William Shakespeare
Enrique IV, Primera Parte
Henry IV, Part One
Traducción
de
Henry IV, Part One
Shakespeare, William. <<Enrique IV, Primera Parte.>> Traducido por Guillermo Macpherson. En: <<Obras dramáticas de Guillermo Shakespeare>> Madrid, 1912, tomo II. Biblioteca Clásica.
Joan Oleza Simó
(Investigador principal)
Guillermo Macpherson
(Traductor)
Tronch Pérez, Jesus
(Editor)
Español · Verso · 568 versos
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ENRIQUE
príncipe de Gales.
EL PRÍNCIPE JUAN DE LANCASTER.
hijos del rey
EL CONDE DE VESTMORLANDIA.
SIR GUALTERIO BLUNT.
TOMÁS PERCY
conde de Vorcestria.
ENRIQUE PERCY
conde de Norzumbria.
ENRIQUE PERCY
conocido por Espuela Ardiente.
EDMUNDO MÓRTIMER
conde de March.
ESCROPIO
arzobispo de York.
ARCHIBALDO
conde de Duglas.
OVENO GLENDÓVER.
SIR RICARDO VERNON.
SIR JUAN FALSTAFF.
SIR MIGUEL
amigo del arzobispo de York.
POINS.
GADSIL.
PETO.
BARDOLFO.
LADY PERCY
esposa de Espuela Ardiente y hermana de Mórtimer.
LADY MÓRTIMER
hija de Glendóver y esposa de Mórtimer.
CELESTINA
patrona de la taberna de Estchepia.
Nobles, Jefes, un Jerif, un tabernero, un camarero, dos mozos de
taberna, dos arrieros, viajeros y sirvientes.
ENRIQUE IV.
Acto I
ESCENA PRIMERA
(Londres. – Habitación en el Palacio.)
(Entran el REY ENRIQUE, VESTMORLANDIA, SIR GUALTERIO BLUNT y acompañamiento.)
REY
Pálido y tembloroso, cual me hallo
1
Por inquietudes tantas, me decido
2
A que la paz asustadiza tome
3
Resuello; y luego, palpitante, aspire
4
Ecos de nuevas luchas, que principio
5
Han de tener en apartadas playas.
6
De hoy más la superficie de este suelo
7
Manchar no debe sus sedientos labios
8
Con sangre de sus hijos. Ruda guerra
9
No surcará de hoy más los campos nuestros.
10
Ni de hoy más ajarán sus florecillas
11
Los férreos cascos de enemigas huestes.
12
Esos opuestos bandos, semejantes
13
A meteoros de turbado cielo,
14
De igual naturaleza, de substancia
15
Idéntica creados, que hace poco
16
En intestinas luchas, cuerpo a cuerpo,
17
Con saña furibunda pelearon,
18
Ahora ya, unidos en guerreras filas
19
En una sola dirección caminen,
20
Cese la lucha. De la guerra el filo,
21
Como cuchilla que se envaina a medias
22
No vuelva más a lastimar al dueño.
23
Hasta el sepulcro, pues, de Jesucristo,
24
Cuyos guerreros somos, y obligados
25
A batallar bajo su Cruz sagrada,
26
Amigos míos, conducir pretendo
27
Sin demora a un ejército de ingleses,
28
Cuyos brazos han sido en las entrañas
29
Formados de sus madres, porque logren
30
Arrojar a esos míseros paganos
31
De esa región sagrada, cuyo suelo
32
Pisaron hará ya catorce siglos
33
Esos benditos pies, que en cruz amarga
34
Para nuestra salud fueron clavados.
35
Ya cuenta mi proyecto doce meses,
36
Y es inútil decir que he de cumplirlo.
37
No vamos, pues, a discutirlo ahora;
38
Pero, querido primo Vestmorlandia,
39
¿Qué decretó el consejo de la noche
40
Para dar cima a tan grandiosa empresa?
41
VESTMORLANDIA
Señor, fue su premura discutida
42
Con interés; y fijos muchos gastos
43
Desde ayer noche están; pero, a deshora,
44
De Gales ha llegado un mensajero
45
Con pésimas noticias; la más grave
46
Es que el egregio Mórtimer, guiando
47
Gente de Gerforsiria contra turbas
48
Irregulares del feroz Glendóver,
49
De ese galés por las brutales manos
50
Hecho fue prisionero, que a cuchillo
51
Han pasado a un millar de sus secuaces,
52
Cuyos cuerpos han sido tan vilmente,
53
Tan oprobiosamente mutilados
54
Por los galeses esos, que no es fácil
55
Repetir o indicarlo sin sonrojo.
56
REY
Parece que la nueva de esa lucha
57
Detiene el plan para la Tierra santa.
58
VESTMORLANDIA
Está a otra unida, sí, señor, pues llega
59
Del Norte otra más mala y enojosa.
60
El día de la Cruz, el animoso
61
Espuela Ardiente, Enrique Percy el joven,
62
Con el bravo Archibaldo en Holmedonia.
63
(Ese audaz escocés tan afamado),
64
A las manos vinieron.
65
Triste y sangrienta ha sido la jornada,
66
Atendido al fragor de sus cañones,
67
Según afirma quien las nuevas trae.
68
El tal montó a caballo en el momento
69
Más empeñado de la lucha aquella,
70
Y, por lo tanto, de ella el fin ignora.
71
REY
Mi diligente amigo Sir Gualterio,
72
Aquí presente, desmontó hace poco
73
Sucio, con barro de la varia tierra
74
Que hay desde Holmedonia hasta Palacio,
75
Trayéndome gratísimas noticias,
76
Vencido está Archibaldo, y Sir Gualterio
77
Vio a diez mil animosos escoceses
78
Y a veinte y dos jinetes en los llanos
79
De Holmedonia encharcados en su sangre;
80
Y prisioneros son de Espuela Ardiente
81
Mórdak, Conde de Faif, y de Archibaldo
82
El hijo primogénito, y los condes
83
De Murei, Ángus, de Mentiz y Azol.
84
¿No es esto, responded, botín honroso,
85
Primo valiente? Respondedme, primo.
86
VESTMORLANDIA
A fe que sí.
87
Es conquista que honrar puede a un monarca.
88
REY
Es verdad, el oírlo me entristece,
89
Haciéndome pecar, pues tengo envidia
90
A mi señor el Conde de Norzumbria
91
Por padre ser de semejante hijo.
92
Hijo al que encomia del honor la lengua,
93
De todo un bosque el árbol más enhiesto,
94
De la fortuna el ídolo y orgullo.
95
Mientras que yo, que escucho cuál lo aplauden.
96
La deshonra y la crápula contemplo
97
Menoscabar la frente de mi Enrique.
98
¡Oh, pudiera probarse que trocara
99
A estos dos hijos nuestros en mantillas
100
Algún hada nocturna, y que no fuera
101
Plantagenet el suyo, Percy el mío!
102
Yo tuviera a su Enrique, en ese caso,
103
Y el mío él. ¡A no pensar en esto!
104
Mas, primo, ¿qué diréis de la insolencia
105
Del joven Percy vos? Para su uso
106
Los prisioneros conservar pretende
107
Que se ha proporcionado en esta hazaña
108
Y que puedo contar, manda a decirme
109
Con el Conde de Faif Mórdak, tan solo.
110
VESTMORLANDIA
Es obra de su tío el de Vorcestria,
111
Cuya animosidad os muestra siempre.
112
Él lo encrespa y le induce a que levante
113
La cresta juvenil contra vos mismo.
114
REY
Mas le ordeno venir para que explique
115
Ante mí su conducta; y, por lo tanto,
116
De ir a Jerusalén la santa empresa
117
Precisa suspender por el momento.
118
Primo, en Windsor el miércoles que viene
119
Un consejo tendré. Vos a avisarlo
120
Id a los Lores; mas tornad al punto,
121
Que aun más que hablar y disponer tenemos
122
De lo que con la rabia que en mí hierve
123
Ahora puedo explicar.
124
VESTMORLANDIA
Seréis servido.
125
ESCENA II
(Londres. – Ante una taberna.)
(Entran el PRÍNCIPE ENRIQUE y FALSTAF.)
FALSTAF
Ahora bien, Enrique, ¿qué hora es, rapaz?
ENRIQUE
Tenéis tan entumecida la inteligencia con tanto beber Jerez añejo, con tanto desabrocharos después de cenar, y con tanto dormir la siesta sobre los bancos, que habéis olvidado preguntar por lo que verdaderamente os interesa. ¿Qué diablos os puede importar la hora que sea, a menos que no se trocaran las horas en copas de Jerez, los minutos en capones, los relojes en lenguas de terceras, las muestras de reloj en lupanares y el bendito sol en bella y ardiente moza, con traje de tafetán color de fuego? No encuentro motivo para cosa tan superflua como el que vos preguntéis qué hora es.
FALSTAF
En verdad, Enrique, que ahora os aproximáis a mí, porque los que nos apoderamos de ajenas bolsas, nos guiamos por la luna y las siete estrellas, y no por Febo, ese gentilísimo caballero andante. Yo os suplico, caro censor mío, que cuando seáis Rey – Dios guarde a vuestra gracia –, Majestad debiera decir, porque gra- cia ninguna os alcanzará.
ENRIQUE
¿Cómo ninguna?
FALSTAF
Ninguna a fe mía. Ni la gracia precisa para servir de prólogo a un banquete compuesto de un huevo frito.
ENRIQUE
Bueno; ¿y qué más? Al grano, al grano.
FALSTAF
Pues bien, caro censor mío, cuando seáis Rey, no consintáis que a los que somos caballeros noctur- nos se nos llame ladrones manifiestos. Llámennos monteros de Diana, caballeros de la sombra, predilec- tos de la Luna, y que diga la gente que somos hom- bres gobernosos, pues gobernados estamos como el mar por nuestra noble y casta señora la Luna, bajo cuyos auspicios robamos.
ENRIQUE
Bien dicho, y con exactitud, porque la riqueza de los que somos caballeros de la Luna fluye y refluye como el mar, gobernados como estamos por ella. Y, prueba al canto. Una bolsa de oro repleta, arrebatada resueltamen- te la noche del lunes, y disolutamente gastada la maña- na del martes, obtenida con un «suéltala», y gastada con un «venga vino», está tan baja como el primer pel- daño de una escalera, y luego tan alta como la horca.
FALSTAF
¡Vive Dios que decís bien, rapaz! Y ¿no es verdad también que mi patrona la tabernera es una criatura deliciosa?
ENRIQUE
Como la miel Hiblea, vejete fanfarrón; y ¿no es verdad que un justillo de cuero sienta bien como ves- timenta de cárcel?
FALSTAF
¿Qué es eso? ¿Qué es eso, censor insensato? ¿Nos venís con sarcasmos y sutilezas? ¿Qué tengo yo que ver con justillos de cuero?
ENRIQUE
Y yo, ¡voto va! ¿Qué tengo que ver con vues- tra patrona la de la taberna?
FALSTAF
¡Vaya! Pues más de una vez la habéis llamado a cuentas.
ENRIQUE
Pero no os he llamado jamás a vos para que pagarais vuestra parte.
FALSTAF
No. Os hago esa justicia. Allí habéis pagado todo.
ENRIQUE
Allí y en otras partes hasta donde pudo estirar mi bolsa, y cuando no alcanzó, usé de mi crédito.
FALSTAF
Sí, y los habéis usado de tal modo, que a no ser porque sois heredero presunto... Pero, caro censor, de- cidme, os lo ruego, ¿quedará en Inglaterra patíbulo en pie cuando seáis Rey? ¿Y estará, como lo está hoy, el valor coartado con el mohoso freno de ese viejo far- sante, la Ley? Cuando seáis Rey, no mandéis ahorcar jamás a un ladrón.
ENRIQUE
No. Seréis vos quien los ahorcará.
FALSTAF
¿Yo? ¡Oh maravilla! ¡Vive Dios! ¡Bravo juez seré!
ENRIQUE
Desde ahora estáis juzgando mal; porque lo que quiero yo decir, es que a vos mismo incumbirá el ahorcar ladrones, y así os convertiréis en maravilloso verdugo.
FALSTAF
Bien, Enrique, bien. Hasta cierto punto, cuadra con mi genio, lo mismo que servir en la corte.
ENRIQUE
¿Queréis mudar de vida?
FALSTAF
Sí, Buena muda me darán: de la guardarropía del verdugo, que debe estar bien provista. ¡Voto va! Estoy más triste que gato viejo, o un oso atado.
ENRIQUE
O que león viejo, o laúd de amante.
FALSTAF
Pues o la nota más baja de una gaita.
ENRIQUE
Y ¿por qué no como una liebre en charco cenagoso?
FALSTAF
Se os ocurren los símiles más repulsivos; y, francamente, sois el más ingenioso y el más truhanesco y delicioso príncipe que existe; pero, Enrique, os supli- co que no me perturbéis con frívola charla. Ojalá vos y yo supiéramos dónde comprar provisión de buena fama. Un anciano consejero me sermoneó el otro día en la calle acerca de vos; pero yo no hice caso; y eso que hablaba muy discretamente, y, además, en la calle.
ENRIQUE
E hicisteis bien, porque la discreción «por las calles clama y nadie le hace caso.»
FALSTAF
¡Oh citador de perniciosos textos! Capaz sois de corromper a un santo. Mucho daño me habéis hecho, Enrique. Dios os lo perdone. Antes que os conociera, Enrique, nada absolutamente sabía yo; pero ahora, para decir verdad, soy poco menos que uno más de entre tanto perdido. Tengo que abandonar tan perver- sa vida. Sí, por Dios, y si no lo hiciese, seré un malva- do, y yo no me quiero condenar ni por el mejor hijo del Rey de la cristiandad.
ENRIQUE
¿Dónde, Juan, nos apoderaremos de una bolsa mañana?
FALSTAF
¡Voto va! donde queráis, rapaz. Yo estoy pron- to, y si no lo estuviese, llamadme canalla y despre- ciadme.
ENRIQUE
Mejoráis de vida. De rezar a rapar bolsas.
(Entra POINS a distancia.)
FALSTAF
Es mi vocación, Enrique. Enrique, no es pecado el que cada cual se atenga a su vocación. – ¡Poins! Aho- ra sabremos si Gadsil tiene alguna cita. ¡Oh, si los hom- bres fueran a salvarse por sus merecimientos, dónde en los infiernos habría rincón bastante cálido para él! Es el canalla más omnipotente que ha dicho «alto» a un hombre de bien.
ENRIQUE
Buenos días, Eduardo.
POINS
Buenos días, caro Enrique. ¿Qué dice Mon- sieur Remordimientos? ¿Qué dice Sir Juan Jerez con azúcar? Juan, ¿cómo os las componéis vos y el diablo con respecto a vuestra alma, que le vendisteis el Vier- nes Santo por un vaso de vino de Madera y la pata fiambre de un capón?
ENRIQUE
Sir Juan, es hombre de palabra, y el diablo tendrá lo suyo, pues jamás ha desmentido refrán algu- no. El diablo cargará con lo que le corresponde.
POINS
Pero, muchachos, muchachos, mañana a las cuatro de la madrugada en Gadsil. Peregrinos hay que van a Canterburia con ricas ofrendas y mercaderes que cabalgan hacia Londres con preñadas bolsas. An- tifaces tengo para todos, caballos tenéis vosotros. Gad- sil pernocta en Rochestria. He apalabrado la cena para mañana a la noche en Estchepia. Se puede llevar a cabo tan fácilmente, como dormir. Si venís, repletaréis la bolsa; si no, quedaos en casa, y que os ahorquen.
FALSTAF
Escuchad, Eduardo; si no voy y me quedo en casa, os ahorcaré a vos por ir.
POINS
¿Lo haríais, lomudo?
FALSTAF
Enrique, ¿seréis de la partida?
ENRIQUE
¿Quién, yo? ¿Yo robar? A fe que no.
FALSTAF
No tenéis ni hombría de bien, ni ánimo, ni compañerismo, ni venís de sangre real tampoco, si no os aventuráis por un soberano.
ENRIQUE
Pues bien, por una vez en la vida haré una locura.
FALSTAF
Bien dicho.
ENRIQUE
Suceda lo que suceda, me quedo en casa.
FALSTAF
¡Vive Dios! Entonces, traidor seré yo cuando seáis rey.
ENRIQUE
Poco me importa.
POINS
Sir Juan, suplico que nos dejéis al príncipe y a mí solos. Tales razones le daré para que emprenda esta aventura, que irá.
FALSTAF
Pues que Dios os conceda el espíritu de la persuasión, y a él oídos para su aprovechamiento, a fin de que lo que le digáis convenza, lo que oiga crea, y que el verdadero príncipe se convierta en falso ladrón, porque las malas costumbres de estos tiempos necesitan apoyo. Adiós; me encontraréis en Estchepia.
ENRIQUE
Adiós, otoñada primavera. Adiós verano de todos santos.
((Vase Falstaf.))
POINS
Ahora bien, bondadoso, carísimo y amabilí- simo señor mío, cabalgad mañana con nosotros. Tengo que dar un chasco que no me es posible llevar a cabo aisladamente. Falstaf, Bardolfo, Peto y Gadsil, despo- jarán a las gentes que habremos descaminado. Vos y yo no estaremos allí; pero si vos y yo, cuando se hayan posesionado del botín, no les robamos a ellos, quíten- me esta cabeza de los hombros.
ENRIQUE
Pero ¿cómo nos separaremos de ellos al em- prender la marcha?
POINS
¡Vaya! Saldremos antes o después que sal- gan, y les indicaremos el sitio donde nos tienen de en- contrar, y gustosísimos no acudiremos a la cita. En- tonces, sin nosotros, darán cima a la empresa, cuando caeremos de improviso sobre ellos.
ENRIQUE
Sí, pero es fácil que conozcan por nuestros caballos, vestidos y varias circunstancias, que somos nosotros.
POINS
¡Bah! no han de ver a los caballos. Los ataré en el bosque: cambiaremos de antifaces cuando nos separemos de ellos, y, oíd, tengo capotes de bocací para el caso, a fin de ocultar nuestros conocidos trajes.
ENRIQUE
Pero creo que serán harto fuertes para nos- otros dos.
POINS
Me consta que dos son tan archi-cobardes, como el mayor cobarde que haya vuelto las espaldas; si pelean más de lo que es razón, abandonaré la carrera de las armas. La gracia de esta broma yace en que ese gordinflón bergante nos contará, cuando nos reunamos esta noche, mentiras incomprensibles; que luchó con- tra treinta por lo menos, y hablará de los quites y los mandobles, y de los apuros en que se vio, y en poderle nosotros desmentir todas esas patrañas, está lo mejor del chiste.
ENRIQUE
Pues bien, iré con vos. Preparad lo necesario, y esta noche nos veremos en Estchepia. Allí cenaré. Adiós.
POINS
(Vase.) Adiós, señor.
ENRIQUE
Bien os conozco a todos, y me presto
200
Por hoy a vuestro humor desenfrenado,
201
Y al Sol con esto imito, que permite
202
A perniciosas y rastreras nubes
203
Ocultar a la tierra su belleza,
204
A fin de que, al querer brillar de nuevo,
205
Más maravilla cause, cuando rompa
206
Esas odiosas y sombrías brumas
207
Que ha poco estrangularle parecían.
208
Si fuese día de fiesta todo el año,
209
Constante diversión nos fatigara
210
Como el trabajo hoy, mas a deseo,
211
Por ser pocos, se cogen, pues lo raro
212
Es lo que agrada más. Por eso mismo,
213
Al dejar esta vida crapulosa,
214
Y deudas al pagar que no contraje,
215
Verá el mundo fallidos sus presagios
216
Al mostrarme mejor que mis promesas;
217
Y cual metal brillante en fondo obscuro
218
Mi enmienda lucirá sobre mis faltas
219
Con más intensidad y más aplauso
220
Que la virtud exenta de contraste.
221
Mal obraré por cálculo, a sabiendas;
222
Y cuando juzgue yo que ya es preciso,
223
Redimiré mis faltas de improviso.
224
(Londres. – Habitación en el Palacio.)
(Entran el REY ENRIQUE, NORZUMBRIA, VORCESTRIA, ESPUELA ARDIENTE, SIR GUALTERIO BLUNT y acompañamiento.)
Pues pude soportar tantos ultrajes.
225
REY
Harto encalmada está mi sangre y yerta,
226
Habéis hecho la prueba, por lo visto,
227
Y mi paciencia habéis pisoteado.
228
Pero de hoy más, tenedlo por seguro,
229
Dominante y temible vais a hallarme;
230
No como he sido, blando cual la cera,
231
Y más suave que plumón naciente,
232
Por lo cual del derecho me he privado
233
De aquellas atenciones que reserva
234
El alma altiva a la altivez tan sólo.
235
VORCESTRIA
Señor y soberano, nuestra casa
236
La censura jamás ha merecido
237
Del poder, de un poder que con su ayuda
238
Contribuyó para que grande fuera.
239
NORZUMBRIA
Señor...
240
Riesgo y desobediencia en vuestros ojos.
241
REY
Idos, Vorcestria, porque veo
242
¡Oh, señor! vuestro porte es harto altivo,
243
Es harto audaz, y soportar no puede
244
De un servidor el arrogante ceño
245
La majestad de un Rey. Tenéis licencia
246
Para partir, y os llamaré si acaso
247
Vuestra ayuda o consejo necesito.
248
((Vase Vorcestria.))
(A Norzumbria.) Ibais ha poco a hablar.
249
NORZUMBRIA
Sí, soberano.
Los prisioneros esos que reclaman
250
De vuestra alteza en nombre, y que cogidos
251
Por mi hijo Enrique en Holmedonia fueron,
252
Según me dice, no tan bruscamente
253
A entregar se negó, como aseguran
254
A vuestra majestad; y, por lo tanto,
255
O a envidias o a una mala inteligencia
256
Esta falta achacad, mas no a mi hijo.
257
ESPUELA ARDIENTE
No me negué a entregar los prisioneros,
258
Mas recuerdo, señor, que terminada
259
La lucha ya, sediento por la ira
260
Y por esfuerzos grandes, sin aliento,
261
Exánime, apoyándome en mi espada,
262
Allí llegó un señor, muy bien vestido,
263
Con exquisito lujo, vivaracho
264
Como un novio, la barba recién hecha,
265
Haz en segado campo parecía,
266
Y cual una modista perfumado.
267
Entre el pulgar y el índice de esencias
268
Una caja lucía, que, a menudo
269
Llevaba a la nariz y retiraba;
270
Pero al llevarla a la nariz de nuevo,
271
Solía estornudar. Él, sin embargo,
272
No cesaba de hablar y sonreírse;
273
Y mientras los soldados conducían
274
A los que sucumbieron, los llamaba
275
Canalla sin cultura y descorteses,
276
Por poner un cadáver asqueroso
277
Entre el viento y su excelsa señoría.
278
Con placenteras y adamadas frases
279
A mí me habló, diciendo, entre otras cosas,
280
Que le entregara yo mis prisioneros,
281
Pues vuestra majestad los reclamaba.
282
Escociéndome entonces mis heridas
283
Por haberse enfriado, dolorido
284
E impaciente por ver que me importuna
285
Muñeco semejante, negligente,
286
Al contestar, ni aun sé lo que le dije.
287
Qué iba yo a hacer o no. Me enloquecía
288
Verle tan reluciente y vivaracho,
289
Oler tan bien y hablar como una dama
290
De cañones, tambores y de heridas.
291
¡Dios me ampare! ¡Decirme que la cosa
292
Mejor que en este mundo se conoce
293
Para las contusiones es la esperma!
