una mueca, se metió de golpe en su coche y dijo—
Lencanta
¿Qué dijo?
Soleta
“En marcha, cochero” y entonces repitió unos versos.
Lencanta
Así hubiera hecho contrato con una bruja la primera vez que recibí a este demonio mayor, monstruo, bárbaro. ¡Podría desgarrarme a tiras! La venganza, nada sino la venganza podrá aliviarme. La peste, la guerra, el hambre, el fuego, todo lo que pueda acarrear la ruina universal y la miseria sobre la especie humana, con gusto perecería si os tuviera en mi poder en este momento.
([Sale LENCANTA.)
Soleta
Seguidla, señora; no la abandonéis en esta pasión desaforada.
([SOLETA recoge las cosas.)
Belinda
Me ha dado las pruebas que deseaba de su amor.
417
Pero prueba también es de su mala naturaleza;
Quisiera no haberle visto usarla con tal rudeza.
Suspiro al pensar Dorimante pueda, sí,
volverse tan pérfido y cruel para mí.
([Salen.)
ACTO III
ESCENA I
(Los aposentos de Madama Vilasilva.)
(Entran ENRIQUETA y AFANOSA, su criada.)
Afanosa
¡Querida señora! Dejadme que ordene ese rizo.
Enriqueta
¡Déjame! ¡Los voy a desordenar todos a base de agitarlos!
Afanosa
¿Nunca habréis de abandonar este salvajismo?
Enriqueta
No me atormentes.
Afanosa
¡Mirad! He aquí un nudo que cae.
Enriqueta
Déjalo caer.
Afanosa
Sólo un alfiler, querida señora.
Enriqueta
¡Cómo sufro día tras día bajo tus oficiosos dedos!
Afanosa
¡Ah, la diferencia que hay entre vos y Madama Lozana! ¡Que desasosiego le entra si lo más mínimo está fuera de sitio!
Enriqueta
Es en verdad muy exigente; nunca carece del menor ápice para resaltar su fealdad
Afanosa
Así dicen los burlones.
Enriqueta
Sus afeites, pinturas y lunares nunca dejan de atraer en público las lenguas y las miradas de todos los hombres.
Afanosa
Cierto que es algo demasiado pretenciosa.
Enriqueta
¡Que la mujeres sean tan valoradas por la belleza a pesar de la natura como algunos hombres lo han sido por la agudeza!
Afanosa
Espero, si no es ofensa, que una pueda intentar hacerse agradable.
Enriqueta
No cuando es imposible. Pues las mujeres no deberían tener entonces mayor inclinación por el vestirse que los necios por el hablar. Cintas y modestia, máscaras y silencio, cosas que ensombrecen y ocultan: no deberían pensar en nada más.
Afanosa
¡Jesús! Señora, ¿qué habrá de pensar vuestra madre, en lo que os habéis vuelto? Por el amor del Cielo, volved adentro.
Enriqueta
No lo haré.
Afanosa
Esto es lo más extravagante que habéis hecho en vuestra vida: abandonarla a ella y a un hidalgo que ha de ser vuestro marido.
Enriqueta
¡Mi marido! ¿Tan poco seso tienes como para pensar que yo decía lo que pensaba cuando la volví loca de alegría en el campo con una reverencia grave y “Lo que os plazca, señora, siempre seré obediente”?
Afanosa
Vamos, os desconozco, tenéis tantas tretas.
Enriqueta
Y esta fue una para conseguir que viniera a Londres y no otra cosa, te lo aseguro.
Afanosa
¡Bueno! Pues el hombre, según yo lo veo, es un hombre apuesto.
Enriqueta
Cierto que el hombre viste sus ropas a la moda y le adorna una linda negligencia, es muy cortés y muy afectado, hace reverencias y habla y sonríe tan agradablemente como piensa.
Afanosa
Nunca vi nada tan gentil.
Enriqueta
Bien barnizado de buena crianza, más de un lerdo ofrece un espectáculo tolerable.
Afanosa
Me espanta que no os guste.
Enriqueta
Creo que podría llegar a soportarlo; y eso es todo lo que una mujer razonable debe esperar de un marido; pero hay una obligación en el caso y, como la altiva Merab,
Encuentro gran aversión en mi mente y ceño,
criada con lo que ha de prometido y diseño.
Afanosa
¡Desearía que no diseñarais vuestra propia ruina! En parte adivino vuestras inclinaciones, señora —que Maese Dorimante—
Enriqueta
Dejad de parlotear, y cantad alguna boba canción que otra.
Afanosa
Así lo haré; la canción que tanto amáis desde que visteis a Maese Dorimante.
((Canción))
Cuando Amintas cautivó mi corazón en primacía
mis ovejas insensatas se dispersaron.
Pronto los lobos robaron la mayoría
y así todas ellas presas acabaron.
Ah, que el amor no os domine ahora:
eso es fatal para toda pastora.
A la pasión peligrosa dad huida
o, como yo, estaréis perdida.
Enriqueta
¿Seré yo el pago de una compra por un pariente ambicioso? Yo no he necesidad de tierras. No, yo me entregaré de lleno al amor. Se decreta—
(Entra el JOVEN BELLAIR.)
Joven Bellair
¿Qué generosa resolución estáis tomando señora?
Enriqueta
Sólo la de ser desobediente, señor.
Joven Bellair
Dejadme que junte mis manos con las vuestras en ello.
Enriqueta
Con todo mi corazón; nunca pensé entregaros las mías de tal grado. Aquí, yo, Enriqueta—
Joven Bellair
Y yo, Enrique—
Enriqueta
solemnemente protesto—
Joven Bellair
y juro—
Enriqueta
que yo con vos—
Joven Bellair
y yo con vos—
Ambos
jamás me casaré.
Enriqueta
¡Trato!
Joven Bellair
¡Y no trato! ¿Qué tal os place esta indiferencia ahora?
Enriqueta
Esperáis que me lo tome a mal, según veo.
Joven Bellair
No es antinatural que las mujeres estéis algo airadas si os falla una conquista; aunque despreciaríais al pobre hombre si estuviera en vuestro poder.
Enriqueta
Algunos puede que tengan un ojo como San Bartolomé, lo suficientemente grande como para toda la Feria; pero yo no me cuento entre su número y vos podéis guardaros vuestro pan de jengibre: será más aceptable para la dama cuya querida imagen lleva, señor.
Joven Bellair
He de confesar, señora, que llegasteis con retraso.
Enriqueta
Admitís, pues, que estáis enamorado.
Joven Bellair
Lo admito.
Enriqueta
La confidencia es generosa y, a cambio, casi hallaría el corazón para contaros mis propias inclinaciones.
Joven Bellair
¿Estáis enamorada?
Enriqueta
Sí, con esta querida Villa, hasta tal grado de que apenas puedo soportar el campo en paisajes o en tapices.
Joven Bellair
¿ Sería horrendo tener que volver a toda prisa a Hampshire?
Enriqueta
¡Ah! ¡No lo nombréis!
Joven Bellair
¡En lo que a nosotros toca, creo que llegaremos fácilmente a un acuerdo! ¡Así pudiéramos hacer algo para burlar a las personas graves!
Enriqueta
Si pudiéramos diferir su proceso sumario, estaría bien; una suspensión temporal de sentencia es un buen paso hacia la obtención de un perdón.
Joven Bellair
Si nos rendimos en el juego, estamos perdidos. ¿Qué os parece jugar a botín?
Enriqueta
¿Qué queréis decir?
Joven Bellair
Pretender estar enamorados el uno del otro; servirá para ciertas excusas dilatorias que podemos fingir mejor.
Enriqueta
Hagámoslo, aunque solamente sea por el caro deleite del engaño.
Joven Bellair
¿Podéis hacer vuestra parte?
Enriqueta
Yo no sé qué es amar, pero he hecho lindas observaciones estando, de tanto en tanto, donde se encuentran los amantes. ¿Dónde dejasteis a Sus Gravedades?
Joven Bellair
En la pieza contigua; vuestra madre estaba censurando a nuestro galán moderno.
(Entran el VIEJO BELLAIR y MADAMA VILASILVA.)
Enriqueta
¡Silencio! Aquí llegan. Yo me reclinaré contra esta pared y miraré, tímida, con ojos gachos, mi abanico, mientras vos, como un barbilindo amoroso, me dais conversación según la moda.
Madama Vilasilva
No los excuséis nunca. Vamos, vamos, no era así cuando yo era una mujer joven.
Viejo Bellair
Por Dios, que algo irrespetuosos son.
Madama Vilasilva
Entonces había consideración por la calidad y no se hacía befa de ello por cualquier individuo burlón.
Viejo Bellair
La juventud ha de burlar, por Dios que sí.
Madama Vilasilva
Es ahora de buena crianza no ser civil sino con actrices y mujeres de la Lonja; las tratan tan por encima de su condición, como otras están por debajo de la suya.
Viejo Bellair
¡Malhaya! No sigáis hablando: los bribones tienen el mal hábito de preferir la belleza, la encuentren donde la encuentren.
Madama Vilasilva
Ved a vuestro hijo y a mi hija; han mejorado su conocimiento mutuo desde que entraron en casa.
Viejo Bellair
Por Dios, creo que sí; quedémonos atrás y observemos.
Joven Bellair
Ahora una mirada y unos gestos que puedan persuadirles de que estoy diciendo todas las cosas apasionadas imaginables.
Enriqueta
Vuestra cabeza algo más a un lado; descansad sobre la pierna izquierda y jugad con vuestra mano derecha.
Joven Bellair
¿Así, no?
Enriqueta
Ahora colocad vuestra pierna derecha firme contra el suelo, ajustad vuestro cinto y, luego, mirad en derredor.
Joven Bellair
Algo de ejercicio me hará perfecto.
Enriqueta
Sonreíd y giraos de nuevo hacía mí, muy barbilindo.
Joven Bellair
¿Tomaréis vuestro turno para ser instruida?
Enriqueta
Con todo mi corazón.
Joven Bellair
En un solo movimiento: jugad con vuestro abanico, girad los ojos y luego posad la mirada sobre mí con agrado.
Enriqueta
Así.
Joven Bellair
Ahora abrid el abanico, miradlo y contad las varillas con los dedos.
Enriqueta
¡Muy a la moda!
Joven Bellair
Fijad vuestra mano al seno, sujetad vuestra bata hacia abajo, agitaos un poco, alzad los pechos y dejadlos caer de nuevo, suavemente y con un suspiro o dos, etc.
Enriqueta
Por las buenas instrucciones que dais, sospecho que sois unos de esos observadores maliciosos que vigilan los ojos de la personas y, a partir de miradas inocentes, sacan conclusiones escandalosas.
Joven Bellair
A fe que conozco a algunos que, por puro amor a la picardía, son tan vigilantes como los propios celos y os ofrecerán una relación minuciosa de cada mirada intercambiada en una comedia y en el Círculo.
Enriqueta
No estará de más, ahora, parecer algo cariñosos.
Joven Bellair
Cerrad el abanico, pues, con ambas manos, lleváoslo a la boca, sonreíd y, con un movimiento vivaz, inclinad vuestro cuerpo un poco hacia adelante. Así —abridlo ahora; echaos hacia atrás de repente, cubríos el rostro con él y echaos a reír en voz alta. — ¡Alto! Aspecto grave y empezad a abanicaros — admirablemente bien actuado.
Enriqueta
Creo que soy bastante apta para estas cosas.
Viejo Bellair
Por Dios, que me place.
Madama Vilasilva
Algo promete esto.
Viejo Bellair
¡Vamos! Hay amor en el caso, por Dios que lo hay o va a haberlo. ¿Qué decís, joven señora?
Enriqueta
Todo en buena hora, señor. ¿Esperáis que nos enamoremos de golpe, como los gallos que pelean en cuanto se les coloca juntos? ¡Por Dios, no sois razonable!
Viejo Bellair
Por Dios, bribona, me gusta tu ingenio.
(Entra un Criado.)
Criado
El coche está a la puerta, señora.
Viejo Bellair
Id, salid y tomad el aire juntos.
Madama Vilasilva
¿No venís con nosotros?
Viejo Bellair
¡Pese a tal! Por Dios, tengo negocios y no puedo. Nos encontraremos esta noche en casa de mi hermana Villavega.
Joven Bellair
Va a casa de Emilia. Le oí hablar de una colación.
([Salen.)
ESCENA II
(Entran MADAMA VILLAVEGA, EMILIA y MAESE MISTURA.)
Madama Villavega
Me compadezco de los jóvenes amantes de los que hablamos hace poco; aunque, a decir verdad, su comportamiento ha sido tan indiscreto que merecen ser desdichados.
Mistura
Habéis recibido una relación exacta, desde la gran dama de la cazuela hasta la pequeña vendedora de naranjas.
Emilia
Sois un libelo vivo, una diatriba animada; me espanta que no os hagan trizas.
Mistura
¿Qué os parece establecer una oficina de inteligencia para estos asuntos? El proyecto puede traer dineros.
Madama Villavega
Haríais grandes tratos con la damas del campo.
Mistura
Más de los que Muddiman tiene con sus maridos.
(Entra BELINDA.)
Madama Villavega
Belinda, ¿qué ha sido de vos? No os hemos visto últimamente con vuestra amiga Doña Lencanta.
Belinda
Querida criatura; la dejé, pero no tan tristemente afligida.
Madama Villavega
¿Con su antigua destemplanza, los celos?
Mistura
Dorimante le ha gastado alguna burla nueva.
Belinda
¡Vaya! Ese Dorimante es el peor hombre vivo.
Emilia
Una vez pensé lo mismo.
Belinda
¿Y no seguís pensándolo?
Emilia
¡Cierto que no!
Belinda
¡Oh, Jesús!
Emilia
La Villa le hace gran injusticia y, gracias a él, no volveré a creer lo que diga de un hombre a quien no conozco.
Belinda
¡Me espantáis!
Madama Villavega
Es un hombre de muy buena crianza.
Belinda
Pero de natura extrañamente malvada.
Emilia
Luego es un hombre de mucho ingenio.
Belinda
Pero un hombre sin principios.
Mistura
¡Espléndida cosa, a fe, vuestro hombre de principios!
Belinda
Preferible a los hombres de partes por las mujeres que se preocupan por su reputación y sosiego. Bueno, si tuviera en mente hacer el bobo, él sería el último hombre en el que pensaría.
Mistura
Él ha sido el primero en los favores de muchas damas, aunque seáis tan severa, señora.
Madama Villavega
Cómo haya podido ser como amante lo desconozco, pero es un conocimiento muy agradable, estoy segura.
Belinda
Si hubierais visto, como yo, cómo trató a Doña Lencanta, no lo soportaríais más.
Emilia
¿Cómo? ¿Ha vuelto a reñir con ella?
Belinda
Por la ocasión más nimia; tiene celos de Don Lindín.
Madama Villavega
No lo vio en toda su vida; salvo ayer y yo estaba allí.
Emilia
Por mi conciencia, él es el único hombre de la Villa por quien tiene aversión. ¡Cuan extraordinariamente malhumorada estuvo mientras él le hablaba!
Belinda
Y alguien, con malicia, se lo ha contado.
Emilia
Aquí viene.
(Entra DORIMANTE.)
Mistura
¡Dorimante! La suerte os traído hasta aquí para justificaros —aquí una dama—
Belinda
Tiene una palabra o dos que deciros, de parte de una persona desconsolada.
Dorimante
Sé, señora, que cuidáis demasiado vuestra reputación como para susurrar conmigo ante esta buena compañía.
Belinda
Por servir a Doña Lencanta, me aventuraré.
Dorimante
Aquí está Mistura, el espíritu mismo del escándalo.
Belinda
¡Mismo da!
Emilia
Es algo que no estáis dispuesto a escuchar, Maese Dorimante.
Madama Villavega
Decídselo, Belinda, lo quiera o no.
Belinda
[en voz alta] Doña Lencanta—
Dorimante
Más bajo: son gentes de risas, no los conocéis.
Belinda
En una sola palabra, habéis hecho que yo os odiase, cosa de la que nunca os habría creído capaz.
Dorimante
Obedeciendo vuestras órdenes.
Belinda
¡Fue una parte muy cruel la vuestra! ¿Cómo pudisteis representarla?
Dorimante
Nada hay de cruel para un hombre que podría matarse para complaceros. Recordad, a las cinco, mañana por la mañana.
Belinda
Tiemblo cuando lo decís.
