Giambattista Giraldi Cinzio

Orbecche

Orbecche: Tragedia

Traducción de Orbecche: Tragedia

Giraldi Cinthio. Orbecche. Editada por Pau Sanchís. Traducción de Pau Sanchís para esta colección Emothe: Valencia, 2014.

Joan Oleza Simó (Investigador principal) Pau Sanchís (Traductor) Romeu Guallart, Luis María (Editor) Burgos Segarra, Gemma (Editor)

Español · Verso · 3331 versos

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AL ILUSTRÍSIMO Y EXCELENTÍSIMO SEÑOR EL SEÑOR HÉRCULES DUQUE II DE ESTE Y III DUQUE DE FERRARA

Se hace difícil en estos tiempos, Ilustrísimo Señor, para los escritores de cualquier tipo evitar los mordiscos de la envidia, la cual, como un enemigo armado, lleva siempre los dientes fuera para morder y lacerar a quien escribe. Y teniendo en cuenta que tal cosa es difícil en cualquier tipo de composición, es ya sumamente difícil cuando alguien se propone escribir en formas poéticas que han sido abandonadas durante tantos siglos que apenas queda de éstas sino una leve sombra. Por eso yo considero que es casi imposible que escapen de los mordiscos de la envidia los que se dedican a componer nuevas tragedias en este tiempo, cuyo uso, que es el único maestro en cualquier materia, ha sido abandonado, según creo, por la gran lascivia del mundo, después de que los Griegos la inventasen, y que los Romanos, tomándola de éstos, la hiciesen sin duda todavía más grave. Y aunque Aristóteles nos dé la manera de componerlas, él, además de su oscuridad intrínseca, la cual (como sabéis) es suma, resulta además muy oscuro y lleno de muchas tinieblas porque no conocemos a los autores de los cuales aduce las autoridades y los ejemplos para confirmar los órdenes y las leyes que él impone a los escritores de éstas, lo que dificulta la comprensión, no diré del arte de lo que enseña, pero sí de la definición que da de la tragedia. Cada una de estas cosas por sí mismas, y por supuesto todas juntas, debería haberme disuadido de meter mano en algo tan fatigoso y que fácilmente dará materia para que otros me critiquen. Pero han tenido tanta fuerza sobre mí los ruegos de muchos amigos, y especialmente del magnífico M. Girolamo Maria Contugo, gentilísimo joven lleno de virtudes, que aunque yo supiese que mis fuerzas eran pocas ante tamaña empresa y viese que me ponía en riesgo, antepuse el deseo de los amigos a todos mis prejuicios. Cuando hube compuesto, pues, esta tragedia, lo cual hice en menos de dos meses, habiendo preparado ya en mi casa el dicho M. Girolamo un suntuoso y honorable escenario, fue representada por M. Sebastiano Clarignano de Montefalco, a quien podríamos llamar seguramente el Roscio o el Esopo de nuestro tiempo, para vos Ilustrísimo Señor y patrón mío. Y puesto que la misma recibió los maravillosos elogios de Vuestra Excelencia y de todos los divinos ingenios que con vos la vieron y la oyeron, y también considerando yo la importancia que podía tener dejar salir a la vista del mundo tales cosas, y cuánto más fácil sea criticarlas que componerlas quería que, estando ella celada detrás de mí, se alegrase de aquellos elogios que tuvo entonces y prefiriese haber sido elogiada una vez dentro de los confines de mi casa que, sacada por una vana esperanza, se pusiese en riesgo de no gustar y de ser lacerada miembro a miembro por los mordiscos de la envidia del público. Pero puesto que plugo al Ilustrísimo y Reverendísimo Cardenal de Ravena que ella volviese a mostrarse ante Su Reverendísima Señoría y ante el Ilustrísimo y Reverendísimo Cardenal Salviato, muchos preclaros Señores e ingenios extranjeros me la han pedido con suma insistencia muchas veces, atraídos por los elogios que también vos, Señor Mío, más juicioso que nadie y adornado con todos los elogios y las altas virtudes que corresponden a tan excelentísimo Señor y nobilísimo espíritu, le dedicasteis entonces y después junto con vos hicieron también aquellos dos Reverendísimos Señores, célebres y preclaros en los estudios de todas las honestas disciplinas que contienen los papeles griegos y latinos. Allá donde no pudiendo yo negarme a ellos sin quedar como un villano, del mismo modo que los ruegos de los amigos me constriñeron a componerla, así también las continuas demandas de éstos me fuerzan a dejarla salir. Así que, puesto que debe salir fuera de todos modos, he querido, Ilustrísimo Señor mío, que ella a vos, antes que a nadie, os sea ofrecida: ya sea para que tomando como pantalla contra cualquiera que la quisiese atacar la autoridad de vuestro ilustre nombre, como fortísimo escudo de defensa, se encuentre más segura contra los ataques ajenos; ya sea para que esté con vos, por cuanto ella es prenda evidentísima de la reverencia que siento por vos y claro testimonio de mi mente, siempre devota a vos. Y si ella fuese recibida por vos con aquel espíritu con que vuestra singular virtud y mucha cortesía me prometen que será, no tengo dudas de que ella estará a salvo de cualquier envidia, y mostrándome, si no en todo, al menos en parte agradecido a vos, espero que os tengáis gran confianza en mi afecto sincero y mi voluntaria servidumbre, por el que yo me siento con suma observancia cercano a vos. Y es así, esto infundirá valor a sus otras hermanas, Altila, Cleopatra y Dido, que ahora se esconden tímidas detrás de mí, para dejarse ver. Mientras tanto, besando a V. Il. S. la honorable mano, humilmente me encomiendo a vos. A día XX de Mayo de MDLXLI D. V. IL. S Ser[vidor] Giovanbat. Cinthio Giraldi

TRAGEDIA DE M. GIOVANBATTISTA GIRALDI CINTHIO DE FERRARA

Se representó en Ferrara en casa del autor en el año M.D.XLI primero ante el Ilustrísimo Señor el Señor Ercole II de Este Duque III de Ferrara, después ante los ilustrísimos y reverendísimos Señores, el Señor Cardenal de Ravena, y el Señor Cardenal Salviati. La representó M. Sebastiano Clarignano de Montefalco. Hizo la música M. Alfonso Dalla Vivuola. Fue el arquitecto y el pintor de la escena M. Girolamo Carpi de Ferrara.

EL ARGUMENTO

Orbecche, hija de Sulmón, rey de Persia, siendo niña, infantilmente dio indicios al padre de que Selina, su esposa y madre suya, yacía con su primogénito. Sulmón, encontrándolos juntos, los mató. Algunos años después, Orbecche, sin que lo supiese el padre, tomó por marido a un joven de Armenia, llamado Oronte. Cuando Sulmón la quiere casar con un Rey de los Partos, se descubre el matrimonio oculto y que de ellos han nacido dos hijos. Sulmón finge que esto lo satisface y después mata a Oronte y a los hijos. Después regala la cabeza y las manos del marido a su hija, la cual, vencida por la indignación y el dolor, mata al padre y luego a sí misma. La escena es en Susa, ciudad real de Persia

LOS PERSONAJES QUE HABLAN

NÉMESIS Diosa
FURIAS infernales
SOMBRA de Selina
ORBECCHE hija del Rey
NODRIZA de Orbecche
ORONTE consejero
MALECCHE consejero
SULMÓN Rey
MENSAJERO del Rey
CORO
TAMUL
ALLOCCHE
MENSAJERO
SEMICORO
MUJERES DE LA CORTE de Orbecche

Acto

EL PRÓLOGO
No os debe causar ninguna sorpresa, 1
espectadores, que aquí haya venido 2
antes que nadie, separando el prólogo 3
de las otras partes de la Tragedia, 4
a hablaros, fuera de lo acostumbrado 5
en Tragedias y Poetas antiguos; 6
porque sólo la piedad por vosotros 7
me ha hecho salirme del común estilo, 8
y presentarme aquí, maravillado. 9
Pues no sin gran razón me maravilla 10
que tan altos Señores, nobles damas 11
de alta alcurnia y espíritus ilustres, 12
al margen de nuestra opinión, veloces 13
hayan venido aquí, donde no van 14
a contarse las astutas insidias 15
de Davo o de Siro a viejos avaros, 16
o dichos ocurrentes que den risa, 17
o placeres amorosos, o abrazos, 18
de amantes queridos y bellas damas 19
que os darían diversión y deleite; 20
mas llantos, suspiros, penas, afanes 21
y crudas muertes. Así pues vosotros, 22
que vinisteis por solaz y placer 23
hallaréis dolor cruel e intolerable. 24
Por eso, para evitar vuestras quejas 25
(sin tener en cuenta la antigua usanza) 26
el poeta me hace comparecer 27
a dar de lo que ha de ocurrir indicio. 28
Así que si os tenéis en buena estima, 29
marchaos, por favor, y aquí dejadnos 30
con el poeta entre tales congojas 31
convenientes a nuestra áspera suerte 32
y al mísero estado en que nos hallamos. 33
Oh, no consintáis ser espectadores 34
de tanta adversidad, de tantas muertes, 35
como han de suceder en este día. 36
¡Ay de mí!, ¿cómo podrán vuestras mentes 37
llenas de piedad y amoroso afecto, 38
y más vosotras, damas, avezadas 39
a juegos, a deleites y a solaces 40
y de natural dulces, delicadas, 41
no sentir ardua angustia de oír raros 42
infortunios, tan graves y tan crueles, 43
como los que están por suceder hoy? 44
¿Cómo podrán vuestros ojos, que lucen 45
más que rayos de sol, ver casos tales 46
y así de miserables y tan tristes 47
uno tras otro, sin derramar llanto? 48
¡Oh, marchaos, por favor, que no turbe 49
vuestra felicidad y vuestros gozos 50
y lo que tenéis de dulce, el amargo 51
e impío dolor. Después que cada uno 52
piense cuánto habéis debido alejaros 53
de vuestras casas. Quizás pensaréis 54
que os halláis en Ferrara, ciudad llena 55
de virtudes, ciudad tan feliz como 56
cualquiera que temple el sol o el mar bañe, 57
gracias a la justicia y al valor, 58
al juicio maduro y a la prudencia 59
de su Señor, que iguala a cualquier sabio; 60
pero aunque no lo creáis, todos juntos 61
(por obra oculta de nuestro Poeta) 62
os hallaréis en un instante en Susa, 63
noble ciudad persa, antigua morada 64
de reyes tan felices, como ahora 65
sede de penas y calamidades. 66
Aunque os parezca, porque no os dais cuenta 67
de que avanzáis velocísimamente, 68
que estáis en vuestra casa, estáis en ruta 69
y ya cerca de la ciudad que os digo. 70
Esta es la espaciosa ciudad real, 71
este el palacio real, más bien casa 72
de muertes y hechos sucios y nefandos 73
y de toda maldad, donde las sombras 74
y las horribles Furias pondrán pronto 75
tormento acerbo y muerte lamentable. 76
¿Aun así os quedáis?, ay, ¿por qué ninguno 77
de vosotros se va? ¿Pensáis acaso 78
que es mentira lo que os estoy diciendo? 79
Pues es la verdad, y ya estáis en Susa; 80
y cuando regreséis os daréis cuenta 81
de cuantos mares, ríos y montañas 82
tendréis que atravesar, antes que todos 83
de nuevo lleguéis a vuestra ciudad; 84
pues no os pondrá tan fácil el camino 85
de vuelta el Poeta, como ha hecho ahora. 86
Y de que aquí no hallaréis más que llanto 87
pronto veréis señales evidentes, 88
pues veo ya a la Diosa poderosa 89
llamada Némesis por los antiguos, 90
horrenda y encendida por la ira 91
que hace venir de la tartárea orilla 92
a las crueles Furias de rostro ardiente, 93
cuyo feroz y despiadado aspecto 94
temo tanto ver que ya no me atrevo 95
a seguir aquí hablando con vosotros. 96

Acto I

ESCENA I

(NÉMESIS Diosa, FURIAS infernales)
NEM.
La bondad infinita del gran Júpiter 97
templa talmente su inmensa justicia: 98
que aunque un malvado tenga grandes vicios 99
y se dedique sólo a hacer el mal, 100
y merezca un cruel y amargo castigo, 101
esperando aún Dios que se corrija, 102
reprime el azote y no le castiga 103
como merecen sus obras inicuas. 104
¡bondad del Creador eterno! 105
para atraerle al bien y demostrarle 106
mejor su bondad sublime y eterna, 107
mientras no esté del todo la esperanza 108
perdida de corregirlo, le aumenta 109
el bien y lleva todos sus deseos 110
a feliz cumplimiento. Y a menudo 111
se ve que pasa lo contrario a aquellos 112
que se esfuerzan en obrar santamente. 113
Pues quien quiere siempre hacer buenas obras, 114
en la adversidad se hace más perfecto, 115
y recurre a Dios, de todo bien fuente, 116
y de toda salud, por su socorro, 117
despreciando lo que parece dicha 118
en esta tierra; y ve que Dios permite 119
que esto suceda a los justos en vida 120
porque todo el que vive entre mortales 121
(por justo que sea) 122
contra la alta bondad de su Hacedor; 123
por eso él quiere que esta breve pena 124
los purgue en esta condición y luego 125
gocen eternamente el bien del cielo. 126
Mientras que a quien vive inmerso en el mal, 127
cuando alcanzan sus pecados la cima 128
sin nunca haber querido saber cuánto 129
los ha reclamado Dios para sí, 130
les da una amarga muerte en esta vida 131
y en la otra agrios tormentos e infinitos 132
por los breves y efímeros placeres, 133
que quizás fueron toda la merced 134
recibida por algún bien que hicieron: 135
pues así como no hay mal sin su pena, 136
tampoco sin merced existe el bien; 137
y a menudo ocurre que los pecados 138
pasan incluso a los hijos y nietos 139
que del paterno error cargan la pena. 140
Ciro puede dar fe, pues él cargó 141
con el fallo de Giges y castigo 142
recibió cuando más feliz creía 143
ser; y también pasó hasta Roboam 144
la venganza áspera de Salomón. 145
Y pues no conoce la gente necia, 146
mortal y privada de todo ingenio, 147
qué procura la eterna providencia 148
si alguna vez ve que un mal hombre goza 149
y es feliz, mientras que un hombre cortés, 150
lleno de virtudes, soporta afanes, 151
reprueba a la divina alta justicia 152
y piensa que aquella alta providencia, 153
para quien todo es patente y al punto 154
ve presente y pasado y lo que debe 155
suceder, es ciega y no se preocupa 156
de las cosas que hay aquí bajo el cielo. 157
¡Oh gente necia, vosotros que a penas 158
veis lo que tenéis ante vuestros ojos, 159
pretendéis enjuiciar al Dios supremo! 160
¡Oh loca presunción! Nada sucede 161
sin orden infinito; y yo que soy 162
segura indagadora de los hechos 163
de los mortales y con vista aguda 164
juzgo y veo aquí con entero juicio 165
lo que está oculto y lo que es manifiesto, 166
anuncio que es certísimo que nunca 167
hubo buena acción sin merced, ni nunca 168
un malvado huyó de mi áspero azote. 169
Y si bien algunas veces la pena 170
fue diferida, después sobrevino 171
tan áspera y grave que satisfecha 172
quedó mi vengadora mano diestra. 173
Así puede verse que los felices 174
pueden decir por cuál de sus errores 175
padecen luego el debido castigo. 176
Y de esto dará un ejemplo muy claro 177
este fiero tirano que creía 178
ser parejo a la alta divinidad, 179
y despreciando a Dios desde su infancia, 180
hasta hoy se ha comportado siempre mal; 181
pues cualquiera podrá ver fácilmente 182
que todo lo que hasta hoy tuvo de bueno 183
fue en su perjuicio y el de su familia. 184
Que no he venido aquí por otra cosa 185
que para dar hoy a él y a su gente, 186
que han heredado su obstinado error, 187
justo galardón por sus malas obras; 188
por eso saco del oscuro abismo 189
a las Furias con sus teas ardientes, 190
para que pongan entre él y su gente 191
no tal furor como alguna vez hubo 192
en Tántalo, en Tiestes, en Atamante, 193
sino como nunca se vio en la tierra. 194
Salid pues con las teas encendidas, 195
oh, hijas de la Noche y de Aqueronte, 196
a cumplir lo que el altísimo Júpiter 197
para dolor de Sulmón por mi os manda. 198
FUR.
Aquí estamos, potente Dea, para 199
todo lo que por ti nos sea impuesto 200
Nunca tanto fuego trajo del cielo 201
un rayo ardiente, ni Bóreas o Euro 202
pusieron bocabajo el mar tranquilo 203
con tanta fuerza, como en esta corte 204
sembraremos furor y mudaremos 205
lo que en ella es dicha en dolor y llanto. 206
Impón pues lo que debemos hacer, 207
que en un momento cumpliremos todo. 208
NEM.
Llenad pues de gravísimo furor 209
la corte impía donde Sulmón vive, 210
que dolor y no otra cosa se vea 211
y tormento, llanto y muertes; que llueva 212
sangre en toda la depravada corte. 213
Que mísero sea quien es feliz 214
y por feliz se tenga el que más sufra; 215
y que padre e hija, ardientes de ira, 216
sólo busquen el dolor y la muerte. 217
FUR.
Ahora mismo lo hemos cumplido todo. 218
NEM.
Mucho habéis hecho; regresad veloces 219
a la casa de Dite, el reino oscuro, 220
y acelerad el paso, vuestro aspecto 221
no lo soportan ni tierra, ni cielo. 222
Ya el sol oscurece, y por todas partes 223
huyen de la tierra hierbas y flores, 224
se van las frondas y frutos y ramas, 225
y el mundo se torna pálido y negro. 226

ESCENA II

(SOMBRA de Selina, mujer de Sulmón.)
[SOMBRA]
He salido de la tartárea orilla 227
a donde van ahora las tres Diosas 228
que a los réprobos en el reino oscuro 229
causan suplicio grave e inmortal; 230
(como corre la voz allá abajo) 231
han venido hasta aquí a la luz del día 232
para encender de gran furor la corte 233
del rey Sulmón, quien fue mi cruel marido. 234
Y aunque hayan de recibir tal tormento 235
él y los de su sangre, que anhelar 236
no debiera más, venir he querido 237
con permiso de Plutón, aquí ahora. 238
No es que yo crea poder añadir 239
mal a Sulmón, pues ya es éste el más grande; 240
mas al menos que este día no acabe 241
sin que yo, según lo que pueda, cumpla 242
la cruel venganza de mi amarga muerte. 243
¿Necesitabas, Némesis, sacar 244
a las perversas Furias del infierno 245
para encender de furor esta casa? 246
¿qué Furia más poderosa que yo 247
podías tener? Mas, ya que el trabajo 248
que debía hacer yo, lo hicieron ellas, 249
para no quedarme sin hacer nada, 250
también yo he traído esta letal tea 251
encendida por mí en el Flegetonte 252
para dar la luz digna de las bodas 253
de Oronte y mi proterva hija Orbecche, 254
y que, secretea, por fin se conozcan. 255
Orbecche, sí, que fue la única causa 256
de que Sulmón me hallase con mi hijo 257
y nos diese a los dos una cruel muerte. 258
Así pues después que, al áspero padre, 259
al padre traidor, al inicuo padre, 260
dé tan despiadada y horrible muerte, 261
vencida por el dolor y la angustia 262
que sufrirá cuando vea matar 263
al querido esposo y a sus dos hijos, 264
como acto de fe hacia el injusto ancestro, 265
que ella, con la mano que delató 266
mi error a Sulmón, se mate ella misma. 267
Sean las otras muertes de las Furias, 268
esta será la mía. Así vendrán juntos el abuelo, 269
la madre y los dos hijos y su padre 270
a la oscura sombra, infernal región 271
donde serán condenados a tales 272
suplicios por Minós y Radamante 273
que tendrán envidia de la cruel sed 274
de Tántalo, y les parecerá leve 275
la pena de Ticio infeliz que al ave 276
ávida da duro cebo; y el siempre 277
girar de Ixión por la voluble rueda 278
y el subir la roca por la montaña 279
de Sísifo y caer de la alta cima 280
y cualquier pena por mayor que sea 281
en la ciega prisión del negro abismo, 282
será como un placer y un pasatiempo 283
ante el tormento que les causaremos. 284
Así nos saciaremos de su mal 285
yo y el hijo que en la región estigia 286
sigue ahora, donde vaya, mi sombra 287
y me amenaza y golpea y azota, 288
culpándome a mí de su áspera muerte. 289
Sulmón, Sulmón, no te servirán techos 290
de oro, ni torres fuertes y provistas, 291
ni tener contigo infinita gente, 292
ni que te guarden hombres escogidos, 293
para escapar de que tu propia hija 294
separe con perversa mano el busto 295
de la indigna cabeza coronada, 296
y esas manos de los brazos que raudas 297
corrieron a mancharse indignamente 298
con mi sangre y la de tu primer hijo. 299
¿Pero por qué no puedo yo obtener 300
de mis penas ese poco de espacio 301
para que presenciar pueda esta ruina? 302
¿Por qué me lleváis, sombras, con vosotras 303
al fuego eterno y al eterno daño? 304
Debo volver al tenebroso horror, 305
a soportar las penas habituales, 306
pues Plutón no quiere que aquí me quede: 307
pero quiero cumplir lo que hacer debo. 308
No queda nada más para saciarme 309
que poder estar en todo presente 310
mas como lo prohíbe mi destino, 311
me llevo esta satisfacción conmigo, 312
que antes que el sol se zambulla en las olas 313
vendrán ellos a la tartárea riba 314
a soportar conmigo eternas penas. 315

