John Webster

La duquesa de Amalfi

The Duchess of Malfi

Traducción de The Duchess of Malfi

Webster, John. La duquesa de Amalfi. Traducción inédita de Jorge Salavert. Colección EMOTHE, 2014.

Joan Oleza Simó (Investigador principal) Jorge Salavert (Traductor) Teruel Pozas, Miguel (Editor)

Español · Verso · 2411 versos

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Personajes

Duquesa de Amalfi
Antonio
Fernando
Cardenal
Bosola
Cariola
Delio
Pescara
Malateste
Julia
Castruchio
Silvio
Rodrigo
Grisolán
Vieja Dama
Doctor
Eco
Astrólogo loco
Abogado loco
Doctor loco
Cura loco
Criados
Oficiales
Verdugos
Peregrinos
Rodrigo y Grisolán

Acto I

Escena i

(Entran ANTONIO y DELIO.)
DELIO
Bienvenido a la patria, estimado Antonio: 1
largo tiempo has estado en Francia y regresas, 2
por tu indumentaria, hecho un genuino francés. 3
¿Qué te pareció la corte francesa? 4
ANTONIO
Admirable;
con la pretensión de someter tanto a la nobleza 5
como al pueblo a un orden fijo, el rey, juicioso, 6
empieza por su propia casa. Ha limpiado primero 7
el palacio real de falaces aduladores, de personas 8
disolutas e infames – a esto lo llama 9
tiernamente la obra maestra del Señor, 10
labor divina – pues considera, debidamente, 11
que la corte de un príncipe es como una fuente pública, 12
de donde debieran siempre manar gotas de pura plata. 13
Mas si sucediera que algún espécimen corrupto la envenenase 14
en su nacimiento, muerte y enfermedades se propagarían por todo el país. 15
Y este bendito gobierno lo compone un consejo 16
sumamente previsor, que con libertad puede informarle 17
de la corrupción de los tiempos. 18
Aunque algunos en la corte tienen por presuntuoso 19
instruir a los príncipes en lo que debieran hacer, 20
noble es el deber de informarles de lo que ellos 21
podrían prever. Este es Bosola, 22
([Entra BOSOLA.])
la hiel en la corte. Mas sé muy bien 23
que su amargura no se debe a su devoción. 24
De hecho, critica amargamente aquello que más ansía; 25
él quisiera ser tan lascivo, codicioso, soberbio, 26
cruel o envidioso como cualquier hombre, 27
si tuviera los medios para serlo. Ha llegado el Cardenal. 28
(Entra el CARDENAL.)
BOSOLA
Siempre tras vos. 29
CARDENAL
Y pues… 30
BOSOLA
Bien os he servido, para que así me rechacéis. ¡Oh, tiempos miserables en los que la única recompensa de hacer el bien es el bien hecho!
CARDENAL
Exageras en demasía tus méritos. 31
BOSOLA
Por serviros, estuve dos años en galeras, donde por dos años vestí dos toallas en lugar de camisa, anudadas al hombro, a la manera del manto romano. ¡Y me rechazáis! Prosperaré de algún modo, que con el mal tiempo engordan los mirlos. ¿Por qué no yo en estos días de perros?
CARDENAL
Quisiera que pudieras ser honesto. 32
BOSOLA
Indicadme, con vuestra divinidad, el camino. He conocido a muchos que viajaron lejos con tal propósito, mas regresaron tan consumados bribones como partieron, pues nunca se separaron de sí mismos. [Sale el CARDENAL.] ¿Se marchó? Dicen que hay algunos hombres poseídos por el diablo, pero este gran personaje podría poseer al mayor de los demonios, y tornarle peor.
ANTONIO
¿Os ha negado alguna petición? 33
BOSOLA
Él y su hermano son como ciruelos que crecen torcidos sobre una charca: son ricos y están bien cargados de fruta, mas no alimentan sino a cuervos, urracas y gusanos. Si fuera yo uno de esos alcahuetes aduladores, como una sanguijuela de sus orejas me colgaría hasta estar saciado, y sólo entonces me soltaría. Os lo ruego, dejadme. ¿Quién habría de confiar en un puesto tan miserable con la esperanza de mejorar mañana? ¿Acaso hubo criatura peor alimentada que el esperanzado Tántalo? No hubo nunca una muerte más horrible que la del hombre que esperaba el perdón. Hay recompensas para halcones y perros cuando nos han hecho un servicio; pero al soldado, que pone en peligro su vida en la batalla, al final no le sustenta nada más que una especie de geometría.
DELIO
¿Geometría? 34
BOSOLA
Sí, colgado de un par de correas, para salir después de este mundo sobre un honorable par de muletas, de hospital en hospital. Adiós, señores. Mas no os burléis de mí, porque los puestos en la corte son como las camas del hospital: aquél tiene la cabeza donde éste tiene los pies, y así más y más abajo hasta el final.
(Sale BOSOLA.)
DELIO
Sabía que este hombre pasó siete años en galeras 35
por un asesinato muy notorio, y se pensó 36
que el Cardenal le instigó a ello; fue liberado 37
por el general francés Gastón de Foix 38
cuando recuperó Nápoles. 39
ANTONIO
Lástima es
que padezca tanto desdén, pues he oído hablar 40
de su gran valor. Esta melancolía 41
será veneno para toda su bondad, porque te digo, 42
que si es cierto que el dormir en demasía 43
es la herrumbre interior del alma, la falta de acción 44
engendra entonces todo negro descontento; y su crianza 45
grandes males causa, como la polilla a los ropajes que no usamos. 46

