John Marston
El malcontento
The Malcontent
Traducción
de
The Malcontent
Marston, John. El malcontento . Traducido por Sonia Sofía Perelló Pizagos, para la colección EMOTHE. Valencia: ARTELOPE Universitat de València, 2019.
Joan Oleza Simó
(Investigador principal)
Perelló Pigazos, Sonia Sofía
(Traductor)
Tronch Pérez, Jesus
(Editor)
Español · Verso · 180 versos
https://playcode.fly.dev/plays/EMOTHE0554_ElMalcontento
Esta edición digital ha recibido el apoyo del proyecto GVAICO2016-094, financiado por Generalitat Valenciana (2016-2017). __________________________________________________
BENIAMINO IONSONIO, POETAE ELEGANTISSIMO, GRAVISSIMO, AMICO SVO, CANDIDO ET CORDATO, IOHANNES MARTSON, MVSARVM ALVMNVS, ASPERA HANC SUAM THALIAM D.D.
Al lector
Sine aliqua dementia nullus Phoebus J.M.
Dramatis Personӕ
GIOVANNI ALTOFRONTO
anterior duque de Génova y ahora disfrazado como MALÉVOLE
PIETRO JACOMO
duque de Génova
MENDOZA
favorito de la duquesa, esposa de Pietro Jacomo
CELSO
amigo de Altofronto
BILIOSO
un viejo mariscal colérico
PREPASSO
ujier de la corte
FERNEZE
un joven cortesano, enamorado de la duquesa [Aurelia]
FERRARDO
un favorito del duque Pietro Jacomo
EQUATO
un cortesano
GUERRINO
un cortesano
AURELIA
esposa del duque Pietro Jacomo
MARÍA
esposa del duque de Altofronto
EMILIA
dama de cámara de Aurelia
BIANCA
dama de cámara de Aurelia
MAQUERELLE
una vieja alcahueta
PASSARELLO
bufón de Bilioso
CAPITÁN
en la ciudadela
MERCURIO
en el baile de máscaras
PETICIONARIOS
PAJES
GUARDIAS
WILLIAM SLY
}
JOHN SINKLO
}
RICHARD BURBAGE
} Miembros de la compañía His Majesty's Servants en la Introducción
HENRY CONDELL
}
JOHN LOWIN
}
UN UTILLERO
}
Todos
Todos
Todos
INTRODUCCIÓN A EL MALCONTENTO
(Y adiciones representadas por The King’s Majesty’s Servants.)
(De John Webster)
(Entra Will Sly, seguido de un Utilero que lleva un taburete.)
UTILERO
Señor, los caballeros se enfadarán si se sienta usted aquí.
SLY
¿Por qué? En la sala cerrada podemos sentarnos en el escenario. No me tomarás por un cualquiera, ¿verdad? ¿Te crees que me asusta un abucheo? Por mi vida que me tomas por uno de los actores.
UTILERO
No, señor.
SLY
Por Dios que si lo llegas a hacer no te hubiera dado más de seis peniques por la banqueta. Que se sienten en la galería aquellos de traje rancio. ¡Silbidos a mí! Aquél de quien se burlan en la puerta de una taberna rara vez comerá bien o beberá hasta hartarse en buena compañía. ¿Dónde están Harry Condell, Dick Burbage y Will Sly? Déjame hablar con alguno.
UTILERO
Si os place entrar, señor, podéis hacerlo.
SLY
Pues mira, no. Que yo he visto esta obra varias veces, y podría explicarles cómo interpretarla. Tengo casi todos los chistes aquí en mi cuadernillo.
(Entra Sinklo.)
SINKLO
¡Salud, amigo!
SLY
Ah, venid, amigo, sentaos aquí entre mis piernas.
SINKLO
No, hombre, o el público me tomará por una viola da gamba y pensará que me tocáis.
SLY
No, más bien que os trabajo, amigo.
SINKLO
Anoche os esperábamos en casa de mi primo Honeymoon, el tratante de lanas. Tras la cena echamos pajas por veinte albaricoques, la paja más larga se saca un albaricoque. Por mi vida que fue Doña Frank Honeymoon quien tuvo la suerte de sacar la paja más larga: que medí yo las de las señoras. ¿Qué hay, amigo?
(Entran Dick Burbage, Harry Condell, John Lowin.)
SLY
Los actores, ¡salud!
BURBAGE
Sed bienvenidos.
SLY
Dejadme que os presente a este caballero, mi primo. El hijo del señor Doomsday, el usurero.
CONDELL
Os lo ruego, señor, cubríos.
SLY
No, por ventura, estoy cómodo así. Fijaos, mi sombrero es el asa de este abanico. Carajo, qué bestia soy, no haberme dejado la pluma en casa. Bueno, pues ya me encargaré de vos.
(Se guarda la pluma en el bolsillo.)
BURBAGE
¿Por qué os escondéis la pluma, señor?
SLY
¿Por qué? ¿Pensáis que quiero ser el hazmerreír de la obra, objeto de toda burla? Esta obra ha sacudido las plumas de cuantos gallardos hubo: Blackfriars ha sido la ruina de las plumas de Blackfriars.
SINKLO
Caray, ya decía yo que por algo las señoras de mi casa me aconsejaron llevar la pluma al teatro. Aún así me sabe mal arruinarla.
SLY
¿Por qué, primo?
SINKLO
Porque la encontré en el campo de justas. Casi me parte la mollera un heraldo por cogerla, pero la he paseado por todo el Strand y cuarenta veces me lo he cruzado, y aún así no se atreve a retarme.
SLY
¿Lo oís, señor? Obra amarga es esta obra.
CONDELL
Sabed, señor, que ni es sátira ni moraleja, sino un mero pasaje de una historia. Mas hay una suerte de criaturas descontentas y obtusa envidia hacia los más grandes, capaces de retorcer la labor de cualquier hombre de la forma más vil y maliciosa para ajustarla a su lectura. Mas puesta su interpretación a prueba, como el mico tití se clavan los dientes en su propia cola.
SLY
No iré con vos tan lejos, pero os digo: cualquiera con algo de ingenio que pague los doce peniques del palco la puede juzgar. Y lo digo otra vez: es una obra amarga.
BURBAGE
Caballero, sois como el patrón que al conceder un favor al estudiante pobre le ordena no criticar nada que caiga dentro del confín de su sinrazón. ¿Por qué no disfrutar de la antigua libertad que da la poesía? ¿Debemos acaso quejarnos a las damas por sus afeites, que hacen ángeles de ellas? ¿O al joven cortés de que su gasto en el burdel le hace ganarse una reputación? No, esos vicios que la ley no castiga han de curarse como se cura un sarpullido: echándoles tinta. ¿Algo más que os contente, señor?
SLY
Pues sí, me contenta saber cómo os hicisteis con esta obra.
CONDELL
Cierto, caballero, el texto se ha perdido. Y puesto que era una pena que tan buena pieza se perdiera, la encontramos y la representamos.
SLY
Me sorprende, pues hay otra compañía que ha puesto interés en ella.
CONDELL
¿Y por qué no Malévole en folio con nos, como Jerónimo en décimo-sexto con otros? El nombre de nuestra pieza nos lo han enseñado ellos. La llamamos Una por otra .
SLY
¿Qué habéis añadido?
BURBAGE
En verdad, nada que fuera necesario. Cual ensalada al festín, por entretener un rato más y abreviar la rara costumbre de la música en nuestro teatro. Debo dejaros.
(Sale.)
SINKLO
¿Interpreta él al Malcontento?
CONDELL
Así es, señor.
SINKLO
Apostaría mis cuatro orejas a que no es tan buena como cuando otros actuaban en ella.
CONDELL
Oh, no, hombre, nada, ad Parmenonis suem. p
LOWIN
¿Habéis perdido las orejas, que sois tan pródigo en apostarlas?
SINKLO
¿Por qué preguntáis, amigo?
LOWIN
Veréis, señor, porque he oído hablar de un tipo que apostaba más de cien libras cuando su apuesta no valía ni cinco céntimos. Y de este modo podéis arriesgar cuatro de vuestros codos, ¡mas Dios no quiera que haya tantos en vuestro abrigo!
SINKLO
No, cierto que no soy yo buen juez, y eso que en una ocasión pude haber sido del Colegio de Críticos. Aquí mi primo tiene una memoria excelente, señor.
SLY
¿Quién? ¿Yo? He aquí algo extraño de mí mismo. Y he de deciros que, para no haber estudiado jamás el arte de la memoria, es más que extraño.
CONDELL
¿El qué, señor?
SLY
Pues que apuesto cien libras a que voy una sola vez a Cheapside por la calle de los joyeros, echo un ojo a los carteles, y os lo cuento todo en un suspiro.
LOWIN
Sí que es extraño.
SLY
Empiezan como lo hizo el mundo, con Eva y Adán. Hay en total cincuenta y cinco. Normalmente también medito mucho cuando vengo al teatro. ¿Qué creéis que puede venirle a uno a la cabeza, con toda esta compañía?
CONDELL
Lo desconozco, señor.
SLY
He aquí una idea excelente: si cincuenta de los griegos apiñados en la panza del caballo hubieran comido ajo, ¿no creéis que los troyanos se habrían olido la villanía?
CONDELL
Muy probablemente.
SLY
Por Dios, ojalá lo hubieran hecho, pues adoro a Héctor horriblemente.
SINKLO
¡Ah, mas… primo, primo! “Alejandro Magno, cuando llegó a la tumba de Aquiles, dijo con voz poderosa: ‘¡Oh tú, tres veces bendito y feliz!’”
SLY
Alejandro era un burro por hablar tan bien de tan sucio truhan.
LOWIN
Caballero, ¿podéis salir del escenario? Os acompaño a un palco privado.
SLY
Vamos, primo, por un poco de tabaco. ¿No tienen nunca un prólogo?
LOWIN
Nunca, señor.
SLY
Déjeme ver, que improvisaré uno. Acercaos a ellos y, esgrimiendo una reverencia con brazos y piernas, sed claros con todos: "Caballeros, por el bien de las damas les deseo tengan todos muy rechonchas almohadillas. Y señoras, por el bien de los caballeros les deseo tengan todas sitio firme donde apoyarse. ¿Y qué otra cosa iban a querer ahora, más que la obra?" Y eso, inmediatamente, es lo que habrán de tener.
(Salen.)
EL MALCONTENTO
(Vexat censura columbas.)
(Una oda imperfecta, al ser solo una estrofa recitada por el)
PRÓLOGO
Retorcer la opinión inerme hasta sacarle un sesgo
133
es el burdo oficio de la Impudencia vil:
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sin modestia se propaga ya la censura,
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infestándolo todo.
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Nunca sea tan casta la inocencia;
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mas al final
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se la mancilla
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con argucias sutiles.
140
Oh alma pura,
141
domina
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con brazo hercúleo
143
esta ofensa;
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y enseña a todos cuán libre aún es la pluma
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que ha de escribir del bufón, ¡a la vez que del hombre!
146
[I.i]
(Se oye una música de lo más vilmente desafinada. Entran Bilioso y Prepasso.)
BILIOSO
¡Pero bueno! ¿Estáis loco, borracho, las dos cosas, o qué?
PREPASSO
¿Acaso estáis levantando Babilonia?
BILIOSO
¡Vaya un ruido para la corte! ¿Creéis que os halláis en una taberna?
PREPASSO
¿Creéis estar en un burdel, verdad? Esta sala huele mal. Entra uno con perfume. Ah, perfume, perfume, échame un poco, haz el favor. El Duque está a punto hacer entrada, ¡dejad sitio!
[I.ii]
(Entran el Duque Pietro, Ferrardo, el Conde Equato, precedido del Conde Celso y Guerrino.)
PIETRO
¿De dónde sale esa música?
BILIOSO
La estridencia, más que la música, viene de la estancia de Malévole, el malcontento.
FERRARDO
[En voz alta.] ¡Malévole!
MALÉVOLE
(Sale de su aposento.) ¡Aj, hombre de Dios! ¿Qué haces ahí? Ganímedes del Duque, que tienes a Juno celosa con esas medias tan largas. Sombra de mujer, ¿qué hay, sabandija? Cordero de la corte, ¿a qué berreas? ¡Ah, imberbe catamito!
PIETRO
Baja, perro andrajoso, y gruñe aquí abajo. Le concedo libertad a tu malhumor testarudo. Trota por aquí y echa pestes de quien te plazca.
MALÉVOLE
Ahora voy con vos, borregos con sangre de cabra, como goma en tafetán, a irritar, a irritar. Caeré como la esponja en el agua, a mamar, a mamar. ¡Aullad de nuevo! Que iré a la iglesia y luego con vos.
([Sale por arriba.])
PIETRO
Este Malévole es uno de los temperamentos más aberrantes que jamás conoció natura: un hombre, o mejor dicho un monstruo, más descontento que Lucifer cuando lo echaron del salón de audiencias. Su apetito es insaciable como el de una tumba, y tan lejos está de contento alguno como del cielo. Su mayor deleite es procurar vejación a otros, y en ello cree que sirve en verdad al cielo; pues es su postura que todo aquel que esté satisfecho en la tierra es un siervo y un maldito; y por tanto mortifica todo aquello que es inclinación de otros. Los elementos luchan en su interior; su alma está en disputa consigo misma; su discurso es digno del cadalso a todas horas. Le aprecio, en verdad, le aporta inteligencia a mi espíritu, me hace entender las debilidades que palian las lisonjas de otros. ¡Oíd! Alguien canta.
([Canción.])
[I.iii]
(Entra Malévole tras la canción.)
PIETRO
Mirad, aquí viene. Ahora oiréis el extremo al que llega un malcontento: libre como el aire, a cada hombre le sopla. Decid, señor, ¿de dónde venís?
MALÉVOLE
Del lugar público donde hay mayor disimulo: de la iglesia.
PIETRO
¿Qué hacíais allí?
MALÉVOLE
Hablar con un usurero; un préstamo con interés.
PIETRO
Me pregunto qué religión profesáis.
MALÉVOLE
La religión de un soldado.
PIETRO
¿Y qué opináis que hace ahora más infieles?
MALÉVOLE
Sectas, sectas. He visto a la fingida Piedad cambiar de túnica tantas veces que nadie ya salvo un archidemonio le compondría unas enaguas nuevas.
PIETRO
Ah, una política religiosa.
MALÉVOLE
¡Pero la maldición de una religión política! Estoy harto. Ojalá fuera uno de los perros del Duque.
PIETRO
Mas, ¿cuál es la noticia más corriente y más común, Malévole? Aún seguís emperrado en el rumor.
MALÉVOLE
¿La noticia más común? Palabras comunes son “Dios os salve”, “Que os vaya bien”; acciones comunes el fraude y la lisonja; cosas comunes, mujeres y cornudos. ¿Y qué tal mi pequeño Ferrardo? ¡Ay, animal depravado! Mi pequeño huroncillo, que va chuperreteando por el palacio en cada nido de gallinita, cual comadreja. ¿Y a qué consagráis vuestro tiempo ahora más que a esos antiguos pingos pintados tan apreciados por los jóvenes cortesanos, Lisonja, Orgullo y Lujuria?
FERRARDO
Yo estudio distintas lenguas. ¿Quién creéis que es el mejor lingüista de nuestro tiempo?
MALÉVOLE
Bah, el diablo. Déjale que te posea: te enseñará a hablar todas las lenguas de forma inmediata y singular. Y con razón, mira, pues ha viajado mucho por el mundo y está en todas partes.
FERRARDO
Salvo en la corte.
MALÉVOLE
Ya, salvo en la corte. (A Bilioso.) ¿Y cómo está mi viejo estercolero, recubierto de nieve recién caída? Medio hombre, medio cabra, ¡todo bestia! ¿Cómo está tu mujercita, carcamal?
BILIOSO
¡Fuera, desidia de villano!
MALÉVOLE
Venga esa coz, cornudo, buey del Duque, Maese Don Damecoba.
PIETRO
¿Cómo te va la vida estos días, Malévole?
MALÉVOLE
Pues como al caballero Don Patricio Penlolian, matando arañas para el mono de mi señora.
PIETRO
¿En qué ocupas las noches? Según me dicen, no duermes nunca.
MALÉVOLE
¡Oh, no, pero tengo unos sueños de lo más fantásticos! ¡Oh, cielos! ¡Embuste, embuste!
PIETRO
¡Sueños! ¿Qué sueños?
MALÉVOLE
Pues veréis, veo a tal señor empeñando su gualdrapa, a cual metreza su bandeja; esta madamme toma una medicina y aquel Monsieur se la administra. Aquí una alcahueta enjoyada, allá un villano hoy mudado de satén que anteanoche no tenía ni para una camisa nueva. Aquí un Paris mantiene a una Helena, por allí una Lady Ginebra sustenta a un tal Lancelot. Sueños, sueños, visiones, fantasías, quimeras, imaginaciones, ¡trucos, engaños! (A Prepasso.) Don Tristram Trimtram, ¡upa monicaco, muéstranos cómo brincas! Aquí un caballero de la tierra de Catito capaz de jugar a la palma con cualquier paje de Europa, hacer el baile de la espada con cualquier folclórico de la cristiandad, correr la sortija hasta que se le pongan los párpados azules como el firmamento, y montar a caballo hasta con Pompeyo el Grande.
PIETRO
¡Corréis vos!
MALÉVOLE
Hasta el infierno. Pero señor Guerrino, ¡que de un triste prisionero hayas pasado a un despreciable zalamero! ¡Ay! Pobre Celso, que tienes la estrella menguante: tú sí que eres un hombre honesto. Lástima.
EQUATO
¿Lástima?
MALÉVOLE
Pues sí que lo es, Equato filosófico. Y una pena que tú, que por tu arte eres tan buen maestro, por naturaleza hayas de ser un tonto tan ridículo. Tengo que deciros algo, duque: mandad que sigan, mandad que sigan.
PIETRO
Dejadnos, dejadnos. Salen todos excepto Pietro y Malévole. ¿Qué ocurre?
MALÉVOLE
Duque, te han hecho un becco , un cornutto .
PIETRO
¿Cómo?
MALÉVOLE
Que eres un cornudo.
PIETRO
Habla. Di quién es.
MALÉVOLE
Con la destreza de un equilibrista.
PIETRO
¿Quién? ¿De quién se trata? El deseo me abrasa.
MALÉVOLE
Mendoza es quien hace de ti una bestia cornuda, duque. Por Mendoza eres un cabrón.
PIETRO
¿Qué evidencia hay? ¡Cuenta, rápido y sé breve!
MALÉVOLE
Como las barbas de un abogado.
Hay una vieja en la corte, Maquerelle que la llaman,
83
ella me lo dijo a mí, y es verdad, pues que es el ama.
84
¡Asco de rima, asco de rima! Maquerelle es una astuta alcahueta, y yo un honrado villano. Tu mujer una furcia ignota y tú un notable cabrón. Adiós, duque.
PIETRO
Espera, espera.
MALÉVOLE
Duque desganado, ¿puede una paciencia vaga llevar a una venganza insulsa? ¡Ah, señor, que haga una mujer de un hombre aquello que Dios nunca hizo!
PIETRO
¿Qué es lo que Dios nunca hizo?
MALÉVOLE
¡Un cornudo! Engatusarle a uno con cariño mientras cualquier canalla le planta el capirote; ponerle a un caballero en la espalda un sombrero de bufón cornudo y que los pajes se rían a carcajadas, mientras él es el último en enterarse. ¡Puñales y pistolas, puñales y pistolas!
PIETRO
¡Muerte y maldición!
MALÉVOLE
¡Rayos y truenos!
PIETRO
¡Venganza y tortura!
MALÉVOLE
¡Catzo!
PIETRO
¡Oh, venganza!
MALÉVOLE
No… y escoger de entre diez mil doncellas
104
una tanto peor que las demás
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en justa proporción de alma y partes.