[CORO]

CORO
Oh, Venus, cuyo poder tierra y mar 316
y cielo y el ciego infierno, 317
sienten y lo oculto y lo manifiesto; 318
Diosa, de cuyo superno, 319
fértil valor cada cosa mortal 320
recibe reposo y paz, 321
de quien sólo cuanto agrada, 322
sea deleite frágil o inmortal, 323
viene, como el árbol de su raíz, 324
ni puede haber satisfacción tan cierta 325
en la tierra o el cielo, sin tu viva 326
y feliz luz, que honora y que venera 327
cuanto sostiene el cielo y el sol ve¡! 328
solo tú, cuando cada cosa oscura 329
era y el honor yacía, 330
como mejor maestra de natura, 331
la disputa injusta y cruel 332
que en tenebroso horror tenía envuelto 333
las estirpes de este mundo, 334
con tu haz de luz tan fecundo 335
retiraste y lo que allí estaba oculto 336
destapaste y las cosas opuestas 337
ligaste con un nudo tan propicio 338
que, llenas de concordia y voluntad 339
amorosa, nunca se resistieron 340
ya a sentir lo que tú vales y puedes 341
Después separaste el agua y la tierra 342
y el fuego y el aire leve, 343
cuya concorde y discordante guerra 344
llenarse hizo poco a poco, 345
de peces el mar, y el aire con aves, 346
el suelo con las manadas 347
y también con arboladas 348
frondas y con flores bellas y suaves, 349
y hierbas y todas lo que está vivo 350
aquí bajo el cielo, de un polo al otro; 351
y por tus llamas ardientes y vivas 352
comenzó, con amorosa esperanza, 353
a propagarse la estirpe mortal. 354
Y no sólo, sino el sol y la luna 355
y cuantas estrellas hay 356
en el cielo, fijas o errantes, todas 357
recibieron tu poder, 358
pues sin ti en la sombra aún estarían 359
con lo demás oprimidas; 360
y aquellas mismas mentes 361
que mueven siempre los circos celestes 362
no serían nada sin tu valor. 363
Tú principio y fin de cuanto eligió 364
crear el alto Motor, 365
sólo tú haces que él con perpetua ley 366
y providencia eterna el mundo rija. 367
Después de haber sido de tantas obras 368
donosas la única causa 369
evita que muertes duras e innobles 370
y tanto dolor atroz 371
soporten estos míseros amantes 372
pues todos de drama en drama 373
van en tus llamas a arder. 374
¡Cuánta agria muerte y llantos sofocantes 375
pesan sobre sus testas, si tu fuerza 376
que enciende e inflama todo lo creado 377
no presiona al influjo celestial! 378
Que convierta en alegría y en canto 379
tan doloroso y miserable llanto. 380
Pues, Diosa sagrada y noble 381
que te mueva el justo ruego 382
a hacer que cambie o ceda el cruel destino. 383
FIN DEL PRIMER ACTO

Acto II

ESCENA I

(ORBECCHE hija del rey Sulmón, NODRIZA)
ORB.
¡Ay, qué poco duran nuestros placeres! 384
¡Qué cerca de la risa siempre el llanto! 385
NOD.
¡Oh qué doliente voz es esta que oigo! 386
Parece que sea mi Reina: debo 387
saber si es ella y qué dolor la aflige. 388
ORB.
Creo que hace como dicen que suele, 389
la falaz fortuna, enemiga mía, 390
que cuanto más placer o gozo trae, 391
tanto mayor dolor después provoca; 392
y que sus bienes fugaces no son 393
sino sombra de bien, mas las angustias 394
son más que de verdad: y en mi lo siento. 395
NOD.
¿Y qué es lo que así os aflige y oprime, 396
pues viven vuestro Oronte y vuestros hijos? 397
ORB.
¡Ay de mí, la causa de mi dolor 398
es más cruel de lo que pueda creerse! 399
Nodriza, si la muerte despiadada 400
me hubiese quitado marido e hijos, 401
quizás fuese la mujer más feliz 402
nacida en el mundo. No es que yo anhele 403
ahora ni nunca tal fin para ellos 404
(pues Oronte y ellos mi vida son) 405
mas veo que es mucho peor que ahora 406
estén vivos. El bien morir a tiempo 407
es un don del cielo. 408
NOD.
¿Pero qué es esto?
¡Ay! Mi corazón herís, Reina mía, 409
con vuestros lamentos. ¡Oh que principio 410
habéis dado a vuestro razonamiento! 411
¡Pobre de mí, qué extraño augurio es este! 412
ORB.
Extraño es, por desgracia, mi Nodriza, 413
y yo la más triste de las mujeres. 414
NOD.
¡Ay, hacéis que hasta los huesos me tiemblen, 415
viéndoos tan triste! Ay de mí, Reina mía, 416
decidme la causa de tal dolor, 417
quizás tenga remedio vuestro mal. 418
ORB.
No por esperar remedio a mi pena, 419
mas porque el corazón respira un poco 420
al desfogar graves ansias internas, 421
te diré la causa de mi gran mal. 422
Cuatro años hace ya, como tú sabes 423
que tomé por marido al fiel Oronte 424
sin decir una palabra a mi padre. 425
Y aunque de nosotros hayan nacido, 426
dos hijos; ha sido esto tan secreto 427
(gracias a tu prudencia) 428
excepto tú que eres como una madre, 429
que haya oído siquiera una palabra. 430
Y puesto que mi padre se encontraba 431
asaz débil y de años muy cargado, 432
yo pensaba que él, antes que la cosa 433
se supiese, dejaría esta vida. 434
Pero mi destino me mostró bien 435
cuán vana había sido mi esperanza 436
y qué locos son nuestros pensamientos. 437
Pues hablando ayer mi padre conmigo 438
me dijo, tras muchas otras palabras: 439
“Orbecche, ya que plugo al Rey del Cielo 440
sólo en ti conservar nuestra simiente, 441
ahora que ya has alcanzado la edad 442
de deber tomar marido, y sabiendo 443
que el Rey Selín desea desposarte, 444
que es Rey de los Partos, nuestros vecinos, 445
un joven de tal posición e ingenio, 446
que sólo esposo tuyo debe ser; 447
puesto que él ya te ha pedido mediante 448
nuestro Lamocche, y a él te he prometido, 449
quiero, por el amor que has demostrado 450
siempre y que siempre hizo que tus deseos 451
y los míos fuesen siempre los mismos, 452
quiero que te contente cuanto he hecho, 453
para que en esta mi vejez extrema 454
vea yo la sucesión de mis nietos”. 455
NOD.
Demasiado imprevisto fue este asalto, 456
como para haceros perder el juicio. 457
ORB.
Poco me faltó para caer muerta, 458
querida Nodriza, al escuchar esto. 459
Mas retomando el aliento perdido 460
y mostrando el rostro el dolor del pecho, 461
esto respondí: “Padre, aquel amor 462
que hizo siempre que vuestra voluntad 463
fuese la mía, me hace hoy declinar 464
lo que me pedís. ¡Ay de mí, mezquina!”, 465
(y con esto dejé escapar el llanto 466
que subió a los ojos por otra cosa 467
que piedad del padre) 468
pasar una hora sin vos en el mundo? 469
¡Ay!, padre, mi deseo es complaceros: 470
pero por la piedad que os tengo os ruego 471
y por el amor que me demostráis, 472
que aún no queráis de vos alejarme 473
pues sois el único y mi mayor bien”. 474
Y aquí callé, vencida por el llanto. 475
Y él, sin saber qué dolor me causaba 476
las lágrimas, me dio un beso en la frente 477
y elogió mucho mi piedad, y un día 478
de plazo me dio para que pensara 479
y volvió a sus consuetos aposentos. 480
Nunca quedó de tanta aflicción llena 481
la madre que a sus hijos devorados 482
ve por el fiero lobo, como yo 483
colma de dolor y angustiosa pena. 484
Y mientras se extendían los lamentos 485
por el seno, me he recogido aquí 486
a esperar que llegue mi fiel Oronte 487
(que ocupado en los asuntos reales, 488
para mayor dolor mío, no pudo 489
venir todavía a mis aposentos) 490
para poder tomar con él consejo 491
y ocuparnos del peligroso caso. 492
Pero como has llegado antes te pido 493
socorro en la extrema necesidad. 494
NOD.
Me gustaría mucho complaceros, 495
Reina mía, segura como estoy 496
de que habrá remedio para el dolor 497
vuestro; porque la bondad de los Dioses, 498
nunca abandona a quien confía en ellos, 499
y, como hacéis vos, los honra y venera 500
de corazón. Por eso os serán sólo 501
benignos y piadosos. Mas querría 502
que no os aflijáis tanto ni que creáis 503
que estáis privada de toda esperanza, 504
aunque os golpee duro la fortuna. 505
Porque es así nuestra vida mortal 506
como sabéis, como nave 507
en el mar a merced de olas y vientos, 508
que ve una cruel tempestad 509
abordarla con furor repentino 510
y tanta fuerza que va de una orilla 511
a la otra zarandeada 512
y ve acercarse una muerte segura; 513
y otra vez con igual rumbo, 514
sin rolar barlovento o sotavento, 515
con el impulso suave 516
de las brisas favorables 517
surca el mar salado y las quietas olas: 518
por lo que está unas veces confortada 519
y otras angustiada lejos del puerto 520
Mas no quiero que dejéis caer presa 521
del dolor a vuestra mente, 522
que de cualquier mal puede rescataros. 523
Y ahora dejadme que os vea 524
tan potente contra el destino fiero 525
que de vuestro valor obtengáis el fruto, 526
y jamás debéis creer 527
que más perpetuo sea el mal que el bien. 528
Es más, el estar sufriendo 529
ahora donde antes erais dichosa, 530
os demuestra lo tranquila 531
que con vuestro alto consorte 532
viviréis feliz y feliz hasta la muerte; 533
y que así al mal después el bien sucede, 534
como tras el placer la angustia viene. 535
Mas mejor será que volváis a casa, 536
yo me ocuparé de encontrar a Oronte 537
y llevarlo con vos: estoy segura 538
que él, con su sensatez, encontrará 539
solución a este asunto sin demora 540
y os hará ver, gracias a su buen juicio, 541
que o la Fortuna es nada, o que es mortal, 542
(como se cree) 543
en su poder, si se le opone ingenio. 544
ORB.
Ve, querida Nodriza, vete allí 545
donde sabes que suele estar Oronte, 546
y espera, si no está allí, hasta que llegue; 547
y dile, sin mostrarle mis afanes, 548
que con gran deseo lo espero en casa. 549
NOD.
Voy, Señora, y ruego que por lo menos 550
deis una tregua al dolor mientras tanto. 551

ESCENA II

(NODRIZA, ORONTE)
NOD.
Cuando conmigo misma voy pensando 552
en la inconstancia de todo lo humano, 553
veo que puesto que el mundo no es nada, 554
quien algo espera de él mucho se engaña 555
y que no hay nada aquí donde apoyar 556
pueda su pensamiento un juicio firme. 557
Y yo, con mis muchos años y tantas 558
veces como lo he visto en esta corte 559
y que he oído contar a gente varia 560
y también a muchos hombres prudentes, 561
puedo dar buena fe de todas ellas. 562
Mirad las edades y los estados 563
humanos y veréis abiertamente 564
que no es de otro modo. En primer lugar 565
la estimada infancia es la edad más triste, 566
pues es la que está privada del juicio 567
y entre el bien y el mal distinguir no sabe, 568
cosa infeliz y harto desventurada. 569
Después la juventud, en su locura, 570
no sabe hacia dónde va por sí misma: 571
lo que ayer le era grato, hoy le disgusta; 572
siguiendo ora aquél, ora este placer, 573
consume en vanidad todo su tiempo. 574
Y cuando la vejez la crin blanquea, 575
severo hace el ceño y aumenta el juicio, 576
y recuenta los años malgastados, 577
ve al fin con claridad que todo aquello 578
que le fuera grato en la edad temprana 579
fue sueño, leve sombra, humo, viento. 580
Ni la vejez tranquilidad conlleva, 581
más bien el vigor perdido y el verse 582
ir a grandes pasos hacia su fin, 583
agravan la angustia; más que los males, 584
las graves enfermedades que sufre, 585
y el ser ella misma su enfermedad, 586
turba todo placer, toda alegría. 587
Aunque es verdad que aumenta la prudencia, 588
el juicio y la sensatez, poco ayuda 589
el saber mucho para hallar sosiego; 590
porque no sólo es menester que cuide 591
de saber ocuparse de ella misma, 592
sino de las locuras de los otros, 593
de percances varios, de la fortuna, 594
y es pues enemiga de su reposo. 595
Miremos a los estados humanos 596
y veremos en todos la tristeza. 597
Si nace el hombre pobre, arrastra siempre 598
incomodo y vergüenza, y es por todos 599
despreciado; y aunque sea el más sabio 600
del mundo; se lo considera necio 601
porque hoy piensa la muchedumbre humana 602
que donde no hay riqueza, no hay prudencia. 603
Y quien se encuentre en un estado medio, 604
aspirará siempre a excelsas grandezas, 605
a favores, a honores, a altos cargos, 606
a aumentar su haber, pero no halla nunca 607
nada que lo satisfaga y lo sacie: 608
es más, ahogado un deseo, surge otro, 609
y aquel otro es principio de uno nuevo. 610
¿Qué diré de los que llevan coronas 611
en las testas y cetros en las manos, 612
que felices parecen y contentos? 613
Parece que algunos de ellos no sean 614
mortales. Pero son tantos tormentos, 615
tantas angustias, los que hay bajo aquellas 616
purpúreas prendas, tantos pensamientos 617
molestos y tantas cuitas que oprimen 618
ay de mí, aquellas soberbias coronas, 619
que quien se acerca y la verdad vislumbra 620
ve que es un mar de cuitas el imperio. 621
Además, los reyes más grandes siempre 622
sospechan del veneno, de las armas, 623
de traiciones cercanas, y a menudo 624
envidian las chozas y a los más viles. 625
Esto sería un juego, si supiesen 626
escoger su bien las mentes humanas; 627
pero suelen creer que lo que tienen 628
es lo mejor, mientras que es lo peor. 629
Así puede decirse como han dicho 630
ya muchos sabios, que sólo es feliz 631
aquél que nunca nace en este mundo 632
o el que justo después de nacer, muere: 633
y así huye, como si se lo llevase 634
un incendio, de la inconstante suerte. 635
Quien vive en las duras y horribles olas 636
del mar de esta vida, está a merced siempre 637
del hado, el cruel destino, la fortuna; 638
y ejemplo de ello puede dar mi Reina 639
al resto, pues en ella guarda el mundo 640
sus condiciones, comunes a todos 641
No quiero decir que la causa de esto 642
sea haberse casado con Oronte; 643
porque, mires donde mires, verás 644
que la penitencia está a todas horas 645
detrás de cualquier hombre, haga lo que haga 646
y aunque mantenga los ojos abiertos. 647
Es verdad que me duele el corazón 648
de verla tan afligida y tan triste. 649
Y si pudiera cargar con las ansias 650
que la atraviesan con ferocidad, 651
la descargaría de cualquier pena. 652
Mas no pudiendo más de lo que puedo 653
y no habiendo llegado aún Oronte 654
aquí donde tan a menudo viene, 655
intentaré encontrarlo en otra parte 656
y llevarlo a ella; pues gran placer 657
hay en compartir las propias angustias 658
con la persona amada y de la cual 659
cabe esperar ayuda o fiel consejo. 660
Mas lo veo ahora salir de casa. 661
Hace un buen rato, Señor, que la Reina 662
reclama veros y tratar con vos. 663
ORON.
Volved a casa y decidle que voy. 664

ESCENA III

(ORONTE, ORBECCHE)
ORON.
Difícil con olas duras y crueles, 665
que el mar airado levanta y refuerza, 666
mantener firme el timón. Mas no debe 667
el experto nauclero perder tanto 668
su arte y que la ira del mar lo venza 669
sin enfrentar su furia; pues valor 670
vence a menudo a la cruel tempestad. 671
ORB.
No menos mísero que yo es Oronte 672
si los actos muestran el corazón. 673
ORON.
Y si al final en el mar se sumerge, 674
gran satisfacción es no haber dejado 675
de hacer nada que pudiera salvarle. 676
Pero antes que yo ceda a la vil suerte 677
que tan imprevistamente me asalta, 678
usaré toda mi fuerza y mi ingenio. 679
Y (si no me enfrento a tretas ocultas) 680
por el Rey que todo gobierna espero 681
vencer al fin a la fortuna inicua. 682
ORB.
Ay de mí, ¿qué será? ¿se habrá sumado 683
un nuevo dolor a nuestra aflicción? 684
ORON.
Mira cómo son las cosas del mundo: 685
que queriendo maridar a su hija 686
el Rey me manda a mí, que soy su esposo, 687
desde hace años, a que la disponga 688
a tomar por marido al Rey Selín. 689
ORB.
Lo veo muy triste; voy a su encuentro 690
y juntos plañiremos nuestros males. 691
ORON.
Por allí veo que se acerca Orbecche 692
toda melancólica lagrimando 693
y pienso que sea por esta causa: 694
mas será mejor que vaya a su encuentro 695
con rostro alegre, aunque cruel sufrimiento 696
encierre el corazón, aunque es difícil 697
que en la cara no se muestre el dolor. 698
Dios os dé, alma mía, paz y contento: 699
¿Qué vano pensamiento os mueve al llanto? 700
ORB.
Ay, ¿qué preguntáis, Oronte? Jamás 701
tuve tanta razón de lamentarme 702
ni vos, si conocieseis mi dolor. 703
Ay, llegó aquella hora y llegó aquel día 704
que sólo pueden los más infelices 705
ser para ambos. Pues mi padre me quiere 706
casar con Selín, gran Rey de los Partos, 707
y forzoso es ahora que se sepa 708
lo que nos hará penar para siempre. 709
ORON.
Decid Reina, ¿dónde está aquel coraje 710
que me mostrasteis cuando en vuestro esposo 711
me convertí? ¿dónde está aquel real 712
ánimo que os hizo aparcar el miedo 713
cuando preferisteis tenerme a mí 714
más que al reino? ¿o no pensasteis entonces 715
que el tiempo, que al final todo descubre, 716
iba también a hacer bien manifiesto 717
lo que a escondidas nosotros hicimos? 718
No lo creo por la clarividencia 719
que sé que hay en vos, por vuestra prudencia. 720
¿Si ante tal temor tuvisteis mayor 721
coraje entonces, de qué sirve ahora 722
tanto penar? En vano aquel soldado, 723
vida mía, toma en mano las armas, 724
si, cuando encuentra a su enemigo, tiembla. 725
No os extraviéis: la cruel suerte al cobarde 726
vence, pero si un corazón invicto 727
se le opone, sale al fin derrotada; 728
pues no hieren sus saetas a quienes 729
se hacen un escudo con su virtud. 730
Vuestro padre me ha dicho a mí lo mismo 731
y a vos me envía para que consiga 732
que os dispongáis para tomar marido: 733
y aun así no estoy de aflicción tan lleno 734
como lo estáis vos. Ahora tomad, 735
vida mía, vuestro valor invicto 736
y mostraos así en la adversidad 737
como os he visto cuando os secundaba 738
la Fortuna; y ocupémonos juntos 739
de este nuevo caso pero sin llanto 740
pues ¿si nosotros nos desesperamos, 741
quién nos podrá ayudar o dar consejo? 742
ORB.
Parece que ignoréis cuán cruel e impío 743
es mi padre y lo poco que valora 744
estado, imperio y honor, a sí mismo 745
y a sus hijos cuando quiere vengarse. 746
¿Creéis que se mostrará más clemente 747
ahora que cuando mató de un golpe 748
sin piedad a mi madre y a mi hermano? 749
ORON.
Diferente fue aquello; y bien mirado, 750
no merecían otra merced ambos, 751
sino cruel y amarga muerte. ¡Qué error 752
grave que ella violase la fe 753
dada al marido, y que el hijo apreciase 754
tan poco, la piedad debida al padre 755
y que yaciese con su propia madre. 756
ORB.
Se podría creer que el grave ultraje 757
lo hubiese inducido a tan cruel venganza, 758
si sólo hubiera sido cruel con ellos; 759
¿pero acaso ignoráis a cuantos otros, 760
sin ninguna culpa, él ha matado? 761
¿qué error le hizo asesinar a su hermano, 762
que era más bueno que cualquier mortal? 763
ORON.
Eso lo causó el anhelo del reino, 764
que suele poder más que la piedad 765
Pero dejando de lado este caso, 766
no tengo nuevas de que vuestro padre 767
haya sido más cruel que cualquier otro; 768
tampoco de que algo sea tan firme 769
que no se pueda cambiar con el tiempo 770
ni corazón tan obstinado y duro 771
que el largo camino no ablande un poco. 772
El Rey Sulmón es viejo y la vejez 773
suele atenuar algo ira y orgullo 774
y templar la encendida sangre en parte, 775
de modo que el furor muda en razón. 776
Mas por grave que sea el error nuestro 777
y seamos dignos de una cruel pena; 778
la edad madura a la que ahora llega, 779
que suele conllevar piedad y juicio, 780
hará ver al Rey más claro que el sol 781
que su error sería mayor que el nuestro 782
si él, que por edad es sabio y maduro, 783
hiciese algo del todo irreversible, 784
dejándose llevar por su crueldad. 785
¿Qué pasaría después de matarnos 786
a ambos y a nuestros dos hijos? ¿quizás 787
que yo no fuese ya vuestro marido? 788
¿Qué no fueseis vos, como sois, mi esposa? 789
No dudo que si la ira lo empuja 790
al mal, también la razón le hará ver 791
lo que sería mejor; y aunque ceda 792
un poco de espacio a la ira, creo 793
que él no será tan cruel como pensáis: 794
pues viene y huye rápido la ira, 795
y si el ímpetu en seguida no sigue, 796
ella se queda tal como la abeja, 797
tras perder el aguijón con que pincha. 798
Y aunque quiera después recrudecerse, 799
mi querida esposa, contra nosotros, 800
de nada sirve quejarse y dolerse; 801
prefiero que me aflija o atormente 802
la crueldad ajena y no nuestro miedo. 803
Pero dejemos ya de suspirar: 804
pensando en lo que mejor nos conviene, 805
sería bueno (cuando vos queráis) 806
que hable yo con Malecche, en quien confía 807
nuestro rey, y de corazón nos ama; 808
y le ruegue que como mejor crea 809
dé noticia al rey de esto. Por los Dioses 810
espero que el ingenio de Malecche 811
apacigüe esta tempestad horrenda 812
que, nacida de nuestra calma, tanto 813
la amenaza. 814
ORB.
Oronte, yo estoy confusa
y no sé dónde dirigir la mente. 815
No hay cosa alguna que me dé esperanza, 816
y muchas me causan un temor arduo. 817
Con los años ha crecido en mi padre 818
el ánimo feroz y aunque ha cambiado 819
el pelo, todavía lleva el hábito. 820
Mas como en los casos crudos y extremos 821
debe seguirse el consejo más sabio, 822
haced lo que a vos parezca mejor; 823
y de todo lo que hagáis, yo también 824
me daré por contenta y satisfecha. 825
ORON.
Así pues iré a buscar a Malecche: 826
mientras, quedad tranquila y esperad 827
que los Dioses sean también benignos. 828
ORB.
Dios quiera que así sea, pero temo 829
que sucederá todo lo contrario. 830
No me dejéis mucho tiempo sin vos, 831
tanto si es la nueva buena o cruel. 832
ORON.
Así lo haré: quedad en paz 833
ORB.
Adiós.