Escena ii

([Entran CASTRUCHIO, JULIA, SILVIO, RODRIGO Y GRISOLÁN.])
DELIO
La sala empieza a llenarse. Prometiste 47
darme cuenta del carácter 48
de algunos de los nobles de la corte. 49
ANTONIO
¿Del señor Cardenal
y otros que no conoces que están ahora en la corte? 50
Lo haré. Aquí llega el gran Duque de Calabria. 51
(Entra FERNANDO.)
FERNANDO
¿Quién ganó en más ocasiones el anillo?
SILVIO
Antonio Bologna, mi señor.
FERNANDO
¿El mayordomo de nuestra hermana, la Duquesa? Entregadle la joya. ¿Cuándo dejaremos el deporte y nos dedicaremos a la acción de verdad?
CASTRUCHIO
Pienso, señor, que no debierais ir a la guerra en persona.
FERNANDO
Hablémosle con solemnidad.
CASTRUCHIO
Bien está que un soldado ascienda a príncipe, mas no es necesario que un príncipe se rebaje a capitán.
FERNANDO
¿No?
CASTRUCHIO
No, señor, mejor fuera que lo hiciere mediante un suplente.
FERNANDO
¿Y habría pues de dormir o comer mediante un suplente? Ello le libraría de una tarea vana, ofensiva e infame, pero lo primero le privaría de la honra.
CASTRUCHIO
Creed en mi experiencia: nunca hay un reino tranquilo si quien gobierna es un soldado.
FERNANDO
Me contaste que tu mujer no soporta las peleas.
CASTRUCHIO
Cierto, mi señor.
FERNANDO
Y me hablaste de una chanza que le dijo a un capitán al que encontró muy malherido. La he olvidado.
CASTRUCHIO
Le dijo, mi señor, que le tenía mucha lástima, pues estaba echado como los israelitas, en tiendas.
FERNANDO
He ahí un ingenio que podría arruinar a todos los cirujanos de la ciudad, pues aunque los valientes discutieran, y sacaran sus armas dispuestos a dar guerra, ella con sus persuasiones les daría buen sosiego.
CASTRUCHIO
Eso mismo haría, mi señor. ¿Qué os parece mi jaca española?
RODRIGO
Es todo fuego.
FERNANDO
Soy de la opinión de Plinio y creo que fue engendrada por el viento. Corre como si estuviera llena de mercurio.
SILVIO
Cierto, sire; a menudo se tambalea.
RODRIGO y GRISOLÁN
¡Ja!¡Ja!¡Ja!
FERNANDO
¿Por qué reís? Es mi parecer que mis cortesanos han de ser la yesca que se encienda cuando yo doy fuego; es decir, que rían cuando yo río, aunque la chanza no sea graciosa.
CASTRUCHIO
Cierto, mi señor; yo mismo he oído una chanza muy buena, y rehusado aparentar ser lo bastante necio como para entenderla.
FERNANDO
Pues a mí me da risa tu bufón.
CASTRUCHIO
Ya sabéis que no puede hablar, pero hace muecas; mi esposa no lo aguanta.
FERNANDO
¿No?
CASTRUCHIO
Ni tolera las alegres compañías. Dice que el mucho reír y el exceso de compañía la cara le llenan de arrugas.
FERNANDO
Entonces yo mandaría que le hicieran un instrumento matemático a propósito para su cara, para que no riese más de la cuenta. En breve os visitaré en Milán, señor Silvio.
SILVIO
Su Excelencia será bienvenido.
FERNANDO
Buen jinete sois, Antonio. En Francia tienen excelentes jinetes. ¿Qué pensáis de la buena equitación?
ANTONIO
Por noble la tengo, mi señor; así como del caballo griego salieron muchos príncipes famosos, de la buena equitación nacen las primeras chispas de un propósito decidido, que conduce la mente a nobles acciones.
FERNANDO
Con dignidad lo habéis descrito.
(Entran la DUQUESA, el CARDENAL y CARIOLA.)
SILVIO
Vuestro hermano, el señor Cardenal, y vuestra hermana, la Duquesa.
CARDENAL
¿Han llegado las galeras?
GRISOLÁN
Sí, mi señor.
FERNANDO
Lord Silvio os pide licencia para partir.
DELIO
Cumple ahora tu promesa. ¿Cómo es el Cardenal? Me refiero a su temple. Dicen que es hombre valiente, capaz de jugarse cinco mil coronas al tenis, que gusta de bailar, cortejar a las damas, e incluso que se ha batido en más de un duelo.
ANTONIO
Tales destellos cuelgan sobre él superficialmente, es mera imagen. Mas observa su carácter íntimo: es un eclesiástico melancólico. El manantial en su rostro no es más que un engendro de sapos; cuando está celoso de algún hombre, conjura contra él tramas peores que las que le fueron impuestas a Hércules. A su paso va dejando aduladores, alcahuetes, espías, ateos y cientos de monstruos de tal calaña. Pudo haber llegado a ser Papa; pero en vez de perseguirlo con el tradicional decoro de la Iglesia, empleó sobornos con tanta frecuencia y tanto atrevimiento como si lo hiciera sin que el cielo lo supiera. Aunque algún bien ha hecho.
DELIO
Mucho me has dicho de él. ¿Cómo es su hermano? 52
ANTONIO
¿El Duque? Es de naturaleza perversa y turbulenta; 53
lo que en él semeja alegría es mera apariencia; 54
si ríe de corazón, se ríe de la honradez, 55
como si estuviera pasada de moda. 56
DELIO
¿Son gemelos?
ANTONIO
Por sus cualidades.
Este habla por boca ajena y escucha peticiones personales 57
con oídos prestados; hará ver que se duerme en su asiento 58
sólo para cazar a los infractores en sus respuestas; 59
por un soplo sentencia a los hombres a muerte; 60
por un rumor, concede recompensas. 61
DELIO
Así pues, la ley es para él
como la sucia y oscura tela de una araña; 62
hace de ella su morada, y también prisión 63
para atrapar a los que han de servirle de alimento. 64
ANTONIO
Muy cierto;
nunca paga sus deudas, excepto las motivadas 65
por alguna travesura; éstas confesará tenerlas. 66
Finalmente, en cuanto a su hermano, el Cardenal. 67
Dicen los que le halagan, que manan oráculos 68
de sus labios, y ciertamente yo les creo, 69
pues el demonio habla por ellos. 70
Mas por lo que toca a su hermana, la muy noble Duquesa, 71
nunca habrán visto tus ojos tres medallas 72
forjadas en una misma figura y con temple tan distinto. 73
Pues sus palabras te llenan de un éxtasis, 74
y sólo empezarás a entristecer cuando ella 75
deje de hablar; y desearás, maravillado, 76
que ella tuviera en menos vanagloria hablar mucho, 77
y que fuera penitencia tuya el escucharla; 78
cuando te habla, dirige una mirada tan dulce, 79
que podría poner a bailar una gallarda 80
a aquel que yace paralítico, 81
y volverte loco con su dulce semblante. 82
En esa mirada se expresa tan divina castidad 83
que elimina toda lasciva y vana esperanza. 84
Sus días transcurren con tan noble virtud 85
que sin duda sus noches, aún más, sus sueños, 86
son más celestiales que las confesiones de otras damas. 87
Que todas esas señoras rompan sus espejos aduladores 88
y se miren en ella para acicalarse. 89
DELIO
Antonio,
En demasía alargas tus lisonjas. 90
ANTONIO
Enmarcaré pues el retrato. Sólo añadiré 91
que su valía toda se resume en esto: 92
ella eclipsa el tiempo pasado e ilumina el porvenir. 93
CARIOLA
Debéis atender a mi señora, en la galería, 94
dentro de una media hora. 95
ANTONIO
Así lo haré.
(Salen ANTONIO y DELIO.)
FERNANDO
Hermana, tengo que haceros una petición. 96
DUQUESA
¿A mí, señor?
FERNANDO
Un caballero de la corte, Daniel de Bosola. 97
Uno que estuvo en galeras. 98
DUQUESA
Le conozco.
FERNANDO
Es un hombre de valía. Os ruego que le hagáis 99
palafrenero vuestro. 100
DUQUESA
Vuestro conocimiento de él
le alaba, y le otorga mi preferencia. 101
FERNANDO
Dile que venga.
(Sale el CRIADO.)
Pronto partiremos. Buen señor Silvio, 102
saludad a todos nuestros nobles amigos 103
en el campo de batalla. 104
SILVIO
Así lo haré, señor.
DUQUESA
¿Vais a Milán? 105
SILVIO
Así es.
DUQUESA
Preparad las carrozas. Os acompañaremos hasta el puerto. 106
(Salen la DUQUESA, CARIOLA, SILVIO, CASTRUCHIO, RODRIGO, GRISOLÁN y JULIA.)
CARDENAL
Asegúrate de que empleas a Bosola 107
como espía a tu servicio. No quiero verme mezclado. 108
Por eso muchas veces le he ignorado 109
cuando imploraba nuestra ayuda, como esta mañana. 110
FERNANDO
Antonio, el jefe de la casa, hubiera sido 111
más apropiado. 112
CARDENAL
Respecto a él te engañas.
Su naturaleza es demasiado honesta para tales empresas. 113
Ya llega; os dejo. 114
(Entra BOSOLA.)
BOSOLA
Ante vos me presento.
(Sale el CARDENAL.)
FERNANDO
Mi hermano, el Cardenal, nunca pudo soportaros. 115
BOSOLA
Nunca, desde que conmigo quedó en deuda. 116
FERNANDO
Quizá algún marcado rasgo de vuestro rostro 117
le hace sospechar de vos. 118
BOSOLA
¿Qué sabrá él de fisonomía?
No se debe dar más crédito a un rostro 119
que a la orina de un hombre enfermo, a la que algunos llaman 120
la prostituta del médico, porque le engaña. 121
Erró al sospechar de mí. 122
FERNANDO
Es por eso
que debéis dejar a los nobles que se tomen su tiempo. 123
La desconfianza pocas veces nos engaña. 124
Ya sabéis que cuanto más a menudo se sacude al cedro, 125
más firme este arraiga. 126
BOSOLA
Escuchadme:
sospechar de un amigo sin motivo 127
le enseña a sospechar de vos en la próxima ocasión 128
y le incita a engañaros. 129
FERNANDO
Tomad: oro.
BOSOLA
¡Vaya!
¿Qué viene ahora? Nunca caen chaparrones como estos 130
sin truenos que les sigan. 131
¿De quién es el cuello que debo cortar? 132
FERNANDO
Vuestra inclinación a derramar sangre se adelanta 133
al empleo que os ofrezco. Os lo doy para vivir aquí 134
en la corte. Vigilad a la Duquesa. 135
Anotad todos los detalles de su conducta: 136
qué pretendientes la piden en matrimonio 137
y a quién muestra más afecto. Es una joven viuda. 138
No quisiera que se volviese a casar. 139
BOSOLA
¿Por qué no, sire?
FERNANDO
No preguntéis la razón. Que os baste con que diga … 140
Como dije, no quisiera. 141
BOSOLA
Parece que queréis hacerme
familiar vuestro. 142
FERNANDO
¿Familiar? ¿Qué decís con ello?
BOSOLA
Un taimado, invisible demonio de carne y hueso: 143
un espía. 144
FERNANDO
Algo tan próspero desearía para vos.
Y en breve, podréis llegar a un más alto puesto. 145
BOSOLA
Tomad vuestros demonios… 146
En el infierno les llaman ángeles. Estos malditos regalos os convertirían 147
en un corruptor, y a mí en un inmundo traidor. 148
Si las aceptara, me llevarían al infierno. 149
FERNANDO
Nada tomaré de vos que antes os haya dado. 150
Hay un empleo que os he conseguido 151
esta mañana, el de palafrenero. 152
¿No lo sabíais? 153
BOSOLA
No.
FERNANDO
Vuestro es. ¿No merece las gracias?
BOSOLA
Quisiera que vos mismo os maldijerais. Es cierto que vuestra bondad 154
es una virtud que a los hombres hace nobles, 155
mas hace de mí un villano. Y por no caer en la ingratitud 156
por el bien que me hacéis, debo hacer 157
todo el mal que un hombre pueda concebir. Es así 158
como endulza el demonio los pecados, y lo que el cielo 159
denomina vileza, él lo llama necesidad. 160
FERNANDO
No cambiéis.
Seguid vistiendo vuestros ropajes de melancolía; 161
que muestren vuestra envidia a los que están por encima de vos, 162
mas no os esforcéis por estar cerca de ellos. 163
Eso os valdrá para ganar acceso a aposentos privados, 164
donde podréis, como un lirón sagaz … 165
BOSOLA
Como he visto a algunos,
que comían en la mesa de su señor, adormilados, 166
y simulando no escuchar charla alguna. Mas esos bribones 167
soñaban con degollarle. ¿Cuál es mi puesto? 168
¿Donde el caballo? Entonces mi corrupción nace 169
del estiércol de un caballo. Vuestra creación soy. 170
FERNANDO
¡Marchaos! 171
BOSOLA
Que los hombres honestos, con buenas acciones, ambicionen un buen nombre. 172
Porque a menudo, un empleo o la riqueza, 173
es vergonzoso soborno; a fe mía, que veces predica el diablo. 174
(Sale BOSOLA.)
(Entran el CARDENAL y la DUQUESA.)
CARDENAL
Hemos de separarnos. Tu propia discreción 175
deberá ser en adelante tu guía. 176
FERNANDO
Eres una viuda;
ya has conocido qué es un hombre. 177
No permitas pues que la juventud, un alto rango, o la elocuencia … 178
CARDENAL
Que nada que no lleve añadida la honra 179
mueva tu noble sangre. 180
FERNANDO
¿Casarse? Las que se casan dos veces
son las más lujuriosas. 181
CARDENAL
¡Qué infamia!
FERNANDO
Sus hígados están más manchados
que las ovejas de Laban. 182
DUQUESA
Dicen que los diamantes adquieren más valor
por cuantas más manos de joyeros pasan. 183
FERNANDO
Las rameras, por esa regla, han de ser preciosas. 184
DUQUESA
¿Vais a escucharme?
Nunca me volveré a casar... 185
CARDENAL
Eso dicen la mayoría de las viudas.
Pero tal intención con frecuencia dura 186
no más que la vuelta de un reloj de arena. El sermón del funeral 187
y ella, a una vez acaban. 188
FERNANDO
Escúchame.
Vives en un rico prado aquí en la corte. 189
Mas hay un tipo de néctar que resulta mortal. 190
Lleva cuidado, que no envenene tu fama. No seas taimada. 191
Aquellas cuyos rostros contradicen a sus corazones 192
son brujas antes de cumplir los veinte años. 193
Amamantan al diablo. 194
DUQUESA
Vuestro consejo es terriblemente bueno.
FERNANDO
La hipocresía se teje con un hilo muy fino, 195
más sutil que la red de Vulcano. Créeme, 196
tus acciones más ocultas, hasta tus más íntimos 197
pensamientos, verán la luz. 198
CARDENAL
Puedes darte lisonjas,
y obrar a tu albedrío; casarte en privado 199
bajo las alas de la noche … 200
FERNANDO
Piensa en ello como el mejor viaje
que jamás hicieras. Como el cangrejo, 201
el cual camina hacia atrás y cree que progresa 202
porque camina a su modo. Pero escucha: 203
que tales bodas, más propiamente se ejecutan, 204
pues no se celebran. 205
CARDENAL
La noche de bodas
es el ingreso en una prisión. 206
FERNANDO
Y tales deleites,
esos placeres lascivos, son como sueños profundos, 207
precursores de la maldad del hombre. 208
CARDENAL
Adiós.
La sabiduría comienza al final. No lo olvides. 209
(Sale el CARDENAL.)
DUQUESA
Creo que este discurso ya lo teníais preparado. 210
Os ha salido redondo. 211
FERNANDO
Eres mi hermana;
he aquí el puñal de mi padre. ¿Lo ves? 212
Detestaría verlo enmohecer porque era suyo. 213
Quiero que abandones estos costosos devaneos, 214
pues viseras y máscaras son recámaras de secretos, 215
que para nada bueno se construyeron. Adiós. 216
A las mujeres les gusta esa cosa que, como la lamprea, 217
no tiene hueso. 218
DUQUESA
¡Por vergüenza, sire!
FERNANDO
No,
me refiero a la lengua. La variedad en el cortejo. 219
¿Qué no podrá hacer creer a una mujer un pícaro elegante 220
con sus relamidos cuentos? Adiós, viuda lasciva. 221
(Sale FERNANDO.)
DUQUESA
No me van a hacer mudar. Si todos mis nobles parientes 222
se interpusieran ante tal boda, de ellos haría 223
el puente para mis pies. Ante este odio, como los hombres 224
en las grandes batallas, que al intuir el peligro 225
ejecutan acciones casi imposibles, tal y como he oído 226
contar a los soldados, así, entre temores y amenazas, 227
me lanzaré a esta peligrosa empresa. 228
Que digan las comadres que escogí 229
un marido en abrir y cerrar de ojos. Cariola. 230
A tu probada discreción he confiado 231
más que mi vida, mi honra. 232
CARIOLA
Ambas están a salvo.
Pues yo ocultaré al mundo vuestros secretos 233
tan cautamente como los que comercian con veneno 234
protegen a sus hijos de él. 235
DUQUESA
Tu promesa
es bien ingenua y sincera. Te creo. 236
¿Ha venido Antonio? 237
CARIOLA
Os espera.
DUQUESA
Vete, tesoro.
Mas sitúate detrás del tapiz, 238
donde puedas escuchar. Deséame éxito, 239
pues voy a aventurarme en un terreno 240
donde ni sendero ni pista amistosa hallaré 241
que me guíe. 242
(CARIOLA se oculta tras el tapiz. Entra ANTONIO.)
Os mandé llamar. Sentaos.
Tomad pluma y tinta, y escribid. ¿Estáis listo? 243
ANTONIO
Sí.
DUQUESA
¿Qué os dije? 244
ANTONIO
Que escribiera algo.
DUQUESA
Ah, ya recuerdo. 245
Después de estas fiestas y grandes gastos 246
conviene que, como maridos ahorradores, 247
averigüemos qué nos queda para el mañana. 248
ANTONIO
Como plazca a vuestra bella excelencia. 249
DUQUESA
¿Bella?
De veras que os lo agradezco. Gracias a vos, parezco joven. 250
Habéis hecho vuestras mis preocupaciones. 251
ANTONIO
Traeré a su señoría
los detalles de ingresos y gastos. 252
DUQUESA
Vos sois un tesorero honrado, pero erráis, 253
porque cuando os dije que deseaba averiguar 254
lo que nos queda para el mañana, quise decir 255
lo que hay para mí allí. 256
ANTONIO
¿Dónde?
DUQUESA
En el cielo.
Voy a hacer testamento, como es oportuno que hagan 257
los príncipes, en plenas facultades. Decidme, os ruego, 258
si acaso no es mejor hacerlo así, sonriente, 259
que con profundos gemidos y terribles miradas cadavéricas, 260
como si los bienes de los que nos separamos ocasionaran 261
una violenta locura. 262
ANTONIO
Es mucho mejor.
DUQUESA
Si tuviera ya un esposo, libre estaría de esta tarea. 263
Por eso me propongo hacer de vos mi albacea. Decidme, 264
¿qué buena acción debemos recordar primero? 265
ANTONIO
Comenzad con la primera buena obra con que comenzó el mundo 266
tras la creación del hombre, el sacramento del matrimonio. 267
Debierais primero procuraros un marido, 268
y confiárselo todo. 269
DUQUESA
¿Todo?
ANTONIO
Sí, todo vuestro noble ser.
DUQUESA
¿Cómo? ¿Envuelta en una sábana? 270
ANTONIO
Más bien entre un par de ellas.
DUQUESA
¡Por todos los santos! ¡Qué extraño testamento! 271
ANTONIO
Extraño sería
si no hubiera en vos voluntad de casarse de nuevo. 272
DUQUESA
¿Qué pensáis vos del matrimonio? 273
ANTONIO
Lo entiendo como aquellos que niegan el purgatorio. 274
Lo sitúan ora en el cielo, ora en el infierno. 275
No existe un tercer lugar para él. 276
DUQUESA
¿De qué modo os afecta?
ANTONIO
En mi exilio, dando alimento a mi melancolía, 277
a menudo razonaba así… 278
DUQUESA
Os lo ruego, permitidme escucharlo.
ANTONIO
Si un hombre nunca se casa, ni tiene hijos, 279
¿de qué le priva ello? Sólo del mero nombre de padre, 280
o del tonto placer de ver al bribonzuelo cabalgar 281
montado en un caballito, o de escucharle parlotear 282
como un estornino amaestrado. 283
DUQUESA
Basta, basta. ¿Qué os ocurre?
Tenéis un ojo ensangrentado – usad mi anillo, 284
dicen que es muy eficaz. Es mi anillo de boda, 285
e hice votos de no separarme de él, 286
salvo en segundas nupcias. 287
ANTONIO
Os lo habéis quitado ahora. 288
DUQUESA
Sí, para socorrer vuestra vista.
ANTONIO
Ciego me habéis dejado. 289
DUQUESA
¿Por qué?
ANTONIO
Porque en este círculo baila un demonio 290
muy descarado y travieso. 291
DUQUESA
Expulsadlo.
ANTONIO
¿Cómo?
DUQUESA
Pequeño es el conjuro necesario cuando con vuestro dedo 292
podéis hacerlo. Así. ¿Os queda bien? 293
(ANTONIO se arrodilla.)
ANTONIO
¿Qué habéis dicho?
DUQUESA
Sire,
este hermoso techo vuestro me resulta demasiado bajo, 294
no puedo permanecer derecha bajo él, ni conversar 295
sin hacerlo más alto. Poneos en pie. 296
O si os place, mi mano os ayudará. Así. 297
(Le ayuda a levantarse.)
ANTONIO
La ambición, señora, es la gran locura del hombre; 298
no se la ata con cadenas ni se la encierra en cuartos oscuros, 299
sino en hermosas y alegres moradas; se la rodea 300
con el bullicio de visitantes charlatanes que la tornan 301
lunática, sin posible curación. No me creáis 302
tan necio que no intuya hacia donde tienden 303
vuestros favores. Mas tonto es aquél que, 304
teniendo frío, las manos pone en el fuego 305
para calentarlas. 306
DUQUESA
Una vez abierto el camino,
puedes descubrir de qué rico tesoro 307
te hago dueño. 308
ANTONIO
¡Oh, yo no soy digno de vos!
DUQUESA
Haces muy mal en venderte. 309
No ocultes tu valía, no hagas como acostumbran 310
los mercaderes de la ciudad, que se sirven 311
de sus parcas luces para zafarse 312
de las malas mercancías. Escúchame, 313
si quieres saber donde habita un hombre cabal, y no exagero, 314
gira los ojos, contémplate a ti mismo. 315
ANTONIO
Aunque no hubiera un cielo ni un infierno,
trataría de ser honesto. Largo tiempo he servido a la virtud, 316
y jamás he aceptado paga de ella. 317
DUQUESA
Ahora te paga.
Es la desgracia de las que nacemos nobles 318
que nos vemos forzadas a requerir amores, 319
pues nadie se atreve a cortejarnos. Y así como un tirano 320
engaña con sus palabras y equívocos, del mismo modo 321
nos vemos obligadas a expresar nuestras pasiones 322
mediante acertijos, y en sueños, y a abandonar la senda 323
de la virtud, la cual nunca existió para aparentar 324
aquello que no es. Ve, ve, jáctate de que me has 325
hurtado el corazón. En tu pecho lo llevas ahora. 326
Ojalá multiplique en él tu amor. Estás temblando. 327
No permitas que el corazón sea un trozo de carne muerta, 328
con más temor que amor por mí. Ten confianza. 329
¿Qué te aturde? Esto, sire, es carne y hueso, 330
no la figura tallada en alabastro, arrodillada ante la tumba 331
de mi esposo. Despierta, hombre, despierta. 332
Desde ahora abandono toda vana ceremonia 333
y ante ti me presento como una viuda joven 334
que te pide que seas su esposo; y pues que soy viuda, 335
no me avergüenzo de ello. 336
ANTONIO
Que la verdad hable por mí:
seré por siempre el constante santuario 337
de tu buen nombre. 338
DUQUESA
Te lo agradezco, mi dulce amor,
y para que no quedes en deuda conmigo 339
por ser mi mayordomo, en tus labios sello 340
la quitanza. Debieras habérmelo pedido; 341
con frecuencia he visto a niños que así comían dulces, 342
con miedo de devorarlos demasiado pronto. 343
ANTONIO
Pero, ¿y tus hermanos? 344
DUQUESA
No pienses en ellos.
toda discordia fuera de este nuestro círculo 345
es digna de compasión, y no merece temor. 346
Mas, si lo supieran, con el tiempo fácilmente 347
se calmará su tempestad. 348
ANTONIO
Esas debieran ser mis palabras,
y todas las que has pronunciado, si algo en ellas 349
no hubiese sonado a lisonja. 350
DUQUESA
De rodillas.
(Entra CARIOLA.)
ANTONIO
¡Ah!
DUQUESA
No temas, esta mujer es mi confidente. 351
He oído decir a letrados que un contrato 352
celebrado en cámara, per verba de presenti , es matrimonio válido. 353
Que el cielo bendiga este sagrado nudo, que nunca la violencia 354
lo desate. 355
ANTONIO
Que nuestros dulces afectos, como las esferas, 356
persistan imperturbadas. 357
DUQUESA
Llenos de vida, y con su misma dulce música. 358
ANTONIO
Imitemos pues a las cariñosas palmeras, 359
el mejor emblema de un matrimonio feliz, 360
que nunca dan fruto si están separadas. 361
DUQUESA
¿Qué otra obligación impone la Iglesia? 362
ANTONIO
Que nunca nos traiga Fortuna lance alguno, 363
sea de gozo o de tristeza, que desuna 364
nuestros firmes deseos. 365
DUQUESA
¿Acaso construye la Iglesia con más solidez? 366
Ahora somos marido y mujer, y la Iglesia 367
debe hacerse eco de ello. Doncella, apártate, 368
me quedé ciega. 369
ANTONIO
¿Qué idea es ésta?
DUQUESA
Quiero que lleves de la mano tu fortuna 370
hasta el lecho matrimonial. 371
(Esto dices tú por mí, pues ya somos los dos uno). 372
Acostémonos ahora; consideremos 373
cómo aplacar la ira de mis irascibles hermanos; 374
si te place, como en el cuento de Alejandro y Ludovico, 375
pongamos una espada desnuda entre nosotros, 376
que nos mantenga castos. ¡Oh, déjame ocultar mi rubor 377
en tu pecho, tesoro de todos mis secretos! 378
CARIOLA
Si en ella impera el espíritu de grandeza o el de mujer, 379
no lo sé, pero da muestras de temible locura. 380
Me merece gran compasión. 381
(Salen.)