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Sacarla del austero celo de sus padres,
107
hacerla suya por el rito más devoto,
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dejar que comande una esencia mejor
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que el simpar mundo, incluso a un hombre;
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abrazarla con ese apetito encendido
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que tiene el usurero por su tesoro hallado
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(creyendo que solo él puede echar cuenta);
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trovar su espíritu en un beso súbito
114
que a su corazón destile un ardor trémulo;
115
fiel a su cama, acallando el apetito de su sangre
116
para colmarla con los dulces de himeneo…
117
PIETRO
¡Ay, Dios!
MALÉVOLE
Mientras ella le brinda un hablar sinuoso, un cortés quelquechose ,
119
que provoca pero no sacia:
120
y entonces, justo entonces, su deseo estancado
121
fluye por el fervor lascivo que anticipa,
122
solo por su infesta imaginación extraña
123
que da forma al adúltero en su alma
124
y le hace creer que abraza las caderas del sucio truhan.
125
PIETRO
¡Se aflige mi sangre hasta en sus raíces!
MALÉVOLE
Mas piensa, piensa en lo que puede venir:
127
el adulterio a menudo es padre del incesto.
128
PIETRO
¡Incesto!
MALÉVOLE
Incesto, sí. ¡Mira! Por ventura su mujer concibe de Mendoza una hija; Mendoza muere; su hijo esposa a esta hija. ¿Ves? Ah, es frecuente, más que probable, mas sin duda sucede a menudo mientras la ignorancia, sin miedo, abraza a su propia simiente.
PIETRO
¡Qué visión tan espantosa!
MALÉVOLE
¡Adulterio! Pecado que junto a la simonía es la más horrible de las transgresiones bajo el palio de la salvación.
PIETRO
¿Junto a la simonía?
MALÉVOLE
Sí, junto a la simonía, de la cual en tiempos venideros los hombres no pecarán.
PIETRO
¿No pecarán? ¿Por qué?
MALÉVOLE
Porque (gracias a algunos clérigos) no dejará nuestra era nada con lo que pecar. Pero el adulterio, ¡ay, desgana!, debiera mostrar un castigo ejemplar, que la sangre intemperada se helase solo con pensarlo. Yo le maldeciría a él y a toda su generación; con mis propias manos lo haría. No dejaría al cielo que por mí vengase cualquier cosa.
PIETRO
¡Cualquier cosa, Malévole, cualquier cosa! Verás inmediatamente el temperamento que alberga mi alma. Adiós; recuerda que no te olvido; adiós.
(Sale Pietro.)
MALÉVOLE
Adiós.
151
Parco exceso en el pensar y una meditación cetrina
152
¡os dejen secas las venas! ¡El destemple os robe el sueño!
153
La inquietud del corazón es la venganza más honda:
154
quien hace correr la sangre del cuerpo agota la vida,
155
mas quien turba el corazón, el alma es que asesina.
156
Aún me proporciona este disfraz aquello
157
que rara vez oyen los reyes o el ilustre utiliza:
158
libertad de expresión. Usurpada mi condición
159
esta identidad fingida me provee de una lengua
160
sin grilletes: cual la de un emperador.
161
Hablar puedo como un necio y hasta como un truhan,
162
sin cuidado siempre, que a nadie se le antoja
163
ponderar mi aliento. Quien con una carcajada asesta un golpe
164
no levanta ampolla, y rara vez recibe más golpes.
165
Duque, seré tu tormento. Ahora mi justa venganza
166
apartará de ti una gema más preciosa que tu corona.
167
Lo más valioso bajo el cielo es un corazón en calma.
168
[I.iv]
(Entra Celso.)
CELSO
Mi honorable señor…
1
MALÉVOLE
¡Silencio, hablad bajo, silencio! Oh, fiel Celso
2
a cuya sola fe me hallo descubierto;
3
vos, uno de entre diez millones de hombres
4
que amáis la virtud por ella misma.
5
Vos, en cuyas manos Ops pondría su alma,
6
contemplad al desterrado Altofronto,
7
de Génova el duque hasta hace un año. ¡Oh, cuán noble!
8
Carecía yo de aquellos instrumentos de poder:
9
el disimulo y la sospecha. No me adapté a los tiempos, Celso;
10
mi trono como el centro de la circunferencia
11
en igualdad distaba a todos. Amparé a nadie,
12
goberné a todos por igual. Dormía con impávida virtud,
13
sin sospecha, sin sospecha alguna. Por fin las gentes,
14
sedientas de cualquier novedad remota,
15
impacientes por tener un gobierno más severo,
16
con la fuerza de Florencia, desterraron a Altofronto.
17
CELSO
¡Con la fuerza de Florencia! Sí, y de allí surgió la artimaña,
18
pues cuando la hija del florentino
19
se prometió a este Pietro que ahora es duque,
20
no hubo ardid de estado que no se empleara
21
hasta que a vos de todo…
22
MALÉVOLE
De todo fui despojado.
¡Ay, también María, cautiva, prisionera,
23
mi fiel y honesta duquesa, en la ciudadela!
24
CELSO
Yo aún os soy leal, ¡alcémonos hasta morir!
25
MALÉVOLE
No, no os subáis a una torre que cae, Celso:
26
pues sabido es que es acto desesperado y no afán,
27
inútil es luchar contra el destino. ¡Calma, habrá tiempo!
28
Esperanza, esperanza, que nunca abandona al desdichado,
29
¡y aun me obliga a vivir al acecho en este disfraz!
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¿Qué os parece mi lenguaraz descontento?
31
Mirad, aquí somos todos filosóficos monarcas
32
o tontos por naturaleza. Celso, la corte está en llamas:
33
las sábanas de la duquesa muy pronto echarán humo.
34
El inmoral Mendoza, ése de la nariz corva, aquél
35
que urdió el matrimonio y unió a Génova con Florencia,
36
hace ahora un cornudo del duque, cosa que él ya sabe.
37
La discordia es el maná del descontento:
38
cuando estallen sus filas, la reyerta es de Altofronto.
39
CELSO
Sí, mas…
40
MALÉVOLE
Está hecho: tragado como un jarabe.
41
Y actuará de alguna manera. Ya no me echaré atrás;
42
Firme es el propósito de quien no ha de caer más bajo.
43
(Entra Bilioso. Malévole cambia de tono.)
MALÉVOLE
¡Ah, el padre de todos los mayos! ¿Quién no ha visto nunca a un hombre cuya fuerza esté en su aliento, su respeto en su oficio; su religión en su señor; y su amor en él mismo? ¡Pues contemplad!
BILIOSO
Señor…
MALÉVOLE
Mi muy reverenciado señor, vuestro noble gorro de dormir os hace la frente excesivamente larga.
BILIOSO
Podría contaros la noticia mas seguro estoy de que la sabéis: el Duque habla muy bien de vos.
MALÉVOLE
Adelante, pues. ¿Y debiéramos vos y yo formalizar una estricta amistad?
BILIOSO
¿Secundarnos el uno al otro?
MALÉVOLE
Sí.
BILIOSO
¿Prestarnos el uno al otro servicio?
MALÉVOLE
Justamente. ¿Y qué si os he llamado cabestro, ilustre cornúpeta, herniado cobarde, momia podrida? Mas, teniendo ahora el favor…
BILIOSO
Palabras convencionales, términos de asueto. Su eminencia os obsequia con esta cadena que traigo, como recuerdo agradecido por… Ignoro por qué, quizá me lo podáis contar vos. En cualquier modo, venid, querido amigo. ¿Conocéis a mi hijo?
MALÉVOLE
¿Vuestro hijo?
BILIOSO
Capaz de comer perdices, bailar la giga, hacer posset posset Bebida templada a base de leche y especias, cuajada con vino o cerveza y que se tomaba como digestivo, generalmente antes de acostarse. De connotaciones lascivas por su asociación con el desenfreno, se bebía en cuencos o copas de más o menos ornamentación, representativas de un cierto estatus social (OED). Véase: W. Shakespeare, Macbeth, 2.2.7-8, Lady Macbeth: “The doors are open, and the surfeited grooms / Do mock their charge with snores. I have drugged their possets”. y jugar al volantín con cualquier joven caballero de la corte. Tiene dama igual de dulce, también. ¿Habéis visto a su perrita?
MALÉVOLE
Es un perro, hombre.
BILIOSO
Creedme, una perra. ¡Qué criatura más buena! Debéis ser su servidor. Os daré también a conocer a mi joven esposa. ¿Pues qué? ¡Por algo la mantengo en la corte! Ya se ha hecho la hora de la cena, cenad conmigo; eso es, todo aquello que poseo está abierto a vos.
MALÉVOLE
¡Cuán dulce con quien privanza tiene;
75
la tan abrupta faz del cortesano, qué servil!
76
Cualquier provecho que la naturaleza tragaría,
77
lo vomita para ellos, esbirros de una corona.
78
La ambición envidiosa nunca confiesa su sed
79
hasta que tanto mama, que se hincha, se hincha, y revienta.
80
BILIOSO
Ahora debo dejaros, con mis mejores deseos. Mantengamos entre nosotros una correspondencia firme, una mutua reciprocidad amistosa, una especie de estable y unánime cordialmente asociada…
MALÉVOLE
¿Ha visto su señoría alguna vez un palomar que fuera terso, redondo y blanco por fuera, y apestoso y lleno de agujeros por dentro? ¿Habéis visto alguno, don ilustre?
BILIOSO
Uy claro, pues acostumbran todos a ser de esa forma.
MALÉVOLE
Adieu , honesto amigo de la corte; que os vaya bien, mi fiel Castilio.
(Sale Bilioso.)
CELSO
Allá está Mendoza.
89
(Divisa a Mendoza a lo lejos.)
MALÉVOLE
Cierto, el íntimo consejero.
CELSO
Con vuestra venia, milord.
90
(Sale Celso.)
MALÉVOLE
Perfecto, ¡marchaos!
[I.v]
(Entra Mendoza, con tres o cuatro Peticionarios.)
MENDOZA
Dejad vuestra petición conmigo; yo garantizo que se cumpla. Hablad con mi secretario. Dejadme.
(Salen los Peticionarios.)
MALÉVOLE
Mendoza, escucha, escucha. No eres más que un villano traidor. ¡Con Dios!
MENDOZA
¡Fuera, malnacido!
MALÉVOLE
Aunque fuese nuestra madre la tripera, somos todos hijos del cielo. ¡Ah, hideputa, macaco libidinoso! Egisto… ¿Sabes quién era Egisto?
MENDOZA
¿Megisto?
MALÉVOLE
Sí, Egisto. Era un amancebado incontinente y asqueroso, uno igual que tú.
MENDOZA
¡Quita, patán avinagrado!
MALÉVOLE
¡Orestes, cuídate de Orestes!
MENDOZA
¡Quita, pordiosero!
MALÉVOLE
Llegará el tiempo en que yo ascienda.
MENDOZA
¿Ascender tú?
MALÉVOLE
Claro, en la resurrección.
17
No hay simiente tan vulgar que no acabe alzándose
18
ni rey tan poderoso que se mantenga al morir.
19
(Sale.)
MENDOZA
¡Ah, bravo Elíseo! ¡Qué cielo más delicioso es para un hombre el tener el favor de un príncipe! ¡Oh, Dios divino! ¡Oh, dicha! ¡Oh, fortuna! ¡Oh, todo de la vida lo mejor! ¿Qué pensaría yo, que haría, qué diría por ser valido, el favorito! Que se atienda a un hombre con tímido respeto, en su presencia silencio dignificado, en su ausencia soledad; bullicio confuso y murmullo agitado del cortejo de aspirantes que le obsequian; el palio extendido y su paso anunciado ante él, vasallos peticionarios lamiendo el suelo con rodillas serviles mientras unos cuantos en palacio con trazas de lamprea y que engendran con serpientes, llenos de ojos en ambos lados, ¡con humildad insinuada lo invisten con sus placeres! ¡Bendito estado! ¡Deslumbrante perspectiva es la que ofrece el Olimpo de la gracia! ¡Dios, por mí el duque es un cornudo! ¡Oh dulces mujeres, las más dulces! ¡Oh, Ángeles! Por el cielo que es más odioso que el demonio que os odia, o que es odiado por vos, y más feliz que un dios que os adora, o que es adorado por vos. Protectoras de la humanidad, alma y vida de la sociedad, ¿quién podría, no, quién puede vivir sin vosotras? ¡Oh, paraíso, cuán majestuosa vuestra austera presencia! ¡Qué imperiosamente casta vuestra modesta faz! ¡Qué cautivadora atracción en ese aspecto anhelante, bello, petulante, lascivamente compuesto! Sonrisas amorosas, destello en la mirada que enciende el alma, ¡ardientes cual las llamas de Faetón, que incauto abrasó el mundo! ¡Qué cuerpo tan delicado, qué alma más ingeniosa, qué discurso más preñado, cuánta cautela en la vida, cuánto juicio en los favores, en el día qué sociables y en la noche… oh, placer indescriptible! Bien cierto es que un hombre no merece disfrutar él solo de una mujer hermosa. ¡Mas una duquesa! Desafiando a Febo, voy inmediatamente a escribir un soneto en alabanza a ella.
(Sale.)
[I.vi]
(Entra Ferneze abriendo paso a Aurelia, Emilia y Maquerelle, que le lleva la cola del vestido; Bianca la asiste. Salen todos excepto Aurelia, Maquerelle y Ferneze.)
AURELIA
¿Es posible? ¿Mendoza habló con tanto desdén de mí? ¿Es posible?
FERNEZE
¡Posible! ¿Qué puede extrañar de quien ebrio de favor, con la gracia se torna insolente? Cuenta, Maquerelle, cuenta.
MAQUERELLE
Para hablar notoriamente, con más riqueza en el sólido sentir que en las palabras vanas, prestadme esas joyas de oídos y en ellas recibid mi obligado deber. Por mi parte, bien es sabido que puedo cargar con todo. (Discretamente, Ferneze va llenando las manos de Maquerelle con joyas mientras ella habla.) Con paciencia, todo lo puedo concebir de un hombre. Mas cuando oí que insultaba a vuestra dulce hermosura, por fuerza hube de ofenderme. Es muy cierto que ama a Emilia con arduo apetito; y como ella me cuenta (pues sabéis que las mujeres nos contamos los secretos), cuando ella lo repudió, alegando que él gozaba de vuestra muy querida gracia, Mendoza ingratamente renunció a seros fiel.
FERNEZE
Y os llamó… cuenta, Maquerelle, cuenta.
MAQUERELLE
Valga el cielo, “bruja”, “biscote reseco”, y juró sin sonrojarse que os había amado un rato como pasatiempo.
FERNEZE
Por amparo.
MAQUERELLE
Ascenso y consideración.
AURELIA
¡Ah villano! ¡Ah impúdico Mendoza!
MAQUERELLE
Si es que es un lengua de hollín, un canalla malhablado que nos insulta como no hay otro; contra las mujeres despotrica…
AURELIA
¿Cómo? ¿Cómo?
MAQUERELLE
Vergüenza me da decir cómo.
AURELIA
Cuánto me gusta odiarlo; hablad.
MAQUERELLE
Pues cuando Emilia se burló de que fuera un badulaque, el muy gañán de boca negra aún rezongó, y dijo…
AURELIA
¿El qué?
MAQUERELLE
En verdad que es vergonzoso.
AURELIA
¿Qué fue lo que dijo?
MAQUERELLE
Pues que todas las mujeres a los cuatro años son tontas; a los catorce, pingajos; a los cuarenta, alcahuetas; y a los cien, gatos.
AURELIA
¡Oh, impudicia sin límite!
FERNEZE
Mas cuanto al firme corazón de Ferneze,
35
nunca hubo pradera abierta que se agostara más
36
bajo el fuego abrasador del perro celestial
37
que mi corazón por vuestros ojos persuasivos.
38
MAQUERELLE
¡Caliente símil!
FERNEZE
Mi cielo han sido vuestras sonrisas, mi infierno vuestro enojo.
40
¡Piedad pues! La gracia debe habitar donde se halla la belleza.
41
MAQUERELLE
Por la Virgen, bien razonado.
AURELIA
Te querré entonces, aunque sea por desdén
43
a ese Mendoza. “Bruja”, Ferneze, ¡”bruja”!
44
Ferneze, eres de la duquesa el favorito.
45
Sé fiel y reservado; pero tiene sus peligros.
46
FERNEZE
Amor sin vida es aquél de quien por amor teme vivir;
47
si al pecar somos deudores, ¡ojalá la muerte fuera el pago!
48
AURELIA
Disfruta de mi favor. Ahora me encontraré mal y tomaré una medicina. Por tanto, visítame en mitad de la noche…
MAQUERELLE
Visitad su aposento, pero con una condición: no debéis ofender su cama, ¡por esta joya!
FERNEZE
Por esta joya.
(Se la da a Maquerelle.)
MAQUERELLE
Ni tomaros más tiempo del que os plazca, ¡por este rubí!
FERNEZE
Por este rubí.
(Se lo da.)
MAQUERELLE
Y que la puerta no haga ruido.
FERNEZE
Y que la puerta no haga ruido.
MAQUERELLE
Juradlo.
FERNEZE
Por esta bolsa de monedas.
(Le da su monedero.)
MAQUERELLE
Andad pues, que yo os guardo los juramentos. Recordad la visita.
(Entra Mendoza, leyendo un soneto.)
AURELIA
“¡Biscote reseco!” Mirad por dónde viene el muy desgraciado.
MENDOZA
“Primor de la vida, modelo del cielo, reina del amor”…
MAQUERELLE
Ésa es su Emilia.
MENDOZA
“Triunfo de la naturaleza, de la tierra lo mejor”…
MAQUERELLE
Se refiere a Emilia.
MENDOZA
“La única maravilla que el mundo ha conocido ”…
MAQUERELLE
Esa es Emilia.
AURELIA
¿Y debo escuchar cómo la alaba?
MENDOZA
Señora, cuán gentil es trovar a vuestra excelencia; he estado escribiendo arrebatos apasionadas en honor de…
(Sale Ferneze.)
AURELIA
¡Fuera, villano, más que villano! ¡Oh, juicio mío, dónde tenías los ojos! ¿Qué preferencia hechizada me hizo adorarte? ¿Qué embrujo me hizo amarte? Mas vete, ve y esconde la cabeza. ¡Oh, si pudiera hacer algo más que odiarte! Por tanto, el peor de los males: no pidáis razones; pues es razón nuestra voluntad.
(Sale con Maquerelle.)
MENDOZA
¡Mujeres! No, furias; no, aún peor; pues éstas tormentan sólo al malvado, mas la mujer, a bueno y a malo. ¡Maldición de los hombres! Aliento mío, ¿tanto elogio para esto? ¿Eres tú, Ferneze, quien atrapado se retuerce en sus íntimos favores? Tú tranquilo. ¡Ah, lo que maldeciría yo a estos monstruos de la naturaleza, dechados del infierno, condena de la tierra; aquellas que se atreven no lo intentan y lo que intentan lo consiguen sin importarles cómo; sin prevención ni premeditación; preguntan sin pensar, trabajan con desespero, sufren con impaciencia, desean en extremo y son esclavas de su apetito, maestras del disimulo, constantes de la inconstancia, perfectas falsificadoras; falsas son sus palabras, adulterados sus ojos, su cabello simulado, la esperanza que dan, falsa, su mismo aliento artificio. Su sola sangre es su único dios; la vejez y el mal vestido son los únicos demonios que las hacen temblar. ¡Si pudiera maldecirlas!
[I.vii]
(Entra Pietro, espada en mano.)
PIETRO
¡Que el diablo te asfixie, maldito echacuervos!
1
Reza lo que sepas.
2
MENDOZA
Se me ha olvidado.
PIETRO
¡Vas a morir!
MENDOZA
Y tú también. Estoy loco de corazón.
3
PIETRO
Estoy loco de cuernos.
MENDOZA
Extremadamente loco.
4
PIETRO
Monstruosamente loco.
MENDOZA
¿Por?
PIETRO
¿Por? ¡Tú, has deshonrado mi lecho!
5
MENDOZA
¿Yo? Vamos, ven; aquí está mi corazón desnudo,
6
Tan firme como el centro del glorioso mundo.
7
Empero, di, cornutto sí que eres, ¿mas por mí?