ESCENA IV

(ORBECCHE sola)
[ORBECCHE]
A veces el mísero aprecia poco 834
cualquier esperanza y lo peor teme; 835
y otras parece que el más grande anhelo 836
vaya a tener el final deseado. 837
Así me encuentro entre estos dos opuestos 838
debatiéndome, pues por una parte, 839
ser la única hija del Rey Sulmón, 840
quien quiere tanto a Oronte como a un hijo, 841
y la piedad que él siempre me ha mostrado 842
aunque él sea más cruel que cualquier otro, 843
y los grandes elogios que de Oronte 844
ha hecho tan abiertamente me dan 845
cierta esperanza. Mas por otra parte, 846
que Oronte haya nacido de vil sangre 847
(siguiendo la opinión del vulgo necio 848
que cree gentil a quien mucho oro tiene) 849
y pudiendo darme a un Rey por esposa 850
el Rey mi padre, a tal temor me induce 851
que tiemblo como el pato que ve encima 852
suyo al fiero azor para devorarlo. 853
Bien es cierto que si él se propusiese 854
con buen juicio mirar todas las partes, 855
y considerar qué es justo, e impidiese 856
que pudiesen más el oro y la sed 857
del reino y del haber, que la virtud, 858
estoy segura que ya no vería 859
como tal mi error, sino que por digna 860
de elogio me tendría, por haber 861
querido a un hombre a quien no ciego error 862
o deseo loco, sino el buen juicio 863
me hizo elegir entre otros mil ilustres, 864
aunque fuera pobre, y no a un Rey potente 865
apto más para cualquier vil oficio 866
que para asir en mano el real cetro. 867
Por mucho que éste parezca a mi padre, 868
con la vista enturbiada por su estado, 869
el primer Rey que ciñese corona: 870
como si no supiese que más vale 871
a la mujer un hombre cuyo oficio 872
sea de oro, a que el oro ocupe a un hombre. 873
Mas el hambre de tener tanto crece 874
que en el mundo sólo el oro se aprecia. 875
Pobre y desnuda va la virtud misma. 876
¡Necia idea del vulgo pecador 877
ay grave error que enturbia ojos mortales, 878
cuántos yerran en esto! Mas dejando 879
de lado esto, y volviendo a mí, yo veo 880
que nada más me hace infeliz y triste 881
que el ser mujer. ¡Oh sexo con el mundo 882
reñido, lleno de angustia y miseria 883
que detestas, más que al otro, a ti mismo! 884
(si contemplo nuestro mísero 885
estado, mujeres) 886
tan penosa suerte entre los humanos 887
que sea más infeliz que la nuestra. 888
A menudo desde el vientre materno 889
(por el don que nos da Naturaleza, 890
de los demás Madre, nuestra madrastra) 891
ya somos odiadas por nuestro padre. 892
Y si todo animal nace en la tierra, 893
por vil que sea en total libertad 894
(don más valioso que la propia vida) 895
nosotras para cadenas y cepos 896
nacemos, ay, y para servir siempre. 897
Porque en cuanto podemos conocer 898
algo, aunque seamos tiernas doncellas, 899
vivimos siempre bajo arbitrio ajeno, 900
como a perpetua cárcel condenadas, 901
siempre con temor, sin poder siquiera 902
mirar un momento donde no quiere 903
quien nos cuida. Y luego cuando aspirar 904
deberíamos un poco y tener 905
al menos de nuestra elección marido 906
(aunque no cambiemos suerte ni estado, 907
sino pongamos otro yugo al cuello) 908
la madre, el padre o el hermano u otro, 909
a cuyo severo arbitrio nos dieron, 910
ligan nuestros deseos a los suyos 911
y conviene casarse con quien a ellos 912
plazca. Y a nosotras, que con la dote 913
compramos maridos y hasta la muerte 914
debemos vivir con ellos, a un tal 915
que más disgusta que el propio disgusto. 916
Y si escogemos marido nosotras 917
y queremos contentar nuestro anhelo, 918
dura sentencia nos cae y sentimos, 919
con gran dolor, qué conlleva incumplir 920
la voluntad ajena. Y quien lo dude 921
que se fije en mí y observe mi suerte. 922
Pues no ayuda reino ni real sangre, 923
ni púrpura, ni cetro, ni corona 924
me permite escapar de este destino. 925
Es más, cuando mayor veo mi estado, 926
tanto más grave espero la sentencia. 927
¡Mejor no haber venido al ciego mundo, 928
o haberme muerto a una tierna edad, 929
antes que verme en este cruel estado! 930
¿Pero por qué añado más llanto al llanto, 931
y quejas a los lamentos? En vano, 932
suspiro y el dolor me sobrepasa 933
al querer desfogar el corazón. 934
Mas encerrando el dolor en el pecho 935
esperaré lo que de mi dispongan, 936
mísera y triste, los contrarios hados. 937

[CORO]

CORO
Como el río corriente que discurre 938
siempre, y jamás es una misma la ola, 939
sino que a la primera, la segunda 940
la sucede y otra a esta; 941
así nuestra vida mortal transcurre 942
y no somos hoy aquellos 943
que ayer éramos y rauda 944
más que saeta a escondidas se acerca 945
la débil vejez de blancos cabellos 946
acompañada de dolientes penas 947
¡Triste quien tiene esperanza 948
en las cosas mortales! Cuánto yerra 949
quien cree en la tierra poder ser feliz, 950
donde en incesante guerra 951
se encuentran siempre las cosas! 952
Y si alguna vez pasa que mitigue 953
algún placer el mal, causa en seguida 954
mayor dolor y si el bien aparece, 955
como la nieve al sol, pronto se esfuma. 956
¿Pues por qué se enturbia nuestra visión? 957
¿Por qué nuestra mente 958
pone sus esperanzas 959
en lo que aprecia más la necia gente? 960
¿No siente ella, no siente 961
que lo que gusta al mundo es humo y sombra 962
que inunda los corazones mortales? 963
Feliz quien puede elevar 964
el ardiente pensamiento 965
donde nada enturbia el placer de veras, 966
y así el corazón despeja 967
deseos vanos y esperanzas 968
que de cuanto le hizo falta 969
entre nosotros nunca antes 970
se convirtió en tan esquivo 971
que no sólo se lamenta 972
de haber sido privado el bien cierto, 973
sino que mucho más claro que el sol 974
ve que son todos de vidrio 975
los placeres mundanos 976
y más volubles que los leves vientos. 977
Y quien lo dude, que fije 978
(dejando atrás la vanidad mortal) 979
los ojos en las penas duras y ásperas 980
de estos dos amantes por los que ruego, 981
que se tenían por los más felices. 982
¿Quién hay que justos estime 983
y no considere insanos 984
nuestros placeres y cual fugaz sombra 985
todo lo que nos deleita y complace? 986
FIN DEL SEGUNDO ACTO

Acto III

ESCENA I

(MALECCHE solo, consejeros del Rey)
MAL.
Yo veo en este día pasar cosas 987
que me hacen pensar sin ninguna duda 988
que la prudencia humana poco ve 989
y aunque nada más hubiera, esto sólo 990
que ahora en casa me ha relatado Oronte, 991
mucho más claro que el sol me lo pone. 992
Muchas veces he rogado a Sulmón 993
que diese a Oronte por marido a Orbecche, 994
y aduciéndome él algunas reservas, 995
a fe débiles, siempre ha rehusado 996
querer hacerlo; y como si pensase 997
que su hija fuese menos dada que otras 998
a amar y no supiese él cuánto pueda 999
la mirada, la palabra o la risa 1000
despertar en alguien de amor la llama, 1001
ha dejado conversar tan de cerca 1002
a estos dos juntos, que la cosa tuvo 1003
el efecto que debía, pues nunca 1004
pensé que otra cosa ocurrir pudiera 1005
que lo que parece que ha sucedido. 1006
Que jóvenes tiernas y delicadas, 1007
criadas en el ocio y el deleite 1008
conversen con jóvenes gentiles 1009
sin encenderse entre ellos llama ardiente, 1010
es de necios pensarlo. Siempre tiene 1011
Amor arco y flechas en mano a punto 1012
para herir; por lo que quien esto quiera 1013
censurar, no quiera librar de culpa 1014
al Rey Sulmón: con perdón de su Alteza. 1015
¿No sabía lo que cuesta poner 1016
freno al deseo, cuando el acomodo, 1017
la edad, el amor, la belleza ajena 1018
espolea el pecho al juego amoroso? 1019
Mas regresando al punto de partida, 1020
aunque me satisfaga que al fin sea 1021
Oronte el marido para mi Reina, 1022
pues creo que fue la naturaleza 1023
quien para tal fin les había hecho, 1024
me angustia gravemente que el Rey nuestro 1025
no haya intervenido y estoy seguro 1026
que cuando él lo sepa todo al furor, 1027
al ímpetu, a la ira se dará. 1028
Y ya creo ver cómo le arde el rostro, 1029
y lo difícil que será aplacarlo: 1030
sea porque ya ha prometido a Orbecche 1031
al Rey Selín, o porque los Señores, 1032
los Reyes llevan consigo este vicio, 1033
que si rehúsan una sola vez 1034
a alguna cosa, aunque esta sea buena 1035
y útil y honorable para su ser, 1036
porque pueda ser buena para el reino, 1037
para que no parezca que han errado, 1038
nunca quieren rebajarse y hacerla. 1039
Yo sé que el Rey consideraba a Oronte 1040
digno de su hija y que siquiera él mismo 1041
sabía encontrarle mejor marido; 1042
pero la obstinación tanto ha podido 1043
que la razón ha salido vencida 1044
y ha despreciado cualquier fiel consejo. 1045
Así temo que el desdén y la ira 1046
hagan que esto tenga efectos siniestros. 1047
Mas puesto que Oronte mucho me ruega 1048
que desvele esto a mi Señor e intente 1049
de la mejor manera que yo pueda 1050
para que se contente con lo ya hecho 1051
y acepte la divina voluntad, 1052
aunque creo que he asumido una dura 1053
empresa que me parece imposible, 1054
no cejaré hasta que todo mi ingenio 1055
haya usado en intentar cualquier cosa 1056
para que haya entre ellos paz y contento: 1057
sea por ser útil a todo el reino, 1058
sea por el bien común de ambas partes. 1059
Mas no quiero ir donde el Rey, como suelo, 1060
cuando por los sucesos y las gestas 1061
de la corona conversamos juntos. 1062
Esperaré que venga a descansar 1063
aquí como suele, libre de cuitas: 1064
pues es la ocasión la que a veces da 1065
lo que sin ella nunca se obtendría; 1066
y con la mejor ocasión que entonces 1067
se me brindará, cumpliré mi encargo. 1068
Veo que él viene: voy a retirarme 1069
aquí a un aparte y fingiré no verlo 1070
y esperaré hasta que me haga llamar 1071
por un mensajero, antes de moverme, 1072
por no dar a entender que lo esperaba 1073
para sonsacarle alguna palabra. 1074