294
Y decir que era lástima muy grande
295
(Y es verdad) que este pérfido salitre
296
Del inocente seno de la tierra
297
Se saque, y se destruya alevemente
298
Con él a tantos excelentes mozos;
299
Y que él, soldado acaso hubiera sido,
300
Si esos viles cañones no existieran.
301
A esa inconexa impertinente charla
302
Contesté vagamente, como he dicho.
303
Su relato, señor, por tanto, os ruego
304
Que cual acusación no se interponga
305
Entre el trono, Señor, y mi cariño.
306
BLUNT
Considerando bien las circunstancias,
307
Señor, lo que haya dicho Enrique Percy
308
A tal ente, en tal sitio, en tal instante,
309
Con todo lo demás que os repitieron,
310
Se debe relegar a eterno olvido;
311
Y no debe aducirse en daño suyo,
312
Ni recordar de hoy más lo que dijera,
313
Con tal que de lo dicho se desdiga.
314
Aun hoy, sin que yo acepte el compromiso
315
REY
Mas rehúsa entregar los prisioneros,
316
De rescatar al punto, a mis expensas
317
A ese conde de March, amigo suyo,
318
A ese estúpido Mórtimer, que adrede,
319
Júrolo por mi alma, sacrifica
320
A quienes guía a batallar en contra
321
De ese maldito mágico Glendóver,
322
Con cuya hija ha poco se ha casado.
323
¿Es justo, pues, que yo mis arcas vacíe
324
A fin de que un traidor hoy se redima?
325
¿Comprar se debe la traición? ¿Es justo
326
Con enemigos transigir, que tienen
327
Perdido, por su culpa, sus derechos?
328
No. Muérase de hambre en la montaña.
329
Y por amigo no tendré yo nunca
330
A ninguna persona cuya lengua
331
Sólo un maravedí para el rescate
332
De ese rebelde Mórtimer me pida.
333
ESPUELA ARDIENTE
¿Qué? ¿Mórtimer rebelde?
334
No ha faltado jamás, ¡oh, soberano!
335
A no ser por azares de la guerra.
336
Para probarlo, que hablen sus heridas,
337
Abiertas llagas que adquirió cual bravo
338
Cuando en duelo mortal y cuerpo a cuerpo
339
Del Severna en las márgenes mimbrosas
340
Una hora empleara en franca lucha,
341
Cambiando golpes, con el gran Glendóver.
342
Tres veces descansaron, y tres veces
343
Por mutuo acuerdo, en la corriente viva
344
Del Severna su sed satisfacieron.
345
Y, al ver su aspecto sanguinoso, el río
346
Corrió espantado, entre temblantes mimbres,
347
Y ocultó la cabeza alborotada
348
En su cauce profundo, con la sangre
349
De esos hombres valientes mancillado.
350
Jamás la astucia infame y corrompida
351
Se adornó con heridas tan mortales,
352
Ni nunca el noble Mórtimer pudiera
353
Recibir más ni con mejor deseo.
354
¿A qué, pues, de rebelde calumniarlo?
355
Él jamás ha luchado contra Glendóver;
356
REY
Percy, mentís, mentís por cuenta suya.
357
Antes luchara con el diablo mismo
358
Que tener a Glendóver por contrario.
359
¿No os da vergüenza? Oídme; desde ahora,
360
No oiga yo hablar de Mórtimer palabra.
361
Los prisioneros vuestros entregadme,
362
O de mí oiréis hablar de una manera
363
Que no os agradará. Para marcharos
364
Con vuestro hijo, conde de Norzumbria,
365
Permiso os doy. Mandadme de seguida
366
Los prisioneros, o pesaros puede.
367
((Vanse el Rey, Blunt y acompañamiento.))
ESPUELA ARDIENTE
Que venga el diablo y me lo pida a gritos,
368
Y no los mandaré. Voy al instante
369
A decírselo; quiero que tranquilo
370
Lata mi corazón, por más que fuere
371
Corriendo grave riesgo mi cabeza.
372
NORZUMBRIA
¿Conque ebrio de ira? Ten cachaza.
373
Aquí llega tu tío.
374
(Entra VORCESTRIA.)
ESPUELA ARDIENTE
¿Que no hable
Yo de Mórtimer? ¡Voto a los infiernos!
375
De él he de hablar y ¡piérdase mi alma
376
Si yo causa común con él no hiciere!
377
Sí, por él vaciaré mis venas todas;
378
Y, gota a gota, verteré en el polvo
379
La sangre cara mía. Yo al hollado
380
Mórtimer a encumbrar estoy dispuesto,
381
Hasta la altura de ese Rey que olvida;
382
De ese ingrato y perverso Bolimbroquia.
383
NORZUMBRIA
El Rey a tu sobrino ha vuelto loco,
384
Hermano mío.
385
VORCESTRIA
¿Quién ha sido causa
De este fuego después de mi partida?
386
ESPUELA ARDIENTE
Pide entregue ¡pardiez! mis prisioneros,
387
Y al hablar nuevamente del rescate
388
De mi cuñado, pálido su rostro,
389
Iracunda, mortífera mirada
390
Me dirigió, temblando de coraje,
391
Solo al oír de Mórtimer el nombre.
392
VORCESTRIA
Yo no lo culpo. ¿No lo proclamara
393
El difunto Ricardo, su heredero?
394
NORZUMBRIA
De la proclamación testigo he sido.
395
Entonces fue cuando el monarca triste
396
(Dios el mal que le hicimos nos perdone)
397
A aquella expedición marchó de Irlanda,
398
De donde retornó tan bruscamente,
399
Para depuesto ser y asesinado.
400
VORCESTRIA
Y muerte por la cual nos amancilla
401
La ancha boca del mundo y nos amengua.
402
ESPUELA ARDIENTE
Pero escuchad. ¿El Rey Ricardo entonces,
403
De la corona proclamó heredero
404
A mi cuñado Mórtimer?
405
NORZUMBRIA
Tal hizo,
Y en mi presencia.
406
ESPUELA ARDIENTE
Pues, en ese caso,
Al Rey, su primo, criticar no puedo,
407
Cuando dijo que de hambre se muriese
408
En la árida montaña. Mas vosotros,
409
Que sobre la cabeza colocasteis
410
De ese hombre olvidadizo la corona,
411
Y que os ostentáis por él la odiosa mancha
412
De cómplices de un vil asesinato;
413
Vosotros, ¿un sin fin de maldiciones
414
Aun soportar queréis? ¿Ser sus agentes,
415
Sus medios, sus dogales, sus peldaños,
416
O hablando claramente, sus verdugos?
417
Perdonad que me exprese de este modo,
418
Y que el nivel y situación os muestre
419
Donde os ponéis bajo ese Rey ladino,
420
¡Qué oprobio! ¿Va a decirse en nuestros días,
421
O escribirán las crónicas futuras
422
Que hombres, cual sois vosotros, ambos nobles,
423
Y poderosos ambos, coadyuvasen
424
En causa tan notoriamente injusta,
425
Cual ¡Dios os lo perdone!, vos hicisteis?
426
Y a Ricardo, ¡preciosa y dulce rosa,
427
A batir y plantar silvestre espino!
428
¡Al vil escaramujo Bolinbroquia!
429
¿Y se dirá, para mayor oprobio,
430
Que fuisteis engañados, descartados
431
Por quien tan gran vergüenza padecisteis?
432
No. Podéis redimiros todavía,
433
Rescatar vuestro honor y congraciaros
434
En la opinión del mundo nuevamente,
435
Y vengar los desmanes y las burlas
436
De ese arrogante Rey, que noche y día
437
Estudia el modo de saldar la deuda
438
Que aun no os pagó, con vuestra propia sangre.
439
Digo por tanto...
440
VORCESTRIA
Cállate, sobrino.
No digas más; un libro quiero abrirte,
441
Y de él a tu intranquilo entendimiento
442
Leeré tema profundo y peligroso,
443
Tan atrevido, tan audaz cual fuera
444
Atravesar horrenda catarata
445
Sobre la incierta base de una pica.
446
ESPUELA ARDIENTE
Cayendo; buenas noches. Muere o nada.
447
El peligro del orto hasta el ocaso
448
Venga, con tal que encuentre en su camino
449
El honor que de norte a sur lo cruce,
450
Y luchen ambos. ¡Oh, la sangre arde
451
Despertando a un león, y no a una liebre!
452
NORZUMBRIA
Empresas ideando portentosas,
453
De la calma los límites traspasa.
454
ESPUELA ARDIENTE
¡Vive Dios! Me parece salto fácil
455
Arrebatar inmaculada honra
456
Del pálido semblante de la luna,
457
O zambullir del piélago hasta el fondo
458
Donde la sonda ya llegar no puede,
459
Y sacar al honor que allí se ahoga,
460
De la melena asido, y sin rivales
461
Gozar, quien de ese modo lo redime,
462
A la par suya, dignidad perfecta.
463
Pero, atrás ese hipócrita consorcio.
464
VORCESTRIA
Infinidad de imágenes concibe,
465
Pero no el caso que entender debiera.
466
Caro sobrino, escúchame un momento.
467
ESPUELA ARDIENTE
Perdonadme.
468
VORCESTRIA
Esos nobles escoceses
Que tienes prisioneros...
469
ESPUELA ARDIENTE
Me los guardo.
¡Vive Dios! Ni siquiera le doy uno.
470
Aunque un solo escocés su alma salvase,
471
No, no se lo daré. ¡Por esta mano
472
Juro que me los guardo!
473
VORCESTRIA
Te separas,
De la cuestión, y tus oídos cierras
474
A mis designios. Esos prisioneros
475
Los guardarás.
476
ESPUELA ARDIENTE
¡Pues no! Sí tal. Sin duda.
A rescatar a Mórtimer se niega.
477
Me prohibió que de Mórtimer hablara;
478
Pues lo he de acechar, y, cuando duerma,
479
«Mórtimer» he de aullar en sus oídos.
480
Es más, a un estornino haré que adiestren,
481
Que «Mórtimer» le diga y le repita,
482
A fin de que su rabia se mantenga.
483
VORCESTRIA
Permíteme, sobrino, una palabra.
484
ESPUELA ARDIENTE
Renuncio a todo estudio desde ahora,
485
Excepto a exasperar a Bolimbroquia,
486
Y a atormentar a ese soldado raso,
487
El príncipe de Gales. Si no fuera
488
Porque sé que su padre no le quiere,
489
Y se alegrara de su mal, veneno
490
Yo le diera en un jarro de cerveza.
491
VORCESTRIA
Sobrino, adiós. Hablarte me propongo
492
Cuando para escuchar estés templado.
493
NORZUMBRIA
¡Bah! ¡Qué avispado y que impaciente necio!
494
Venirte con desplantes femeniles
495
Sin oír otra voz más que la tuya.
496
ESPUELA ARDIENTE
Escuchad, me fustigan, me laceran
497
Con ortigas, me pica un hormiguero,
498
Si oigo hablar de ese infame Bolimbroquia.
499
Cuando Ricardo... ¿Qué lugar es ese?
500
Cargue el diablo con él. Glostersia, creo,
501
Donde habitaba el loco de su tío–
502
Ese tío suyo York–, por vez primera
503
Ante ese Rey doblara la rodilla,
504
Ante ese sonriente Bolimbroquia,
505
Cuando de Ravenspurgia retornasteis.
506
NORZUMBRIA
En el castillo fue de Bércley
507
ESPUELA ARDIENTE
Cierto.
¡Ah! Cuántas, cuán amables cortesías
508
Ese lebrel halagador me hizo.
509
«Que su suerte en mantillas ha llegado
510
A la mayor edad», y «Noble Percy»,
511
Y «caro deudo mío». ¡Que el demonio
512
Con todo falso semejante cargue!
513
Dios me perdone. Mi querido tío,
514
Vuestro cuento seguid, que aquí concluyo.
515
VORCESTRIA
No. Si no has concluido, sigue hablando.
516
Te esperaremos.
517
ESPUELA ARDIENTE
Concluí, lo juro.
VORCESTRIA
Vuelta a tus prisioneros escoceses.
518
Entrégalos a todos sin demora.
519
Sin esperar rescate, y como medio
520
De obtener un ejército en Escocia,
521
Tan sólo al hijo retendrás de Dúglas.
522
Por razones que tengo, y que transcriptas
523
Te enviaré, ten seguridad completa
524
Que obtendrás lo que pidas fácilmente.
525
((A Norzumbria.))
Vos, estando ocupado el hijo vuestro
526
En Escocia, pudierais sigiloso
527
Insinuaros con el buen prelado
528
Que estima todo el mundo; el arzobispo.
529
ESPUELA ARDIENTE
¿El de York, no es verdad?
530
VORCESTRIA
Seguramente;
Quien recuerda, apenado todavía,
531
La muerte en Bristol, de su hermano Escropio.
532
No hablo por conjetura, ni ahora os hablo
533
Por mi cuenta no más. Sé lo que digo,
534
Lo que se rumia, trama y se concierta,
535
Y que esperando está tan solamente,
536
Oportuna ocasión para que estalle.
537
ESPUELA ARDIENTE
Lo olí. ¡Prosperará, por vida mía!
538
NORZUMBRIA
Tú sueltas la jauría sin que hayas
539
La caza levantado.
540
ESPUELA ARDIENTE
¡Si no puede
Dejar de ser honrosa tal empresa!
541
Y las fuerzas de York y las de Escocia
542
A Mórtimer unidas; digo, ¿es nada?
543
VORCESTRIA
Y se unirán.
544
ESPUELA ARDIENTE
Está muy bien urdido.
VORCESTRIA
Y hay razones que exigen la premura.
545
Levantar la cabeza es necesario
546
Si se han de salvar nuestras cabezas,
547
Pues por más que tranquilos nos mostremos,
548
Nuestro deudor el Rey pagarnos quiere;
549
Y no creerá que estamos satisfechos
550
Hasta que de pagarnos halle modo.
551
Y ya principia, pues nos hace extraños
552
A sus demostraciones de cariño.
553
ESPUELA ARDIENTE
Es verdad. Es verdad, nos vengaremos.
554
VORCESTRIA
Adiós, sobrino. No te precipites,
555
Hasta que por escrito, ya madura
556
La ocasión, el camino yo te trace.
557
Y muy pronto ha de ser. Voy con sigilo
558
Con Glendóver y Mórtimer a unirme,
559
Donde Duglas y tú con vuestras fuerzas
560
Han de reconcentrarse, cual disponga,
561
Y la fortuna nuestra de ese modo
562
Se sostendrá con nuestros fuertes brazos;
563
Pues harto incierta ahora se mantiene.
564
NORZUMBRIA
Adiós, hermano. Prosperar confío.
565
ESPUELA ARDIENTE
Tío, con Dios quedad, y que las horas
566
¡Ay! vuelen hasta vernos aplaudidos
567
Por encuentros, mandobles y gemidos.
568
Acto II
ESCENA PRIMERA
(Rochester. – El patio de una posada.)
(Entra un ARRIERO con un farol.)
ARRIERO 1.º
¡Eh! ¡Hola! Si no son las cuatro de la mañana, que me ahorquen. Ya el carro está sobre la chimenea nueva, y las caballerías aun no están cargadas. ¡Eh mozo!
MOZO
(Dentro.) Ya voy, ya voy.
ARRIERO 1.º
Tomás, haz el favor de sacudir la albarda del capón. Ponle en el arzón más lana. La pobre bestia tiene lastimada la espaldilla.
(Entra otro ARRIERO.)
ARRIERO 2.º
La cebada y las habas están aquí más húme- das que un perro, y nada hay como eso para que las pobres bestias críen lombrices. Desde que murió Ro- bín, el posadero, todo en esta casa está patas arriba.
ARRIERO 1.º
¡Pobrecillo! No asomó la risa a sus labios desde que subió el precio de la avena. Causa fue de su muerte.
ARRIERO 2.º
Paréceme que para pulgas, no hay más infa- me casa en toda la carretera de Londres. Más picado estoy que lo está una tenca.
ARRIERO 1.º
¡Cómo una tenca! ¡Válgame Dios! Desde el primer canto del gallo no ha habido cristiano rey más bien mordido que yo.
ARRIERO 2.º
Como no nos dan servicio, del hogar nos tenemos que valer, y eso cría más pulgas que un espi- renque.
ARRIERO 1.º
¡Eh! mozo, ven, maldito seas. Ven.
ARRIERO 2.º
Tengo que entregar nada menos que en la Cruz de Charing un jamón ahumado y un par de raíces de jengibre.
ARRIERO 1.º
¡Cuerpo de Dios! ¡Están los pavos en la ces- ta muertos de hambre! ¡Eh, mozo! ¡Mala peste te coja! ¿No tienes ojos en la cara? ¿Estás sordo? ¡Si no es tan honrada acción, como echar un trago, romperle la cris- ma, que me emplumen! Ven, y que te ahorquen. No tienes conciencia.
(Entra GADSIL.)
GADSIL
Buenos días arrieros. ¿Qué hora es?
ARRIERO 1.º
Creo que serán las dos.
GADSIL
Os ruego que me prestéis el farol: quiero ver a mi capón, que está en la cuadra.
ARRIERO 1.º
Poco a poco. A fe que sé yo dar una broma doble mejor que ésa.
GADSIL
Suplico que me prestéis el vuestro.
ARRIERO 2.º
¿Sí? ¿Cuándo? ¿No me lo podéis decir? ¿Conque que os preste el farol, eh? Enhoramala, y que os cuelguen.
GADSIL
Vos, arriero, ¿cuándo pensáis llegar a Lon- dres?
ARRIERO 2.º
Con tiempo sobrado para acostarse con luz, yo os lo aseguro. Vamos, amigo Cacharros, desperte- mos a esos caballeros. Quieren ir en nuestra compañía, pues traen mucho equipaje.
((Vanse los arrieros.))
GADSIL
¡Eh, hola, camarero!
CAMARERO
(Dentro.) «A la mano», como dijo el rapa-bolsas.
GADSIL
Tanto vale eso como «a la mano», como dijo el camarero. Pues os diferenciáis del rapa-bolsas como se diferencia el que dirige del que trabaja. Vos prepa- ráis el terreno.
(Entra el CAMARERO.)
CAMARERO
Buenos días, Sr. Gadsil. Resulta cierto lo que os dije anoche. Un hacendado de las dehesas de Kent trae consigo trescientos marcos en oro. Oíselo de- cir anoche, durante la cena, a uno de sus compañeros, empleado, o cosas así, en la contaduría. También trae mucho equipaje, y sabe Dios lo que contendrá. Se han levantado ya, y están pidiendo huevos fritos. Se van de seguida.
GADSIL
Pues si no topan con los siervos del diablo, os doy el pescuezo.
CAMARERO
No. No lo quiero. Conservadlo para el verdu- go, vos, que sois tan adorador del diablo como el hom- bre de menos fe.
GADSIL
¿A qué hablarme a mí del verdugo? Si me cuel- gan, buen par de cebados patíbulos tendremos, porque el viejo Sir Juan colgaría conmigo, y ya sabéis que no es ningún escuálido. ¡Bah! Ni siquiera soñáis con los pajarracos que están dispuestos, por vía de broma, a honrar la profesión; y, si apurasen el asunto, por su propio crédito, quedará todo arreglado. Yo no me aso- cio con pelagatos ni raterillos de tres al cuarto, ni con locos bigotudos y cari-rojos mosquitos, sino con la no- bleza y la bienandanza, con burgomaestres y grandes propietarios, gente de posición, más dispuesta a pegar que a hablar, y a hablar más que a beber, y a beber más que a rezar; y, sin embargo, ¡voto va!, miento, porque piden constantemente a su santo, la sociedad, o, para decir verdad, no le piden, le toman, y la reco- rren en todas direcciones para ponerse las botas.
CAMARERO
Si así se calzan, fácil cosa es que esas botas se calen, si llega a llover.
GADSIL
No se calarán. La justicia misma las engrasa. Vivimos en una fortaleza, y muy seguros. Tenemos la receta de la simiente de helecho. Somos invisibles.
CAMARERO
No, señor, vuestra invisibilidad se debe más a la noche que a la simiente de helecho.
GADSIL
Dadme la mano. Tendréis parte en el negocio, a fe de hombre veraz.
CAMARERO
Antes bien, jurádmelo a fe de ladrón falaz.
GADSIL
Idos enhoramala. «Homo» es nombre común a todos los hombres. Decid al mozo que saque de la (Vanse.) cuadra a mi capón. Adiós, bribonazo.
ESCENA II
(Carretera, cerca de Gadsil.)
(Entran el PRÍNCIPE ENRIQUE y POINS; BARDOLFO y PETO a distancia.)
POINS.
Venid, al escondite, al escondite. Hele qui- tado su caballo a Falstaf, quien chirría como terciopelo engomado.
ENRIQUE
(Se retiran.) Apartaos.
(Entra FALSTAF.)
FALSTAF
¡Poins! ¡Poins! ¡Maldito seáis! ¡Poins!
ENRIQUE
(Adelantándose.) Callaos, canalla cebón. ¡Qué modo de alborotar!
FALSTAF
¿Dónde está Poins, Enrique?
ENRIQUE
(Se retira.) En lo alto del cerro. Voy en su busca.
FALSTAF
Condenado estoy a robar en compañía de ese ladrón. El muy canalla se llevó mi caballo, y lo ha amarrado no sé donde. Si doy cuatro pasos más me quedo sin resuello. Después de todo, voy a morir de muerte natural si evito el que me ahorquen por matar a ese pillo. Veintidós años ha que constantemente he abjurado de su compañía; y, sin embargo, por arte he- chiceresco, en su compañía me hallo. Muera yo ahorca- do como no sea que el muy bribón me ha propinado al- guna droga para que lo quiera; si no, sería imposible. Poins, Enrique, ¡malditos seáis ambos! Bardolfo, Peto. Prefiero morirme de hambre a dar un paso más. Soy el canalla más miserable que ha hincado jamás el diente, como no sea tan honrada cosa como echar un trago, el transformarme en hombre de bien y separarme de to- dos estos bribones. Ocho varas de terreno quebrado son para mí setenta leguas, y a esos infames de corazón empedernido, bien les consta. Reniego de los ladrones (Silban.) que no son leales entre sí. – Anda. Mala peste en vosotros todos. Dadme mi caballo, canallas, y que os ahorquen.
ENRIQUE
(Adelantándose) Callaos, tripón. Acostaos y apli- cad el oído al suelo a ver si oís pasos.
FALSTAF
¿Tenéis cabria para levantarme, si me acuesto? ¡Voto va! Ni por todo el dinero que haya en la tesore- ría de vuestro padre volveré yo a llevar mis carnes tan lejos a pie. ¡Qué afán de que monte en cólera!
ENRIQUE
Mentís. No tengo afán de que montéis. Estáis bien desmontado.
FALSTAF
Por favor, noble príncipe Enrique, buscadme mi caballo.
ENRIQUE
Callaos, bribón: ¿soy yo, acaso, vuestro mozo de cuadra?
FALSTAF
Idos, y ahorcaos con vuestras ligas de herede- ro presunto. Si me cogen, cantaré. Como no os saque yo coplas a todos al compás de las canciones más cha- vacanas, envenéneme un vaso de vino de Jerez. El lle- var tan adelante una broma, y además a pie, es cosa que detesto.
(Entra GADSIL)
GADSIL
¡Quieto ahí!
FALSTAF
Quieto estoy y contra mi voluntad.
POINS.
¡Oh! Es nuestro escucha. Conozco su voz.
((Adelantándose con Bardolfo y Peto.))
BARDOLFO
¿Qué noticias hay?
GADSIL
Disfrazaos, disfrazaos. Poneos antifaces. Di- nero del rey viene cuesta abajo. Va a la tesorería del rey.
FALSTAF
Mentís, bergante; va a la taberna del Rey.
GADSIL
Bastante tendremos todos cuando partamos
FALSTAF
Para la horca.