8
PIETRO
Sí, canalla, por tu causa.
9
MENDOZA
No, no; no quieras, con aliento colérico y mordaz,
10
acabar con aquél que puede acabar con ello. ¿Ofender yo a mi duque?
11
Sois testigos, oh calladas noches de aire austero,
12
de cuán celosos han sido mis ojos insomnes,
13
¡vigilando al traidor! ¡Espíritu de la verdad, recuerda
14
cómo me lancé con tal bajeza a serviles quehaceres
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sólo para encontrar
16
la verdad, partícipe, hora, modo, el lugar,
17
quién y cuándo y dónde te había deshonrado!
18
¿Y con “canalla” me pagas? ¿Acaso mi intrusión
19
en sitios prohibidos, privados,
20
sólo para observar secretos lances
21
(que sabe el cielo había jurado revelar)
22
me ha hecho sospechoso, que me tengan por villano?
23
¿Quién es el traidor que nos confunde?
24
PIETRO
Quizá es un error, Mendoza.
MENDOZA
¿Error? Gentil nombre; mas erra y erra,
25
que te aturda la sospecha antes que por mí sepas
26
lo que otros muchos saben y tú no.
27
No, pues rechazas con desaire mi servicio,
28
antes de contarlo yo, tú mismo los hallarás juntos.
29
PIETRO
Mendoza, sabes que soy hombre de corazón llano.
30
MENDOZA
¡Tanto mejor y más apto cornudo! ¡Ojalá tuvierais la frente igual de llana!
PIETRO
Cuéntame. Cierto es que te he oído maldecir.
33
MENDOZA
Sí, a las mujeres. ¿Pues qué clase de flema helada
34
es la que elige hacer de un caballero honrado, virtuoso,
35
generoso, dulce, apuesto, amante infinito,
36
uno ultrajado, difamado, despreciado, hecho un cornudo?
37
¡A todas las mujeres odio de corazón! Por sus sábanas tan dulces, sus candelabros, sus tálamos esculpidos, blusones de cambray, viles cortinas, sus tapices, sus goznes aceitados, ¡lascivos testigos sin lengua de su promiscuidad sin fin! ¿Qué salvación puede esperarse?
PIETRO
¿Me lo puedes decir?
MENDOZA
¿Por qué, cuando podéis hallarlo vos? Observad, observad.
PIETRO
No tengo tanta paciencia. ¿Quieres mi gratitud? Cuenta, di.
MENDOZA
¡Pues tened! Ferneze es quien buscáis, Ferneze. Y lo he de probar: esta noche podréis haceros con él en vuestras sábanas, ¿suficiente?
PIETRO
Suficiente. Algo de paz hay en mi pecho.
48
Hasta la noche…
49
MENDOZA
¿Cómo?
PIETRO
Adiós.
MENDOZA
¡Dios, cuán endeble caballero!
¿Pensáis que no hay nada más?
50
PIETRO
¿Cómo?
51
MENDOZA
Entonces me consideraré consejero vuestro.
52
Así ha de ser: con un centinela venid de repente
53
y entrad a la fuerza en la alcoba de la princesa; yo esperaré
54
al otro lado de la puerta, por donde preciso él debe pasar.
55
Vuela Ferneze: dejadle. Viene hacia mí: muerto es.
56
Yo, observad, yo lo hago. Vos salís, yo clamo al cielo
57
e intento salvarlo. Llega la duquesa,
58
con quien (por respeto a su alta cuna
59
y vuestra casta naturaleza), ya sé, bueno, ya sé
60
que no se debe ser violento. Ella llega, yo estallo,
61
elogio, excuso a Ferneze, y aún mantengo
62
el honor de la duquesa: ella por esto, me estima.
63
Yo os honro, descubro su alma, y a vos la mía.
64
Mas luego nada habrá de planear ella en venganza
65
(pues las mujeres urden las más astutas)
66
por su Ferneze, que no sepáis vos antes
67
de que ella misma lo piense. Así que él muerto seguro,
68
vuestra duquesa atrapada con maña, y vuestra vida, a salvo.
69
PIETRO
¡Mejor que bien; a mis brazos, a mi alma!
70
Cuando no hay cura, mejor cortar por lo sano.
71
(Sale.)
MENDOZA
Aquél que no puede fingir amistad, nunca podrá obtener los efectos del odio. Duque don bobo, lasciva y sutil duquesa, Ferneze, novato infeliz: me dais risa. Mi mente alumbrará maldades que han de nacer; y ya siento el impulso, prueba evidente de que la criatura está en camino.
Como el oso da forma a su cría, así formaré yo mi ardid,
77
que al crecer ha de tornarse horrible: la venganza hace sabios.
78
(Sale.)
[I.viii]
(Entran Malévole y Passarello.)
MALÉVOLE
Bufón, bien hallado seas. ¿Sabes cantar, bufón?
PASSARELLO
Yo canto, bufón, si os encargáis vos de la parte sonante. Y también sé tocar instrumentos, mal, como un caballero. ¡Ah, si me hubieran castrado! Habría sido un bufón gordo de alcoba, bufón chirriante de taberna, y bufón privado de las damas.
MALÉVOLE
Tienes muy buena pinta desde que estás en la corte, bufón. Mira, ¡forrado, forrado!
PASSARELLO
A fe mía que sí, incluso llevo terciopelo como el lacayo y la alcahueta: no como ornamento de honor sino como señal de arduo trabajo. Pues ahora que el duque está descontento, yo de buen agrado con mis burlas lo duermo cada noche.
MALÉVOLE
¿Qué es lo que le aflige?
PASSARELLO
Los ojos le duelen.
MALÉVOLE
Nunca he visto tal cosa.
PASSARELLO
Los ojos le duelen horriblemente; le pasa a todos los cornudos, pues la raíz del cuerno sale del globo ocular, y por ese motivo el cuerno del cornudo es tan tierno como un ojo, o como aquél que le salió a aquella mujer en la frente hace ahora doce años y que no aguantaba roce alguno. Al duque le cuelga la cabeza como a la colombina.
MALÉVOLE
Passarello, ¿por qué el noble mendiga bufones?
PASSARELLO
Por lo mismo que el galés roba los juncos si no hay nada más que birlar: porque no se pierda el hábito.
MALÉVOLE
Bah, no das buenas razones; hablas como un bufón.
PASSARELLO
A fe que digo pedacitos como el caballero que corteja a la viuda en la capital con el tintineo de unas espuelas doradas, echando para adelante la recia barba teñida y tomando tabaco. Hasta aquí el espejo de sus caballerescos logros. No, mejor hablo una vez que la lengua no pare: es como un plebeyo a caballo y sin silla de montar, a galope falso eternamente.
MALÉVOLE
¿Y cómo anda Maquerelle estos días?
PASSARELLO
A fe que antes la saludaba como se recibe a cualquier mujer inglesa en cuanto llega a Flushing: solía llamarla puta. Mas ahora que la antigüedad la ha dejado hecha un plástico que trabajar, ya solo le pregunto cómo están cada mañana esos dientes podridos, y así la dejo. Fue la primera en inventar el sayo perfumado para las damas, y el escarpín de lana para evitar crujidos para el visitante. Sería una señora estupenda si no se le pelara la cara como cristal de mica.
MALÉVOLE
¿Y cómo está ese viejo patrón tuyo, con tanto ingenio para la coba y tanto conocimiento para la infamia?
PASSARELLO
Oh, excelente; tiene a quince bufos como yo para instruirle en el arte de la tontería, y le cuenta sus idioteces en privado al duque y a la duquesa. Le mentiría igual al suizo que al abogado: toma parte por quien le dé más dinero.
MALÉVOLE
Tengo prisa, sé breve.
PASSARELLO
Como el violinista si le pagan. Es capaz de prosperar, os lo aseguro, mientras el joven cortesano se queda como Viernes Santo en Cuaresma: todos lo quieren ver, porque los días de atocinarse vienen tras él. Por lo demás es el más flaco y lamentable actor de todo el espectáculo. Adieu , Malévole.
MALÉVOLE
¡Oh, qué mundo más vil, cuando tu vanidad insolente en boca de un bufón, hace al bufón parecer sabio!
PASSARELLO
Nos volveremos a ver, Malévole.
MALÉVOLE
Ah, sí, por el terciopelo te conoceré.
PASSARELLO
Claro, como al picapleitos por la bolsa de bucarán. Soy tan común en la corte como los labios de la hospedera en el campo. Caballeros y payasos y truhanes y todo me comparten; la corte no puede existir sin mí. Adieu , Malévole.
(Salen.)
[II.i]
(Entra Mendoza, trae una luz para observar la entrada de Ferneze, que llega durante el interludio con el jubón desabrochado. Dos pajes ante él con luces. Maquerelle sale a su encuentro y les hace pasar. Se despide a los pajes.)
MENDOZA
Atrapado; he ahí un pájaro con el lazo al cuello.
1
Peligrosa senda de lujuria pisa ahora Ferneze
2
mientras jura que su razón está por completo endiosada.
3
El tonto abraza a una nube y engendrará centauros;
4
Y ahora, con el vigor de los jadeos y la debilidad del placer
5
ordena el sátiro que el cielo sienta envidia. Pobre ganso,
6
no puedo concederte más que el consuelo de la desgracia, lástima.
7
La lujuria es cual la pesa que cuelga del reloj,
8
No termina su trabajo hasta que todo se desploma.
9
Tal es el camino enfermo de la lujuria salaz,
10
ése que tú debes probar. Me vengaré. Duque, tu sospecha;
11
duquesa, tu deshonra; Ferneze, mi rival:
12
todo hallará pronta venganza. Nada hay tan sagrado,
13
ni hay lazo tan fuerte y natural,
14
ni sacrosanta ley de amistad,
15
que no pueda yo violar, romper, profanar,
16
antes que sufrir deshonra, desdén y pobreza.
17
¿Acaso debiera yo, que solo con toser he desvestido cabezas,
18
con mi rostro hecho el silencio, con el crujir de mi zapato
19
abierto de par en par los pasadizos más secretos,
20
rascar la puerta que me cierran como a un perro servil?
21
¿Doblar ahora la rodilla? Decir: “os ruego,
22
os lo suplico, ¿se encuentra ahí tal señor?” ¿Dejarme intimidar
23
por las fingidas formas de una criada cualquiera?
24
¡Que me arda el cerebro! “Unde cadis, non quo, refert.”
25
Mi corazón grita: “¡Mueran todos!” ¡Cómo! ¡Cómo! ¿Qué sino
26
puede evitar la venganza si es ésta desesperada?
27
Voy a ver al duque. Si se descubre todo… ¿Si? ¡Ja!
28
La fortuna es amable con quien no tiene vergüenza.
29
(Sale.)
[II.ii]
(Entra Malévole por una de las puertas; Bianca, Emilia y Maquerelle por la otra.)
MALÉVOLE
¡Dios os bendiga, copla de damas! ¡Ajá, Dipsas! ¿Cómo va, viejo tizón?
MAQUERELLE
¡Viejo tizón!
MALÉVOLE
Tizón viejo, sí, que te escondes como hierro de marcar bajo un haz de leña verde. Quien quiera encender la llama en el corazón de una moza, habrá de dejar cerca un viejo tizón que primero haya ardido, alcahueta, mi yesca medio quemada, que aunque ya no puedas arder, aún eres muy capaz de encender la vela de un millar de vírgenes. (A Bianca.) ¿Y cómo está Janivere tu marido, pequeña vincapervinca? ¿Aún afectado por la tos a todas horas? ¿Aún se pasa las noches tratando de quitarse el gargajo de encima? Es poco mordedor.
BIANCA
No, a fe mía que lo acepté sin un solo diente en la boca.
MALÉVOLE
Y él te acepto a ti con algún hueso de más en el vientre. El golpe de su enemigo es el que le ha dejado huella.
BIANCA
Y a mí el golpe de mi amigo.
MALÉVOLE
¡La estocada queda cerca! ¡Ah, joven doncella! Señora, ¿algún reconstituyente para Jasones decaídos? Digo, entresijos de cangrejo al horno, meollo de buey destilado, cabellos pulverizados del morro alto de un león, jalea de gorrionzuelo, tuétano de mono macho o cáscara molida de huevos de zorro? ¿Y a dónde vais ahora, de paseo?
BIANCA
Cómo, al lecho, al lecho.
MALÉVOLE
¿Duermen con vos vuestros maridos?
BIANCA
Eso serían modales de campo.
MALÉVOLE
¿Y no va con vos nadie que os abra las puertas? Vamos, decidme de una vez a dónde vais.
BIANCA
De una vez os decimos que nos vamos a comer un posset posset Véase nota en I.iv. hecho admirablemente, un milagro de lo más pasmosamente compuesto, con tres cuajos y sin líquido alguno. ¿Me ayudáis con lo del zorro? Aquí llega el duque.
(Salen las mujeres.)
MALÉVOLE
(A Bianca.) Las ranas fritas también son muy buenas, ¡y muy francesas!
32
[II.iii]
(Entran el Duque Pietro, el Conde Celso, el Conde Equato, Bilioso, Ferrardo y Mendoza.)
PIETRO
Honda y funesta se hace la noche. ¿Qué hora es?
CELSO
Las doce en punto.
MALÉVOLE
¡Salve, duque!
PIETRO
¡De ti! ¡Márchate, no te tengo estima alguna! Que no te vuelva a ver; grande es nuestro enojo.
MALÉVOLE
¡Pues que Dios sea contigo! Que el cielo oiga esta maldición: ¡que tu esposa y tú viváis juntos mucho tiempo!
PIETRO
¡Marcháos, patán!
MALÉVOLE
“Cuando Arturo entró en la corte…” Agamenón… Menelao… ¿hubo alguna vez un cornuto que fuera duque?
PIETRO
¡Marcháos de aquí!
MALÉVOLE
¿A qué santo te encomendarás ahora?
MENDOZA
¡Fuera con él!
MALÉVOLE
Con la más servil paciencia el momento llegará
14
en que el asombro de tu error hará enmudecer de un golpe
15
a tu ebria razón.
16
¡Tiene el favor el canalla, ja! ¿Le irá bien?
17
¡Dios! ¡Cuán sutilmente adula al vicio el infierno,
18
lo eleva por los aires y le hace creer que vuela,
19
como la rapaz que engañó a la tortuga,
20
crustáceo ambicioso al que llevó al cielo
21
con el solo fin de hacerle caer muerto desde lo alto!
22
BILIOSO
¿Qué, cuándo? ¡Fuera, bellaco! ¡Márchate ganapán!
MALÉVOLE
“Ahora debo dejaros, con mis mejores deseos.”
BILIOSO
¡Fuera, perro sarnoso!
MALÉVOLE
“Mantengamos entre nosotros una correspondencia firme.”
BILIOSO
¡Fuera!
MALÉVOLE
“Una mutua reciprocidad amistosa, una especie de estable y unánime cordialmente asociada…”
BILIOSO
Fuera de aquí, avinagrado, baja ralea, ¡vete!
MALÉVOLE
Adieu, palomar. Cardo, que te enganchas solo a hirsutas fortunas. ¡Que el serpigo, la estranguria y un eterno priapismo impotente te lleven!
BILIOSO
¡Fuera, canalla!
MALÉVOLE
Así seas el cuclillo más notorio, alcahuete de tu señora, y no saques nunca provecho; mas vivas para ser lo más abyecto del género humano: ¡un cornudo pordiosero!
(Sale.)
PIETRO
Así sea.
MENDOZA
Así ha de ser, pues cuando el grande ha de vengarse
39
es menester que a las partes que a la piedad
40
y el respeto renuncian se las vigile de cerca.
41
Poned en su pecho a uno que duerma con él,
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que coma en su mismo plato, luche en su mismo bando,
43
que pueda descubrir cualquier indicio de peligro;
44
pues una vez deshonrado, expuesta su ofensa,
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pierde el hombre la vergüenza. Y el hombre (todo sea dicho)
46
es más dado a la venganza que a la gratitud.
47
Con polvo se escriben los favores; mas el azote que nos dan
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queda grabado en el eterno acero de nuestra vil naturaleza.
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PIETRO
Debéis uniros a la duquesa.
50
EQUATO
El plan es excelente.
51
MENDOZA
Debéis matarlo ambos y que parezca que salváis el cuerpo.
52
FERRARDO
Finísimo golpe de ingenio.
CELSO
De un truhan muy agudo.
PIETRO
Señores, la grave acción que pretendemos
55
implica humillación y muerte. Dos de las sombras
56
más feas que confundir el alma puedan. Pensadlo, pensad.
57
Soy yo quien asesta el golpe, mas como aquél que dispara
58
contra un muro de piedra y ve su flecha rebotar.
59
Mía es la deshonra de mi dama, ¡oh, Dios, es mía!
60
Por tanto os conjuro, mantened el secreto.
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Que sea la menor que sea posible,
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os lo ruego, que sea posible.
63
Entrad sin que se asuste, saludadla con dulzura,
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no manchéis nada de sangre. Solo muere Ferneze,
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mas no ante su mirada. ¡Oh, caballeros,
66
sabe Dios que la amo! Nada más, solo esto:
67
no me hallo bien. Si el dolor, que seca las venas,
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aja la piel, torna en ceniza el rostro de los hombres,
69
nubla la mirada y la sangre debilita,
70
acaso se me llevara al otro mundo,
71
pues cierto es que he de morir un día, que sea él quien me suceda.
72
No tengo descendencia; el fruto de mi juventud
73
es vuestro afecto, que es quien tendrá mi herencia.
74
Si ese fuera el porvenir, conjuro ahora:
75
el sucesor es Mendoza. Noble de cuna,
76
y muy digno de mi merced.
77
CELSO
¡Mucho!
PIETRO
Vuestro silencio responde un “sí”.
79
Gracias. Vamos. ¡Ah, que la muerte me llegue
80
antes que se descubra su deshonra! ¡Más quisiera
81
ser forzado a prender fuego a la tumba de mi padre,
82
sacar sus huesos y echarlos al barro, antes a que esto!
83
Esto es afrenta al vivo y al muerto:
84
acerada cirugía cuando solo la muerte puede dar satisfacción.
85
(Salen todos.)
[II.iv]
(Entran Maquerelle, Emilia y Bianca con la sopa cuajada.)
MAQUERELLE
Aquí está: tres cuajos en tres regiones individualmente distintas, compuesto según el método y las reglas del arte, sin bebida alguna.
BIANCA
¿Sin bebida alguna?
MAQUERELLE
Por mi honra. ¿Queréis sentaros a comer?
EMILIA
¡Bueno! La composición, la receta, ¿qué tiene?
MAQUERELLE
Pero qué perla más linda; por esta perla (¿qué tal me queda?) que lleva: treinta y siete yemas de huevos de gallina bereber, dieciocho cucharadas y media de jugo de huesos de gorrión macho, una onza, tres adarmes, cuatro escrúpulos y un cuarto de sirope de dátiles de Etiopía, endulzado con tres cuartos de una libra de cardo marino de las Indias, confitado y espolvoreado con polvo de perla de América, ámbar de Catania y testículo seco de cordero de Moscovia.
BIANCA
A fe mía que son ingredientes de lo más cordial, sin duda buenos y con gran poder de restauración.
MAQUERELLE
No sé qué queréis decir con restauración, pero todo esto hace: purifica la sangre, suaviza la piel, aviva el ojo, confiere fuerza a las venas, depura los dientes, conforta el estómago, fortalece la espalda y agudiza el ingenio: eso es todo.
EMILIA
En verdad que solo he comido dos cucharadas y me parece que ya puedo conversar con más ingenio y soltura.
MAQUERELLE
¿Tenéis arte para parecer honesta?
BIANCA
Agradezco consejo y práctica.
MAQUERELLE
Pues entonces comed esta sopa de cuajo, avivad vuestra sangre y conservad vuestra belleza. ¿Conocéis al Doctor Don Emplaste? Por este cuajo que es el más exquisito a la hora de pintar venas, dar alegría a los ojos, teñir el pelo, alisar la piel, dar color a las mejillas, maquillar los pechos, aclarar y emblanquecer los dientes, que jamás volviera hermosa a una vieja a la luz de la candela. ¡Por este cuajo!