ESCENA II

(Rey SULMÓN, MENSAJERO, MALECCHE)
SUL.
¿El que allí veo es Malecche? 1075
MEN.
El mismo.
SUL.
Ve a él y dile que venga conmigo 1076
y contigo rápido.. 1077
MAL.
Me parece
cruelmente turbado a primera vista 1078
el Rey, lo que no es habitual en él 1079
cuando aquí viene, ni imaginar puedo 1080
el motivo que le hace estar así, 1081
pues las cosas del reino están tranquilas; 1082
a no ser que hoy haya sucedido algo 1083
que aún no haya llegado a mis oídos. 1084
Poder hablar hoy con él sobre Oronte 1085
será imposible. 1086
MEN.
Nuestro Rey os llama,
Señor Malecche. 1087
MAL.
Voy, mas por favor
dime, si quizás sabes, ¿qué hace que él 1088
esté tan turbado aparentemente? 1089
MEN.
No sé, Señor, mas gran dolor lo oprime 1090
y creo que está en la corte la causa 1091
del dolor y que no es ninguna broma: 1092
pues no suele un gran Rey por cosas leves 1093
dejarse llevar por ira y desdén 1094
ni mostrar tan expuesto el corazón. 1095
MAL.
¿Qué quiere de mí vuestra alteza? 1096
SUL.
Id
vosotros a casa. Lo sabrás pronto 1097
y verás que hoy ya no se encuentra fe 1098
ni piedad en el mundo; y que no puede 1099
un Rey mantener la fe en la familia 1100
si sus propios hijos cometen fraude. 1101
MAL.
Por otra vía el rey lo habrá sabido: 1102
cualquier secreto al final se descubre. 1103
SUL.
Mi hija, en quien depositado había 1104
toda mi esperanza, todo mi bien, 1105
por quien sólo anhelaba yo vivir 1106
lo poco que me queda satisfecho, 1107
me ha demostrado lo loco que ha sido 1108
mi pensamiento y qué infieles e ingratas 1109
son las mujeres, que a lo peor siempre 1110
se aferran. Esta que puede a Selín, 1111
uno de los grandes reyes del mundo, 1112
tener por marido, tomó a un nacido 1113
de sangre vil, que se en mi corte creció 1114
desde sus primeros años. 1115
MAL.
¿Y quién
ha sido el tal? 1116
SUL.
Ese traidor de Oronte
que siempre se demostraba tan fiel: 1117
y ya dos hijos suyos han nacido. 1118
MAL.
¿Y dónde os habéis enterado de esto? 1119
¿Quizás por ellos? 1120
SUL.
No, por la Giglietta,
su camarera, que oyó sus lamentos 1121
después de decirle a ella que la iba 1122
a dar a Selín y mandarle a él 1123
a pedir que acatase mis deseos. 1124
Oh, si tú hubieses visto con qué cara 1125
escondió la deslealtad Oronte 1126
cuando yo esto le ordené y que dispuesto 1127
se mostró a cumplirlo, en verdad dirías 1128
que nadie había tan fiel en la corte. 1129
Y si hubieses oído las palabras 1130
de mi depravada e inicua hija 1131
y oído las quejas y visto el llanto 1132
que derramó de los ojos, fingiendo 1133
amor por mí, seguro creerías 1134
que jamás hija alguna hubiese amado 1135
a un padre, como esta mostraba amarme. 1136
Pero que estén seguros que obtendrán 1137
de mi un galardón digno de su error. 1138
Pero antes de disponerme a vengarme, 1139
he querido que sepas cuánto debo 1140
presumir yo de hija y servidor 1141
y urdir contigo de qué modo puedo 1142
vengar completamente tal ultraje: 1143
que gran venganza alivie grave injuria. 1144
Así que anhelo oír qué te parece 1145
que debo hacer ante tan grave ofensa. 1146
MAL.
Lamento, Señor, que algo haya pasado 1147
que tanto os disguste y si yo pudiese 1148
hacer que el hecho no fuese, yo haría 1149
lo que conviene que haga un siervo fiel. 1150
Pero puesto que esto no puedo hacerlo 1151
y vos me pedís que os diga qué pienso, 1152
os digo, Señor, ya que no hay remedio 1153
que será mucho mejor que vengarse 1154
acomodarse al tiempo, a la fortuna, 1155
que así se ve la prudencia del hombre. 1156
Nadie hay que la fortuna favorable 1157
no sepa conllevar con alegría, 1158
pero pocos son los que la fortuna 1159
adversa toleran prudentemente. 1160
Y como se conoce a un buen nauclero 1161
cuando hay mala mar y el temporal crece 1162
mucho más que si el mar yace sin olas, 1163
así el valor de un hombre y su juicio 1164
en la contrariedad se ven completos. 1165
Mucho mejor sería que su alteza 1166
perdonase el yerro y considerase 1167
yerno fiel a uno, e hija a la otra. 1168
Sea porque el padre imponga a los hijos 1169
penas pequeñas por sus grandes yerros, 1170
o porque cualquiera puede vengarse, 1171
pero el perdón hace al Señor gentil. 1172
Cuanto más alto estado tiene un hombre, 1173
más aplacable debe ser su ira, 1174
y cuanto menos el mundo lo observa 1175
más obligado se debe sentir, 1176
que el corazón a ser cortés lo inclina. 1177
SUL.
¿Tener por hija a una que por padre 1178
no me tiene? ¿Y por fiel a quien me engaña? 1179
Más simple sería que cualquier necio 1180
si dejase entrar esto por mis ojos 1181
y no demostrase a los dos lo grave 1182
que es tener por un Rey poco respeto. 1183
Verá así aquel traidor, verá la hija 1184
(si hija esa mujer puede llamarse) 1185
lo que hacer pueden cetros y coronas 1186
y si yo a ambos sabré demostrar 1187
(como a tantos) 1188
MAL.
Señor, ni los cetros ni las coronas 1189
ni vengar ultrajes han revelado 1190
nunca a ningún Rey. 1191
SUL.
¿Y qué lo revela?
¿mostrarse a quien sea como objetivo 1192
donde erigir cualquier nefanda injuria? 1193
MAL.
No digo que esto deba hacer a un rey, 1194
sino alma gentil, corazón invicto, 1195
prudencia firme y sensatez capaz 1196
de dominar, más que a nadie, a sí mismo; 1197
esto es poseer un mayor imperio 1198
que si a un rey sirviesen alba y ocaso. 1199
¿Cómo puede ser que alguien rija a otro 1200
y no sepa regirse? La mejor 1201
prueba de que un hombre es digno de imperio 1202
es no dejarse vencer por la furia 1203
que a menudo lleva donde no hay que ir. 1204
Y si es así, como en verdad parece, 1205
¿qué otra prueba mejor, alto Señor, 1206
podréis dar de ser un Rey de verdad, 1207
que esta que tenéis ahora delante? 1208
SUL.
¿Quieres que crea que lo blanco es negro 1209
y que el mal manifiesto torna en bien, 1210
Malecche? ¿como si fuese un muchacho 1211
y no supiese discernir verdad 1212
de mentira? Loco estás. 1213
MAL.
Decid todo
lo que queráis de mí, Señor, que todo 1214
lo que de vos viene es honor y estima. 1215
Pero os ruego que queráis escuchar 1216
(pues habéis preguntado) 1217
que por eso no se os quita el arbitrio 1218
de hacer lo que sea de vuestro agrado. 1219
Y os ruego también que tengáis por cierto 1220
que no os diré nada más que verdad 1221
y que aprecio mucho más vuestro bien 1222
que el mío propio, ni el de nadie más. 1223
SUL.
Sigue pues. 1224
MAL.
Invicto, Señor, yo creo
que cuanto más acerca un hombre su alma 1225
a la virtud, sólo propia del hombre, 1226
más hombre que cualquiera se descubre. 1227
Cuanto más humano ante otros se muestra, 1228
más justamente puede llamarse hombre 1229
Después creo que cuanto más honor 1230
a su gran mérito el de otros añada 1231
tanto más su gloria y su valor crecen. 1232
Y por estas causas concluyo ahora 1233
que si queréis que todo el mundo diga 1234
que por cuanto superáis en potencia 1235
y estado a cualquier mortal muy de largo, 1236
también mucho y mucho lo aventajáis 1237
mostrándoos hombre. Debéis perdonar 1238
a vuestra hija y a Oronte; y la gloria 1239
que obtendréis al perdonar tal error 1240
aumentará todos vuestro honores. 1241
Que aunque ahora seáis muy elogiado 1242
por haber vencido en tantas batallas, 1243
derrotado a los pueblos enemigos 1244
y extendido el límite del imperio 1245
más de lo que nunca hizo un Rey de Persia, 1246
no considero que pueda igualarse 1247
a éste aquel elogio. Pues no hay fuerza 1248
tan grande en el mundo ni tan gran número 1249
de gente armada y torres bien provistas 1250
que no puedan ser del todo vencidas 1251
por el hierro, el valor y la potencia. 1252
Mas vencerse a uno y templar la ira 1253
y perdonar a quien merece pena 1254
y en la misma ira, que es enemiga 1255
de la prudencia y del consejo ajeno, 1256
mostrar juicio, valor, piedad, clemencia, 1257
no sólo algo de invicto Rey estimo 1258
sino de hombre que se asemeje a un Dios. 1259
Esta es, esta es la única victoria 1260
verdadera en el mundo, y sólo de esta 1261
Debe jactarse un Rey sobre las otras: 1262
porque en tal victoria no hay ningún mérito 1263
que sea de soldados o fortuna, 1264
sino toda del Rey es esta gloria. 1265
Mas yo quiero, Señor, que estéis seguro 1266
de que perdonando este yerro, como 1267
debéis perdonarlo, no sólo a vos, 1268
sino a la victoria misma venceis; 1269
y que no habrá gente ni lengua alguna 1270
que no eleve vuestro nombre hasta el cielo 1271
por tan honorable y tan bella acción. 1272
SUL.
Es fácil dar consejo a los demás, 1273
mas si tú fueras yo, no lo dirías. 1274
MAL.
Señor, por esa fe que a vos me une 1275
y me hace leal y fiel siervo vuestro, 1276
nada más os digo que lo que siento 1277
y lo que yo haría si fuese vos. 1278
Y si me pareciese que a vos place 1279
que continuase tratando de esto 1280
quizás, además de lo que ya he dicho, 1281
os haría ver con más eficacia 1282
(no por creerme más sabio que vos, 1283
que en prudencia no hay mortal que os supere, 1284
mas porque sé que la ira a menudo 1285
nubla la vista a quien le hace más falta) 1286
que debe hacerse sólo lo que os digo, 1287
de tal manera que también diríais 1288
que digo verdad. 1289
SUL.
Di lo que te plazca
sin ningún temor, que me gustará 1290
oírte. 1291
MAL.
Entonces, gran Señor, yo digo
que no es, como vos decís, un traidor 1292
Oronte, por haber cometido esto. 1293
Bien se le podría llamar traidor 1294
si a vuestra hija hubiese deshonrado 1295
sin que fuese su esposa, como muchos 1296
hacen hoy en día. Mas puesto que ella 1297
es su mujer, no veo en esto nada 1298
que yerro de amor no pueda llamarse. 1299
Y si ahora os queréis ensañar tanto 1300
contra este que con tan sólida fe 1301
ha amado y ama a vuestra amada hija, 1302
¿quién bien podría consagrarse a vos? 1303
Debe perdonar yerros como éste 1304
un corazón magnánimo, cual hizo 1305
Pisístrato cuya hija fue besada 1306
por el amante en medio de la calle. 1307
Él no recurrió a cadenas, ni cepos 1308
o a martirio o a muerte, como muchos 1309
de los suyos querían; mas sabiendo 1310
(por clara experiencia y ejemplos ciertos) 1311
que un joven mal se resiste a las llamas 1312
del amor, excusó al ardiente amante 1313
y le perdonó el error cometido: 1314
prefiriendo que la razón le hiciese 1315
digno de él, más que dejarse llevar 1316
por la ira más allá de justicia; 1317
sabiendo que le sigue a la venganza 1318
hecha sin motivo, la penitencia, 1319
la cual, siendo intempestiva y tardía, 1320
trae sólo al hombre dolor y angustia. 1321
Quizás diréis que la razón que os lleva 1322
a vengaros de Oronte es el estado 1323
vil en que nació, distinto del vuestro, 1324
tan alto, en todo. Y yo os digo, Señor, 1325
que el ser nacido Oronte de vil sangre 1326
(y por lo que hasta ahora hemos sabido, 1327
quizás sería también lo contrario) 1328
no debe encenderos en contra suya. 1329
Y sin sacar a colación que todos 1330
hemos nacido de un mismo principio 1331
y que iguales nos produjo Natura; 1332
si la ciega, rea y falaz fortuna, 1333
enemiga de espíritus gentiles, 1334
hubiese contemplado la virtud, 1335
que lo hace exceder la nobleza ajena, 1336
digno sería Oronte de un imperio; 1337
y me basta con vuestro testimonio 1338
para probar esto: porque teniéndolo 1339
como siervo desde que era un muchacho, 1340
cuando habéis percibido su valor, 1341
le habéis dejado en esta tierna edad, 1342
todo vuestro estado en sus manos, antes 1343
que a ningún otro de los más maduros 1344
de vuestra progenie. Por lo que elogio, 1345
(si puedo decir 1346
lo que siento) 1347
la sensatez de vuestra hija que 1348
vos condenáis: por haber preferido 1349
ella a un hombre de baja condición, 1350
pero ánimo real, a un Rey que tenga 1351
un gran imperio y corazón vulgar. 1352
Que porque Oronte sea pobre debe 1353
seros menos querido, que el haber, 1354
los bienes de la fortuna, que hoy son 1355
de uno y mañana de otro, son caducos: 1356
vienen y van como olas a la orilla: 1357
y a menudo vemos que los que tienen 1358
las arcas repletas de oro y de plata 1359
tornan en mendigos y los mendigos 1360
alcanzan los cetros y las coronas. 1361
Y por esto yo no he apreciado nunca 1362
a quien se hace llamar noble o gentil 1363
por mucho haber, como los demás hacen. 1364
(bien permanente 1365
del hombre) 1366
y que vale más que cualquier riqueza. 1367
Y diré más: que la pobreza honesta, 1368
acompañada de nobles virtudes, 1369
ha sido antepuesta por los más sabios 1370
a reinos e imperios; y han estimado 1371
a un hombre poderoso, tanto cuanto 1372
en él han visto virtud. Mas si aún 1373
para vos cuentan sólo grandes reinos, 1374
puede vuestra alteza, Señor, poner 1375
remedio a este ultraje y tan grave injuria 1376
que la Fortuna inicua hizo a Oronte. 1377
SUL.
¿Es que puedo yo hacer de una paloma 1378
un águila? ¿o de un ratón, león fiero? 1379
MAL.
Sí que podéis, Señor, cuando gustéis: 1380
Porque al no tener a nadie más que esta 1381
hija, podéis dejar a ella y a Oronte 1382
el reino en herencia y así tener 1383
un yerno igual a vuestro excelso estado. 1384
SUL.
Bien que lo haré yo Rey de tal manera 1385
que le dolerá haberme conocido. 1386
MAL.
Está en vuestras manos, podéis hacer 1387
con él lo que os plazca. Mas si la ira 1388
cede en parte a la razón, a lo justo, 1389
os mudará el juicio y vos a vos mismo 1390
os reprobaréis tan extraña idea; 1391
y no permitiréis que el corazón 1392
que no vencieron armas enemigas, 1393
a un repentino furor cual villano 1394
se someta y de Rey se torne en siervo. 1395
Más cuando el corazón me hace mostraros 1396
que por mucho que hubiese Oronte errado, 1397
el gran discernimiento de vuestra hija 1398
al haber preferido no a Selín 1399
sino a Oronte por marido, merece 1400
que a ambos deis vuestro perdón finalmente. 1401
SUL.
Tú quieres alejarme de lo justo, 1402
Malecche, con tus palabras. 1403
MAL.
Señor,
os ruego que no os encolericéis, 1404
dejad que os diga lo poco que queda. 1405
Que si no os muestro que Orbecche ha elegido 1406
mucho mejor que vos al desposarse 1407
y que más utilidad y sosiego 1408
y satisfacción os debe dar que ella 1409
prefiera a Oronte antes que al rey Selín, 1410
quiero al menos que descarguéis la ira 1411
no sobre ellos, sino sobre este viejo 1412
que podría morir por vuestro honor. 1413
SUL.
Oh, si esto demuestras, creer podría 1414
que los ciervos se alimentan del aire. 1415
MAL.
Os lo mostraré, Señor, si escucháis 1416
sin desdén y dais benévola audiencia 1417
a lo que os diré con fe verdadera. 1418
SUL.
Sigue pues. 1419
MAL.
Vos, alto Señor, la hija
pretendíais dar por esposa a un hombre 1420
cuya progenie siempre ha sido infesta 1421
para vuestro reino, a quien no hace un año 1422
os mató a dos hijos y a dos hermanos 1423
y tanta sangre derramó en los campos 1424
de este pueblo vuestro que grita y gime 1425
aún esta ciudad de punta a punta: 1426
y ella ha tomado a quien de muerte y fuego 1427
con su invicto valor más de mil veces 1428
ha apartado del todo a vuestro imperio. 1429
SUL.
Y esto es lo que más me pesa y me duele 1430
que así quería yo acabar un día 1431
tantas guerras y asegurar la paz 1432
a mi pueblo, y este era el mejor modo 1433
que podía hallar. 1434
MAL.
Así pues, Señor,
¿creéis que la mano de la que aún 1435
gotea sangre de vuestros parientes 1436
y que debe ser vengada por tantos 1437
que han muerto de su lado, traerá 1438
alguna vez la paz a vuestro pueblo? 1439
Yo más bien creería que la nieve 1440
pudiera ser fuego y el fuego hielo, 1441
antes que esto ocurriese. Me parece 1442
que el reino pondría patas arriba 1443
y al fin haría sierva a vuestra gente. 1444
¡Oh si hubieseis oído como yo, 1445
Señor, cuánto aborrece a todo el pueblo, 1446
estimaríais que el eterno Júpiter 1447
ha concedido a vuestra hija a Oronte 1448
por sacaros de un aprieto y calmaros! 1449
¿Cómo sabéis que no trama una insidia, 1450
bajo esta tapadera, el Rey Selín, 1451
contra vuestra cabeza y vuestro estado, 1452
para conseguir con engaño aquello 1453
que no ha podido obtener con valor? 1454
No se debe dar nada por seguro 1455
del enemigo; es más, si este demuestra 1456
querer ser amigo y buscar la paz, 1457
más se debe temer la guerra cruel. 1458
¿No sabéis, Señor, que bajo el aspecto 1459
de parentesco y leyes maritales 1460
llevó a la muerte a los hijos de Egipto 1461
el cruel Dánao? Quizás aspira a esto 1462
ahora Selín. ¡Oh, cuánto mejor 1463
es que tengáis un yerno que conozca 1464
por vos el imperio, que uno que os prive 1465
del imperio o que os dé grandes afanes! 1466
Merece ya esta edad grave y canosa 1467
paz y reposo, no trabajo y guerra. 1468
SUL.
Quien se empeña en ir siempre tras sospechas 1469
nunca llevará a cabo cosa alguna. 1470
MAL.
No se debe, Señor, temer por todo, 1471
pero quien no teme al menos aquello 1472
que podría ocurrir, mucho se engaña, 1473
más cuando los hechos de los demás 1474
ponen ante los ojos el futuro. 1475
¡Dichosos los que ante éxitos ajenos 1476
son cautos! Por lo que os ruego, Señor, 1477
que prefiráis que los casos ajenos 1478
os iluminen, antes que otros tomen 1479
ejemplo altero de vuestra fortuna 1480
Pero dejemos, si os parece, a un lado 1481
estas razones, aunque sean tales 1482
para plegaros aunque fuerais mármol. 1483
¿Qué lamentable será que ahora vos, 1484
que tantos años cargáis y sois sabio 1485
más que ningún otro Señor del mundo, 1486
dejéis la razón presa de la ira, 1487
y lo que de joven condenaríais 1488
de todo hombre, queráis hacer de viejo? 1489
Conceded, Señor, que Oronte y Orbecche 1490
no sean condenados por su error, 1491
al cual les ha llevado el poco ver 1492
y que vuestro juicio puede enmendar, 1493
ya que con impiedad inexorable 1494
vos ensuciaríais vuestra prudencia 1495
y el nombre real por el fallo suyo: 1496
lo que sería unir a un error, otro, 1497
y no enmendar lo que enmendar queréis. 1498
Y mejor es que alguien sea injuriado, 1499
a que manche por venganza su honor; 1500
y es tanto mejor, Señor, que os disguste 1501
esto, aunque que pueda llevar a buen fin 1502
y a vuestro contento, que por cumplir 1503
venganza impetuosa, con el tiempo 1504
después os disgustéis vos a vos mismo: 1505
pues no otra cosa resultará de esto, 1506
si vuestra alma cae del furor presa. 1507
SUL.
Es difícil, Malecche, que la ira 1508
no venza a aquel hombre que por aquellos 1509
que debían honrarlo y respetarlo, 1510
mostrarle gratitud y complacerle, 1511
ve que su propia sangre le hace ultraje. 1512
La razón frenar no puede a la ira 1513
y de esto se ven ejemplos hoy día. 1514
MAL.
Sí, en los que, Señor, no tienen juicio 1515
y dentro de ellos no hay virtud que pueda 1516
mostrarles verdad, al llegar la ira; 1517
sino que, cuanto más los otros quieren, 1518
mostrando la verdad, calmar su furia 1519
con más ahínco en ella se sumergen. 1520
Mas si la ira asalta a hombre prudente 1521
(no podemos frenar impulsos básicos) 1522
tanto que no vea qué le conviene, 1523
tan pronto se le hace ver lo que es justo 1524
abre la mente y expulsa la ira. 1525
Si yo no supiese por experiencia 1526
larga lo inmensa que es vuestra virtud 1527
y cuán gustoso seguís la razón 1528
que os guía, yo nunca habría tenido 1529
la osadía de mostraros lo que 1530
con tanto hablar os he demostrado. 1531
Y así como vuestro saber y vuestro 1532
sabio consejo y la prudencia vuestra 1533
me han hecho atreverme a decir lo dicho, 1534
también me aseguran aquellas mismas 1535
excelsas virtudes que vuestra alteza 1536
se asirá a lo mejor y verá claro 1537
que no debe este error dejar a Oronte 1538
y a vuestra hija sin vuestro perdón; 1539
y que en vos podrá más el largo amor 1540
que por ambos habéis sentido siempre, 1541
que este odio súbito y este desdén. 1542
(lo cual 1543
no puedo pensar que llegue a ocurrir) 1544
que os conmuevan sus hijos, nietos vuestros: 1545
que por ser nacidos de vuestra sangre 1546
se podrán parecer a vos, su abuelo, 1547
y ser faros de virtud en el mundo 1548
y ser vuestro sustento. Y si aún esto 1549
puede poco en vos, aunque mucho deba, 1550
(como he dicho) 1551
sólo puede tornarse en deshonor 1552
con venganza tal. Y si también esto 1553
(lo que no creo) 1554
(si es que algo puede ante un Señor excelso 1555
el servicio de un leal y fiel siervo) 1556
que pueda ahora mi fe tanto en vos 1557
y el tanto servir, para impetrar paz 1558
a la hija vuestra y a vuestro Oronte. 1559
SUL.
Malecche, tanto pudo el largo amor 1560
que tuve a Oronte y la inmensa piedad 1561
con la que he amado hasta hoy mismo a mi hija 1562
y mucho valoro tu larga fe 1563
y tanto pueden en mi tus palabras 1564
que me siento conmovido hasta el alma 1565
mientras te escucho. Mas si después mira 1566
el corazón la injuria, se endurece 1567
especialmente ante Oronte, que nunca 1568
debería haberme injuriado así. 1569
MAL.
Yo creo, Señor, que le pesa y duele, 1570
y que no lo ha hecho por ultrajaros, 1571
sino que, de Amor vencido, llevado 1572
fuera de lo que es justo, fue privado 1573
por deseo ardiente de juzgar bien. 1574
Pero aunque pongamos que esto fue ultraje, 1575
que no lo es, aunque fuese mayor, 1576
recordar los grandes hechos egregios 1577
que él llevó a cabo por vuestra corona 1578
extinguir vuestro desdén deberían 1579
y suavizar toda dureza. Y cuando 1580
ninguna otra cosa a esto os condujese 1581
(aunque muchas deberían hacerlo) 1582
os ruego que no os salga de la mente 1583
aquel infeliz y lloroso tiempo 1584
en que los Partos, que habían ganado 1585
todo el reino, asaltaron esta tierra 1586
con tal fuerza, con tan extremo asedio 1587
que nadie hubo que no desesperase 1588
por no poder resistir y temían 1589
todos salir extramuros. Oronte, 1590
dando más valor a vos que a su vida 1591
(despreciando el peligro) 1592
y desterró al Rey Selín que traía 1593
el fuego ardiente a todo vuestro imperio 1594
y extrema masacre a vuestra corona: 1595
lo rechazó, digo, tan animoso 1596
que a los Partos pareció un nuevo Marte 1597
y os conservó el reino y al reino, vos. 1598
Yo veo, Señor, que estos mismos muros 1599
y columnas, pavimentos y techos, 1600
y los que alma y sentido humano tienen, 1601
ganados por tan raro beneficio, 1602
para mostrar gratitud del placer 1603
por él recibido, os piden conmigo 1604
piedad por Oronte; y que lagrimando 1605
ruegan que si él a vos y a ellos salvó 1606
con su propia sangre y su propia vida 1607
de la esclavitud, el fuego y la muerte, 1608
no pretendáis ahora destruirlo 1609
y hacer que la crueldad sea su premio 1610
por tan ilustre y honorable empresa. 1611
Perdonadle su error, en fin, y que esto 1612
vacíe de desdén el corazón, 1613
pues seguro estoy que a partir de ahora 1614
os complaceréis de tan benigno acto, 1615
por varias causas, pues será vencido 1616
por el gozo el dolor que ahora sentís. 1617
SUL.
Grave me parece esto que me pides, 1618
Malecche, y creo que es muy arrogante 1619
quererme hacer estar peor que ahora. 1620
Mas por lo ya dicho y por amor tuyo 1621
y por amor de esos nietos que hablando 1622
me has grabado tanto en el corazón 1623
que ahora quiero ver más que a la luz, 1624
y por esta acción ilustre que ahora 1625
tú me has recordado, la cual conservo 1626
aún con gratitud en mi memoria, 1627
haré contento lo que me has pedido. 1628
Y como prenda llévale este anillo 1629
a Oronte como sucesión del reino 1630
y haz que ahora vengan todos aquí 1631
él y su esposa y sus dos hijos juntos, 1632
para que pueda disfrutar con ellos. 1633
MAL.
Señor, esta bondad que ahora me habéis 1634
demostrado, me obliga tanto que 1635
lamento que en mí no haya cosa alguna 1636
que no sea vuestra desde hace tiempo, 1637
para poder darla al menos en prenda 1638
manifiesta de mi agradecimiento. 1639
Mas baste, Señor, con que vuestro siervo 1640
os dé tanto como puede entregaros, 1641
es decir esta sincera alma mía, 1642
más unida a vos hoy que de costumbre, 1643
pues este placer los supera a todos. 1644
Ahora me iré dentro a por Oronte 1645
y los traeré a todos ante vos 1646
para que compartáis esta alegría. 1647
SUL.
Yo te esperaré aquí, pero ven raudo. 1648
MAL.
Gracias Dios supremo, porque este pecho 1649
que siempre fue duro como la piedra, 1650
haya encontrado piedad este día. 1651
Es bien cierto que con el Rey del cielo 1652
ninguna cosa es del todo imposible. 1653