Dorimante
No dejéis de acudir.
Belinda
No lo haré.
Dorimante
Jurad que lo haréis.
Belinda
No me atrevo.
Dorimante
Jurad, digo.
Belinda
¡Por mi vida! Por toda la felicidad que espero —
Dorimante
Lo haréis.
Belinda
Lo haré.
Dorimante
Amable.
Belinda
Me alegra haber jurado, ¡voto a que os habría fallado si no!
Dorimante
¡Sorprendentemente amable! ¿En qué temple dejasteis a Lencanta?
Belinda
Su ira se había casi disipado y estaba emprendiendo un bravo camino de desafiaros a vos y a todas vuestras obras. ¿Donde habéis estado desde que os fuisteis de allí?
Dorimante
Me dejé caer por una partida de naipes.
Belinda
Lo he prometido y debo volver con ella.
Dorimante
Persuadidla para que salga a pasear en el prado del Mall, esta noche.
Belinda
Odia el lugar y no acudirá.
Dorimante
Haced todo lo posible por imponeros.
Belinda
¿Con qué fin?
Dorimante
Don Lindín estará aquí al punto; lo prepararé para que la aborde, allí y delante de mí.
Belinda
La perseguís en exceso; pero haré cuanto me pidáis.
Dorimante
[en voz alta] Decidle claramente: el negocio se ha vuelto tan soso que no lo aguanto más.
Emilia
Hay aflicciones en el amor, Maese Dorimante.
Dorimante
Sois las mujeres quienes las provocáis; generalmente sois, en ello, tan irracionales como en el juego; sin que la ventaja esté de vuestra parte: un hombre no puede nunca salirse tranquilamente cuando está harto.
Mistura
Si actuáis sin tener obligación de complacer, Dorimante, deberíais actuar en lugares públicos.
Dorimante
Las alojerías era buen lugar para ello, pero los hidalgos no las suelen frecuentar últimamente; la comedia profunda se encuentra ahora en las casas privadas.
([BELINDA hace por escabullirse.)
Madama Villavega
Belinda, ¿nos dejáis tan pronto?
Belinda
He de ir al Parque con Doña Lencanta, señora.
([Sale BELINDA.)
Madama Villavega
Esta confidence va camino de arruinar a esta joven criatura.
Mistura
Le hará bien, señora. Los jóvenes que son educados por abogados en ejercicio resultan ser mejores letrados cuando tienen que comparecer, por su cuenta, en las audiencias.
Dorimante
La Villa os ha sido muy favorable esta tarde, Madama Villavega; soléis tener un embarrass de sillas y de coches a vuestra puerta, un tumulto de lacayos en vuestra sala y un ruido de necios aquí arriba.
Madama Villavega
Cierto es que mi casa es el rendezvous general y, junto con el corral de comedias, el refugio común de todos los jóvenes ociosos.
Emilia
La compañía es algo muy bueno, señora; pero me espanta que no la queráis algo más selecta.
Madama Villavega
Es bueno tener un gusto universal; deberíamos amar el ingenio, pero, por amor a la variedad, ser capaces de divertirnos con las extravagancias de los que carecen de él.
Mistura
Los necios os harán reír.
Emilia
Una o dos veces; pero la repetición de sus necedades, tras una visita o dos, se vuelve tediosa e insufrible.
Madama Villavega
Sois algo demasiado delicada, Emilia.
(Entra un Paje.)
Paje
Don Lindín Aleada, señora, desea saber si recibís.
Madama Villavega
He aquí el necio más fresco de la Villa, uno que todavía no os ha saciado. ¡Paje!
Paje
¡Señora!
Madama Villavega
Decidle que nos haga la merced de subir.
([Sale Paje.)
Dorimante
No caigáis sobre él, Mistura, y lo desdeñéis. Apaciguadlo en su extravagancia y así se mostrará mejor.
Mistura
Sabéis que tengo una indulgencia natural por los necios y no necesito esta caución, señor.
(Entra DON LINDÍN ALEADA, con su Paje tras él.)
Don Lindín
Paje, espera afuera. Señora, [a MADAMA VILLAVEGA] os beso las manos. Veo que lo de ayer no tuvo nada de casualidad: las belles assemblées se forman aquí todos los días. [a EMILIA] Señora, servidor vuestro. Dorimante, déjame que te abrace. No miento: no he topado con ninguno de mis conocidos que conserven tanto de París como tú —el mismo aire que tenías cuando el marqués te confundió en la Tullerías y exclamó “ ¡Eh, Chevalier! ” y luego te pidió perdón.
Dorimante
Quisiera irme desgastando a la moda todo el tiempo que pueda, señor; es algo a valorar en los hombres, igual que las baratijas.
Don Lindín
Eres hombre de ingenio y entiendes la Villa. Te ruego que seamos íntimos; no hay vida si no hacemos a un buen hombre confidente de nuestros placeres.
Dorimante
¡Es cierto! Pero nadie hay mas inapropiado para tal negocio que yo.
Don Lindín
¿Y, por qué, te lo ruego, tienes una opinión tan modesta de ti mismo?
Dorimante
Pues, primero, porque nunca pude guardar un secreto en toda mi vida; y, luego: no hay hechizo mayor para hacerme caer enamorado de una mujer que saber que un amigo está enamorado della. Os hablo honradamente.
Don Lindín
Tu humor es muy galante, así me muera. Yo conocí a un conde francés muy parecido a ti.
Madama Villavega
La agudeza, según veo, ejerce más poder sobre vos que la belleza, Don Lindín; de lo contrario no habríais permitido que esta dama estuviera tanto tiempo desatendida.
Don Lindín
[a EMILIA] Mil perdones, señora; algunas civilidades, debidas, por supuesto, al reencuentro con un amigo largo tiempo ausente. El éclat de tanta belleza, lo confieso, debería haberme cautivado antes.
Emilia
Lo brilliant de tan buen hablar, señor, tiene mucho más poder que la poca belleza de la que me pueda ufanar.
Don Lindín
Nunca vi nada más lindo que esta labor exquisita en vuestro point d’Espagne .
Emilia
No es tan rico como el point de Venise .
Don Lindín
No del todo, pero parece más fresco y más apropiado para la estación. Dorimante, ¿no es ese Mistura?
Dorimante
El mismo, señor.
Don Lindín
Perdonadme, señor; en este embarrass de civilidades, no he podido teneros entre mis brazos antes. Vos sois el mejor de la Villa en entender el equipaje, según he oído.
Mistura
A juzgar por el mío propio, no lo adivinaríais.
Don Lindín
Hay críticos que no escriben, señor.
Mistura
Nuestros displicentes poetas apenas lo toleran.
Don Lindín
Malditos sean. ¡No toleran a ningún hombre de ingenio que no haga el bobo como ellos y lo demuestran! ¿Os habéis fijado en la calèche que he traído?
Mistura
¡Sí, claro! Tiene un aire muy distinto de las hechas por ingleses.
Don Lindín
Se distingue con igual facilidad de un chirrión inglés como un abogado de la Chancillería de uno de nosotros.
Dorimante
Cierto, hay un bel-air en calèches al igual que en hombres.
Mistura
Pero pocos son tan delicados como para notarlo.
Don Lindín
Ciertamente, aquí el mundo es, por lo general, muy grossier .
Madama Villavega
Es muy apuesto.
Emilia
Extremadamente propio.
Don Lindín
Un traje ligero, hecho para presentarse, no merece vuestra consideración señoras.
Dorimante
El pantalón está muy bien henchido.
Don Lindín
Las borlas son nuevas y lindas.
Mistura
Nunca vi casaca de mejor corte.
Don Lindín
Me hace de cintura larga y, según creo, delgado.
Dorimante
La forma que nuestras damas adoran.
Mistura
Vuestro calzón, en tanto, un palmo demasiado alto, según yo lo veo, Don Lindín.
Don Lindín
¡Callad, Mistura! Mil veces he deseado que colgara más bajo pero ¡la peste se lo lleve!, no puede ser.
Madama Villavega
Sus guantes están bien ornamentados de flecos, grandes y graciosos.
Don Lindín
Siempre fui eminente por estar bien-gante .
Emilia
Sólo viste los originales de las manos más famosas de París.
Don Lindín
Tenéis razón, señora.
Madama Villavega
¿El traje?
Don Lindín
Barroy.
Emilia
¿La guarnición?
Don Lindín
Le Gras.
Mistura
¿El calzado?
Don Lindín
Piccat.
Dorimante
¿La peluca?
Don Lindín
Chedreux.
Madama Villavega y Emilia
¿Los guantes?
Don Lindín
Azahar. Conocéis el olor, señoras. Dorimante, podría encontrar el ánimo, por diversión, de tener una galantería con alguna de nuestras damas inglesas.
Dorimante
Eso es algo no menos necesario para confirmar la reputación de vuestro ingenio que un duelo para satisfacer a la Villa de vuestra valentía.
Don Lindín
Hubo aquí una mujer, ayer—
Dorimante
Doña Lencanta.
Don Lindín
Vos la habéis nombrado.
Dorimante
No podéis elegir una mejor para vuestro propósito.
Don Lindín
Te lo ruego, ¿qué es ella?
Dorimante
Una persona de calidad y que tiene un resto de reputación suficiente como para hacer la conquista considerable. Además, he oído que le gustáis también a ella.
Don Lindín
Se me antojó que parecía, en tanto, muy reservada e inquieta todo el rato que estuve conversando con ella.
Dorimante
Gestos y afectación. La veréis esta noche en el prado del Mall.
Don Lindín
Te lo ruego: vamos a tomar el aire juntos.
Dorimante
He quedado con Mistura, pero me encontraré con vos en el palacio de Saint James y os daré algo de información sobre la cual poder regular vuestro proceder.
Don Lindín
Todo el mundo estará en el Parque esta noche, señoras. Sería una lástima seguir guardando tanta belleza dentro de casa y robarle al Círculo todos los encantos que deberían adornarlo. —¡Eh, paje! Entra Paje y vuelve a salir. Cerciórate de que toda mi gente esté lista. Dorimante, a revoir!
([Sale DON LINDÍN.)
Mistura
Un currutaco de temple.
Dorimante
Brusco e insípido.
Mistura
Descarado y soso.
Emilia
Por mucho que lo despreciéis, hidalgos, apostaría mi vida a que pasa por agudo con muchos.
Dorimante
Eso bien puede ser. Natura tiene sus engaños: enmosta el cerebro y, a menudo, ofrece a la multitud sin gustos una torpeza compleja en vez de la verdadera agudeza y buen humor. Mistura, vamos.
Mistura
Debo ir aquí cerca, me encontraré con vos en el prado del Mall.
Dorimante
Iré hasta allí atravesando el jardín. [A las mujeres] Nos encontraremos al punto y nos haremos una reverencia.
Madama Villavega
No esta noche. Estamos comprometidas con un negocio, cuyo conocimiento hará que riais después.
Mistura
Servidor de vuestras mercedes, señoras.
Dorimante
A revoir! como dice Don Lindín.
([Salen MISTURA y DORIMANTE.)
Madama Villavega
El viejo llegará aquí al punto.
Emilia
Esperémoslo en el jardín.
Madama Villavega
Vamos, sois una bribona.
Emilia
No os soporto.
([Salen.)
ESCENA III
(El prado del Mall)
(Entran ENRIQUETA y el JOVEN BELLAIR, ella tirando de él.)
Enriqueta
Venid.
Joven Bellair
¿Y abandonar a vuestra madre?
Enriqueta
Afanosa será enviada a rebato tras nosotros; pero eso no importa.
Joven Bellair
Parecerá extraño en mí.
Enriqueta
Lo creerá una rareza mía y nunca reprobará vuestros modales.
Joven Bellair
[indicando] ¿Con qué reverenda conocida se ha encontrado?
Enriqueta
Un compañera en belleza de la época del último rey; aunque, por las ruinas, apenas podríais adivinarlo.
([Salen.)
(Entra DORIMANTE y atraviesa el escenario.)
(Entra el JOVEN BELLAIR y ENRIQUETA.)
Joven Bellair
A esta hora vuestra madre va a estar de cuidado.
Enriqueta
¡Si tan solo vuestro amigo Maese Dorimante estuviera aquí ahora, para que me pudiera encontrar hablando con él!
Joven Bellair
Ella no le conoce, pero le teme, según he oído, más que nadie en toda la raza humana.
Enriqueta
Su conclusión es que, con tan solo que le hable a una mujer, ya está deshonrada y todos los días le pide de rodillas al Cielo que me proteja de él.
Joven Bellair
No tenéis tanta aprehensión de él como ella.
Enriqueta
Nunca vi nada temible en él.
Joven Bellair
Por el contrario, ¿no habéis observado algo extremadamente deleitable en su ingenio y su persona?
Enriqueta
Debo admitir que es agradable y placentero, pero lo muestra con tanta afectación que me desagrada.
Joven Bellair
¡Por Dios, señora! Todo lo que hace y dice es tan fácil y natural.
Enriqueta
Los versos de algunos hombres así se les antojan a los indoctos, pero la obra en el uno y la afectación en el otro aparecen claramente a los ojos del juicioso.
Joven Bellair
Nunca antes había oído que se le acusara de afectación.
(Entra DORIMANTE y fija su mirada en ella.)
Enriqueta
Eso pasa en la fácil Villa: él le place hasta el punto de llamarlo humor.
([Salen el JOVEN BELLAIR y ENRIQUETA.)
Dorimante
¡Ella es! Debe ser ella, ese cabello precioso, esa fácil forma, esos descocados ojos y todos esos encantos en torno a su boca que derriten y de los que habló Mistura. Seguiré la lotería y apostaré a un premio con mi amigo Bellair.
([Sale DORIMANTE repitiendo:)
En el amor, los vencedores de los vencidos huyen:
huyen los que hieren y persiguen los que mueren.
(Entra el JOVEN BELLAIR y ENRIQUETA y, tras ellos DORIMANTE, situándose a cierta distancia.)
Joven Bellair
La mayoría de la gente prefiere High Park a este lugar.
Enriqueta
Tiene mejor reputación, lo confieso; pero abomino de las sosas diversiones de allí, las aburridas reverencias, la sonrisas afectadas, las necias frases hechas y las miradas amorosas al soslayo. Aquí una topa con alguna conversacioncilla de vez en cuando.
Joven Bellair
Esas conversaciones han resultado fatales para algunas de vuestro sexo, señora.
Enriqueta
Puede que así sea. ¿Porque algunas carecen de temple y han sido deshonradas por jugar, las que sí lo tienen han de negarse a si mismas y en redondo el placer del juego?
Dorimante
Hacedme caso, no sería razonable, señora.
([Acercándose con gentileza y haciéndole una reverencia.)
Enriqueta
¡Señor! ¿Quién es éste?
([Se sobresalta y se muestra grave.)
Joven Bellair
Dorimante.
Dorimante
¿Es esta la mujer que vuestro padre quiere que desposéis?
Joven Bellair
Así es.
Dorimante
¿Su nombre?
Joven Bellair
Enriqueta.
Dorimante
No me he equivocado, es hermosa.
Joven Bellair
Hablad con ella, su ingenio supera su rostro. Hace un momento, deseábamos que vinierais.
Dorimante
[a ENRIQUETA] ¡Nublada con seriedad, de repente! Mil sonrisas relucían en ese rostro; pero, ahora … nunca vi un cambio tan repentino de tiempo.
Enriqueta
Siento un cambio igual de grande dentro de mí; pero él nunca lo sabrá.
Dorimante
Hablabais de jugar, señora; decidme, os lo ruego, ¿cual sería vuestro límite?
Enriqueta
Una inocua conversacioncilla en los paseos públicos o, como mucho, una cita en una cazuela, a cara descubierta, en un corral de comedias. Vos preferís las máscaras y las reuniones privadas, donde las mujeres se empeñan a fondo, según he oído.
Dorimante
He estado acostumbrado al juego profundo, pero puedo probar mano en el juego pequeño si la jugadora me gusta lo suficiente.
Enriqueta
Y estar tan despreocupado que no habréis placer en ello.
Dorimante
Donde hay una suma considerable por ganar, la esperanza de atraer a gente hace de cualquier fruslería algo a considerar.
Enriqueta
La sordidez de la natura de los hombres, lo sé, hace que se presten a adular y complacer a los ricos, aunque están seguros de que nunca serán mejores para ellos.
Dorimante
Está en su poder hacernos el bien y no desesperamos de que, en algún momento u otro, tengan la voluntad de hacerlo.