BIANCA
Pues estamos decididas: lo que Dios nos ha dado, lo cuidaremos.
MAQUERELLE
Cuidadlo todo a excepción de vuestro marido. No lo tengáis mucho en las alturas, no sea que salte el cercado. Mas vuestra belleza, dejad que sea vuestra santa: dedicadle dos horas cada mañana en vuestro aposento. Yo he sido joven, y aún en mi conciencia que no tengo más de veinticinco años. Pero creedme: preservad y usad vuestra belleza, pues una vez perdidas belleza y juventud, somos como un panal sin miel; un traje pasado de moda que no quiere llevar hombre alguno. Por tanto, sacad provecho de vuestra belleza.
EMILIA
Sí, pero los hombres dicen…
MAQUERELLE
¡Los hombres dicen! Que digan lo que quieran. ¡Mujer! Ellos ignoran vuestras necesidades. Cuantos más años cumplen, más perfectos se vuelven: si pierden belleza y juventud, ganan saber y discreción. Pero cuando nuestra belleza se desvanece, ¡a las buenas noches! ¡No puede haber cosa más fea que ver a una mujer vieja de la que (¡oh, atusar, pellizcar y pintar!) ceden todos los encantos!
(Se oye música dentro.)
BIANCA
¡Oíd! ¡Música!
MAQUERELLE
Silencio, es en la alcoba de la duquesa. Que descanséis, mis florecientes damas de alta gracia.
EMILIA
Buenas noches, centinela.
BIANCA
Buenas noches, querida Maquerelle.
(Salen, excepto Maquerelle.)
MAQUERELLE
Que el efecto de mi sopa de cuajo os proporcione mi ingenio y honradez; y a mí, vuestra belleza y juventud. ¡El más plácido descanso!
(Sale Maquerelle.)
[II.v]
(Canción (dentro).)
(Mientras dura el canto, entra Mendoza con la espada desenvainada, presto a asesinar a Ferneze cuando salga huyendo del aposento de la duquesa. (Tumulto en el interior).)
TODOS
(Dentro.) ¡Atacad, atacad!
AURELIA
(Dentro.) ¡Salvad a mi Ferneze! Oh, salvad a mi Ferneze.
(Entra Ferneze en mangas de camisa y va derecho contra la espada de Mendoza.)
TODOS
(Dentro.) ¡Tras él, perseguidle!
AURELIA
(Dentro.) ¡Salvad a Ferneze!
MENDOZA
¡Atraviesa, atraviesa!
5
(Le clava la espada.) —Pobre idiota, ¡cae!
Aquél que de una princesa aspira al amor clandestino
6
ha de ser de mano abierta, callado corazón, sus ojos los de Argos,
7
hercúleas sus espaldas; si no, muere.
8
(Entran Aurelia, el duque Pietro, Ferrardo, Bilioso, Celso y Equato.)
TODOS
¡Seguidle, seguidle!
((Mendoza se coloca a horcajadas sobre cuerpo herido de Ferneze y simula protegerlo.))
MENDOZA
¡Apartaos, deteneos, insolentes caballeros!
10
PIETRO
¡Atacad!
11
MENDOZA
No lo hagáis; no tentéis a un hombre decidido.
12
¿No os basta, crueles asesinos, con la muerte?
13
AURELIA
¡Oh, pobre Ferneze!
14
MENDOZA
¡Ay, tarde es ya para defensa alguna!
15
AURELIA
Está muerto.
PIETRO
Lamento nuestra deshonra. Id a acostaros;
16
no lloréis demasiado: dejad algunas lágrimas que derramar
17
cuando yo muera.
18
AURELIA
¿Llorar por ti? Mi alma no hallará lágrima alguna.
19
PIETRO
¡Ay de mí, ciega es el alma de una mujer!
20
MENDOZA
¡Traición a tal belleza!
21
¡Muerte a tal juventud! ¡Desprecio a las formas!
22
En nada le estima quien airado no esté con él.
23
PIETRO
No podéis enojarme: ya ha habido sangre suficiente.
24
Que os plazca saber, señora, que hemos olvidado
25
todas vuestras faltas. Si no, entonces…
26
AURELIA
No.
PIETRO
¡No! Que tengáis buen reposo, buenas noches.
27
(Sale Pietro con otros Cortesanos.)
AURELIA
¡El odio sea contigo!
28
MENDOZA
Madam , me habéis deshonrado vilmente.
29
Habéis sido muy injusta con quien tantísimo os ama.
30
Vamos, vuestra alma sabe que así ha sido.
31
AURELIA
Me parece que sí.
32
MENDOZA
¿Tan solo os lo parece?
33
AURELIA
No, seguro que así ha sido. Son mis ojos testigos de tu amor; firme te has mantenido por mí.
MENDOZA
Decidme entonces, mujer de hermosa tez, cuyas lágrimas
36
vuelven poderosamente bella, ¿qué súbita pasión
37
os arrojó con tan violenta furia en mi contra?
38
Hablad, ¿de qué maldad somos víctimas, qué demonio nos ha herido?
39
Hablad.
40
AURELIA
Ese ser, indigno de llamarse hombre, Ferneze.
41
Ferneze, quien juró que amabas a Emilia;
42
y que para conseguir su favor con aliento de reproche
43
el amor que te di mancillaste ante todos.
44
MENDOZA
Innoble villano, ¿por esto he defendido yo
45
tu cuerpo herido? ¿Por esto me he enfrentado
46
incluso a mi soberano? Por esto, ¡oh Dios!, por esto
47
he arruinado mis esperanzas, y con ellas mi vida?
48
¿He desnudado mi garganta bajo el hacha del verdugo?
49
¡Tú, cuerpo inánime y falto de honor! ¡Emilia!
50
Por mi vida que no la conozco, ¡Emilia!
51
¿Le creísteis?
52
AURELIA
Pido perdón, le creí.
MENDOZA
¿Y por eso le otorgasteis vuestra gracia?
53
AURELIA
Así fue.
54
MENDOZA
¿Le disteis vuestro favor, incluso vuestros abrazos?
55
AURELIA
¡Ay de mí, así fue!
56
MENDOZA
¿Esta noche?
AURELIA
Esta noche.
MENDOZA
¿Y entrelazados en la lujuria os ha encontrado el duque?
57
AURELIA
Esa es la triste verdad.
58
MENDOZA
¡Oh, Dios, oh Dios! Así al pobre espíritu honrado,
59
al circunspecto, nos engulle el cenagal
60
en un fondo de engaños, mientras que sangre más ágil,
61
de miembros aligerados, si atrapada, ¡degüella al hombre bueno
62
y escapa! ¡Ay, demasiado honrado soy para estos tiempos!
63
Flemático en demasía y de constancia severa;
64
me quedé impávido mientras el desgraciado me ataba la soga.
65
Bien, pues protegía yo el honor de aquél y aquélla
66
por quien mi corazón se había partido.
67
AURELIA
Vamos, me equivoqué,
y tanto me duele haberme equivocado.
68
MENDOZA
Vos y yo ya estamos muertos: el duque nos odia.
69
Aquellos que con razón sufran el odio de un príncipe,
70
que estén prestos a morir, tan cierto como el destino.
71
La prevención es el alma de la política.
72
AURELIA
¿Lo asesinamos?
73
MENDOZA
Enseguida.
74
AURELIA
Enseguida, antes que trame algún plan,
75
o exponga aún más la notoria mancha de mi honor,
76
matémosle.
77
MENDOZA
Haría cualquier cosa por vos, ¿seréis mi esposa?
78
AURELIA
Te haré duque. Soy una Médici;
79
Florencia es nuestra aliada; en la corte, mi familia
80
no carece de fuerza; el duque muerto entonces;
81
nos dispuestos para el cambio; la multitud
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vacilante y perpleja; nuestro el poder;
83
nuestra parte en favor; pasmado el reino;
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éxito inmediato sin duda alguna: todo habrá gracia.
85
MENDOZA
Vos me dais fuerza; decidido está,
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mañana esperad un cambio; estad tranquila.
87
Estamos casi en la procaz cintura de la noche,
88
la madre del rocío baña con pálida luz
89
la tierra entumecida y se extienden sombras de plomo.
90
Dormid, dormid, mientras concebimos el delito.
91
Haré que entierren a este hombre. Adiós, id al lecho.
92
Besad la almohada: soñad que el duque ha muerto.
93
Id, id, buenas noches.
94
(Sale Aurelia.)
¡Cuánto adora Fortuna a la impudicia!
En secreto soy el hijo adoptivo de aquel buen príncipe.
95
He de ser duque. ¡Si he de serlo, he de serlo!
96
Duque más que idiota, ¡nómbrame! ¡Por el cielo!
97
Dios creó honrados necios para alimentar bribones taimados.
98
Mía es también la duquesa: hay que matar al marido
99
para borrar su afrenta. ¡Bueno! ¡Y desposarla luego! ¡Yo!
100
¡Oh, cuando la traición prospera, qué orgullo!
101
Cual ciñe al otro quien pelea, yo os abrazo:
102
no para ayudar, sino para haceros caer.
103
(Entra Malévole.)
MALÉVOLE
¡Dios te guarde!
MENDOZA
¿Quién lo ordena?
MALÉVOLE
Lo ordena el diablo. ¡Vos, monstruo traidor, maldito! ¿Cómo va? ¿Cómo va, canalla traicionero? ¡Ah, so bellaco! Me han echado de la corte, don menda.
MENDOZA
Te lo ruego, conozcámonos mejor. Te quiero bien, a fe mía.
MALÉVOLE
¡A vuestro servicio, por Dios! ¿Cenamos? Bebamos juntos hasta hartarnos y forjemos una amistad virtuosamente sólida. ¿Vamos, hugonote? ¿Vamos?
MENDOZA
Déjate caer por mis aposentos mañana temprano.
MALÉVOLE
Como un cuervo sobre una pila de estiércol. Dicen que hay uno muerto aquí, trinchado por la soberbia de la carne.
MENDOZA
Ferneze. Ahí está. Te ruego que lo entierres.
MALÉVOLE
Oh, será un placer, pretendo convertirme en puro clérigo de La Rochelle, yo.
MENDOZA
¡Clérigo, tú! ¿Por qué, por qué?
MALÉVOLE
Para vivir como un vago, quejarme de la autoridad, negar la supremacía del rey en cosas vanas, y ser el papa de mi propia parroquia.
MENDOZA
¿Con qué fin crees que se hicieron las iglesias?
MALÉVOLE
Para afilar rejas de arado; he visto bueyes arando altares, “et nunc seges ubi Sion fuit.”
MENDOZA
¡Qué extraño!
MALÉVOLE
Peor, ¡monstruoso! He visto una suntuosa torre de aguja convertida en fétida letrina; aún más bestial, el sitio más sagrado transformado en perrera; más inhumano, los pétreos sarcófagos de cristianos tiempo ha muertos, usados como abrevadero para los cerdos: “hic finis Priami.” ¿Habrá algo de vino y queso en tu aposento? Buenas noches, buen demonio travieso encarnado; buenas noches, Mendoza. ¡Ah, bestia desalmada, buenas noches! Adiós, impostor.
MENDOZA
Buenas noches. Mañana temprano.
(Sale Mendoza.)
MALÉVOLE
Sí, ahí estaré, maldición con cara de amigo, ahí estaré. Bien veo el truco; honestidad y cortesanía van tan separadas como las piernas de un bailarín francés.
FERNEZE
¡Oh!
MALÉVOLE
¡Proclamas! ¡Más proclamas!
FERNEZE
¡Oh! ¡Un médico!
MALÉVOLE
¡Oíd! La lujuria pide un médico. ¿Traes noticias del limbo? ¿Qué tal anda el gran cornudo, Lucifer?
FERNEZE
¡Ayuda! ¡Ayuda! Disimulad y ayudadme.
(Ferneze se mueve, y Malévole le ayuda a levantarse y le lleva fuera.)
MALÉVOLE
Tu deshonra me aflige más que tus heridas.
144
Pues sólo una cicatriz deja la herida sobre la piel,
145
mas la fama no se cura, se emponzoña cuanto más.
146
Tal es la maldición de la lujuria desbocada.
147
Piensa en lo que es el yacer en sábanas prohibidas,
148
mas, ¡oh, Ferneze, morir en plena lujuria!
149
Por tanto, si respetas la deshonra, ¡huye y no converses
150
con ojos de mujer y melindres lascivas!
151
Acerca una vela al dorso blanco de un muro virginal:
152
si no se quema, al menos ennegrecerá.
153
Ven, te llevaré a un refugio secreto
154
donde podrás vivir, feliz, alejado de la corte.
155
Comienza a levantarse lo más bello del día,
156
de su talle deslumbrante huyen las sombras de la noche.
157
Secretas intrigas inician su marcha. La escena se completa,
158
y quien ha buena calavera, guarda sus ojos con recelo.
159
(Salen.)
[III.i]
(Entran Pietro, Mendoza, el Conde Equato y Bilioso.)
PIETRO
El día alcanza ya su juventud, ¿qué haremos con esta luz ingrata?
1
De la corona de un tirano lleva el peso mi corazón.
2
¿Vamos de caza? Preparaos para salir al campo.
3
(Sale Equato.)
MENDOZA
¡Ojalá os sintierais más alegre!
4
PIETRO
¡Quisiera Dios que así fuera! Mendoza, que se apresuren.
5
(Sale Mendoza.)
De buen grado cambiaría yo de lugar. ¡Oh alivio vano!
6
Puede el alma triste cambiar de sitio, mas su dolor no cambia.
7
El ciervo, al ser herido, huye en busca de remanso,
8
mas clavada, la flecha aún se hunde…
9
BILIOSO
Buen símil, honorable señor.
10
PIETRO
No soy tan distinto de aquel enfermo
11
que largo ha que anhela un brebaje mortal. Al fin
12
bebe de un trago hasta la última gota, acabando así
13
con la vida y con la sed. ¡Ojalá no hubiera sabido de
14
mi propia deshonra! Santo Dios, ¡que sienta el hombre
15
el deseo de descubrir lo que, una vez se encuentra, acaba con
16
su alegría de vivir! ¡Catar del árbol del conocimiento,
17
y ser luego expulsado del paraíso!
18
¿Acaso puedes consolarme?
19
BILIOSO
Señor, poseo algunos libros dedicados en mi honor, mas nunca los he leído. Y eso que tienen nombres muy refinados: Medicina para Fortuna, Píldoras de sinceridad santificada ; hermosísimos trabajos de escribanos y maestros, muy bien curados. Bueno, recuerdo a un Séneca, Lucius Annӕus Séneca…
PIETRO
¡Maldito sea! Habló de fuerza y moderación, pero vivió como epicúreo voluptuoso y murió como un cobarde afeminado. Apresúrate a Florencia. Toma, llévate nuestras cartas: procúrales sello. ¡Vamos! Informa en privado al honorable duque de la forzosa deshonra de su hija. Relata eso de lo que nos sabemos demasiado. Con las cortesías necesarias. Nada existe más seguro y dulce que la ignorancia.
(Sale Pietro.)
(Entra Bianca.)
BILIOSO
Madam , me marcho de embajador a Florencia. Me supondrá un gasto enorme.
BIANCA
No importa, mi señor, el arriendo de vuestras dos villas expira estas Navidades, podéis estirar a los inquilinos en un potro más grande. Y cuando volváis a casa, os enseñaré cómo podéis obtener doscientas libras al año con los dientes.
BILIOSO
¿Cómo, madam ?
BIANCA
Cortando ese tanto del servicio doméstico: aquello que se ahorra con los dientes, se come con los dientes, ya sabéis.
BILIOSO
Válgame Dios que así lo haré. Me hallo en deuda asombrosa, señora.
BIANCA
Recordad el valor de la lisonja; siempre os he aconsejado que halagaseis al grande, y os ha sido de provecho. Cualquiera que lo haga así, será sin duda como el percebe escocés: ahora un tarugo, en seguida un gusano, y de repente un ganso enorme. Así es pudrirse y corromperse en brazos de la grandeza.
BILIOSO
Mi diplomática querida. ¡Cuán feliz es el anciano varón que tiene a su lado una joven diplomática! Tomaré cincuenta caballeros a mi servicio, bien que la mayoría de ellos habrán de ser hijos de granjeros y correr con sus propios gastos. Deberán ir vestidos así: traje verde aguamarina, capa color ceniza, calzas color celeste y plumas verde cotorra. ¿No es la combinación excelente?
BIANCA
¡Pardiez! Parecerán señorones yendo a caballo a visitar a sus amigos la semana de Pentecostés, tanta ropa como parroquias distintas.
BILIOSO
Es así como lo quiero; y Passarello, mi bufón, me hará compañía. Vestido de terciopelo, mirad bien.
BIANCA
¿Un bufón de terciopelo?
BILIOSO
Pues sí, normal es que el tonto común lleve satén: el mío irá de terciopelo.
BIANCA
¿Y qué llevaréis vos, mi señor?
BILIOSO
Terciopelo también; mas llevará el mío unos bordados, porque así me distinguiré en algo del bufón. La gota me molesta horriblemente; nada me aflige más que el hecho de que el doctor me haya prohibido el vino, y ya sabéis que un embajador ha de beber. ¿Preguntaste a tu doctor qué cosas van bien para la gota?
BIANCA
Sí, me dijo que la holganza, el vino y las mujeres le iban muy bien.
BILIOSO
¡Ah, qué ocurrencias tienes! Qué va bien para curarla, ¿qué dijo?
BIANCA
Pues el potro de tortura. Ni todos los empíricos juntos podrían curar tanta gota como el potro curó en Inglaterra. O como la bota escocesa. Que os lo cuente cualquier arlequín francés.
BILIOSO
En verdad me maravillo; cómo es posible que tú, que has vivido asilvestrada la mayor parte de tu vida, tengas tan grande ingenio.
BIANCA
¿Quién, yo? Pues ya hace tres veces dos meses que vivo en la corte.
BILIOSO
Veinte años hace que vivo yo, y el otro día un lacayo me llamó petimetre, y en mi cara lo hizo. ¿Pues no será maldiciente y deslenguado? Ojalá hubiera viajado más, y tuviera mejor conocimiento de las formas que usan algunos campesinos. Mas mi secretario, creo yo, me ha instruido lo suficiente.
BIANCA
¿Cómo, mi señor?
BILIOSO
“Pues veréis, mi buen señor,” me dijo, “vuestra señoría verá que de cada cien franceses, hay cuarenta arrebatados; de cada cien españoles, sesenta fanfarrones; de cada cien holandeses, ochenta borrachos; de cada cien ingleses, noventa chiflados; y de cada cien galeses…”
BIANCA
¿El qué, mi señor?
BILIOSO
“Noventa y nueve gentilhombres.”
BIANCA
Mas puesto que vais por tan triste asunto, yo preferiría que fuerais de negro, mi señor.
BILIOSO
¿Creéis que no puedo mostrar mi pesar a menos que lleve un crespón en el sombrero, como heredero de regidor? Qué vil, y qué antiguo, a fe mía.
BIANCA
Pronto aprenderé de vos. ¡Ah, qué galante caballero seríais si no fuera por mis instrucciones! ¿Cómo os comportaréis una vez en la corte del duque de Florencia?
BILIOSO
Con orgullo suficiente, y eso será bastante. Me pasearé por la sala frunciendo el ceño a diestro y siniestro, en mi jubón un perfume intenso, me dejaré crecer la barba para un aire terrible, no saludaré a hombre alguno por debajo del cuarto botón, y todo irá excelentemente.
BIANCA
Mas hay allí una dama hermosísima, ¿cómo la entretendréis?
BILIOSO
Os lo diré cuando sea la dama quien me haya entretenido a mí. Mas a fin de satisfaceros, aquí llega el bufón. Entra Passarello. Bufón, párate y encarna la dama.
PASSARELLO
Vuestro bufón se para y con placer encarnará inmediatamente a la dama.
BILIOSO
La saludaré en latín.
PASSARELLO
Oh, pero latín vuestro bufón no sabe.