Acto II

Escena i

(Entran BOSOLA y CASTRUCHIO.)
BOSOLA
¿Y decís, pues, que bien quisierais que os tomaran por una eminencia en la corte?
CASTRUCHIO
No tengo mayor ambición.
BOSOLA
Veamos. Vuestra faz es razonablemente buena para ello, ya lo creo; y vuestro gorro deja ver qué par de buenas orejas tenéis. Mas deberéis aprender a anudaros las chorreras de vuestro fajín con más gracia. En un discurso, al final de cada frase, debéis carraspear, unas tres o cuatro veces, o sonaros la nariz hasta que os escueza de nuevo, para recobrar la memoria. Y cuando os nombren juez de causas criminales, colgad al reo si le regaláis una sonrisa, y aseguraos de que se libre de la horca si ponéis gesto hosco y le amenazáis.
CASTRUCHIO
Sería pues un juez festivo.
BOSOLA
No cenéis por las noches, que eso os proporcionará un ingenio admirable.
CASTRUCHIO
Antes bien me dotaría de un buen estómago para pelear. Dicen que los matones jaraneros rara vez comen carne, y que eso les hace tan valientes. Mas, ¿cómo habré de saber si las gentes me toman por una persona eminente?
BOSOLA
Os enseñaré un truco: haced correr la voz de que os estáis muriendo, y si oís al populacho maldecir vuestro nombre, estad seguro de que os consideran uno de los más importantes abogados. Entra una VIEJA DAMA. ¿Venís de maquillaros?
VIEJA DAMA
¿De dónde?
BOSOLA
De daros esos vuestros afeites canallescos. Contemplaros sin pinturas raya en lo milagroso. Estos en vuestro rostro no eran sino surcos profundos y zanjas inmundas, la última frontera. Hubo una dama francesa que padeció la viruela, y se arrancó la piel de la cara para hacerla más llana. De tal guisa, que si antaño recordaba a un rallador de nuez moscada, después semejaba más bien un malogrado erizo.
VIEJA DAMA
¿Y a esto llamáis pinturas?
BOSOLA
No, no. Vos lo llamáis calafatear una vieja nave, para que vuelva a surcar las aguas. Hete ahí una tosca descripción para vuestro modelo.
VIEJA DAMA
Diríase que conocéis muy bien mi alcoba.
BOSOLA
Cabría sospechar que es una tienda de brujería, pues en ella se puede encontrar grasa de sierpes, huevos de culebra, la saliva de judíos y las inmundicias de sus pequeños. Y todo ello, ¡para el rostro! Antes me comería un pichón muerto sacado de debajo de los pies de un apestado, que besaros a una de vosotras cuando hacéis ayuno. Tengo ante mí a dos cuyo pecado de juventud constituye el patrimonio del médico, que le permite reparar su manto con la primavera, y cambiar de cortesana a la llegada del otoño. En verdad que me asombra que no os aborrezcáis a vosotros mismos. Escuchad esta mi reflexión:
¿qué hay en la externa forma del hombre 382
que le haga digno de ser amado? Creemos ominoso 383
que natura cree en potro o cordero, 384
cervatillo o cabra, un miembro semejante 385
al del hombre; y huimos de él por ser un portento. 386
El hombre siente pánico al ver la deformidad 387
en otra criatura excepto en sí mismo. 388
En nuestras propias carnes, aunque sufrimos males 389
que toman su verdadero nombre a partir de las bestias, 390
como la úlcera o el cochino sarampión, 391
aunque seamos alimento de piojos y lombrices, 392
y arrastremos de continuo nuestro cuerpo 393
putrefacto y muerto, nos deleitamos 394
en ocultarlo tras ricos paños. Nuestros miedos, no, 395
quiá, nuestro terror, estriba en que el doctor 396
no nos envíe bajo tierra, y nos haga sanos. 397
Vuestra esposa está en Roma; a los dos os digo, haced pareja, 398
y llegaos al balneario de Luca, a recobraros allí de vuestros males. 399
(Salen CASTRUCHIO y la VIEJA DAMA.)
Tengo otra tarea entre manos. He observado a la Duquesa 400
enferma algunos días: vomita y tiene el estómago inflamado. 401
Se le ven los párpados amoratados e hinchados, 402
las mejillas le han menguando, mas le crecen los costados. 403
Y, contrario a la costumbre italiana, 404
luce un muy holgado vestido. Algo debe haber en todo ello. 405
He ideado un ardid que quizás pueda revelarlo, 406
uno bien bueno. He comprado unos albaricoques, 407
los primeros que nos trae la primavera. 408
(Entran ANTONIO y DELIO.)
DELIO
¿Tanto tiempo hace desde las nupcias?
Me asombras. 409
ANTONIO
Permíteme sellar tus labios para siempre,
porque si creyera que nada más que el viento 410
pudiera arrancar estas palabras de tus labios, desearía 411
que no supieras hablar. 412
([A BOSOLA])
Ah, sire, ¿qué meditáis ahora?
¿Estudiáis cómo llegar a ser un hombre erudito? 413
BOSOLA
Señor, la opinión erudita no es más que un inmundo sarpullido que se extiende por todo el cuerpo humano. Puesto que la sencillez nos conduce a no hacer el mal, nos lleva hacia la felicidad. La necedad más sutil surge de la más sutil sabiduría. Permitidme ser sencillamente honesto.
ANTONIO
Comprendo vuestro secreto. 414
BOSOLA
¿Eso pensáis?
ANTONIO
Porque no queréis mostraros al mundo 415
engreído por vuestro empleo, perseveráis 416
en esta melancolía tan anticuada. Dejadla, dejadla. 417
BOSOLA
Dadme pues licencia para ser honesto de palabra, con cualquier lisonja. ¿Queréis una confesión? No dirijo mis miras más arriba de donde pueda llegar. Son los dioses los que deben montar en caballos alados, pues una lenta mula, como la de los abogados, adecuada es para mi disposición y mis asuntos. Sabed que cuando la mente de un hombre galopa más rápido que su caballo, bien pronto hace mella la fatiga en ambos.
ANTONIO
Vos queréis mirar hacia el cielo, mas creo 418
que el demonio, que es señor del aire, os tapa la luz. 419
BOSOLA
Sire, vos sois personaje de influencia, el mayordomo de la Duquesa. Vuestro primo hermano fue duque. Supongamos que fuerais descendiente del propio rey Pepín, o que vos mismo lo fuerais, ¿qué más da? Buscad el nacimiento de los más grandes ríos del mundo, que no encontraréis más que riachuelos. Algunos hay que creen que las almas de los nobles nacieron con más importante causa que las de los humildes. Pero se engañan, pues la misma mano las guía; las mismas pasiones las mueven. La misma razón que mueve al párroco a acudir al tribunal por un insignificante diezmo y así arruinar a sus vecinos, les lleva a saquear una región entera y destruir hermosas ciudades con el cañón.
(Entran la DUQUESA, la VIEJA DAMA, otras DAMAS.)
DUQUESA
Vuestro brazo, Antonio. ¿No estoy engordando? 420
Si hasta me cuesta respirar. Bosola, quisiera 421
que me proporcionaseis una litera, 422
una tal como la que trajo a la Duquesa de Florencia. 423
BOSOLA
La señora duquesa empleó una cuando estaba encinta. 424
DUQUESA
Eso creo. Ven aquí. Arréglame la gorguera 425
de este lado. ¡Pero bueno! Qué mujer tan lenta… 426
Además, hueles a corteza de limón. ¡Acaba de una vez! 427
Me desmayaré bajo sus dedos…¡Me molesta 428
tanto este mal de madre! 429
BOSOLA
Mucho me temo que eso sea.
DUQUESA
Os he oído decir que los cortesanos franceses 430
lucen sus sombreros delante del rey. 431
ANTONIO
Así es. Lo he visto.
DUQUESA
¿En la sala de audiencias? 432
ANTONIO
Sí.
DUQUESA
¿Por qué no adoptamos esa costumbre? 433
Es más ceremonia que deber; sólo consiste 434
en quitarse una prenda de fieltro. 435
Sed vos ejemplo para el resto de la corte: 436
poneos el sombrero. 437
ANTONIO
Debéis perdonarme,
pues he visto, en países más fríos que Francia, 438
nobles que aparecían descubiertos ante el rey; tal distinción, 439
a mi parecer, demostraba reverencia. 440
BOSOLA
Tengo un regalo para su excelencia. 441
DUQUESA
¿Para mí, sire?
BOSOLA
Albaricoques, mi señora. 442
DUQUESA
¿Dónde están?
No sabía que los hubiera ya este año. 443
BOSOLA
Ajá, se le suben los colores.
DUQUESA
En verdad os lo agradezco. Tienen un aspecto estupendo. 444
¡Qué poca maña tiene nuestro jardinero! 445
No tendremos ni siquiera uno este mes. 446
BOSOLA
¿No los pela su excelencia? 447
DUQUESA
No, no. Tienen sabor a moscatel. De verdad. 448
BOSOLA
No lo sé. Mas quisiera que su excelencia los hubiera pelado. 449
DUQUESA
¿Por qué? 450
BOSOLA
Olvidé deciros que el bribón del jardinero,
a fin de sacarles más pronto el beneficio, 451
los madura en excremento de caballo. 452
DUQUESA
Ah, bromeáis.
([A ANTONIO])
Juzgad vos, os lo ruego. Probadlo. 453
ANTONIO
En verdad, señora,
que no me gusta la fruta. 454
DUQUESA
Sire, ¿acaso no queréis
privarnos de los mejores bocados? Esta es fruta delicada, 455
y dicen que fortalece el cuerpo. 456
BOSOLA
Es todo un arte,
éste de injertar. 457
DUQUESA
Lo es. Es mejorar la naturaleza.
BOSOLA
Lograr una reineta de un manzano borde, 458
o ciruelas de un endrino. 459
¡Con qué voracidad los come!
¡Ah, si un torbellino arrancara esas obscenas enaguas! 460
Si no fuera por ellas y ese holgado vestido, 461
habría ya descubierto palpablemente 462
al mozalbete que hace cabriolas en su vientre. 463
DUQUESA
Os doy las gracias, Bosola. Ciertamente serían muy buenos 464
si no me causaran mareos. 465
ANTONIO
¿Qué os ocurre, señora?
DUQUESA
Es esta fruta, está verde. No me sienta bien. 466
¡Ay! ¡Cómo me hincha! 467
BOSOLA
Bien hinchada estás ya.
DUQUESA
Oh, siento un sudor muy frío. 468
BOSOLA
Mucho lo lamento.
(Sale.)
DUQUESA
¡Llevad luces a mis aposentos! Mi buen Antonio, 469
temo estar perdida. 470
(Sale.)
DELIO
¡Traed luces! ¡Luces!
ANTONIO
Mi buen y fiel Delio, estamos perdidos. 471
Me temo que ha empezado el parto; ya no hay tiempo 472
para alejarla. 473
DELIO
¿Has dispuesto
que esas damas la atiendan? ¿Y procurado 474
el secreto salvoconducto para la comadrona 475
que la Duquesa convino? 476
ANTONIO
Así es.
DELIO
Aprovecha la oportunidad que se ha creado: 477
extiende el rumor de que Bosola la envenenó 478
con esos albaricoques. De tal modo que haya un pretexto 479
para mantenerla oculta. 480
ANTONIO
De ningún modo. Los médicos
acudirían a ella en bandada. 481
DELIO
Para que puedas disimular,
di que ella ha empleado su propio antídoto; 482
de ese modo, los médicos no la envenenarán otra vez. 483
ANTONIO
Estoy aturdido con mi propio pánico. No sé qué pensar. 484
(Salen.)