Enriqueta
Para hombres que han prosperado en esta Villa como vos, sería una gran mortificación vivir de la esperanza. ¿Podríais guardar una Cuaresma por una amante?
Dorimante
En la expectación de unas felices Pascuas y, aunque el tiempo sea muy precioso, creo que cuarenta días bien vale perderlos para ganar vuestro favor.
Enriqueta
Maese Bellair, caminemos, es hora de dejarle; los hombres se vuelven sosos cuando empiezan a ser particulares.
Dorimante
Os equivocáis: no le seguirá la adulación, aunque sé que estáis ávida de las loas de todo el prado del Mall.
Enriqueta
Me ofendéis.
Dorimante
No tal; según os seguía he observado cuanto os agradaba que los pisaverdes gritaran: “Es hermosa, muy hermosa, por Dios que lo es” y susurraban en voz alta vuestro nombre, las mil formas diversas que hacéis adoptar a vuestro rostro. Luego, para haceros más agradable, cómo, descocadamente, jugabais con vuestra cabeza, tirabais atrás vuestros rizos y les sonreíais por encima del hombro.
Enriqueta
Yo no voy por ahí impetrando el favor de los hombres como hacéis con las mujeres, con una astuta suavidad en la mirada y una suave lentitud en vuestra reverencias de soslayo —tal que así señor— [Actúa como él.] ¿No sois vos así?
(Entran MADAMA VILASILVA y AFANOSA.)
Joven Bellair
Vuestra madre, señora.
([Tira de ENRIQUETA. Ella se recompone.)
Madama Vilasilva
¡Ah, mi querida niña Enriqueta!
Afanosa
Ahora está tan contenta de haberla encontrado de nuevo que no puede reprenderla.
Madama Vilasilva
¡Vámonos!
Dorimante
Ahora mismo es el Mall alto, señora, el tiempo más entretenido de toda la noche.
Enriqueta
Quisiera ver a ese Dorimante, madre, a quien proclamáis un monstruo; está en el prado del Mall, según dicen.
Madama Vilasilva
¡Vámonos, pues! La peste está aquí y vos deberíais temer la infición.
Joven Bellair
Puede que estéis mal informada acerca del hidalgo.
Madama Vilasilva
¡No tal! ¡Espero que no lo conozcáis! Él es el príncipe de todos los demonios de la Villa y solamente se deleita en raptos y algaradas.
Dorimante
¡Con sólo que le oyerais hablar, señora!
Madama Vilasilva
¡Oh! Según dicen tiene una lengua que tentaría a los ángeles a una segunda caída.
(Entran DON LINDÍN con su equipaje, seis lacayos y un paje.)
Don Lindín
¡Eh, Champagne, Norman, La Rose, La Fleur, La Tour, La Verdure. Dorimante!—
Madama Vilasilva
Aquí, aquí está entre esta banda, él lo nombra; vámonos, Enriqueta, vámonos.
([Salen MADAMA VILASILVA, ENRIQUETA, AFANOSA y el JOVEN BELLAIR.)
Dorimante
La llegada de este necio lo ha echado todo a perder. Ella se ha marchado; pero ha dejado, tras de sí, una imagen placentera que vaga por mi alma. No debe aposentarse en ella.
Don Lindín
¿Qué ensoñación es esta? Habla, hombre.
Dorimante
Arrancado de mi mismo, que lejos dejo atrás,
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la costa ya atisbo.
(Entra MISTURA.)
Mistura
¡Dorimante, un descubrimiento! Me topé con Bellair.
Dorimante
No podéis darme nuevas, señor. Lo sé todo.
Mistura
¿Qué os parece la hija?
Dorimante
En toda vuestra vida no os acercasteis tanto a la verdad como con vuestra descripción della.
Mistura
¿Qué os parece la madre?
Dorimante
Piense lo que piense della, veo que piensa muy bien de mí.
Mistura
¿Os conoció?
Dorimante
No; ahora, ya no lo sé. Aquí tenía lugar una escena que prometía cuando entró Don Lindín, revistando a su equipaje y, al cabo, me nombró y la puso en fuga.
Mistura
Lencanta y Belinda no están lejos: las vi bajar del coche en el Palacio de Saint James.
Dorimante
[susurra] Don Lindín, escuchadme una palabra o dos. Mirad, vos no habéis necesidad de garantías.
Don Lindín
Nunca en estas ocasiones.
Dorimante
Seguid caminando, no deben vernos juntos, aprovechaos de lo que os he dicho. En la próxima vuelta os toparéis con la dama.
Don Lindín
¡Eh! — Seguidme todos.
([Salen DON LINDÍN y su equipaje.)
Dorimante
Mistura, enseguida vais a ver una buena diversión entre Lencanta y este Lindín.
Mistura
Pensé que había algo en ciernes con ese susurro.
Dorimante
¿Conocéis un digno principio de ella?
Mistura
No ser nada más que civil con el hombre que le habla en presencia del que ella declara amar.
Dorimante
He animado a Lindín a hablar con ella esta noche.
Mistura
Ahora que vos estáis aquí, ella estará al borde de pegarle.
Dorimante
En el humor en el que está, su amor le hará hacer algo muy extravagante, sin duda.
Mistura
¿Qué negocio tenía Belinda con vos en casa de Madama Villavega?
Dorimante
Conseguir que me encontrara con Lencanta aquí para lograr un éclaircissement . Yo me mostré renuente y he preparado este rencontre para probar a mis celos.
Mistura
¡Aquí llegan!
(Entran LENCANTA, BELINDA y SOLETA.)
Dorimante
Me encontraré con ella y la provocaré con mucha muda civilidad al soslayo y luego me volveré rápidamente y quedaré detrás della cuando Don Lindín la confronte.
Ved que poco considerada
pasa esa pieza de hermosura.
([Salen DORIMANTE y MISTURA.)
Belinda
¡Con qué maravilloso respeto hizo la reverencia!
Soleta
Siempre es exageradamente galante cuando ha cometido una picardía.
Belinda
Cierto es que, al tiempo, pensé que tenía un extraño aire de desprecio.
Soleta
Se me antoja que el aspecto desdichado le sienta bien.
Belinda
Temía que hubierais hablado con él, querida mía.
Lencanta
Antes habría muerto; no volverá a hallar en mí la necia amorosa de antes.
Belinda
¡Le amáis aún!
Lencanta
No.
Soleta
Desearía que no lo hicierais.
Lencanta
No lo haré, y no permitiré que lo creáis así. ¿Qué os hizo arrastrarme hasta este odioso lugar, Belinda?
Belinda
Detesto ir encajada en un coche; es mucho mejor caminar.
Lencanta
¡Ojalá pudiéramos encontrarnos con Don Lindín ahora!
Belinda
¡Señor! ¿No podríais rehuirlo?
Lencanta
Yo le haría todas las insinuaciones posibles.
Belinda
Eso confirmaría las sospechas de Dorimante, querida mía.
Lencanta
Él no es celoso, pero yo haré que lo sea y me tomaré venganza de él de un modo que apenas puede ocurrírsele.
Belinda
Si ella lo vuelve celoso, puede que haga que le tenga cariño otra vez. He de disuadirla de ello.
Lencanta
Lo dejará desasosegado, aunque él no se cura de mí. Conozco los efectos de los celos en hombres de su temperamento altivo.
Belinda
Es un remedio fantasioso: sus operaciones son peligrosas e inciertas.
Lencanta
Es el cordial más fuerte que le podemos ofrecer a un amor moribundo; a menudo lo hace volver cuando ya no hay señales de vida. Pero lo que planeo no es tanto su resurrección sino mi venganza.
(Entra DON LINDÍN y su equipaje.)
Don Lindín
¡Eh! Decidle al cochero que envíe de vuelta a cuatro de sus caballos y que traiga el coche al Palacio de Whitehall. Yo caminaré por el Parque. — Señora, el honor de besar vuestra blancas manos es una dicha que eché de menos esta tarde en casa de Madama Villavega.
Lencanta
Muy obligada quedé con vos, Don Lindín, la última vez que os vi allí.
Don Lindín
La preferencia se debía a vuestro ingenio y belleza. Señora, servidor de vuesa merced; nunca hubo una noche más dulce.
Belinda
Ha atraído hasta aquí a toda la chusma de la Villa.
Don Lindín
Lástima que no haya una orden para que solamente el beau monde pueda pasear por aquí.
Lencanta
Añadiría mucho a la belleza del lugar. ¡Fijaos que especie de individuos desagradables se acercan!
(Entran tres individuos, de aspecto desaliñado, cantando “No es solamente por besos”, etc.)
Lencanta
¡Puah! Sus pelucas están perfumadas con un tabaco tan fuerte—
Don Lindín
Huele más que nuestros polvillos. Se me antoja que huelo el mesón de café de donde vienen.
1.º Hombre
De Dorimante la amante: Señora Lencanta.
2.º Hombre
Me gusta la nalga grasa con ella.
3.º Hombre
¿Que atildado pisaverde es ese?
1.º Hombre
Una caravana recién llegada de París.
2.º Hombre
¡Silencio, sospechan! “Hay algo más que hacer”, etc.
([Todos ellos tosiendo, salen cantando.)
(Entran DORIMANTE y MISTURA.)
Dorimante
Han contactado.
Mistura
Ella le da conversación como si él le gustara.
Dorimante
Avancemos, parezcamos enfrascados en conversación y mostrémonos. Veréis entonces como le trata ella.
Belinda
Allá está Dorimante, querida.
Lencanta
Lo veo. Arrogante viene, pero le defraudaré en sus expectativas.
Don Lindín
Estaba sentado junto a uno de ellos hoy en una comedia y casi me enveneno con un par de guantes de cordobán que lleva.
Lencanta
¡Oh! ¡Sucio cordobán, cómo detesto el olor!
([Ríe a carcajadas de manera afectada.)
Don Lindín
¿Observasteis, señora, cómo les colgaban sueltas las corbatas a una pulgada del cuello y qué aire más espantoso les daba?
Lencanta
¡Oh! Me fijé en particular en uno que siempre va atildado con un montón de cintas sucias, de color cielo.
Belinda
Ese es uno de los flageolets andantes que deambulan, de noche, como fantasmas por el prado del Mall.
Lencanta
¡Oh! Lo recuerdo: tiene un diente hueco capaz de echar a perder la dulzura de una noche.
Don Lindín
Yo he visto al más alto caminar por las calles con un par de primorosos chanclos limpiamente abrochados.
Lencanta
Y un pajecillo a sus talones, que no le llega sino a la altura de los bolsillos, con una gorra plana de aprendiz— una cara sucia.
Don Lindín
Y una nariz mocosa.
Lencanta
¡Oh, qué odioso! Hay muchas de mi propio sexo con tales asistentes de clase media que van a buen paso a los Paseos de Gray’s Inn y, de vez en cuando, viajan hasta allí en domingo.
Mistura
No se fija en absoluto en vos.
Dorimante
¡Maldita sea! ¡Tengo celos de una contratrama!
Lencanta
Vuestras libreas son las más elegantes, Don Lindín.— Oh, ese paje! Ese paje lleva un traje lindísimo— ¿Son todos franceses?
Don Lindín
Hay un maldito torpe inglés entre ellos, puede que lo reconozcáis por su aspecto.
Lencanta
¡Oh! ¡Ese es, es ese! ¿como le llamáis?
Don Lindín
¡Eh! —No sé como llamarle.—
Lencanta
¿Como os llamáis?
Lacayo
Juan Trott, señora.
Don Lindín
¡Oh, insufrible! Trott, Trott, Trott! Nada hay más bárbaro que los nombres de nuestros criados ingleses. ¿De qué parte sois, bribón?
Lacayo
De Hampshire, señor.
Don Lindín
Hampshire os llamaréis entonces. ¡Eh, Hampshire!
Lencanta
¡Oh, ese sonido! ¡Ese sonido le cumple a la boca de un hombre de calidad!
Mistura
Dorimante, parecéis algo tímido en este asunto.
Dorimante
Disimula mejor de lo que la habría pensado capaz.
Mistura
La habéis tentado con un cebo demasiado suculento: muerde el currutaco.
Dorimante
¡No puede caer de amarme a mí a eso!
Mistura
Comenzáis a estar celoso de verdad.
Dorimante
¿De una a la que no amo?
Mistura
Que sí amasteis.
Dorimante
El ataque se pasó hace tiempo.
Mistura
Pero he descubierto graves recaídas en hombres cuando han encontrado a la mujer inclinándose por otro.
Dorimante
¡Adivina el secreto de mi corazón! Estoy preocupado: pero no me atrevo a mostrarlo, a menos de que Belinda desconfíe de todo cuanto he hecho para ganarla.
Belinda
He observado su aspecto y no encuentro en él alteración; de amarla habría aparecido alguna señal de celos.
Dorimante
Espero que esta feliz noche, señora, os haya reconciliado con el escandaloso prado del Mall; volveremos a veros anhelar el sitio.
Lencanta
Don Lindín, ¿os apetece un paseo?
Don Lindín
Os obedezco en todo, señora.
Lencanta
Venid, pues, y acordemos ser maliciosos con todas las cosas que nos encontremos que no vayan a la moda.
Don Lindín
Haremos una critique del todo el prado del Mall, señora.
Lencanta
Belinda, participaréis—
Belinda
Salvo con nuestros amigos, querida.
Lencanta
No, sin excepciones—
Don Lindín
¡Lo sacrificaremos todo a nuestra diversión!
Lencanta
Todo —todo—
Don Lindín
Todo.
Belinda
¿Todo? Sea, pues.
([Salen DON LINDÍN, LENCANTA, BELINDA y SOLETA, riendo.)
Mistura
Así hubierais traído a algunos más de vuestros amigos, Dorimante, para haber sido testigos de la caída en desgracia de Don Lindín y de vuestro triunfo.
Dorimante
No sería razonable desear que no os rierais de mí; pero os ruego que no lo delatéis a la Villa durante un día o dos.
Mistura
¿Para entonces esperáis haber recuperado vuestro crédito?
Dorimante
Sé que detesta a Lindín y que solamente lo usa con la esperanza de volver conmigo. De no haber sido por unas poderosas consideraciones que serán desechadas mañana por la mañana, le habría obligado a arrancarse esta máscara y mostrar la pasión que jadea debajo.
(Entra un Lacayo.)
Mistura
Aquí viene un criado de Bellair, con nuevas de vuestra última aventura.
Dorimante
Me alegra que lo haya enviado. Deseo conocer la consecuencia de nuestra partida.
Lacayo
Señor, mi amo desea que vayáis al punto a casa de Madama Villavega y que traigáis a Maese Mistura con vos. Madama Vilasilva y su hija están allí.
Mistura
Entonces todo está bien, Dorimante.
Lacayo
¡Han encargado violines y piensan bailar! Me ha dicho que os diga, señor, que la vieja dama no os conoce, y que desearía que dijerais ser Maese Corretaje. Están todos preparados para recibiros bajo ese nombre.
Dorimante
Ese pisaverde admirador de la calidad, que requiebra a la comida misma en las mesas honorables y que nunca se ofrece a amar a una mujer por debajo de una señora ya abuela.
Mistura
Conocéis el personaje que tenéis que representar, según veo.
Dorimante
Esto es un ardid de Enriqueta —salvaje, ingeniosa, amorosa, bella y joven. Vamos, Mistura.
Mistura
Esta nueva mujer suplirá bien la pérdida de Lencanta.
Dorimante
Este negocio no puede terminar así. Antes de que se ponga el sol mañana yo me vengaré y lo aclararé:
Y vos y Lencanta veréis, a costa della:
que sondeo toda sima en la doncella.
([Salen.)
ACTO IV
ESCENA I
(La escena abre con los violines tocando un baile campestre.)
(Entran DORIMANTE, MADAMA VILASILVA, el JOVEN BELLAIR y DOÑA ENRIQUETA; el VIEJO BELLAIR y EMILIA; MAESE MISTURA y MADAMA VILLAVEGA, como quien acaba de terminar de bailar.)
Viejo Bellair
Así, así, así: una bella vuelta, una vuelta muy bella, ¡por Dios!
Madama Villavega
¿Qué os parece como baila Emilia, hermano?
Viejo Bellair
No me gusta nada, no me gusta nada.
Madama Villavega
Segura estoy de que no decís lo que pensáis.
Viejo Bellair
Por Dios, estoy enamorado della.