ENRIQUE
Señores, vosotros cuatro les saldréis al encuen- tro en el callejón. Poins y yo nos colocaremos más abajo. Si escaparen, toparán con nosotros.
PETO.
¿Cuántos son?
GADSIL
Unos ocho o diez.
FALSTAF
¡Voto al diablo! Quizá nos roben ellos.
ENRIQUE
¿Qué es eso? ¿Tenéis miedo, Sir Juan Panza?
FALSTAF
Francamente, no soy ningún Juan de Gante, vuestro abuelo; pero, Enrique, no soy cobarde tampoco.
ENRIQUE
Bien está. Eso se pondrá a prueba.
POINS.
Vuestro caballo, Juan, está detrás del valla- do. Cuando os haga falta, allí lo encontraréis. Salud y firmeza.
((Vanse el Príncipe Enrique y Poins.))
FALSTAF
¿No lo debería matar yo aunque me ahorcasen?
ENRIQUE
(Aparte a Poins.) Eduardo, ¿dónde están nues- tros disfraces?
POINS.
(Aparte a Enrique.) Aquí, a la mano. No os apartéis de mí.
FALSTAF
Ahora bien, señores. Buena suerte digo yo, y cada cual a su negocio.
(Entran VIAJEROS.)
VIAJERO 1.º
Vamos vecino. Que del diestro lleve
78
El mozo a los caballos en la cuesta,
79
Y las piernas un rato estiraremos.
80
FALSTAF
¡Alto!
VIAJERO 2.º
¡Jesús nos ampare!
FALSTAF
¡A ellos! Boca abajo. Cortadles el gañote. ¡Hi de tales! Gusarapos, bribones hartos de pringue. Enemi- gos de la juventud. Boca abajo. Dejadlos en cueros.
VIAJERO 1.º
¡Oh! Estamos perdidos, y todo cuanto te- nemos.
FALSTAF
¡Que os ahorquen, gordinflones! ¿Que estáis perdidos? No, tragones papanatas; ojalá que cuanto tu- vierais estuviese aquí. Id por delante, lomudos, id por delante. ¿Qué decís, canallas? Los jóvenes tienen que vivir. ¿Sois miembros del jurado, no es eso? Pues ya juraréis a fe mía. (Vanse Falstaf y Gadsil llevándose por delante a los viajeros.) Vuelven a entrar el PRÍNCIPE ENRIQUE y POINS vestidos con trajes de bocací.
ENRIQUE
Los ladrones han atado a esa honrada gente. Si ahora vos y yo robamos a los ladrones, y alegremen- te nos vamos a Londres, será conversación para una se- mana, motivo de risa para un mes y chiste sempiterno.
POINS.
(Se retiran.) Apartémonos, que los oigo volver.
(Vuelven a entrar FALSTAF, GADSIL, PETO y BARDOLFO.)
FALSTAF
Vamos, señores, a repartir, y a caballo antes que amanezca. Si el Príncipe y Poins no son dos cobar- des insignes, no hay justicia en el mundo. Ese Poins no tiene ni el valor de una gallareta. (Mientras están repartiéndose el botín, el Príncipe y Poins caen sobre ellos.)
ENRIQUE
¡La bolsa!
POINS.
¡Villanos! (Gadsil, Peto, Bardolfo y Falstaf, después de breve lucha, huyen, dejando el botín tras ellos.)
ENRIQUE
Fácil conquista ha sido. Alegremente
108
Podemos cabalgar. Dispersos huyen
109
Los ladrones de tal pavor henchidos,
110
Que ni osan reunirse. Cada uno
111
Un alguacil al compañero juzga.
112
A huir, Eduardo, pues. Copiosamente
113
Falstaf sudando va, la seca tierra,
114
Al caminar, de pringue suturando.
115
Lástima le tuviera, si no fuese
116
Porque no puedo contener la risa.
117
¡Cómo rugió el bribón!
118
((Vanse.))
ESCENA III
(Warkworth. – Habitación en el castillo.)
(Entra ESPUELA ARDIENTE leyendo una carta.)
[ESPUELA ARDIENTE.]
... «Pero, señor, por mi parte, mucho me alegraría estar ahí, por ser grande mi amor a su casa.» – Que se alegraría mucho; pues, ¿por qué no está? Por ser grande su amor a nuestra casa. Se ve que ama más a su gra- nero que a nuestra casa. Sigamos leyendo. «Lo que emprendéis es peligroso.» Claro está. Peligroso es res- friarse, dormir, beber; pero debo deciros, señor necio, que de entre esta ortiga, el peligro, arrancaremos esta flor, la seguridad. «Lo que emprendéis es peligroso, dudosos los amigos que nombráis, la ocasión poco pro- picia, y vuestro plan en su totalidad harto ligero, para contrapesar oposición tan potente.» ¿Eso decís? ¿Eso decís? Pues yo os repito que sois un cobarde patán. Que mentís. ¡Vaya un cerebro huero! ¡Vive Dios! nues- tro plan es tan bueno como el mejor que se haya tra- mado. Nuestros amigos son sinceros y leales. Buen plan, buenos amigos, y estamos llenos de esperanzas. Exce- lente plan y bonísimos amigos. ¡Vaya un alma de hielo la de este bribón! Pues sí, el mismo York aprueba el plan, y, en su conjunto, el camino que nos hemos tra- zado. ¡Voto al diablo! Si estuviera ahora cerca de ese tunante, le saltaría los sesos con el abanico de su mu- jer. ¿No están en ello mi padre y mi tío, y no lo estoy yo, y no lo están también, Edmundo Mórtimer y el Arzobispo de York y Oveno Glendóver, y, además Duglas? ¿No tengo yo todas sus cartas manifestándo- me que se reunirán conmigo el nueve del mes próximo? Y, ¿algunos de ellos no están ya de camino? ¡Vaya un bribón descreído, infiel! ¡Ah! Ya lo veréis. Poseído de irresistible espanto y cobardía, ahora irá al Rey y le revelará nuestro proyecto. ¡Oh! me haría pedazos por haber removido semejante plato de leche desnatada con el anuncio de tan honrosa empresa. ¡Que lo ahor- quen! Estamos preparados. Saldré esta noche. Entra LADY PERCY. ¡Hola, Catalina! Tengo que dejarte dentro de un par de horas.
LADY PERCY
Dueño mío, ¿por qué tan solitario?
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¿Qué ofensa cometí, que ha dos semanas
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Que no comparto el lecho de mi Enrique?
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Dime, querido dueño, ¿qué motivo
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Te quita el apetito, la alegría
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Y el sueño inapreciable? ¿Por qué causa
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Fijos tienes los ojos en el suelo,
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Y cuando solo estás, tan a menudo,
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Sobresaltado, de tu asiento saltas?
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¿Por qué tu rostro pierde frescura,
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Y de mi amor entregas los tesoros
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A ceñudas ideas, mis derechos
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A una melancolía que maldigo?
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Guardando yo tus sueños transitorios
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Te oí reseñas de empeñadas luchas
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Murmurar entre dientes, que gritabas
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Al animar a tu corcel brioso,
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Que «¡valor!», «¡adelante!» repetías,
54
Que hablabas de trincheras y de tiendas,
55
Parapetos, salidas, retiradas,
56
Palizadas, fortines y cañones,
57
Culebrinas y obuses, de rescates
58
De prisioneros, de soldados muertos
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Y de todo lo anejo a fiera lucha.
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De tal modo tu espíritu ha bregado,
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De tal modo en tus sueños te agitaste,
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Que gotas de sudor sobre tu frente
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Corrían semejando a las burbujas
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De arroyo ha poco tiempo removido.
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Extrañas expresiones en tu rostro
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Se han ostentado, tales cual ocurren
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Cuando queda el aliento retenido
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Al recibo de orden perentoria.
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¿Esto qué significa? Grande empresa
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Entre manos tener debe mi dueño,
71
Y yo lo he de saber o no me amas.
72
ESPUELA ARDIENTE
¡Hola!
73
(Entra un SIRVIENTE.)
¿Partió ya Gilliams?
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SIRVIENTE
Ha una hora.
ESPUELA ARDIENTE
¿Del Jerif los caballos trajo Butler?
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SIRVIENTE
Un caballo, señor, ahora ha traído.
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ESPUELA ARDIENTE
¿Qué caballo? decid. ¿Es un roano,
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De orejas cortas?
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SIRVIENTE
Sí, señor.
ESPUELA ARDIENTE
Mi trono
Va a ser ese roano. En este instante,
79
A montar. ¡Oh esperance! Ve, dile a Butler
80
Que lo conduzca al parque.
81
((Vase el sirviente.))
LADY PERCY
Dueño mío,
Escúchame.
82
ESPUELA ARDIENTE
¿Qué dice mi señora?
LADY PERCY
De aquí, di, ¿qué te lleva?
83
ESPUELA ARDIENTE
Mi caballo.
Sí, prenda. Mi caballo.
84
LADY PERCY
Mono mío,
Casquivano. Ni una comadreja
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Es posible que tenga los arranques
86
Que tienes tú. Yo he de saber, lo juro,
87
Lo que te ocupa. He de saberlo, Enrique...
88
Me temo yo que Mórtimer, mi hermano,
89
Acerca de sus títulos se agita,
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Y, para que lo ayudes tú, te busca;
91
Pero si vas...
92
ESPUELA ARDIENTE
¿A pie tan lejos, prenda?
Me cansaré.
93
LADY PERCY
Ven, periquito mío,
Ven, contéstame tú directamente
94
A esta pregunta. Enrique, no me engañes,
95
O la verdad me dices, o a fe mía,
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Que este dedo meñique te disloco.
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ESPUELA ARDIENTE
Anda, anda, poco juicio. ¿Yo quererte?
98
No te quiero. Por ti nada me importa,
99
Catalina. Este mundo no se hizo
100
Para jugar en él a las muñecas,
101
Ni para que se luche con los labios.
102
Narices hacen falta ensangrentadas,
103
Cabezas rotas, y que todo pase
104
Cual corriente moneda. – ¡Mi caballo!
105
¿Qué dices, Catalina? ¿Qué me pides?
106
LADY PERCY
¿Que no me quieres tú? ¿Que no me quieres?
107
Está bien. Como tú ya no me quieras,
108
No me querré, tampoco, yo a mí misma.
109
¿De verdad no me quieres? Vaya, dime
110
Si me hablabas de veras o de burlas.
111
ESPUELA ARDIENTE
Ven. ¿Montar a caballo quieres verme?
112
Pues cuando esté a caballo, que te quiero
113
Inmensamente te diré. Mas oye:
114
De hoy más, no me preguntes, Catalina,
115
Adónde voy, ni para qué tampoco
116
Caviles tú. Yo iré, donde ir es fuerza.
117
Y, en conclusión, precisa que esta tarde
118
Te deje yo, querida Catalina.
119
Sé que discreta eres – tan discreta,
120
Cual puede serlo la mujer de Percy.
121
Enérgica también –, cuanto es posible
122
Que lo sea mujer, y tan callada
123
Como la más callada, porque creo
124
Que no divulgarás lo que no sepas;
125
Y hasta ese punto en ti yo deposito
126
Mi confianza, amada Catalina.
127
LADY PERCY
Mas ¿cómo? ¿Hasta ese punto?
128
ESPUELA ARDIENTE
Ni siquiera
Una pulgada más. Vendrás conmigo
129
Donde vaya, no obstante, Catalina.
130
Hoy parto yo, tú partirás mañana.
131
¿Te place, Catalina?
132
LADY PERCY
No hay remedio.
((Vanse.))
ESCENA IV
(Estchepia. – Cuarto en la taberna Cabeza del Jabalí.)
(Entra el PRÍNCIPE ENRIQUE.)
ENRIQUE
Eduardo, salid de ese cuarto nauseabundo y ayudadme a reír un rato.
(Entra POINS.)
POINS.
¿Dónde habéis estado, Enrique?
ENRIQUE
Con tres o cuatro brutos, entre tres o cuatro pipas de vino. He llegado a herir a las más bajas notas de la humildad. Hanme declarado cofrade de una traílla de mozos de taberna, y ya los conozco a todos por su nombre de pila, como verbigracia, Tomás, Ricardo, Francisco. Juran por su ánima, que aunque sea yo Prí- cipe de Gales, soy a la par el Rey de la Cortesía, y afir- man netamente que no soy un orgulloso, como Falstaf, sino un gitano, un mozo de brío, un buen muchacho. Os juro que si así me llaman y me dicen que cuando sea Rey de Inglaterra, tendré a mis órdenes a todos los mozos buenos de Estchepia. El beber en demasía es, según ellos, teñirse de escarlata, y cuando se toma aliento al beber, dicen «upa» y os ordenan tragar todo. En resumen, he adelantado de tal modo en un cuarto de hora, que puedo beber con cualquier calde- rero hablándole en su propia jerga durante toda mi vida. Dígote, Eduardo, que has perdido mucho en no haberme acompañado en esta empresa; pero dulce Eduardo, para endulzar tu nombre de Eduardo, te re- galo estos cuatro maravedís de azúcar, que ahora mis- mo puso en mis manos un sota-mozo, uno que no ha- bla más inglés que para decir «ocho chelines y seis peniques» y «señor, bienvenido», con el agregado a gritos de «ya voy, señor, ya voy», o «medid un cuartillo de moscatel para el cuarto de la media luna»; o cosa semejante. Pero, Eduardo, pasad el tiempo como podáis hasta que venga Falstaf. Quedaos en algún cuarto de aquí cerca, mientras que yo le pregunto a mi mozo chiquitín con qué objeto me ha dado ese azúcar, y mientras tanto, vos no dejéis de gritar, «Francisco», a fin de que su cuento quede reducido a «ya voy». Idos, y yo os enseñaré el cómo.
((Vase Poins.))
POINS.
¡Francisco!
ENRIQUE
Perfectamente.
POINS.
¡Francisco!
(Entra FRANCISCO.)
FRANCISCO
Ya voy, señor, ya voy. ¡Atended al cuarto de la granada!
ENRIQUE
Venid aquí, Francisco.
FRANCISCO
¡Señor!
ENRIQUE
¿Cuánto tiempo hace que servís, Francisco?
FRANCISCO
Cinco años, y además...
POINS.
(Dentro.) ¡Francisco!
FRANCISCO
Ya voy, señor, ya voy.
ENRIQUE
¡Cinco años! Larga fecha es para oír sonar ca- charros. Pero, Francisco, ¿seríais capaz de representar el papel de cobarde ante vuestro contrato y de ense- ñarle los talones echándoos a correr?
FRANCISCO
¡Oh, señor, capaz soy yo de jurar poniendo la mano sobre todos los libros de Inglaterra, que en mi pecho...
POINS.
(Dentro.) ¡Francisco!
FRANCISCO
Ya voy, señor, ya voy.
ENRIQUE
¿Qué edad tenéis, Francisco?
FRANCISCO
Veamos. Por San Miguel, cumpliré...
POINS.
(Dentro.) ¡Francisco!
FRANCISCO
Ya voy, señor. – Esperadme, señor, un mo- mento.
ENRIQUE
Sí, pero escuchad, Francisco. Con respecto a ese azúcar que me disteis, valía cuatro maravedís; ¿no es cierto?
FRANCISCO
¡Ah, señor, ojalá hubiera valido el doble!
ENRIQUE
Por ese azúcar os daré yo mil libras. Pedídme- las cuando queráis, y las tendréis.
POINS.
(Dentro.) ¡Francisco!
FRANCISCO
¡Ya voy, ya voy!
ENRIQUE
¿Ya voy, Francisco? ¿Ya? No, Francisco. Ma- ñana, Francisco, o el jueves, o por mejor decir, cuando os dé la gana; pero Francisco...
FRANCISCO
Señor.
ENRIQUE
¿Os atrevéis a robar a ese que lleva jubón de cuero, botones de cristal, rapado el pelo, anillo de ága- ta, medias obscuras, ligas de lana, de bondadosa apa- riencia y que trae alforjas españolas?
FRANCISCO
¡Ay, señor! ¿qué decís?
ENRIQUE
Pues en ese caso, moscatel será vuestra única bebida, porque, Francisco, esa almilla de blanca jerga se ensuciará. Ni en Berbería lo pasaréis peor.
FRANCISCO
¿Qué, señor?
POINS.
(Dentro.) ¡Francisco!
ENRIQUE
Idos tunante. ¿No oís que os están llamando?
((Poins y el Príncipe llaman a la vez a Francisco, quien perma-)
(nece indeciso sin saber adónde acudir))
(Entra el TABERNERO.)
TABERNERO
¿Cómo? ¿Ahí te estás parado mientras que a gri- tos te están llamando? Atiende a los parroquianos. – Señor, el viejo Sir Juan con media docena de personas más están a la puerta. ¿Los dejo entrar?
ENRIQUE
Que esperen un rato, y luego, les abrís. (Vase el Tabernero.) ¡Poins!
(Vuelve a entrar POINS.)
POINS.
¡Ya voy, señor, ya voy!
ENRIQUE
Ese Falstaf y los demás ladrones están a la puerta. ¿Nos divertimos?
POINS.
Como grillos, muchacho; pero oíd: ¿qué sacáis de la broma que habéis dado a ese mozo? ¿Qué va a salir de ahí?
ENRIQUE
Ahora estoy dispuesto a seguir todas las bro- mas que se hayan iniciado desde la época del buen Adán hasta la inmatura edad presente; las doce de la noche. ¿Qué hora es, Francisco?
FRANCISCO
(Dentro.) ¡Ya voy, Señor, ya voy!
ENRIQUE
Parece mentira que ese mozo sea hijo de mu- jer, y gaste menos palabras que un loro. Su industria es subir y bajar escaleras. Su elocuencia, la suma de una cuenta. – Todavía no soy yo del modo de pensar de Per- cy, el Espuela Ardiente del Norte. Ese que mata a seis o siete docenas de escoceses antes de almorzar, se lava las manos, y dice a su mujer: «Oprobio es tan tran- quila existencia. Necesito trabajar.» «¡Oh mi querido Enrique! dice ella, ¿cuántos has matado hoy?» «Dale agua a mi rocino, dice él», y responde «Unos catorce hará una hora». ¡Bagatela, bagatela! – Os suplico que llaméis a Falstaf. Yo haré el papel de Percy, y ese mal- dito carnaza hará el papel de su esposa, mi señora Mór- timer. «Rivo», como dice el borracho. Que entre ese costillar. Que entre ese sebo.
(Entran FALSTAF, GADSIL, BARDOLFO y PETO, seguidos de FRANCISCO, que trae vino.)
POINS.
Bienvenido, Juan. ¿Dónde habéis estado?
FALSTAF
Mala peste en todos los cobardes, digo yo; y malditos sean, y amén. Dame una copa de Jerez, mucha- cho. Antes de seguir esta clase de vida mucho tiempo más, prefiero hacer calcetas, componerlas, y aun echarles nuevas plantas. Mala peste en todos los cobardes. Dame una copa de Jerez, tunante. No hay ya virtud.
ENRIQUE
¿No habéis visto nunca a Febo acariciar a la manteca, a la manteca de tierno corazón que se derrite en presencia del sol? Pues si lo habéis visto, vedlo aquí también.
FALSTAF
Bribón – y además, han echado cal en este Je- rez. – Sólo bribonería da de si la infame condición huma- na; pero, no obstante, peor es un cobarde que una copa de Jerez con cal. Sigue tu camino, viejo Juan, y muérete cuando gustes, y si no es cierto que la virilidad, la ver- dadera virilidad es cosa ya olvidada en la tierra, tén- ganme por arenque desovado. No hay ni tres hombres de bien sin ahorcar en Inglaterra, y uno de ellos está gordo y va envejeciendo. ¡Dios nos ampare! Perverso mundo es éste! ¡Ojalá fuera tejedor! Cantara salmos, o haría cualquier otra cosa. Mala peste en todos los cobar- des, digo y repito.
ENRIQUE
¿Qué es eso, colchón? ¿Qué murmuráis?
FALSTAF
¡Hijo de un Rey! Como no lograra yo arrojaros del reino con un cuchillo de palo y llevarme por delan- te a todos vuestros súbditos cual bandada de gallere- tas, jamás debería volver a gastar pelos en la cara. ¡Vos príncipe de Gales!
ENRIQUE
Pero, hi de tal, hombre pelota, ¿qué pasa?
FALSTAF
¿No sois un cobarde? Contestad; y ¿no lo es también Poins?
ENRIQUE
¡Voto va! Panza, si me volvéis a llamar cobar- de, os paso.
FALSTAF
¡Yo llamaros cobarde! Condenado quiero veros antes de que yo os llame cobarde; pero daría mil li- bras para poder correr tan a prisa como vos corréis. Vuestras espaldas están bastante bien formadas, y no se os importa quién os las mira; y ¿es eso guardar las es- paldas a vuestros amigos? Mala peste en semejantes es- paldares. Prefiero yo a quienes se me presentan cara a cara. Dadme una copa de Jerez. Llámenme bribón si he echado ni siquiera un trago hoy.
ENRIQUE
¡Ah, infame! Aun están húmedos vuestros la- bios de la última vez que bebisteis.
FALSTAF
Es igual. Mala peste en todos los cobardes, re- pito yo.
ENRIQUE
¿Qué ocurre?
FALSTAF
¿Qué ocurre? Aquí estamos cuatro que esta mañana nos apoderamos de mil libras.
ENRIQUE
¿Dónde están, Juan? ¿Dónde están?
FALSTAF
¿Dónde están? Nos las quitaron. Eran ciento contra miserables cuatro.
ENRIQUE
¡Hombre, ciento!
FALSTAF
Bribón me llamen si no medí yo mi espada contra las de una docena dos horas consecutivas. Es- capé de milagro. Ocho veces me atravesaron el jubón, y el calzón cuatro. Mi adarga quedó hecha pedazos, y mi espada mellada como una sierra. Jamás me he portado mejor desde que soy hombre, pero todo fue inútil. ¡Mala peste en todos los cobardes! Que hablen éstos. Si dicen otra cosa que no sea la pura verdad, son unos villanos e hijos del infierno.
ENRIQUE
Hablad, señores; ¿cómo fue?
GADSIL
Nosotros cuatro nos lanzamos sobre unos doce.
FALSTAF
Eran lo menos diez y seis, señor.
GADSIL
Y los atamos.
PETO.
No, no, no se les ató.
FALSTAF
Se ató a todos, bergante, o llámenme si no judío, judío berberisco.
GADSIL
Estando en el reparto, seis o siete de refresco cayeron sobre nosotros...
FALSTAF
Desataron a los demás, y después vinieron los otros.
ENRIQUE
¡Cómo! ¿Luchasteis contra todos?
FALSTAF
¿Todos? Yo no sé lo que vos llamáis todos; pero si no luché contra cincuenta, llámenme manojo de rábanos. Si no cayeron cincuenta y dos o cincuenta y tres sobre el pobre vejete Juan, no soy yo animal de dos pies.
ENRIQUE
Rogad a Dios que no hayáis matado a alguno.
FALSTAF
Para eso ya no valen ruegos. He salpimentado a dos. He saldado las cuentas de dos bribones vestidos con trajes de bocací. Escuchadme, Enrique, y si os miento, escupidme al rostro y llamadme matalote. Vos conocéis mi antiguo quite. Así estaba yo, y así empuñaba la es- pada. Cuatro bribones vestidos de bocací me atacaron.
ENRIQUE
¿Cómo cuatro? Ahora mismo me dijisteis que dos.
FALSTAF
Cuatro, Enrique. Dije cuatro.
POINS.
Sí, sí. Dijo cuatro.
FALSTAF
Vinieron esos cuatro de frente y furiosamente me atacaron, pero sin perturbarme, recibí sus siete es- tocadas en mi adarga. – Así.