Escena ii

(Entran BOSOLA y la VIEJA DAMA.)
BOSOLA
No cabe duda de que su malhumor y la voracidad con que comió los albaricoques son señales inequívocas de su estado. ¿Qué dices?
VIEJA DAMA
Llevo mucha premura, sire.
BOSOLA
Érase una vez una criada que tenía unos enormes deseos de ver la fábrica del vidrio...
VIEJA DAMA
Os lo ruego, dejadme ir.
BOSOLA
Pero era tan sólo para averiguar cuál era el extraño artilugio que hinchaba el vidrio hasta modelarlo como el vientre de una mujer.
VIEJA DAMA
¡No me habléis más de la fábrica del vidrio! Siempre andáis insultando a las mujeres.
BOSOLA
¿Quién, yo? Quiá, sólo hago mención, muy de vez en cuando, de vuestras flaquezas. El naranjo da fruta verde y madura, y florece, y todo ello a un tiempo. Algunas de vosotras proporcionáis entretenimiento por puro amor; pero las más, lo hacéis por alguna rica recompensa. La primavera huele bien en su lozanía, mas es el sabor del lánguido otoño el que nos gusta. Si los hombres disponemos de los mismos chaparrones dorados que caían en los tiempos de Júpiter el del trueno, las mujeres seguís siendo las mismas Dánaes, y abrís el regazo para recibirlos. Dime, ¿nunca has estudiado matemáticas?
VIEJA DAMA
¿Qué es eso, sire?
BOSOLA
Es un truco: es hacer que muchas líneas se junten en un solo punto. Vete, vete, mas dales a tus niñas un buen consejo. Diles que el demonio la goza colgándose de la faja de una mujer, tal si fuera un falso reloj herrumbroso, para que no pueda discernir cómo pasa el tiempo.
(Sale la VIEJA DAMA. Entran ANTONIO, DELIO, RODRIGO y GRISOLÁN.)
ANTONIO
¡Cerrad las puertas de palacio! 485
RODRIGO
¿Cómo, sire? ¿Qué peligro corremos?
ANTONIO
¡Cerrad las puertas traseras al instante! Y haced venir 486
a todos los oficiales de la corte. 487
GRISOLÁN
Lo haré al instante.
(Sale GRISOLÁN.)
ANTONIO
¿Quién guarda la llave de la puerta del patio? 488
RODRIGO
Forobosco.
ANTONIO
Haced que la traiga presto. 489
(Sale RODRIGO.)
(Entran CRIADOS, GRISOLÁN, RODRIGO.)
CRIADO 1º
¡Oh, nobles caballeros, traición, perfidia! 490
BOSOLA
¿Y si los albaricoques estuvieran envenados, 491
sin yo saberlo? 492
CRIADO 1º
Acaban de apresar
a un suizo en la alcoba de la Duquesa. 493
CRIADO 2º
¿Un suizo? 494
CRIADO 1º
Con un pistolón en los calzones. 495
BOSOLA
¡Ja, ja, ja!
CRIADO 1º
Los calzones le servían de funda. 496
CRIADO 2º
¡Qué astuto traidor!
¿Quién hubiera mirado en los calzones? 497
CRIADO 1º
Bien cierto… si se hubiera alejado de los aposentos de las damas. Todos los moldes de sus botones eran balas de plomo.
CRIADO 2º
¡Qué perverso animal! ¡Con que un trabuco en los calzones!
CRIADO 1º
A fe mía, que ha sido una conjura a la francesa.
CRIADO 2º
Por ver lo que el diablo es capaz de hacer.
ANTONIO
¿Están aquí todos los oficiales? 498
CRIADOS
Sí.
ANTONIO
Caballeros,
Ya sabéis la fortuna que hemos perdido; mas esta noche 499
han sido joyas, por valor de cuatro mil ducados, 500
las que han desaparecido del joyero de la duquesa. 501
¿Están las puertas cerradas? 502
CRIADO 1º
Sí.
ANTONIO
Es voluntad de la duquesa
que todos los oficiales se encierren en sus aposentos 503
hasta que amanezca. Ella desea que envíen las llaves 504
de todos sus cofres y de las puertas de salida 505
a su alcoba. Está muy molesta. 506
RODRIGO
Estamos a su servicio. 507
ANTONIO
Ella os ruega que no lo toméis a mal. Los inocentes 508
recibirán mayor encomio por ello. 509
BOSOLA
Caballero leñador, ¿dónde está ahora tu suizo?
CRIADO 1º
Doy fe de que uno de los pinches me informó de ello verazmente.
(Salen BOSOLA, RODRIGO, GRISOLÁN y CRIADOS.)
DELIO
¿Cómo está la duquesa? 510
ANTONIO
Sufre
la peor de las torturas, con dolor y temor. 511
DELIO
Hazle llegar mi más propicio consuelo. 512
ANTONIO
¡Cuán neciamente juego con el peligro! 513
Esta misma noche, amigo mío, partirás a Roma; 514
mi vida depende de tus servicios. 515
DELIO
No dudes de mí.
ANTONIO
Lejos está la duda de mí. Pero el miedo me hace ver cosas, 516
que semejan el peligro. 517
DELIO
Créeme,
no son sino las sombras de tus temores, nada más. 518
¡Cuán supersticiosos somos de lo maligno! 519
Echar la sal, o el salto de una liebre, 520
o sangrar por la nariz, el tropezón del caballo, 521
el canto del grillo, todos tienen fuerza suficiente 522
como para amedrentar al hombre que llevamos dentro. Adiós. 523
Te deseo todo el júbilo de un padre afortunado. 524
Confía en mí: guarda esto que te digo en el corazón. 525
Como con una espada, cuanto más viejo un amigo, más fe le has de tener. 526
(Sale DELIO.)
(Entra CARIOLA con un niño en brazos.)
CARIOLA
Señor, sois el feliz padre de un niño. 527
Vuestra esposa os lo encomienda. 528
ANTONIO
¡Bendito consuelo!
Por el amor de Dios, cuidad bien de ella. Al instante 529
prepararé el horóscopo de su nacimiento. 530
(Salen.)

Escena iii

(Entra BOSOLA con un farol cubierto.)
BOSOLA
Seguro estoy de haber oído gritar a una mujer. ¡Ajá, otra vez! 531
Y procedía, si no me equivoco, de los aposentos 532
de la Duquesa. Es un ardid, bien cierto es, 533
el encierro de todos los oficiales 534
en sus compartimentos. Debo averiguarlo, 535
o mis pesquisas no tendrán progreso. ¡Ah! ¡Otra vez más! 536
Puede que sea el pájaro melancólico, 537
el amigo del silencio y de la soledad, 538
el búho, el que así chilla. ¿Eh? ¿Antonio? 539
(Entra ANTONIO con una vela en la mano y la espada desenfundada.)
ANTONIO
He oído un ruido. ¿Quién va? ¿Quién sois? Hablad. 540
BOSOLA
¡Antonio! Apartad de vuestro rostro y cuerpo 541
el forzado gesto del temor. 542
Soy Bosola; vuestro amigo. 543
ANTONIO
¡Bosola!
Este topo va levantando el terreno que yo piso. ¿No habéis oído 544
un ruido hace un momento? 545
BOSOLA
¿Dónde?
ANTONIO
En los aposentos
de la Duquesa. 546
BOSOLA
No. ¿Acaso vos…?
ANTONIO
Sí. Tal vez lo soñé.
BOSOLA
Vayamos hacia allí. 547
ANTONIO
No. Pudo ser, quizá,
el murmullo del viento. 548
BOSOLA
Muy probable.
Diría yo que hace frío, y sin embargo, estáis sudando. 549
Vuestro semblante está alterado. 550
ANTONIO
He estado calculando
el valor de las joyas de la Duquesa. 551
BOSOLA
¿Sí? ¿Y qué valor
les concedéis?¿Algo primordial? 552
ANTONIO
¿Qué os importa a vos?
Antes bien, cabe preguntaros qué designios, 553
cuando todos los hombres debieran yacer en sus lechos, 554
hacen de vos un merodeador nocturno. 555
BOSOLA
En verdad, os diré
que ahora que duerme la corte, creo que el demonio 556
menos se acerca hasta aquí. Vine a rezar mis plegarias. 557
Mas si ello os ofende, esto es lo que hago. 558
Vos sois un buen cortesano. 559
ANTONIO
Este hombre va a ser mi perdición.
Le regalasteis a la Duquesa unos albaricoques. 560
Rogad al cielo que no estuvieran envenenados. 561
BOSOLA
¿Envenenados? Tomad ésta,
por vuestra acusación. 562
ANTONIO
Los traidores se confían
hasta que se les descubre. También han robado ciertas joyas, 563
y es mi opinión que nadie es más sospechoso 564
que vos mismo. 565
BOSOLA
Sois un falaz mayordomo.
ANTONIO
¡Esclavo ruin! ¡Os arrancaré esa sucia lengua! 566
BOSOLA
Mi ruina puede ser causa de vuestra perdición. 567
ANTONIO
Sois una sierpe insolente. 568
BOSOLA
Os mantenéis frío, aun mostrando los colmillos. 569
ANTONIO
Bien sabéis calumniar. 570
BOSOLA
Mandad hacer una copia,
que yo la firmaré, de puño y letra. 571
ANTONIO
Me sangra la nariz.
Si fuera supersticioso, diría que se trata de algo 572
ominoso. Mas ocurre por casualidad. 573
Dos letras bordadas, las iniciales de mi nombre, 574
cubiertas de sangre. 575
Un simple accidente. En cuanto a vos, señor, voy a dar órdenes. 576
Al alba estaréis bajo custodia. 577
Con esto excusaré 578
a la Duquesa. 579
No creo oportuno que os acerquéis 580
a los aposentos de la Duquesa, hasta que estéis exculpado. 581
Los nobles son como los humildes; es más, son iguales, 582
cuando por medios vergonzosos intentan evitar la vergüenza. 583
(Sale.)
BOSOLA
Antonio ha dejado caer un papel por aquí. 584
Préstame tu luz, farol amigo. Ajá, aquí está. 585
¿Qué es esto? ¡Las cuentas de un nacimiento! 586
“ La Duquesa dio a luz a un varón, entre las doce y la una de la noche. Anno Dominis 1504 ” (este mismo año), “ decimo nono decembris ” (¡esta noche!), “ medido en conformidad con el meridiano de Amalfi ”. (¡Nuestra propia duquesa! ¡Feliz descubrimiento!). “ El señor de la primera casa, con su ascendiente en eclipse, da a entender una corta vida. Marte está en signo humano, unido a la cola del dragón, en la octava casa; amenaza, pues, una muerte violenta. Caetera non scrutantur ”.
Ah, es algo evidente. Este es el rufián 587
que esconde a la Duquesa. Mis deseos se cumplen. 588
Esta es la causa por la cual 589
encerraron a los nobles cortesanos. Y es ahora necesario 590
que yo sea incriminado con la pretensión 591
de haberla envenenado. Lo soportaré, y me reiré de ello. 592
Y si se pudiera descubrir al padre… mas el tiempo 593
lo revelará. El viejo Castruchio parte 594
al alba hacia Roma. Enviaré con él 595
una misiva, que hará que a sus hermanos les revienten 596
los hígados de tanta hiel. Afortunado hallazgo éste. 597
Aunque la lujuria se esconda tras guisa extraña, 598
es con frecuencia ingeniosa, mas jamás resulta sabia. 599
(Sale.)