Dorimante
[a MADAMA VILASILVA] Hoy en día, todos se mezclan, señora y, en lugares públicos, a las mujeres de calidad no se les muestra el más mínimo respeto.
Madama Vilasilva
Protesto que decís verdad, Maese Corretaje.
Dorimante
Las formas y las ceremonias, las únicas cosas que sostienen la calidad y la grandeza, se ven ahora vergonzosamente apartadas y desatendidas.
Madama Vilasilva
¡Bueno! Este no es el siglo de las mujeres, piensen lo que quieran. Ahora se trata de lascivia; se trataba de amor en mis tiempos.
Dorimante
A fe que las mujeres no le merecen la atención a los jóvenes del siglo. Generalmente sólo son torpes admiradores de sí mismos y solamente cortejan sus pelucas y sus corbatas y nada más; y les preocuparía más su desorden, aunque fuera por una buena ocasión, que a una joven doncella la caída de su toca o pañuelo.
Madama Vilasilva
Protesto que habéis dado en el clavo.
Dorimante
Son muy asiduos a mostrarse en la Corte bien vestidos ante las mujeres de calidad; pero su negocio es para con las rancias amantes de la Villa, dispuestas a recibir los requiebros perezosos de viejos amantes industriosos que las han abandonado y vuelto fáciles.
Enriqueta
Encaja tan bien con el humor de mi madre que con un poco más habrá de bailar una danza del beso con él.
Mistura
Observación muy apropiada, señora.
Dorimante
Pretenden ser grandes críticos de la belleza. De oírles hablar, pensaríais que no les gusta rostro alguno, pero pueden adorar uno torpe si pertenece a la hija de una lavandera o de un sastre. Vocean que una mujer está pasada con veinte años, deteriorada a los veinticuatro, vieja e insufrible a los treinta.
Madama Vilasilva
¡Insufrible a los treinta! De que ahí están equivocados, Maese Corretaje, de treinta y cinco hay suficientes pruebas vivientes para convencerles.
Dorimante
Sí, señora. Ahí están Doña Pintafija, Doña Belfos y Madama Vocinglera; mostradme, entre los todos los capullos que se están abriendo, un rostro que prometa tanta belleza, como los restos de la dellas.
Madama Vilasilva
El depravado apetito de este siglo vicioso solamente gusta de la fruta verde y la detesta cuando está naturalmente madurada.
Dorimante
De lo contrario, tantas mujeres de mérito no se verían tan prematuramente desatendidas.
Madama Vilasilva
Protesto, Maese Corretaje, que una docena de buenos hombres como vos sería suficiente expiación para ese malvado Dorimante y todos los sota-disolutos de la Villa. [ENRIQUETA, EMILIA, el JOVEN BELLAIR, MISTURA y MADAMA VILLAVEGA rompen a reír. ¿Qué pasa allí?
Mistura
Un placentero error, señora, que ha cometido una dama, ha dado ocasión de alguna risa.
Viejo Bellair
¡Vamos, vamos, las mantenéis ociosas! Están impacientes porque los violines suenen de nuevo.
Dorimante
¿No estaréis cansada, señora?
Madama Vilasilva
Un baile más. No puedo negaros nada, Maese Corretaje.
([Bailan.)
Emilia
Sois muy activo, señor.
([Tras el baile, el VIEJO BELLAIR cantando y bailando, se llega a EMILIA.)
Viejo Bellair
Por Dios, bribona, cuando yo era un individuo joven podría haber saltado de un brinco hasta el griñón de mi pareja.
Dorimante
¿Querréis descansar, señora?
Madama Villavega
Iremos hasta mi cámara y nos sentaremos.
Mistura
Dejadnos a Maese Corretaje: es un bailarín y las jóvenes damas no están cansadas todavía.
Madama Vilasilva
Lo enviaremos de nuevo afuera.
Enriqueta
Si no lo hacéis pronto, yo sé adonde mandar recado por Maese Dorimante.
Madama Vilasilva
La cabeza de esta muchacha, Maese Corretaje, siempre está corriendo tras ese salvaje individuo.
Dorimante
Bueno es que le hayáis conseguido un buen marido, señora. Eso lo solucionará.
([Salen MADAMA VILLAVEGA, MADAMA VILASILVA y DORIMANTE.)
Viejo Bellair
[a EMILIA] Por Dios, corazón mío, déjate aconsejar y no te entregues a un joven ocioso.
Emilia
No tengo tal propósito, señor.
Viejo Bellair
Ten paciencia, tendrás al hombre de quien te hablé. Por Dios que te ama y será un buen marido, pero nada de palabras.
Emilia
¡Pero, señor!—
Viejo Bellair
¡No contestes —pese a tal! Silencio y piensa en ello.
(Entra DORIMANTE.)
Dorimante
Se solicita vuestra compañía dentro, señor.
Viejo Bellair
Voy, voy, buen Maese Corretaje— [a EMILIA] ¡Adiós! Marchaos, no volveré a veros.
Emilia
¿Qué he hecho, señor?
Viejo Bellair
Sois fea, sois fea. ¿No es verdad, Maese Corretaje?
Emilia
Sed mejor hablado o no habré de soportaros.
Viejo Bellair
¡Pese a tal!— Por Dios ¿qué es lo que dice? Dadle una palmada de mi parte.
([Sale el VIEJO BELLAIR.)
Mistura
Tenéis encantos para toda la familia.
Dorimante
Lo echaréis todo a perder con alguna burla a destiempo, Mistura.
Mistura
Veis que confino mi lengua y que me contento con ser un mero espectador, de modo muy contrario a mi natural.
Emilia
Se me antoja, Maese Dorimante, que Madama Vilasilva os tiene cierto cariño.
Dorimante
¡Ojalá me lo tuviera su hija!
Mistura
Puede que así sea; probadla, tenéis una oportunidad.
Dorimante
Y no he de perderla. Bellair, aquí hay una dama que tiene algo que deciros.
Joven Bellair
La atiendo. Maese Mistura, ambos tenemos negocios con vos.
Dorimante
Id todos juntos, pues. [a ENRIQUETA] Esa recatada reverencia no está fuera de lugar en una burla; pero no creáis de veras que os sienta bien.
Enriqueta
La afectación es contagiosa, según veo; de vuestra grave reverencia la he tomado.
Dorimante
¿De dónde habéis todo el desdén y frialdad en vuestra mirada?
Enriqueta
De la natura, señor. Disculpad mi falta de arte: yo no he aprendido esas blanduras y languidecimientos de rostro que están tan de moda ahora.
Dorimante
No os hacen falta. Tenéis una dulzura propia, si dejarais el cejo y que se aposentara.
Enriqueta
Mis ojos son salvajes y vagamundos como mis pasiones y todavía no se pueden sujetar a reglas de encantamiento.
Dorimante
A fe que las mujeres tienen, por lo común, un método para gobernar a esos mensajeros del amor: ahora mirarán como si fueran a matar y al punto lo harán como si estuvieran a punto de morir. Apuntan y rebaten sus miradas para invitarnos mejor.
Enriqueta
Esta variedad me place bastante; pero odio ese rostro fijo que siempre parece estar diciendo “Vamos, amadme”; una mujer que, en las comedias, le pone doux yeux a todo un público y, en casa, no puede dejar de hacérselos a su mono.
Dorimante
Adoptad una sonrisa gentil y dejadme ver lo bien que os sentará.
Enriqueta
Lamento que mi rostro no os plazca como es, pero no he de ser complaciente y cambiarlo.
Dorimante
Mal que seáis obstinada, sé que tiene capacidad de mejora y os hará justicia, señora, si estoy en la Corte cuando los críticos del círculo dicten sentencia; pues allí habéis de llegar.
Enriqueta
Y esperar ser hecha cuartos, tener todos mis rasgos examinados, cada movimiento censurado y, en general, ser condenada a que se me tenga por linda o por belleza de ínfima calidad. ¿Qué os habéis creído?
Dorimante
Las mujeres, ¡vaya!, los amantes mismos de los gabinetes privados os concederán maliciosamente más que eso. Siempre otorgan lo que es aparente para que se les crea con mayor prontitud cuando nombran los defectos ocultos que no son fáciles de refutar.
Enriqueta
La belleza corre un gran riesgo si se expone en la Corte; igual que lo hace el ingenio en las tablas, donde los feos y los necios son libres para censurar.
Dorimante
La amo y no me atrevo a dejar que lo sepa; me temo que tiene un ascendiente sobre mí y puede vengar los yerros que he cometido con su sexo.
Enriqueta
¡Me sobresaltáis! No creí haberos oído hablar de amor.
Dorimante
Nunca he sabido hasta ahora qué era una calentura constante; pero, de vez en cuando, he sufrido ataques irregulares.
Enriqueta
¡Cuidado! La enfermedad, tras un largo periodo de salud, suele ser más violenta y peligrosa.
Dorimante
He cogido la infición della y, ahora, siento como me invade la enfermedad—
Enriqueta
De vuestra boca hará pequeña ejecución en mí, estoy segura.
Dorimante
Ha sido fatal—
Enriqueta
Para algunas mujeres fáciles, pero no todas nacemos con un solo destino. Se me informs que solíais reíros del amor y no lo hacíais.
Dorimante
En tiempos, pero ahora he de hablar—
Enriqueta
Si es de un tema ocioso, adoptaré mi aspecto serio, giraré mi cabeza descuidadamente hacia otro lado, aflojaré el labio, dejaré caer mis párpados —así— mientras zumbéis a mi oído vuestro discurso de una hora y no responderé palabra. ¿Por qué no dais comienzo?
Dorimante
Es para que la compañía se dé cuenta de cómo os requiebro apasionadamente de amores y con qué desdén lo recibís.
Enriqueta
Cuando vuestro amor haya crecido lo suficientemente recio como para soportar las risas de los demás, os daré permiso para importunarme con él. Hasta entonces, os ruego que os abstengáis, señor.
(Entra DON LINDÍN y otros portando máscaras.)
Dorimante
¿Qué tenemos aquí? ¿Mascaradas?
Enriqueta
Yo creía que el pisaverdismo había sido desechado y que la gente podía estar, en privado, con un violín.
Dorimante
Se intenta mantener en pie por algunos que se encuentran más aceptables cuanto menos se les conoce.
Joven Bellair
Este debe ser Don Lindín.
Mistura
Esa ropa extraordinaria lo demuestra.
Joven Bellair
¿Y quienes son los demás,?
Mistura
Una compañía de pícaros franceses que ha recogido en París y ha traído como grupo de baile para estas ocasiones. Haced que se dé a conocer; un necio da muchos problemas cuando presume ir de incognito.
Don Lindín
[a ENRIQUETA] ¿Me conocéis?
Enriqueta
Diez a uno que habría de adivinar.
Don Lindín
¿Las mujeres tenéis la misma afición por las máscaras que nosotros los hombres?
Enriqueta
Yo gusto mucho de una máscara que cubre un rostro que me disgusta, señor.
Joven Bellair
Aquí no hay máscaras como veis, señor, aparte de las que han venido con vos. Esto se quería una reunión privada, pero, puesto que tenéis el aspecto de un hidalgo, si os descubrís y os reconocemos por tal, seréis bienvenido.
Don Lindín
[quitándose la máscara] Querido Bellair.
Mistura
¡Don Lindín! ¿Cómo llegasteis aquí?
Don Lindín
A fe que llegaba tarde del Palacio de Whitehall después de la couchée del Rey y uno de mi gente me dijo que había oído violines en casa de Madama Villavega y—
Dorimante
No necesitáis decir más, señor.
Don Lindín
Dorimante, déjame que te bese.
Dorimante
[susurra] Escuchad, Don Lindín.
Don Lindín
Basta, basta —Corretaje. Una joven muy bonita es esa, Mistura; la observé en el prado del Mall; más éveillée de lo común entre nuestras inglesas. Te lo ruego, ¿qué es lo que es ella?
Mistura
La coquette de peor fama en toda la Villa; guardaos della.
Don Lindín
Que sea lo que desee; yo sé tomar mis medidas. En París, la mode es adular a la prude , reírse de la faux-prude , hacer el amor en serio con la demi-prude y sólo burlar con la coquette . Mistura, ¿qué pensáis?
Mistura
Que con tantas nociones de matemáticas puede que erréis en vuestro dictamen del tenis.
Don Lindín
¿Qué coq-à-l’âne es este? Yo hablo de mujeres y tú me contestas con tenis.
Mistura
Los errores serán por falta de aprehensión.
Don Lindín
Estoy muy contento con el conocimiento que tengo de esta familia.
Mistura
Madama es, en verdad, una buena mujer
Don Lindín
¡Ah! Dorimante —Corretaje quise decir— así hubieras pasado el último invierno en París, conmigo. Cuando tú estabas allí, La Corneus y Sallyes era los únicos hábitos que teníamos; un cómico habría sido bonne fortune . Ningún forastero jamás se lo pasó tan bien como yo unos meses antes de volver aquí. Fui bien acogido por docenas de familias donde todas las mujeres de calidad recibían; tengo intrigas que contarte más agradables de los que jamás hayas leído en una novela.
Enriqueta
Escribidlas, señor; y nos complaceréis a las mujeres. Nuestro lenguaje echa en falta tales historietas.
Don Lindín
Escribir, señora, es la parte mecánica de la agudeza. Un hidalgo nunca debería ir más allá de una canción o un billete.
Enriqueta
Bussy era un hidalgo.
Don Lindín
¿Quién? ¿d’Ambois?
Mistura
Pero ¿hubo jamás un lerdo tan brioso?
Enriqueta
No d’Ambois, señor, sino Rabutin —el que escribió la Historia amorosa de los galos .
Don Lindín
Eso puede ser, señora; muchos hidalgos hacen cosas que están por debajo dellos. Malditos sean vuestros autores, Corretaje; las mujeres son las cosas más lindas con las que podemos perder el tiempo tonteando.
Enriqueta
Espero que os hayáis hastiado esta noche en la Corte y no estéis pensando en tontear con nadie aquí.
Don Lindín
No puedo quejarme de mi fortuna allí, señora —Dorimante—
Dorimante
¡Otra vez!
Don Lindín
¡Corretaje, pestes! Tengo algo que decirte. Después de haber cortejado dentro, salí afuera y me arrojé sobre la estera bajo el dosel, en la antecámara, en mitad de media docena de bellezas que se habían retirado a hacer mofa entre ellas, como lo llamaban.
Dorimante
¿Las conocíais?
Don Lindín
¡A ninguna dellas, por los Cielos! Yo no. Pero todas eran amigas vuestras.
Dorimante
¿Cómo estáis seguro dello?
Don Lindín
¡Hola! Pues porque nos reímos de toda la Villa y no perdonamos a nadie excepto a vos. Me encontraron un hombre apto para sus fines.
Dorimante
Sé que sois malicioso con vuestro poder.
Don Lindín
Y a fe que tuve ocasión de mostrarlo, pues nunca vi más bobas boquiabiertas en una baile o en un cumpleaños.
Dorimante
¿Supisteis quienes eran las mujeres?
Don Lindín
No importa, frecuentan el gabinete privado.
Dorimante
Y se divierten agradablemente a costa de todos los pisaverdes que allí se llegan.
Don Lindín
Ese es su negocio, a fe. Las calibré y encontré que tienen una especie de ingenio entre ellas —¡Ah! ¡Qué asco!
([Pellizca una candela de sebo.)
Dorimante
Mira, ha estado pellizcando la candela de sebo.
Don Lindín
¿Cómo podéis respirar en una pieza donde se fríe unto? Dorimante, tú que eres íntimo de madama, recomiéndale, por su propio bien y el de la buena compañía que aquí acude, que queme candelas de cera.
Enriqueta
¿Quienes son esas máscaras que están tan obsequiosas al fondo?
Don Lindín
Un grupo de balladins que escogí entre los mejores de Francia y traje aquí con una o dos flutes douces : mis criados, os entretendrán.
Enriqueta
Yo preferiría veros bailar a vos mismo, Don Lindín.
Don Lindín
Y yo preferiría hacerlo —la compañía entera lo sabe— pero, señora—
Mistura
Vamos, vamos, sin excusas, Don Lindín.
Don Lindín
¡Por los Cielos, Mistura!
Mistura
Yo encuentro que, vos, al igual que una mujer, os resistís antes de que se os haga hacer lo que deseáis.
Enriqueta
¿Sabe bailar?