ENRIQUE
¡Siete! Pues si ahora mismo no había más que cuatro.
FALSTAF
¿Con vestidos de bocací?
POINS.
Sí, cuatro con vestidos de bocací.
FALSTAF
Siete por la cruz de esta espada, o llámenme vi- llano si no.
POINS.
Dejadlo. Pronto tendremos más.
FALSTAF
¿Me estáis oyendo, Enrique?
ENRIQUE
Sí, y con mucha atención, Juan.
FALSTAF
Vale la pena oírlo. A esos nueve vestidos de bocací de quienes hablaba.
ENRIQUE
Bien. Ya tenemos dos más.
FALSTAF
Viendo rotas las puntas de sus espadas...
POINS.
Y cayéndoseles los calzones...
FALSTAF
Comenzaron a retroceder; pero yo los acosé violentamente, y en un abrir y cerrar los ojos, despaché a siete de los once.
ENRIQUE
¡Qué monstruosidad! De dos, salir once hom- bres con vestidos de bocací.
FALSTAF
Pero quiso el demonio que tres pillos malnaci- dos, con vestidos de color verde que usan los bandidos, me atacaran por la espalda, porque era tan grande la obscuridad, que ni podía verme las manos.
ENRIQUE
Tan gordas son estas mentiras como el padre que las ha engendrado. Enormes como montañas, des- caradas y patentes. Tripón de escaso seso, tonto de ca- pirote, hi de tal, libidinoso grasiento, rollo de sebo…
FALSTAF
¿Pero estáis loco? ¿La verdad deja de ser ver- dad?
ENRIQUE
¿Cómo podíais saber que esa gente estaba con vestidos del color verde que usan los bandidos, en obs- curidad que os impedía veros vuestras propias manos? Vamos, dad una explicación. ¿Qué respondéis a esto?
POINS.
Vamos dad una explicación, Juan, una expli- cación.
FALSTAF
¿Cómo? ¿A la fuerza? No, aunque me amenaza- ran con el Estrapado y con todos los tormentos del mundo; a la fuerza, no la daría. ¡Dar explicaciones a la fuerza! Aunque explicaciones tuviera a la mano tan nu- merosas como hay zarzamoras, a hombre alguno daría yo una explicación a la fuerza.
ENRIQUE
No quiero por más tiempo ser cómplice de se- mejante pecado. Este cobarde borracho, este aplanador de colchones, este revienta-caballos, esta montaña de carne...
FALSTAF
Atrás, escuálido, piel de anguila, ahumada len- gua de ternera, bergajo, bacalao. ¡Quién tuviera resue- llo para decir a lo que os asemejáis! Vara de sastre, vaina, funda de arco, miserable florete ambulante...
ENRIQUE
Bien. Tomad resuello, y luego, proseguid, y cuando os hayáis cansado rebuscando viles compara- ciones, oíd lo que os tengo que decir.
POINS.
Atención, Juan.
ENRIQUE
Nosotros vimos que vosotros cuatro atacasteis a otros cuatro. Que los atasteis y que os apoderasteis de lo que llevaban. Atención ahora. Sencilla historia os va a confundir. Nosotros dos entonces caímos sobre vosotros cuatro; y, en una palabra, os arrebatamos vuestra presa. Sí, señor; y os la podemos enseñar en esta casa misma. Y vos, Falstaf, cargasteis bonitamente con vuestras tripas con extraordinaria destreza y agi- lidad, y berreasteis pidiendo misericordia, corriendo y berreando siempre, como jamás becerro alguno ha co- rrido y berreado... ¡Qué pobre hombre sois vos, que me- lláis vuestra espada y aseguráis haber batallado! ¿Qué recurso, qué invención, qué subterfugio encontraréis ahora para eludir tan claro y manifiesto oprobio?
POINS.
Vamos a ver, Juan. ¿Qué recurso os queda?
FALSTAF
¡Vive Dios! Os conocí tan bien como os podría haber conocido la madre que os parió. Vamos, oídme, señores. ¿Iba yo a matar al presunto heredero? ¿Iba yo a ir contra un legítimo príncipe? ¡Vamos! Bien sabéis que soy valiente como Hércules. Pero, ved lo que es el ins- tinto. El león no ataca jamás a un legítimo príncipe. Es mucho lo que puede el instinto. Por instinto me mostré cobarde. Tendré durante el tiempo que me resta de vida mejor opinión de mí y de vos; de mí como león valiente, de vos como legítimo príncipe. Pero, ¡vive Dios! muchachos... ¡Cuánto celebro que tengáis el dinero! (gritando a la patrona) Patrona , portazos a las puertas. Esta noche a velar, mañana rezaréis. Valientes, rapaces, chiquillos, corazones de oro, ¿qué compinches hay en el mundo que merezcan los calificativos que merecéis vosotros? Vamos a ver. ¿Nos divertimos? ¿Qué os parece una comedia improvisada?
ENRIQUE
Perfectamente. Y que el argumento sea vues- tra huída.
FALSTAF
¡Ah! No hablemos más de eso, Enrique, si de- veras me queréis.
(Entra CELESTINA.)
CELESTINA
¡Ay Jesús! señor Príncipe.
ENRIQUE
Ahora bien; señora patrona, ¿qué me tenéis que decir?
CELESTINA
Señor, un noble de la corte está a la puerta y desea hablaros. Dice que viene de parte de vuestro padre.
ENRIQUE
Para que sea persona real, dadle una corona y encaminadlo a mi madre.
FALSTAF
¿Qué clase de hombre es?
CELESTINA
Un anciano.
FALSTAF
¿Qué tiene que hacer persona tan grave fuera del lecho a media noche? ¿Le doy yo la respuesta que merece?
ENRIQUE
Sí, Juan.
FALSTAF
(Vase.) Ya haré yo que se vaya más que de prisa.
ENRIQUE
Ahora bien, señores. ¡Voto a la Virgen! pe- leasteis bien, y vos también, Peto, y vos también, Bar- dolfo. También sois leones y echasteis a correr por instinto. ¿Cómo ibais vosotros siquiera a tocar a un legítimo príncipe? ¡Qué horror!
BARDOLFO
Yo eché a correr cuando vi correr a los demás.
ENRIQUE
Decidme ahora, hablando formalmente: ¿por- qué está mellada la espada de Falstaf?
PETO.
Pues la melló con su puñal, y dijo que aunque a fuerza de juramentos desterrara de Inglaterra a la verdad, os haría creer que había sido en lucha, y nos indujo a hacer lo propio.
BARDOLFO
Y a pincharnos con grama las narices a fin de hacernos sangre, y con ella manchar los vestidos, y asegurar que era sangre de honrada gente. Hice lo que no he hecho en estos últimos siete años. Me sonrojo oyendo sus monstruosas invenciones.
ENRIQUE
¡Ah, villano! Tú robaste una copa de vino de Jerez hace diez y ocho años, se te pegó la costumbre, y desde entonces, sonrojado estás constantemente. Fuego y hierro tenías a la mano; y, a pesar de eso, echaste a correr. ¿Qué instinto te indujo a ello?
BARDOLFO
Señor, ¿veis esos meteoros? ¿Contempláis esas exhalaciones?
ENRIQUE
Sí.
BARDOLFO
¿Qué creéis que auguran?
ENRIQUE
Hígados irritados y bolsas exánimes.
BARDOLFO
Cólera, señor, si bien se mira.
ENRIQUE
No; si bien se mira, la horca. Aquí viene el es- cuálido Juan. Aquí viene Huesos pelados. Vuelve a entrar FALSTAF. Ahora bien, deliciosísimo fanfarrón, ¿cuánto tiempo hace que le echasteis el ojo a vuestra propia rodilla?
FALSTAF
¡A mi propia rodilla! Cuando tenía Enrique sobre poco más o menos vuestra misma edad, podía circundar mi cintura la garra de un águila. Pudiera haberme escurrido por el anillo del dedo pulgar de al- gún corregidor. ¡Mal hayan los suspiros y las penas que llegan a hinchar al hombre como si fuese vejiga! Trai- go malas noticias. Ahí vino Sir Juan Bracy de parte- de vuestro padre. Tenéis que ir a la corte mañana. Percy, ese loco del Norte, y ese Galés que ha dado una paliza a Maimón, que le ha puesto los cuernos a Luci- fer y ha hecho que el diablo le jure pleito homenaje sirviéndole de cruz un gancho galés... ¿Cómo diablos se llama?
POINS.
¡Oh, Glendóver!
FALSTAF
Oveno, Oveno. El mismo, y su yerno Mórtimer, y el viejo Norzumbria, y ese animoso escocés entre los escoceses Duglas, que sube a caballo a galope una cuesta perpendicular...
ENRIQUE
¿Ese que cabalga a escape y con una pistola mata a un gorrión que vuela?
FALSTAF
Disteis en ello.
ENRIQUE
Mejor que él en los gorriones.
FALSTAF
Pues ese tunante es muy valiente; no es capaz de echar a correr.
ENRIQUE
Vaya si sois vos tunante. ¿No lo acabéis de alabar por correr?
FALSTAF
A caballo, sí, chorlito; pero a pie, no retrocede una pulgada de terreno.
ENRIQUE
Sí, Juan, si el instinto le impulsa a ello.
FALSTAF
Concedo, si le impulsa el instinto. Pues con ellos están también un tal Mórdac y mil escoceses más. Vorcestria ha desaparecido esta noche. La barba de vuestro padre con estas noticias ha encanecido. Ahora sí que se pueden comprar tierras tan a buen precio como arenques podridos.
ENRIQUE
Entonces, es probable que si hace calor en el mes de Junio, y este pugilato civil se aguanta, se com- pren doncellas por cientos, como se compran clavos.
FALSTAF
¡Vive Dios! rapaz, que estás en lo cierto. Posi- ble es que tengamos buena cosecha; pero dime, Enri- que, ¿no tenéis un miedo atroz? Siendo, como sois, he- redero presunto, ¿sería posible que encontrarais en todo el mundo peores enemigos que ese lucifer de Duglas, que ese incubo de Percy y que ese diablo de Glendó- ver? ¿No tenéis un miedo atroz? ¿No se os hiela la sangre?
ENRIQUE
Ni pizca. Me hace falta un poco de vuestro instinto.
FALSTAF
Mañana, cuando os presentéis a vuestro padre, os va a reñir terriblemente. Si me creéis, preparad una respuesta.
ENRIQUE
Haced vos de padre mío, e interrogadme acer- ca de mi conducta.
FALSTAF
¿Lo hago? Bueno. Este asiento será mi trono; este puñal mi cetro, y este cojín mi corona.
ENRIQUE
¡Vuestro augusto trono un taburete; vuestro áureo cetro un puñal de plomo, y vuestra rica y pre- ciosa corona un miserable cráneo sin pelo!
FALSTAF
Está bien. Si no se ha extinguido en vos por completo el sacro fuego de la gracia, ahora os vais a conmover. Dadme una copa de Jerez a fin de que mis ojos se enardezcan y se crea que he llorado. Preciso es que hable apasionadamente, y lo haré en la vena del Rey Cambises.
ENRIQUE
Bien. Ya está aquí mi pierna doblada.
FALSTAF
Y aquí está mi discurso. – Nobles, apartaos.
CELESTINA
¡Jesús mío! ¡Qué divertido espectáculo es éste!
FALSTAF
No lloréis, amada reina mía. Inútilmente co- rren esas lágrimas.
CELESTINA
Miren al padre y que serio se pone.
FALSTAF
Por Dios, señores, a mi triste reina
416
Llevaos de aquí, las lágrimas que vierte
417
Obstruyen las esclusas de sus ojos.
418
CELESTINA
Jesús mío, lo hace como cualquiera de esos pí- caros comediantes.
FALSTAF
Silencio, media azumbre. Silencio, vino duro. – Enrique, me maravilla saber, no sólo cómo empleas el tiempo, sino con quienes te acompañas, porque aunque mientras más hollada, más rápidamente crece la man- zanilla; la juventud, por el contrario, mientras más de ella se abusa, más pronto se gasta. Mi hijo eres tú; por una parte, tu madre me lo asegura, y por otra, ésa es mi opinión; pero lo que más garantiza esta convicción, es esa lastimosa peculiaridad de tus ojos, y esa estúpida depresión de tu labio inferior. Pues bien; si efectiva- mente eres hijo mío, el punto es éste: ¿por qué, siendo mi hijo, te señalan todos con el dedo? ¿Va el bendi- to sol de los cielos a convertirse en vagabundo y a comer zarzamoras? ¿Va a convertirse el hijo de Ingla- terra en ladrón y en rapabolsas? Es necesario hacer esta pregunta. Hay una cosa, Enrique, de la que tú habrás oído hablar a menudo, y que es conocida por la gente de nuestro país con el nombre de alquitrán. Este alquitrán, según sostienen antiguos escritores, man- cha; pues del mismo modo manchan las gentes con quienes alternas. Porque, Enrique, ahora no te hablo harto de vino, sino con lágrimas en los ojos, no con ira, sino con pena; no con palabras únicamente, sino lleno de pesares; y, sin embargo, he visto que a menu- do te acompaña un hombre virtuosísimo, cuyo nombre ignoro.
ENRIQUE
Decidme, si place a vuestra majestad, qué clase de hombre es ése.
FALSTAF
Hombre de buena presencia a fe mía y corpu- lento. De plácida expresión, alegre mirada y nobilísi- mo porte, y paréceme que de unos cincuenta años, o ¡válgame la Virgen! cerca de los sesenta. Y ahora me recuerdo; se llama Falstaf. Si semejante hombre resul- tara libertino, me he engañado; porque, Enrique, en su mirada veo yo patente la virtud. Así, pues, si al árbol se conoce por el fruto, como al fruto por el árbol, pe- rentoriamente declaro yo que en ese Falstaf anida la virtud. Conservad, pues, su amistad; pero separaos de los demás. Y dime tú ahora, picarón, ¿dónde has esta- do todo este mes?
ENRIQUE
¿Habláis como Rey? Ocupad mi puesto, y yo representaré el papel de mi padre.
FALSTAF
¿Me desposeéis? Si lo representáis con la mitad de la nobleza y majestad que yo, tanto en la palabra co- mo en la acción, que me cuelguen de los talones como conejillo o liebre en una recoba.
ENRIQUE
Bien, ya he tomado asiento.
FALSTAF
Y aquí estoy yo de pie.
ENRIQUE
Ahora bien; Enrique, ¿de dónde vienes?
FALSTAF
Soberano, de Estchepia.
ENRIQUE
Grandes son las quejas que de ti me dan.
FALSTAF
¡Voto va, señor; falsedades! Ahora veréis, a fe mía, cómo os hace reír un joven príncipe.
ENRIQUE
Echas votos, joven impío. No vuelvas más a mirarme al rostro. Te separan violentamente de tu eterna salvación. Un demonio te persigue en forma de un viejo obeso. Un hombre tonel es tu compañero. ¿Por qué te tratas con ese pellejo de líquido? ¿Con ese arte- són de bestialidades? ¿Con ese lío hidrópico y abotar- gado? ¿Con esa inmensa pipa de vino de Jerez? ¿Con esa maleta de tripas? ¿Con ese buey relleno? ¿Con esa iniquidad canosa? ¿Con ese abuelo rufían? ¿Con ese ve- jestorio frívolo? ¿Para qué sirve sino para paladear y beber Jerez? ¿Qué hace con primor y limpieza sino trinchar y comerse un capón? ¿En qué demuestra su ingenio sino con su astucia? ¿Y su astucia, en qué la demuestra sino con su bribonería? ¿Y su bribonería, en qué si no en todas las ocasiones y para qué sirve si no para absolutamente nada?
FALSTAF
Desearía que vuestra majestad me permitiera comprender lo que dice. ¿A quién alude vuestra ma- jestad?
ENRIQUE
A ese infame, aborrecible pervertidor de la ju- ventud, Falstaf. A ese viejo barbicano Satanás.
FALSTAF
Señor, conozco a ese hombre.
ENRIQUE
Sé que lo conoces.
FALSTAF
Pero decir que sepa yo que es peor de lo que yo soy, fuera decir más de lo que sé. Que es viejo. Tanto más de lamentar es. Sus canas lo atestiguan; pero que sea, con perdón de vuestra majestad, libidinoso, lo niego rotundamente. Dios ampare a los delincuentes. Si ser viejo y alegre es pecado, entonces, muchos viejos camaradas conozco yo que condenados también están. Si ser gordo es ser odioso, entonces amar se debe al flaco ganado de Faraón. No, noble señor, desterrad a Peto, desterrad a Bardolfo, desterrad a Poins; pero no desterréis al amable Falstaf, a bondadoso Falstaf, al leal Falstaf, al valiente Falstaf, tanto más valiente por ser, como es, el viejo Juan Falstaf. No lo separéis de la sociedad de vuestro Enrique. Desterrar al gordinflón Juan es como desterrar al mundo entero.
ENRIQUE
(Se oye llamar a la puerta) Sí, lo destierro.
((Vanse Celestina, Francisco y Bardolfo.))
(Vuelve a entrar BARDOLFO apresuradamente.)
BARDOLFO
¡Oh, señor! El Jerif, con numerosa guardia, está a la puerta.
FALSTAF
Callad, bribón. Siga la comedia. Tengo mucho que alegar en favor de Falstaf.
(Vuelve a entrar CELESTINA.)
CELESTINA
¡Ay, Jesús mío, señor, señor!
ENRIQUE
¡Bah, bah! El diablo que cabalga en un arco de violín. ¿Qué ocurre?
CELESTINA
El Jerif y toda la guardia está a la puerta. Vie- nen a registrar la casa. ¿Los dejo entrar?
FALSTAF
¿Lo estáis viendo, Enrique? Nunca toméis mo- neda falsa como oro de ley. Sois un loco de atar, sin parecerlo.
ENRIQUE
Y vos un cobarde nato sin instinto.
FALSTAF
Niego la mayor. Si rehusáis recibir al Jerif, sea. Si no, que entre. Si no hago yo tan buen papel como otro cualquiera en su caso, reniego de mi educación. Confío en que un dogal me ahorcará tan fácilmente co- mo al que más.
ENRIQUE
Idos. Escondeos detrás del tapiz. Los demás, que se vayan arriba. Ahora, señores, buena cara y con- ciencia tranquila.
FALSTAF
Ambas cosas tuve; pero pasó su época, y por lo tanto, me escondo.
ENRIQUE
Haced que entre el Jerif.
536
((Vanse todos menos el Príncipe Enrique y Poins.))
(Entra el JERIF y un ARRIERO.)
Decid, señor Jerif qué se os ofrece.
537
JERIF
Perdonadme, señor. Hasta esta casa
538
El público clamor, a ciertos hombres
539
Siguiendo viene.
540
ENRIQUE
Quiénes son.
JERIF
Es uno,
Señor, muy conocido. Grande y gordo.
541
ARRIERO
Gordo como manteca.
542
ENRIQUE
No se halla
Tal hombre, os lo aseguro, en este sitio,
543
Pues lo empleé yo mismo ha breve rato.
544
Mas, Jerif, mi palabra os comprometo
545
De que a la hora de comer mañana
546
Os lo enviaré para que os dé respuesta
547
A vos o a cualquier otro por aquello
548
De que acusado esté. Con esto os pido
549
Que me hagáis el favor de retiraros.
550
JERIF
Lo haré, Señor. Trescientos marcos suma
551
La cantidad robada a dos señores.
552
ENRIQUE
Puede ser. Si a esos hombres ha robado,
553
Tendrá que responder forzosamente,
554
Y así, pasadlo bien.
555
JERIF
Muy buenas noches.
ENRIQUE
¿No os parece mejor muy buenos días?
556
JERIF
Verdad, señor. Las dos han dado, creo.
557
((Vanse el Jerif y el Arriero.))
ENRIQUE
Este pringoso bribón, es más conocido que la catedral de San Pablo. Haced que salga.
POINS.
¡Falstaf! Dormido profundamente detrás del tapiz, y roncando como un caballo.
ENRIQUE
Oíd, con qué dificultad resuella. Registradle (Poins registra a Falstaf los bolsillos.) los bolsillos. ¿Qué encontrasteis?
POINS.
Señor, papeles no más.
ENRIQUE
A ver qué papeles son ésos. Leedlos.
POINS.
(Leyendo.) Idem un capón . . . . . . . . . . . . 2 chelines y 2 peniques. Idem salsa . . . . . . . . . . . . . . . . 4 peniques. Idem Jerez . . . . . . . . . . . . . . . . 5 chelines y 8 peniques. Idem anchoas y Jerez des- pués de cenar . . . . . . . . . . . 2 chelines y 6 peniques. Idem pan . . . . . . . . . . . . . . . . . ½ penique.
ENRIQUE
¡Qué monstruosidad! medio penique de pan para esa enorme cantidad de Jerez. Si hay más papeles, guardadlos y los leeremos con más espacio. Dejadle ahí dormir hasta que sea de día. Mañana iré yo a la corte. Todos tenemos que ir a la guerra, y el puesto que vos ocuparéis será honroso. Daréle a ese pillastre gor- dinflón plaza en infantería, y sé que una marcha de dos- cientos cuarenta pasos será causa de su muerte. Ese di- nero se devolverá con creces. Venid a verme mañana temprano, y con esto, adiós, Poins.
POINS.
Buenos días, señor.
((Vanse.))
Acto III
ESCENA PRIMERA
(Bángor. – Habitación en la casa del Arcediano.)
(Entran ESPUELA, ARDIENTE, MÓRTIMER y GLENDÓVER.)
MÓRTIMER
Nobles promesas y segura gente.
1
Propicio fin nuestro comienzo augura.
2
ESPUELA ARDIENTE
Vos, Mórtimer y, vos, deudo Glendóver,
3
¿Sentaros no queréis?
4
¿Y vos, tío Vorcestria? ¡Voto al diablo!
5
Se me ha olvidado el mapa.
6
GLENDÓVER
No, por cierto.
Vedlo. Sentaos Percy, deudo mío;
7
Sentaos, noble deudo Espuela Ardiente;
8
Porque cuando de vos Lancáster habla
9
Así os nombra, y con lívido semblante
10
Y hondo suspiro os enviara al cielo.
11
ESPUELA ARDIENTE
Si de Oveno Glendóver oye el nombre,
12
En cambio en los infiernos os desea.
13
GLENDÓVER
Yo no lo culpo. Al natalicio mío
14
La faz del cielo flameantes formas
15
E incandescentes globos tachonaron;
16
Y, al nacer, la ancha base de la tierra
17
Como un cobarde retembló.
18
ESPUELA ARDIENTE
Lo mismo
Hubiera hecho en circunstancias tales
19
Si en vez de vos nacer, parido hubiese
20
De vuestra madre a la sazón, la gata.
21
GLENDÓVER
Yo digo que al nacer tembló la tierra.
22
ESPUELA ARDIENTE
Yo digo que la tierra en ese caso,
23
No pensaba cual yo, si por temeros
24
Tembló, cual vos decís.
25
GLENDÓVER
El cielo ardía
Y retembló la tierra.
26
ESPUELA ARDIENTE
Pues, entonces,
Fuera, quizás, por ver ardiendo el cielo,
27
Y no de espanto porque vos nacisteis.
28
El mundo, enfermo a veces, con extrañas
29
Conmociones se ostenta, y, a menudo,
30
La fértil tierra dolorida sufre
31
Una especie de cólico, inducido
32
Por viento aprisionado en sus entrañas,
33
Que, la salida al procurar, conmueve
34
A nuestra madre tierra, echando al suelo
35
Los campanarios y musgosas torres.
36
Cuando nacisteis, la vetusta tierra,
37
Doliente, como digo, se hallaría.