Escena iv

(Entran el CARDENAL y JULIA.)
CARDENAL
Siéntate. Tú eres el mejor de mis deseos. Dime, 600
¿qué treta concebiste para acudir a Roma 601
sin tu marido? 602
JULIA
Oh, Eminencia, le dije
que venía a ver a un viejo anacoreta que aquí vive, 603
por pura devoción. 604
CARDENAL
Eres muy ingeniosa para engañar;
engañarle a él, quiero decir. 605
JULIA
Me tenéis dominada,
más allá de mis más profundos pensamientos, y no quisiera 606
descubrir que sois inconstante. 607
CARDENAL
No te sometas
tú misma a tal tortura, que surge 608
de tu propia culpa. 609
JULIA
¿Qué decís, mi señor?
CARDENAL
Tú temes
mi constancia, porque tú misma aceptas 610
esas frívolas y alocadas maneras. 611
JULIA
¿Las habíais observado antes? 612
CARDENAL
Así es. Siempre en las mujeres.
Antes debiera un hombre esforzarse en moldear 613
el vidrio que en fijar vuestra conducta. 614
JULIA
¿Y entonces, Eminencia?
CARDENAL
Debiéramos pedir en préstamo la fantástica lente 615
que inventó Galileo, el florentino, 616
para observar aquel otro vasto mundo, el de la luna, 617
para tratar de encontrar una mujer fiel allí. 618
JULIA
Decís muy bien, Eminencia. 619
CARDENAL
¿Por qué lloras?
¿Te justificas con tus lágrimas? Esas mismas lágrimas 620
caerán sobre el pecho de tu marido, 621
mientras le prometes, con voz solemne, que le amas 622
más que a nada en el mundo. Ven conmigo, yo te amaré 623
con sapiencia, esto es, con celo, pues no me cabe duda: 624
de mí no puedes hacer un cornudo. 625
JULIA
Volveré a casa,
con mi marido. 626
CARDENAL
Dame las gracias, mujer,
pues te he bajado de esa tu altiva melancolía. 627
Te he sostenido en mi puño, y mostrado una presa, 628
para que la caces. Venga, dame un beso. 629
Cuando estabas con tu marido, te vigilaban 630
como a un elefante amaestrado. Debes estarme agradecida. 631
De él sólo recibiste besos, y caros manjares, 632
¿mas qué gozo hay en ello? Era, por así decirlo, como aquel 633
que sabe tocar algo en el laúd, 634
pero no sabe afinarlo. Sé agradecida. 635
JULIA
Vos me hablasteis de un lastimoso dolor en vuestro corazón, 636
de vuestro hígado enfermo, al cortejarme. 637
Hablabais como un desvalido. 638
CARDENAL
¿Quién va?
([Entra un SIRVIENTE.])
Sigue siendo constante, que mi afecto por ti, 639
es más rápido que el relámpago. 640
SIRVIENTE
Señora, un caballero
que trae el correo desde Amalfi desea veros. 641
CARDENAL
Hazle pasar. Yo me retiraré. 642
(Sale el CARDENAL.)
SIRVIENTE
Dice
que vuestro marido, el viejo Castruchio, ha llegado a Roma, 643
lastimosamente cansado de cabalgar con el correo. 644
(Sale el SIRVIENTE. Entra DELIO.)
JULIA
¡Signor Delio! 645
Uno de mis antiguos pretendientes… 646
DELIO
He sido osado al acudir a veros. 647
JULIA
Sois muy bienvenido.
DELIO
¿Os alojáis aquí? 648
JULIA
Vuestra propia experiencia, con seguridad,
os satisfará de que no es así. Nuestros prelados en Roma 649
no proporcionan alojamiento a señoras. 650
DELIO
Tanto mejor.
No os traigo saludo alguno de vuestro marido, 651
pues ninguno recibí de él. 652
JULIA
Me han dicho que ha llegado a Roma.
DELIO
Nunca he visto a hombre y bestia, corcel y jinete, 653
tan hastiados el uno del otro. Si él tuviera buenos lomos, 654
hubiera preferido llevar en ellos a su montura, 655
tan grande era el dolor que le causaba la llaga. 656
JULIA
Vuestras burlas
son mi aflicción. 657
DELIO
Señora, no sé si por ventura
os hará falta dinero, mas un poco os he traído. 658
JULIA
¿De mi marido? 659
DELIO
No, es el mío propio.
JULIA
Quisiera saber vuestras condiciones, antes que me obliguéis a tomarlo. 660
DELIO
Observadlo, es oro. ¿No os gusta su color? 661
JULIA
Tengo yo un pájaro más hermoso. 662
DELIO
Escuchad cómo suena.
JULIA
Una cuerda de laúd sonaría harto mejor. 663
No tiene tanto aroma como la canela o la algalia. 664
Tampoco es medicina, aunque necios doctores hay 665
que nos aconsejan guisarlo en caldos. Os digo 666
que esta criatura la engendra … 667
(Entra el SIRVIENTE.)
SIRVIENTE
Ha llegado vuestro marido,
y ha entregado una carta al Duque de Calabria, 668
la cual, según creo, le ha hecho enfurecer. 669
(Sale el SIRVIENTE.)
JULIA
Sire, ya habéis oído. 670
Os lo ruego, decidme, qué asunto y qué proposición traéis 671
con la mayor brevedad. 672
DELIO
Seré escueto. Quisiera que vos,
que en estos momentos no convivís 673
con vuestro marido, fuerais mi amante. 674
JULIA
Señor, le preguntaré a mi marido si hubiera de serlo, 675
y volveré presta con una contestación. 676
(Sale JULIA.)
DELIO
¡Qué bueno!
¿Me habló su ingenio, o fue su honra? 677
Escuché que el Duque estaba muy alterado 678
por una misiva procedente de Amalfi. Temo 679
que Antonio haya sido traicionado. ¡Qué temible 680
parece ahora su ambición! ¡Oh infortunio de Fortuna! 681
Cruzan vorágines, evitando profundas pesadumbres, 682
quienes las consecuencias sopesan antes de perpetrar sus actos. 683
(Sale.)

Escena v

(Entran el CARDENAL, y FERNANDO con una carta en las manos.)
FERNANDO
Esta noche he arrancado una mandrágora. 684
CARDENAL
¿Qué dices?
FERNANDO
Y me ha enloquecido. 685
CARDENAL
¿Qué te augura?
FERNANDO
Lee esta carta. Nuestra hermana, una perdida libertina, 686
convertida en ramera de gran fama. 687
CARDENAL
Baja la voz.
FERNANDO
¿He de callar?
Canallas habrá que no lo susurren, y querrán divulgarlo, 688
como hacen los criados con la generosidad de sus amos, 689
en voz bien alta; y con mirada codiciosa e indagadora, 690
observan a quienes les atienden. Oh, que la perdición la alcance. 691
Se ha servido de los más taimados rufianes en sus propósitos, 692
y ha gozado de los más seguros medios para la lujuria 693
que las mismas guarniciones que le sirven. 694
CARDENAL
¿Será posible?
¡No puede ser cierto! 695
FERNANDO
¡Ruibarbo! ¡Oh, traedme ruibarbo!
Sólo así podré purgar esta cólera. Maldito sea este día, 696
que queda grabado en mi memoria. No lo olvidaré 697
hasta hacer de su corazón sangrante una esponja 698
con que borrar su recuerdo. 699
CARDENAL
¿Por qué conviertes tu enfado
en airada tempestad? 700
FERNANDO
Ojalá fuera yo tal,
para zarandear su palacio violentamente, 701
arrancar de cuajo sus bosques, arrasar sus prados, 702
y dejar todas sus tierras hechas una inmundicia, 703
tal y como ella ha hecho con su honra. 704
CARDENAL
¡Nuestra sangre!
¡La sangre de los reyes de Aragón y Castilla, 705
así mancillada! 706
FERNANDO
Hay que aplicar un remedio desesperado.
No empleemos bálsamos ahora, sino el fuego, 707
y el dolor de las sangrías. Ese es el remedio para purgar 708
una sangre infecta, su sangre. De mis ojos mana 709
una suerte de piedad. La secaré con mi pañuelo. Ya está: 710
éste es el legado que yo dejo a su bastardo. 711
CARDENAL
¿Para qué?
FERNANDO
Para que haga tersas vendas para las heridas de su madre, 712
cuando la haya descuartizado. 713
CARDENAL
Oh, criatura maldita.
Natura es injusta, pues coloca el corazón de la mujer 714
más cercano al costado siniestro. 715
FERNANDO
Necios son los hombres
que confían su honra a una barca 716
hecha de tan frágil y débil enea como es mujer, 717
que es tan propensa a hundirla. 718
CARDENAL
La ignorancia no sabe manejar la honra 719
tras haberla obtenido. 720
FERNANDO
La imagino riéndose.
¡Como una hiena! Dime algo, pronto, 721
o mi imaginación me llevará al punto 722
de verla en el vergonzoso acto del pecado. 723
CARDENAL
¿Con quién? 724
FERNANDO
Pudiera ser con un musculoso barquero de piernas robustas, 725
o con uno de la leñera, que sabe darle bien al mazo, 726
o echar la tranca, o quizá con algún amoroso escudero 727
que le suba el carbón a sus aposentos privados. 728
CARDENAL
¡Desvarías! ¡Es un desatino! 729
FERNANDO
¡No, señora!
No será tu leche de ramera sino tu sangre de furcia 730
la que apague las llamas de mi ira. 731
CARDENAL
¿Dónde te llevará tanta ira? Te arrastrará 732
como a los hombres que, presos del conjuro de brujas, 733
vuelan en violentos remolinos por el aire. Tus airadas palabras 734
semejan la conversación a gritos de uno sordo, 735
que habla en voz alta porque piensa que los demás 736
comparten su defecto. 737
FERNANDO
¿Acaso no te sientes, como yo,
paralizado? 738
CARDENAL
Sí. Puedo sentir enfado,
mas sin arrebatos. Nada hay en natura 739
que muestre a un hombre tan deformado, tan bestial, 740
como la ira inmoderada. Reprímete. 741
Toma como ejemplo a hombres diversos que jamás 742
manifestaron deseos de descanso sino mediante la pelea, 743
con mucha molestia. Basta. Recobra la armonía. 744
FERNANDO
Sólo estudiaré, pues, cómo aparentar ser 745
aquello que no soy. Ahora mismo podría matarla, 746
en ti, o en mi misma persona, porque creo 747
que su pecado es el nuestro; el cielo se venga de nosotros 748
con ella. 749
CARDENAL
¡Has enloquecido!
FERNANDO
Oh, quisiera que sus cuerpos
ardieran en un pozo de carbón, que yo cerraría el respiradero 750
para que sus malditas cenizas no ascendieran al cielo. 751
O empaparía las sábanas en las que duermen con brea 752
o azufre, los envolvería en ellas y les prendería fuego; 753
en todo caso, haría hervir a ese bastardo en un caldo, 754
que le daría de beber al lujurioso padre para refrescar 755
el pecado que lleva en las espaldas. 756
CARDENAL
Me voy.
FERNANDO
Ya he terminado.
Seguro estoy de que, si hubiera sido condenado a los infiernos, 757
al haber sabido esto, un sudor frío hubiera sentido. 758
Entra, ve tú delante. Yo iré a dormir. 759
Nada haré hasta averiguar quién monta a mi hermana. 760
Cuando lo sepa, encontraré escorpiones para atarlos 761
a mi látigo. A ella la pondré en la total oscuridad. 762
(Salen.)

Acto III

Escena i

([Entran ANTONIO y DELIO])
ANTONIO
Noble amigo nuestro, mi muy querido Delio, 763
Llevas mucho tiempo ausente de la corte. 764
¿Llegaste con el séquito del Lord Fernando? 765
DELIO
Así es. Dime, ¿cómo está tu noble Duquesa? 766
ANTONIO
Por fortuna, muy bien. Da excelente alimento 767
a su linaje. Desde la última vez que la viste 768
ha tenido dos hijos más, un niño y una niña. 769
DELIO
¡Parece que fue ayer! Mas déjame que cierre los ojos; 770
Sin observar tu rostro, diría que te veo algo 771
más magro. Y en verdad que creo estar soñando, 772
si esto no ha acontecido en la última media hora. 773
ANTONIO
Delio, amigo mío, tú no has estado ante juzgados, 774
ni en prisión, ni has puesto una demanda ante magistratura; 775
tampoco te han suplicado la reposición en su puesto de algún grande, 776
ni te ha importunado una vieja esposa. Esas son cosas que hacen 777
que el tiempo pase rápido, casi sentirlo. 778
DELIO
Te ruego, amigo,
me digas si estas noticias han llegado a oídos 779
del Cardenal. 780
ANTONIO
Temo que así haya sido.
El Duque Fernando, que ha poco llegó a la corte, 781
se comporta de un modo harto peligroso. 782
DELIO
¿Peligroso?
ANTONIO
Está callado, y aparenta dormir como en mitad 783
de una tempestad, cual lirón en el largo invierno. 784
Dicen que las casas encantadas son las más silenciosas, 785
hasta que en ellas el diablo se levanta. 786
DELIO
¿Qué dice la gente?
ANTONIO
La chusma lo dice sin rodeos: 787
que es una furcia. 788
DELIO
Y los altos estamentos,
que debieran mostrar cierto tacto, ¿qué consideran? 789
ANTONIO
Me acusan de haber logrado reunir grandes riquezas 790
de modo siniestro, y suponen todos que la Duquesa 791
lo enmendaría si pudiese. Es sabido que los grandes príncipes, 792
aunque envidien a sus oficiales por tener al alcance 793
tan grandes e ilimitados medios para obtener riquezas 794
bajo su protección, no se quejan, 795
porque así no se le hacen tan odiosos 796
al pueblo llano. Aunque otro vínculo, 797
sea de amor o matrimonio, entre ella y yo, 798
no alcanzan a imaginar. 799
([Entran FERNANDO, la DUQUESA y BOSOLA])
DELIO
El Duque se retira.
FERNANDO
Al momento iré a acostarme. 800
Estoy muy fatigado. Tengo apalabrado 801
un marido para vos. 802
DUQUESA
¿Para mí, sire? ¿Quién es él, os lo ruego? 803
FERNANDO
El noble Conde de Malateste. 804
DUQUESA
¡Que le cuelguen!
¿Un conde? No es más que un palillo de golosina. 805
Si hasta se puede ver a través suyo. Cuando escoja un marido, 806
me casaré para merecer vuestra honra. 807
FERNANDO
Bien haríais con ello. ¿Cómo estáis, muy digno Antonio? 808
DUQUESA
Señor, he de hablar con vos en privado. 809
Se ha extendido un escandaloso chisme 810
acerca de mi honra. 811
FERNANDO
Permitidme que haga oídos sordos.
Es un pasquín, una calumnia cortesana, 812
un cotilleo inmundo. Los palacios reales rara vez 813
se libran de ellos. Mas digamos que fuese cierto: 814
dejémoslo en vuestro regazo. Mi amor, genuino como es, 815
lo excusaría, lo eliminaría con firmeza, negaría incluso vuestras 816
faltas, aunque fuesen manifiestas. No temáis; quedáis a salvo 817
en vuestra inocencia. 818
DUQUESA
¡Oh bendito consuelo!
Se ha purgado este aire tan nefasto. 819
([Salen la DUQUESA, ANTONIO y DELIO])
FERNANDO
Con su culpa
va pisando los surcos calientes que levanta. Ah, Bosola, 820
¿prosperas en nuestro espionaje? 821
BOSOLA
Sí y no, milord.
Se rumorea que ya ha tenido tres bastardos, 822
mas de quién, sólo podremos leerlo en las estrellas. 823
FERNANDO
Los hay
que piensan que todo está escrito en ellas. 824
BOSOLA
Ah, si tuviésemos lentes para leerlas… 825
Tengo sospechas de que han empleado brujería 826
con la Duquesa. 827
FERNANDO
¡Brujería! ¿Con qué propósito?
BOSOLA
Para enamorarla de algún hombre sin mérito alguno, 828
alguien de quien ella se avergüenza. 829
FERNANDO
¿Acaso tu fe
es tan poca que crees en el poder de pócimas y encantamientos 830
para hacernos amar, con voluntad o sin ella? 831
BOSOLA
Muy cierto es. 832
FERNANDO
¡Bah! No son sino engañabobos, cuentos horribles 833
que inventan charlatanes y embaucadores 834
para engañarnos. ¿Creéis que hierbas o encantos 835
pueden hacer mudarnos la voluntad? Algunos doctores necios, 836
lo han intentado; mas sus ingredientes 837
eran potentes venenos, con tanta fuerza 838
que enloquecían a los pacientes. El hechicero jura al instante 839
que, por su equívoco, están enamorados. 840
La brujería está en su propia y fétida sangre. Esta misma noche 841
la obligaré a confesar. Me dijiste que ibas a conseguir, 842
dos días hace de ello, la llave maestra 843
de sus aposentos. 844
BOSOLA
Aquí está.
FERNANDO
Cumples mis deseos.
BOSOLA
¿Cuál es vuestra intención? 845
FERNANDO
¿No la sabes?
BOSOLA
No.
FERNANDO
No preguntes, pues. 846
Aquel que sea mi brújula, y sepa de mis propósitos, 847
podrá decir que le ha puesto un cinto al mundo, 848
y ha sondeado todos sus puntos peligrosos. 849
BOSOLA
No es esa
mi opinión. 850
FERNANDO
Dime, pues, ¿qué piensas? 851
BOSOLA
Que vos mismo escribís la crónica. Vuestra vanidad 852
es desmesurada. 853
FERNANDO
Dame tu mano. Así te lo agradezco.
Nunca di retribución sino a aduladores, 854
hasta que te puse a mi servicio. Adiós. 855
Amigo es aquel que no se guarda para sí 856
los defectos de su amo noble, y así previene su ruina. 857
([Salen.])