ESCENA III

(SULMÓN solo)
[SUL].
¡Malecche, en esta canosa edad, necio, 1654
piensa que con sus chanzas y sus cuentos 1655
me ha girado el cerebro de tal guisa 1656
que yo no vaya a mostrar al traidor 1657
de cuánta importancia sea esta injuria! 1658
Bien que está él privado de todo ingenio 1659
y también sería yo poco sabio 1660
si dejase meterme esto en la testa. 1661
No conozco en el mundo hombre tan vil 1662
que pudiera aguantar tan grave escarnio. 1663
Este ha manchado mi sangre y honor 1664
y la real corona; pues no dude 1665
que en su sangre se bañarán las manos 1666
del Rey Sulmón, que así serán limpiadas 1667
de toda esta vergüenza y esta injuria. 1668
Y no sólo él, también harán sus hijos 1669
la penitencia del error paterno. 1670
Y es justo: pues él a mí, en mi hija 1671
hizo gran deshonor, él y sus hijos 1672
deben cargar con la pena debida. 1673
¿Qué temes, alma mía? ¿Qué te asusta? 1674
Concentra toda tu fuerza en vengarte 1675
y haz algo tan inusitado y nuevo 1676
que esta edad aborrezca y que la nueva 1677
que ha de llegar apenas creer pueda. 1678
Este día nos da materia digna 1679
de demostrar nuestro poder al mundo. 1680
Mas que no haya nada que nos aparte 1681
de lo ya empezado y que todo tipo 1682
de crueldad probemos nosotros hoy. 1683
Los hijos son inocentes, bien: son 1684
hijos de un traidor y serán también 1685
semejantes en todo al padre y aunque 1686
pudiesen desviarse de su origen 1687
y ser lo mejor del mundo, son claros 1688
indicios del ultraje recibido. 1689
Mueran también ellos, que no me quede 1690
ni una parte de venganza pendiente. 1691
No, no hay que tomarse a broma mi injuria, 1692
ni es este un escarnio que borrar pueda 1693
con un castigo leve de mi honor. 1694
¿Pero qué hacer con mi malvada hija? 1695
¿Debo manchar mis manos en mi sangre? 1696
Sí que debería, viendo su error, 1697
¿pero si pudiera cumplir venganza 1698
sin la muerte, no sería mejor? 1699
Mejor sería, sí. ¿Y qué mayor pena 1700
y más apta a la venganza le puedo 1701
dar que mediante quien más la alegraba 1702
provocarle dolor cruel e insufrible? 1703
Si la mato, al dolor pondría fin: 1704
pues la muerte no es pena para el triste, 1705
sino el fin de la pena y de la angustia. 1706
Pero si ella permanece con vida 1707
y sus ojos ven muertos a ambos hijos 1708
y al marido, será tal su tormento 1709
que envidiará a los que están bajo tierra: 1710
pues más ardua que cualquier muerte es siempre 1711
una vida infeliz y miserable. 1712
Esto me gusta, disponte ya a esto 1713
alma mía, que nada te distraiga: 1714
porque quien no se venga de un ultraje, 1715
se predispone a esperar otro más. 1716
¿Me criticarán? ¿Qué crítica puede 1717
hacerse a un Rey por cualquier cosa que haga, 1718
si todas sus obras están cubiertas 1719
bajo el manto Real? Y como deben 1720
sufrirlas todos por fuerza, a elogiarlas, 1721
quieran o no, por gran temor, se obligan. 1722
Esto es propio de Reyes, que sus crueles 1723
obras sean elogiadas por todos. 1724
Para otros los elogios verdaderos, 1725
estos son los nuestros y que hagan siempre 1726
lo que gusten los Reyes poderosos; 1727
y si así no lo hicieren, siervos son, 1728
e indignos del nombre real y el reino. 1729
Mas veo que vienen juntos a verme. 1730
Debo reprimir la ira y fingir 1731
estar lleno de alegría y contento 1732
y acompañar con palabras la cara, 1733
para que no sospechen lo que pienso. 1734

ESCENA IV

(MALECCHE, ORONTE, ORBECCHE, SULMÓN, CORO)
MAL.
Yo jamás habría pensado, Oronte, 1735
que se habría acercado tanto al punto 1736
que queríamos. En verdad los dioses 1737
nos han sido propicios. Dad conmigo, 1738
excelsa Reina, y tú con ella, Oronte, 1739
las gracias a ellos por méritos tales. 1740
ORON.
Malecche, aunque no es nuevo para mí 1741
que si no quieren los Dioses del cielo 1742
no acaba bien ningún hecho mortal, 1743
considero aún que es mérito vuestro 1744
que esto pase; y así como agradezco 1745
a todos los Dioses, os brindo a vos 1746
gracias eternas del bien recibido. 1747
Y aunque no pueda mostrar plenamente 1748
qué obligado estoy a la bondad vuestra 1749
quiero que creáis que si alguna vez 1750
sucede que yo os pueda de algún modo 1751
demostrar mi sentir, cumplidamente 1752
hallaréis mi agradecimiento a vuestro 1753
favor; y más que lo que de palabra 1754
ahora digo, yo os demostraré 1755
entonces, con hechos claros, qué siento 1756
Favorezcan los Dioses nuestras cosas 1757
tal como han empezado. 1758
ORB.
Así les ruego.
Pero un no sé qué triste oprime el pecho 1759
y no sé la razón de mi temor. 1760
Veo el bien ante mis ojos y tiemblo 1761
entre tanta dicha y temo el anzuelo 1762
que oculta el cebo y la hiel en lo dulce. 1763
MAL.
Oh no pretendáis ser vos a vos misma 1764
enemiga y a vuestra propia dicha 1765
Reina excelsa, y echad lejos lo triste 1766
que os oprime el pecho y os importuna. 1767
¿No veis del bien las muestras evidentes? 1768
Ha prometido el reino a vos y a Oronte 1769
y junto a vuestros hijos os espera 1770
tan contento, que una hora son mil 1771
hasta que os tenga a todos en sus brazos, 1772
y llorar lo he visto muy dulcemente. 1773
ORB.
Oh, quiera Dios que él no llorase a un tiempo 1774
nuestra adversidad y nuestro destino; 1775
que aunque yo vea y sienta y plenamente 1776
note mi gozo, el corazón no puede 1777
no suspirar; y no es buena señal 1778
por algo así, que yo tanto anhelaba, 1779
no poderme alegrar. 1780
ORON.
¿Y qué teméis?
Tenemos lo que queremos. ¡Gran cosa 1781
es que las mujeres estén dispuestas 1782
siempre a adivinar el mal! Esperad 1783
el bien y el bien vendrá a vos. 1784
ORB.
Yo no quiero
turbar vuestro gozo; y ruego a los Dioses 1785
que sean vanos mis temores, firmes 1786
vuestras esperanzas, vuestros placeres 1787
y que mis sospechas las lleve el viento. 1788
ORON.
Decidme entonces, por favor, ¿por qué 1789
habría el Rey mostrado tanto amor 1790
y mandado una señal evidente 1791
de su paz, si él quisiese faltar luego 1792
a la fe dada? 1793
MAL.
La fe, Reina, es propia
del Rey, como de nuestro cuerpo el alma. 1794
Igual que no se mantienen con vida 1795
estos despojos caducos 1796
después que de ellos ha salido el alma, 1797
así si quedan vacías 1798
las promesas de fe de un Rey, no puede 1799
haber nada que como Rey lo muestre. 1800
pues las gemas y los ostros 1801
o el poseer mucho oro 1802
no hacen Rey a nadie, si fe no tiene, 1803
que vale más que el poder y el tesoro. 1804
Pues quiero que creáis que es esto cierto, 1805
que antes podría perder 1806
el imperio nuestro Rey que dejar 1807
que se viese perdida en él la fe 1808
Observad con que feliz 1809
aspecto él os contempla. 1810
Sólo esto debe calmar vuestra alma 1811
y borrar cualquier sospecha: 1812
que por mucho que alguien quiere 1813
guardar la ira en el pecho 1814
y utilice muchas treta 1815
para que nadie pueda en su alma ver, 1816
es forzoso que se vea 1817
(muy a pesar suyo) 1818
que se descubre por fuera 1819
y en el rostro el corazón muestra abierto. 1820
ORON.
Es así, y no puede ser de otro modo. 1821
Vamos donde el Rey. 1822
ORB.
Creo que no puedo
mover los pies, y aun así quiero ir, 1823
es como si alguien me echara hacia atrás. 1824
Te ruego, Señor que riges el mundo, 1825
que si me ha de suceder algo malo, 1826
antes de ir con mi padre, yo me muera. 1827
MAL.
Ya no suspires más, excelsa Reina; 1828
vamos juntos y dejadme la carga 1829
de decir al Rey palabras que yo 1830
creeré oportunas en este caso. 1831
ORON.
Vámonos, Malecche, y vos hablad antes, 1832
ya que hasta ahora habéis llevado el caso. 1833
MAL.
Invicto Señor, he expuesto por vos 1834
a Oronte y a vuestra hija lo que 1835
me habéis dicho; y ellos reciben vuestra 1836
gracia que para ellos es la mayor; 1837
y tanto ven que su error es más grave 1838
como más descubren vuestra bondad. 1839
Aquí está Oronte y vuestra hija y vuestros 1840
queridos nietos, en vuestra vejez 1841
fiel sustento y sucesores del reino, 1842
en sus caras estáis tan esculpido 1843
que creo veros rejuvenecer 1844
dichosamente en sus hermosos rostros. 1845
Acogedlos, Señor, y demostradles 1846
que lo que les he dicho en vuestro nombre, 1847
así lo cumplirá la alteza vuestra. 1848
SUL.
Nunca viene a menos en mi la fe 1849
cuando la he comprometido con otros. 1850
ORON.
No dudo, alto Señor, que vuestra alteza 1851
tenga intención de mantener con fe 1852
lo que su fiel consejero Malecche 1853
en prenda de fidelidad me dijo 1854
en su nombre. Sólo os pido, Señor, 1855
como gracia especial, que ya que tanto 1856
se ha extendido vuestra enorme bondad, 1857
no pretendáis atribuir mi fallo 1858
a ultraje o deslealtad, sino a amor 1859
que fue mucho más fuerte que yo mismo, 1860
en la joven edad, más dada a errar 1861
que las demás. Del error cometido 1862
pedimos perdón vuestra hija y yo; 1863
y conmigo y con ella nuestros hijos 1864
van de la mano, no son menos muestra 1865
de fe que de una rara fortaleza 1866
y aunque sé que no hay en mí cosa alguna 1867
que igualar pueda el presente que yo 1868
de vuestra majestad he recibido, 1869
os ofrezco esta vida, siempre a punto 1870
para exponerla por vos donde sea 1871
y siempre intentaré que este error sea 1872
muy superado por las buenas obras, 1873
por las que podréis ver tan fácilmente 1874
cuanta fe os tengo. 1875
ORB.
Y también yo, padre,
pido a vuestra alteza humilde perdón. 1876
SUL.
Si yo os diese a ambos la pena debida 1877
a vuestra falta y os mostrase cuanto 1878
es inicuo y grave haberme ofendido, 1879
haría sólo lo que es conveniente 1880
y lo justo al mal que habéis cometido. 1881
Los ruegos de Malecche, que han podido 1882
hacerme ver lo que el poder obliga 1883
y el amor con el que os amo a vosotros 1884
y a vuestros hijos mis nietos, me inclinan 1885
a hacer con vosotros lo que yo quiero. 1886
Mas con la confianza que antes di 1887
a Malecche y que él os ha transmitido 1888
en mi nombre, te perdono tu error, 1889
Oronte, y el tuyo Orbecche. Y a ti 1890
hija querida cuanto debe ser 1891
te acojo y a ti como yerno y a estos 1892
dulces mozalbetes como mis nietos, 1893
que menos amados por mí no sean. 1894
Nietos míos, es más mis dulces hijos, 1895
¡cuánto me sois queridos! ¡Oh qué bien 1896
conozco en vosotros mi propio aspecto! 1897
CORO
Después que un final dichoso, 1898
fiel pareja y amiga, 1899
ha dado a tus deseos 1900
el cielo benigno, en vez de martirios 1901
con que amenazaba la adversa suerte, 1902
ruego que dulce afecto 1903
te llene tanto el pecho 1904
que nunca te turben llanto o suspiros, 1905
y tan vanas se muestren las insidias, 1906
que nada te prive del dulce gozo. 1907
SUL.
Que os vea siempre tan felices, como 1908
os tomo de rehenes de la paz 1909
hecha entre nosotros; que me dé el cielo 1910
gracia para poder daros el bien 1911
que para vosotros quiero y dispongo 1912
y pienso dar también a los parientes, 1913
por vosotros mismos, en pocas horas. 1914
Oronte, tú espera a Tamul y Allocche, 1915
y después los tres vendréis a mi casa 1916
rápidamente, a encontraros conmigo. 1917
Nosotros iremos a hacer que empiecen 1918
la alegría y el solaz que merece 1919
este día, y se pueda hacer la fiesta 1920
y hacer sacrificios en los altares, 1921
dados a los Dioses en estas bodas. 1922

ESCENA V

(ORONTE, TAMULE, ALLOCCHE)
ORON.
Quien con buen ojo observe a los humanos, 1923
verá que el polvo minúsculo y leve 1924
no se ve tan llevado por los vientos 1925
de aquí para allá, como la fortuna 1926
mueve y remueve las cosas mortales 1927
Verá entonces que en esta situación 1928
el triste puede esperar, y temer 1929
quien piensa ser feliz, y que el Eterno 1930
Motor de las estrellas no dispone 1931
que haya en la tierra inmortal bien o mal, 1932
mas puesto que sin fin ni principio, 1933
no permite que ninguna otra cosa 1934
contenga en sí misma esta condición. 1935
Y de que son así las cosas que hay 1936
en la tierra bajo el ciclo lunar 1937
(además de tantos ejemplos que hacen 1938
que parezca más que verdad), yo puedo 1939
dar buena fe, quizás más que cualquiera, 1940
pues he sido un juguete largo tiempo 1941
de la fortuna y largo tiempo un juego. 1942
Yo nací en Armenia de un hombre noble 1943
y de madre Reina, mas tras el parto 1944
pronto fui por ella lanzado al mar 1945
en una caja, por tapar el fallo; 1946
(según entendí) 1947
por corsarios y en triste azar criado. 1948
Y apenas cinco años después, a Persia 1949
fui llevado zarandeado siempre 1950
por la ardua suerte, hasta que el Rey Sulmón 1951
(no sé por qué azar mío) 1952
de quien me esclavizaba me sacó. 1953
Mas no cambié condición ni destino, 1954
aunque había cambiado tierra y cielo, 1955
pues en cuanto entré en la corte del Rey 1956
él sin piedad hizo que me criaran 1957
cuatro y cuatro años cual siervo tan vil 1958
y en vida tan triste, que la esperanza 1959
de obtener bien había descartado, 1960
y no envidiaba a hombres y mujeres, 1961
sino a perros y animales más viles. 1962
Pero tan pronto llegué a los quince años 1963
(ved que gran transformación se produjo) 1964
que crecí para él tanto en valor 1965
que me prefirió al resto de la corte. 1966
Y aquí los odios y crueles envidias 1967
de cortesanos me atacaron como 1968
las olas del mar a nave perdida. 1969
Mientras tanto la cruel suerte enemiga, 1970
viéndome vencer la áspera procela 1971
con valor en tan ardua tempestad, 1972
de mi bien envidiosa al fin y al cabo 1973
para que perdiese el arte y me hundiese 1974
bajo las olas, bajo sombra amable, 1975
con insidias ocultas a mi dicha, 1976
mostrándose más tranquila que nunca 1977
meciéndose con las olas del mar, 1978
puso un insalvable escollo en las olas; 1979
pues hizo que por la hija del Rey 1980
ardiese, y ella por mí, fieramente, 1981
que no hubo nunca tan ferviente fuego 1982
en Mongibello o tan vivaz en Íschia, 1983
que tibio no fuera al lado del nuestro. 1984
De modo que ambos ya ciegos de amor, 1985
en marido y mujer nos convertimos 1986
sin que el Rey no se enterase de nada. 1987
Desde entonces un dolor cruel y amargo 1988
(sabiendo yo después lo que no supe 1989
en el primer furor que ley ignora) 1990
me roe el corazón, cual roer suele 1991
a Ticio el cruel buitre entre oscuras sombras. 1992
Nunca tuve pues, no diré dichosa 1993
sino reposada hora; sino que 1994
viéndome entre escollos continuamente 1995
siempre tuve la muerte ante los ojos. 1996
Y hete aquí, cuando menos esperanza 1997
tenía y los vientos se conjuraban 1998
contra mí, para mi muerte, con remos 1999
velas, anclas y jarcias ya perdidos, 2000
y el mar tocaba el cielo con las olas, 2001
que me ha conducido tan felizmente 2002
mi Señor de los ásperos escollos 2003
al puerto perdonando nuestro error, 2004
y ya no temo ni a Escila ni a Caribdis; 2005
así que si alguien es hoy más feliz 2006
que yo, no es mortal. Ahora al Señor 2007
que con sumo saber gobierna todo, 2008
que quiera al fin, ya que del temporal 2009
(que me zarandeaba aquí y allí) 2010
me hallo fuera, que vivir pueda en puerto 2011
lo poco que me queda por vivir, 2012
y que esta vez contra lo que acostumbra 2013
me favorezca la cruel fortuna, aunque 2014
la constancia suya esté en ir mutando 2015
Pero veo aquí que Tamul y Allocche 2016
vienen, y yo quiero ir hasta ellos 2017
para encontrarnos todos con el Rey. 2018
Venid a mí, que nos espera en casa 2019
a los tres nuestro Rey. 2020
TAM.
Ya voy, Señor.
AL.
Y yo. Id vos delante, que nosotros 2021
iremos detrás de vos poco a poco. 2022
TAM.
¡Cómo se equivoca el hombre! Este cree 2023
que va hacia su contento, y va a la muerte. 2024
(NODRIZA, CORO. Habla la Nodriza)
NOD.
Después que los tristes y oscuros días 2025
(con su gracia) 2026
queridas mías, cambiamos las voces 2027
nuestras para hablar de este nuevo estado 2028
¿Mas quién dará con los versos o rimas 2029
que digan el bien que contiene el alma? 2030
CORO.
Ahora que has la triste y afligida alma 2031
vuelto a amables noches y puros días, 2032
para que a todos mostremos en rimas 2033
el bien que hay en nuestros pechos dichosos 2034
y loarte, junto al querido estado, 2035
danos versos, Amor, y danos voces. 2036
NOD.
¿Por qué no lleváis al cielo las voces 2037
brisas, que ahora saca tan clara el alma, 2038
y que sepan los Dioses nuestro estado, 2039
que las noches que vendrán y los días 2040
serán tan gozosos y tan dichosos 2041
que no los podrán explicar las rimas? 2042
CORO.
Apolo, aunque tú cantases en rimas 2043
usando escogidas y doctas voces, 2044
no podrías explicar cuán dichosos 2045
son los deseos de aquella noble alma 2046
que el cielo retaba con agrios días, 2047
y temió vivir siempre en duro estado. 2048
NOD.
Los que el triste vivir y áspero estado 2049
de mi Reina lamentasteis con rimas, 2050
cuando oscuras noches eran sus días 2051
acompañad las amorosas voces 2052
y echad hoy tan fuera el dolor del alma 2053
que se oigan notas y cantos dichosos. 2054
CORO
Mira Amor a los párvulos dichosos 2055
con nosotras, pues fija nuestro estado 2056
quien prende el dulce fuego en ajena alma. 2057
Y Juno, movida por vivas rimas 2058
(pues al cielo van las mortales voces) 2059
quiere que no vengan más tristes días. 2060
NOD.
Los días os serán siempre dichosos, 2061
pareja fiel, las voces y el estado, 2062
mientras rimas ornen tan gentil alma. 2063
FIN DEL TERCER ACTO