38
GLENDÓVER
No aguanto, deudo, yo de muchos hombres
39
Contradicciones tales. Permitidme
40
Repita yo que al natalicio mío
41
La faz del cielo flameantes formas
42
Tachonaron. Las cabras, de los montes
43
Descendieron, y extraños gritos daba
44
De terror en las vegas el ganado.
45
Que soy ser especial los signos estos
46
Sin duda muestran, y mi entera vida
47
Reclama que no deben confundirme
48
En la lista común de los mortales.
49
¿Quién es quién, circundado por las olas
50
Que combaten las costas de Inglaterra,
51
De Escocia y Gales, su aprendiz me llama?
52
¿Quién me ha dado lecciones? ¿Quién, decidme,
53
Hijo de madre aventajarme pudo
54
De la magia en las cábalas penosas?
55
¿Ni quién me sigue en experiencias arduas?
56
ESPUELA ARDIENTE
Que hable galés mejor no existe nadie.
57
Yo me voy a comer.
58
MÓRTIMER
Deudo Percy, callad. Lo enloquecéis.
59
GLENDÓVER
A espíritus invoco del abismo.
60
ESPUELA ARDIENTE
Y yo también. Cualquiera los invoca.
61
Mas si los invocáis, ¿acaso acuden?
62
GLENDÓVER
A ejercer influencia sobre el diablo
63
Os puedo yo enseñar.
64
ESPUELA ARDIENTE
Y yo enseñaros puedo, deudo mío,
65
A avergonzarlo la verdad diciendo.
66
«Decid verdad y avergonzad al diablo».
67
Si tal poder tenéis, haced que venga,
68
Que yo tengo poder, os lo aseguro,
69
Para hacerlo marchar. Toda la vida
70
«Verdad decid y avergonzad al diablo».
71
MÓRTIMER
Vamos, vamos. Dejemos esta charla.
72
GLENDÓVER
Ya tres veces Enrique Bolimbroquia
73
Ha atacado a mi ejército, y tres veces
74
Logré que de las márgenes del Vei
75
Y el Severna arenoso, quebrantado
76
Y huyendo, de su hogar en busca fuese
77
Sin botín, afrontando temporales.
78
ESPUELA ARDIENTE
A casa estropeado y con mal tiempo.
79
¿Y cómo diablos evitó tercianas?
80
GLENDÓVER
Vamos, aquí está el mapa. ¿Dividimos
81
El reino con arreglo a lo pactado
82
En nuestra triple convención?
83
MÓRTIMER
Ya queda
En tres iguales partes dividido
84
Por el archidiácono. Me asigna
85
De Inglaterra la parte al Sur y al Este
86
Del Trento y del Severna hasta este sitio.
87
Toda la parte de Occidente y Gales,
88
Al Norte del Severna, inclusas todas
89
Las tierras de esas fértiles comarcas,
90
Son de Oveno Glendóver, y a mi primo
91
El resto al Norte más allá del Trento.
92
Nuestros contratos tripartitos pueden
93
Extenderse, sellarse y canjearse,
94
Y quedar esta noche listo todo;
95
Y vos y yo, mañana, primo Percy,
96
Y mi señor el conde de Vorcestria
97
Saldremos a encontrar a vuestro padre
98
Y al refuerzo escocés en Eschusburia.
99
Aun mi suegro Glendóver no está listo,
100
Ni de aquí a dos semanas hace falta.
101
((A Glendóver.))
Reunid en este espacio a los colonos
102
Y a los amigos y vecinos nobles.
103
GLENDÓVER
Menos tiempo, Señores, necesito
104
Para unirme a vosotros. Escoltadas
105
Por mí podrán venir vuestras esposas.
106
Mas con sigilo deberéis marcharos
107
Sin despediros, pues si no, diluvio
108
De lágrimas tendremos al instante
109
Que les digáis adiós.
110
ESPUELA ARDIENTE
La parte mía
Hacia el Norte de Búrton me parece
111
Que no iguala a la vuestra. Tuerce el cauce
112
En este sitio el río. Podéis verlo,
113
Y de mis tierras lo mejor me quita:
114
Inmensa media luna, un gran pedazo.
115
Una presa es preciso en este sitio,
116
Y el argentino y primoroso Trento
117
Tranquilo correrá por otro cauce.
118
No ha de serpentear, así sesgando,
119
Para robarme a mí tan rica vega.
120
GLENDÓVER
¿No ha de serpentear? Pues es preciso.
121
¿No lo estáis viendo?
122
MÓRTIMER
Bien. Mas ved cual corre
Por esta parte en dirección opuesta,
123
Cercena en ese lado, cuando de éste
124
Os ha quitado a vos.
125
VORCESTRIA
A escaso coste
Aquí se puede represar el río.
126
Esta punta del Norte así se gana,
127
Y recto seguirá después su curso.
128
ESPUELA ARDIENTE
Así será. Se hará con poco coste.
129
GLENDÓVER
Yo no consiento que se altere el cauce.
130
ESPUELA ARDIENTE
¿Que no?
131
GLENDÓVER
Que no consiento que se altere.
ESPUELA ARDIENTE
¿Y quién me lo prohibe?
132
GLENDÓVER
Pues yo mismo.
ESPUELA ARDIENTE
Si es eso, procurad que no lo entienda.
133
Decídmelo en galés.
134
GLENDÓVER
Tan bien yo hablo
El inglés como vos. Criado he sido
135
De Inglaterra en la corte, donde siendo
136
Jovencillo, compuse para el harpa
137
Varias canciones en inglés preciosas,
138
Dando a la lengua auxiliador ornato,
139
Cualidad que jamás en vos he visto.
140
ESPUELA ARDIENTE
¡Vaya! Con toda el alma lo celebro.
141
Decir miau quisiera, siendo gato,
142
Antes que ser poetastro de baladas.
143
Yo puedo oír el tornear el bronce,
144
O la rueda chirriar de un carro,
145
Sin que apenas los dientes se me alarguen;
146
Pero no alcanzo a soportar del verso
147
Ese andar melindroso; se parece
148
De falso penco el restringido paso.
149
GLENDÓVER
Vamos, podéis mudar del Trento el curso.
150
ESPUELA ARDIENTE
Si no me importa. Doile triple tierra
151
A un buen amigo mío. Mas oídme.
152
Si es cosa de negocio, yo me paro
153
En la novena parte de un cabello.
154
¿Están ya los contratos extendidos?
155
¿Nos vamos?
156
GLENDÓVER
Brilla con fulgor la luna,
Y bien podéis marcharos esta noche.
157
Iré adentro a dar prisa al escribiente,
158
Y a las esposas vuestras entretanto,
159
Podéis comunicar vuestra partida.
160
Que mi hija loca se me vuelva temo,
161
De tal modo a su Mórtimer adora.
162
((Vase.))
MÓRTIMER
¡Como contradecís al padre mío,
163
Deudo Percy!
164
ESPUELA ARDIENTE
No puedo remediarlo.
Me aburre a veces al hablar de topos
165
Y hormigas, de Merlín el visionario,
166
Y de sus profecías, de dragones
167
De recortadas alas y de cuervos
168
Que han pelechado, del león durmiente,
169
O del gato rampante. Tanta suma
170
De incomprensible cháchara inconexa
171
Me hace a mi renegar. Me tuvo anoche
172
Lo menos nueve horas, refiriendo
173
Los nombres de los diablos diferentes
174
Que a su servicio están. Yo le decía:
175
«Ya», «bien», «seguid», mas sin hacerle caso.
176
¡Vaya si es fastidioso! No le gana
177
Caballo exhausto, ni mujer gruñona.
178
Prefiero casa ahumada. Viviría
179
Más a gusto con ajos y con queso,
180
En molino de viento el más distante,
181
Que hartarme de manjares exquisitos
182
En el mejor recreo de la tierra,
183
Si a la par, a escucharle me obligaran.
184
MÓRTIMER
A fe que es excelente caballero,
185
Y de instrucción vastísima. Iniciado
186
En extraños misterios, valeroso
187
Como un león, inmensamente afable,
188
Y generoso cual indiana mina.
189
Deudo, ¿os lo digo? Os tiene a vos en mucho
190
Por el carácter vuestro, y se refrena,
191
Naturales impulsos dominando,
192
Cuando contradecís lo que sostiene.
193
Os lo aseguro, sí. Nadie en el mundo
194
Como vos ha podido provocarle,
195
Sin correr grave riesgo y sin repulsa.
196
Mas no lo repitáis, yo os lo suplico.
197
VORCESTRIA
Harto os pagáis de los defectos vuestros,
198
Y desde que llegasteis, lo posible
199
Hacéis para agotarle la paciencia.
200
Enmendar esas faltas es forzoso;
201
Que, aunque a veces grandeza patentizan,
202
Valor y noble sangre, que, sin duda,
203
Son grandes atributos que os adornan,
204
A menudo, no obstante, os manifiestan
205
Iracundo y feroz, desposeído
206
De urbanidad, altivo, desdeñoso,
207
Ingobernable y vano, y si cualquiera
208
De esos defectos, el menor, sojuzga
209
A un noble, le enajena de las gentes
210
Los corazones, e indeleble mancha
211
En la beldad de sus virtudes deja,
212
Haciéndoles perder todo su encanto.
213
ESPUELA ARDIENTE
Bien está. Me han reñido. ¡Que me ampare
214
De hoy más la urbanidad! Nuestras esposas
215
Aquí están. Despidámonos de ellas.
216
(Vuelve a entrar GLENDÓVER, acompañado de LADY)
MÓRTIMER y LADY PERCY.
MÓRTIMER
Contrariedad es ésta que me enfada.
218
No sabe hablar inglés la esposa mía,
219
Y yo el galés ignoro.
220
GLENDÓVER
Mi hija llora.
De vos no quiere separarse. Pide
221
Irse con vos. Pretende ser soldado.
222
Quiere ir a la guerra.
223
MÓRTIMER
Padre mío,
Decidle que ella con mi tío Percy
224
Pronto saldrán bajo el amparo vuestro.
225
((Glendóver habla en galés con Lady Mórtimer, y ella)
le contesta en el mismo idioma.)
GLENDÓVER
No quiere desistir. ¡Voluntariosa,
227
Testaruda, intratable mujerzuela!
228
Inútil es tratar de persuadirla.
229
((Lady Mórtimer habla en galés a Mórtimer.))
MÓRTIMER
Sé lo que están diciéndome esos ojos,
230
Ese lindo galés que de esos cielos
231
Nublados fluye, comprender me es fácil.
232
Mi timidez tan sólo me contiene,
233
O en el mismo lenguaje te hablaría.
234
((Lady Mórtimer vuelve a hablarle en galés.))
Entiendo bien tus besos, tú los míos,
235
Feliz conversión conmovedora;
236
Pero nunca holgaré, querida mía,
237
Hasta aprender tu lengua, que tu acento
238
Hace al galés tan dulce como coplas
239
Discretamente escritas y cantadas,
240
Al son de su laúd, con deliciosas
241
Modulaciones, por hermosa reina
242
En pensil estival.
243
GLENDÓVER
Si a derretiros
Os vais, el juicio perderá en completo.
244
((Lady Mórtimer vuelve a hablar en galés a Mórtimer.))
MÓRTIMER
¡Ay! soy en esto la ignorancia misma.
245
GLENDÓVER
Suplicándoos está
246
Que descanséis sobre los blandos juncos,
247
Y que apoyéis vuestra gentil cabeza
248
Sobre su falda, y la canción que os gusta
249
Cantará, coronando al dios del sueño
250
Sobre vuestras pupilas, y hechizando
251
Vuestro ser con la grata pesadumbre
252
Que es del sueño y la vela intermediaria,
253
Como lo es del día y de la noche
254
La hora que precede al dar comienzo
255
A su carrera en el dorado Oriente,
256
De Apolo los corceles celestiales.
257
MÓRTIMER
Con gran placer para escuchar su canto
258
Me sentaré. Nuestro contrato espero
259
Estará terminado cuando acabe.
260
GLENDÓVER
Sentaos, pues.
Los músicos que van a divertiros,
261
Se ciernen en los aires a mil leguas
262
Lejos de aquí, pero vendrán al punto.
263
Sentaos y escuchad.
264
ESPUELA ARDIENTE
Tú, Catalina,
Eres la perfección sentada y quieta.
265
Pronto, pronto. Precisa que recline
266
Mi cabeza en tu falda.
267
((Música.))
LADY PERCY
Calla, tonto.
PERCY
Galés entiende, por lo visto, el diablo.
268
Siendo tan caprichoso, no me extraña.
269
Es buen músico. ¡Válgame la Virgen!
270
LADY PERCY
En ese caso, tú debieras ser también exce- lente músico, porque te riges únicamente por tus caprichos. Estáte quieto, ladrón, y oye cantar en galés a la dama.
PERCY
Preferiría oír a mi braco «Dama» aullar en irlandés.
LADY PERCY
¿Quieres que te rompa la cabeza?
PERCY
No.
LADY PERCY
Entonces, estáte quieto.
PERCY
Tampoco: es falta femenil.
LADY PERCY
Dios te ayude.
PERCY
¿Al lecho de la dama galesa?
LADY PERCY
¿Qué es eso?
PERCY
Silencio, que va a cantar. (Lady Mórtimer canta una canción galesa.) Vamos, Catalina, una canción tuya quiero yo ahora.
LADY PERCY
¿Mía? No en verdad.
PERCY
¿Tuya, no en verdad? Querida mía, echas vo- tos como la mujer de un confitero con tus «No en ver- dad» y «Tan fijo como que estoy viva» y «Dios me per- done» y «tan cierto como que es de día».
Das unas garantías tan sedosas
291
Cuando quieres jurar, que se dijera
292
Que no sales jamás de Finisburia.
293
Cual la dama que eres, Catalina,
294
Jura tú, votos hecha que te llenen
295
En completo la boca, y semejantes
296
«En verdad» y protestas de alfeñique
297
Relega al pisaverde o dominguero.
298
Vamos, canta.
299
LADY PERCY
No me da la gana.
PERCY
Pero si es ése el mejor modo de volverte sastre o instructor de pechirrojos. Si los contratos están lis- tos, partiré dentro de dos horas. Conque, ven cuando (Vase.) quieras.
GLENDÓVER
Vamos, Mórtimer, vamos. Tan reacio
305
Vos os mostráis como el fogoso Percy
306
Arde en deseos de partir. Ya listos
307
Estarán los contratos. Sellaremos,
308
Y a caballo después.
309
MÓRTIMER
Con toda el alma.
((Vanse.))
ESCENA II
(Londres. – Habitación en el Palacio.)
(Entran el REY ENRIQUE, el PRINCIPE ENRIQUE y NOBLES)
REY.
Con vuestra venia. El príncipe de Gales
1
Y yo que hablar tenemos en privado.
2
Cerca quedad, no obstante, porque pronto
3
Necesitar podremos vuestra ayuda.
4
((Vanse los nobles.))
No sé si por algún pecado mío
5
Dios en sus altos juicios se propone
6
Que le sirva de azote y que le vengue
7
La sangre de mis venas. Mas me haces
8
Creer con tu conducta, sin embargo,
9
Que para castigar las faltas mías
10
Eres el palo, tú, de que se vale
11
La enardecida cólera del cielo.
12
¿Dime si de otro modo es comprensible
13
Que tan viles pasiones, tan impropias,
14
Tan indignas, tan bajas, tan impuras;
15
Empresas tan estériles, placeres
16
Tan detestables, sociedad tan torpe,
17
Corazones de príncipes acojan?
18
ENRIQUE
Señor, pudiera yo tan fácilmente
19
Saldar todas mis culpas, como puedo
20
Excusarme de muchas que me achacan.
21
Vuestra indulgencia, pues, dejad que implore,
22
Y, cuando refutare muchos cuentos,
23
De esos que oye el poder, quizá a la fuerza,
24
De aduladores torpes y rastreros
25
Charlatanes; por todas esas faltas
26
Que durante mis años juveniles
27
Realmente he cometido en mi carrera
28
Irregular y vagabunda, encuentre
29
Perdón al someterme arrepentido.
30
REY.
Dios te perdone; pero Enrique, deja
31
Que a mí me maraville tu conducta.
32
Vuelo distinto por completo toma
33
De la de tus abuelos. Has perdido
34
Torpemente tu puesto en el consejo,
35
Y tu hermano menor por ti lo ocupa.
36
Eres casi un extraño entre los nobles
37
De mi corte y los príncipes reales.
38
Sobre tu porvenir las esperanzas
39
Concebidas se fueron... Ni alma alguna
40
Hay ya que no presienta tu caída.
41
Si me hubiera vendido tan barato
42
Como te vendes tú, vulgarizado
43
A los ojos del mundo, y asequible,
44
Cual lo eres tú, yo al pueblo hubiera sido,
45
La opinión que me ha dado la corona,
46
Leal al antiguo poseedor quedara,
47
Y yo sin gloria en el destierro: un ente
48
Sin posición ni distinción alguna.
49
Como muy raras veces me veían,
50
Cometa me juzgaban al mirarme;
51
Tan asombrados todos, que a sus hijos
52
Les decían algunos «Ahí va ese»
53
Y otros «¿En dónde?» «¿Quién es Bolimbroquia?»
54
Yo del cielo después la cortesía
55
Me tomé, en absoluto. De tal modo
56
Logré de humilde porte revestirme,
57
Que de los corazones de las gentes
58
Sumisión amplia obtuve, y fuertes vivas
59
Y saludos salían de su boca,
60
Aunque el rey coronado allí se hallase.
61
Obrando así, mi personal prestigio
62
Vivo y fresco mantuve y mi llegada,
63
Cual si pontifical mi aspecto fuera,
64
Jamás se contempló sin vivo asombro.
65
Con grande pompa, aun cuando pocas veces,
66
Me presentaba; como día de fiesta,
67
Solemne para todos por lo raro.
68
El divertido rey de un lado a otro
69
Iba constantemente en compañía
70
De ignorantes bufones y de agudos
71
Ingenios atrevidos que se apagan
72
A penas arden. De su excelso puesto
73
Descendía, con necios saltimbanques
74
La majestad del trono aparejando;
75
Mientras que con sarcasmos profanaban
76
Su augusto nombre con permiso suyo.
77
Aun de ese mismo nombre permitía
78
Que atrevidos rapaces se burlasen,
79
Siendo blanco de chanzas chocarreras.
80
Buscó entre el populacho compañeros,
81
Del aura popular hízose esclavo,
82
De modo que las gentes saturadas
83
De su presencia y de esa miel ahítos,
84
Al fin se empalagaron de ese dulce,
85
Del cual tan sólo un poco basta y sobra.
86
Así, cuando tenía que mostrarse,
87
Era cuco no más del mes de junio,
88
Que se oye cantar, mas no se mira,
89
O si se ve, se ve con esos ojos
90
Que habituados a un objeto y hartos
91
De él, en él no se fijan, cual se fijan
92
De extraordinario modo en la realeza;
93
Que, igual al sol, en asombrados ojos
94
Luce si raras veces resplandece.
95
Antes bien soñolientos a su vista
96
Se cerraban sus párpados, y era
97
Su aspecto el que los hombres iracundos
98
Muestran a un adversario, si se hallan
99
Hartos de su presencia y fatigados.
100
En ese caso mismo estás, Enrique;
101
De príncipe has perdido la aureola
102
Por estar asociado a viles gentes;
103
No hay ojos que de verte no estén hartos,
104
Salvo estos ojos míos que quisieran
105
Poderte contemplar más a menudo,
106
Y que ternura necia en este instante,
107
Contra mi voluntad, me los anubla.
108
ENRIQUE
Desde ahora, señor tres veces bueno,
109
Otro seré.
110
REY.
Te lo aseguro. Ahora
Procedes cual Ricardo procedía.
111
Cuando de Francia vine a Ravenspurgia,
112
Eso que Percy es hoy yo entonces era.
113
Pues ahora bien; te juro por mi cetro
114
Y mi alma, que es más, que al reino tiene
115
Más título que tú; pues, tú, eres sombra
116
De un sucesor no más, y él, sin derecho,
117
Aun sin asomo de derecho alguno,
118
De arneses va llenando nuestros campos,
119
Y afronta del león la abierta boca.
120
Y, sin tener más años que tú tienes,
121
Viejos nobles y obispos venerables
122
A sangrientas batallas va guiando:
123
De la lucha a los golpes contundentes.
124
¡Qué inmarcesible gloria no ha adquirido
125
Del noble Duglas, cuyos altos hechos,
126
Empresas atrevidas y renombre
127
Como primer soldado lo señalan,
128
Y adalid principal lo preconiza
129
Todo pueblo que a Cristo reconoce!
130
En tres encuentros este Espuela Ardiente,
131
Este Marte en mantillas, este niño
132
Guerreador ha vencido al noble Duglas.
133
Lo coge prisionero, lo liberta
134
Y le da su amistad; y, de ese modo
135
Levanta más la voz al provocarme
136
Y a la estabilidad del trono atenta.
137
Y ¿a esto qué me dirás? Percy, Norzumbria,
138
De York el arzobispo venerable,
139
Y Mórtimer, y Duglas se han unido
140
En mi contra, las armas empuñando.
141
¿Pero yo, para qué te digo esto?
142
¿De mis contrarios para qué he de hablarte?
143
Si eres tú mi enemigo más cercano,
144
Y más terrible a la par. Probablemente
145
Por abyecto terror, rastrero instinto,
146
O por capricho, acaso te decidas
147
Con soldada de Percy a combatirme;
148
Seguir sus pasos cual lebrel, la frente
149
Doblar ante su ceño, demostrando
150
Hasta qué punto descender lograste.
151
ENRIQUE
No lo penséis jamás. No veréis eso.
152
Y Dios perdone a los que así lograron
153
Vuestra buena opinión arrebatarme.
154
En Percy yo redimiré mis faltas,
155
Y al terminar algún glorioso día,
156
Me atreveré a llamarme vuestro hijo,
157
Un vestido cubriéndome de sangre
158
Y el rostro un antifaz ensangrentado,
159
Que al propio tiempo que lavado sea
160
Se irá con él la mancha de mi oprobio.
161
Y ese día será (cuando llegare)
162
El día en que ese hijo de la honra,
163
Ese famoso y bravo Espuela Ardiente,
164
Ese adalid de todos aplaudido,
165
Y vuestro Enrique anónimo se hallaren.
166
Y ojalá que ostentase en su cimera
167
Por cada una, glorias infinitas,
168
Y el oprobio en mi frente se acreciese;
169
Que ha de llegar el día en que yo logre
170
Que trueque por mis propias ignominias
171
Ese joven del Norte sus hazañas.
172
Percy es un mero agente, padre mío,
173
Que grandes hechos para mí amontona;
174
Y tan estrecha cuenta he de exigirle,
175
Que me tendrá que dar su gloria entera.
176
Sí tal; hasta el aplauso más ligero,
177
O de su corazón he de arrancarlo.
178
Esto en nombre de Dios os aseguro;
179
Y, si es gustoso que mi voto cumpla,
180
A vuestra majestad ruego que vierta
181
Bálsamo en esta llaga inveterada,
182
Efecto de mi vida intemperante.
183
Si no, la muerte lo cancela todo,
184
Y cien mil muertes yo morir prometo
185
Antes que en lo más mínimo faltare
186
Al juramento mío.
187
REY.
Perecieron
Aquí cien mil rebeldes. A tu cargo
188
La dirección confío de esta empresa.
189
(Entra SIR GUALTERIO BLUNT.)
Anhelosa es, buen Blunt, vuestra mirada.
190
BLUNT.
El asunto que traigo así lo exige.
191
Mórtimer el de Escocia da el aviso
192
De que por fin reunirse consiguieron
193
El once de este mes en Eschusburia
194
Duglas y los rebeldes de Inglaterra.