Emilia
Y tirar de espada y también cantar, si habéis de creerle.
Dorimante
No ha mayor excelencia en su talones que en su cabeza. Fue a París como un simple y tímido lerdo inglés y ha regresado como un espléndido y animoso pisaverde francés.
Mistura
No puedo imponerme.
Don Lindín
No creáis que es por no complaceros, señora.
Enriqueta
Vuestra crianza es demasiado buena como para que le falte eso, Don Lindín. Creo que es falta de fuerza.
Don Lindín
¡Por los Cielos que así es! He estado despierto hasta horas tan tempranas y bebido y maldecido en tal mesura desde que llegué a esta lasciva Villa, que, ahora, solamente valgo para la danza baja: una courante, bourée o un menuet . Pero Saint Yré me dice que, si sigo practicando, en un mes volveré a alzarme. ¡Pestes deste libertinaje!
([Intenta una cabriola.)
Emilia
Me han alabado mucho vuestro baile.
Don Lindín
Tuvo la buena fortuna de complacer en París. Se juzgó que salté hasta una pulgada de altura por debajo de la basque en una entrada que bailé allí.
Enriqueta
Mucho me cautiva este necio, sentémonos. — He aquí un asiento, Don Lindín.
Don Lindín
A vuestros pies, señora; en ningún otro lugar me encontraré más a gusto. Con la venia, bata.
Enriqueta y Emilia
¡Ah! Vais a estropearla.
Don Lindín
No importa, mis ropas son mis hechuras; las hago para hacerle la corte a vosotras las damas. ¡Eh!,— [TROTT baila. qu’on commence! Para un bailarín inglés, movimientos ingleses. Tuve que contratar a este hombre: uno de mi conjunto malpariendo. ¡Oh, qué horroroso! Abandonad vuestro maldito modo de bailar y adoptad el aire francés, ¿no tenéis un patrón ante vos? ¡Bastante bien! La imitación, con el tiempo, puede que le lleve a algo.
(Tras el baile, entran el VIEJO BELLAIR, MADAMA VILASILVA y MADAMA VILLAVEGA.)
Viejo Bellair
¡Eh, por Dios! ¿Qué tenemos aquí? ¿Un mimo?
Madama Vilasilva
¿Donde está mi hija —Enriqueta?
Dorimante
Aquí, aquí, señora. Quien sabe si, bajo estos disfraces, puede haber barbilindos peligrosos. Le di aviso a la joven dama.
Madama Vilasilva
¡Señor! Estoy muy en deuda con vos, Maese Corretaje.
Enriqueta
¡Señor! Cómo admiráis a este hombre.
Madama Vilasilva
¿Qué tenéis que objetar en contra suya?
Enriqueta
Es un pisaverde.
Madama Vilasilva
Él no es un dorimante, salvaje y extravagante individuo del siglo.
Enriqueta
Es un hombre hecho de formas y lugares comunes, absorbidos de los posos remanentes de la última época.
Madama Vilasilva
Es un hombre tan bueno que, de no estar vos prometida en matrimonio—
Madama Villavega
Poca noche os quedará para dormir.
Madama Vilasilva
¡Señor! Es perfectamente de día—
Dorimante
Casi ha llegado la hora que acordé con Belinda; y no estoy tan enamorado a lo pisaverde, aquí, como para olvidar que todavía soy de carne y hueso.
Madama Villavega
Yo soy muy sensible, señora.
Madama Vilasilva
¡Dios, señora!
Enriqueta
¡Fijaos! ¿Con qué se debate mi pobre madre allí?
Joven Bellair
Le cuesta mucho sacar el cumplido.
Dorimante
Se esfuerza mucho en ello.
Enriqueta
¡Ved, ved! La cabeza le tambalea, los ojos miran fijamente y su belfo tiembla.
Dorimante
Ahora, ahora le están dando las convulsiones mismas de su civilidad. ¡Muerte de!, perderé a Belinda. He de asustarla para que se vaya, de lo contrario se pasará una hora con estos ataques de buenos modales.
Madama Vilasilva
He visto ese rostro. ¡Oh, Cielos! Es el mismo que encontramos en el prado del Mall, ¿cómo ha llegado aquí?
Dorimante
Un violín en esta Villa es una especie de reclamo para pisaverdes. En cuanto suena, la casa se ve sitiada, al punto, por un ejército de máscaras.
Madama Vilasilva
¡Señor! Yo tiemblo, Maese Corretaje, pues seguro que Dorimante forma parte de la compañía.
Dorimante
No puedo con certeza decir que no; será mejor que os marchéis. Yo os acompañaré. Vuestra hija está en manos de Maese Bellair.
Madama Vilasilva
Ella irá delante de mí. ¡Enriqueta, vámonos!
Joven Bellair
¡Luces! ¡Luces!
Madama Villavega
Luz allí abajo.
Viejo Bellair
Por Dios, no hay necesidad—
Dorimante
Llamad para que el coche de Madama Vilasilva se apresure al portal.
([Salen DORIMANTE y el JOVEN BELLAIR, con las damas.)
Viejo Bellair
Quedaos, Maese Mistura. Que los jóvenes cumplan ese deber; beberemos un vaso de vino juntos. Es bueno después del baile; ¿qué mimo barbilindo es ese?
Mistura
No se le puede comprehender en pocas palabras.
Don Lindín
¡Eh! La Tour.
Mistura
¿Adonde, Don Lindín?
Don Lindín
Tengo negocios con Corretaje—
Mistura
En cuanto meta a las señoras en el coche estará de vuelta aquí arriba.
Viejo Bellair
Mientras tanto, pediré una botella.
([Sale el VIEJO BELLAIR.)
(Entra el JOVEN BELLAIR.)
Mistura
¿Dónde está Dorimante?
Joven Bellair
Se ha escurrido a casa. Creo que tenía allí negocios pendientes toda la noche, por la impaciencia que observé en él.
Mistura
Muy probable. Con disimular la borrachera y vilipendiar a los amigos y el alma amable abrazará la bendición y olvidará la tediosa espera.
Don Lindín
He de hablar con él antes de irme a dormir.
Joven Bellair
Emilia y yo estamos resueltos en ese negocio.
Mistura
Silencio, aquí llega vuestro padre.
(Entra el VIEJO BELLAIR y el mayordomo, con una botella de vino.)
Viejo Bellair
Todas las mujeres se han ido a la cama. Escancia, muchacho. Maese Mistura, dad comienzo a un brindis.
Mistura
[Susurra.] Por Emilia.
Viejo Bellair
¡Pese a tal! Es una bribona y no os apoyaré.
Mistura
Sé que lo haréis.
Viejo Bellair
Por Dios, bebamos pues.
Don Lindín
Tengamos el nuevo bachique .
Viejo Bellair
¡Arduo vocablo, por Dios! ¿Qué significa, señor?
Mistura
Una letrilla o canción de brindis.
Viejo Bellair
Adelante, pues.
Don Lindín
Llenad los vasos, y juntaos en un solo cuerpo. ¡Eh, música!
[TODOS]
(Cantan.) Los placeres del amor y los gozos de un buen vino
1068
para perfeccionar nuestra dicha, sabiamente nos unimos
nosotros, a la belleza, el día entero
cedemos, cual soberana;
y a sus ninfas favoritas devotos obedecemos.
En las comedias, cortejamos sin cesar
y, a su término, seguimos con la diversión,
vamos al prado del Mall y al Parque,
donde amamos hasta que es de noche.
Luego, el champán espumoso
pone fin a su reino.
Restaura rápidamente
a los pobres amantes languidecientes,
nos hace juguetones, divertidos y ahoga nuestras penas.
Pero, ¡ay! volvemos a caer por la mañana.
¡Todo el mundo en pie
con su vaso en la mano
y que descarguen, briosos, a la voz de mando!
Brindemos por todos
los que esta noche deponemos.
El vino y la belleza deberían inspirar por turnos a las grandes almas.
Todos presentes y, ahora, muchachos, ¡fuego!
Viejo Bellair
Por Dios, un lindo negocio y muy divertido.
Don Lindín
Escuchad, Mistura, vos y yo vamos a coger los violines e ir a despertar a Dorimante.
Mistura
Le haremos un cumplido si es como adivino. Pues, tras toda la fatiga de esta noche, pronto tendrá hartazgo y le alegrará la ocasión de poder gritar “¡Sacad, Mañoso!”
Joven Bellair
Iré con vuesas mercedes y allí podremos tratar de negocios, Mistura.
Viejo Bellair
[Mira a su reloj.] ¡Por Dios, son las seis!
Don Lindín
Salgamos, pues.
Viejo Bellair
Maese Mistura, mi hermana me dice que sois un hombre honrado y, por Dios, que os amo. Pocas palabras y con el corazón, ese es el modo con el viejo Quique, viejo Quique.
Don Lindín
Encended vuestros flambeaux . ¡Eh!
Viejo Bellair
¿Qué quiere decir el hombre?
Mistura
Es de día, Don Lindín.
Don Lindín
No importa. Nuestra serenata parecerá más grande.
([Salen todos.)
ESCENA II
(Aposentos de DORIMANTE. Una mesa, una vela, un pañito, etc.)
(MAÑOSO atando ropa blanca)
(Entra DORIMANTE en bata y BELINDA.)
Dorimante
¿Por qué queréis marcharos tan pronto?
Belinda
¿Por qué os quedasteis hasta tan tarde?
Dorimante
Llamad a una silla, Mañoso. [Sale MAÑOSO. ¿Qué os hace temblar así?
Belinda
Mil temores me asedian. ¿Creéis que no he sido vista?
Dorimante
Por nadie fuera de mí mismo y de Mañoso, que es de mi confianza.
Belinda
¿Dónde está toda vuestra gente?
Dorimante
Los he dispersado con recados sin sentido. ¿Qué significa ese suspiro?
Belinda
¿Tan poco amable sois como para preguntarme? —Bueno— [Suspira.] si se hubiera de hacer de nuevo—
Dorimante
Habríamos de hacerlo, ¿verdad?
Belinda
Creo que deberíamos; más malvado sois por hacerme amaros tan bien. ¿Seréis discreto ahora?
Dorimante
Lo seré.
Belinda
No podéis.
Dorimante
Nunca lo dudéis.
Belinda
No lo espero.
Dorimante
Me ofendéis.
Belinda
Vos no tenéis más poder para mantener el secreto del que yo tenía para no confiároslo.
Dorimante
Por todos los goces que he habido y aquellos que mantenéis almacenados.
Belinda
Haréis por mí lo que nunca antes hicisteis—
Dorimante
Por esa verdad que habéis pronunciado, antes se delatará una esposa ante su marido—
Belinda
Y, en tanto, preferiría que fuerais falso en esto que en otra cosa que me prometisteis.
Dorimante
¿Qué es eso?
Belinda
Que no volveríais a ver a Lencanta sino en lugares públicos, en el Parque, la Corte y las comedias.
Dorimante
No es probable que a un hombre le plazca ver una condenada comedia vieja cuando se representa una nueva.
Belinda
No me atrevo a confiar en vuestra promesa.
Dorimante
Podéis.
Belinda
Eso no me satisface. Juraréis que no la volveréis a ver.
Dorimante
¡Lo haré! Mil juramentos —Por todo—
Belinda
Alto —No lo vais a hacer, ahora que lo pienso mejor.
Dorimante
Juraré.
Belinda
Me entrarán celos del juramento y creeré que os debo vuestra verdad a ello y no a vuestro amor.
Dorimante
Entonces, por mi amor, no juraré otro juramento.
(Entra MAÑOSO.)
Mañoso
Ha llegado una silla.
Belinda
Dejadme ir.
Dorimante
No puedo.
Belinda
Con demasiada voluntad, me temo.
Dorimante
Con muy poca amabilidad teméis. ¿Cuando volveréis a prometerme?
Belinda
No en quince días.
Dorimante
Seréis mejor que vuestra palabra.
Belinda
Así lo creo. ¿Eso no os hará amarme menos? [Sobresaltándose.] ¡Oíd! ¿Qué violines son esos?
([Violines afuera.)
Dorimante
Asómate, Mañoso.
([Sale MAÑOSO y vuelve.)
Mañoso
Maese Mistura, Maese Bellair y Don Lindín; están subiendo.
Dorimante
¿Cómo lograron entrar?
Mañoso
El portal estaba abierto para la silla.
Belinda
¡Señor! Dejadme huir—
Dorimante
¡Aquí, aquí! Por la escalera trasera. Os acompañaré a vuestra silla.
Belinda
No, no, quedaos y recibidlos; y aseguraos de mantener vuestra palabra y de no volver a ver a Lencanta: que sea la prueba de vuestra bondad.
Dorimante
Así será. Mañoso, guíala. Que el amor imperecedero te acompañe.
([Besándole la mano.)
([Salen BELINDA y MAÑOSO.)
(Entran el JOVEN BELLAIR, MISTURA y DON LINDÍN.)
Joven Bellair
¡Aún sin acostar!
Mistura
Habéis tenido un ataque irregular, Dorimante.
Dorimante
Así es.
Joven Bellair
¿Y ya se ha pasado?
Dorimante
La natura ha hecho su parte, hidalgos. Cuando amablemente se pone a obrar, grandes curas se logran en poco tiempo, como sabéis.
Don Lindín
Pensamos que habría una moza en el caso, por la silla que aguardaba. Te lo ruego, haznos una confidence .
Dorimante
Excusadme.
Don Lindín
Le sage Dorimante! ¿Era linda?
Dorimante
Tan linda que puede venir para conservar su coche y pagar sus diezmos a la parroquia, si el buen humor del siglo continua.
Mistura
Y contarse entre el número de mujeres mantenidas por hombres de espíritu público por el bien de toda la Villa.
Don Lindín
Bien dicho, Mistura.
([Don Lindín bailando para sí.)
Joven Bellair
Ved, Don Lindín bailando.
Dorimante
Estáis practicando y, según veo, tenéis en mente la recuperación.
Don Lindín
Por favor, Dorimante, ¿por qué no tienes un espejo colgado ahí? Un cuarto es la cosa más sosa sin él.
Joven Bellair
Aquí hay compañía para entreteneros.
Don Lindín
Pero yo quiero decir en el caso de estar solo. En un espejo, un hombre puede entretenerse a sí mismo
Dorimante
A la sombra de sí mismo, a fe.
Don Lindín
Corrige los errores de sus movimientos y de su ropa.
Mistura
Veo, Don Lindín que, en vuestra soledad, recordáis los dichos del sabio y os estudiáis a vos mismo.
Don Lindín
Es la mejor diversión en nuestros retiros. Dorimante, eres un lindo individuo y vistes tus ropas bien, pero nunca te he visto llevar una apuesta corbata. Si estuvieran hechas como la mía, le darían otro aspecto a tu rostro. Por favor, deja que te envíe a mi criado, aunque solo sea un día, para que te vista. ¡El Cielo me valga! Un inglés no sabe atarse un lazo.
Dorimante
Son algo torpes de puño.
Don Lindín
Me he traído a Inglaterra al individuo más lindo que jamás extendió un pañito. Sirvió algún tiempo bajo Merille, el mayor genie del mundo para valet-de-chambre .
Dorimante
¿Cómo? ¿El que antes perteneciera al duque de Candale?
Don Lindín
El mismo y el que le consiguió su reputación inmortal.
Dorimante
Lleváis puesto un espléndido brandenburgh , Don Lindín.
Don Lindín
Me sirve para arroparme tras las fatigas de un baile.
Mistura
A menudo os veo con él, con vuestra peluca atada atrás.
Don Lindín
No siempre deberíamos vestir formalmente; es más en cavalier aparecer, de cuando en cuando, en un déshabillé .
Mistura
Decidme, ¿qué tal vuestro negocio con Lencanta?
Don Lindín
¡Podíais haberos respondido anoche en el prado del Mall, Dorimante! ¿No visteis los requiebros que me hizo? He estado probando una canción.
Dorimante
¡¿Ya?!
Don Lindín
Es mi coup d’essai en inglés; desearía tener tu opinión della.
Dorimante
Veámosla.
Don Lindín
¡Eh, paje! Dame mi canción — Bellair, ven, tienes una linda voz, cántala.
Joven Bellair
Cantadla vos mismo, Don Lindín.
Don Lindín
Excusadme.
Joven Bellair
Aprendisteis a cantar en París.
Don Lindín
Así fue, con Lambert, el mayor maestro del mundo. Pero yo tengo su mismo fallo, una voz floja; y procuro no cantar fuera de una ruelle .