BILIOSO
Ah, pero la dama sí.
PASSARELLO
Pues si la dama echa por tierra al bufón, el bufón no se podrá parar por la dama.
BILIOSO
¡Bufón pestilente! Por Dios que parece que el mundo esté cabeza abajo.
PASSARELLO
Oh, no, señor, pues entonces vuestra dama y todas las otras damas de la corte irían con los pies en alto; cosa tan rara de ver, ya sabéis.
BILIOSO
Muchos habrá que se quejarán de mi ascenso.
PASSARELLO
Claro, como la hermana mayor que envidia a la pequeña convertida en dama antes que a ella.
BILIOSO
El duque está asombrosamente descontento.
PASSARELLO
Y más melancólico que un usurero que se queda sin su dinero a la muerte de un príncipe.
BILIOSO
¿Has visto hoy a Madam Floria?
PASSARELLO
Sí, me la he encontrado antes reparándose la cara. El rojo sobre el blanco era como si sus mejillas hubieran servido para dos platos de bayas guisadas, y el resto de la cara, la guarnición de perdiz chocha.
BILIOSO
¡Pajarraco avinagrado! Venid, madam , esta noche podéis gozar de mí libremente, y mañana, a Florencia.
([Salen Bilioso y Bianca.])
PASSARELLO
Bufón nato es el que elige ser sostén encorsetado a la enagua de una mujer, ¡bien atado y bien ceñido! Yo sigo como un perro a mi señor; y bien dicho está, porque cuando le hago fiestas, me da de comer; y si le tiro a morder un dedo, me escupe en la boca. Si no se los matara colgándolos por el cuello, antes sería yo perro que lacayo; pues del dinero la corrupción dos cosas genera: o al usurero, o al mendigo piojoso.
(Sale.)
[III.ii]
(Entra Malévole vestido con bata de paño, mientras Bilioso lee las credenciales.)
MALÉVOLE
No puedo dormir. Mis párpados, malos vecinos,
1
rehúsan amistad. Oh pálida noche quieta,
2
que ahogas los sentidos en vapores indolentes;
3
que al mundo das licencia para juguetear,
4
liberando las venas cansadas del sudor laborioso.
5
El esclavo de galeras, que el día esforzado pasa
6
forcejeando con su remo en contra del terco oleaje,
7
tensas, robustas las venas, ronca ya.
8
Al hombre de la guadaña, que encorvado siega el campo,
9
seguro lo haces reposar. De noche todas las criaturas duermen:
10
sólo el malcontento, que en pugna con su destino
11
protesta; ¡ay, él es el sereno que ingenuo canta las horas!
12
Cetrina su mandíbula se hunde en gemido inútil;
13
para otros, lechos de plumas; para él almohada de piedra.
14
BILIOSO
¡Malévole!
MALÉVOLE
(A Bilioso.) Anciano de Israel, defecto insigne de naturaleza malvada y terca ignoracia, ¿desde cuándo tu esposa te deja yacer con ella?
BILIOSO
Me marcho como embajador a Florencia.
MALÉVOLE
¡Embajador! Por el honor de tu país, te lo ruego, no te lleves las gachas y el cordero bajo el sayo. Esa mujercita tuya tan joven se va contigo a Florencia, ¿verdad?
BILIOSO
No, la dejo aquí en palacio.
MALÉVOLE
¡En palacio! ¡La discreción nos proteja! Por el amor de Dios, ¡no más cornudos! Himeneo ya se está quitando el manto azafranado; conserva a tu esposa en estado de gracia. Alma de la verdad, antes dejaría a mi dama sola en un burdel que en la corte de Génova.
Allí el pecado, en su forma meretriz,
29
crece hasta henchirse odioso y sonrojar a los sentidos;
30
el exceso arroparía al apetito desmedido,
31
haría al alma respirar el aliento inmundo de la lujuria.
32
En la lasciva corte italiana, una dama sin guardián,
33
abandonada a la merced de toda tentación,
34
poderosa invitación a la indecencia,
35
ataviarla, perfumarla con esencias libidinosas,
36
colmar sus venas de fogosas exquisiteces,
37
suave descanso, dulces melodías, tiernos enmascarados,
38
banquetes lascivos, el pecado en sí revestido en oro,
39
poderosa fantasía que conjura exótico delirio,
40
y lo presenta complaciente a los sentidos,
41
los sentidos al alma, que lo ve confirmado
42
en el potente ejemplo, hábito impúdico,
43
seducida por la gran alcahueta: la Oportunidad.
44
Y así dispuesta, alaba ella en su oído fácil
45
al joven bien vestido, rico, gallardo,
46
bien hablado, noble en ciernes, de sangre ardiente,
47
ingenioso, adulador… Estando ausente Ulises,
48
¡oh, Ítaca!, ¿podrá resistir la casta Penélope?
49
BILIOSO
Valga el cielo, pensaré en ello. Adiós.
50
MALÉVOLE
Adiós. Lleva a tu esposa contigo. Adiós.
51
(Sale Bilioso.)
A Florencia, ¿eh? ¡Puede ser bueno, sí!
52
Y puede que de una vez nos despojemos de la máscara.
53
(Entra el conde Celso.)
[III.iii]
CELSO
Mi honorable señor…
1
MALÉVOLE
¡Silencio, Celso! ¿Qué hay? Baja la voz, un lívido temor sospecha que árboles, muros y arbustos, oyen. Cuenta, ¿cómo va todo?
CELSO
En verdad, señor, que esa bestia de mil cabezas,
4
la multitud vacilante, recula rápidamente.
5
Si por la envidia ilustre de algunos y la malícia común de otros,
6
su ardor desmedido os condenó al destierro,
7
ahora descubren que la envidia y la malicia jamás
8
producen la mínima reforma.
9
El duque, el manso duque, es como un tronco
10
que quisieran serrar dos facciones contrarias,
11
y aún con el hierro surcan su pecho.
12
MALÉVOLE
Te digo, Celso, que siempre supe
13
que tu pecho no albergaba cobardía desleal
14
ni vileza asustadiza. Por tanto te digo, Celso,
15
me parece que el viento está cambiando:
16
cambiaré yo el acecho a mi fortuna.
17
Conozco bien al florentino, cuya fuerza aislada,
18
que al casar a su hija altiva con este príncipe
19
me condenó al exilio e hizo duque a hombre tan débil,
20
los abandonará ahora a todos, puedes estar seguro.
21
Esperaré escondido mi ventaja,
22
para confirmarme en su ruptura.
23
CELSO
¿Se ha enterrado a Ferneze?
24
MALÉVOLE
Ya te hablaré de eso: aún vive.
25
CELSO
¿Y qué ha sido de Mendoza? ¿Qué hace ahora?
26
MALÉVOLE
A fe mía, igual que un apagavelas, arremete contra la inmundicia de otros hombres y se la queda para sí.
CELSO
Me parece que huye de la atención pública como la liebre de los galgos; mas los pies con los que huye le delatan.
MALÉVOLE
Sé cómo encontrar su rastro, Celso.
31
¡Oh, mi disfraz le engaña poderosamente!
32
Por mi apariencia desesperada de malcontento,
33
apenas se acercaría a mí: es en verdad un infame
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que afectaría la gracia más grande
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por un malvado y secreto fin.
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(Entra Mendoza.)
CELSO
Aquí está.
MALÉVOLE
Quédate fuera.
(Sale Celso.)
¡Ilo! ¡Uo, jo, jo! ¿Estás ahí, bonachón? ¿Por dónde te las gastas esta mañana? Veo que llevas la lisonja en la mirada y en el alma, la maldición. ¡Ah, canalla descomunal!
MENDOZA
Se te ve contento.
MALÉVOLE
Como un estudiante, futuens gratis . ¿Y a ti cómo te va con el diablo?
MENDOZA
Malévole, eres un patán redomado.
MALÉVOLE
¿Quién, yo? Pues he sido sargento, mira.
MENDOZA
Cuánta miseria.
MALÉVOLE
La misma que Job, un alquimista o un poeta.
MENDOZA
El duque te odia.
MALÉVOLE
Como un irlandés a un pedo.
MENDOZA
Has perdido su amistad.
MALÉVOLE
Tan alegremente como la doncella pierde su virginidad.
MENDOZA
¡Ojalá fueras de más recio espíritu! ¡Ojalá fueras noble!
MALÉVOLE
Bueno, seguro que mi sangre me dice que soy noble, de noble ralea seguro; pues encuentro que poseo las mismas cualidades: amo a los perros, los dados y las fulanas; desprecio la inteligencia que viene envuelta en paño, he zurrado al zapatero, empreñado a mi costurera, puesto los cuernos al boticario y arruinado a mi sastre. ¡Noble! ¿Por qué no? Desde que el estoicismo dijo: “Neminem servum non ex regibus, neminem regem non ex servis esse oriundum”, Fortuna sola se ocupa de revolverlo todo, y el providencial Azar de mezclarlo de nuevo. Te pondré un símil. ¿Has visto alguna vez un pozo con dos cubetas? Mientras una sube llena y presto se vacía, la otra baja vacía para llenarse otra vez. Tal es la condición de toda la humanidad. Y fíjate que yo podría ser el hijo de un duque; pues en verdad, ser un bastardo de lascivia desmedida pone en duda la nobleza de cualquiera. Tengo un corazón recio y audaz, Mendoza.
MENDOZA
Un abrazo; me gustas infinitamente. ¿Harás una cosa por mí?
MALÉVOLE
¿Me irá bien en ello? (Mendoza le da una bolsa con monedas.) A tus órdenes; tu esclavo soy, allende la muerte y el infierno.
MENDOZA
Mata al duque.
MALÉVOLE
Anhelo de mi corazón, deseo de mi alma, sueño de mis fantasías, afán de mi sangre, ¡cumbre sola de mi esperanza! ¿Cómo, oh Dios, cómo? ¡Oh, mis ánimos reunidos, cómo se agolpan! ¡Así dan fuerza a mi decisión!
MENDOZA
El duque ha salido a cazar.
MALÉVOLE
¡Excelente, admirable, como por arte del diablo! Prestadme, prestadme espada, pistola, ballesta; sí, sí, yo me encargo.
MENDOZA
Estamos de acuerdo entonces.
MALÉVOLE
Como la Cuaresma y el pescadero. Va, de punta a cabo, ¿cómo? Informa.
MENDOZA
Has de saber que este duque medio bobo, al que solo
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el sostén de Florencia mantiene, con estúpido fervor
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me ha nombrado su heredero, y en privado asevera
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que al morir será mía su corona.
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MALÉVOLE
¿Bajo qué mérito?
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MENDOZA
¡Mérito! ¡El de ponerle los cuernos!
Solo la muerte de Ferneze ha dado vida a mi cargo.
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Chist, seamos sensatos: no debe seguir con vida.
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MALÉVOLE
No hay razón, vaya. ¿Mas cómo ha de morir?
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MENDOZA
Mi plan definitivo es asesinar al duque, para poder quedarme con su poder porque él me nombra heredero; desterrar a la duquesa, para librarme así de una astuta lacedemonia, ya que me consta que no tendrá el apoyo de Florencia; y luego casarme con María, la esposa del desterrado duque Altofronto, ya que así sus amigos unirán sus fuerzas a las mías; eso es todo.
MALÉVOLE
¿Acaso amas a María?
MENDOZA
A fe, no con gran afecto, mas como el sabio ama a la gran mujer: para ennoblecer su sangre y aumentar su hacienda. Ahora, para lograr esto, esto ahora: el duque está en el bosque cercano a la costa; aisladlo, matadlo, arrojadlo al mar, y anunciad que habéis visto que los lobos se lo comían.
MALÉVOLE
¡Hum! No es muy bueno. Se me ocurre, cuando haya caído,
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buscaré a algún farsante, algún mísero desgraciado
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embozado en fingida santidad,
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que jure haber oído al duque lamentar la deshonra de su esposa
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en lo alto del acantilado, y en plena agonía
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de corazón torturado, arrojar sus gimoteos
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a las turgentes aguas. Este relato,
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bien contado, suena probable. Y así además,
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la duquesa…
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MENDOZA
Puede ser condenada al destierro.
¡Oh, invención sin par! ¡Excepcional!
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Tú, dios de la picardía, ¡cuánto me gusta!
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MALÉVOLE
Entonces no temas por la esposa de Altofronto;
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me convendré con ella.
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MENDOZA
Hazlo, hazlo. Place a nuestra excelencia.
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¿Por qué motivo no te han hecho emperador? Cuando seamos
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duque, seguro te haremos grande.
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MALÉVOLE
No, hacedme rico y canalla, que ya me haré grande
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yo a mí mismo.
120
MENDOZA
Que mi espíritu sea contigo;
Que haya en ti diez almas y se aúnen tus virtudes.
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Decide; ¡ja!, ¡piensa en la grandeza! Corazón, adiós.
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(Entra Celso.)
El sino de mi esperanza habita en ti.
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(Sale.)
MALÉVOLE
Celso, ¿has oído? ¡Ah, cielos! ¿Has escuchado
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qué ardid tan diabólico? Aguantas cómo el mundo
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celebra su condena e incluso brinda tragando con avidez,
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¿y aún miras para otro lado, aún duerme tu venganza?
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Si tu frente está serena, ¿cuándo estallará el trueno?
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(Sale.)
[III.iv]
(Entran Pietro, Ferrardo, Prepasso y tres Pajes.)
FERRARDO
Los perros han perdido el rastro.
Suenan cuernos de caza.
PIETRO
¡Dios quisiera que fuera eso lo único que se ha perdido! Dejad que el ciervo corra salvo, los perros sigan la presa y seguid vos a los perros. Cuanto a mí, no es propio de una bestia el cazar a otra. Hay una que me persigue; os lo ruego, dejadme a solas un rato.
FERRARDO
Quisiera que vuestro pesar os dejara en paz rápido como nos.
PIETRO
Os lo agradezco. Salen Ferrardo y Prepasso. Muchacho, ¿qué andas soñando ahora?
PAJE 1.º
Que era verano y hacía sol, señor; pues aquí viene un mundo de lo más fogoso. Mas mi señor, anoche tuve un sueño bien raro.
PIETRO
¿Qué sueño raro?
PAJE 1.º
Pues pareciome que mi canción os complacía, y después soñé que me obsequiabais esa espada corta.
PIETRO
Mendigas con mucho talento; espera, que se hará verdad tu sueño: toma.
PAJE 1.º
Merced. Seguí soñando luego, mi señor, y pareciome, si es que place a vuestra excelencia, que en vuestra magna bondad veíais necesario regalarme la joya de vuestro sombrero.
PIETRO
Oh, era tan solo un sueño, muchacho, no lo creas. Los sueños no siempre se hacen realidad; alguno puede tornarse en espada corta, pero en joya, ninguno. Mas caballero, soñásteis que vuestra canción me complacía: haced eso realidad, como he hecho yo lo otro.
PAJE 1.º
A fe, mi señor, que sólo era un sueño. Y los sueños, decís, no siempre se vuelven ciertos: pueden tornarse en espada, pero no en una buena canción. La verdad es que me he quedado sin voz.
PIETRO
¡Te has quedado sin voz! ¿Cómo?
PAJE 1.º
Soñando, a fe mía. Mas hay aquí un par de canallas asirenados que os encantarán. ¿Qué queréis que canten, mi buen señor?
PIETRO
Que canten a la naturaleza de la mujer, y así la melodía estará llena de variaciones, notas caprichosas y dulces cadencias. Habrá de ser veleidosa, grave, fantástica, amorosa, melancólica, vivaz, una en todo, todos a una.
PAJE 1.º
¡Todos a una!
PIETRO
Por la Vírgen, demasiados. ¡Cantad! Pecan mis palabras de indolencia derrochada. ¡Cantad!
(Canción (Pajes 2 y 3).)
[III.v]
(Entra Malévole portando pistola y ballesta.)
PIETRO
Ah, así, así, cantad. Tengo sueño. Alejáos; es posible que hable en sueños. Alejáos.
(Salen Pajes.)
MALÉVOLE
¡Vamos, vamos! ¿Quién es? ¡El duque! Cielo santo, ¡que el tonto se tope con la grandeza! No te duermas, duque; buen día. Seré breve, duque; me han pagado para matarte. ¡Quieto ahí! Mendoza, Mendoza es quien paga; mira su oro, su pistola, su ballesta y su espada: tan cierto como la tierra misma. Oh más que tonto, ¡encandilado con cuentos para idiotas! Credulidad, ¡nombrarlo heredero! ¡Al que juró tu muerte!
PIETRO
¿Es eso posible?
MALÉVOLE
¡Lo es!
PIETRO
¿No descubrió él a Ferneze?
MALÉVOLE
Sí, mas ¿por qué? ¿Por qué? ¿Por tu amor? ¡Claro, claro! Para vengarse de su rival, que de soslayo había intentado hincarle el diente; una vez muerto, a manos tuyas, es evidente, pues te defendía su espada, te tornó a ti en lo más odioso y en lo más agraciado a él, ante tu princesa de vida alegre. A ése has concedido secreto egreso y regreso a ella, has hecho heredero a aquél cuya fogosa lujuria antes revolvió tus sábanas y ahora ha de usurpar tu puesto. ¡Político! ¡Lumbrera! ¡Muerte! ¡Ser llevado a la hoguera como un toro por los cuernos, hacer que la bondad misma corte un cuello gentil! Vida, ¿por qué enmudeces? Cuerpo de humo pasmado, ¡habla! ¿No hay más fidelidad en la estocada que da una lengua de casa, que en esos nobles de esgrima remilgada?
(Entra Celso con un jergón de hermitaño y una barba.)
PIETRO
Lord Malévole, si todo eso es cierto…
MALÉVOLE
¡“Si”! Ven, ocúltate con este disfraz. ¡“Si”! Con tus ojos lo verás; te agradecerá haberte asesinado a ti mismo. Ven, sigue mis instrucciones y verás los engaños más singulares.
PIETRO
Mundo, ¿a dónde vas?
MALÉVOLE
Al diablo. Vamos, la mañana llega a su fin. La firme celeridad es el alma de un buen gobierno.
(Salen.)
[IV.i]
(Maquerelle llamando a la puerta de las damas.)
MAQUERELLE
Medam, medam, ¿estáis despierta, medam? Si estáis despierta, medam; no quisiera despertaros.
(Entra un Paje.)
PAJE
Milady ya está levantada.
MAQUERELLE
Pero qué niño más guapo, a fe mía. ¿Cuántos años tienes?
PAJE
Catorce, creo.
MAQUERELLE
Ay, si eres un adolescente…¿De alta cuna? ¿Sabes quién soy? Me llamo Medam Maquerelle; me alojo en el Patio de la Raposa. Mira, llegan las damas.
(Entran Bianca y Emilia.)
BIANCA
Buenos días tengas, Maquerelle.
EMILIA
¿Se ha levantado ya la duquesa, centinela?
MAQUERELLE
¡Oh, señoras, qué abominable desgracia! ¡Señoras mías, qué desastre más triste! Anoche encontraron a Ferneze en la habitación de la duquesa. Ay qué pena, el duque lo cogió y lo mató.
BIANCA
¿Lo encontraron en la cama?
MAQUERELLE
Oh, no; pero la ruin verdad es que la puerta no tenía el cerrojo echado; la lengua atada del postigo no hizo ruido alguno. La nuda verdad es que lo hallaron en mangas de camisa, mientras yo cual bestia absoluta dormía en la habitación contigua, oyendo nada. Y aunque pasaron por mi lado en la oscuridad, no los sentí, ay de mí, criatura insensible. Ay, hermosas, vigiláos los cierres del corsé, si no por castidad, que sea por cautela: aseguráos de que la puerta esté bien cerrada. ¿Vuestro esposo se ha ido a Florencia?
BIANCA
Sí, Maquerelle.
MAQUERELLE.
Confío en que tendréis discreción suficiente como para adquirir un vestido nuevo antes de su retorno. Muy bien, hermosas, a fe que he de haceros sabias de una vez. Te quiere tanto: ¡ja! Es tan listo: ¡venga! Bien proporcionado: ¡mira! De buena familia: ¡aire! Que sea ésta vuestra única postura: a cada hombre estimad según sus dones, y así seréis siempre las más queridas y las más dignas de ser las más queridas.