Escena ii

([Entran la DUQUESA, ANTONIO y CARIOLA.])
DUQUESA
Tráeme el joyero y el espejo. 858
Milord, esta noche no obtendrás alojamiento aquí. 859
ANTONIO
Entonces tendré que convencerte. 860
DUQUESA
¡Qué bien!
Es de esperar que con el tiempo sea costumbre 861
que los hombres sean más humildes, y de rodillas, 862
imploren compartir el lecho de sus esposas. 863
ANTONIO
Mi sitio está aquí. 864
DUQUESA
¿De verdad? Si tú eres el maestro de ceremonias.
ANTONIO
Muy cierto es, pues aquí sólo gobierno de noche. 865
DUQUESA
Dime, ¿qué harás conmigo? 866
ANTONIO
Dormiré contigo.
DUQUESA
¿Y qué placer encuentran dos amantes en el sueño? 867
CARIOLA
Milord, a veces duermo junto a ella, y sé muy bien 868
que os desvelará. 869
ANTONIO
¿Lo ves? Hay quejas sobre ti.
CARIOLA
Ocupa toda la cama. 870
ANTONIO
Tanto más me gustará. 871
CARIOLA
Sire, ¿puedo preguntaros algo? 872
ANTONIO
Decid, Cariola. 873
CARIOLA
¿Por qué seguís madrugando cuando dormís 874
con mi señora? 875
ANTONIO
Los hombres que trabajan,
Cariola, miran el reloj continuamente, 876
y sólo se alegran cuando acaban sus tareas. 877
DUQUESA
Ven que te cierre la boca.
([Le besa.])
ANTONIO
¿Sólo uno? Venus contaba con dos palomas 878
que tiraban de su carroza. Tendrás que darme otro. 879
([Se besan.])
Y tú, Cariola, ¿cuándo piensas casarte? 880
CARIOLA
Nunca, milord.
ANTONIO
¡Qué vergüenza, toda la vida soltera! Abandona esa idea. 881
Leemos que Dafne, la perversa, por escapar, 882
se transformó en un laurel baldío. Siringe fue convertida 883
en un pálido junco, hueco en su interior. Anaxárete volvióse 884
frío mármol. Mas las musas que contrajeron nupcias 885
o mostraron comprensión por sus amigos, por divino efecto 886
fueron transformadas en olivos, granados y moreras. 887
Se convirtieron en flores, preciosas gemas o estrellas 888
del firmamento. 889
CARIOLA
Eso es sólo poesía. Decidme,
si mis pretendientes fuesen la sabiduría, la riqueza y la belleza, 890
encarnadas en tres hombres distintos, ¿cuál habría de escoger? 891
ANTONIO
Es difícil de saber. Ese fue el caso del noble Paris, 892
mas él quedó cegado, y por una buena razón. 893
Pues, ¿cómo hubiera de juzgar bien, teniendo a la vista 894
a tres amorosas diosas, y además desnudas? 895
El más estricto consejero de Europa 896
hubiera quedado sumido en la confusión 897
ante tales ejemplos. Mas ahora que observo 898
vuestros bien tallados rostros, me viene una pregunta 899
a la cabeza, que os ruego me contestéis. 900
CARIOLA
¿Cuál es? 901
ANTONIO
Me pregunto porqué las damas poco favorecidas
mantienen criadas que son menos hermosas que ellas 902
a su servicio, y no soportan a las hermosas. 903
DUQUESA
Fácil respuesta tiene tal pregunta. 904
¿Sabes de algún pésimo pintor que quiera 905
tener en su estudio junto al de un excelente 906
retratista? Sus retratos no lograrían prestigio, 907
y ello supondría su ruina. Ay, 908
nunca hemos sido más felices que ahora. Oh, tengo un nudo en el cabello. 909
ANTONIO
Te ruego, Cariola, que nos retiremos 910
de los aposentos, y la dejemos hablar a solas. 911
Muchas veces le he pasado esta chanza, 912
que la ha enfurecido en extremo. Pero me deleita. En silencio, Cariola. 913
([Salen ANTONIO y CARIOLA.])
DUQUESA
¿No empieza mi pelo a mudar su color? 914
Cuando se vuelva canoso, toda la corte 915
habrá de empolvar el suyo con lirio para que esté como el mío. 916
Causa tienes para amarme, pues te puse en mi corazón 917
([Entra FERNANDO, oculto.])
antes que te dignases en reclamar las llaves. 918
Algún día mis hermanos te hallarán aquí durmiendo. 919
Fernando está en la corte y su presencia 920
aconseja que te quedes en tu propio lecho. Pero tú dices 921
que el amor más dulce con el temor se mezcla. Ya te digo 922
que no tendrás más hijos hasta que mis hermanos 923
se avengan a ser sus padrinos. ¿Te has comido la lengua? 924
([FERNANDO le entrega una daga.])
Bienvenida sea. 925
Has de saber que, tanto si he de morir como vivir, 926
ambas cosas sabré hacer con nobleza. 927
FERNANDO
Muere pues, aquí mismo.
Oh, virtud, ¿dónde te ocultas? ¿Qué horror 928
es el que te oscurece? 929
DUQUESA
Hermano, te ruego que me escuches…
FERNANDO
¿Es cierto que no es más que una palabra desnuda? 930
¿No es espiritual? 931
DUQUESA
Sire.
FERNANDO
¡Calla! 932
DUQUESA
No, señor.
Haré de mi alma oídos para escucharte. 933
FERNANDO
La luz imperfecta de la razón humana 934
nos hace infelices, pues podemos prever 935
lo más inevitable. Realiza tus deseos, 936
y glorifícate con ello; pues no hay vergüenza en el consuelo 937
sino sobrepasando los límites y el sentido del decoro. 938
DUQUESA
Te lo ruego, hermano. Escúchame. Estoy desposada … 939
FERNANDO
Muy bien.
DUQUESA
Y feliz, aunque no os agrade. Sólo por eso… 940
Con tus tijeras vienes a cortar muy a destiempo 941
las alas de un pájaro que ha tiempo echó a volar. 942
¿No quieres ver a mi marido? 943
FERNANDO
Lo haría, sí,
en tanto que pudiese mudar mis ojos con los del basilisco. 944
DUQUESA
Has acudido con su alianza. 945
FERNANDO
El aullido del lobo
es melodía para ti, búho chillón. Digo que guardes silencio. 946
Seas lo que seas, tú que has disfrutado de mi hermana, 947
seguro estoy que me escuchas, por tu propio bien 948
no te descubras. Vine aquí dispuesto 949
a averiguarlo, mas ahora tengo la certidumbre 950
que conocerlo sólo engendraría violencia tal 951
que nos condenaría a ambos. Por nada quisiera 952
haber visto tu rostro. Asegúrate pues de que nunca 953
pueda llegar a conocer tu nombre. 954
Disfruta de tu lujuria, y de tu miserable vida, 955
con esa condición. Y tú, mujer vil, si quieres 956
que tu amante llegue a viejo entre tus brazos, 957
haz que construyan una celda para él, 958
como las que habitan nuestros santos ermitaños. 959
No permitas que vea la luz del día hasta su muerte. 960
Que sólo perros y monos le hagan compañía, 961
y animales a los que natura niega el don de la voz. 962
No tengas con vos ni siquiera un periquito, 963
no vaya a aprender su nombre. Y si le amas, 964
córtate la lengua para nunca delatarle. 965
DUQUESA
¿Por qué no habría de casarme? Con ello 966
no he creado un nuevo mundo, ni costumbre. 967
FERNANDO
Estás perdida. 968
Has arrancado la gruesa plancha de plomo 969
que cubre las cenizas de tu marido, y la has 970
dejado caer sobre mi corazón. 971
DUQUESA
El mío sufre por ello.
FERNANDO
¿Tu corazón?
¿Qué otra cosa es sino una bala hueca, 972
llena de un fuego incontrolable? 973
DUQUESA
Eres muy severo
en tu juicio. Y si no fueras mi muy noble hermano, 974
diría que eres terco en extremo. Mi reputación 975
está a salvo. 976
FERNANDO
¿Sabes acaso qué es la reputación?
Yo te lo diré, aunque de poco sirva, pues mis enseñanzas 977
llegan tarde. 978
Hubo un tiempo en que la Honra, el Amor y la Muerte 979
viajaban por el mundo; y decidióse que debían 980
separarse, y tomar tres rumbos distintos. 981
La Muerte dijo que la encontrarían en las grandes 982
batallas, o en las ciudades acosadas por la peste. 983
El Amor dijo que le buscaran 984
entre los sencillos pastores, allí donde no se hable 985
de dotes; y en ocasiones, en silenciosas familias 986
a las que sus padres muertos nada hayan dejado. 987
“Deteneos”, dijo la Honra, “no me abandonéis. 988
Está en mi natura misma que aquel que de mí se separa 989
nunca jamás me encuentra”. Tal ha ocurrido contigo. 990
Estrechaste la mano con la Honra, 991
y no la volverás a ver. Adiós, pues. 992
Nunca más he de verte. 993
DUQUESA
¿Por qué yo, sólo yo,
de entre todas las princesas del mundo, 994
he de encerrarme como sagrada reliquia? 995
Soy joven, y aún poseo cierta belleza. 996
FERNANDO
También hay
vírgenes que resultan ser brujas. Nunca jamás 997
he de volver a verte. 998
([Sale.])
([Entra ANTONIO, con una pistola, y CARIOLA])
DUQUESA
Has visto un espectro. 999
ANTONIO
Sí. Nos han traicionado.
¿Cómo logró entrar? Debería 1000
apuntarte a ti por ello. 1001
([Apunta a CARIOLA con la pistola.])
CARIOLA
Hacedlo, sire. Mas cuando 1002
me abráis el corazón, en él leeréis 1003
mi inocencia. 1004
DUQUESA
Entró por esa galería.
ANTONIO
Quisiera que este horror regresara hasta aquí, 1005
que yo, montando guardia, le haría saber 1006
de mi seguro amor. ¿Qué es eso? 1007
DUQUESA
La dejó conmigo. 1008
([Muestra la daga.])
ANTONIO
Y diríase que sus deseos eran
que la emplearas contra ti misma. 1009
DUQUESA
Con sus acciones
tal parecía indicar. 1010
ANTONIO
Toda daga tiene un puño,
así como una punta. Dirígela contra él, 1011
clava en su fétida hiel el agudo filo. 1012
¿Qué ocurre? ¿Quién llama? Más sobresaltos… 1013
DUQUESA
Mis pasos
son irresolutos, como si una mina fuera a explotar 1014
bajo mis pies. 1015
CARIOLA
¡Es Bosola!
DUQUESA
Márchate.
¡Qué desgracia! Pienso que la injusticia 1016
es más merecedora de esconderse tras máscaras 1017
y lienzos que no nosotros. Debes partir al instante. 1018
Está decidido. 1019
([Sale ANTONIO; entra BOSOLA.])
BOSOLA
El Duque, vuestro hermano, cual torbellino 1020
montó su caballo y partió presto hacia Roma. 1021
DUQUESA
¿Tan tarde? 1022
BOSOLA
Me dijo, mientras subía a la cabalgadura, 1023
que estáis arruinada. 1024
DUQUESA
Así es. Muy cerca de ello. 1025
BOSOLA
¿Cuál es el motivo? 1026
DUQUESA
Antonio, el jefe de nuestra casa, ha estado 1027
muy falso en el manejo de sus cuentas. 1028
Mi hermano tenía un compromiso conmigo, por dineros 1029
prestados por ciertos judíos de Nápoles. 1030
Antonio ha hecho perderse la prenda. 1031
BOSOLA
Cuán extraño.
— Es muy astuta. 1032
DUQUESA
Y es por ello
que protestan en Nápoles los pagarés 1033
de mi hermano. Llamad a los oficiales. 1034
BOSOLA
Al instante. 1035
([Sale BOSOLA.])
([Entra ANTONIO.])
DUQUESA
El lugar donde te dirigirás es Ancona. 1036
Arrienda una casa allí. Te haré llegar 1037
mis joyas, mi hacienda. Nuestra seguridad, sutil, 1038
gira sobre ruedas de ingenio. Pocas palabras 1039
han de decirlo todo. Debo ahora acusarte 1040
de un crimen fingido, lo que Tasso denomina 1041
magnanima mensogna : una mentira noble 1042
para proteger nuestra honra. Escucha, ya vienen. 1043
([Entran BOSOLA y OFICIALES.])
ANTONIO
¿No quiere su excelencia oírme? 1044
DUQUESA
Este es el bien que me habéis dado. Me causasteis 1045
un millón en pérdidas. Voy a heredar 1046
las maldiciones del pueblo por vuestro gobierno. 1047
Tuvisteis el ardid de enfermar en aquel momento, 1048
hasta que firmé vuestra quitanza. Y eso os sanó, 1049
sin la ayuda de médicos. Caballeros, 1050
quiero que este hombre sea ejemplo para todos. 1051
Así conservaréis mis favores. Os lo ruego, dejadle ir. 1052
Ha hecho algo, oh señor, que no podríais imaginar. 1053
y pues es mi intención deshacerme de sus servicios, 1054
que no se haga público. Id a otras partes con vuestra fortuna. 1055
ANTONIO
Dispongo de fuerzas suficientes para soportar mi desgracia, 1056
como los campesinos soportan un año malo. 1057
No diré la causa de mi culpa; pensad 1058
que mi maléfica estrella me trae 1059
esto, que no su humor. Oh, cuán inconstante 1060
y poco de fiar es el puesto del servicio. Ya lo veis. 1061
Es como aquel que, en una noche invernal, 1062
duerme largo rato junto a un fuego moribundo, 1063
sin querer alejarse de él. Mas se marcha tan frío 1064
como cuando llegó. 1065
DUQUESA
Confiscamos, pues,
para satisfacer vuestras cuentas, 1066
todo lo que poseéis. 1067
ANTONIO
Soy todo vuestro. Y es por ello
que lo mío también es vuestro. 1068
DUQUESA
Bien, sire.
Tomad. Vuestro salvoconducto. 1069
ANTONIO
Aprended, caballeros, qué es servir 1070
a la nobleza en cuerpo y alma. 1071
([Sale ANTONIO.])
BOSOLA
He aquí un buen ejemplo de exacción. Toda la humedad arrancada a los mares, cuando llega el mal tiempo, cae a cántaros y vuelve rauda al mar.
DUQUESA
Quisiera escuchar qué opináis vosotros 1072
de Antonio. 1073
2º OFICIAL
No podía soportar el puerco; diríase que su excelencia le tendría por judío.
3º OFICIAL
Ojalá os hubiera tocado a vos ser su oficial, por vuestro bien.
4º OFICIAL
Tendríais ahora mucho más dinero.
1º OFICIAL
Se ponía tapones de lana negra en los oídos, y a quienes acudían a él a pedir en préstamo les decía que era duro de oído.
2º OFICIAL
Se decía que era hermafrodita, pues que no soportaba la compañía de mujeres.
4º OFICIAL
¡Cuán orgulloso se mostraba el canalla una vez lleno su cofre! Está bien, dejadle ir.
1º OFICIAL
Hasta las migas de la mantequera le persiguen para limpiar su cadena de oro.
DUQUESA
Marchaos. ¿Qué pensáis vos de estos hombres? 1074
([Salen los OFICIALES.])
BOSOLA
Son unos pícaros, que en su prosperidad, 1075
de haber esperado su fortuna, habrían deseado 1076
que les atravesara las narices con el sucio estribo. 1077
y habrían seguido a su mula como osos anillados. 1078
Serían capaces de prostituir a sus hijas para su placer. 1079
Y de hacer de sus primogénitos espías. Pensaban que nadie 1080
sería feliz excepto los nacidos bajo su bendita influencia, 1081
y hasta vestían su librea. Y como piojos que son, ahora le abandonan. 1082
No esperéis que algo similar vuelva a ocurrir. 1083
Él deja tras sí a unos cuantos ruines aduladores. 1084
Ellos encontrarán su destino. Los príncipes otorgan pago 1085
a los aduladores con su propia moneda. Los unos ocultan sus defectos, 1086
los otros esconden sus mentiras. He aquí la justicia. 1087
Pobre caballero… 1088
DUQUESA
¿Pobre, decís? Bien ha llenado sus arcas. 1089
BOSOLA
Seguro estoy de que fue honesto. Plutón, dios de la riqueza, 1090
acude a la cojera hasta al hombre al que Júpiter le envía, 1091
para mostrar que la riqueza que llega en el nombre 1092
de Dios, lo hace despacio. Mas cuando le envían 1093
como recadero del diablo, lo hace al galope, raudo. 1094
Permitidme mostraros cuán valiosa es la joya 1095
que habéis tirado por un capricho, 1096
y que hará feliz al hombre que la encuentre. Era él 1097
un excelente cortesano, y muy leal. Un soldado, que pensaba 1098
que tan atroz era tener su propia estima en poco 1099
como malvado creerla digna de excesivo mérito. 1100
Por su virtud y porte, merecía mejor fortuna. 1101
En sus palabras prefería la autocrítica antes que la exhibición. 1102
Y no obstante, aparentaba ser una sala de suspiros, 1103
tan poco alardeaba de ello. 1104
DUQUESA
Mas era de baja descendencia.
BOSOLA
¿Queréis acaso proclamarlo a cambio de un estipendio? 1105
¿Examináis antes el linaje de un hombre que sus virtudes? 1106
Ya le echaréis en falta. 1107
Sabed que un honesto hombre de estado es para un rey 1108
como un cedro plantado junto a un manantial. 1109
Este baña sus raíces, y el árbol, agradecido, 1110
le regala su umbría. No es eso lo que vos habéis hecho. 1111
Preferiría ir nadando hasta las islas Bermudas 1112
en balsa hecha con los hígados podridos 1113
de dos políticos, anudados con las venas de un intrigante, 1114
antes que depender del favor, tan mudable en un noble. 1115
Que vayas con Dios, Antonio. La malicia del mundo 1116
había de hundirte, mas no se diga que mal alguno 1117
te ocurrió. Tu desgracia te sobrevino con virtud. 1118
DUQUESA
Oh, vuestras palabras me suenan a música. 1119
BOSOLA
¿Por qué decís eso?
DUQUESA
Este buen hombre de quien habláis es mi esposo. 1120
BOSOLA
Estoy soñando… ¿Es posible, en estos tiempos 1121
de ambición, tanta bondad como para preferir a un hombre 1122
por sus méritos? ¿Sin las sombras de la riqueza, 1123
de los honores añadidos? ¿Es acaso posible? 1124
DUQUESA
Suyos son los tres hijos que tengo. 1125
BOSOLA
Afortunada sois,
pues habéis hecho de vuestro íntimo lecho nupcial 1126
un humilde y hermoso seminario de paz. 1127
Sin duda, muchos eruditos que no gozan de privilegios 1128
rezarán por vos y por esta acción, y celebrarán 1129
que todavía haya en el mundo quien reconozca 1130
el mérito. Las doncellas de vuestra patria 1131
que no dispongan de dote confiarán que vuestro ejemplo 1132
les traiga ricos esposos. Y si os faltasen soldados, 1133
esto convertiría a turcos y moriscos a la cristiandad, 1134
y os servirían por este acto. Y finalmente, 1135
los abandonados poetas de esta época, 1136
para honrar a esta excelencia de hombre 1137
ascendido mediante curiosa artimaña de vuestra mano, 1138
os darán las gracias en vuestra tumba, y harán de ella 1139
un lugar más digno de respeto que los gabinetes 1140
de los príncipes vivos. En cuanto a Antonio, 1141
Su fama brotará de muchas plumas por igual, 1142
Cuando los heraldos necesiten escudos, como don para la humanidad. 1143
DUQUESA
Tanto como el consuelo que vuestras palabras me dan 1144
necesito ocultar esto … 1145
BOSOLA
El secreto de mi príncipe
lo llevaré grabado en el corazón. 1146
DUQUESA
Haceos cargo de mis arcones y mis joyas; 1147
seguidle hasta Ancona, adonde él se dirige. 1148
BOSOLA
Así lo haré. 1149
DUQUESA
En pocos días yo misma hasta allí
tengo intención de seguiros. 1150
BOSOLA
Permitidme una sugerencia.
Quisiera que su excelencia fingiera un peregrinaje 1151
hasta Nuestra Señora de Loreto, apenas siete leguas 1152
de la bella Ancona. Podéis así partir de vuestra tierra 1153
con más honor. Vuestra huida semejará 1154
una visita real, si lleváis vuestro séquito habitual 1155
con vos. 1156
DUQUESA
Sire, vos sois mi guía.
CARIOLA
En mi opinión,
mejor sería un viaje a los baños de Lucca, 1157
o una visita al balneario de Alemania; creedme, 1158
no me agradan estas chanzas con la religión, 1159
este peregrinar simulado. 1160
DUQUESA
Eres una necia supersticiosa.
Preparad al instante nuestra partida. 1161
Lamentemos las penas pasadas con moderación, 1162
y busquemos prevenir las que vengan con sabiduría. 1163
([Salen la DUQUESA y CARIOLA.])
BOSOLA
Un espía es el yunque acolchado del diablo; 1164
en él forja todos sus pecados, mas sus golpes 1165
nunca se oyen. Puede trabajar en los aposentos de una dama. 1166
Yo soy la prueba. ¿Qué queda por hacer? 1167
¡Revelarlo todo a mi señor! Es ruin, e infame, 1168
este mi papel de espía. Mas todo actor, en este nuestro mundo, 1169
no busca sino beneficio o recomendación. 1170
Por esta acción lograré seguro un ascenso. 1171
Elogio reciben los hombres que retratan las malas hierbas como son. 1172
([Sale.])