Acto IV

ESCENA I

(MENSAJERO, CORO)
MEN.
¿Oh por qué no habré nacido en los montes 2064
Rifeos o entre los tigres Hircanos 2065
en los bosques yermos y abruptos campos, 2066
donde no se viese vestigio humano, 2067
en vez de aquí donde nací y crecí, 2068
aquí donde más que cualquiera fiera áspera 2069
se hallan crueles hombres? ¿Oh, de qué sirve 2070
vivir en ciudades en vez de en bosques, 2071
si son más crueles que lobos y que osos 2072
los hombres que las habitan? ¿Qué fiera 2073
que se halla en los más desiertos lugares, 2074
usó crueldad contra su propia sangre? 2075
Entonces la cosa más cruel he visto 2076
que nunca se haya visto en ningún sitio. 2077
CORO
Grave es esto por lo que amargamente 2078
se queja éste. Oh Diosa que el cielo aclaras 2079
con luz serena y enciendes los pechos, 2080
que no sean por nosotras las quejas. 2081
MEN.
¿Por qué no me da Dédalo las alas, 2082
para ascender al cielo y huir de esta 2083
tierra inicua? ¿Cómo tierra? Refugio 2084
de actos sucios, despiadados y horribles. 2085
Y si eso no puede ser, ¿por qué al menos 2086
no me hace pasar el cruel Aqueronte, 2087
ya que hasta aquí han venido los Atreos, 2088
Tiestes y Atamantes, y los más fieros 2089
monstruos que había en la laguna Estígia? 2090
Oh siglo cruel, siglo malvado y triste, 2091
¿cómo puede darnos hoy luz el sol? 2092
CORO
¿Qué es lo hace que te salgan del pecho 2093
voces tan crudas y viertan los ojos 2094
tan amargo llanto? No nos ocultes 2095
tu dolor. 2096
MEN
Mujeres, aunque tuviese,
no diré tantas lenguas, cuanto manos, 2097
brazos y pies y cuantos miembros tengo, 2098
sino que se añadiesen muchos miles, 2099
y tuviese voz, no diré de hierro, 2100
mas de duro diamante, no podría 2101
contar el dolor que me hace llorar, 2102
ahora pensad si puede bastarme 2103
sólo esta lengua, ya débil y floja. 2104
CORO
Cuéntanos, te rogamos, lo que sea, 2105
si no del todo, al menos cuanto puedas; 2106
pues oír qué te hace llorar ansiamos. 2107
MEN.
Lo que voy a decir, si tengo aliento 2108
suficiente para que no se hiele 2109
por el grave horror la sangre, después 2110
os arrepentiréis de haberlo oído. 2111
Temo que vuestras orejas no puedan 2112
oír cuanto han visto mis ojos tristes: 2113
que es tan miserable que debería 2114
oscurecer a sol y luna en el cielo 2115
y aquí aturdir a las mentes humanas. 2116
Si no lo creéis, este rostro triste 2117
y pálido y esta voz temblorosa 2118
os lo mostrarán, sin que yo lo diga. 2119
CORO
Basta de quejas y de estar en vilo 2120
y empieza ya a contarnos esta historia. 2121
MEN.
Hay en lo más hondo de esta alta torre 2122
en un rincón tan desierto y oculto 2123
que nunca lo alcanza un rayo de sol, 2124
un lugar dedicado a sacrificios 2125
que suele hacer nuestro Rey en la sombra, 2126
a Proserpina airada, a Plutón fiero; 2127
donde ni aún la tenebrosa noche, 2128
sino el más horrible horror tiene sede. 2129
Aquí ha hecho Sulmón que lleven a Oronte 2130
(Oronte mísero, quien ya pensaba 2131
que se acababan por fin sus afanes) 2132
dos que lo han retenido de repente, 2133
mientras él los tenía a raya hablando. 2134
Después ha venido el rey a la torre, 2135
y con sus dos manos lo cogió y le dijo: 2136
“te quiero nombrar sucesor del reino 2137
Oronte, en este lugar”. Y dicho esto, 2138
hizo a los malvados que lo llevaron 2139
cogerlo por los brazos y las manos 2140
ponerle sobre un tronco; y de los brazos 2141
las separó el cruel con dos grandes golpes 2142
con un gran cuchillo. Y después, se echó 2143
hacia atrás, tomó en sus manos las manos, 2144
las mostró a Oronte, mientras le decía: 2145
“este cetro te ofrezco. De este modo 2146
te haré Rey. ¿Cuánto te satisface esto? 2147
Házmelo saber”. Entonces Oronte 2148
se giró y le dijo: “Ah, traidor, ¿es esta 2149
la confianza que en mi tienes? ¿esto 2150
lo que de tu parte contó Malecche? 2151
Sigue pues, tirano impío, hete aquí 2152
el cuello, golpéalo, ruin; y el pecho 2153
ábrelo con la cortante y cruel daga; 2154
que no de otra, sino de real mano 2155
(si una tan vil, real debe llamarse) 2156
morir debía Oronte. Mas si reina 2157
en el cielo piedad y mira Dios 2158
con ojo justo las cosas humanas, 2159
te espera una cruel venganza, traidor”. 2160
Al oír esto sonrió el cruel, como 2161
quien se toma a broma todo lo que oye. 2162
Y sin decir nada más, a los hijos, 2163
que había hecho llevar antes que a Oronte 2164
al sitio oscuro y esconder a parte, 2165
cogió de la mano, los cuales simples 2166
hacían fiestas al abuelo, como 2167
si acariciarles quisiera el inicuo. 2168
Comprendieron poco tiempo después, 2169
su error. Porque él, cuando agarró al primero, 2170
a quien poco ayudó saber el nombre 2171
del abuelo, le desnudó su torso 2172
y le ató atrás las manos; después puso 2173
entre sus piernas al menor, que como 2174
sabía piedad y merced rogaba, 2175
cual cordero inocente, y con la daga 2176
le cortó las venas cruelmente y muerto 2177
lo tiró a los pies del mísero Oronte. 2178
CORO
¡Ay, en cuanto dolor se ha transformado 2179
la alegría que en el corazón tuve, 2180
cuando fingió el perdón el Rey impío 2181
a Oronte y su hija! No hay en mis huesos 2182
médula o sangre en fibra que no tiemble. 2183
¿Mas qué hizo Oronte en este triste brete? 2184
MEN.
El corazón al que su mal no pudo 2185
plegar, ni hacer que por su salud ruegue, 2186
vencido fue por piedad de los hijos 2187
Porque, estando dolorido, hincó Oronte 2188
las rodillas en el suelo y alzando 2189
(creyendo tener, como antes, las manos) 2190
los troncos de los brazos empapados 2191
y manchados por la sangre copiosa, 2192
empezó a rogar al cruel Rey piedad 2193
por lo menos por el otro hijo vivo: 2194
quien clamando merced, brazos abiertos, 2195
presa del pánico hacia el triste padre 2196
había huido, buscando su ayuda. 2197
Ay, que me estalla el pecho y las palabras 2198
y la voz flaquean, sólo al pensar 2199
en el ímpetu y furia de este inicuo. 2200
Sulmón, cuando el chico se fue hacia Oronte 2201
lo siguió, cual perro lleno de ira 2202
sigue por el bosque a un tímido gamo. 2203
Viendo esto Oronte, lloroso en el suelo 2204
y retorciéndose, más tiernos ruegos 2205
elevó a este ser cruel y así le dijo: 2206
“Piedad, Sulmón, por los Dioses del cielo 2207
perdona a esta edad que no tiene culpa; 2208
confórmate desangrando al primero, 2209
perdona al otro y desángrame a mí. 2210
Si otra cosa a tu corazón no obliga 2211
a ser piadoso en tan extremo punto 2212
de un mísero hombre al que antes tanto amaste, 2213
que extraño se te haga ensuciar tus manos 2214
con sangre inocente; y haz que el honor 2215
pueda en ti más que la venganza injusta. 2216
Y si no temes el poder humano, 2217
teme al menos a los Dioses que premian 2218
las obras buenas y penan las tristes”. 2219
CORO
¿No se ablandó ese duro corazón 2220
ante tan cálidos y justos ruegos? 2221
MEN.
Ay, ¿qué preguntáis? Ante estas palabras 2222
vi llorar a muros y a duras piedras 2223
y temblar de horror a toda la torre. 2224
Y no vi también llorar a la imagen 2225
del cruel Plutón, a quien el sacrificio 2226
de almas inocentes hacía el Rey, 2227
porque por no ver algo tan horrendo, 2228
la vi volver a otro lado los ojos. 2229
Él sólo, más duro que cualquier piedra, 2230
restó inmóvil, como frente a las olas 2231
del mar permanece firme el escollo. 2232
Ni tampoco abandonó el deber fiero, 2233
cual sierpe pisada aprieta los dientes, 2234
toda llena de rabia y de veneno, 2235
para morder a quien con el pie pisa, 2236
así el Rey, duro ante tan dulces ruegos, 2237
como tocado por punzante flecha, 2238
se giró con gesto cruel hacia Oronte: 2239
“recibe –dijo- por tu grave error, 2240
pérfido, desleal, el premio justo. 2241
Si fuese bastante una sola muerte 2242
para saciarme, nadie habría muerto. 2243
Y estos dos son muy poco ante el ultraje 2244
que has cometido contra mí infielmente”. 2245
CORO
¡Ay, que corazón debía tener 2246
ya el triste padre, viéndose privado 2247
de cualquier esperanza. 2248
MEN.
El pobre Oronte,
vencido por el ansia y el dolor 2249
sacando ardor de la desesperanza, 2250
dejando de lado los vanos ruegos, 2251
y girado hacia el rey con rostro audaz: 2252
“Ay perro fiero –dijo- y como lobo 2253
para insidias nocturnas y traiciones 2254
sólo apto, sólo bueno y feroz sólo 2255
con la sangre de muchachos, yo espero, 2256
(y esto mitiga un poco mi dolor) 2257
que no tarde mucho en llegar la nueva 2258
de mi venganza a las oscuras sombras”. 2259
Después se giró llorando hacia el hijo, 2260
y posando los brazos en su cuello 2261
dijo: “pues quiere el cielo, hijo querido, 2262
que veas tú mi muerte y yo la tuya, 2263
y nos es piedad sorda como el áspid, 2264
(el último don, querido hijito, 2265
de tu padre) 2266
y los postreros besos; vamos juntos 2267
donde Dite y a los reinos oscuros, 2268
donde quizás seremos menos tristes”. 2269
CORO
Mas, ¿qué hacía mientras tanto el Rey cruel? 2270
MEN.
Gozaba el muy traidor de estas palabras, 2271
de estas palabras que habrían partido 2272
un pedernal, un diamante, y habrían 2273
hecho más blando un corazón de acero. 2274
Y como gozando del largo llanto 2275
de Oronte, del tormento y de la muerte 2276
cruel de ambos hijos, el infame estaba 2277
como riendo atento a las palabras. 2278
Pero cuando el gran dolor dejó a Oronte 2279
sin voz, el Rey, con más desdén que nunca, 2280
como el león que se esfuerza en matar 2281
la manada ajena, y al ver la sangre 2282
correr por los campos, se enciende más 2283
de ira y de desdén y le más le aumenta 2284
el apetito de sangre y de muerte, 2285
se abalanzó airado sobre el otro hijo 2286
que tenía entre sus brazos cortados 2287
Oronte, llorando y bañado en sangre, 2288
lo quiso arrancar del seno paterno, 2289
como el tigre que ve que a la novilla 2290
se acerca el tímido e imbele ternero, 2291
y airado a la madre y al hijo mata. 2292
Mas no queriendo dejar a su padre 2293
(pues así se llamaba el chico) 2294
y arrimándolo el padre al pecho, el fiero 2295
tirano despiadado, alzado el brazo, 2296
golpeó a ambos tan acerbamente, 2297
que cayeron a sus pies los dos muertos. 2298
CORO
¿Quién negará que corazón de tigre 2299
o de oso tiene en el pecho, este cruel, 2300
bajo aspecto de hombre? Nunca se oyó 2301
hablar de algo tan extraño o malvado. 2302
MEN.
¿Acaso creéis que este sea el fin 2303
de la crueldad de tan horrible monstruo? 2304
Lo que os parece el fin, fue sólo inicio 2305
de un mal mayor, de una obra más perversa. 2306
CORO
Mas, ¿qué puede haber peor que la muerte? 2307
¿No es la peor de las cosas horrendas? 2308
¿No el fin de todos los males del mundo? 2309
MEN.
Nada puede haber peor que la muerte 2310
para quien muerto yace, mas quien vive 2311
puede hacer gala de su crueldad sobre 2312
los cuerpos muertos. 2313
CORO
¡Ay, es algo sórdido
cebarse en los muertos! ¡Cuánto desdice 2314
mantener ira y furia tras la muerte! 2315
MEN.
Es sórdido, mas por no dejar nada 2316
sórdido por hacer, el Rey impío, 2317
zanjado el cruel y mezquino trabajo, 2318
empapado en sangre, se acercó a Oronte, 2319
le cortó la cabeza e hizo echar 2320
el cuerpo a milanos, buitres y perros. 2321
Después hizo traer un jarrón noble 2322
de plata pura, donde las dos manos 2323
y la cabeza puso, y lo cubrió 2324
con un cendal negro y lo hizo guardar. 2325
CORO
¡Ay, qué excelsa que es la justicia eterna! 2326
Ves cómo este cruel, creyendo ensañarse, 2327
mostró piedad; de manera que aquella 2328
cabeza ilustre y honrada y las manos 2329
dignísimas de cetro, han recibido 2330
el honor merecido del terrible, 2331
del enemigo mismo. Pero dinos, 2332
¿qué es lo que ha hecho con los chicos muertos? 2333
MEN.
Tan pronto quitó la cabeza a Oronte, 2334
le arrancó al hijo de los brazos, quien 2335
aún estrechaba el mísero tronco; 2336
y viéndolo resistirse bastante 2337
dos y tres veces le golpeó el pecho 2338
delicado el muy cruel, y así expiró 2339
del todo el alma inocente con sangre. 2340
Lo desnudó después, y fue hacia el otro 2341
que yacía ya frío y sin espíritu, 2342
le quitó también la ropa y desnudos 2343
los puso a ambos en dos jarras de plata; 2344
y en el pecho uno y la garganta el otro 2345
llevaban los hierros que los mataron; 2346
y los hizo llevar con la cabeza 2347
y las manos del padre al aposento 2348
real y allí están no sé con qué fin. 2349
CORO
¡Ay, mísera Reina, que este espectáculo 2350
horrendo te espera! ¡Para ti guarda 2351
el cruel este don! Mas quizás el cielo, 2352
piadoso de tu mal, justa venganza 2353
prepare a través de ti a este vil perro; 2354
pues a quien va a hacer algo injusto, donde 2355
no tema, debe esperar la venganza. 2356

[CORO]

CORO
La fe, por cuyo leal nudo juntas 2357
las cosas contrarias van 2358
unidas con tanta fe, 2359
que nunca se ha visto que alguna cambie 2360
el sitio dado por la natura, 2361
cuando la simiente oculta 2362
y conjunta de las cosas creadas 2363
con tanto estudio y extremo cuidado 2364
fue abierta desde el profundo 2365
horror que en sí celaba cuanto es bello. 2366
Si es por ti que de ciclo en ciclo el cielo 2367
guarda de la ley la usanza 2368
y al movimiento primero 2369
todos los demás ciñen su camino, 2370
ni nunca del orden se aparta nadie 2371
ni por un pequeño pelo, 2372
del más sublime círculo al más ínfimo, 2373
donde con tan bello estudio y tanto arte 2374
la luz errante del sol 2375
cede a la noche y al día retoma; 2376
si los elementos su propia sede 2377
conservan con orden tal 2378
que sólo el fuego caliente 2379
sobre todos sublime y leve sube, 2380
y en medio el aire entre éste y las olas, 2381
y la tierra puede verse 2382
siempre teniendo un sitio establecido, 2383
y que si uno al otro bien corresponde, 2384
aunque sean enemigos, 2385
devienen al crear el todo amigos; 2386
es más, se hacen eternos e inmortales, 2387
para que nazcan las cosas 2388
que en ellos eran potencia, 2389
en parte mortales, como dispuso 2390
el supremo Motor de las estrellas. 2391
luego plantas, animales 2392
vienen, quienes después en sus principios 2393
se resuelven, por lo que bellas obras 2394
producen los elementos, 2395
de modo que nunca el generar cesa: 2396
la corrupción de esto, aquello produce 2397
con un temple tan certero 2398
que uno del anterior viene, 2399
donde al morir uno, renace siempre 2400
otro y de mortales tornan eternas 2401
las cosas en esta luz; 2402
pues la falta de uno al otro mantiene, 2403
y con fe perpetua funciona así 2404
y así será mientras gire 2405
el cielo en la tierra, y el sol lo vea. 2406
Por eso con tal fe al invierno sigue 2407
tan bella la primavera, 2408
y el otoño al verano, 2409
y el honor, que el hielo había quitado 2410
vuelve a campos, frondas, frutos y plantas; 2411
y al final, si con eterno 2412
modo las cosas van todas unidas, 2413
fe, por ti, ¿por qué no haces que conserve 2414
la fe la humana cohorte? 2415
¿Por qué tu pureza sólo ellos manchan? 2416
¿Por qué dejas que en tu nítido y puro 2417
nombre, vayan a la muerte 2418
bajo aspecto de hacer bien, 2419
algunos por vías crueles e injustas? 2420
Haz que cargue del error cometido 2421
cada pecho desleal, 2422
no sólo el cruel Sulmón, tan agrias penas, 2423
que sirvan como ejemplo y como horror 2424
de los que tendrán deseos 2425
de hacer tu santo nombre perecer. 2426
Sulmón, Sulmón, soberbio y cruel Tirano, 2427
tienes la muerte y la vida 2428
de tus siervos en tus manos, 2429
empero tu fuerza no es infinita, 2430
sobre ti hay un Señor de otra potencia 2431
que, para tu grave daño, 2432
puede en ti hacer lo que tú a los pequeños, 2433
porque al fin, sin usar ya la clemencia, 2434
con orden firme y certero 2435
da a la injusticia lo que merece. 2436
Así si no viene a menos 2437
esa inmensa justicia, inicuo, espera 2438
por tu fe rota la justa venganza. 2439
FIN DEL ACTO CUARTO