Dorimante
Una ruelle es una bonita jaula para un pisaverde cantarín, a fe.
Joven Bellair
(Lee la canción.) ¡Qué encantadora Filis es y cuanto bella!
1166
¡Ah! ¡Si así quisiera, al menos,
del corazón la herida aliviar la pena della
y hacer que sus ojos maten menos!
Yo suspiro, yo suspiro y, ahora, desfallezco;
y el amor no me dará resuello.
Cabalgo por el parque y mudas hago
reverencias al topar a quien más amo.
Don Lindín
Cántala, cántala, hombre; va con una linda tonada nueva que tengo para mí que la compuso Baptiste.
Mistura
Cantadla vos mismo, Don Lindín; él no conoce la tonada.
Don Lindín
Me aventuraré.
([Don Lindín canta.)
Dorimante
¡Hola! Algo hay, algo. No os adularé, Don Lindín, no hay mucho pensamiento en ella, pero es apasionada y bien moldeada.
Mistura
Al modo francés.
Don Lindín
Es lo que intentaba decir. ¿No ofrece una viva imagen de la cosa? El cristal del coche cae de golpe y así vamos a ella.
Dorimante
Así es, a fe. Percibo, Don Lindín, que seréis la cabeza misma de los barbilindos que son afortunados en composiciones de esta naturaleza.
(Entra el lacayo de Don Lindín.)
Don Lindín
La Tour, ¿está listo el baño?
Lacayo
Sí, señor.
Don Lindín
Adieu donc, mes chers .
([Sale Don Lindín.)
Mistura
¿Cuando habréis vuestra venganza sobre Lencanta, Dorimante?
Dorimante
Me cambiaré de camisa y a ello.
Mistura
¿Las poderosas consideraciones que os estorbaban han sido apartadas, entonces?
Dorimante
Con gran fortuna, esta mañana. Debéis ir conmigo, mi reputación está, allí, en juego.
Mistura
He quedado con Bellair.
Dorimante
¿Qué negocio es el vuestro?
Mistura
Ma-tri-monio, si os place.
Dorimante
No me place, señor.
Joven Bellair
Puede que lo haga con el tiempo, Dorimante; ¿qué pensáis de Doña Enriqueta?
Dorimante
¿Qué piensa ella de mi?
Joven Bellair
Tengo por cierto que ella os ama.
Dorimante
¿Cómo lo parece?
Joven Bellair
¡Hola! Nunca se encuentra bien salvo cuando habla de vos; pero lo hace encontrando todos los defectos que pueda en vos. Se ríe de cuantos os alaban; pero luego habla mal de cuantos no lo hacen.
Dorimante
Las mujeres de su temperamento se delatan por un exceso de astucia. Una vez tuve un amor creciente con una dama que siempre reñía conmigo cuando me llegaba a ella y, en tanto, nunca hallaba sosiego si me alejaba un día della.
Joven Bellair
Mi padre está enamorado de Emilia.
Dorimante
Buen fiador es para vuestro proceder: seguid y prosperad; he de ir con Lencanta. Mistura, lamento que no podáis ser testigo.
Mistura
Haced que ella se encuentre con Don Lindín otra vez en el mismo lugar y hablad mal de él en mi presencia.
Dorimante
Creo que se puede concertar. Yo he de estar pronto donde vuestra tía y os daré el parabién, Maese Bellair.
Joven Bellair
Y será mejor que no penséis demasiado en Doña Enriqueta; sin un seguro eclesiástico no hay nada que hacer ahí.
Dorimante
Yo también puedo caer en el lazo. Pero
el sabio hallará un diferencia en nuestro sino.
Vos desposáis una mujer; una hacienda yo, con tino.
([Salen.)
ESCENA III
(Entra la silla con BELINDA; los silleteros la posan en el suelo y abren. BELINDA sobresaltada.)
Belinda
[sorprendida] ¡Señor! ¿Dónde me encuentro? ¿En el prado del Mall? ¿Dónde me habéis traído?
1.º Silletero
No nos disteis dirección, señora.
Belinda
El susto que tenía me hizo olvidarlo.
1.º Silletero
Solemos llevar a una señora aquí desde casa del hidalgo.
Belinda
Lencanta es; será mi ruina si se descubre.
1.º Silletero
¿A dónde, si os place?
Belinda
No hagáis preguntas.
(Entra el lacayo de LENCANTA.)
Lacayo
¿Habéis visto a mi señora, señora?
Belinda
Acabo de venir para atenderla.
Lacayo
Se alegrará de veros, señora. Me envió esta mañana para solicitar vuestra compañía y me dijeron que salisteis sobre las cinco.
Belinda
Más y más desdichada!
Lacayo
¿Queréis entrar?
Belinda
Despido mi silla y os sigo. Decidle a vuestra señora que estoy aquí. [Sale el Lacayo. [Da dinero a los Silleteros. Tomad esto y, si alguna vez se os interrogara, aseguraos de decir que me llevasteis desde el Strand frente a la Lonja, como responderéis a Maese Dorimante.
Silleteros
Así se hará, si os place.
([Salen los Silleteros.)
Belinda
Ahora para librarme, debo seguir—
en confianza y mentiras algo de esperanza queda;
Duro sería, en el primer hurto, ser descubierta.
([Sale.)
ACTO V
ESCENA I
(Entran Doña LENCANTA y SOLETA, su criada.)
Soleta
Bueno, a mi ojos, Don Lindín no es persona tan despreciable.
Lencanta
¡Juez excelente sois!
Soleta
Es un hombre tan hermoso como Maese Dorimante y un galán igual de grande.
Lencanta
¡Intolerable! ¿No basta con que me someta a sus impertinencias sino que debe sufrir las vuestras también?
Soleta
A fe, señora—
Lencanta
Es malicia falsa y mercenaria—
(Entra su Lacayo.)
Lacayo
Doña Belinda, señora—
Lencanta
¿Que hay della?
Lacayo
Se encuentra abajo.
Lencanta
¿Cómo ha venido?
Lacayo
En silla. Quique el Andarín la ha traído.
Lencanta
¡¿Él la ha traído?! Su silla está cerca del portal de Dorimante y siempe me trae a casa desde allí. Corre y pregúntale donde la recogió. ¡Ve! ¡Ya no hay verdad ni tampoco amistad! ¡Mujeres como hombres: todos falsos —o al menos conmigo!
Soleta
Estáis celosa della también.
Lencanta
Será mejor que le digáis que lo estoy. Se acomodará con las libertades que os tomáis últimamente. El que este individuo la traiga, que ella salga sobre las cinco —no sé que pensar. Entra BELINDA. Belinda, os habéis vuelto madrugadora, según he oído.
Belinda
¿No os espanta, querida, que es lo que me hizo salir tan pronto?
Lencanta
No soléis ser así.
Belinda
Las hidalgas del campo de las que os hablé (¡Señor, tienen las diversiones más peregrinas!) no me dejaron tranquila hasta que les prometí ir con ellas a los mercados esta mañana para comer fruta y comprar ramilletes.
Lencanta
¿Tanta estima tienen por un sucio ramillete?
Belinda
Se quejan de los hedores de la Villa y solamente se encuentran a gusto cuando tienen su narices metidas en uno.
Lencanta
Son perfumes y agua perfumada.
Belinda
¡Oh! Claman que los perfumes son insalubres; a una dellas le dio un ataque con el olor de estos narolii .
Lencanta
Creo que, para complacerlas, también vos deberíais haber tenido un ramillete.
Belinda
¿Pensáis, querida mía, que yo sería tan detestable como para emperejilarme con claveles y alhelíes? Les pedí que me disculparan y les dije que yo nunca llevaba nada que no fueran azahares y nardos. Lo que me hizo querer ir con ellas fue un extraño deseo de comer peladillos frescos.
Lencanta
¿Y habéis comido alguno?
Belinda
Los mejores que jamás he probado.
Lencanta
¿De dónde venís ahora?
Belinda
De su alojamiento, de donde me salí, entre el gentío, de un coche y cogí una silla para venir a veros, querida.
Lencanta
¿Dónde pedisteis la silla?
Belinda
Pasaba vacía.
Lencanta
Os lo ruego, ¿dónde se alojan estas hidalgas?
Belinda
En el Strand, por frente a la Lonja.
Soleta
En el lugar nunca falta un nido dellas; siempre, según pasas, están haciendo muecas en los balcones o mirando desde las ventanas.
(Entra el Lacayo.)
Lencanta
[Susurra al Lacayo.] Venid aquí.
Belinda
Este individuo, por orden della, ha estado interrogando a los silleteros. Les amenacé con el nombre de Dorimante. Si le han dicho la verdad, estaré perdida para siempre.
Lencanta
¿En el Strand, habéis dicho?
Lacayo
Sí, señora, por frente de la Lonja.
([Sale el Lacayo.)
Lencanta
Ella es inocente y yo tengo mucho de qué culparme.
Belinda
Estoy tan asustada que mi aspecto me delatará.
Lencanta
Belinda, ¿por qué estáis tan pálida?
Belinda
La falta de mi habitual reposo y el ir dando tumbos en un odioso coche a sueldo.
(Entra el Lacayo.)
Lacayo
¡Señora, Maese Dorimante!
Lencanta
¿Qué es lo que le trae aquí?
Belinda
A fe que he sido traicionada, entonces. Ha roto su palabra y amo a un hombre al que no le importo.
Lencanta
¡Señor! ¡Desmayáis, Belinda!
Belinda
Creo que sí: de súbito, me ha venido una opresión aquí.
Soleta
Ha comido demasiado fruta, estoy segura.
Lencanta
¡No sería improbable!
Soleta
Es lo que le pesa en el estómago.
Lencanta
Llevadla a una pieza, dadle algo de agua digestiva y que repose un poco.
Soleta
Vamos, señora, yo era una peregrina devoradora de fruta cuando era joven, tan voraz—
([Sale BELINDA, SOLETA conduciéndole afuera.)
Lencanta
¡Oh, que pudiera calmar mi amor por un rato! ¡Que pudiera recibir a este hombre con todo el desdén e indignación que merece!
(Entra DORIMANTE.)
Dorimante
Ahora, un toque de Don Lindín para comenzar. ¡Eh! —paje— dad una orden clara de que nadie de los míos se mueva — que aguarde la canaille como debe, pues el ruido y la necedad han encantos tan potentes,
Yo, que pueda con mi éxito probarme:
en lo que amáis transformarme.
Lencanta
Si ello fuera suficiente, nos os haría falta trocaros de lo que sois; podéis ser lo suficiente vano y vocinglero.
Dorimante
Pero no con tan buena gracia como Don Lindín. ¡Eh, Hampshire! — ¡Oh! ¡Ese sonido! Ese sonido le cumple a la boca de un hombre de calidad.
Lencanta
¿Hay algo tan odioso como un mimo sin sentido?
Dorimante
Él es un gran agravio, a fe, para todos lo que, como vos, señora, aman hacer el bobo en secreto.
Lencanta
Un animal ridículo que tiene más de simio que el simio tiene del hombre que lleva dentro.
Dorimante
Yo tengo la misma baja opinión de un mero mimo que vos. En tanto, si fuera un simio entero, lo preferiría al bobo alegre, veleidoso, brioso, insípido y ruidoso del que estáis prendada.
Lencanta
Esos bobos ruidosos, por mucho que los despreciéis, tienen buenas cualidades que pesan más (o al menos deberían pesar más) con nosotras, las mujeres, que todo ese ingenio pernicioso del que habéis de vanagloriaros.
Dorimante
Para que, de aquí en adelante, pueda tener una justa valoración de su mérito, os ruego que me hagáis el favor de nombrarlas.
Lencanta
Vos las despreciaréis como torpes efectos de la ignorancia y la vanidad, pero a mí no me importa mencionar algunas. Primero, nos admiran de verdad, mientras que vos, como mucho, sólo nos aduláis a fondo.
Dorimante
¡Cuidado! Los bobos también pueden disimular—
Lencanta
Pueden, pero no tan artificialmente como vos: no hay temor a que nos engañen. Luego son asiduos, señor; siempre están ofreciéndonos sus servicios y pendientes de nuestros deseos.
Dorimante
Eso se lo debéis a su exceso de ocio. No saben como entretenerse en casa; y encuentran tan poca bienvenida fuera que están prontos a volar hacia vos, como un refugio frente a la soledad a la que, si no, estarían condenados.
Lencanta
Su conversación también nos divierte más.
Dorimante
Jugando con vuestro abanico, oliendo vuestros guantes, alabando vuestro cabello y dándose cuenta de cómo se ha cortado y teñido según el modo nuevo.
Lencanta
Si fuera más necio de lo que podéis hacerlo, debéis admitir que es más agradable reírse de otras que se reían de nosotras, aunque nunca con tanto ingenio. Luego, aunque carezcan de arte para adularnos, se adulan a sí mismos tan bien que nos ahorran la labor. No necesitamos de la cura y molestias de darles satisfacción de nuestro amor, algo que, tan a menudo, perdemos con vos.
Dorimante
Por lo general están demasiado creídos de sí mismos y siempre os tienen en mejor estima de lo que merecéis.
Lencanta
Tenéis razón; tienen una fe implícita en nosotras que les evita tener que indagar a fondo en nuestros secretos; y nos ahorra la molestia vejatoria de aclarar las dudas que suscitan, en cada momento, vuestros celos sutiles e infundados.
Dorimante
Hay una falsedad innata en las mujeres que les hace inclinarse siempre hacia aquellos a los que pueden engañar más fácilmente.
Lencanta
El hombre que ama por encima de su calidad no sufre más la insolente impertinencia de su amante que la mujer que ama por encima de su entendimiento las arrogantes presunciones de su amigo.
Dorimante
Erráis el uso de los bobos: están diseñados como propiedades y no como amigos. A vos aún os queda un almacén indiferente de reputación. Perdedla por entero como un franco jugador en la plaza y, entonces, os sobrará tiempo para volveros fullera y recuperarla con trampas de un buen novato de substancia.
Lencanta
Los viejos y los desfavorecidos solamente valen como propiedades, es cierto; pero los bobos jóvenes y apuestos se han topado con fortunas más amables.
Dorimante
Es cierto, dicho sea para vergüenza de vuestro sexo. Fue esto, el pensar en esto, lo que hizo que yo, con los celos a punto, evitara la buena fortuna que le estáis suministrando a Don Lindín — pero, frente a la flaqueza de la mujer, toda nuestra cura es vana.
Lencanta
De no haber comprado con cara experiencia el conocimiento de vuestra falsedad, podríais haberme burlado todavía. No son los primeros celos que habéis fingido para reñir conmigo y ganar una semana para desperdiciarla con alguna cantonera inconsiderable y desconocida como las que últimamente habéis rondado en las comedias.
Dorimante
Las mujeres, cuando quieren romper con un hombre, nunca carecen de un destinatario a quien echarle la culpa.
Lencanta
Os enorgullecéis últimamente de tratarme mal para que la Villa sepa del poder que habéis sobre mí; y que ahora aguarda (de modo tan irracional como vos mismo) que (aunque me agravéis a voluntad) os siga amando.
Dorimante
Tan lejos estoy de esperar que lo hagáis que empiezo a pensar que nunca me amasteis.
Lencanta
¡Ojalá la memoria dello se hubiera borrado tan completamente que también lo dudara yo! ¿Qué es lo que os hizo venir a perturbar mi creciente sosiego?
Dorimante
Daros mis plácemes por vuestra creciente infamia.
Lencanta
¡Insoportable! ¡Insultante demonio! ¡Esto de vos, el único autor de mi vergüenza! De venir de otro no sería sino justicia, pero de vos es un desafuero infernal e inhumano. ¿Qué he hecho yo?
Dorimante
Algo que os coloca por debajo de mi desdén y que vuelve mi ira tan ridícula como ridículo habéis vuelto mi amor.
Lencanta
Paseé anoche con Don Lindín.
Dorimante
Cierto, señora; y conversasteis y reísteis recio ¡ja, ja, ja! — ¡Oh, esa risa! Esa risa se convierte en la confianza de una mujer de calidad.
Lencanta
Vos, que halláis mayor placer en la ruina de la reputación de una mujer que en los cariños de su amor, no me reprochéis con lo mismo, y os desafío a que nombréis el hombre que pueda manchar mi fama.