195
Si todos ellos sus promesas cumplen,
196
Fuerza más poderosa y más temible
197
Jamás se alzó contra gobierno alguno.
198
REY.
De Vestmorlandia el conde con mi hijo
199
Juan de Lancáster hoy de aquí partieron,
200
Pues tuve esa noticia ha cinco días.
201
Saldrás tú, Enrique, el miércoles que viene,
202
Y el jueves yo saldré. Nos reuniremos
203
En Brignorcia. Tú, Enrique, por Glostercia
204
Emprenderás la marcha, y de ese modo
205
Con arreglo a mis cálculos, reunidos
206
Estaremos entrambos en Brignorcia
207
Dentro de doce días; nuestras manos
208
Repletas harto están. Venid conmigo:
209
La dilación engorda al enemigo.
210
ESCENA III
(Estchepia. – Cuarto en la taberna Cabeza del jabalí.)
(Entran FALSTAF y BARDOLFO.)
FALSTAF
¿No es verdad, Bardolfo, que he enflaquecido ruinmente desde nuestra última hazaña? ¿No voy deca- yendo? ¿No disminuyo? Cuelga mi piel como bata de señora mayor. Me he marchitado como manzana aspe- riega. Esta bien. Me arrepentiré, y de seguida, y mien- tras conserve energía para el caso, pues pronto he de perder el ánimo y no tendré la necesaria fuerza para ello. Si no es cierto que se me ha olvidado cómo es el interior de una iglesia, llámenme grano de pimienta o caballo de cervecero. ¡El interior de una iglesia! Las compañías, las malas compañías han sido mi perdi- ción.
BARDOLFO
Tomando las cosas tan a pecho, Sir Juan, no viviréis mucho.
FALSTAF
Eso es precisamente. Vamos, cántame una co- pla obscena y diviérteme. Yo era tan dado a la virtud, como basta serlo a un caballero: era sobradamente vir- tuoso. Echaba algún voto que otro. Jugaba a los dados solamente siete veces por semana. Iba a casas de mala nota, pero sólo cada quince… minutos. Dinero devolví que me prestaron... en tres o cuatro ocasiones. Vivía bien y dentro de ciertos límites, y ahora vivo en com- pleto desorden y fuera de todo límite.
BARDOLFO
Estando tan gordo como estáis, Sir Juan, for- zoso es que viváis fuera de todo límite. Fuera de todo límite razonable, sir Juan.
FALSTAF
Enmendad vuestro rostro y yo enmendaré mi vida. Vos sois nuestro almirante y lleváis la linterna en la popa. Como el caballero de la Lámpara Ardiente.
BARDOLFO
Ningún daño os hace mi rostro, sir Juan.
FALSTAF
Ninguno, yo os lo fío. Hago de él el uso que se hace de una calavera o de un «memento mori». Nunca veo vuestra cara sin ver las hogueras del infierno y «al hombre rico que se vestía de púrpura», porque ahí es- táis dentro de vuestra ropa ardiendo, ardiendo. Si fue- rais en lo más mínimo dado a la virtud, juraría por vuestra cara, y mi juramento sería: «Por ese fuego que es el del ángel de Dios»; pero estáis enteramente per- dido, y si no fuera por el fuego de vuestro rostro, se- ríais el hijo de las tinieblas. Cuando en la cuesta de Gadsil fuisteis en busca de mi caballo, aquella noche, si no creí que erais «ignis fatuus» o fuego de San Telmo, nada vale el dinero en este mundo. Vos sois perpetuas luminarias, eterna candelada. En antorchas y teas me habéis ahorrado mil marcos, al acompañarme a las ta- bernas de noche; pero en cambio el valor del Jerez que bebíais me hubiera bastado para comprar velas para iluminarme en la cerería más cara de Europa. En ese estado de Salamandra en que os halláis, os vengo yo manteniendo con fuego hace treinta y dos años. Dios me lo perdone.
BARDOLFO
¡Voto va! ¡Que no estuviera mi cara en vuestro vientre!
FALSTAF
¡Dios me socorra! Moriría de ardor de corazón. Entra CELESTINA. Ahora bien, gallina del señor Partlet, ¿habéis averi- guado quién fue quien me rapó la bolsa?
CELESTINA
Sir Juan, ¿qué estáis diciendo, sir Juan? ¿Creéis que en mi casa admito yo ladrones? He regis- trado, he investigado, y mi marido lo mismo, a hombre por hombre, a mozo por mozo, a sirviente por sirvien- te. Ni la punta de un cabello se ha perdido jamás en mi casa.
FALSTAF
Mentís, patrona. El otro día afeitaron a Bar- dolfo y perdió varios pelos, y yo os juro que me rapa- ron la bolsa. ¡Váyase en buen hora! ¡Sois una mujer!
CELESTINA
¿Quién, yo? No. Lo niego. ¡Válgame Dios! ja- más me han dicho eso en mi propia cara.
FALSTAF
¡Váyase en buen hora! ¡Si os conoceré yo!
CELESTINA
No, Sir Juan; no me conocéis, Sir Juan. Yo sí que os conozco, Sir Juan. Me debéis dinero, Sir Juan, y ahora queréis armar camorra para no pagármelo. Os he comprado, además, una docena de almillas para esas espaldas.
FALSTAF
¡Jerga, inmunda jerga! Se las regalé a varias mujeres de panaderos para que les sirvieran de ce- dazos.
CELESTINA
A fe de mujer honrada que eran de Holanda, de a ocho chelines la vara. Debéis aquí además dinero, Sir Juan, por alimentos y bebida, y por dinero prestado, veinte y cuatro libras.
FALSTAF
Este tiene en eso su parte; que lo pague.
CELESTINA
¡Él! ¡Si es un pobre! ¡Si no tiene absolutamente nada!
FALSTAF
¿Qué decís? ¿Pobre? Mirad ese rostro. ¿A qué llamáis vos riqueza? Que acuñe esas narices. Que acu- ñe esas mejillas. Yo no pago un ochavo. ¿Pretendéis acaso convertirme a mí en novicio? ¿No puedo yo ni descansar en mi posada sin que me rapen la bolsa? He perdido un anillo de sello que era de mi abuelo, y que valía cuarenta marcos.
CELESTINA
¡Jesús, Jesús! He oído al príncipe decir no sé cuántas veces, que ese anillo era de cobre.
FALSTAF
¡Cómo! El príncipe es un chisgaravís; un ba- juno. ¡Ira de Dios! Si aquí estuviera, le aporrearía como si fuese un perro, por decir semejante cosa. Entran el PRÍNCIPE ENRIQUE y POINS. FALSTAF les sale al encuentro, figurando con su bastón que toca el pífano. ¡Hola, muchacho! ¿Con que de esa parte sopla el viento? ¿Tenemos que ponernos todos en marcha?
BARDOLFO
Sí, dos a dos, a estilo de cárcel.
CELESTINA
Ruego, señor, que me oigáis.
FALSTAF
No le hagáis caso y oídme a mí.
ENRIQUE
¿Qué decís, Juan?
FALSTAF
Dormíme la otra noche detrás de este tapiz, y me raparon la bolsa. Esta casa se ha convertido en un burdel. Aquí se roba.
ENRIQUE
¿Qué perdisteis, Juan?
FALSTAF
¿Qué creeréis, Enrique? Pues tres o cuatro vales de cuarenta libras cada uno, y un anillo de sello que era de mi abuelo.
ENRIQUE
Una miseria. Cuestión de unos ocho peniques.
CELESTINA
Eso le dije yo, señor, y agregué que lo había oído de boca de vuestra alteza, y, señor, de vos habla pestes, como hombre deslenguado que es, y dijo que os aporrearía.
ENRIQUE
¿Cómo? ¿Eso dijo?
CELESTINA
Si no es verdad que lo dijo, no hay ni fe, ni sinceridad, ni virtud femenil en mí.
FALSTAF
Tanta fe tenéis vos, como una ciruela pasa; tanta sinceridad, como un zorro acosado, y por lo que respecta a vuestra virtud femenil, a María la bailado- ra, antes que a vos, le correspondería ser esposa del Juez del distrito. ¡Idos en buen hora, cosa!
CELESTINA
Decid qué cosa, qué cosa.
FALSTAF
¿Qué cosa? Cosa para bendecir a Dios.
CELESTINA
Yo no soy cosa para bendecir a Dios. Ojalá lo supierais. Soy mujer de un hombre honrado. Sois, sal- vo vuestro título, un bribón al decirme eso.
FALSTAF
Salvo vuestra virtud, sois un animal diciendo lo contrario.
CELESTINA
Decid qué animal, bribón, decidlo.
FALSTAF
¿Qué animal? Una nutria.
CELESTINA
¿Una nutria, Sir Juan? Y, ¿por qué una nutria?
FALSTAF
Porque no es ni carne ni pescado, y porque nadie sabe cómo cogerla.
CELESTINA
Sois un hombre sin ley al decir eso; vos y cual- quiera sabe cómo cogerme a mí, bribón.
ENRIQUE
Tenéis razón, patrona, y os calumnia grosera- mente.
CELESTINA
Señor, y a vos también, y el otro día dijo que le debíais mil libras.
ENRIQUE
Tunante, ¿os debo yo mil libras?
FALSTAF
¡Mil libras, Enrique! Un millón. Vuestro cariño vale un millón, y me debéis vuestro cariño.
CELESTINA
Y, señor, os ha llamado chigaravís, y dijo que os aporrearía.
FALSTAF
¿Dije eso, Bardolfo?
BARDOLFO
Francamente, señor, lo dijisteis.
FALSTAF
Cierto, si por ventura hubiera dicho que mi anillo era de cobre.
ENRIQUE
Digo que es de cobre. ¿Os atrevéis ahora a cumplir vuestra palabra?
FALSTAF
Ya sabéis, Enrique, que como hombre, me atrevería con vos; pero que, como príncipe que sois, os temo, como temo el rugido del cachorro de un león.
ENRIQUE
Y, ¿por qué no del león?
FALSTAF
Al propio Rey se teme como se teme al león. ¿Creéis que os temo como temo a vuestro padre? Si así fuera, pediríale a Dios que saltase mi cinturón.
ENRIQUE
¡Oh! si eso ocurriera, caerían vuestras tripas sobre vuestras rodillas. Pero tunante, ¿es posible que en ese pecho no quepa ni fe, ni verdad, ni honradez de ninguna especie? ¿Lleno está exclusivamente de tripas y de otras vísceras? ¡Acusar a una honrada mujer de haberos rapado la bolsa! Pero hi de tal, inflado des- vergonzadísimo bribón, ¡si en vuestra faltriquera no había más que cuentas de tabernas, señas de casas de mal vivir y miserables cuatro maravedís de cara- melos para facilitar la respiración! Si vuestras faltri- queras se hallaban enriquecidas con otras fruslerías a más de éstas, miento yo; y ¿sostendréis la mentira y no querréis confesar que habéis mentido? ¡No os da vergüenza!
FALSTAF
¿Quereisme oír, Enrique? Como sabéis, Adán pecó en el estado de la inocencia. ¿Qué le había de pa- sar al pobre Juan Falstaf en esta época corrompida? Ya veis que tengo más carne que los demás hombres, y, por ende, mayor debe ser mi fragilidad. ¿Conque confesáis que fuisteis vos quien me robó?
ENRIQUE
Así parece resultar.
FALSTAF
Patrona, yo os perdono. Id y alistad el almuer- zo. Amad a vuestro esposo, cuidad de vuestros criados y mimad a vuestros huéspedes. Siempre me veréis dis- puesto a atender a lo que esté verdaderamente puesto en razón. Ya veis que estoy tranquilo. ¿Todavía estáis ahí? No. Por favor, idos. (Vase Celestina.) Ahora bien, Enrique, sepamos qué noticias traéis de la corte. Con respecto al robo, rapaz, ¿qué hay de eso?
ENRIQUE
¡Oh carne delicada! Siempre tengo yo que ser vuestro ángel bueno. El dinero se devolvió.
FALSTAF
¡Oh! No me agrada semejante devolución. Im- plica doble trabajo.
ENRIQUE
He hecho las paces con mi padre, y puedo ha- cer cuanto quiera.
FALSTAF
Lo primero que debéis hacer es robar la teso- rería, sin siquiera lavaros las manos.
BARDOLFO
Hacedlo, señor.
ENRIQUE
Os he procurado una plaza en infantería.
FALSTAF
Hubiera preferido que fuera en caballería. ¡Adónde encontraría yo quien supiera robar bien! ¡Quién encontrara a un ladrón de veinte y dos años, sobre poco más o menos! Estoy villanamente despro- visto. Bien está. Demos gracias a Dios, que nos manda a estos rebeldes. Sólo dañan a los hombres de bien. Yo los aplaudo y los celebro.
ENRIQUE
Bardolfo.
BARDOLFO
Señor.
ENRIQUE
Esta carta llevad a Juan, mi hermano,
207
El conde de Lancáster, y esta otra
208
Al conde entregaréis de Vestmorlandia.
209
((Vase Bardolfo.))
¡A caballo, a caballo! Poins, ahora,
210
Que treinta millas vos y yo tenemos
211
Que recorrer primero que comamos.
212
((Vase Poins.))
A las dos de la tarde, vos, mañana
213
Me veréis en el Temple. Vuestro cargo
214
Allí conoceréis, y allí la orden
215
Tendréis para equiparos y dinero.
216
Arde la tierra. Percy nos provoca;
217
A él o a nosotros descender nos toca.
218
((Vase.))
FALSTAF
¡Hermosísimas frases! Bravo mundo.
219
Ahora, a almorzar. Patrona, andad ligera.
220
¡Que esta taberna mi tambor no fuera!
221
((Vase.))
Acto IV
ESCENA PRIMERA
(El campamento rebelde cerca de Eschusburia.)
(Entran ESPUELA ARDIENTE, VORCESTRIA y DUGLAS.)
ESPUELA ARDIENTE
Noble escocés, bien dicho. Si lisonja
1
El decir la verdad no se estimase
2
En este siglo refinado, Duglas
3
Tan encomiado fuera, que no habría
4
Ni un soldado tan solo de estos tiempos
5
Más afamado que él en todo el mundo.
6
¡Vive Dios! halagar me es imposible;
7
Desprecio toda lengua aduladora,
8
Mas de mi corazón en el afecto
9
Puesto mejor que vos ninguno ocupa.
10
Mi palabra empeñad. Ponedme a prueba.
11
DUGLAS
Sois el rey del honor, y nadie existe,
12
Por potente que sea en este mundo,
13
A quien no afronte.
14
ESPUELA ARDIENTE
En hora buena sea.
(Entra un MENSAJERO con cartas.)
¿Qué cartas me traéis? – Os doy las gracias.
15
MENSAJERO
Cartas de vuestro padre.
16
ESPUELA ARDIENTE
¡Cartas suyas!
¿Por qué no viene él?
17
MENSAJERO
Venir no puede.
Enfermo está de gravedad.
18
ESPUELA ARDIENTE
¡Por vida!
Solaz para enfermar, decidme, ¿cómo
19
En situación tan empeñada encuentra?
20
¿Quién guía sus tropas? ¿Quién es quien las
21
[manda?
22
MENSAJERO
Sus cartas lo dirán, pues yo lo ignoro.
23
VORCESTRIA
Decidme, por favor, ¿está en su lecho?
24
MENSAJERO
Antes de yo partir ya cuatro días
25
Estaba en él, y gran cuidado, al punto
26
De partir, a sus médicos les daba.
27
VORCESTRIA
Ojalá que este asunto terminado
28
Antes de que enfermara ya estuviese,
29
Pues nunca su salud fue tan preciosa.
30
ESPUELA ARDIENTE
¡Ahora enfermo! ¡Ahora inútil! Es dolencia
31
Que el corazón de nuestra empresa alcanza,
32
Y a nosotros y a todos inficiona.
33
Que es interior su mal aquí me escribe,
34
Y que por delegados no podía
35
Reunir con tal premura a sus amigos;
36
Y que, además, juzgaba peligroso
37
Confiar un asunto de tal monta
38
A otra persona alguna; mas, valiente,
39
Sin embargo, aconseja que debemos
40
Ir adelante, aunque con fuerza escasa,
41
Y ver cómo nos trata la fortuna,
42
Porque no es tiempo de cejar ahora.
43
Y añade que el monarca fijamente
44
Los propósitos nuestros ya conoce.
45
¿Qué decís?
46
VORCESTRIA
Nos infiere grave herida.
Su enfermedad.
47
ESPUELA ARDIENTE
Es fiera cuchillada,
La pérdida de un miembro; y, sin embargo
48
No lo es en realidad, que no es tan grave
49
Su falta como ahora nos parece.
50
¿Nos conviene arriesgar de un solo golpe
51
Todas las fuerzas? ¿Nuestro rico resto
52
Aventurar en un albur tan sólo?
53
No conviene; que así se manifiesta
54
De nuestras esperanzas el alcance:
55
Su alma misma, y el límite y la suma
56
De los recursos nuestros.
57
DUGLAS
Ciertamente
Quedará de ese modo una reserva,
58
Pudiendo confiar esperanzados
59
Así en lo porvenir,
60
Y es consuelo tener ese refugio.
61
ESPUELA ARDIENTE
Un asilo, un hogar donde acogernos
62
Si por acaso el diablo y la desgracia
63
Fijasen su mirada furibunda
64
En la virginidad de nuestra empresa.
65
VORCESTRIA
Quien los motivos de su ausencia ignora
66
A discreción, a su lealtad, o, acaso
67
A desaprobación de nuestro intento
68
Achacarán el que se abstenga el conde.
69
Y, ved, esa creencia, la corriente
70
De elementos, acaso, vacilantes
71
Cambie quizás, quizás provoque dudas
72
Con respecto al valor de nuestra causa,
73
Y bien sabéis que siendo, como somos,
74
Los agresores, de severo examen
75
Nos debemos guardar; todo agujero
76
Y resquicio cubrir por donde pueda
77
De la razón el ojo escudriñarnos.
78
Es cortina la ausencia de tu padre,
79
Que, al descorrerse, asomo de temores
80
Inspira al no iniciado, que hace poco
81
Ni en sueños presumía.
82
ESPUELA ARDIENTE
Vais muy lejos.
Por el contrario, juzgo que esa falta
83
Presta más esplendor y más prestigio,
84
Y más audacia a nuestra gran empresa,
85
Que si el conde se hallara con nosotros;
86
Pues la gente dirá: si sin su ayuda
87
Contra el reino se atreven a hacer frente,
88
Lo pondrán con su auxilio boca abajo.
89
Todo está bien, y sano cada miembro.
90
DUGLAS
Como lo pide el corazón. No existe
91
Ningún mortal que a pronunciar se atreva
92
En toda Escocia la palabra miedo.
93
(Entra SIR RICARDO VERNON.)
ESPUELA ARDIENTE
Deudo Vernon, a fe muy bien venido.
94
VERMON
Pedid a Dios que mis noticias valgan
95
Ese saludo. Vestmorlandia, al frente
96
De siete mil infantes, a este sitio
97
Con el príncipe Juan viene marchando.
98
ESPUELA ARDIENTE
Poco daño. ¿Qué más?
99
VERMON
A más, se dice
Que el Rey mismo en persona al campo sale,
100
Y a venir se dispone aquí en seguida,
101
De ejército imponente acompañado.
102
ESPUELA ARDIENTE
También la bienvenida le daremos.
103
¿En dónde está su hijo, el loco ése,
104
Ese títere, el príncipe de Gales;
105
Y esos compinches suyos que se burlan
106
Del mundo entero?
107
VERMON
Están en armas todos.
Todos, como avestruces, a los vientos
108
Van abriendo las alas, y las baten
109
Cual águilas que ha poco se han bañado.
110
Con sus áureas corazas resplandecen
111
Cual si imágenes fueran. Tan repletos
112
Como Mayo de vida y tan brillantes
113
Como brillante el sol en el estío.
114
Cabras se juzgarían por lo alegres;
115
Toros por lo feroz. He visto a Enrique
116
Calada su visera, sus quijotes
117
Sobre sus muslos y en completo armado,
118
Del suelo, cual mercurio alado, alzarse
119
Y tan ágil caer sobre la silla
120
Cual si cayera un ángel de las nubes;
121
Y, a su capricho, en todas direcciones
122
Obligará al pegaso más fogoso,
123
Maravillando al mundo la nobleza
124
De su ecuestre maestría.
125
ESPUELA ARDIENTE
Basta, basta;
Que tanto encomio más que un mes de Mayo
126
A la fiebre da pábulo. Que vengan:
127
Como víctimas vienen adornadas
128
Al sacrificio, y a ofrecerlas vamos
129
Calientes y bañadas en su sangre
130
A aquella virgen de los ígneos ojos,
131
Encarnación de la humeante guerra.
132
En armas Marte, y en su altar sentado
133
Verá surgir la sangre hasta su cuello.
134
Ardo, al ver que esta presa tan cercana
135
De nosotros está, sin ser ya nuestra.
136
Al punto a cabalgar, y que me lleve
137
Contra el pecho del príncipe de Gales
138
Cual rayo mi corcel. Contra un Enrique
139
Otro Enrique ha de Ser, contra un caballo,
140
Otro caballo. El uno al otro junto,
141
Y que uno de los dos caiga difunto.
142
¡Ojalá que se hallara aquí Glendóver!
143
VERMON
Hay más. Supe a mi paso, por Vorcestria,
144
Que para que sus fuerzas reúnan
145
Necesita a lo menos dos semanas.
146
ESPUELA ARDIENTE
Es la nueva peor que habéis traído.
147
VERMON
Vuestra nueva es glacial, ¡por vida mía!
148
ESPUELA ARDIENTE
¿Cuánto suman del Rey las tropas todas?
149
VERMON
Treinta mil.
150
ESPUELA ARDIENTE
Supongamos que cuarenta;
Y puesto que Glendóver no ha llegado,
151
Y mi padre también se encuentra ausente,
152
Es fuerza que el conflicto se decida
153
En jornada feliz por nuestra gente.
154
Revistemos las tropas de seguida,
155
Que si el juicio final es inminente
156
Y es necesario al fin perder la vida,
157
La debemos perder alegremente.
158
DUGLAS
¿A qué hablar de morir? Comprometida
159
Tengo a la muerte yo. Por año y medio
160
Sé que ha de respetarme sin remedio.
161
ESCENA II
(Camino cerca de Coventria.)
(Entran FALSTAF y BARDOLFO.)
FALSTAF
Bardolfo, adelantaos e id a Coventria. Llenad- me una botella con vino de Jerez. Nuestros soldados atravesarán el pueblo. Nosotros iremos a Suton Cófil esta noche.
BARDOLFO
¿Me dais dinero, capitán?
FALSTAF
Que apunten, que apunten.
BARDOLFO
Esta botella vale un ángel.
FALSTAF
Aunque así sea, tomadlo en recompensa de vuestro trabajo. Y aunque valiera veinte, tomadlos tam- bién. Yo respondo del dinero. Decidle a mi teniente Peto que me vea a la salida del pueblo.
BARDOLFO
Lo haré, capitán. Quedad con Dios.
((Vase.))