Acto V

ESCENA I

(SULMÓN, ALLOCCHE, TAMUL)
SUL.
Me he quitado aquella mancha que Oronte 2440
en mi cara había impreso. Ha sentido 2441
junto a su innoble y malnacida prole 2442
lo que conlleva faltar al honor 2443
de un Rey como soy yo. Si no son necios, 2444
los otros que por él hay en la corte 2445
podrán tener delante tal ejemplo 2446
que sabrán qué camino tomar deben 2447
para esquivar tan cruel y fiero escollo. 2448
[AL.]
Así será, invicto señor, si tienen 2449
juicio y no están ciegos. 2450
SUL.
Y si están ciegos,
de tal guisa les abriré los ojos 2451
que podrán hacer ver a los demás 2452
eso que no habrán querido ver ellos. 2453
Si no se hiciese así, el Rey y los Nobles 2454
por debajo estarían de los hombres 2455
más viles que haya en el mundo y sus cortes 2456
se degradarían más que las chozas. 2457
TAM.
Es como vos decís, alto Señor, 2458
y se deben mostrar los Reyes como 2459
Señores y Reyes como hacéis vos: 2460
y que hable quien quiera hablar. Los ultrajes 2461
a Señores esperan este premio 2462
que ya ha recibido el traidor Oronte, 2463
y este es el fruto que les da el imperio. 2464
SUL.
Dicen algunos que la violencia 2465
consume los estados y que sólo 2466
el amor los mantiene y que un Señor 2467
debe asir la brida con mano leve 2468
y que un Rey debe temer sobre todo 2469
el ser temido. Pero yo sostengo 2470
que es mucho más cierto que es el temor 2471
la columna de un reino y que sin éste 2472
caminen los imperios a la ruina. 2473
Un rey debiera ser siempre terrible, 2474
y bien que lo demuestra el rey del cielo, 2475
quien, cuando quiere conservar su altura, 2476
sostiene en mano el feroz rayo ardiente, 2477
y al deponerlo, de Rey de los Dioses 2478
deviene buey, ave, sátiro y cabra. 2479
Ten por seguro que haré cualquier cosa 2480
que esté en mi mano que temor infunda. 2481
Puedes odiarme, y que también me teman 2482
todos mis súbditos. De un solo parto 2483
nacieron, como hermanos, reino y odio, 2484
y quien no intenta ser temido, quiere 2485
dejar el reino pronto y tornar siervo. 2486
No seré yo. ¿Mas qué te pareció 2487
el valor de Oronte, cuando se vio 2488
atrapado en la red? 2489
AL.
Me pareció
que hiciese como los desesperados, 2490
que en la desesperanza hallan salud. 2491
Él consideró que con el reproche 2492
por la fe rota y mostrándose fuerte 2493
tolerando la muerte, ya que huir 2494
no podía; encontraría merced; 2495
o os haría avergonzar a vos mismo 2496
al oír sus palabras, y dejar 2497
vuestra empresa. ¿Pero es que no sabía 2498
que quien engaña a quien confía en uno 2499
debe ser por esa fe castigado? 2500
Y quien condena a aquellos que así actúan 2501
mucho yerra y de la verdad se aleja. 2502
Se debe ser fiel a quien sea fiel, 2503
pero tener fe en quien falta a la fe 2504
es una infidelidad manifiesta; 2505
y es bien dichoso hasta cuatro y seis veces 2506
quien de las injurias puede vengarse. 2507
SUL
¿Y por qué crees tú que pudiendo yo 2508
haber matado al traidor en seguida 2509
sin darle esperanza, se la haya dado? 2510
Sólo para que fuera semejante 2511
la venganza al ultraje. Si él la injuria 2512
me hizo cuando para mí era el más fiel 2513
de mi corte, yo quise que esa fe 2514
fuera la que lo llevara a la muerte. 2515
AL.
No pensaba otra cosa. Y en verdad 2516
digo que siempre vi que eráis prudente, 2517
pero hoy más que nunca; y en muchas pruebas 2518
os vi ser Rey; pero en esta ocasión, 2519
Señor, os superasteis a vos mismo. 2520
Desde ahora tengo vuestro ánimo invicto 2521
por dignísimo de cetro y corona. 2522
SUL
Yo me precio también que casi el fin 2523
de mi vida con un acto tan digno 2524
me he presentado cual rey verdadero. 2525
¡Oh, si hubiese dejado que Malecche 2526
me hubiese hecho pensar con sus locuras 2527
que perdonar los ultrajes sufridos 2528
es lo que conviene a un Rey más que nada, 2529
cuánto habría hecho menguar mi gloria! 2530
TAM.
¿Qué sabrá Malecche? Si él fue criado 2531
entre mujeres y ocios y os mesura 2532
con su corazón vil; él nada sabe 2533
de reales y gloriosas empresas. 2534
Invicto Señor, yo siempre diré 2535
que el remedio al ultraje es la venganza 2536
y que muerte cruel y sangre vertida 2537
son pruebas de los ánimos reales: 2538
¿pues quién debe hacerlo, si no los reyes? 2539
SUL.
No es de otro modo. Mas dejemos ya 2540
de discutir de esto: quiero que vayas 2541
a casa y traigas aquí los tres platos 2542
con las cabezas de Oronte y sus hijos 2543
que cubiertos están con cendal negro. 2544
[AL.]
Voy, Señor. 2545
SUL.
Ve pronto y pronto regresa.
Y tú, Tamul, ve donde está mi hija 2546
y dile que venga rápido a verme, 2547
que le daré un regalo digno de ella, 2548
de las nupcias y de tan feliz día. 2549
TAM.
¿Le queréis ofrecer, Señor, los platos 2550
que hemos llevado a casa donde están 2551
la testa de Oronte y sus hijos muertos? 2552
SUL.
Eso quiero hacer. 2553
TAM.
Por Dios que hacéis bien.
para que lleve de su error la pena, 2554
pues el golpe que a vos ha sacudido 2555
justo es que también la sacuda a ella 2556
SUL.
Vete y dile que no tarde. 2557
AL.
Ya estoy
aquí, Señor, ¿dónde queréis los platos? 2558
¿Aquí quizás? 2559
SUL.
No, aléjalos un poco
de esta tarima. 2560
AL.
Aquí?
SUL
Sí: ¿mas con qué ojos
crees que mi hija verá este regalo 2561
que quiero hacerle? 2562
AL.
No me cabe duda
que más dolorosa será la herida 2563
que en su corazón hará tal regalo 2564
que atravesándola con un cuchillo; 2565
es peor que una herida y que la muerte 2566
un continuo dolor y sin remedio. 2567
Ha sido una buena idea pensar 2568
que, sin darle muerte, y estando viva 2569
la mate la pena continuamente. 2570
Pero veo que Tamul ya se acerca 2571
sin ella. 2572
SUL.
¿No viene, Tamul, Orbecche?
TAM.
Dice que vendrá prontamente, alteza, 2573
con vos, para obtener vuestro presente. 2574
SUL.
Pues retirémonos todos a un lado 2575
para que al mostrarse no pueda vernos. 2576

ESCENA II

(NODRIZA, ORBECCHE, SULMÓN, SEMICORO)
NOD.
¿Cuándo llegará ese día, alta Reina 2577
en que se acabarán vuestros lamentos? 2578
ORB.
Querida nodriza, ese feliz día 2579
será el que me mande bajo la tierra. 2580
NOD.
Vanos sean, Señora, estos augurios 2581
que ahora hacéis vos de forma insensata. 2582
Mucho os ruego, si es que algún valor tienen 2583
mis súplicas y estos mechones blancos 2584
y la fe y el amor con que hasta ahora 2585
os he criado, que queráis al fin 2586
desterrar dolor, suspiros y llantos. 2587
Teméis la lluvia en el tiempo sereno 2588
y en el mar quieto la cruel tempestad. 2589
Los demás el bien en el mal esperan 2590
y la esperanza los sustenta: vos, 2591
cuanto más bien tenéis, peor teméis. 2592
¡Oh, que inútiles dudas y temores 2593
no turben placer y calma veraces. 2594
ORB.
¿Ignoras, Nodriza, que si dichosa 2595
se nos presenta la fortuna, tanto 2596
más debemos temer y recelar 2597
de sus lisonjas siempre tan falaces? 2598
Ella a veces nos lleva a lo más alto 2599
para que mayor sea al fin la ruina; 2600
y muchas veces, creyendo tenerla 2601
a favor, en un brevísimo instante, 2602
gira la espalda y huye de nosotros 2603
y de nuestra falaz creencia deja 2604
como único galardón nuestra pena 2605
y el ver claramente que quienes ponen 2606
en ella esperanza y en sus lisonjas 2607
quedan con las manos llenas de viento. 2608
¿Y quién no temería, viendo a un tal, 2609
como fue Tamul, venir hacia mí 2610
y llamarme de parte de mi padre? 2611
¿No sabes que nunca hubo un ser tan cruel 2612
y letal como Tamul en la tierra? 2613
¿Ni nadie en quien mi padre más confíe 2614
para hacer el mal? Además de un sueño 2615
que he tenido esta noche y hasta ahora 2616
he ocultado a Oronte, para no darle 2617
más motivos de agrio y crudo dolor, 2618
que no me deja esperar nada bueno. 2619
NOD.
¿Qué sueño es este? Dejad, por favor, 2620
que lo conozca yo, si no os disgusta. 2621
ORB.
Llegaba a su fin la pasada noche 2622
y ya la Aurora con bella crin de oro 2623
se mostraba en el balcón del oriente 2624
feliz, con rostro cándido y bermejo, 2625
para escoltar al sol como acostumbra, 2626
cuando vencida de dolor y pena, 2627
(si se puede 2628
llamar sueño aquel estupor que ocupa 2629
la mente que sufre dolor interno) 2630
Y apenas cerré los lánguidos ojos, 2631
que me pareció ver que se acercaba 2632
una paloma más blanca que nieve, 2633
seguida del compañero y dos hijos, 2634
acogiendo a los pollos bajo el ala, 2635
gozando con el compañero. Vino 2636
un águila del cielo, perturbada, 2637
se lanzó sobre las crías y el macho, 2638
que en dulce juego estaba con la amiga, 2639
y con el rostro cruel y con las garras 2640
hizo una destroza acerba y feroz 2641
que sólo recordarla me entristece. 2642
Y así muertos delante de la pobre 2643
los lanzó ferozmente y ella triste 2644
con débil murmullo llorando el hecho 2645
salvaje, rendida al amargo afán, 2646
cayó muerta sobre los cuerpos muertos. 2647
Entonces desperté, con tanto miedo 2648
que temblaba el corazón en el pecho. 2649
Me ha puesto tanto terror en el alma 2650
este horrible sueño, que sólo puedo 2651
pensar en cosas tristes y penosas. 2652
Oh Dios inmortal, haz que sea vana 2653
la horrible visión y aparta a los míos 2654
de cosa tan cruel y tan miserable. 2655
NOD.
Me temo que habéis acogido dentro 2656
del corazón tanta melancolía 2657
como hay en el mundo. ¿Pues no es de locos 2658
que se tema a la noche en pleno día? 2659
(y os pido perdón 2660
por decir esto) 2661
con tanta fiesta, en tan dichoso día, 2662
temer algo que os pueda traer pena. 2663
Ni quiero que el mal sueño horror añada, 2664
pues si dice poco de alguien dar fe 2665
a tales cosas, menos de vos dice 2666
que debéis tener esa inteligencia 2667
que conviene a vuestro grado real. 2668
Decidme, ¿qué queréis sino soñar 2669
con penas y muertes, si en pena estáis 2670
siempre y os oponéis al placer vuestro? 2671
No deben llenar la mente los sueños 2672
pues son vanos e hijos del pensamiento 2673
del día y casi siempre son falsos. 2674
Si hubieseis pensado en cosas alegres, 2675
en vez de tristes, alegres serían 2676
los sueños y no, como ahora, mustios. 2677
ORB.
Parece que no sepas que los dioses 2678
por proteger a alguien suelen mostrar 2679
en sueños el futuro; y despreciarlos, 2680
es despreciar la salud y la vida. 2681
Así fue ya el sueño de Apolodoro 2682
y el de Hímera y el de Hiparco también, 2683
y el de Alejandro, de Cresso, de Aníbal 2684
y de muchos otros que, si a sus sueños 2685
hubieran creído, habrían salvado 2686
o un hecho acerbo o muerte abominable. 2687
NOD.
La fe, Reina, que del Rey se os ha dado 2688
debe ser para vos cual rayo claro 2689
que despeje toda sombra de pena. 2690
ORB.
Yo sé, Nodriza, y tengo buenas pruebas, 2691
que la fe siempre se halla ante las puertas 2692
de las reales estancias, mas no osa 2693
poner el pie más allá del umbral. 2694
¿Y además cuál es la fe de mi padre 2695
(para decirnos como están las cosas) 2696
quien bajo la fe ha traicionado a miles? 2697
Ya no es buen refugio para los fraudes 2698
del venerable nombre de una fe 2699
que raro es ver hoy en casa de Reyes. 2700
NOD.
Reina mía, dejémonos ahora 2701
de quejas y vamos con vuestro padre, 2702
que espero que el regalo que os dará 2703
os dejará en estado jubiloso. 2704
ORB.
¡Que los dioses te oigan! Vayamos pues 2705
que él está donde suele recogerse 2706
y allí espera. 2707
NOD.
y alegrad esa cara
tanto como podáis y desterrad 2708
lo que encierra de triste el corazón. 2709
ORB.
Lo haré tanto como sea posible. 2710
¿Qué quiere de mí vuestra majestad? 2711
SUL.
No quiero sino el bien. Marchad a casa 2712
todos, pues quiero estar un rato a solas 2713
con mi amada hija y hablar con ella. 2714
Orbecche, al saber que era tu marido 2715
nuestro Oronte, y mi yerno, le he abierto, 2716
hace menos de una hora, el corazón 2717
para que supiese cuán feliz era 2718
desde que me había enterado que él 2719
te había tomado por mujer. Sólo 2720
falta que sepas tú cuánta alegría 2721
me ha dado que lo tengas por marido; 2722
y por eso quiero hacerte un presente 2723
en el que podrás ver con claridad 2724
lo satisfecho que me quedo de esto 2725
y cuán sólida es también nuestra paz. 2726
[ORB.]
Padre, no pretendo obtener más pruebas 2727
de la paz que da vuestra majestad 2728
que el perdón que de vos ya he recibido 2729
es más de lo que creía y merezco. 2730
Mas, si queréis hacerme este presente 2731
no para aclarar el bien que me hacéis, 2732
sino por complaceros y mostraros 2733
que lo que a vos place, tanto a mi gusta. 2734
Lo aceptaré con frente despejada. 2735
SUL.
Así quiero que lo hagas hija mía. 2736
Levanta aquel cendal y allí debajo 2737
hallarás mi alegría y tu contento. 2738
ORB.
Parece que tema llegar la mano 2739
a aquel cendal, el corazón me tiembla 2740
en el pecho, y que no ose levantarlo. 2741
SUL.
¿Qué esperas, hija? Levanta sin miedo, 2742
que verás que desvelará qué siente 2743
por ti mi corazón. 2744
ORB.
¿Ay, ay, qué es esto?
SUL.
Este es el regalo, malvada hija, 2745
que ha merecido vuestro amor fingido 2746
por nos. 2747
ORB.
¡Ay, triste de mí! mezquina!
SUL.
Es tu fe rota. 2748
ORB.
¡Ay de mí, qué dolor!
SUL.
Y el considerar poco nuestro honor. 2749
ORB.
¡Oh cruel espectáculo, oh caso acerbo! 2750
SUL.
Es así, tal como lo has merecido. 2751
ORB.
¡Ay, con qué áspero cuchillo me habéis 2752
atravesado! 2753
SUL.
El que más digno os era.
ORB.
Ay, al menos podíais ser piadoso 2754
con los hijos. 2755
SUL.
No cabe la piedad
ante injuria tan atroz. 2756
ORB.
¡Ay, mejor
estar muerta, que haber de ver tal cosa! 2757
SUL.
Contempla la satisfacción, oh aviesa, 2758
que has dado a tu padre. 2759
ORB.
¡Qué lagrimoso,
ay triste, se me ofrece este regalo, 2760
del que esperaba yo estar satisfecha! 2761
¡Ay, padre amado! 2762
SUL.
¡Padre soy ahora,
pero no lo fui cuando cogiste a este 2763
traidor por marido, hija perversa! 2764
Me gusta que hayas abierto los ojos 2765
y me conozcas. 2766
ORB.
¡Qué cruel espectáculo!
¡Ay, mi marido, ay de mí! 2767
¡Ay, hijitos, ay de mí! 2768
¡Cuántos afanes, ay, me habéis causado! 2769
SUL.
Cuanto más te duele a ti, más gustoso 2770
y grato es para mí, hija proterva; 2771
y cuanto más te veo penar, tanto 2772
más me alegro y goza mi corazón. 2773
ORB.
Me sería aún más desagradable, 2774
padre, ver que una cosa así de cruel 2775
no a otros, sino a vos mismo podría 2776
daros piedad, y lo que agravaría 2777
más mi dolor, sería que de vos, 2778
de quien debían esperar grandeza 2779
y honor mis queridos marido e hijos, 2780
hubiesen recibido ultraje y muerte. 2781
Mas la alegría que por lo que veo 2782
os provocan mi dolor y su muerte 2783
y que consideréis que el grave error 2784
que cometimos no haya merecido 2785
pena menos cruel ni fiero castigo, 2786
más paciencia me da en tan gran dolor 2787
que no tendría sin esto: pues yo 2788
valoro mucho más vuestra alegría, 2789
que ser yo dichosa, si vos sufrís. 2790
Mas porque, pensando en la gravedad 2791
de mi culpa y en mi yerro tan grave, 2792
no merezco yo pena menos dura, 2793
puesto que he sido la causa primera 2794
de tanto mal, padre mío, yo os ruego 2795
(si obtendría una hija gracia del padre) 2796
que con mi nocente sangre lavéis 2797
la mancha hecha a la progenie real 2798
y al nombre venerable de su padre. 2799
Y para que la cosa no se alargue 2800
tomad la que os guste más de estas dagas 2801
para golpear mi pecho culpable 2802
de tal manera que el alma se vaya 2803
y me quede aquí pálida y exangüe. 2804
SUL.
Debiera hacerlo, si sólo quisiera 2805
fijarme en tu error, pero ya no quiero 2806
ensuciarme las manos con mi sangre: 2807
es bastante con que sepas al fin 2808
qué te conviene hacer en el futuro 2809
y qué respeto me debes tener. 2810
Que por ahora hasta aquí llegue la ira, 2811
extinta toda en la sangre culpable. 2812
Te aprecio, como antes, hija querida 2813
y quiero que me tengas por tu padre. 2814
ORB.
No merezco tanto, padre: la muerte 2815
debe enmendar el error cometido. 2816
SUL.
Mejor vive y alégrate conmigo 2817
de que ya estén muertos los que debían, 2818
y eran mi infamia tanto como tuya; 2819
y disponte para un marido igual 2820
a tu alteza y a tu sublime grado, 2821
con el cual tendrás hijos de tu estirpe 2822
dignos, para mi satisfacción. Baja 2823
estas dagas y entra en casa conmigo, 2824
y te daré un claro signo de paz. 2825
ORB.
Si el cielo aún no me es contrario, poco 2826
tardará en llegar, traidor, la venganza 2827
que yo misma tomaré, por la injuria 2828
recibida si no fallan las dagas. 2829
SUL.
¿Ah, malvada, ay, cruel, ay de mí, que muero, 2830
ay, me ha clavado la daga en el pecho 2831
la perversa hija! Ay de mí, ayudad 2832
a vuestro Rey, soldados. ¿Qué esperáis? 2833
Cogedla, matadla, que vea yo 2834
antes de que me muera, la venganza. 2835
SEM.
¿Qué grito, ay, qué es esta voz horrenda 2836
del Rey Sulmón? La hija con el cuchillo 2837
que oculto estaba en la mano derecha 2838
le ha dado en medio del pecho, cuando él 2839
la quería abrazar, y lo ha matado 2840
mas no le basta, también lo degüella 2841
con otro cuchillo. 2842
SUL.
Ay de mí, ¡piedad!
SEM.
Está muerto del todo. ¡Oh cuánta sangre 2843
derraman las heridas! ¿Mas que veo? 2844
¿Cabe tal furor en un pecho humano? 2845
¿Y especialmente una mujer? La testa 2846
le separa del cuello y de los brazos 2847
ambas manos. Es tal como se dice 2848
que ni viento, fuego, ni fuerza alguna 2849
es tan temible, como una mujer 2850
que se vea privada del marido 2851
y movida por Amor y dolor. 2852
Mas quien para sí la crueldad contempla, 2853
de Sulmón ve que bien se merecía 2854
por las manos de aquella a la que había 2855
con los hijos y el marido también 2856
asesinado; y con las mismas dagas, 2857
con una de las cuales abrió el pecho 2858
de un inocente y al otro las venas 2859
cortó, fuese él abierto y degollado 2860
también; y si la cabeza de Oronte 2861
cortó del cuello y de brazos las manos, 2862
contra justicia, también él debía 2863
de manos que debían defenderle 2864
de ataques, recibir igual merced. 2865
Pues no está mal hecho haberlo matado, 2866
que se entrega a Dios víctima tan grata 2867
como un malvado Tirano como este: 2868
fue el mal para Oronte, quien nunca tuvo 2869
rival en gentileza, y el mal fue 2870
para aquellos dos hijos que podían 2871
(como era justo) 2872
y fue el mal también de esta pobre Reina, 2873
cuyo dolor es tanto y es tan grave 2874
que es sorprendente que aún siga viva. 2875
Me parece ver a una hosca tigresa 2876
a quien el cazador dejó sin hijos, 2877
buscando por el bosque y dando voces 2878
amargas, rugiendo cruel por el campo, 2879
por su dolor devorada y roída. 2880
Pues nada más que dolor es su rostro, 2881
del corazón salen sólo lamentos, 2882
y desquiciada, aquí y allá mirando 2883
fija y cruelmente, busca con los ojos 2884
que asemejan a dos teas de fuego. 2885
Mas veo que la cabeza y las manos 2886
del padre cruel lleva ahora hacia fuera, 2887
con la daga en mano; y pues yo ya a casa 2888
me quiero ir, pues no me gustaría 2889
que con este tiempo oscuro y nublado 2890
me cayese encima esta tempestad; 2891
que a veces la ira y el dolor fiero 2892
ciegan el ingenio que no discierne 2893
amigo de enemigo; y conduce 2894
a desgracia y muerte sin miramientos 2895
a quien está dispuesto a hacer venganza. 2896