Dorimante
Ser vista en público tan transportada con las necias locuras de ese notorio pisaverde es para mí una infamia peor que el pecado de la prostitución con otro hombre.
Lencanta
Seguid vituperando, estoy satisfecha con la justicia de lo que hice; vos me habíais provocado a ello.
Dorimante
Lo que hice fue el efecto de una pasión cuyas extravagancias habíais estado dispuesta a perdonar.
Lencanta
Y lo que yo hice fue el efecto de una pasión que podéis perdonar si lo creéis adecuado.
Dorimante
¿Os habéis vuelto tan indiferente?
Lencanta
En efecto.
Dorimante
¡Pues bien! Entonces ha llegado el momento de separarnos. Os devolveré las cartas que tan a menudo me habéis pedido. Tengo dos o tres conmigo.
Lencanta
Dádmelas.
Dorimante
Saltáis como si pensarais que no lo fuera a hacer. Ahí están — y que los perjurios que hay en ellas sean los míos si alguna vez os volviera a ver.
([Hace ademán de irse. Ella lo retiene.)
Lencanta
¡Quedaos!
Dorimante
No tal.
Lencanta
Sí tal.
Dorimante
¿Qué tenéis que decir?
Lencanta
Todavía no puedo decirlo.
Dorimante
Algo más en alabanza del bobo. ¡Muerte! Me falta paciencia, dejadme marchar.
Lencanta
No puedo. Antes podría separarme de los miembros que lo sujetan.
Dorimante
¿Entonces, apetecíais el escándalo?
Lencanta
Habíais elevado mi ira a la altura de mi amor, algo que antes nunca lograsteis hacer y, en venganza, hice lo que hice. ¡Ojalá no pensarais más en ello!
Dorimante
Aun cuando estuviera dispuesto a olvidar todos lo días se me lo recordaría; sería lugar común para que toda la Villa se riera de mí; y Mistura, cuando se encuentre retóricamente borracho, me lo estará declamando al oído sin parar.
Lencanta
¡Se creerá que es rencor por celos! Vamos, olvidadlo.
Dorimante
Dejadme consultar mi reputación; vos sois demasiado descuidada con ella. [Hace una pausa.] Os volveréis a encontrar con Don Lindín en el prado del Mall esta noche.
Lencanta
¿Qué queréis decir?
Dorimante
Lo he meditado y debéis hacerlo: es necesario para justificar mi amor al mundo; podéis manejar a un currutaco como se merece cuando estáis de humor, señora.
Lencanta
¡Satisfacción pública por el daño que os he infligido! Nuevo ardid es este para ridiculizarme más todavía.
Dorimante
Escuchadme.
Lencanta
No lo haré.
Dorimante
Seréis persuadida.
Lencanta
Nunca.
Dorimante
¿Tan obstinada sois?
Lencanta
¿Tan vil sois?
Dorimante
¿No daréis satisfacción a mi amor?
Lencanta
Moriría por satisfacerlo, pero por librarme de mil potros de tortura no haría algo desvergonzado para complacer vuestra vanidad.
Dorimante
¡Adiós, falsa mujer!
Lencanta
¡Va! ¡Marchaos!
Dorimante
Me volveréis a llamar.
Lencanta
¡Exquisito demonio! Sabía que sólo vinisteis para atormentarme.
(Entran BELINDA y SOLETA.)
Dorimante
[sorprendido] ¡Belinda aquí!
Belinda
Se sobresalta y empalidece; el verme ha tocado su alma culpable.
Soleta
Sólo fue una aprensión, como dije, algo de indigestión; el agua digestiva fue suficiente, señora, mezclada con un poco de mirabilis .
Dorimante
¡Confundido estoy y no puedo adivinar como ha llegado hasta aquí!
Lencanta
Es vuestro sino, Belinda, el encontraros aquí siempre que este prodigio desnaturalizado me insulta.
Belinda
Espantada estoy de encontrarle aquí. ¿Cómo tiene la cara de acercarse a vos?
Dorimante
¡Buen trabajo me espera! Nunca antes me encontré tan falto de salidas.
Belinda
Uno que hace profesión pública de perfidia y de ingratitud. Detesto su sola presencia.
Dorimante
No hay remedio, ahora he de someterme a sus lenguas y, en algún otro momento, librarme lo mejor que pueda.
Belinda
Otros hombres son malvados, pero aún tienen sentimiento de vergüenza. Él solamente se encuentra a gusto si triunfa; es más: se gloria ante una mujer con sus villanías.
Lencanta
Tenéis razón, Belinda; pero me parece que vuestra bondad os hace preocuparos demasiado por él.
Belinda
Así es, en efecto, querida. Su bárbara conducta con vos ayer me hizo albergar la esperanza que no volveríais a verlo y el hecho de verlo aquí al día siguiente me provoca de forma peregrina. Pero, porque sé que le amáis, lo he hecho.
Dorimante
Me habéis reprendido a fondo y lo merezco por venir aquí; mas—
Soleta
Debéis esperarlo, señor; todas las mujeres os odiarán a causa de mi señora.
Dorimante
¡Hola! Como ella empiece también, es hora de huir; si no me matarán a regañinas. Se me puede culpar en algunas circunstancias, lo confieso; pero en cuanto a la mayor, no soy tan culpable como os imagináis. Buscaré un momento más conveniente para exonerarme.
Lencanta
¡Hacedlo ahora! ¿Qué impedimentos hay?
Dorimante
Me falta tiempo y, a vos, os falta temple.
Lencanta
¡Flojos pretextos!
Dorimante
Nunca estuvisteis más equivocada en toda vuestra vida y, por lo tanto, adiós.
([DORIMANTE se marcha con un revuelo.)
Lencanta
Llama a un lacayo, Soleta, rápido; haré que le sigan de cerca a todas partes.
Soleta
Desearía que no lo hicierais, por mi sosiego y el vuestro.
Lencanta
Encontraré a la causa infame de todas nuestras riñas, le arrancaré la máscara y la expondré a cara descubierta al mundo.
Belinda
Dejadme escapar esta vez y nunca más volveré a aventurarme.
Lencanta
¡Belinda!, vos vendréis conmigo.
Belinda
Tengo tanta pesadez encima por lo que hice esta mañana; preferiría ir a casa y dormir, querida.
Lencanta
¡Muerte y obscuridad eterna! Yo no volveré a dormir. ¡Que la fiebres rampantes se apoderen del mundo y vuelvan a la humanidad tan agitada como yo lo estoy ahora!
([Sale LENCANTA.)
Belinda
Lo sabía pérfido y ayudé a que lo fuera. ¿Acaso la ruina della no fue lo suficiente como para asustarme del peligro? Debería haberlo hecho, pero el amor no sabe de advertencias.
([Sale BELINDA.)
ESCENA II
(Casa de Madama Villavega)
(Entran MISTURA, el JOVEN BELLAIR, MADAMA VILLAVEGA, EMILIA, y un Capellán.)
Mistura
La cabeza alta, Bellair: y no nos dejéis ver, en vuestro rostro, el arrepentimiento que vemos diariamente en los rostros de los casados.
Madama Villavega
Este matrimonio sorprenderá de modo extraño a mi hermano cuando se entere.
Mistura
Vuestro sobrino debería ocultarlo durante algún tiempo, señora, ya que el matrimonio ha perdido su buen nombre. Los hombres prudentes rara vez exponen sus propias reputaciones hasta que resulta conveniente justificar a sus esposas.
Viejo Bellair
[fuera] ¿Dónde estáis todos? ¡Salid, por Dios! ¿Es que nadie me oye?
Madama Villavega
¡Mi hermano! Rápido, Maese Risicas, meteos en este retrete; no se os debe ver todavía.
([Entra en el retrete.)
(Entran el VIEJO BELLAIR y el paje de Madama Villavega.)
Viejo Bellair
Pedidle a Maese Truffa que pase a la sala inferior. Estaré con él al punto. [al JOVEN BELLAIR] ¿Dónde habéis estado, señor? ¿No pudisteis atenderme hoy?
Joven Bellair
Con un negocio.
Viejo Bellair
¿Tan bueno sois con los negocios? Por Dios, yo también tengo un negocio que despacharéis enseguida, señor. Mandad venir a un párroco, hermana: vienen Madama Vilasilva y su hija.
Madama Villavega
¿Qué necesidad hay de atropellar las cosas, así?
Viejo Bellair
¡Pese a tal! La juventud tiende a hacer el bobo y no es bueno que esté en su poder hacerlo.
Madama Villavega
No tenéis por qué preocuparos por vuestro hijo.
Viejo Bellair
Ha estado holgazaneando por la mañana, y, por Dios, que no lo quiero. [a EMILIA] ¿Cómo estás, corazón mío?
Emilia
Sois muy severo, señor, desposarse con tanta premura.
Viejo Bellair
¡Va! Eres una bribona, hablaré contigo al punto. Aquí llega Madama Vilasilva. Entran MADAMA VILASILVA, ENRIQUETA y AFANOSA. Bienvenida, señora. Maese Truffa está abajo con las escrituras.
Madama Vilasilva
Bajemos y terminemos con esto, entonces.
Viejo Bellair
Hermana, mostradnos el camino. [al JOVEN BELLAIR, que está hablando con ENRIQUETA] Quique, vuestro negocio aún no se encuentra ahí.—Excusadle hasta que hayamos terminado, señora, y, luego, por Dios, será todo tuyo.—Maese Mistura, debemos importunaros para que hagáis de testigo.
Mistura
Afortunadamente vine con ese fin, señor.
([Salen el VIEJO BELLAIR, MISTURA, el JOVEN BELLAIR, MADAMA VILLAVEGA y MADAMA VILASILVA.)
Afanosa
¿Qué haréis, señora?
Enriqueta
Seré devuelta y enjaulada en el campo otra vez, saldré huyendo de aquí … cualquier cosa, salvo desposarme con el hombre por el que no siento nada. — Querida Emilia, aconséjame.
Emilia
Maese Bellair está comprometido, lo sabéis.
Enriqueta
Lo sé; pero ignoro hasta qué punto puede llevarle el temor a la pérdida de una hacienda.
Emilia
En la condición desesperada en la que os encontráis, deberíais consultar con algún hombre juicioso. ¿Qué pensáis de Maese Dorimante?
Enriqueta
No pienso en él en absoluto.
Afanosa
No piensa en otra cosa, estoy segura.
Emilia
¡Qué afecto sentía vuestra madre por Maese Corretaje!
Enriqueta
Porque urdí el error para lograr algo de diversión, creéis que me gusta el hombre.
Emilia
Maese Bellair cree que le amáis.
Enriqueta
Los hombres rara vez aciertan cuando tratan de adivinar lo que piensan las mujeres. ¡Ojalá que quien él ama lo amara igual de bien!
Afanosa
Eso está bien, con toda conciencia.
Emilia
Maese Dorimante tiene mucho ingenio.
Enriqueta
Y se esfuerza mucho por demostrarlo.
Emilia
Va muy a la moda.
Enriqueta
De modo afectadamente grave o ridículamente salvaje y remedador.
Afanosa
Vos aún lo defendéis frente a vuestra madre.
Enriqueta
No lo haría si se le injuriara con justicia; pero no puedo sufrir que alguien lo sea sin merecerlo.
Emilia
¿Ha aprendido vuestra criada la canción de la que os habías prendado?
Enriqueta
Me había prendado de lo nuevo; la segunda vez que se escucha es sosa.
Emilia
Maese Dorimante la compuso.
Afanosa
Lo sabe, señora; y me la ha hecho cantar al menos una docena de veces esta mañana.
Enriqueta
Tu lengua es tan impertinente como tus dedos.
Emilia
Vos la habéis provocado.
Afanosa
Con tan solo cantar la canción se apaciguará.
Emilia
Hazlo, te lo ruego.
Enriqueta
Tiene una voz que os chirriará en los oídos peor que un maullido y viste tan mal que apenas sirve para emperejilar a la hija de un rico labrador en día feriado.
Afanosa
[Canta.] Estaba Amoreto, con Filis, sentado
1404
una tarde en la llanura
y vio al encantador Estrefón a un lado
para contarle a la ninfa su amargura
para apartar el peligro inminente
le susurró ella a las orejas:
¡Ah, Filis! Si amar no habéis en mente,
no escuchéis a este pastor de ovejas.
Nadie tuvo nunca arte tan infrecuente
para transmitirle su pasión
de una virgen al corazón oyente,
y robarle el corazón.
Huid, huid a tiempo, que temo deis
a vuestro sino alarde.
En vano pugno, ella repuso, en vano ¿veis?
¡Ay! que ya es demasiado tarde.
(Entra DORIMANTE.)
Dorimante
La música ablanda y desarma tanto la mente—
1405
Enriqueta
que ni una flecha le hará frente.
1406
Dorimante
Aprovechemos, pues, el minuto de suerte.
Enriqueta
Mi amor me salta al rostro con mi sangre. No oso mirarle a la cara todavía.
Dorimante
¿Qué tenemos aquí? ¿La imagen de una celebrada belleza dando audiencia pública a un amante declarado?
Enriqueta
Haced el papel del pisaverde moribundo y completad la obra, señor.
Dorimante
¿Qué pensaríais si el momento se aprovechara bien, se diseñara agradablemente todo el misterio de hacer el amor y se forjara en una serie de colgaduras?
Enriqueta
Sería innecesario ejecutar en efigie a necios que sufren diariamente en sus personas.
Dorimante
Señora Desposada, pues sé que este feliz día así os ha hecho.
Emilia
Postergad los plácemes formales que debéis darme y atended vuestro negocio con ella.
Dorimante
¿Para desposar a esta dama?
Afanosa
Condenada está; y qué habrá de ser della, no lo sé, a menos de que emprendáis, generosamente, su rescate.
Dorimante
En esta triste condición, señora, no puedo sino ofreceros mis servicios.
Enriqueta
La obligación no es grande: vos sois el santuario común de todas las mujeres jóvenes que huyen de su parientes.
Dorimante
Siempre tengo los brazos abiertos para recibir a los desvalidos. Pero abriré mi corazón y os recibiré donde nadie jamás ha entrado antes. Lo habéis llenado con un secreto; ojalá pudiera dejároslo saber—
Enriqueta
No lo digáis como si quisierais que lo creyera; vuestra lengua tiene tal fama de falsedad que a la verdad hará agravio.
([Aparta la cabeza.)
Dorimante
No apartéis la mirada; sino miradme a la cara y adivinadlo.
Enriqueta
¿No me dijisteis que no se podía otorgar crédito a los rostros? ¿Que las mujeres, hoy en día, tienen sometidas sus pasiones a su arbitrio igual que su complexiones y que adoptan gozo y tristeza, desdén y compasión con la misma facilidad que lo hacen con sus afeites y lunares? ¿Son ellas las únicas falsificaciones?
Dorimante
Hacéis agravio a las vuestras, al tiempo que sospecháis de mis ojos. Por toda la esperanza que yo tengo en vos, el color inimitable de vuestras mejillas no está más libre del arte que los suspiros que yo ofrezco.
Enriqueta
De los hombres que se han endurecido durante largo tiempo, en el pecado, tenemos causa para desconfiar de los primeros signos de arrepentimiento.
Dorimante
El prospecto que tengo de tal cielo me hará perseverar y os dará blancos que son infalibles.
Enriqueta
¿Y cuales serían?
Dorimante
Renunciaré a todos los gozos que tengo de amigos y de vino, os sacrificaré a vos todo el interés que tengo por otras mujeres—
Enriqueta
¡Alto! Aunque deseo que seáis devoto, no querría que os volvierais fanático. ¿Podríáis desatenderlos y hacer un viaje al campo?
Dorimante
Para estar con vos, podría vivir allí y nunca enviar un solo pensamiento a Londres.
Enriqueta
Digáis lo que digáis, sé que todo lo que se encuentre allende High Park es un desierto para vos y que no hay galantería que pueda atraeros más allá.
Dorimante
Ese ha sido el límite extremo de mi amor; pero ahora mi pasión no conoce límites y no hay medida entre lo que habré de hacer por vos y cualquier cosa que haya hecho previamente.
Enriqueta
Cuando os oiga hablar así en Hampshire, empezaré a pensar que hay algo de verdad en detalle.
Dorimante
¿Es esto todo? ¿No vais a prometerme?
Enriqueta
¡Odio prometer! Lo que hacemos después es lo que se espera de nosotras y carece en gran parte de la bienvenida que topamos cuando sorprende.