Escena iii

([Entran el CARDENAL, FERNANDO, MALATESTE, PESCARA, SILVIO y DELIO.])
CARDENAL
¿Hemos pues de hacernos soldados? 1173
MALATESTE
El Emperador,
sabedor de vuestra valía, antes que lograrais 1174
las prendas reverentes que vestís, os nombra oficial 1175
junto al afortunado soldado, el Marqués de Pescara, 1176
y al famoso Lannoy. 1177
CARDENAL
¿El mismo que tuvo el honor
de hacer prisionero al Rey de Francia? 1178
MALATESTE
El mismo.
Tomad este plano dibujado del nuevo fuerte 1179
de Nápoles. 1180
FERNANDO
Veo que el gran conde Malateste
tiene un nuevo trabajo. 1181
DELIO
No es tal, mi señor.
Es una nota marginal en el rol, esto es, 1182
un voluntario, sire. 1183
FERNANDO
¿No es soldado?
DELIO
Pólvora, sire, sí ha usado. Para los agujeros en los dientes, 1184
contra el dolor de muelas. 1185
SILVIO
Se nos une al asedio con toda la intención de comer 1186
carne fresca y ajos. Se quedará con nosotros 1187
hasta que se pierda ese rastro, y tornará a la corte. 1188
DELIO
Conoce muy bien las últimas operaciones militares 1189
a partir del relato de la Crónica Urbana. 1190
Trae entre su servicio a dos pintores para que describan 1191
las batallas en modelo. 1192
SILVIO
Luchará, pues diestramente.
DELIO
Depende más bien del día. 1193
Elige los buenos, y evita aquellos que son cruciales. 1194
Ese es el pañuelo de su dama. 1195
SILVIO
Así es, y asegura
que mucho haría por ese tafetán … 1196
DELIO
Tanto, que huiría del campo de batalla 1197
para evitar que fuera hecho prisionero. 1198
SILVIO
Teme
que el olor de la pólvora eche a perder el perfume … 1199
DELIO
Recuerdo a un holandés que le partió la testa 1200
por llamarle cañonero; le hizo tal agujero 1201
en la cabeza que parecía un mosquete. 1202
SILVIO
Ojalá le hubiese puesto mecha en el agujero. 1203
En verdad que no es más que un adorno 1204
reservado para el traslado de la corte. 1205
([Entra Bosola.])
PESCARA
¡Ha llegado Bosola! ¿Qué asuntos traerá? 1206
Hay desavenencias entre los cardenales. 1207
Las facciones de los nobles actúan 1208
como con los zorros cuando sus líderes se separan: 1209
llevan en sus colas el fuego, y el país entero 1210
va al desastre por ello. 1211
SILVIO
¿Quién es Bosola?
DELIO
Lo conocí en Padua. Un erudito, un tanto excéntrico, como aquellos que estudian cuántos nudos tenía el bastón de Hércules, o de qué color era la barba de Aquiles, o si Héctor padecía de dolor de muelas. Ha llegado a estudiar con ojos legañosos, con el propósito de conocer la verdadera simetría de las napias de César mediante un calzador. Y lo hizo por ganarse la fama de ser hombre especulativo.
PESCARA
¡Observad al duque Fernando! 1212
Observad su mirada de salamandra, 1213
pues con ella se burla de la violencia del fuego. 1214
SILVIO
El Cardenal hace más muecas de sufrimiento que jamás Miguel Ángel pudiera hacer; mirad cómo alza la nariz, como el delfín antes de una tormenta...
PESCARA
El lord Fernando parece estar riendo... 1215
DELIO
Como el cañón, se enciende antes de echar humo. 1216
PESCARA
Ved ahí el genuino dolor de la muerte, 1217
el dolor de la vida que abate a los grandes hombres... 1218
DELIO
En un silencio tan retorcido susurran las brujas 1219
sus conjuros. 1220
CARDENAL
Y así, ella hace de la religión una caperuza 1221
que la proteja del sol y de la tempestad. 1222
FERNANDO
Eso es.
Esa es su maldición. Sus faltas y su belleza 1223
van unidas; se muestran, como un leproso, 1224
a más blancas, más fétidas. Pongo en duda 1225
que sus míseros mocosos hayan recibido el bautismo. 1226
CARDENAL
Al instante solicitaré del estado de Ancona 1227
su destierro. 1228
FERNANDO
¿Vais a Loreto?
No he de asistir a vuestra investidura; adiós pues. 1229
Escríbele al duque de Amalfi, mi sobrino, 1230
fruto de su primer marido, poniéndole al tanto 1231
de la honra de su madre. 1232
BOSOLA
Así lo haré.
FERNANDO
¡Antonio!
Un esclavo que apestaba a tinta y a fichas. 1233
Nunca en su vida tuvo aspecto de caballero, 1234
salvo a la hora de sacar cuentas; parte de inmediato. 1235
Prepárame ciento cincuenta de mis caballos, 1236
y espérame en el puente. 1237