FALSTAF
Pescadilla escabechada soy como no sea verdad que me avergüenza mi gente. He abusado de un modo atroz de la leva del Rey. En cambio de ciento y cin- cuenta soldados, he conseguido trescientas y pico de libras. Solo escogí ricos propietarios e hijos de labra- dores. Averigüé, además, quiénes eran los solteros pró- ximos a casarse, cuyas amonestaciones se habían pu- blicado ya dos veces. Tropel de gente encariñada a quienes lo mismo les da oír al diablo que a un tambor, y que temen más el estallido de un mosquete que una gallina o gallareta heridas. Escogí únicamente a esos mantecosos con corazón del tamaño de una cabeza de alfiler para que se rescataran del servicio, y ahora mi tropa se compone de cabos, de tenientes y de oficiales, más andrajosos que esos Lázaros de los tapices, cuyas llagas lamen los perros del glotón; gente que en realidad no debieron nunca ser soldados; sirvientes despedidos, hijos menores de segundones, mozos de taberna fuga- dos, y arruinados posaderos. Cánceres de una sociedad tranquila y de una larga paz. Diez veces más vilmente haraposos que un estandarte remendado; ¡y con esta gente reemplacé yo a los que se libraron del servicio! Se creerá que traigo a ciento y cincuenta andrajosos hijos pródigos que acaban de criar cerdos y de comer sobras y mondaduras. Un chusco que me encontré en el camino me preguntó si había despojado a los patí- bulos y había reclutado a sus cadáveres. No se han visto jamás tantos espantapájaros reunidos. Decidida- mente yo no atravieso el pueblo de Coventria con ellos. Además, esa canalla marcha con las piernas abiertas como si llevaran grillos. Verdad es que recluté la ma- yoría en las cárceles. Sólo hay camisa y media en toda la compañía, y la media se compone de dos servilletas unidas y echadas sobre los hombros a guisa de cota de armas de heraldo; y la camisa, para decir verdad, se la robaron o a la patrona de San Albano o a aquel posa- dero de la roja nariz de Daventria. Pero eso poco im- porta, pues ya encontrarán ropa blanca tendida en cualquier vallado.
(Entran el PRÍNCIPE ENRIQUE y VESTMORLANDIA.)
ENRIQUE
¿Cómo va el inflado Juan? ¿Cómo va, colchón?
FALSTAF
¡Hola, Enrique! ¿Cómo va, loco de atar? ¿Qué diablos os trae a Varvicsiria? Perdonadme, señor con- de de Vestmorlandia, creí que vuecencia estaba ya en Eschusburia.
VESTMORLANDIA
Verdaderamente, ya deberíamos estar allí, sir Juan, tanto vos como yo; pero allí están ya mis tropas. Debo deciros que el Rey nos espera a todos, y que to- dos debemos salir de aquí esta noche.
FALSTAF
¡Bah! No os inquietéis por mí. Estoy más a la mira que gato dispuesto a robar crema.
ENRIQUE
Eso es, a robar crema. A fuerza de robarla os habéis convertido en manteca. Pero, decidme, Juan, ¿de quién es esa gente que os sigue?
FALSTAF
Mía, Enrique, mía.
ENRIQUE
Jamás he visto canalla más miserable.
FALSTAF
¡Bah, bah! Bastante buenos son para que los voltee una pica. Carne de cañón. Carne de cañón. Lle- narán un hoyo como gente mejor que ellos. Chito, hom- bre. Mortales, mortales.
VESTMORLANDIA
Ya, Sir Juan; pero me parecen excesivamente pobres y están extremadamente delgados. Gente por demás miserable.
FALSTAF
Con respecto a su pobreza, no sé dónde se les pueda haber pegado; y en cuanto a su delgadez, seguro estoy de que no la han aprendido de mí.
ENRIQUE
De juro que no, a no ser que se llame delgadez a tres dedos de gordura sobre las costillas. Pero, oíd, apresuraos. Percy está en el campo, y el Rey ha salido ya a campaña.
((Vase.))
FALSTAF
¡Cómo! ¿Ha salido ya el Rey a campaña?
VESTMORLANDIA
Sí, sir Juan. Temo que nos hemos retardado.
((Vase.))
FALSTAF
Está bien.
84
De ir tarde a la pelea, temprano a la comida.
85
Se cuida el mal soldado, y el comilón se cuida.
86
ESCENA III
(El campamento rebelde cerca de Eschusburia.)
(Entran ESPUELA ARDIENTE, VORCESTRIA, DUGLAS y VERNON.)
ESPUELA ARDIENTE
La batalla esta noche le daremos.
1
VORCESTRIA
No puede ser.
2
DUGLAS
Así le dais ventaja.
VERMON
Señor, ninguna.
3
ESPUELA ARDIENTE
Mas ¿por qué tal cosa
Sostenéis vos? ¿Refuerzos él no espera?
4
VERMON
Y nosotros también.
5
ESPUELA ARDIENTE
Pero los suyos
Seguros son; los nuestros son dudosos.
6
VORCESTRIA
Caro deudo, convéncete; esta noche
7
No es prudente salir.
8
VERMON
Lo propio digo.
DUGLAS
Bien no le aconsejáis. Es miedo puro,
9
Ánimo escaso hablar de esa manera.
10
VERMON
Duglas, no me injuriéis. ¡Voto a mi vida!
11
(Y mi dicho sostengo con mi vida);
12
Si honor bien entendido me impulsara
13
A atacar, con el miedo me aconsejo
14
Tan poco como vos, como cualquiera
15
Escocés que esté vivo en este instante.
16
Mañana se verá cuál de nosotros
17
Es quien tiene más miedo en la batalla.
18
DUGLAS
O esta noche.
19
VERMON
Pues bien.
ESPUELA ARDIENTE
Será esta noche.
VERMON
¡Bah, bah! No debe ser. Me maravilla
20
Que generales como sois vosotros,
21
No veáis los obstáculos que obligan
22
A demorar ahora nuestro ataque.
23
Varios caballos de mi deudo Vernon
24
Aun no han llegado, y de llegar acaban
25
Los del conde Vorcestria, vuestro tío.
26
Ahora duermen su brío y su pujanza;
27
Y su vigor, exceso de trabajo
28
Redujo, o ha agotado de tal modo,
29
Que no hay caballo alguno que ahora valga
30
Ni la mitad de su valor siquiera.
31
ESPUELA ARDIENTE
En caso igual están los del contrario.
32
Los más se hallan exhaustos y abatidos,
33
Y de los nuestros, la mitad al menos
34
Ha descansado ya completamente.
35
VORCESTRIA
Mas numerosas son del Rey las tropas.
36
Deudo, espera, por Dios, a los refuerzos.
37
((Suena un clarín.))
(Entra SIR GUALTERIO BLUNT.)
BLUNT.
Si escucharme os dignáis, nobles ofertas
38
De parte del Rey traigo.
39
ESPUELA ARDIENTE
Bien venido,
Sir Gualterio, seáis, y de los nuestros
40
Dios quisiera que fuerais, pues algunos
41
De los nuestros en grande estima os tienen,
42
Y entre ellos hay quienes la fama vuestra
43
Maldicen y los altos hechos vuestros
44
Por no estar con nosotros; y, al contrario,
45
En bando opuesto estar como enemigo.
46
BLUNT.
Ni Dios permita que de estarlo deje
47
Mientras que sin razón, ni regla alguna,
48
A la sagrada Majestad se atenta.
49
Mas a mi objeto. El Rey saber pretende
50
Cuál es de vuestras quejas el motivo
51
Y por qué provocáis dentro del seno
52
De la pública paz tan fiera lucha,
53
Dando ejemplo a sus súbditos leales
54
De tan salvaje audacia. Si es que puso
55
Vuestros merecimientos, que confiesa
56
Son numerosos, en olvido acaso,
57
Que vuestras quejas numeréis suplica,
58
Y lograréis cuanto queráis con colmo.
59
Y os perdona, y perdona en absoluto
60
A todos los que habéis soliviantado.
61
ESPUELA ARDIENTE
Del Rey es grande la bondad. Nos consta
62
Que harto bien el Rey sabe cuándo debe
63
Prometer y pagar. Su trono egregio
64
De mi padre, mi tío y de mi propio
65
Logrólo conquistar con el auxilio;
66
Y cuando apenas veintiséis secuaces
67
Lo sostenían nada más, y cuando
68
La pública opinión lo despreciaba,
69
Y ya olvidado, y abatido y triste
70
Retornaba, misérrimo proscrito,
71
Furtivamente hacia su hogar, mi padre
72
En la costa le dio la bienvenida;
73
Y al oírle jurar, de Dios en nombre,
74
Que únicamente para hacerse duque
75
De Lancáster venía, y al reclamo
76
De su herencia no más y a hacer las paces
77
Con lágrimas y frases reverentes,
78
Mi padre, conmovido y apiadado,
79
Juró prestarle, y le prestó su ayuda.
80
Cuando en el reino condes y barones
81
La actitud de Norzumbria conocieron,
82
El grande y el humilde de rodillas,
83
Con la gorra en la mano, lo atacaron;
84
Y en ciudades, y en villas, y en aldeas
85
Salieron a encontrarlo, y lo esperaban
86
En los puentes y al fin de callejones.
87
Regalos a sus plantas le ofrecieron,
88
Su lealtad confirmando con sus votos.
89
Fueron los primogénitos sus pajes,
90
E inmensa multitud siguió sus plantas.
91
Después –el que se agranda lo conoce–,
92
Más alto se elevó que el juramento
93
Hecho a mi padre con aliento escaso
94
De Ravenspurgia en las desiertas playas.
95
Y ved. ¡Válgame Dios! ¡Sobre sí toma
96
Reformar ciertas leyes y decretos,
97
Que harto rígidos juzga y vejatorios!
98
¡Quiere enmendar abusos, y aparenta
99
De su patria llorar los males todos!
100
Y con esa actitud, y con fingirse
101
Justiciero, logró por fin captarse
102
Los corazones que pescar quería.
103
Más lejos fue. Cortóles la cabeza
104
A cuanto favorito, al ausentarse
105
Dejó, cual sus hechuras, el monarca,
106
Mientras él en persona dirigiendo
107
En Irlanda la guerra se encontrase.
108
BLUNT.
Callad. No vine para oír tal cosa.
109
ESPUELA ARDIENTE
Pues bien, a la cuestión. Al poco tiempo
110
Al Rey depuso. Le quitó la vida,
111
E impone graves cargas al Estado;
112
Y momentos después, y para colmo,
113
Permitió que quedara March, su deudo
114
(Quien si en su sitio cada cual se hallase
115
Fuera su Rey), cautivo, abandonado,
116
Sin que ofreciera rescatarlo, en Gales.
117
Destruir pretendió mis grandes triunfos,
118
Y procuró cazarme con espías.
119
De su Consejo despidió a mi tío
120
E, iracundo, a mi padre de la corte.
121
Juramentos sin fin ha quebrantado;
122
Y, en conclusión, él es el que nos lanza
123
A esta empresa; y, a más, a atentamente
124
Investigar qué título es el suyo,
125
Porque harto ilegal hoy lo juzgamos
126
Para que lo mantenga largo tiempo.
127
BLUNT.
¿Al Rey debo llevar esa respuesta?
128
ESPUELA ARDIENTE
No, Sir Gualterio. Vamos a pensarlo.
129
Volveos con el Rey. Vengan rehenes
130
Que su vuelta aseguren, y mañana
131
Con la contestación irá mi tío.
132
Idos con Dios.
133
BLUNT.
Quisiera que aceptarais
Su perdón y amistad.
134
ESPUELA ARDIENTE
Será posible
Que eso llegue a ocurrir.
135
BLUNT.
¡Que Dios lo haga!
((Vase.))
ESCENA IV
(York. – Habitación en el Palacio Arzobispal.)
(Entran el ARZOBISPO de York y SIR MIGUEL.)
ARZOBISPO
Buen sir Miguel, llevad a toda prisa
1
Al mariscal este sellado escrito.
2
Éste a mi deudo Escropio, y los restantes
3
Según su dirección. Apresurado
4
Marcharais si supierais cuanto importan.
5
SIR MIGUEL
Lo adivino, señor.
6
ARZOBISPO
Es muy probable.
Mañana, amigo sir Miguel, es día
7
En que de diez mil hombres es forzoso
8
La suerte decidir, que en Eschusburia,
9
Según dicen, el Rey con poderoso
10
Ejército, reunido en corto espacio,
11
A Enrique va a encontrar; y yo me temo
12
Que con la enfermedad del de Norzumbria
13
Y de Oveno Glendóver con la ausencia,
14
Con el cual se contaba y que no viene,
15
Por motivo de ciertas profecías,
16
Me temo que el ejército de Percy
17
Harto débil es hoy para que pueda
18
Hacer frente a las tropas del monarca.
19
SIR MIGUEL
Nada temáis, señor. Allí está Duglas
20
Y Mórtimer también.
21
ARZOBISPO
No, no se halla
Allí tampoco Mórtimer.
22
SIR MIGUEL
Mas Mórdac
Y Vernon quedan, con Enrique Percy
23
Y el conde de Vorcestria, y otros varios
24
Valientes caballeros de alta alcurnia.
25
ARZOBISPO
Eso es verdad, pero especiales tropas
26
El Rey de todas partes ha sacado.
27
Le acompañan el príncipe de Gales,
28
Juan de Lancáster, Blunt el animoso,
29
Y el noble de Vestmorlandia y otros muchos
30
Émulos y guerreros afamados.
31
SIR MIGUEL
No dudéis que hallarán quien los afronte.
32
ARZOBISPO
Así lo espero, mas dudar conviene
33
Para evitar que lo peor suceda.
34
Apresuraos, sir Miguel, ahora,
35
Pues si no vence Percy, visitarnos,
36
Antes de que su ejército licencia,
37
Es del Rey la intención, porque conoce
38
Que en la empresa también tenemos parte,
39
Y debemos, por tanto, hacernos fuertes.
40
Apresuraos, pues. A otros amigos
41
Escribir nuevamente me propongo.
42
(Vanse.) Por lo cual, sir Miguel, con Dios quedaos.
43
Acto V
ESCENA PRIMERA
(El campamento del Rey cerca de Eschusburia.)
(Entran el REY ENRIQUE, el PRÍNCIPE ENRIQUE, el PRÍNCIPE JUAN DE LANCÁSTER, SIR GUALTERIO BLUNT y SIR JUAN FALSTAF.)
REY.
¡Sangriento el Sol a levantarse empieza
1
Detrás de la espesura de ese montel
2
Y pálido, su mal contempla el día.
3
ENRIQUE
El viento Sur de su clarín le sirve;
4
Y, su sordo silbar entre las hojas,
5
Hoy la tormenta y la ventisca augura.
6
REY.
Que simpatice, pues, con los que pierdan,
7
Que nada mal parece a los que ganan.
8
(Clarines. –Entran VORCESTRIA y VERNON.)
¡Ah, conde de Vorcestria! Doloroso
9
Es el que vos y yo nos encontremos
10
En semejante situación. Burlado
11
Mi confianza habéis, y el manto mío,
12
Cómodo de la paz, hacéis que deje
13
Para que oprima mis ancianos miembros
14
Este acero inflexible. Habéis faltado,
15
Señor, habéis faltado. ¿Qué respuesta
16
Me podéis dar? ¿De lucha tan odiosa
17
No queréis desatar el fiero nudo,
18
Y a la órbita tornar de la obediencia,
19
Desde la cual brillasteis, derramando
20
Luz bella y natural, no cual ahora,
21
Que sois medroso, errante meteoro
22
Que el mal augura al porvenir oculto?
23
VORCESTRIA
Oídme, soberano.
24
Contento por mi parte viviría
25
Viendo correr el fin de mi existencia
26
Tranquilamente, y protestaros debo
27
Que no busqué tal día de discordia.
28
REY.
No lo buscasteis vos; ¿pues cómo vino?
29
FALSTAF
Es que a la rebelión halló a su paso.
30
ENRIQUE
Callad, callad, mochuelo.
31
VORCESTRIA
Apartar vuestros ojos amistosos
32
De mi casa y de mí, señor, os plugo;
33
Y, sin embargo, es fuerza que os recuerde
34
Que fuimos los primeros y más caros
35
Amigos que tuvisteis. Las insignias
36
Deslustré yo por vos del cargo mío
37
En tiempo de Ricardo, y día y noche,
38
Para unirme con vos corrí la posta.
39
Y la mano os besé; siendo, no obstante,
40
Por vuestra posición, vuestra importancia
41
Menos fuerte que yo, menos potente.
42
Fui yo, mi hermano fue, fue el hijo mío
43
Quienes a vuestros lares os trajeron,
44
Peligros inminentes afrontando...
45
Nos jurasteis: jurasteis en Doncáster
46
Que nada contra el reino pretendíais,
47
Que vuestra herencia reclamabais solo
48
De Gante, y de Lancáster el ducado,
49
Y ayuda os prometimos para ello.
50
Mas a poco llovió la buena suerte
51
Sobre vuestra cabeza a chaparrones.
52
Un torrente alcanzasteis de grandezas
53
Con la ausencia del Rey, con nuestra ayuda
54
De época relajada con los males,
55
Con vuestros aparentes sufrimientos
56
Y los aires contrarios que al monarca
57
Tanto tiempo en la guerra desastrosa
58
De Irlanda detuvieron, motivando
59
El que Inglaterra muerto lo juzgase.
60
Con este inmenso enjambre de ventajas
61
Hicisteis que os rogaran de improviso,
62
Que arrebataran vuestras manos luego
63
Los supremos poderes del Estado;
64
Y lo que nos jurasteis en Doncáster
65
Pusisteis en olvido. Si crecisteis,
66
Por causa nuestra fue, mas nos tratasteis
67
Cual trata al gorrión el cuco ingrato.
68
En completo ocupasteis nuestro nido,
69
Y con el alimento, que era nuestro,
70
Proporciones tan grandes adquiristeis,
71
Que, aun cariño teniéndoos, apenas
72
Dejarnos ver osábamos, de miedo
73
De que nos engullerais; y, por tanto,
74
Para buscar seguridad tuvimos
75
Que levantar el vuelo con presteza,
76
Y apartarnos de vos y haceros frente.
77
Oposición que es fuerte con las armas
78
Que habéis forjado vos contra vos mismo,
79
Con vuestro indigno trato y ceño adusto
80
Y por haber faltado al juramento
81
Prestado al comenzar vuestra aventura.
82
REY.
Todo eso habéis dicho y proclamado
83
En las públicas plazas y en iglesias
84
Para ornar el ropaje rebelde
85
De agradables colores a los ojos
86
De volubles y tristes descontentos,
87
Que oyen siempre, frotándose las manos
88
Y con la boca abierta, los anuncios
89
De toda innovación tumultuaria.
90
Esos colores falsos no faltaron
91
Nunca a la insurrección, para con ellos
92
Dar a la causa suya más realce,
93
Ni viles pordioseros deseosos
94
De confusión, desórdenes y estragos.
95
ENRIQUE
En nuestros dos ejércitos hay muchos
96
A quienes cara costará la lucha,
97
Si llegamos al fin. Vuestro sobrino
98
Sepa por vos que el príncipe de Gales
99
A los encomios que tributa el mundo
100
A Enrique Percy sus encomios une.
101
¡Voto a mis esperanzas! (Y prescindo
102
De esta empresa), más bravo caballero,
103
Bravo de más vigor, joven más bravo,
104
Más animoso y más audaz no existe
105
Para glorificar la edad presente
106
Con sus nobles hazañas. Por mi parte,
107
Y debo confesarlo con vergüenza,
108
Caballerescas prácticas ignoro,
109
Y así le consta a él, según me dicen.
110
Mas lo digo delante de mi padre:
111
Consiento en que él se apropie las ventajas
112
De su ínclito nombre y su alta estima,
113
Y para ahorrar la sangre de ambos bandos,
114
Con él a decidir de nuestra suerte
115
En singular combate estoy resuelto.
116
REY.
Y, príncipe de Gales, no impidiera
117
Yo que así te expusieses, si razones
118
A ello no se opusieran numerosas.
119
No, buen Vorcestria, no. Yo al pueblo amo;
120
Aun a aquellos que fueron seducidos
121
Por el sobrino vuestro, y si aceptaren
122
Mi perdón él y ellos, vos y todos
123
Mis amigos serán, yo amigo de ellos.
124
Con vuestro deudo hablad, y que yo sepa
125
Qué es lo que piensa hacer; mas si no cede,
126
El restringir y el castigar nos toca
127
Con bárbaro rigor, y, por lo tanto,
128
Su oficio cumplirán para con ellos.
129
Podéis marcharos, pues, y desde ahora
130
A hablar más sobre el caso no me ajusto.
131
Noble es mi oferta, y admitirla es justo.
132
((Vanse Vorcestria y Vernon.))
ENRIQUE
¡No lo van a aceptar, por vida mía!
133
Duglas y Espuela Ardiente, juntos ambos,
134
Fuertes se juzgan contra el mundo entero.
135
REY.
Así, pues, a su puesto cada jefe.
136
Caeremos sobre ellos al instante
137
Que hayamos recibido su respuesta,
138
Y ampare Dios a nuestra justa causa.
139
((Vanse el Rey, Blunt y el Príncipe Juan.))
FALSTAF
Enrique, si veis que en la batalla caigo, abrid las piernas así, y cubridme. Eso hace un amigo.
ENRIQUE
Solamente un coloso podría prestaros seme- jante servicio. Rezad, y abur.
FALSTAF
Ojalá fuera hora de irse al lecho, y en paz.
ENRIQUE
(Vase.) La muerte debéis al cielo.
FALSTAF
Aún no ha llegado su vencimiento; no me agrada pagar anticipadamente. Para qué he de precipi- tarme yo cuando no me apremian. ¡Poco importa! El honor me empuja hacia delante. Perfectamente. Pero, ¿y si el honor al empujarme hacia adelante me echa del mundo? ¿Qué pasa? ¿Puede el honor sustituir una pier- na? No. ¿Y un brazo? No. ¿Y evitar el dolor de una he- rida? No. ¿Así, pues, el honor no tiene habilidad qui- rúrgica? No. ¿Qué es el honor? Una palabra. Y esa pa- labra honor, ¿qué es? Aire. ¡Lindo arreglo! ¿Quién lo tiene? Uno que murió el miércoles. ¿Lo aprecia? No. ¿Lo oye? No. ¿Es cosa intangible, pues? Sí, para los muertos. Pero, ¿no puede vivir con los que quedan vivos? No. ¿Por qué? Porque la maledicencia no lo so- porta. Por lo tanto, yo no lo quiero. El honor es mera- mente un escudo de armas, y aquí acaba mi catecismo.
((Vase.))
ESCENA II
(El campamento rebelde.)
(Entran VORCESTRIA y VERNON.)
VORCESTRIA
No, mi sobrino conocer no debe
1
Del Rey la noble oferta, sir Ricardo.
2
VERMON
La debe conocer.
3
VORCESTRIA
Entonces, todos
Nos veremos perdidos. No es posible.
4
No puede ser que cumpla su palabra
5
Y nos conceda su amistad. Sospechas
6
De nosotros tendrá constantemente;
7
Y en otras faltas hallará motivo
8
Que castigarnos ésta le permita.
9
Innumerables ojos el recelo
10
Fijos tendrá en nosotros. Se confía
11
En el traidor lo mismo que en la zorra,
12
Que aunque se juzgue mansa y se la halague
13
Y encerrada se tenga, se presiente
14
La ingénita maldad de sus abuelos.
15
Estar tristes o alegres poco importa.
16
Se habrá de interpretar nuestra conducta
17
En contra nuestra, y pienso como a bueyes
18
Que en establos se cuidan han de darnos,
19
A quienes más se atiende y alimenta
20
Mientras más se aproximan a la muerte.
21
De mi sobrino condonar las faltas
22
Fácil es, porque tienen por excusa
23
Su edad, su ardor, su mismo sobrenombre.
24
¡Es un Espuela Ardiente casquivano!
25
¡De su capricho esclavo solamente!
26
De sus faltas yo soy el responsable,
27
Y su padre también. Criado ha sido
28
Por nosotros, de quienes ha tomado
29
Los defectos que tiene, y, pues nosotros
30
De esta perturbación somos la fuente,
31
Nosotros es forzoso que paguemos.
32
Así, pues, deudo mío, que no sepa
33
De la oferta del Rey palabra Enrique.