Dorimante
¿No habré esperanza?
Enriqueta
Eso depende de vos y no de mí; y no tiene sentido alguno el prohibirlo.
([Se gira hacia AFANOSA.)
Afanosa
A fe, señora, ahora percibo que el hidalgo también os ama; dejad que sepa lo que pensáis y dejad de atormentaros el uno al otro.
Enriqueta
¿Piensas que no tengo sentido de la modestia?
Afanosa
Pensad que, si perdéis ésta, puede que no volváis a tener otra oportunidad.
Enriqueta
¡Que me odie —maldición que me asusta cuando la digo— si alguna vez hago algo en contra de las normas de la decencia y de la honra!
Dorimante
[a EMILIA] Os estoy reconocido por vuestras buenas intenciones, señora.
Emilia
Pensé que el ocultarle a ella nuestra boda podría haberos hecho mejor servicio.
Dorimante
Probadla de nuevo.
Emilia
¿Qué habéis resuelto, señora? El momento se aproxima.
Enriqueta
Ser obstinada y protestar en contra deste matrimonio.
(Entra MADAMA VILLAVEGA precipitadamente.)
Madama Villavega
[a EMILIA] Rápido, rápido, sacad a Maese Risicas del retrete.
([RISICAS sale del retrete.)
Enriqueta
¡Un párroco! ¿Lo habíais escondido ahí?
Dorimante
No sabía nada de él.
Enriqueta
De así parecerlo, vuestra opinión sobre mi facilidad os puede costar cara.
(Entran el VIEJO BELLAIR, JOVEN BELLAIR, MISTURA y MADAMA VILASILVA.)
Viejo Bellair
¡Pese a tal! Ya casi ha pasado la hora canónica. Hermana, ¿ha llegado el hombre de Dios?
Madama Villavega
Espera vuestras órdenes.
Viejo Bellair
Con vuestra venia, señor. ¡Por Dios, un individuo lindo y elegante! ¿Cómo habremos de llamarlo?
Madama Villavega
Maese Risicas, el capellán de Madama Pordioz.
Viejo Bellair
¡Una sabia mujer! Por Dios, que lo es. El hombre servirá para la carne como para el espíritu. Señor, ¿os place dar licencia a una joven pareja para irse a la cama juntos en el nombre de Dios? ¡Quique!
Joven Bellair
Aquí, señor.
Viejo Bellair
¡Pese a tal! ¡Sin vuestra señora de la mano!
Risicas
¿Es este el hidalgo?
Viejo Bellair
Sí, señor.
Risicas
¿No estáis equivocado, señor?
Viejo Bellair
Por Dios, creo que no, señor.
Risicas
Seguro que lo estáis, señor.
Viejo Bellair
Dais la impresión de querer prohibir las amonestaciones, señor. Maese Risicas, espero que no tengáis pretensiones sobre la dama.
Risicas
¡Dadle albricias, señor! Ya le he cumplido los buenos oficios hoy.
Viejo Bellair
¡Pese a tal! ¿qué es lo que oigo?
Madama Villavega
No os emborrasquéis, hermano. La verdad ha salido a la luz.
Viejo Bellair
¿Cómo decís, señor? ¿Es este el día de vuestra boda?
Joven Bellair
Lo es, señor.
Viejo Bellair
Y, por Dios que también habrá de ser el mío. Dame la mano, corazón mío. [a EMILIA] ¿Qué quieres decir? Te digo que me des la mano.
([EMILIA se arrodilla y el JOVEN BELLAIR.)
Madama Villavega
Vamos, vamos, dadle vuestra bendición, ésta es la mujer a la que vuestro hijo amaba y con la que se ha desposado.
Viejo Bellair
¡Ja! ¡Engañado! ¡Embaucado! ¡Y por vuestra argucia, hermana!
Madama Villavega
¿Qué es lo que haríais con ella? Es una bribona y no la soportáis.
Mistura
¿Le doy una palmada por vos, señor?
Viejo Bellair
Por Dios, sois todos unos bribones, y nunca os perdonaré.
Madama Villavega
¡Fuera! ¿Adonde?
Mistura
Dejad que se marche y se enfríe un poco.
Madama Vilasilva
[a DORIMANTE] He aquí un negocio quebrado, ahora. Maese Corretaje, se han burlado bien de mí.
Dorimante
Veis que el viejo hidalgo no sabía nada de ello.
Madama Vilasilva
Descubro que no. Seré objeto de alguna burla si permanezco algo más en esta malvada Villa. ¡Enriqueta! ¡Querida niña! ¿Donde estás? Me marcho al campo sin dilación.
Viejo Bellair
Por Dios, señora, que me escucharéis antes.
(Entra LENCANTA y BELINDA.)
Lencanta
Hasta aquí le ha seguido el rastro mi criado.
Belinda
Allá está, querida.
Lencanta
Y, con él, el rostro que me ha perdido! ¡Oh, ojalá estuviera allí donde pudiera expulsar la angustia de mi corazón! Aquí he de rugir y romperlo.
Madama Villavega
Doña Lencanta, ¿teméis dar un paso adelante?
Lencanta
Espantada estaba de ver tanta compañía, aquí, de mañana. La ocasión, por cierto, ha de ser extraordinaria.
Dorimante
¡Lencanta y Belinda! El demonio me debe una vergüenza hoy y creo que nunca terminaré de pagarla
Lencanta
¡Casada! ¡Querida Emilia! ¡Transportada estoy con estas nuevas!
Enriqueta
[a DORIMANTE] No habría pensado que Emilia era la mujer de la que estaba enamorado Maese Bellair. La reprenderé por no confiarme el secreto.
Dorimante
¿Qué tal os parece Doña Lencanta?
Enriqueta
Es una afamada amante vuestra, según dicen.
Dorimante
Lo ha sido en su momento.
Viejo Bellair
[a MADAMA VILASILVA] Por Dios, señora, no puedo evitarlo.
Madama Vilasilva
No hace falta que sigáis disculpándoos, señor.
Emilia
[a LENCANTA] El viejo hidalgo está excusándose ante Madama Vilasilva.
Lencanta
¡Ja, ja, ja! Nunca oí nada más divertido.
Enriqueta
[a DORIMANTE] Está extremadamente gozosa por algo.
Dorimante
Por nada. Es una de esa damas malcriadas que, alegremente, van retozando por ahí y que se fuerzan a reír cuando sus corazones dolidos están llenos de descontento y de malevolencia.
Lencanta
¡Oh, Cielos! Nunca he estado más cerca de morirme de risa. Maese Dorimante, ¿vos un novio?
Madama Vilasilva
¡Maese Dorimante! ¿Es este Maese Dorimante, señora?
Lencanta
Si lo dudáis, vuestra hija puede sacaros de dudas, supongo.
Madama Vilasilva
También yo he sido engañada, vilmente engañada.
Viejo Bellair
¡Pese a tal! ¿Qué pasa aquí? ¿Más bellaquerías aún?
Madama Vilasilva
¡Enriqueta! Si quieres mi bendición, vámonos, te lo ordeno.
Enriqueta
Querida madre, quedaos y escuchadme.
Madama Vilasilva
Yo he sido traicionada y tú deshonrada, me temo.
Enriqueta
No temáis. Nunca he hecho ni haré nada contrario a mi lealtad. Creedme, querida madre, de verdad.
Dorimante
[a LENCANTA] Os habría confiado este secreto, de no saber que la violencia de vuestra natura sería la ruina de mi fortuna, como, desdichadamente, así ha sido. Gracias, señora.
Lencanta
Es una heredera, lo sé; y muy rica.
Dorimante
Para daros satisfacción, debo abandonar todo mi interés por mi amor; de haber sido una mujer razonable, podría haber asegurado ambos y haber sido feliz.
Lencanta
Podríais haberme confiado cualquier cosa de esta naturaleza, sabéis que podíais haberlo hecho. ¿Por qué asumisteis un nombre falso?
Dorimante
La historia es demasiado larga para ser relatada ahora — daos por satisfecha: este es el negocio, esta es la máscara que me ha mantenido alejado de vos.
Belinda
Es tierno con mi honor, aunque cruel con mi amor
Lencanta
¿No hubo, pues, ociosa amante?
Dorimante
Creedme: una esposa, para reparar las ruinas de mi hacienda, que lo necesita.
Lencanta
El conocimiento de esto hace que mi pena cuelgue mas liviana en mi alma; pero nunca más seré feliz.
Dorimante
¡Belinda!
Belinda
No penséis quedar limpio, así, conmigo, es imposible. ¿Acaso todos lo hombres rompen su palabra así?
Dorimante
Las palabras extravagantes que pronuncian en el amor. No es razonable esperar que cumplamos todo lo que entonces prometemos como tampoco todo con lo que amenazamos cuando estamos airados. La próxima vez que os vea—
Belinda
Ignoradme y no os odiaré.
Dorimante
¿Cómo llegasteis a casa de Doña Lencanta?
Belinda
Por una equivocación de lo silleteros, al no haberles dado las señas.
Dorimante
Placentera equivocación. Debemos encontrarnos de nuevo.
Belinda
Nunca.
Dorimante
¿Nunca?
Belinda
Y cuando lo hagamos que yo sean tan infame como como falso sois vos.
Madama Villavega
Los hombres del carácter de Maese Dorimante siempre sufren en la opinión general del mundo.
Mistura
No podéis juzgar al hombre de ingenio a partir de la vulgar fama, considerando la facción prevalente, señora.
Viejo Bellair
Por Dios que tiene razón.
Mistura
Además, es un error común entre las mujeres creer demasiado bien de los que conocen y demasiado mal de los que no conocen.
Viejo Bellair
Por Dios que está bien observado.
Madama Villavega
Creedme, señora, encontraréis en Maese Dorimante un hidalgo tan civil como creísteis a Maese Corretaje.
Enriqueta
Si tan sólo lo conocierais mejor—
Madama Vilasilva
Vos tenéis en mente conocerlo mejor. ¡Vámonos! No volveréis a verlo más.
Enriqueta
¡Querida madre, quedaos!
Madama Vilasilva
No habría de consentir vuestra ruina.
Enriqueta
Si mi fortuna estuviera en vuestro poder—
Madama Vilasilva
Lo está vuestra persona.
Enriqueta
Si pudiera ser desobediente, lo sacaría de la vuestra y la pondría en la suya.
Madama Vilasilva
En ello estaríais. ¿Os desposaríais con este Dorimante?
Enriqueta
No puedo negarlo, lo haría y nunca desposaré a otro hombre.
Madama Vilasilva
¿Es esta la lealtad que prometisteis?
Enriqueta
Pero nunca me desposaré en contra de vuestra voluntad—
Madama Vilasilva
Ella sabe el modo de derretir mi corazón.
Mistura
[al VIEJO BELLAIR] Vamos, señor, ya no tenéis el corazón de rehusar vuestra bendición.
Viejo Bellair
Por Dios, que no. ¡Alzaos y que Dios os bendiga a ambos! Estímala mucho, Quique, ella se merece tu cariño. [a EMILIA] Por Dios, bribona, no lo habría pensado de ti.
(Entran DON LINDÍN y su Paje.)
Don Lindín
¡Maldito día de viento! ¿Eh, paje? ¿Está bien colocada mi peluca?
Paje
Algo desordenada, señor.
Don Lindín
¡Que la peste se lleve esta estancia! Necesita una antecámara donde ajustarse uno. [a LENCANTA] Señora, vengo de vuestra casa y vuestros criados me han dirigido aquí.
Lencanta
Daré órdenes de que, la próxima vez, os dirijan mejor.
Don Lindín
La gran satisfacción que hube en el prado del Mall anoche, me ha procurado mucho desasosiego desde entonces.
Lencanta
Es probable que a mí me dé más del que deseo.
Don Lindín
¿Qué demonios la ha vuelto tan reservada? ¿Soy culpable de una indiscreción, señora?
Lencanta
Vos seréis culpable de una muy grande, si proseguís en vuestro error, señor.
Don Lindín
Algo os pone de mal humor.
Lencanta
La cosa más necia e inconsiderable jamás.
Don Lindín
¿Está en mi poder?
Lencanta
Colgarla o ahogarla. Haced una de ambas y no me importunéis más.
Don Lindín
¿Tan fière ? Serviteur, madame . Mistura, ¿donde está Dorimante?
Mistura
Se me antoja que la dama no os ha hecho hoy los requiebros que os hizo anoche, Don Lindín.
Don Lindín
Por favor, no habléis della.
Mistura
Ella sería una bonne fortune .
Don Lindín
No para mí, ahora.
Mistura
¿Cómo tal?
Don Lindín
Una intriga ahora no sería sino una tentación para desperdiciar todo ese vigor en una; pronto pienso cortejar a todo el sexo en un ballet .
Mistura
Sabiamente considerado, Don Lindín.
Don Lindín
Ninguna mujer merece perder una zapateta.
Mistura
No cuando está diseñada de manera tan universal.
Madama Vilasilva
Maese Dorimante, todo el mundo ha hablado tanto en vuestro favor que ya no puedo dudar de que estaba equivocada.
Lencanta
No hay sino falsedad e impertinencia en este mundo; todos lo hombres son villanos o necios. Toma ejemplo de mis desdichas, Belinda, si quieres ser feliz, entrégate de lleno a la bondad.
Enriqueta
[a LENCANTA] Maese Dorimante ha sido vuestro Dios Omnipotente por tiempo suficiente; es hora de pensar en otro.
Lencanta
¡Burlada en público por ella! Me encerraré en mi casa y no volveré a ver el mundo jamás.
Enriqueta
Un convento es un lugar mas a la moda para tal retiro y ha sido la fatal consecuencia de más de una belle passion .
Lencanta
¡Alto, corazón! Hasta que llegue a casa, contestarle haría su triunfo aún mayor.
([Saliendo.)
Dorimante
Vuestra mano, Don Lindín.
Don Lindín
¿Os acompaño, señora?
Lencanta
¡Legión de necios, que otros tantos demonios se te lleven!
([Sale LENCANTA.)
Mistura
Dorimante: fallo que tu reputación está limpia y que, de ahora en adelante, cuando quiera saber algo de una mujer, no consultaré a ningún otro oráculo.
Don Lindín
¡Loco furioso, por todo lo que es hermoso! Dorimante, me has metido en un lindo negocio.
Dorimante
No me place hablar de ello ahora.
Viejo Bellair
¡Pese a tal! ¿qué hace este hombre a la moda aquí otra vez?
Madama Villavega
Será un excelente entretenimiento, dentro, hermano; y, afortunadamente, ha venido para despertar la alegría de la compañía.
Madama Vilasilva
Señora, me despido de vos.
Madama Villavega
¿Qué queréis decir, señora?
Madama Vilasilva
Haré esta tarde parte de mi camino hasta Hartley.
Viejo Bellair
Por Dios, que os quedaréis a comer primero. ¡Vamos! Todos seremos buenos amigos y vos le daréis a Maese Dorimante licencia para visitar a vuestra hija en el campo.
Madama Vilasilva
Si sus ocasiones le llevaran por allí; ahora tengo tan buena opinión de él que será bienvenido.
Enriqueta
A un caserón solitario y destartalado que no parece habitado, de pequeña que es la familia. Allí hallaréis a mi madre, a una vieja tía tullida y a mi misma, señor, encaramadas en sillas, a distancia, en una gran sala y sentadas y abatidas, como tres o cuatro pájaros melancólicos en una gran pajarera. ¿No hace esto que vuestra resolución se tambalee?
Dorimante
En absoluto, señora. La primera vez que os vi me dejó con las punzadas del amor en mi persona y, en el día de hoy, mi alma ha renunciado totalmente a su libertad.
Enriqueta
Esto es más desolado que el campo, Emilia; tened pena de mí, que voy a ese triste lugar. Ya creo oír el odioso ruido de los grajos: có, có, có. Hay música en el peor pregón de Londres: “Mi eneldo y pepinos para encurtir”.
Viejo Bellair
Hermana, sabiendo de este asunto, espero que nos hayáis preparado un buen regocijo.
Madama Villavega
Lo he hecho, hermano; y violines también.
Viejo Bellair
Pues, que suenen. La joven dama tendrá un baile antes de partir. [Baile. [Tras el baile] Bien, pues ahora entraremos y haremos, de este día, una boda redomada.
([Al patio de mosqueteros])
Y, si estos honrados hidalgos se alegran,
Por Dios, que el muchacho ha escogido bien.
([Salen todos.)