EMILIA
¿Ha vuelto ya el duque de la cacería?
MAQUERELLE
Dicen que aún no.
BIANCA
Y es mediodía.
EMILIA
¿Y cómo está soportando la duquesa esta afrenta?
MAQUERELLE
A fe, valientemente; desafía la infamia con valor, como buena hija del duque. Y de esto debéis tomar nota: aseguráos algún amigo poderoso en un rincón que sea capaz de intimidar a vuestro esposo. Fijáos en cómo se comporta la duquesa: sin miedo a la infamia; grita: “Duque, haz lo que quieras, yo vengaré mi honor.” No, como quien reafirma su virtud ante diez mil lenguas que murmuran su deshonra, está ahora mismo lista para ir al baile.
(Entra Ferrardo.)
BIANCA
¡Al baile!
MAQUERELLE
Bien cierto.
EMILIA
Mira, aquí viene mi criado, el joven Ferrardo. ¿Cuántos criados crees que tengo, Maquerelle?
MAQUERELLE
Cuantos más, mejor. Como bien dice el dicho, los criados, como los vestidos: hay que tener muchos, usar uno y cambiar a menudo, pues eso es lo más grato y elegante.
FERRARDO
¡Salve, bellas damas! ¿Ha vuelto ya el duque?
BIANCA
Gentil señor, aún no hay nuevas de él en la corte.
FERRARDO
Cuán extraño es eso.
BIANCA
¿Qué te parece mi criado, Maquerelle?
MAQUERELLE
Me parece que apenas podría sostener el arco de Ulises. Mas a fe mía que si tuviera la nariz más estrecha, los ojos más anchos, las manos más finas, los labios más gruesos, las piernas más grandes, los pies más pequeños, el pelo más negro y los dientes más blancos, sería un jovencito de lo más dulce y tolerable. Y si viniera a mi alcoba, le leería la suerte en las barbas.
(Toque de cornetas.)
FERRARDO
¡Aún no ha vuelto! Me temo… Mas se acerca la duquesa.
[IV.ii]
(Entra Mendoza del brazo de la Duquesa [Aurelia], Guerrino. Las damas se levantan, Ferrardo recibe a la Duquesa e invita a danzar a una de las damas.)
AURELIA
Dancemos. ¡Música! Dancemos.
GUERRINO
¿ Les quanto , milady, Pensez bien, Passa regis , o el bran, o enredo de Bianca?
AURELIA
El enredo se nos ha olvidado.
FERRARDO
¿Tan pronto? Qué extraño.
GUERRINO
Pues dos sencillos a la izquierda, dos a la derecha, tres dobles hacia adelante, cruzan seis en círculo; se hace esto dos veces, tres sencillos a un lado, gallarda y truco-de-veinte, paso coranto, figura de ocho, tres sencillos cortos, al centro, encuentro, dos dobles, inclinar hacia atrás y reverencia.
AURELIA
¡Oh, Dédalo, qué laberinto! Se me ha olvidado del todo.
MAQUERELLE
Y a mí también, salvo lo de inclinarme hacia atrás y luego reverencia.
(Entra Prepasso.)
AURELIA
¡Música, música!
PREPASSO
¿Alguien ha visto al duque? ¿El duque?
(Entra Equato.)
AURELIA
¡Música!
EQUATO
¿El duque? ¿Ha vuelto ya el duque?
AURELIA
¡Música!
(Entra Celso.)
CELSO
O el duque es invisible o no está por ningún lado.
AURELIA
No apreciamos vuestra intromisión en nuestro retiro privado, no la apreciamos en absoluto. Habéis olvidado quién sois.
(Entra un Paje.)
CELSO
Muchacho, ¿y tu señor? ¿Dónde está el duque?
PAJE
Ay, pues ahí lo dejé tapando el suelo, tristemente espatarrado. Dijo sentirse pesado y que quería dormir; que le dejase, pues el poder de la fantasía le hacía a menudo hablar en sueños. Le obedecí y no le he visto desde entonces; más donde quiera que esté, está triste.
AURELIA
¡Música, que suene alto, como vuela nuestro corazón! ¡Bien alto!
[IV.iii]
(Entran Malévole y Pietro, disfrazado de ermitaño.)
MALÉVOLE
El duque —¡silencio!— el duque ha muerto.
AURELIA
¡Música!
MALÉVOLE
¿Es música?
MENDOZA
Da alguna prueba.
FERRARDO
¿Cómo?
CELSO
¿Dónde?
PREPASSO
¿Cuándo?
MALÉVOLE
Quedáos en paz, igual que está el duque; sentáos. Por mi parte, muerto lo he visto, eso es todo. Mirad, aquí hay alguien que os podrá dar mejor cuenta de lo sucedido.
MENDOZA
Hablad, santo padre, y no dejéis que ceño alguno
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de los presentes os ahuyente de la verdad.
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Hablad libre y en confianza.
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AURELIA
Os escuchamos.
PIETRO
Recién el sol en su montura había enjugado ya con alas granas
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el frío sudor que la noche rocía en el seno terrenal,
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cuando yo, a quien los hombres llaman Eremita de la Roca,
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abandonando mi celda, he subido a un acantilado
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en cuya base el terco Neptuno estrella
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encrestado el alto ceño; allí he parado a reposar,
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mas de pronto mis entrañas hundido se han por el lamento
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de alguien que más arriba había trepado;
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mas puede causar ofensa…
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MENDOZA
No.
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AURELIA
Seguid.
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PIETRO
Aún me parece oírle: “¡Oh, fe de mujer!
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¡Ve, siembra la ingrata arena, ama a una de ellas!
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¿Y he de vivir yo para que otros se burlen de mí?
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Ser un cornudo contento, abrazar a mi propio veneno?
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Oh, verdad, bien sabes tú
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que es más fácil fundir el duro acero con viento del sur,
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que el océano entre en calma al silbido del marino,
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que las lágrimas extigan el fuego de una ciudad en llamas,
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antes que la mujer, a la impudencia sin rubor consagrada,
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con dulce proceder y tierna lisonja,
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se aleje de allí donde reside el apetito.
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¡Oh, sangre poderosa, que su alma esclavizas!
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He lavado a una etíope y por toda recompensa
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ella ha ensuciado mi nombre. ¿Y acaso ahora por fuerza
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debo yo caminar, vivir con esta negrura? ¡Debo! ¡Debo! ¡Ah!
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Aquél que pueda aguantar un ‘debo’, no morirá nunca.”
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Con esto lanza un suspiró tan profundamente apasionado
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que el aire mismo le responde con un lamento. Al fin grita:
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“Se hunda en el mar mi deshonra, ¡se hunda asaz!” Muere así,
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pues he visto entonces caer su cuerpo y sumergirse
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en un piélago de espuma. Entonces he observado
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aquello que creo ahora ver: era el duque,
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a quien súbito el mar de estómago delicado
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ha devuelto; más entonces…
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MALÉVOLE
Entonces he llegado yo; mas por desgracia ya era tarde,
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¡pues aún más rápido se ha hundido!
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PIETRO
Tal ha sido el triste sino del duque.
CELSO
¡Mejor fortuna para Mendoza, nuestro duque!
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¡Mendoza!
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(Fanfarria de cornetas.)
MENDOZA
¡Guardia, guardia!
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(Entra un guardia.)
Nos, llenos de lágrimas sinceras
por la pérdida de nuestro buen padre
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–pues podemos llamar así a quien
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apeló a vuestro afecto para apoyarnos como sucesor–
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no podemos a la ligera pasar por sobre su muerte
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ni dejar sin venganza su pesar.
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(A Aurelia.) Mujer sin honra,
Te desterramos por siempre al lugar
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de donde viene este buen hombre; sin permiso,
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so pena de muerte, para llevar ornamento en el cuerpo.
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Vulgar, cual ha sido tu vida, habrás de partir.
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AURELIA
¡Desagradecido!
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MENDOZA
¡Fuera!
AURELIA
¡Villano, oídme!
(Prepasso y Guerrino se llevan a la duquesa.)
MENDOZA
¡Largo de aquí!
Caballeros, preparad un consejo público, es lo adecuado.
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La inteligencia es quien lleva la cola de la Fortuna.
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¡Marcháos! Compareceremos de inmediato, aprisa.
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(Salen todos menos Mendoza, Malévole y Pietro.)
MALÉVOLE
¡Ah, demonio atroz! ¡Ja, maquiavélico asesino! ¿Qué tal estáis, don duque? ¿Qué tal ahora? ¡Bravo, duque, muy bien!
MENDOZA
¿Cómo lo has matado?
MALÉVOLE
Le he machacado los sesos y lo he metido en salmuera marina.
MENDOZA
¿Los sesos, y lo has ahogado también?
MALÉVOLE
Oh, era lo mejor, infalible; pues a aquél que golpea a un gran hombre, más le vale acabar con él, o habrá de cuidarse de no ser hombre. No se empuja un tipo considerable a menos que esté uno seguro de poder mandarlo al arroyo.
MENDOZA
¡Cuerda mollera, pardiez! Os haré emperadores a ambos.
MALÉVOLE
¡Haznos cristianos, haznos cristianos!
MENDOZA
Os haré ascender; llegaréis alto.
MALÉVOLE
¿Al patíbulo, dices? ¡Vamos! "Prӕmium incertum petit certum scelus." ¿Cómo va el plan?
MENDOZA
Toma, lleva mi anillo a la ciudadela,
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que te den acceso a María, la grave duquesa
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del desterrado Altofronto. Dile que la amamos;
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no omitas circunstancia al agraciar nuestra persona. Ve.
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MALÉVOLE
Haré de mí un fantástico alcahuete. Hasta pronto, duque. Adieu, adieu , duque.
MENDOZA
Lleva contigo a Maquerelle, pues cierto es que sólo
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un diamante puede cortar a otro.
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(Sale Malévole.)
Eremita, eres perfecto para mí, mi confesor.
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Oh, espíritu selecto, nacido por mi bien,
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seguro que serías
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un prelado excelente para una iglesia deforme.
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Ven, hablemos en privado, tú y yo una misma cosa.
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PIETRO
Me alegra haber tomado el hábito por ti.
MENDOZA
Muy bien, pues. Has de saber que Malévole es un villano sin par; peligroso, muy peligroso. Ya véis que es lenguaraz, un granuja deslenguado. Quiero que lo envenenes; es como un callo en el dedo gordo, por él no puedo caminar, hay que sacarlo de raíz. ¿Lo harás, eh?
PIETRO
Cualquier cosa, cualquier cosa.
MENDOZA
¡Corazón de mi vida! Ea, pues, a la ciudadela.
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Allí has de unirte a este Malévole
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y en la cena, envenenarle. Que parezca que ha sido
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María, que o bien me dará su amor, o morirá.
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¡Ve rápido como el rayo!
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PIETRO
Las buenas obras se arrastran, las malas vuelan.
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(Sale Pietro.)
(Entra Malévole.)
MALÉVOLE
El anillo de vuestra endemoniada alteza no tiene virtud alguna: el capitán gamuza, el matón cara-jamón-cetrino-de-Westfalia me grita: “¡Alto ahí! Debe traer una orden en firme o no ha de entrar al Castillo de Acomodo.”
MENDOZA
Que escriban nuestra orden de inmediato. ¡No entrar! ¡Que no! ¿Qué sitio habrá en Génova en el que no hayas de entrar tú? En mi corazón, ¡en mi corazón mismo! Ven, quiéreme bien; debemos querernos, los dos, alma y cuerpo.
MALÉVOLE
¿Qué te ha parecido el hermitaño? Raro el hermitaño, sí señor.
MENDOZA
Un individuo peligroso, muy avieso. Debe morir.
MALÉVOLE
Sí, debe morir. MENDOZA Mátalo tú. Nos somos prudentes, hemos de serlo.
MALÉVOLE
Y providentes.
MENDOZA
Sí, providentes. Guárdate del hipócrita;
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el clérigo que es corrupto, ¡oh, huye de él!
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(Se dispara bajo la tripa.)
Un tipo que hace de la religión su caballo de Troya
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engendra pestes. Has de envenenarlo.
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MALÉVOLE
Claro, es absolutamente necesario, ¿cómo?
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MENDOZA
Id juntos a la ciudadela,
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allí cenáis, allí le envenenas. Y en María,
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puesto que es nuestra enemiga, que recaiga la
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grave sospecha; por la cual, o muere, o nos da su amor.
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MALÉVOLE
Allá voy.
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(Sale Malévole.)
MENDOZA
Nosotros los grandes actuamos sólo en propio bien.
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Es menester que ambos mueran, pues sus servicios piden más
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de lo que podemos recompensar. Su presencia es un
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reproche a la deuda de nuestra fortuna,
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aborrecido por nos. Sí al pecado, no al pecador. Y en conclusión,
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no han de vivir para decir: “¡Ingrato!”
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Un leño prende a otro; solo el acero corta el acero.
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Confiar en pocos es bueno, mas ¡oh!, en ninguno, mejor.
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(Sale Mendoza.)
[IV.iv]
(Entran Malévole y Pietro, aún disfrazado, por puertas distintas.)
MALÉVOLE
¿Cómo estás? ¿Cómo estás, duque?
PIETRO
¡Oh, que venga el fin de los días! ¡Caiga, caiga sobre nosotros la condena!
2
Que se abra el cielo y vomite sus llamas.
3
MALÉVOLE
Ah, para de despotricar, no te me vuelvas actor. Ya hay demasiados como para poder ganarse la vida. Qué, ¿aún no tienes fe?
PIETRO
Estoy atónito, mi asombro llega al punto del desmayo. Tengo orden de envenenarte.
MALÉVOLE
Yo tengo orden de envenenarte a ti en la cena.
PIETRO
¿En la cena?
MALÉVOLE
En la ciudadela.
PIETRO
¿En la ciudadela?
MALÉVOLE
¡Doble cabriola! ¡Pirueta! ¡Verdad divina! Se nos va a cargar como hace un niño con una pistola de juguete: un perdigón que saque al otro. ¿A qué fe profesas ahora?
PIETRO
Maldición todo, extrema crueldad. No hay fe en el ser humano.
MALÉVOLE
Salvo en usureros y prestamistas: esos no engañan a nadie. Se dice que son chupasangres, ¡y eso es lo que son! ¡Que dios me guarde de mis amigos!
PIETRO
¡De tus amigos!
MALÉVOLE
Sí, de mis amigos, que de mis enemigos ya me guardo yo. ¡Oh, una amistad traicionera es la maldad más despreciable! Mira Mendoza, mira qué ruin villano. Mas será el cielo quien por granuja le mande pestes.
PIETRO
¡Oh, mundo!
MALÉVOLE
¡Mundo! Es el terreno solo de la muerte, el gran bazar del demonio, la prisión más cruenta del hombre, por donde ninguno pasa sin dar como tributo su más querido aliento. Nada hay perfecto en él sino extremo, extrema calamidad, como la que viene ahora.
[IV.v]
(Entra Aurelia, dos Alabarderos delante y dos detrás de ella, junto a Celso y Ferrardo. Aurelia en traje corriente de luto.)
AURELIA
¡Desterrada! ¡Se me llevan desterrada!
1
PIETRO
Señora, ¡mi bendición por vuestro arrepentimiento!
2
AURELIA
¿Por qué? ¿Por qué? No deseo nada, más que la muerte,
3
el infierno merezco y nada más. Si el cielo concediera
4
gracia suficiente para limpiar mi alma se quedaría sin ella:
5
harían mis pecados mella en las reservas de la piedad.
6
¡Oh, sus ruegos agotarían a la bondad del cielo!
7
Justo es el juicio aunque venga de ese grandísimo bellaco.
8
Mas llegará su castigo, seguro,
9
antes de que pueda gobernar. A mi celda de la vergüenza.
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PIETRO
Mi celda es, señora, donde en lugar de mascaradas,
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música, justas, torneos y espectáculos de la corte,
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el murmurar sordo del viento desenfrenado
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ruge una y otra vez, mientras el mar inquieto
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azota la roca viva con golpes de espuma.
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Allí, sin anunciarse, el aire entra y sale;
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la bóveda mohína os hará llorar a la fuerza,
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al contemplar sólo pura desolación.
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Las rocas infecundas os punzarán la vista,
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allí donde al alzarse uno llega de inmediato
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al techo con la frente y con las manos, a los muros.
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AURELIA
Es demasiado bueno. Espíritu bendito de mi esposo,
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¡oh, cualquiera que sea el orbe donde se halla el trono de vuestra alma,
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ved cuán merecida es mi desgracia!
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¡Oh, dejad que la angustia de mi contrito espíritu
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ruegue que nos reconciliemos!
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Si no, ¡oh, júbilo!, triunfa en mi justa aflicción.
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La muerte es el fin de las penas y el alivio de las lágrimas.
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PIETRO
Parece que vuestro esposo no os amaba, os trataba mal.
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AURELIA
¡Oh, cielos!
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Como el alma quiere al cuerpo, así amaba él.
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Alejarse de mi presencia era su muerte, ay,
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todo por complacerme.
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Mas yo, desgracia abocada al infierno,
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rompí los sagrados votos del matrimonio
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para abrazar a un vil truhan, vulgar y traicionero.
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Oh, señor, el más réprobo pagano;
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¿qué más puedo decir? Ingrato, me destierra
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aquél por quien he perdido alma, cuerpo, nombre y honor.
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Mas no merezco más: por qué razón tendría
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mejor sino quien el casto lecho deja,
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huye del abrazo del corazón devoto
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unido a sí ante dios y el hombre con solemne promesa,
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para probar la sangre libidinosa cual bestia salaz
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en una caricia adúltera? ¡Oh, voraz desvergüenza!
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¡Impudencia insaciable del apetito!
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Ved aquí vuestro final; pues sabed que tanta savia hay en el polvo,
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tanto bien en el pecado, como amor en la lujuria.
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¡Gloria a tu espíritu, buen esposo! ¡Y a mí, perdón!
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CELSO
El duque desea que esta noche os quedéis en la corte.
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AURELIA
Alma mía ocúltate en las sombras. Huye, honra, de cielos claros.
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De noche al ciego no le preocupan sus ojos.
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(Sale (con Celso, Ferrardo y Alabarderos.))
MALÉVOLE
No llores, buen cornudo; consuélate, hombre, otros mejores que tú han sido beccos : Agamenón, emperador de la alegre Grecia, que tantas cosquillas hizo a los Troyanos, era un cornuto ; el Príncipe Arturo, que le cortó las barbas a una docena de reyes, era un cornuto ; Hércules, que llevó el cielo a sus espaldas, y preñó a cuarenta en una noche…
PIETRO
No, a cincuenta.
MALÉVOLE
Cierto, cuarenta ya son bastantes, ay conciencia; y aún así era un cornuto . Paciencia, la maldad se vuelve orgullosa; sé cauto.
PIETRO
Demasiado profundo me hieres con saña desmedida.
MALÉVOLE
Chitón, peligrosa es la herida del cirujano piadoso. Te curaré de arriba abajo. ¿Creíste que buscaría sustento con lisonjas porque eres príncipe? Antes iría detrás de un borracho y viviría de lamerle el vómito, que de la adulación servil.
PIETRO
Otros grandes lo han hecho.
MALÉVOLE
Grandes esclavos que temen mejor que aman, pues por naturaleza nacen para el cesto de carbón, aunque la ujier que anuncia la presencia de príncipes, Fortuna, les haya dado ciegamente un sitio mejor. He jurado ser tu desgracia.
PIETRO
Sé, te lo ruego. Ya solo quiero desdichas, sé un hijo para mí.
(Entra Bilioso.)
MALÉVOLE
Porque eres un duque usurpador. (A Bilioso.) Vuestra señoría ha vuelto bien de Florencia.
BILIOSO
He vuelto bien, alabado sea mi caballo.
MALÉVOLE
¿Qué nuevas hay de los florentinos?