34
VERMON
Lo que vos me digáis diré tan solo.
35
Vuestro sobrino llega.
36
(Entran ESPUELA ARDIENTE, DUGLAS y Jefes)
y soldados a distancia.
ESPUELA ARDIENTE
¡Mi tío ha vuelto! Libertad al conde
38
De Vestmorlandia. ¿Qué noticias, tío?
39
VORCESTRIA
El Rey va al punto a darte la batalla.
40
DUGLAS
Que lleve Vestmorlandia nuestro reto.
41
ESPUELA ARDIENTE
Id, Duglas, y decídselo vos mismo.
42
DUGLAS
Sí que lo haré, lo haré con sumo gusto.
43
((Vase.))
VORCESTRIA
No aparece en el Rey clemencia alguna.
44
ESPUELA ARDIENTE
¿Se la pedisteis vos? ¡Dios nos ampare!
45
VORCESTRIA
Nuestras quejas le expuse suavemente
46
Por quebrantar el juramento suyo,
47
Que enmendó, quebrantándolo de nuevo,
48
Jurando que jamás lo quebrantara.
49
Y nos llamó rebeldes y traidores,
50
Que con las armas fustigar pretende
51
En nosotros dictado tan odioso.
52
(Vuelve a entrar DUGLAS.)
DUGLAS
¡A las armas, amigos, a las armas!
53
Al rostro yo del Rey Enrique acabo
54
Valiente reto de arrojar. Lo lleva
55
Vestmorlandia, que estaba aquí en rehenes,
56
Y a atacarnos vendrán sin duda pronto.
57
VORCESTRIA
Ante el Rey mismo, el príncipe de Gales,
58
Sobrino, a lucha personal te reta.
59
ESPUELA ARDIENTE
Pluguiera a Dios que circunscrita fuese
60
A nuestras dos cabezas esta lucha;
61
Y que Enrique Monmuz y yo tan solo
62
Perdiéramos en ella nuestro aliento.
63
Decid, decid: ¿su reto, qué indicaba?
64
¿Desprecio, por ventura?
65
VERMON
No, lo juro.
Nunca en mi vida he visto desafío
66
De más grande modestia acompañado.
67
Un hermano a otro hermano se diría
68
Que a una prueba cortés de su destreza
69
En manejar las armas invitaba.
70
Habló de ti con el mayor respeto,
71
Con lenguaje de príncipe ensalzando
72
Tu fama: Como crónica las nobles
73
Hazañas tuyas encomió, por cima
74
Queriéndote poner de los elogios,
75
Que a tus actos y méritos no igualan.
76
Y lo que más, cual príncipe, le honra,
77
Fue el hablar de sí mismo avergonzado.
78
Su vagabunda juventud con tanta
79
Gracia increpó, que en él ver se creería
80
El ser que enseña y el que aprende a un tiempo.
81
Cesó de hablar, y yo declaro al mundo
82
Que Inglaterra jamás ha poseído
83
Como al odio de hoy sobreviviere,
84
Objeto de más dulces esperanzas
85
Ni más, por sus caprichos, mal juzgado.
86
ESPUELA ARDIENTE
Enamorado estáis de sus locuras,
87
Deudo, a mí me parece. No hay memoria
88
De príncipe más loco y libertino.
89
Mas fuere lo que fuere, me propongo
90
Antes de anochecer, entre mis brazos
91
Estrecharle a manera de guerrero,
92
Y hacerle estremecer con mi saludo.
93
¡A las armas! Armaos prontamente,
94
Compañeros, amigos y soldados;
95
Mejor podéis imaginar vosotros
96
Lo que debéis hacer que yo decirlo.
97
Porque mía no es esa oratoria
98
Que persuade, la sangre enardeciendo.
99
(Entra un MENSAJERO.)
MENSAJERO
Señor, cartas os traigo.
100
ESPUELA ARDIENTE
No es posible
Que yo las pueda ahora leer. La vida
101
Es, caballeros, breve, pero fuera
102
Harto larga, empleándola vilmente.
103
Sí; por más que la vida cabalgase
104
Sobre la aguja de un reloj, y al cabo
105
De una hora a su término llegara:
106
Si salimos con vida, viviremos
107
Después de haber pisoteado a reyes.
108
Si morimos, será de muerte honrosa,
109
Pues príncipes murieron con nosotros.
110
Es legítimo empleo el de la fuerza
111
Si es sano, al emplearla, nuestro intento.
112
(Entra otro MENSAJERO.)
MENSAJERO
Preparaos, señor; el Rey se acerca.
113
ESPUELA ARDIENTE
Se lo agradezco. Abrevia mi discurso.
114
Orador yo no soy. Tan sólo os digo
115
Que cada uno como bueno cumpla.
116
Y aquí saco mi espada, cuyo temple
117
Teñiré con la sangre más preciosa
118
Que encuentre en este día de peligros.
119
Ahora, Esperance y Percy, y adelante.
120
Agudos musicales instrumentos,
121
Resonad, y abracémonos, amigos,
122
A su bélico son, que entre nosotros,
123
Apuesto al cielo yo contra la tierra,
124
Que habrá algunos que nunca en lo futuro
125
Podrán ver acto igual de cortesía.
126
((Suenan clarines. Se abrazan y vanse.))
ESCENA III
(Llanura entre ambos campamentos.)
(Movimiento de tropas, y partidas que luchan. Clarines.)
(Entran al encuentro, DUGLAS y SIR GUALTERIO BLUNT.)
BLUNT.
¿Quién sois vos, que en el campo de batalla
1
Me salís al encuentro de este modo?
2
DUGLAS
Sabed que Duglas soy, que os voy siguiendo
3
De este modo en el campo de batalla,
4
Porque vos sois el Rey, según me han dicho.
5
BLUNT.
Han dicho la verdad.
6
DUGLAS
Ha pagado muy cara, Rey Enrique,
7
La semejanza que con vos tenía
8
El Conde de Estaford. Lo inmoló mi espada.
9
Si no queréis rendiros prisionero,
10
Lo mismo haré con vos.
11
BLUNT.
Yo no he nacido,
Orgulloso Escocés, para rendirme.
12
Y encontraréis a un rey que de la muerte
13
Se vengará de Estaford.
14
((Luchan y Blunt muere.))
(Entra ESPUELA ARDIENTE.)
ESPUELA ARDIENTE
¡Oh Duglas!, si luchando de ese modo
15
En Holmedonia, hubierais vos, yo nunca
16
De un Escocés pudiera haber triunfado.
17
DUGLAS
¡Ya todo terminó! Triunfo completo.
18
Aquí cadáver el Rey yace.
19
ESPUELA ARDIENTE
¿Dónde?
DUGLAS
Aquí.
20
ESPUELA ARDIENTE
¿Éste? No Duglas. Bien conozco
21
Este semblante yo. Era un valiente,
22
Y se llamaba Blunt. A semejanza
23
Del Rey vestido está.
24
DUGLAS
Va un mentecato
Adonde quiera que su alma fuere.
25
Caro pagáis un título ficticio.
26
¿A qué decirme a mí que el Rey vos erais?
27
ESPUELA ARDIENTE
El Rey tiene en el campo mucha gente
28
Vestida como él.
29
DUGLAS
¡Voto a mi espada!
Voy a matarle todos sus vestidos.
30
A asesinar, hasta que al Rey me encuentre,
31
Toda su guardarropa, pieza a pieza.
32
ESPUELA ARDIENTE
¡Ea! Vamos. Adelante nuestra gente;
33
El ataque resiste bravamente.
34
((Vanse.))
(Clarines. – Entra FALSTAF.)
FALSTAF
En Londres, poco me importa a mí que me apunten, pero aquí apuntan a la cabeza. Poco a poco. ¿Quién sois vos? ¡Sir Gualterio Blunt! ¡Toma honra! No. ¡Esto no es tontería! Tengo el calor del plomo derretido y su pesadez también. Haga Dios que el plomo no me ocu- pe. No necesito más peso que el de mis propias tripas. Conduje a mis pelagatos a donde los están salpimen- tando. Sólo quedan tres vivos de los ciento cincuenta que traje, y esos tendrán que pedir limosna a la entra- da de un pueblo hasta que se mueran. Pero ¿quién viene?
(Entra el PRÍNCIPE ENRIQUE.)
ENRIQUE
¡Cómo! ¿Por qué permanecéis ocioso?
46
Prestadme vuestra espada. A muchos nobles
47
Exánimes y rígidos, los cascos
48
De enemigos caballos pisotean,
49
Y venganza pidiendo están a gritos.
50
Prestadme, yo os lo ruego, vuestra espada.
51
FALSTAF
¡Oh Enrique! os suplico que me permitáis tomar resuello breve rato. Ni las proezas del turco Gregorio, pueden compararse con las mías de hoy. Hele ajustado a Percy su cuenta. Seguro está.
ENRIQUE
Es cierto, y vivo está para mataros. Prestad- me, yo os lo ruego, vuestra espada.
FALSTAF
No. ¡Vive Dios, Enrique! Si Percy está vivo, no os daré yo mi espada; pero si queréis, tomad mi pistola.
ENRIQUE
Dádmela, pues; mas, ¿cómo está en su funda?
FALSTAF
Sí, Enrique, y arde, arde. Puede postrar a un pueblo.
((Falstaf da una botella de vino al Príncipe.))
ENRIQUE
¿Momento es éste de pensar en bromas?
((Le tira la botella y vase.))
FALSTAF
Si vivo estuviere Percy, lo perseguiré y atra- vesaré, si es que se pone en mi camino; pero si no, y si de buena voluntad me pongo yo en el suyo, háganme picadillo. No me agradan a mí honras tan gestudas como la de sir Gualterio. Prefiero la vida. Si la puedo salvar, tanto mejor; si no, la honra vendrá sin que vaya yo en su busca, y se acabó.
((Vase.))
ESCENA IV
(Otra parte del campo de batalla.)
(Clarines. Partidas que luchan. Entran el REY ENRIQUE, el PRÍNCIPE ENRIQUE, el PRÍNCIPE JUAN y VESTMORLANDIA.)
REY.
Retírate tú, Enrique.
1
Sangre copiosamente estás perdiendo.
2
Acompáñale tú, Juan de Lancáster.
3
JUAN.
¿Yo? No, señor, a menos que perdiera
4
Sangre cual pierde él.
5
ENRIQUE
Señor, suplico
Que vuestra majestad vuelva a la carga,
6
No extrañe vuestra ausencia nuestra gente.
7
REY.
Lo he de hacer. A su tienda conducidle,
8
Conde de Vestmorlandia.
9
VESTMORLANDIA
Que os ayude
Permitidme, señor, a vuestra tienda.
10
ENRIQUE
¡Ayudarme, señor! De vuestra ayuda
11
No necesito yo. Ni Dios permita
12
Que un arañazo mísero bastara
13
Para sacar al príncipe de Gales
14
De un campo de batalla como éste,
15
En donde la nobleza, ensangrentada,
16
Pisoteada está, donde triunfante,
17
Del rebelde el ejército se ceba.
18
JUAN.
Mucho nos detenemos, deudo mío.
19
Vestmorlandia, venid. Allí nos llama
20
Nuestro deber. Venid, por Dios, os ruego.
21
((Vanse el Príncipe Juan y Vestmorlandia.))
ENRIQUE
Me has engañado, ¡vive Dios! Lancáster.
22
De aliento tan viril no te creía.
23
Antes te amaba, Juan, como a un hermano;
24
De hoy más, como a mi alma te respeto.
25
REY.
Yo le he visto tener a Percy en jaque
26
Con gran valor y con firmeza impropia
27
En guerrero tan joven.
28
ENRIQUE
Este niño
(Vase.) Nos debe de infundir valor a todos.
29
(Clarines. – Entra Duglas.)
DUGLAS
¡Otro Rey! Cual de hidra las cabezas
30
Creciendo van. Éste que veis es Duglas,
31
Fatal a quien se viste esos colores.
32
¿Quién sois que al rey representar os cuadra?
33
REY.
Soy el Rey en persona, quien lamenta
34
Que a tantas sombras suyas hayáis visto
35
Sin ver al Rey. Buscando mis dos hijos
36
A Percy están, y a vos por todo el campo;
37
Mas ya que tropezasteis, por fortuna,
38
Conmigo, probaré con vos mi suerte.
39
Defendeos.
40
DUGLAS
Me temo nuevo engaño.
Vuestro porte, no obstante, es de monarca;
41
Pero mío seréis seguramente
42
Quien quiera que seáis, y así yo os venzo.
43
((Luchan.))
(Estando en situación crítica el Rey, vuelve a entrar el PRÍNCIPE ENRIQUE.)
ENRIQUE
Vil escocés, alzad esa cabeza,
44
O nunca volveréis quizás a alzarla.
45
Los valientes espíritus de Sírlei,
46
De Estaford y de Blunt, ved en mi brazo.
47
Os amenaza el Príncipe de Gales,
48
Que pagar, si promete, se propone.
49
((Luchan. Duglas huye.))
¿Cómo os halláis, alteza? Reponeos,
50
Sir Nicolás Gauséi, pide socorros;
51
Clifton también. Yo al punto iré con Clifton.
52
REY.
Párate y toma aliento. Redimiste
53
Tu perdida opinión, y me has probado
54
Que algo aprecias mi vida, a mi socorro
55
Acudiendo con tanta valentía.
56
ENRIQUE
¡Oh Dios! Ofensa grande me infiriera
57
Quien supuso que ansiaba vuestra muerte.
58
Si ser pudiese, sobre vos dejara
59
Caer de Duglas la insultante diestra,
60
Que os condujera a vuestro fin más pronto
61
Que todos los venenos de este mundo,
62
Ahorrando ser traidor a vuestro hijo.
63
REY.
A Clifton tú y a Gauséi yo ayudemos.
64
((Vase.))
(Entra ESPUELA ARDIENTE.)
ESPUELA ARDIENTE
Sois Enrique Monmuz, si no me engaño.
65
ENRIQUE
Habláis cual si a negar mi nombre fuera.
66
ESPUELA ARDIENTE
Me llamo Enrique Percy.
67
ENRIQUE
Entonces, veo
A un valiente rebelde que así nombran.
68
En mí mirad al Príncipe de Gales,
69
Y no penséis vos, Percy, que conmigo
70
Vais por más tiempo a compartir mi gloria.
71
Dos estrellas del cielo no se mueven
72
En idéntica esfera, ni es posible
73
Que una Inglaterra sola se conforme
74
Con dos reinados, el de Enrique Percy,
75
Y, a la par, el del Príncipe de Gales.
76
ESPUELA ARDIENTE
Y no será, pues ya llegó la hora
77
De que uno de los dos acabe, Enrique;
78
Y ojalá que tan grande como el mío
79
Fuera, como guerrero, vuestro nombre.
80
ENRIQUE
Antes de irme de aquí, quizás lo sea;
81
Y esas múltiples glorias que germinan
82
Sobre vuestra cimera, con mis manos
83
Yo arrancaré, para tejerme luego
84
Y mi cabeza ornar, una guirnalda.
85
ESPUELA ARDIENTE
Ya más fanfarronadas no soporto.
86
((Luchan.))
(Entra FALSTAF.)
FALSTAF
Bien dicho, Enrique. A ello, Enrique. Pero no hallaréis aquí juego de niños, yo os lo aseguro.
(Vuelve a entrar DUGLAS: Lucha con FALSTAF, quien se tira al suelo fingiéndose muerto. Vase Duglas. Espuela Ardiente cae herido.)
ESPUELA ARDIENTE
Mi juventud me habéis robado, Enrique.
89
Perder la vida deleznable es menos
90
Que perder esos títulos gloriosos
91
Que me usurpáis. Mis sentimientos hiere
92
Más que la carne mía vuestra espada.
93
Pero los sentimientos, de la vida
94
Siervos humildes; cual la vida, escarnio
95
Del tiempo; cual el tiempo, que es quien rige
96
Al mundo entero, es fuerza que se paren.
97
¡Oh, yo profetizara, si la mano
98
Terrosa y yerta de la muerte ahora
99
No aplanase mi lengua... no, ya Percy
100
Eres polvo, alimento...
101
((Muere.))
ENRIQUE
De gusanos.
Valiente Percy, ¡adiós, adiós, gran alma!
102
Mal trabada ambición ¡cómo mermaste!
103
Cuando este cuerpo un alma contenía,
104
Estrecho espacio imaginaba un reino.
105
Pero hoy de la tierra menos fértil,
106
Con dos pasos no más bastante tiene.
107
Esta tierra que muerto te soporta,
108
A un ser más noble, no soporta vivo.
109
Si fueras aun sensible a los halagos,
110
Tan cariñoso ardor no mostraría.
111
Mas deja, tú, que el lacerado rostro
112
Con esta prenda oculte, y en tu nombre
113
Me dé las gracias por haber cumplido
114
Este amistoso rito de ternura.
115
Adiós; tu encomio al cielo te acompañe,
116
Y duerma tu baldón en tu sepulcro,
117
Y jamás lo recuerde tu epitafio.
118
((Ve a Falstaf en tierra.))
¡Mi antiguo camarada! ¡Tanta carne
119
No ha conseguido defender tu vida!
120
Mi pobre Juan, adiós. Más fácilmente
121
De otro mejor que tú me separara.
122
¡Tu sociedad, que falta no me hiciera
123
Si la frivolidad aun me atrajera!
124
Aunque nobles han muerto con exceso,
125
De ninguno sé yo de tanto peso.
126
Dentro de poco te veré enterrado.
127
(Vase.) Por ahora, de Percy queda al lado.
128
FALSTAF
(Levantándose.) ¡Enterrado! Si me enterráis hoy, licencia os daré para que mañana me saléis y me co- máis. ¡Voto va! Tiempo era ya de fingir; si no, ese tri- vigante escocés me hubiera saldado las cuentas. ¿Fin- gir? Miento. Yo no finjo. Morir sí que es fingir, porque es la ficción de un hombre que no tiene la vida de tal; pero fingir, porque sigue uno siendo la real y perfecta imagen de la vida. ¡Voto va! Tengo miedo de este pól- vora de Percy, aunque esté muerto. Y ¿si fingiera tam- bién y ahora se levantara? ¡Por vida mía! Creo que de los dos fingidores, sería él el que valdría más. Por lo tanto, me aseguraré y juraré que lo he matado. ¿Por- qué no ha de poderse levantar como me he levantado yo? Quienes me pueden contradecir son ojos, y ahora (Lo hiere) nadie me ve. Así, pues, bergante con nueva herida en el muslo, venid conmigo.
((Carga con Espuela Ardiente.))
(Vuelven a entrar el PRÍNCIPE ENRIQUE y el PRÍNCIPE JUAN.)
ENRIQUE
Vamos, hermano Juan, valientemente
145
Tu virginal espada has estrenado.
146
JUAN.
¡Mas calle! ¿Quién es éste? ¿No dijiste
147
Que a ese hombre gordinflón hallaste muerto?
148
ENRIQUE
Verdad. Muerto lo vi. Lleno de sangre
149
Y sin aliento en tierra.
150
¿Estáis vivo? O si no, ¿sois por ventura
151
Una ilusión que engaña a nuestros ojos?
152
Hablad, que no queremos atenernos
153
A lo que viendo estamos sin oíros.
154
Lo que nos parecéis no sois sin duda.
155
FALSTAF
Seguramente. Yo no soy hombre doble, pero si no soy Juan Falstaf, soy un buen Juan. Ahí está Percy (tirándolo al suelo.) Si vuestro padre quiere darme al- gún premio, en hora buena sea; si no, que vaya él a ma- tar a cualquier otro Percy que venga. Os aseguro que espero ser Conde o Duque.
ENRIQUE
¡Pero si yo mismo maté a Percy! ¡Si lo vi muerto!
FALSTAF
¿Eso visteis? ¡Dios mío! ¡Dios mío! ¡Qué dado es este mundo al embuste! Concedo que me hallaba en tierra y sin aliento, y lo propio él; pero en el mismo instante, ambos nos levantamos y luchamos una hora larga por el reloj de Eschusburia. Si me creen, bueno; si no, carguen los que deben recompensar el valor con ese pecado. Juro yo, así me maten, que le inferí yo mismo esa herida del muslo, y si este hombre viviera y lo negase, vive Dios que le haría tragar un trozo de mi espada.
JUAN.
Éste sí que es suceso extraordinario.
174
ENRIQUE
Extraordinario mozo sí que es éste.
175
(A Falstaf.) Hermano Juan, venid. Vuestro bagaje
176
Donosamente echaos a la espalda;
177
Que yo, si la mentira acaso os sirve,
178
La doraré con las mejores frases.
179
Las trompetas ya tocan retirada.
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Es la victoria nuestra. Ven, hermano,
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A ver desde esa elevación qué amigos
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Nuestros vivos están y quiénes muertos.
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((Vanse el Príncipe Enrique y el Príncipe Juan.))
FALSTAF
Yo seguiré, como si dijéramos, en busca de recompensa. A quien me recompense, Dios se lo recom- pensará. Si aumentare en importancia, disminuiré de tamaño, porque me medicinaré y dejaré de beber Je- rez y viviré sin mácula, como debe vivir un noble.
((Vase, llevándose el cuerpo de Percy.))
ESCENA V
(Otra parte del campo de batalla.)
(Clarines. – Entran el REY ENRIQUE, el PRÍNCIPE ENRIQUE, el PRÍNCIPE JUAN, VESTMORLANDIA y acompañamiento, con VORCESTRIA y VERNON prisioneros.)
REY.
Siempre sufrió la rebelión castigo.
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¿Malévolo Vorcestria, con palabras
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De perdón y clemencia para todos
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No os despedí? ¿No habéis de mis ofertas
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Trastocado el sentido torpemente?
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¿Vos a la confianza no faltasteis
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Que en vos depositó vuestro sobrino?
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Tres nobles de los nuestros, conde el uno,
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Han perdido su vida en la jornada,
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Y otros seres también que hoy vivirían
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Si cual cristiano la verdad hubierais
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De mi ejército al vuestro transmitido.
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VORCESTRIA
Fue mi seguridad mi consejero,
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Y me conformo con la suerte mía,
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Que no puedo eludir y que me agobia.
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REY.
A la muerte conduzcan a Vorcestria.
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También a Vérnon. A los otros reos
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Juzgaremos después.
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((Vanse custodiados Vorcestria y Vérnon.))
¿Qué tal va el campo?
ENRIQUE
Ese noble escocés, el conde Duglas,
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Al ver que la fortuna por completo
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La cara le volvía, muerto a Percy
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Y su gente de pánico acosada,
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Huyó cual los demás; y desde un risco
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Cayóse y lastimóse de tal modo,
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Que sus perseguidores lo apresaron.
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Duglas está en mi tienda, y que disponga
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De él á mi antojo yo, señor, os ruego.
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REY.
Con toda el alma.
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ENRIQUE
Pues, hermano mío,
Juan de Lancáster, ahora, a ti te toca
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Esta honrosa misión. Ve a ver a Duglas
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Y libértalo al punto y sin rescate.
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Su valor, que atestiguan nuestros cascos,
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Nos hace honrar tan ínclitas hazañas
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Aun en los pechos de adversarios nuestros.
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REY.
Nos queda sólo dividir las fuerzas.
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Hijo Juan, y vos, deudo Vestmorlandia,
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Hacia York marcharéis a toda prisa
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Para hacer frente al conde de Norzumbria
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Y al arzobispo Escropio, que se arman
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Con toda rapidez. Yo y mi hijo Enrique
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Iremos hacia Gales a batirnos
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Con el conde de March y con Glendóver.
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Morirá en el país la rebeldía;
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Y pues que triunfadores hoy nos vemos,
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Hasta ganarlo todo, no cejemos.
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((Vanse.))