ESCENA III

(ORBECCHE, NODRIZA, MUJERES DE LA CORTE de la Reina)
ORB.
Disfruta traidor de tus fechorías, 2897
disfruta, más duro y cruel que un escita, 2898
más fiero que las fieras, de tu orgullo 2899
y de la fe violada. Despiadado, 2900
te has saciado con mi sangre inocente; 2901
y yo me he saciado con tu delito, 2902
mas por razón más justa. ¿En qué te había 2903
ofendido mi Oronte, cruel, y yo? 2904
¿y si en nosotros estaba el ultraje 2905
qué culpa tenían los hijos nuestros 2906
para que tú me los hicieras ver 2907
como ahora los veo? Oh depravado, 2908
¿y cómo al querer con la daga herir 2909
a los claros y generosos hijos 2910
no te cruzó el pecho la piedad vera? 2911
Oh sol que el mundo adornas e iluminas, 2912
¿por qué no escapaste entonces del cielo 2913
cuando el Tirano cruel que por mi yace, 2914
cometió un acto tan horrible y sucio? 2915
¿Cómo pudo tu serena luz ver 2916
una cosa tan cruda y tan horrenda 2917
sin oscurecer? Oh supremo Júpiter, 2918
¿por qué no ardió con tus rayos un monstruo 2919
tan abominable y tan execrable? 2920
¿y cómo consentiste, tierra, tú, 2921
que sobre ti hiciese este acto maligno? 2922
ay de mí, ¿por qué tú no lo arrastraste 2923
hasta el bajo centro al fiero homicida 2924
que causas tan crudas da para el llanto, 2925
y no sé cuál debo lamentar antes, 2926
si al marido o a los hijos. Ay, ojos, 2927
¿cómo podéis mirar esto vosotros, 2928
sin quedar ciegos? Y tú, corazón, 2929
¿cómo me mandas para sostenerme 2930
el espíritu vital, si están muertos 2931
los que eran mi vida, cuyas imágenes 2932
con tanta dicha habías esculpido? 2933
Ay de mí, marido, ay, mis hijos, ay, 2934
¿por qué no me concede el rey del cielo, 2935
en su bondad, que igual que yo vivía 2936
en los tres dichosa, muriendo ahora 2937
a los tres os diese también la vida? 2938
Y si no me permite con mi muerte 2939
daros la vida, ¿puedes por lo menos 2940
mi esposo, impetrar un poco de espíritu, 2941
para que a tu triste e infeliz esposa, 2942
que con amarga voz te llama ahora, 2943
puedas decir una sola palabra? 2944
Cabeza amada sobre cualquier cosa, 2945
¿de qué sirve pedir un imposible? 2946
Maldito sea aquél que me hizo verte 2947
tal como ahora te veo. Recibe 2948
lo que te ofrece tu mujer, la testa 2949
de aquel traidor que te cortó la tuya, 2950
y las manos autoras del cruel acto. 2951
Y vosotros, fieles sustentos míos, 2952
hijos nacidos de madre infeliz, 2953
vísceras manifiestas de mi cuerpo, 2954
imagen viva y real de mi Oronte, 2955
¡cómo estoy sin vosotros, ay mezquina, 2956
triste, mísera, afligida y doliente! 2957
¿Por qué os di, como inocentes corderos, 2958
a aquel lobo rabioso y no dejé 2959
que me desangrase y abriese el pecho 2960
antes que daros a esas crueles manos, 2961
mucho más sedientas de vuestra sangre, 2962
que aquellas del feroz oso salvaje? 2963
Ay de mí, que bien los dioses del cielo 2964
me mostraron mi triste suerte en sueños 2965
y del claro mal tuvo un buen presagio 2966
mi mente; pero esquivar no se puede 2967
el destino atroz ni la aviesa suerte. 2968
Gozad, al menos, almas inocentes 2969
gozad, de que aquí yace ahora aquél 2970
por quien vosotros yacéis. Y las dagas 2971
mismas con las que él os ha asesinado, 2972
lo han matado a él, por aquellas manos 2973
que debían haberos defendido 2974
del furor, si hubiese querido el cielo, 2975
y cual víctima ahora os da sacramento. 2976
¡Ay, mi marido, ay de mí, 2977
ay, hijitos, ay de mí, 2978
¡Qué gran dolor que por vosotros siento! 2979
NOD.
¡Oh qué llanto, qué gritos, que lamentos 2980
crueles oigo! 2981
MUJ. DE
Son en verdad muy graves,
SEMICORO
y no está muy lejano este lamento. 2982
ORB.
¡Oh día siempre acerbo ante mis ojos, 2983
más negro y aciago que cualquier otro, 2984
qué tristeza me das, cuánto dolor! 2985
¡Qué buen morir si fuese hace cuatro años! 2986
No debe ser más infeliz que yo 2987
la propia infelicidad; y si puede 2988
tener cuerpo mortal, el mío es suyo. 2989
NOD.
No tendré piedad hasta que no sepa 2990
la razón del mal o quién se lamenta. 2991
ORB.
¿Pero por qué prolongo más mi vida? 2992
He acabado mi empresa con vosotros, 2993
hijos míos, querido esposo mío; 2994
y ya no me queda por hacer nada 2995
sino que se reúna con vosotros 2996
este alma miserable y desdichada. 2997
Mas, querido esposo y queridos hijos, 2998
cuyas almas llamadas por mis gritos 2999
quizás han venido y aquí disfrutan 3000
juntas de la venganza que he tomado, 3001
tomad este alma que va hacia vosotros 3002
para no separarse ya y gozaros 3003
siempre. A nosotros, contra su costumbre, 3004
de separar los unos de los otros, 3005
nos unirá la muerte en nudo eterno. 3006
¡Ay, querido esposo, oh queridos hijos! 3007
NOD.
Intentemos si acaso puede verse 3008
quien alza al cielo tan tristes palabras. 3009
ORB.
Os ruego, si la piedad de este mundo 3010
no ha sido expulsada, se me conceda 3011
una gracia en este extremo momento: 3012
que así como se juntarán las almas 3013
en aquella otra vida… 3014
MUJ. DE
¡Ay, ay, Nodriza,
SEMICORO
¡Que es nuestra reina la que se lamenta! 3015
Mírala allá con una daga en mano, 3016
que parece que se quiera matar. 3017
NOD.
¡Ay, que el traidor del padre habrá faltado 3018
a su confianza y la habrá forzado 3019
a darse muerte con su propia mano! 3020
¡Ay, triste de mí! Vamos a su encuentro, 3021
queridas mujeres, pero escondidas 3022
que no se dé cuenta, no vaya a ser 3023
que se apresure a atravesarse el pecho 3024
al vernos cerca; y en cuanto podamos 3025
salvémosla de la muerte. 3026
ORB.
Así
juntos en un mismo sitio reposen 3027
nuestro cuerpos en esta vida que ora 3028
atravesándome el pecho abandono. 3029
NOD.
Ay, ¿qué es esto, ay de mí, Reina, qué impío 3030
furor os conduce tan ciegamente 3031
a daros muerte? 3032
¡Mísera de mí, qué tarde 3033
hemos llegado! ¡Ay de mí! 3034
¡Nuestra excelsa Reina! 3035
¡Ay de mí, que muerta 3036
la veo, ay, yacer! 3037
Veo la razón 3038
de su acerba muerte. 3039
ay crudo padre, 3040
¿cómo has podido siendo tú su padre 3041
privar a tu hija de sus propios hijos, 3042
por lo que fuera, tan indignamente? 3043
No digo del marido, aunque haya sido 3044
algo indigno y perverso asesinarlo. 3045
¡Oh qué pérdida! ¡Ay de mí, qué dolor! 3046
¡Ay, vejez infeliz, ay vida amarga 3047
y más cruda que la muerte! Ay destino 3048
feroz, rapaz y cruel, destino injusto, 3049
¿cuánta más infelicidad, tristeza 3050
y congoja pondrás en esta corte 3051
hasta quedar saciado? 3052
¡Ay de mí, Reina! 3053
Y por qué no habéis llamado también 3054
a esta vieja para morir con vos, 3055
de manera que alguien pueda decir: 3056
¿Orbecche ha muerto y la Nodriza vive? 3057
Bien adivinaste qué pasaría, 3058
mientras que yo, simple y necia, no quise 3059
creeros nunca, sino que os empujé, 3060
oh infeliz, a una muerte manifiesta 3061
al persuadiros de que os gustaría 3062
el regalo del padre despiadado, 3063
que ha sido el causante de que os deis muerte. 3064
MUJ. DE.
Tristes de nosotras, como extraviada 3065
SEMICORO
nave somos sin gobierno en el mar, 3066
llenas todas de dolor 3067
y sin honor ninguno, 3068
sin esperanza de ayuda. 3069
Después de que aquella que nunca tuvo 3070
parangón entre nosotras, 3071
al final ya de sus días 3072
cual relámpago vino y se esfumó. 3073
¡Ay, fortuna áspera y cruel, 3074
ay, suerte acerba, ay suerte, 3075
cómo nos mataste a todas de un golpe! 3076
NOD.
Justo dolor os hace lamentaros, 3077
hijas mías, porque la muerte os quita 3078
toda esperanza y honor, y a mí, vida. 3079
¡Oh falsas ideas de los mortales! 3080
Cuando a vos Reina, casada y dichosa 3081
esperaba veros en suma alteza, 3082
os veo muerta. ¡Ay triste y doliente! 3083
¡Oh, señora, oh Reina amada y querida, 3084
alzad los ojos a vuestra Nodriza 3085
y veréis su llanto; y que a las palabras 3086
responda esta boca de la que dulces 3087
salían y tan sutiles acentos 3088
que podían dulcemente paliar 3089
cualquier gran llanto, ay de mí! 3090
mas no podrá hacer la muerte 3091
que no reciba al menos de estos labios 3092
el último suspiro, si algo queda. 3093
Oh dulces y amados labios, 3094
oh labios queridos, 3095
que con tanta dicha mía chupasteis 3096
mis tetas, como os veo ahora exangües! 3097
Mísera de mí, ay que son de vidrio 3098
nuestras esperanzas y huyen veloces 3099
como una brisa ligera, 3100
oh vida mía, 3101
responded al menos una palabra 3102
a la mísera Nodriza que os llama. 3103
¿Mas por qué la llamo? Ella no oye nada. 3104
Queridas hijas mías, ayudadme 3105
a llevarla con los hijos a casa 3106
y la testa del marido; que al menos 3107
cumplamos con su postrero oficio 3108
y echemos al cruel e impío Tirano 3109
a buitres y lobos que lo devoren. 3110
¡Oh, peso que el más dulce eras de todos, 3111
como ahora eres el más amargo! 3112
Ay de mí, Reina, ay de mí, 3113
ay de mí, ¿por qué no muero, 3114
sabiendo que ya estáis muerta? 3115
Oh, ¿cómo podré 3116
seguir viviendo sin vos en el mundo? 3117
oh, ¿por qué, privándome de mi bien, 3118
acerba, cruel, inexorable muerte, 3119
quitándome a aquella por quien vivía, 3120
no me has quitado con ella mi vida? 3121
MUJ. DE
Nosotras, tristes, ¿qué esperamos ya? 3122
SEMICORO
Muerta toda la esperanza, 3123
sólo hay suspiros, angustias y penas, 3124
con vos perdimos todo nuestro apoyo, 3125
querida Reina nuestra, y con vos yace 3126
toda nuestra alegría y nuestra paz. 3127

[CORO]

CORO
Qué vana y qué fugaz es 3128
esta felicidad nuestra mortal, 3129
que sólo es una sombra de la eterna, 3130
y a quien en la divina alma se interna, 3131
cuanto más bella parece, vale menos. 3132
Así a aquella inmortal 3133
que es dónde el Señor que gobierna el cielo, 3134
discierna cualquier verdad, 3135
del veloz razonar debe elevarse 3136
y dejar la débil carne 3137
para que gocen los necios 3138
a quien lo terrenal la vista empaña. 3139
FIN DEL QUINTO ACTO

Acto

LA TRAGEDIA
Ya ha llegado mi doloroso fin, 3140
querido lector, y de haber podido 3141
disponer de mí misma a voluntad, 3142
escondida, no habría molestado 3143
a nadie con mis doloridas quejas. 3144
Pues aun yo sabiendo que los más sabios 3145
anteponían a cualquier poema 3146
la gravedad real de la Tragedia, 3147
porque vieron bien que no había nada 3148
en el mundo de donde sacar pudo 3149
la humanidad mejor modo de vida, 3150
veía sin embargo que aumentaba 3151
(por la ruina del mundo) 3152
y la Tragedia ya no era apreciada, 3153
sino que a muchos su nombre era odioso. 3154
Pero como han vencido a mis deseos 3155
los de otros y a la luz debo salir 3156
sin querer yo, si en ti hay piedad te ruego 3157
que seas conmigo censor más bien 3158
benigno e indulgente, que agrio y crudo: 3159
para que no añadas a mi dolor, 3160
que ya es duro, al herirme, más afanes. 3161
Si acaso parece que no me muestro 3162
con el hábito altivo que debiera, 3163
me excusen la fuerza de los martirios 3164
que tanto me han quitado de adornarme 3165
el deseo, que a menudo he envidiado 3166
a las más toscas pastorelas, pues 3167
en su humilde hábito hay reposo, 3168
donde lo grave y real halla cura. 3169
No debes despreciarme por nacer 3170
yo de algo nuevo y no de historia antigua: 3171
pues quien con buen ojo la verdad mira, 3172
verá que no se condena y se deja 3173
que de nueva materia y nuevos nombres 3174
nazca nueva Tragedia. Ni tampoco 3175
porque traiga el prólogo separado 3176
debo ser criticada, porque el tiempo 3177
en el que he nacido y mi novedad 3178
y algún otro aspecto escondido me hacen 3179
llevarlo conmigo: bien loco fuera 3180
aquel que, por no hacer uso de nada 3181
que no fuera usanza de los antiguos, 3182
dejase lo que tiempo y lugar piden 3183
sin deshonor. Y si en todo no soy 3184
igual a las antiguas, es porque hace 3185
un momento nací de padre joven 3186
y sólo joven puedo aparecer; 3187
y quizás podrá aliviar tu pesar 3188
por mi grave dolor, la verde edad. 3189
Y tampoco que esté yo dividida 3190
en actos y escenas debe imputarse 3191
a vicio, sino a aparecer más leve 3192
Pues tal como un hombre que no tuviese 3193
separados sus miembros fuera un monstruo, 3194
creo que sería desagradable 3195
verme confusa en un todo. Pues vieron 3196
bien Séneca y los antiguos romanos, 3197
cómo los griegos erraban en esto. 3198
Que yo sea grande y grandes mis partes, 3199
no está fuera del orden natural, 3200
es más, mayor beldad reina en los cuerpos 3201
que son los mayores de su especie. 3202
Y si hay alguien a quien le pese oír 3203
razones que puedan causar piedad 3204
a una alma predispuesta a la venganza, 3205
quizás se le haga muy largo Malecche, 3206
que no dude en acortarlo, que yo 3207
no vendré nunca a discutir con él. 3208
Y que no te extrañe que las mujeres 3209
que vienen conmigo sean más sabias 3210
de lo que otros ven propio de mujeres. 3211
Que además de la luz de la razón, 3212
que tiene, igual que el hombre, la mujer, 3213
el gran saber de esa sublime y rara 3214
mujer, cuyo real y excelso nombre 3215
con suma reverencia y sumo honor 3216
escondo en mi interior bien conservado 3217
puede dejar claro a todo buen juicio 3218
no sólo el valor que en sí tener puede 3219
dama gentil, mas que en prudencia y juicio 3220
(dejando de lado la envidia ajena) 3221
puede igualar a cualquier hombre sabio. 3222
Tampoco te extrañe que no haya en mí 3223
ni Ciros, ni Daríos ni Satipnas, 3224
aunque yo declare que soy de Persia: 3225
de esta crítica me puede excusar 3226
mi propio nacimiento, bien mirado. 3227
Ni debe parecer duro, a quien sepa 3228
lo que puede la desesperación 3229
y el dolor en corazón de mujer, 3230
que la hija, sin esperanza alguna 3231
por el dolor diese muerte al cruel padre. 3232
Y a pesar de que muera el cruel tirano 3233
no podrá nadie acusarme jamás 3234
de maldad si mira con ojos sanos 3235
la piedad que surge en los corazones 3236
viendo el caso de aquellos por quien nazco. 3237
Y si ha conducido el Estagirita, 3238
quien tanto vio y supo y tanto escribió 3239
y abrió el arte de componer tragedias, 3240
a darse explícita muerte la Reina, 3241
de aquí mi nombre, para acortar su mal, 3242
no debe sorprender que de las leyes 3243
del Venusino se alejase en esto 3244
y quisiese ante el pueblo con el hierro 3245
darse con mano fuerte en escena muerte. 3246
A los que amantes de los circunloquios 3247
andan mendigando con ansiedad 3248
palabras vanas y epítetos graves 3249
y ciegos de horror y sangrientas muertes, 3250
de Aquerontes, de noches negras y hórridas 3251
llenan sus papeles si escriben penas, 3252
y si alegrías, no se oye otra cosa 3253
que flores, sombras, cuevas, olas y brisas 3254
rubís, zafiros, topacios y oro, 3255
diría que para eso me hizo inepta 3256
la fuerza del dolor que me oprimía; 3257
y más bien he preferido plasmarlo 3258
con el adorno adecuado a natura, 3259
que con voz pomposa de arte fingida. 3260
A muchos que hoy escriben en vulgar 3261
y no siguen a escritores selectos, 3262
fiándose de ellos –por ser nacidos 3263
en lugares donde creen perfecta 3264
la lengua vulgar, que no vale nada 3265
sin el honor de los antiguos autores–, 3266
tú podrás cómodamente decir, 3267
si quisieran hablar en contra mía, 3268
que yo he seguido en parte al gran Toscano 3269
que por Laura cambió el Arno por Sorga, 3270
y el buen certaldés, eternas y claras 3271
luces de la vulgar y dulce lengua. 3272
Pues así las lenguas romana y griega 3273
como ahora la vulgar, por autores 3274
que en ellas se mostraron excelentes 3275
y no por el habla común, tuvieron 3276
nombre y tanto se valoraron cuanto 3277
semejaban la una y la otra a aquellos 3278
tres, cuatro o seis que habían elegido 3279
lo mejor del habla del pueblo inculto. 3280
Y quien en el decir buscaba fama, 3281
seguía a aquellos buenos escritores 3282
sin fiarse de ser él griego o romano. 3283
Es verdad que porque está todavía 3284
vivo este vulgar y agradable idioma, 3285
creo que es bien lícito que cualquiera 3286
que escribe en tal lengua, use una palabra 3287
(elegida con singular criterio) 3288
que no se halle en los citados toscanos. 3289
Y a los que sólo conocen la lengua 3290
(que en tal situación muchos están hoy) 3291
por las voces de los claros toscanos, 3292
si una palabra mía no está en ellos, 3293
que por ti responda el divino Bembo, 3294
Bembo divino que la vulgar lengua 3295
sacó del Reino de Dite, la cárcel 3296
lúgubre y ciega, con más feliz plectro 3297
que Orfeo con su mujer deseada; 3298
y el gentil Trissino que con su canto 3299
antes que nadie del Tíber e Iliso 3300
llevó la Tragedia a las olas del Arno; 3301
y el gran Molza, cuyo honorable nombre 3302
vuela con grito claro en todas partes; 3303
y el buen Tolomei quien vulgares versos 3304
con nuevo modo a números latinos 3305
ha adaptado y a la forma Romana; 3306
y el que más allá de los duros Alpes, 3307
de Tebas tradujo al Toscano modo 3308
a la pía hermana de Polinices: 3309
hablo del Alamani quien me vio 3310
por raro destino salir a escena. 3311
Felices y peregrinos ingenios, 3312
con los demás que siguieron sus huellas 3313
(aunque aquellos dos célebres autores 3314
se sigan apreciando como debe) 3315
intentando ensanchar este lenguaje 3316
con firme elección y juicio veraz, 3317
han querido más bien abastecerse 3318
con loable libertad, de palabras 3319
que les abran conceptos, que en prisión 3320
con cepos en los pies serían mudos. 3321
Dejándote a ti ese peso y a ellos, 3322
esperaré, bajo el raro presidio 3323
del Señor por cuyo favor hoy salgo 3324
que otros, gracias quizás a mis palabras, 3325
de forma más altiva y honorable 3326
den Tragedias más bellas y preciadas. 3327
Porque a sus virtudes, a sus dones, 3328
a su admirable y preciada belleza 3329
(mientras no diverja de mi dolor) 3330
me intentaré parecer cuanto pueda. 3331
FIN