BILIOSO
No revelaré los deseos del gran duque; sólo que éstas fueron sus órdenes: es su deseo que muera su hija, que se destierre al duque Pietro por exiliar la deshonra de su familia, y que se readmita al duque Altofronto. Eso es todo. Mas me dicen que Pietro ha muerto.
MALÉVOLE
Sí, y Mendoza es duque. ¿Y ahora qué haréis?
BILIOSO
¿Es Mendoza más poderoso?
MALÉVOLE
De momento así es.
BILIOSO
Entonces de momento me quedo con él.
MALÉVOLE
¿Pero y si de repente volviera Altofronto?
BILIOSO
Bueno, pues de repente me volvería con él. Lo mejor es caminar al lado del poderoso: antes alzarme con lo malo, que caer con lo bueno.
MALÉVOLE
¿De qué religión seréis a partir de ahora?
BILIOSO
De la religión del duque, cuando sepa cuál es.
MALÉVOLE
¡Oh, Hércules!
BILIOSO
¿Hércules? Hércules era hijo de Júpiter y Alcmena.
MALÉVOLE
Su señoría es un enorme consentido.
BILIOSO
¿Consentido?
MALÉVOLE
Sí, con mucho sentido.
BILIOSO
Anfitrión era un cornudo.
MALÉVOLE
Vuestra señoría suda; la joven dama os traerá un trapito para la frente de vuestra señoría. Sale Bilioso. ¡He ahí uno que es un maldito! Ésta es su máxima inviolable: Adular al poderoso y oprimir al pobre. ¡Un moscardón hideputa que roe hasta la espalda más flaca y escocida!
PIETRO
Entonces, ¿por qué le saludas?
MALÉVOLE
Por lo mismo que va a misa la alcahueta: apariencias. Ven, no te despistes: corres el riesgo de perder el ducado. Piensa esto: la tierra es la sola tumba y Gólgota donde todo lo vivo se ha de pudrir. Es la letrina en la que los cuerpos celestes vacían su carga corrupta; el estercolero mismo donde los orbes sublunares sueltan sus excrementos. En este muladar, el hombre es el lodo; los príncipes gobiernan a los hombres; pues por nuestra alma son ellos tan libres como emperadores, todo lo mismo. Entre un emperador y el hijo de un gaitero, solo hay un par de tijeras. La única diferencia es el tinte, el adorno, la plancha y el lustre. Entonces, ¿qué tiene uno que perder? El oficio del carcelero es tener al hombre en cadenas, mientras afán y traición destruyen lo bueno de la vida.
PIETRO
Aquí renuncio para siempre a la regencia.
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Oh, Altofronto, con agravio suplanté tu derecho,
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con diabólicas maniobras te hice tropezar;
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por ello ahora soy yo quien cae del trono: abjuro trucos mundanos.
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Pues la venganza, aunque despacio, llega segura.
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Oh, me siento transformado. Desde ahora, ante el reverenciado poder,
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en contrición verdadera dedicaré
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mi aliento a la solitaria contemplación,
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mis labios a las plegarias, y la cuita de mi pecho ha de ser
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restaurar la regencia a Altofronto.
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MALÉVOLE
Se ha escuchado tu súplica, y aceptamos tu fe.
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(Se quita el disfraz.)
(Entran Ferneze y Celso.)
Destierra tu estupor. Venid, los cuatro debemos
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soportar de lleno el golpe de la Fortuna. No os asombréis tanto.
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PIETRO
¿Vive Ferneze?
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FERNEZE
Por vuestro perdón.
PIETRO
Perdón y cariño. Permitidme que reúna
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mis pensamientos dispersos con indómito asombro.
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Mis votos siguen fijos en el cielo, y desde ellos
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suplico cariño y perdón.
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MALÉVOLE
¿Quién, habiendo visto este cambio,
duda de la Providencia? ¡Mi fe sincera para todos!
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Quien no ha de caer más bajo, no puede sino alzarse.
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Mas aún la impetuosa vicisitud
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azota al mundo: no dejéis que el desconcierto
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sea un intruso en vuestro espíritu. No os asombre que me alce,
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¿pues quien va a hundirse si puede aguardar en secreto?
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El momento de actuar llega en buena sazón. Voy a desvelaros
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mi plan más secreto, no sea que la ignorancia cause temor a la sospecha.
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Retirémonos a hablar, dejemos el resto al destino.
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La madura discreción es la vida misma del gobierno.
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(Salen.)
[V.i]
(Entran Bilioso y Passarello.)
BILIOSO
Bufón, ¿qué te parece mi pantorrilla con esta media tan larga?
PASSARELLO
Excelente pantorrilla, señor.
BILIOSO
Esta pantorrilla ha visto muchas juergas en estos veinte años. Cuando Monsieur Gundy era embajador aquí, yo, con mis brazos, era capaz de llevar a una dama de acá para allá montada en una bandeja. Y te digo, hubo entonces unas cuantas que, por probar la fuerza de la espalda y el brazo de un hombre, montaron. He comparado mis pantorrillas a las del resto del palacio, y no hay ni una que se les parezca. Además, no creo que haya armadura en el arsenal que me quepa, especialmente el casco. Te digo…
PASSARELLO
¿El qué, señor?
BILIOSO
Me puedo comer un caldo guisado hirviendo como lo sacan del fuego, o unas natillas ardiendo tal cual salen del horno; y no creo que haya muchos caballeros que puedan hacerlo. (Mostrando la poma.) Buena poma, la esencia un poco podrida, pero nada que seis granos de almizcle molidos con agua de rosas y atemperados con un poco de algalia no puedan arreglar inmediatamente.
PASSARELLO
Uy claro, como una alcahueta con aqua vitae.
BILIOSO
Y, qué, ¿ya estás despotricando de las señoras como es tu costumbre?
PASSARELLO
Antes asaría vivo a un gato, y estaría más seguro al hacerlo. Guardo tantos secretos a esas ladronas como sus pinturas. Ahí tiene a Maquerelle, mendigante perpetua y la alcahueta más vieja. ¿Sabe cuál es su truco para darse a conocer en la ciudad?
BILIOSO
No.
PASSARELLO
Pues hace que todo aquel que pinta le haga un retrato; cuando lo han acabado, cortésmente les encuentra algún fallo, a uno detrás de otro, y nunca manda a recogerlos. Ellos, como venganza, ejecutan su retrato, como hacen en Germania, y la cuelgan en sus tiendas. Y de este modo es más conocida entre la chusma que si la hubieran sacado en carreta cinco veces.
BILIOSO
Válgame dios, una estrategia excelente.
PASSARELLO
¿Alguna fiesta esta noche, señor?
BILIOSO
Sí.
PASSARELLO
Bien; señor, dadme permiso para partirle la crisma a un tipo que se ha faltado conmigo.
BILIOSO
¿La crisma de quién?
PASSARELLO
Del joven Ferrardo, señor.
BILIOSO
Presta atención: es muy valiente. Le he visto afrontar ocho disputas en cinco días, créetelo.
PASSARELLO
Oh, ¿tan buen combatiente es? Pues bien, es un cobarde absoluto.
BILIOSO
¿Cómo lo demuestras?
PASSARELLO
Pues así: quien se pelea busca luchar; quien busca luchar, busca morir; quien busca morir, busca no tener que luchar nunca más; y quien se pelea y busca la forma de no tener que responder a un hombre nunca más, opino que es un cobarde.
BILIOSO
Eres capaz de probar cualquier cosa.
PASSARELLO
Excepto ser un granuja con dinero, pues no hay hombre al que pueda adular.
BILIOSO
Bien, no bebas mucho, bufoncillo. Te veré dentro de un rato en la recepción.
(Salen.)
[V.ii]
(Entran Malévole y Maquerelle por puertas opuestas, cantando.)
MALÉVOLE
“Por borracho al holandés…”
MAQUERELLE
“Del danés, tirabuzones…”
MALÉVOLE
“Por el whisky al irlandés…”
MAQUERELLE
“Y del francés los ( ).”
MALÉVOLE
¡Oh, bendita criatura! Tuviera yo una dama modesta a la que esconder, la pondría bajo tu custodia; pues no hay criatura razonable que sospechara jamás que la hallaría contigo. ¡Ja, Macarela melodiosa, tú, retrato de mujer y esencia de animal!
(Entra Passarello.)
MAQUERELLE
Ah, bufón, ¿estás preparado ya para venir conmigo al bureo? El salón debe de estar ya apestadito.
PASSARELLO
Ya, como el país con tanto abogado.
MALÉVOLE
Bufón, ¿qué llevas ahí?
PASSARELLO
Vino. He aprendido a beber desde que me fui con mi señoría el embajador. Voy a beber a la salud de Madam Maquerelle.
MALÉVOLE
Pero si se te conoce por hablar mal de ella.
PASSARELLO
Ya, pero como le pedí dinero prestado, voy a beber a su salud, como el caballero que visita al prestamista o aquél que manda venado a la ciudad: para pedir más dinero o procurar que tarden más en cobrárselo.
MALÉVOLE
Dame la copa. Bebo a la salud de Altofronto, nuestro depuesto duque.
(Bebe.)
PASSARELLO
Yo también. (Bebe.) ¡Vale! Pues ahora brindaremos a la salud de Madam
MAQUERELLE
Bebe.
MALÉVOLE
¡Puaj! Por ella no brindo.
PASSARELLO
Eh, yo he brindado por vuestro señor.
MALÉVOLE
Me da igual.
PASSARELLO
¡Que no brindáis por Madam Maquerelle! ¡Ah, pues entonces os devuelvo a vuestro señor con este dedo de bufón!
MALÉVOLE
Aguanta; brindo.
(Bebe.)
MAQUERELLE
Ahora que has bebido a mi salud, bufón, ya soy tu amiga.
PASSARELLO
¿Lo eres? ¿Lo eres?
Viendo Grifón a la moza piadosa
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que echábase a su cuello y lo abrazaba,
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dejó la espada y la furia sañosa
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y, echándose a sus pies, la apretujaba.
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Adieu , Madam Maquerelle.
(Sale Passarello.)
MALÉVOLE
¿Y qué te parece la presente transformación del gobierno?
MAQUERELLE
Pues ciertamente, muy bien. Pues bien sabemos nosotras que cuando uno cae hay otro que se levanta; unos tienen que ser gordos, otros delgados; los hay que han de ser bufones, y otros, patrones; canallas algunos, guardias otros; los hay que han de ser mendigos, y quienes se arman caballeros; unos han de ser cornudos, y otros tener un oficio. Pues por ejemplo, tengo yo dos perros en la corte, dos chuchos muy serviles; uno se llama Escucha y el otro Desembucha. Yo, cual Fortuna, mimo a veces a un perro, otras ensalzo al otro, a Escucha lo favorezco, pero el que más me gusta es Desembucha. Al perro que favorezco lo alimento; y se pone tan contento que nunca mastica lo que le doy, se lo traga enterito, sin entusiasmo alguno por lo que tiene, sino ávida expectación de lo que puede tener. Ahora bien, el otro perro…
MALÉVOLE
Ya está bien de perros, dulce Maquerelle. ¿Y qué esperanzas tienes para la duquesa María? ¿La ves capaz de descender a la llamada del duque? ¿Te parece que vendrá?
MAQUERELLE
Pues a ver, ¿en qué signo estamos? ¿Tienes un calendario? ¿En qué signo estamos, dirías tú?
MALÉVOLE
¡Signo! ¿Por qué, qué circunstancia hay en eso?
MAQUERELLE
Uy, de verdad, una fuerza secretísima. Mira, un caldeo o un asirio, recuerdo seguro que era un judío muy dulce, me dijo que si se hace la corte a una mujer bajo el signo correcto, no se puede errar. Pero has de pillarla en la vena correcta: cuando el signo está en Piscis, la mujer de un pescadero es muy sociable; en Cáncer, la mujer de un puritano es muy flexible; en Capricornio, la mujer de un mercader no se resiste a nada; en Libra, la mujer de un abogado es muy tratable, especialmente si su esposo está en sesión; sólo en Escorpio es peligroso entrometerse. ¿Manda el duque alguna joya, alguna piedra preciosa?
(Entra el Capitán.)
MALÉVOLE
Sí, creo que ése es el mejor signo para pescar a una dama. Con la venia, señor, he de hablar con Lady María, la duquesa de Altofronto. Debo entrar en nombre del duque.
CAPITÁN
Aquí habrá de concederos entrevista. Recibí la custodia de la ciudadela de manos del buen Altofrono, y para él la guardaré hasta que yo mismo no tenga otro uso.
MALÉVOLE
¿De verdad? ¡Oh, cielos, que se pueda encontrar un cristiano en un jubón de gamuza! Capitán Conciencia, te quiero, capitán. Esperamos. (Sale el Capitán.) ¿Y crees que la duquesa lo pondrá fácil?
MAQUERELLE
Va a ser duro. Siempre ha sido una criatura de lo más fría: odiaba en extremo los monos, los bufones, los juglares y los ujieres. Tenía la mala costumbre no sólo de ser honesta, modesta y honrada en la propia conciencia, sino de impedir cualquier comportamiento disoluto que pudiera incurrir sospecha; casi, dios bendiga, hace que pase de moda aplanar el lecho. A duras penas me sacaba una propina por el alquiler de los favores de alguna dama una vez cada quince días.
MALÉVOLE
Pero en nombre de la inmodestia, ¿a cuántos virgos has llevado al patíbulo?
MAQUERELLE
A ver que vea. ¡Qué el cielo perdone nuestras faltas! Aquí llega la duquesa.
[V.iii]
(Entran María y el Capitán.)
MALÉVOLE
¡Dios te bendiga, milady!
MARÍA
¡Bien lejos de ti!
MALÉVOLE
Te traemos la proposición de un marido.
MARÍA
Confío en que ya tengo uno.
MAQUERELLE
Ah, por mi honor, madam , no habrá nunca mejor marido que un marido en el exilio: ahora está en otro mundo. Te digo, mujer, que me han dicho que hay una secta que asegura que al dormirse el esposo, la esposa puede recibir legítimamente a otro hombre, pues está el marido igual que muerto. ¡Más aún en el exilio!
MARÍA
¡Deshonra de criatura!
MAQUERELLE
Ja, la honradez es sólo el arte de parecerlo. Di, ¿qué es la honradez, qué es la constancia, sino fábulas fingidas, cháchara de vejestorios, que algún idiota se ha inventado para coartar nuestra libertad?
MALÉVOLE
Molly, el que te quiere es un duque, Mendoza. Promete cuidar de ti regiamente, amarte ardientemente, defenderte poderosamente, desposarte suntuosamente, y guardarte a pesar de Rosicler o Doncel del Febo. Toma joyas. (Le da joyas.) Si quieres, bien; si no, también.
MARÍA
¡Capitán, por el amor de dios, salvad a la pobre desdicha
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de la tiranía de la insolencia lasciva!
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Forzadme a vivir en la mazmorra más profunda,
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antes que aquí: aquí el mismo infierno nos rodea.
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¡Oh, amado Altofronto, doquiera que tu aliento esté,
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haz que se hunda mi alma en las sombras del abismo
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si llego a mancillar tu honor! He aquí tu respuesta,
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y, que mientras pueda morir, he de vivir casta.
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MALÉVOLE
Contra aquél que puede forzar, ¡vana es la lucha!
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MARÍA
Aquella a quien se fuerza no tiene cerca un puñal.
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Quien a la fuerza se abraza con lujuria
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merece el áspid de Cleopatra y las brasas de Porcia.
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¡Dios os guarde!
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(Sale con el Capitán.)
MALÉVOLE
¡Oh, dios, cuán odiosa me resulta esta farsa! ¡Que un duque tenga por fuerza que ser bufón! Bueno, "Stultorum plena sunt omnia" : mejor hacerse el tonto, que serlo.
MAQUERELLE
¿Qué? ¿Acaso ignoras lo que se dice, que un remilgo afectado, un recato es natural en la mujer, y que la excusa para entregarse es, en verdad, que con dificultad se la obtuvo? Has de ponerla a prueba. Como yesca es la mujer, y en un momento, empieza a arder.
MALÉVOLE
¿Y qué, tenías la boca llena de yesca y es así que… que la has hecho arder, ha prendido la llama?
MAQUERELLE
Mira, te tengo que decir, que ibas muy acalorado.
MALÉVOLE
Tanto mejor para encender la llama en la mujer de yesca.
MAQUERELLE
Demasiado embravecido, muy airado, pues de hecho…
MALÉVOLE
Va, va, alcahueta de medio pelo; ya lo veo.
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Antes consumirá el cielo el fuego terrenal
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que todo el fervor del mundo ablande una razón casta.
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¡Largo, cimbel roído del duque! Ya haré yo que el duque te deje sin trabajo. ¡Ni un atisbo de esperanza, y habiéndola tenido al alcance y con ventaja!
MAQUERELLE
Mas, en conciencia, yo creo que en mi opinión, no la hemos cogido en el signo adecuado; la sangre no le corría en la vena correcta, seguro.
(Sale.)
(Entra Bilioso.)
BILIOSO
¡Abrid paso! El duque vuelve de la coronación. Malévole…
MALÉVOLE
¡Fuera, canalla!
BILIOSO
Malévole…
MALÉVOLE
“Fuera de aquí, avinagrado, baja ralea, ¡vete!”
BILIOSO
Dulce Malévole, desde mi retorno, me dicen que os habéis tornado en aquello que siempre profeticé: una virtud de primera, una fidelidad bien empleada, un hombre de gracia, amigo querido. Venid; ¡qué! "Si quoties peccant homines" … si el hombre honrado se enfadase tan a menudo como el cortesano se comporta como un canalla… mira, hemos de confabular juntos alguna vez, jurar en falso alguna vez.
MALÉVOLE
Al diablo alguna vez.
BILIOSO
¡Exacto! "Nemo omnibus horis sapit" : No hay hombre honrado a todas horas. La necesidad a menudo pervierte a la virtud.
MALÉVOLE
Te encomendaré al duque.
BILIOSO
Seamos amigos, hombre.
MALÉVOLE
Y canallas, hombre.
BILIOSO
¡Exacto! Nosotros prosperemos y adquiramos; nuestros patrones que vivan, y nuestras canalladas que se olviden.
MALÉVOLE
Quien se hace rico a costa de lo que sea, nunca se avergüenza de sus métodos.
BILIOSO
Cierto.
MALÉVOLE
Pues la indecencia y la falta de fe son los mayores apoyos de la grandeza.
BILIOSO
Cielo santo, qué muchacho más profundo.
MALÉVOLE
Cielo santo, qué canalla más perfecto. ¡Fuera, maldición vetusta!
BILIOSO
¡Calma, calma! Si tú no has de ser mi amigo porque sea yo un canalla, no seas canalla conmigo porque sea yo tu amigo y me descubras. ¡Calma! ¡Cornetas!
[V.iv]
(Entran Prepasso y Ferrardo, dos Pajes con luces, Celso y Equato, Mendoza con atuendo de duque, y Guerrino.)
MENDOZA
Seguid, seguid; dejadnos, dejadnos. Salen todos excepto Malévole (y Mendoza). Espera, ¿dónde está el ermitaño?
MALÉVOLE
Con el duque Pietro, con el duque Pietro.
MENDOZA
¿Está muerto? ¿Envenenado?
MALÉVOLE
Muerto, igual que el duque.
MENDOZA
Bien, excelente. No hablará. La seguridad reside en la discreción. Acércate, acércate.
MALÉVOLE
Tienes un cierto aroma intenso a villano que por naturaleza no puedo aguantar.
MENDOZA
¿Aroma, hombre? ¿Qué nuevas hay de María, qué responde a nuestra petición?
MALÉVOLE
Frialdad, un témpano; es obstinada.
MENDOZA
Entonces está bien muerta. Decidido, ha de morir.
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Un acto oscuro sólo se desvanece en un acto oscuro.
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MALÉVOLE
¡Puf! "Per scelera semper sceleribus tutum est iter."
MENDOZA
¿Qué, un erudito? ¿Un político? Seguro, eres un perfecto canalla.
MALÉVOLE
¿Quién, yo? Yo he sido dos veces sustituto del alguacil, hombre. Bueno, me voy a despotricar contra algún gran hombre, a ver si me dan un buen garrote, o si no me iré a casarme con alguna genovesa con dinero, y a viajar de inmediato.
MENDOZA
¿Viajar, cuando te hayas casado?
MALÉVOLE
Sí, a la moda de cualquier joven señor, aunque haya sido tan vago de soltero como para no ir nunca más allá de la universidad. Aún así, cuando va y se casa, rabo entre las piernas y, ¡ catzo, a Inglaterra!
MENDOZA
¿Y por qué a Inglaterra?
MALÉVOLE
Porque allí no hay burdeles.
MENDOZA
¿Ni cortesanas?
MALÉVOLE
Tampoco. Las putas cayeron con los prostíbulos, y las golfas se levantaron con los Puritanos.
MENDOZA
¿Sabes cómo envenenar? ¿Sabes cómo envenenar?
MALÉVOLE
Excelentemente. No hay judío, apotecario, o político que lo haga mejor. Observa esta cajita. ¿A quién quieres envenenar? Toma esta cajita, (se la da) que una vez abierta y si se inhalan sus efluvios a través de los conductos por que el cerebro mismo se purga, condena instantáneamente cualquier señal de vida a un sueño profundísimo durante doce horas. Aquí hay otra (se la da) que si se abre y se da a oler al que duerme, asfixia cualquier fuerza vital, lo mata súbitamente.
MENDOZA
Voy a hacer un experimento; que no es bueno que a uno lo engañen. Así, así: ¡catzo!
(Malévole finge haber sido envenenado y cae.)
¿Quién iba a temer, pudiendo destruir?
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La muerte no tiene ni dientes, ni lengua;
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y esclavos del poderoso son
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la afrenta, el crimen, la fama y el delito.
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¡Celso!
(Entra Celso.)
CELSO
¿Honorable señor?
MENDOZA
El buen Malévole, hombre de lengua llana, ay de mí, ha muerto de repente, ¡qué extraño portento! En nuestra estima ocupaba un buen lugar. Celso, que lo entierren, que lo entierren.
CELSO
Lo pongo en observancia.
MENDOZA
Y, Celso, te lo ruego, ocúpate esta noche
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de que haya algún festejo, algo que solemnice
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nuestra coronación: algo de música, una mascarada.
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Ofreceremos un buen entretenimiento a María,
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la duquesa del desterrado Altofronto.
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Deberás traerla a palacio
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desde la ciudadela. Organiza una mascarada.
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CELSO
¿De qué clase, señor?
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MENDOZA.
¿Clase? Pues, cualquier ficción rapidita,
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los bravos espíritus de los duques genoveses
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que llegan desde el Elíseo, ciertamente,
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precedidos por Mercurio, para congratularnos
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por nuestra buena fortuna; alguna cosa de ese estilo,
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algún truquito rebuscado, apto para señoras, un juguetito obsoleto
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u otro, no importa, que sea un invento nuestro.
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Prepáralo tú, es solo por seguir la usanza.
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No temas, será bien recibido, hombre, saldrá muy bien.
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CELSO
A vuestra orden.
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MENDOZA
Agradecido; nuestra mano estará bien llena para ti. Adiós.
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Ahora mi traición está segura, ya no caeremos.
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Delito que prospera, lo llaman los hombres virtud.
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En nadie he de confiar: quien con ardides logra su corona,
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con acero la conserva; en un rango inmerecido
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nadie respira seguro; ¡necio!, irá el rumor del gentío:
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quien no aguanta el rencor ajeno, no sabe gobernar.
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El secreto mejor del hombre de Estado
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es mostrarse insensible ante el odio endeble.
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(Sale Mendoza.)
MALÉVOLE
(Se levanta y habla.) ¡Muerte al condenado ladrón! Ya te daré yo mascarada, ¡ya te daré yo espíritus bravos de antiguos duques!
CELSO
Mi señor, ¿qué extraña ilusión es ésta?
MALÉVOLE
La más feliz, Celso querido, ¡envenenado con una caja vacía! En seguida te lo cuento. Mi esposa viene a la corte; una ráfaga del destino se acerca fulminante: el capitán del castillo está de mi parte, el pueblo ruega por mí, y el Príncipe de los justos me favorece. ¡Valor, Celso! Pues no hay desastre azaroso que pueda turbar a quien sólo deja un dios sobre sí mismo.
(Sale.)
[V.v]
(Entran Prepasso y Bilioso, dos Pajes ante ellos; Maquerelle, Bianca y Emilia.)
BILIOSO
¡Abran paso por aquí, paso para las damas! ¿Pero caballeros, acaso no van a dejar que las damas entren en el gran salón? ¡Vaya galantería! Y vos, caballero, que os chorree la antorcha donde ha de sentarse también la hermosura.
PREPASSO
Y allí hay uno grandote que es un canalla, ¿por qué no le arreáis?
BILIOSO
Déjale hacer el canalla por Dios, ¿te crees que no tengo juicio alguno, que voy a arrearle a uno tan grande? ¡La música! ¡Más luces! ¡Las plataformas de los invitados! ¿Me oís? Que haya en la puerta juramentos a mansalva, que se harte el mismo demonio de tanto jurar. Dejemos aquí a las señoras y vayamos a ver si los hombres están listos para ellas.
(Salen todos menos las mujeres.)
MAQUERELLE
Por mi vida, bonitas, ¿por qué no lleváis esto más a la moda? Este corte ya está pasado, hay que ir más a la moda. Mirad, tenéis que ir todas a pelo, a pelo y a pluma, una pluma en el cabello y nada más. Ved que estos tocados ya por suerte no los lleva nadie. Y debéis llevar la lechuguilla bien abierta por delante, seguid la moda de abrirla muy bien; hay quien tiene la manía de ponerle alfileres a estos collares, cuando sólo con abrirlos bien ya es suficiente. Y lo repito, si por un casual tenéis que echaros la siesta después de comer, la lechuguilla abierta no requiere vara alguna para recuperar la forma. Os lo digo, la moda es la lechuguilla abierta.
BIANCA
¿Y no es el señor St. Andrew Jaques un caballero de lo más gallardo?
MAQUERELLE
Válgame el virgo, le sienta tan bien el honor como un traje de satén y unas medias de lana.
EMILIA
¿Y no es don Mariscal Abran-paso, mi segundo sirviente, un apuesto caballero?
MAQUERELLE
Sí, de segunda opción, como entró en su oficio; a fe mía que lo tiene todo de segunda: la querida de segunda, el atuendo de segunda, la inteligencia de segunda y, de hecho, es un buen candidato para mi perro en segunda opción. Mas en verdad, es tan buen caballero de segunda como…y, bueno, tan gentil como pueda serlo un hombre, con esa barba encarnada y esas piernas tan retorcidas.
BIANCA
En verdad que estoy monstruosamente enamorada del conde Quidlibet-in-Quodlibet. ¿No es acaso un hermoso galán, refinado e inquieto?
MAQUERELLE
Y uno de los hombres con las manos más largas: capaz de poner a una dama a gritar horriblemente.
(Bilioso vuelve.)
BILIOSO
¡Paso! ¡Abran vía por aquí! Va a entrar el duque. Erguíos con elegancia, por el amor de la hermosura; ¡poned a las damas ahí! ¡Cornetas, cornetas!
[V.vi]
(Entra Prepasso, se coloca junto a Bilioso. Dos Pajes con luces, Ferrardo, Mendoza. Por la otra puerta, dos Pajes con luces y el Capitán que conduce a María. El duque sale al encuentro de María y se le acerca; los demás quedan atrás.)
MENDOZA
Madam , recibid mi petición con amable oído.
1
La salvedad de un reino ha de pesar más que un rito sin importancia:
2
el matrimonio es mera estrategia natural.
3
Por tanto, mientras nuestro lecho real no sea uno,
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peligra el estado bajo amenaza de una revuelta civil.
5
Sed tan sabia como sois bella, aceptad vuestro destino.
6
MARÍA
¿O qué harás tú, desgracia de nuestra estirpe?
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Demonio encarnado, fuiste tú quien desterró
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a mi noble y único señor.
9
MENDOZA
¡Yo!
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MARÍA
Sí, con tus ardides y oscuras tretas.
11
Doce lunas se han marchado desde que vi
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por última vez la cara figura de mi amado esposo.
13
¡Más perverso que la Muerte eres tú! Ella sólo separa al alma
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de un cuerpo frágil; más alejas tú a un alma de otra,
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aquellas que dios con su propia mano había unido,
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¡tú falto de honor, tú lleno de astucia del demonio!
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MENDOZA
Tendremos que controlar ese derroche desmedido.
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¡Puedo y quiero!
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MARÍA
¿Puedes qué?
20
MENDOZA
Ya está; tu esposo morirá en el exilio.
21
MARÍA
Aquél que es sabio nunca abandona el hogar.
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MENDOZA
No volveréis a encontraros. La razón debe controlar al amor.
23
MARÍA
¡No lo creo!
24
La mujer enamorada lleva a su amor en el alma.
25
MENDOZA
Señora, sois tan solo una mujer: debéis ceder.
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MARÍA
¡Oh, sálvame, pudor innato,
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único ornamento de la modestia de mujer!
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MENDOZA
¡Modestia! Muerte, te torturaré.
29
MARÍA
Atrévete, tortúrame cuanto quieras, prueba cualquier dolor;
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mientras pueda morir, moriré siendo de mi esposo.
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MENDOZA
Obstinada, vas a morir. Capitán, la vida de esta dama queda
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a merced de la justicia. Después de examinarla,
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hemos descubierto que ha envenenado
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al reverendo ermitaño. Por tanto, ordenamos
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custodia severa. Si no nos vas a hacer bien,
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tampoco has de hacernos mal. La paz del tirano es sangre.
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MARÍA
¡Oh, misericordioso! ¡Oh demonio lleno de gracia!
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¡Antes sea yo condenada
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por parecer la asesina que maldita por tu causa!
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Se acabaron mis lamentos; venid, traed mi guirnalda de flores,
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danza y sé feliz, alma mía, ya tienes tu deseo.
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Cual novia muere; casto has de morir, corazón.
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(Entra Aurelia con atuendo de luto.)
AURELIA
“La vida es escarcha de felicidad helada,
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y la muerte el deshielo de nuestra vanidad.”
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¿No fue un sacerdote honrado quien lo escribió?
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MENDOZA
¿Quién la ha dejado entrar?
47
BILIOSO
¡Aguantadla!
PREPASSO
¡Aguantadla!
AURELIA
Ay de mí, la calamidad está en todas partes.
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La triste miseria entrará incluso en la corte
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por más puertas dobles que pongáis.
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BILIOSO
¡Silencio!
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AURELIA
Es todo. Una cosa más: ¡prestad atención! Es todo.
52
(Entra Mercurio con música atronadora.)
MERCURIO
Mercurio Cilenio, de los espíritus el dios,
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desde las sombras nocturnas de la profunda región,
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requiere la presencia de cuatro altos duques de Génova
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y los invita a que acudan y hagan de éste su Elíseo;
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celebren aquí esta noche triunfal
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con cantos y bailes, placer grato de la corte.
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AURELIA
¿Sois vos el dios de los espíritus? Tengo una demanda pendiente en el infierno entre mi conciencia y yo. Os agradecería que me ayudarais a encontrar un abogado.
BILIOSO
Mercurio puede ser vuestro abogado, señora.
AURELIA
No, pues a fe mía que Mercurio tiene un rostro demasiado dulce para ser buen abogado.
PREPASSO
¡Silencio, callad! Mercurio presenta la mascarada.
(Cornetas. Los actores de la mascarada entran al son de las cornetas: Malévole, Pietro, Ferneze y Celso con túnicas blancas y coronas de duque sobre guirnaldas de laurel. Bajo las túnicas llevan pistolas y espadas cortas.)
MENDOZA
Celso, Celso, cortejad a María en nuestro nombre.
66
Señora, sed bondadosa, pero con gracia.
67
(Malévole saca a bailar a su esposa María.)
MARÍA
¿A mí, caballero?
68
MALÉVOLE
Sí, a vos a quien amo más que a mi vida,
sólo con vos he de bailar.
69
MARÍA
Entonces bailaréis con la muerte.
Mas, venid, señor, nunca la alegría me fue más propia.
70
La muerte a la eternidad da la gloria de la vida,
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oh, muriendo honrada, ¿quién teme morir?
72
MALÉVOLE
Quien vive en la maldad, muere con temor.
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MENDOZA
Así es, creedle, señora, y hacedle caso.
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PIETRO
Madam , ¿bailáis?
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(Pietro saca a bailar a su esposa Aurelia.)
AURELIA
¿Deseáis entristecer?
PIETRO
No necesito desearlo.
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AURELIA
¡Oh, soltad mi mano! ¡Fuera, dejadme!
77
¡Oh, no busquéis a quien sólo busca la muerte!
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PIETRO
¡Pobre alma querida!
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AURELIA
¿Queréis cortejar a la tristeza?
PIETRO
Sí.
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AURELIA
Llegará demasiado pronto. ¡Oh, mi corazón abatido!
PIETRO
Mi señora, ya está, ya está.
81
Venid, bailemos; dejad a un lado vuestro pesar.
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AURELIA
¿Sois hombre apesadumbrado?
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PIETRO
Sí, querida.
AURELIA
Entonces, vayamos al son.
(Ferneze toma a Maquerelle, Celso a Bianca; las cornetas señalan el fin de un compás, un cambio y descanso.)
FERNEZE.
(A Bianca.) Creedme, mi señora, ¿queréis que lo jure? Dejadme gozar de vos en privado y me caso con vos, por mi alma.
BIANCA
Preferiría que lo juraseis por vuestro cuerpo; me parece que en vuestro caso el juramento tendría mejor consideración.
FERNEZE
Por complaceros, lo juro por ambos.
BIANCA
¡Oh, no los maldigáis a ambos por complacerme, por amor de dios!
FERNEZE
En verdad, dulce criatura, ¡dejad que os posea esta noche, y me caso con vos en dos semanas, por mi fe!
MAQUERELLE
¡Por su fe! No os lo creáis, esas trampas para conejos son más viejas que el jubón perfumado de Sir Oliverio de Anchoa. La promesa de matrimonio de un galán jovencito que quiere llevar a una virgen al paraíso de los enamorados, hacer de ella una gran dama, y luego abandonarla es tan común, tan natural al cortesano como los celos al plebeyo, la gula al puritano, la sabiduría al edil, el orgullo al sastre o la cesta vacía de una de esas malditas de a seis peniques. ¡Por su fe, ja! No le creáis nada, ¡trampas para coger zorras!
MALÉVOLE
(A María.) Mantened la expresión serena: no dejéis que la pasión
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súbita se revele en vuestra mirada.
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(Se descubre.)
MARÍA
¡Oh, mi Altofronto!
PIETRO
(A Aurelia.) Los celos del tirano
se mueven prestos; te haces cargo de ello.
103
(Se descubre.)
AURELIA
(A Pietro.) Mi corazón, que no mi rodilla, se postra en tierra
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humildemente ante ti.
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PIETRO
¡Calma! Otro cambio, no hablemos.
106
MARÍA
Hablar a persona tal, ¡oh, lo que permita la voluntad!
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(Las cornetas marcan el último compás. Una vez acaba, se quitan las máscaras.)
MENDOZA
¡Malévole!
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(Rodean a Malévole apuntándole con pistolas.)
MALÉVOLE
¡No!
109
MENDOZA
¡Altofronto! ¡Duque Pietro! ¡Ferneze! ¡Ah!
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TODOS
¡Duque Altofronto! ¡Duque Altofronto!
111
(Cornetas, fanfarria.)
MENDOZA
¿Es una trampa? ¿Qué engaño misterioso se burla
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de nuestros sentidos? ¿Estoy soñando? ¿O lo he estado
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estos dos días? ¿Dónde estoy?
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(Sujetan a Mendoza a la fuerza.)
MALÉVOLE
Donde está un infame truhan.
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MENDOZA
¡Oh, dejadme aliento hasta que pueda morir!
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Haced las paces con el cielo, por el amor de vuestra alma,
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¡concededme la vida!
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PIETRO
Villano innoble a quien ni el cielo ni el infierno,
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ni la bondad de dios ni del hombre ¡pudieron tornar honesto!
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MALÉVOLE
Malnacido, traidor miserable, ¿qué gracia esperas,
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tú que te has vuelto insolente y desgraciado?
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MENDOZA
¡Oh, vida!
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MALÉVOLE
Toma tu vida, infame.
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Si con sangre y heridas te defendieras,
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con el horror más cruel de una lucha civil
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acabaría contigo. Mas postrado aquí a mis pies,
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herirte rehúso mas con desdén. Sólo el corazón indigno
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se atreve a triunfar sobre las tumbas de los vasallos.
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Pues eso eres tú, dado que no es la cuna, sino un
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espíritu glorioso, quien hace de un hombre un monarca.
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¡Oh, he visto toda suerte de infortunios para el estado!
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El que adula, como la hiedra, se abraza al roble
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y lo corroe hasta llegar al corazón; la lujuria es tan común
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que el acto oscuro del pecado ni siquiera se avergüenza
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y cortejo se hace llamar.
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A aquellos que son tan grandes como sus pecados,
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recordadles que el pueblo veleidoso
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a muchos príncipes estima por su belleza
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y sus apariencias. Y éstas anhela más
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contemplar que sus virtudes.
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Mas dejad que aun esto aquél que es grande conciba:
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cuando no observa del cielo la exigida condición,
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no es rey, pues abandona su cometido.
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MAQUERELLE
Mi buen señor, llevo veinte años viviendo en la corte; a quienes han sido largo tiempo cortesanos y ahora viven en la ciudad, el pueblo les escupe y como albaricoques, los empuja contra la pared, buen señor.
BILIOSO
Mi señor, yo sabía que vuestra señoría estaba bajo este disfraz; bien me oísteis decir que si Altofronto retornaba, me pondría de su parte. Además, vuestra señoría tuvo a bien el llamarme cornudo y consentido; no iréis a pensar que lo habría soportado con tanta paciencia si no hubiera sabido que erais vos.
MALÉVOLE
(A Pietro y Aurelia.) Almas llenas de dicha, secad vuestros ojos tristes.
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¡Llevaos a este hombre!
155
(Da una patada a Mendoza.) Una mosca no es presa para un águila.
(A Pietro y Aurelia.) Vosotros, a vuestros votos.
156
(A Maquerelle.) Y tú, a los suburbios.
(A Bilioso.) A vos no os regalaría ni a mi peor amigo:
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sois un canalla de lo más rancio.
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(A Celso y al Capitán.) Buena ventura vivid.
Vosotros dos, en mi pecho.
159
(A María.) Tú en mi corazón.
El resto de actores ociosos, ociosamente partid.
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En cuanto a mí, asumo aquí mi derecho,
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que espero contente a todos. Y a todos, buenas noches.
162
(Cornetas, fanfarria. Salen todos.)
FIN
EPÍLOGO
Vuestro humilde silencio, lleno de atenta quietud,
163
me hace decir así: un fallo por voluntad
164
es sin más inexcusable; pero un error involuntario,
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como el que es propio del fervor impulsivo de juventud,
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se puede llamar defecto, mas pecado, no.
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Toma el río su nombre de la fuente de la que nace.
168
No dejéis que el ojo severo examine
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cada simple imperfección de nuestra Musa enmendada,
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que por sus fallos podría ella delatarse a sí,
171
mas sabe bien que corregir es fácil,
172
y para algunos, ardua labor. Bueno, errar no es malo
173
si es sólo ingenio, y no saber, lo que se expresa.
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Por tanto y hasta que de otro la Musa ufana llegue,
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hasta que su Talía dé a vuestro sabio oído un festín,
176
los Hados concedan luz a sus lámparas bien merecida,
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Arte sobre Natura, Razón sobre el Arte.
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Acoged esta pieza, que ni miedo ni esperanza asustan:
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aquél que sabe bien, sabe bien cuánto desea.
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FIN