Escena iv

([Entran dos peregrinos al Santuario de Nuestra Señora de Loreto.])
PEREGRINO 1º
Nunca antes he visto santuario más hermoso, 1238
y he visitado muchos. 1239
PEREGRINO 2º
El Cardenal de Aragón
en este día renuncia a su capelo. También 1240
su hermana, la Duquesa, acude hoy aquí 1241
a cumplir su promesa de peregrina. Habrá 1242
una noble ceremonia. 1243
PEREGRINO 1º
Sin duda, pues ahí llegan.
([Tiene lugar la ceremonia de toma de hábitos de soldado del Cardenal; entrega la cruz, capelo, ropajes y anillo en el santuario, y recibe espada, casco, escudo y espuelas. Después Antonio, la Duquesa y sus hijos, tras presentarse en el santuario, son desterrados por el Cardenal y el estado de Ancona; esto se representa por medio de una pantomima. Varios clérigos entonan muy solemnemente este poema durante la ceremonia.])
Honor y armas son los galones de tu historia, 1244
para tu nombre existe la eterna gloria. 1245
que la adversidad por siempre te evite, 1246
que la desdicha nunca te aceche. 1247
Sólo yo cantaré tus alabanzas, 1248
tú, cuya virtud la mayor honra alcanza. 1249
Tus estudios, aunque de lo divino, 1250
por disciplina te llevan a marcial destino. 1251
Abandona todos esos tus ropajes, 1252
engalana con las armas la corona de tu arte. 1253
¡Oh digno entre los dignos! Ahora, así vestido 1254
guía tus huestes a la guerra, oh aguerrido; 1255
que la fortuna te acompañe en tu marcial camino, 1256
que tu mano dirija siempre sabia tus fuerzas. 1257
que la victoria te premie, que tu nombre sea el dominio, 1258
la conquista tu corona, la bendición tu designio. 1259
([Salen todos excepto los dos peregrinos.])
PEREGRINO 1º
He aquí un extraño suceso. ¿Quién habría pensado 1260
que dama tan noble se uniera 1261
con tan vil persona? Mas el Cardenal 1262
ha actuado de modo bien cruel. 1263
PEREGRINO 2º
Desterrados.
PEREGRINO 1º
¿Con qué poderes cuenta el estado de Ancona 1264
para juzgar a un noble independiente? 1265
PEREGRINO 2º
Señor, es éste un estado libre; su hermano 1266
ha demostrado que el Papa, sabedor de sus vicios, 1267
ha incautado el Ducado que ella recibió 1268
en herencia, y lo pone bajo la protección de la Santa Iglesia. 1269
PEREGRINO 1º
Pero, ¿qué le ley le ampara? 1270
PEREGRINO 2º
Pienso que ninguna.
Lo hace instigado por su hermano. 1271
PEREGRINO 1º
¿Qué fue que le arrancó de la mano 1272
con tan atroz violencia? 1273
PEREGRINO 2º
El anillo de bodas.
Y bien pronto juró que lo sacrificaría 1274
por obtener venganza. 1275
PEREGRINO 1º
¡Oh, Antonio!
Si a un hombre al pozo se le empuja, 1276
no importa quién lo dispone, pues su propio peso 1277
le hará caer más rápido al fondo. Partamos. 1278
La fortuna nos enseña a todos por igual 1279
que todo ayuda al infeliz a encontrar su ruina. 1280
([Salen.])

Escena v

([Entran Antonio, la Duquesa, sus hijos, Cariola y varios criados.])
DUQUESA
¿Desterrada de Ancona? 1281
ANTONIO
Así es. Ya ves cuánto poder
albergan las voces de los grandes hombres. 1282
DUQUESA
Y nuestro séquito
queda reducido a estos menguados restos. 1283
ANTONIO
Estos hombres,
que bien poco han ganado a tu servicio, 1284
juran seguir tu suerte. Mas los pájaros listos, 1285
ahora que ya han plumado, han echado a volar. 1286
DUQUESA
Bien que han hecho.
esto me recuerda a la muerte; así es como los médicos, 1287
llenas sus manos de dinero, abandonan a sus pacientes. 1288
ANTONIO
Éste es el curso del mundo. 1289
Los aduladores se apartan de las fortunas desmoronadas. 1290
El hombre no vuelve a construir allí donde los cimientos se hunden. 1291
DUQUESA
Anoche tuve un extraño sueño. 1292
ANTONIO
Cuéntamelo.
DUQUESA
Soñé que llevaba mi corona de gala, 1293
mas de pronto los diamantes todos 1294
mudaban a perlas. 1295
ANTONIO
Interpreto tu sueño
como que en breve llorarás. Para mí, esas perlas 1296
significan lágrimas. 1297
DUQUESA
Las aves que viven en los campos
de la exuberante naturaleza tienen mayor dicha en la vida 1298
que nosotros. Pues pueden escoger compañero, 1299
y cantan alegres su dulce goce a la primavera. 1300
([Entra Bosola con una carta.])
BOSOLA
Felizmente os he alcanzado. 1301
DUQUESA
¿Es de mi hermano?
BOSOLA
Sí, de milord Fernando, vuestro hermano. Con todo su amor y seguridad... 1302
DUQUESA
Disfrazas el mal. 1303
Bien quisiera que fuera blanco. ¿Lo ves? Como la calma 1304
que a la tempestad en alta mar precede, así hablan 1305
los falsos corazones a quienes grandes males dirigen. 1306
([Lee la carta.])
“Enviadme a Antonio. Necesito de su cabeza para cierto asunto.”
Taimado equívoco. 1307
No quiere tu consejo, sino tu misma cabeza. 1308
No podrá dormir hasta verte muerto. 1309
Y hay otra trampa, cubierta toda de rosas. 1310
Escucha, es harto sutil: 1311
“Tengo deudas pendientes de vuestro marido en Nápoles. Que no se preocupe por ello, pues prefiero su corazón a su dinero”.
Ya lo creo. 1312
BOSOLA
¿Qué creéis?
DUQUESA
Que desconfía tanto del amor de mi esposo, 1313
que creerá que tiene un gran corazón 1314
hasta que lo vea él mismo. Pero el demonio no es 1315
bastante astuto como para burlarnos con sus acertijos. 1316
BOSOLA
¿Rehusáis, pues, uniros a esta noble y libre liga 1317
de amistad y amor que se os ofrece? 1318
DUQUESA
Es ésa una liga de reyes arteros, 1319
que sólo buscan la fuerza y el poder, 1320
a fin de ser nuestra ruina. Decidles esto. 1321
BOSOLA
¿Y vos? 1322
ANTONIO
Decidles que no de he acudir.
BOSOLA
¿Y vuestra razón? 1323
ANTONIO
Mis cuñados han soltado
a sus sabuesos. Y mientras no sepa 1324
que llevan puesto un buen bozal, no habrá tregua 1325
que resulte segura. Mientras dependa de la voluntad 1326
de mi enemigo, aunque esté fraguada con maliciosa habilidad. 1327
no me entregaré. 1328
BOSOLA
Así proclamáis vuestra nobleza.
Las cosas más pequeñas llevan el miedo a las mentes 1329
más infames, tal como el imán atrae el hierro. Adiós, sire. 1330
Pronto sabréis de nosotros. 1331
([Sale Bosola.])

Acto IV

Escena i

([Entran Fernando y Bosola.])
FERNANDO
¿Cómo soporta nuestra hermana la duquesa 1332
su prisión? 1333
BOSOLA
Noblemente. Os daré una descripción.
Está triste, como alguien acostumbrado a la tristeza. 1334
Parece más bien abrazar su desdichado final, 1335
en lugar de rehuirlo. Su conducta es tan noble 1336
como la majestad que ella ostenta en su adversidad. 1337
Uno puede admirar su belleza más en sus lágrimas 1338
que en sus sonrisas. Pudiera meditar por cuatro horas, 1339
que su silencio, a mi parecer, mucho más expresaría 1340
que todas las palabras que decir pudiera. 1341
FERNANDO
Su melancolía parece cobrar fuerzas 1342
con un extraño desdén. 1343
BOSOLA
Cierto es. Es tan comedida –
como los mastines ingleses, que enfurecen si los atas – 1344
que en su pasión percibe los placeres 1345
de los que ha sido separada. 1346
FERNANDO
¡Yo la maldigo!
Nunca más habré de estudiar el libro 1347
del alma ajena. Informadme de todo, como te he dicho. 1348
([Sale.])
([Bosola aparta la cortina que revela a la Duquesa, Cariola y los criados.])
BOSOLA
Vuestra gracia tenga consuelo. 1349
DUQUESA
Ninguno tendré.
Decidme, os lo ruego, ¿por qué cubrís vuestro veneno 1350
de oro y azúcar? 1351
BOSOLA
Vuestro hermano, el noble Fernando, 1352
ha venido a visitaros. Me encomienda deciros 1353
que puesto que una vez, harto impetuoso, hizo promesa solemne 1354
de nunca más veros, acudirá en la oscuridad de la noche. 1355
Os ruega gentilmente que ni antorcha ni candil 1356
iluminen vuestra alcoba. Quiere besaros la mano, 1357
y reconciliarse con vos. Mas, debido a su promesa, 1358
no osa veros el rostro. 1359
DUQUESA
Si es ése su deseo…
Llevaos las luces. Aquí viene. 1360
([Salen los criados, llevándose las luces. Entra Fernando.])
FERNANDO
¿Dónde estás?
DUQUESA
Aquí, sire.
FERNANDO
La oscuridad te sienta bien. 1361
DUQUESA
Quisiera pedirte perdón.
FERNANDO
Ya lo tienes. 1362
La más honrosa de las venganzas es el perdón, 1363
aunque podría matarte. ¿Dónde tienes a tu prole? 1364
DUQUESA
¿De quién hablas? 1365
FERNANDO
Llamémosles tus hijos.
Pues si bien nuestras leyes distinguen a los bastardos 1366
de los descendientes legítimos y genuinos, la naturaleza, 1367
tan compasiva, a todos los hace iguales. 1368
DUQUESA
¿Por esto me visitas?
Estás violando un sacramento de la Iglesia. 1369
En el infierno aullarás por ello. 1370
FERNANDO
Bien habría estado
si hubieses vivido así siempre; aunque cierto es 1371
que a la vista estabas. Nunca más, 1372
vengo a sellar la paz contigo, y te ofrezco esta mano… 1373
([Le ofrece la mano de un hombre muerto.])
a la cual prometiste tanta devoción. En ella está el anillo 1374
que entregaste. 1375
DUQUESA
La beso con todo mi afecto.
FERNANDO
Hazlo, te lo ruego. Entierra su huella en tu corazón. 1376
Dejo este anillo contigo, como prenda de amor. 1377
Y también la mano, junto con su anillo. Y no lo dudes, 1378
que también te haré llegar el corazón. Cuando tú quieras 1379
a un amigo, enviáselo al que lo lucía. Ya verás 1380
que podrá prestarte ayuda. 1381
DUQUESA
¡Qué frío estás!
Temo que no estés bien tras tu largo viaje. 1382
¡Ah! ¡Luces! ¡Traedme luces! ¡Horror! 1383
FERNANDO
Dadle buena luz.
([Sale.])
([Entran criados con luces.])
DUQUESA
¿Qué suerte de brujería practica, que me deja 1384
la mano de un muerto? 1385
([Descubren, tras un telón, las figuras de cera de Antonio y sus hijos, aparentemente muertos.])
BOSOLA
Observad. He ahí el resto de donde la separaron. 1386
Él os regala este triste espectáculo, 1387
para que sepáis vos misma que está muertos, 1388
y sabiamente abandonéis, desde ahora, la aflicción 1389
por aquello que no puede ya remediarse. 1390
DUQUESA
No me queda, ni en la tierra ni en el cielo, deseo alguno 1391
por el cual yo quiera vivir, tras esto. Más dolor me causa 1392
que si fuera mi propio retrato, labrado en cera, 1393
atravesado con alfileres mágicos, y enterrado 1394
bajo el estiércol – he ahí una excelente oportunidad 1395
para el tirano, que yo consideraría clemencia. 1396
BOSOLA
¿Qué queréis decir? 1397
DUQUESA
Atadme a ese tronco sin vida, y dejadme 1398
morir de frío… 1399
BOSOLA
No, debéis vivir…
DUQUESA
Esa es la mayor tortura que sufren las almas en el infierno, 1400
el infierno. Deben vivir, pues no les permiten morir. 1401
¡Oh, Portia! He de avivar de nuevo tus brasas, 1402
y revivir el raro, casi extinguido ejemplo 1403
de una amante esposa. 1404
BOSOLA
¡No! ¿Olvidáis
que sois cristiana? 1405
DUQUESA
La iglesia nos ordena hacer ayuno:
moriré pues de hambre. 1406
BOSOLA
Abandonad vuestro vano dolor:
cuando peor están las cosas, pronto empiezan a mejorar. 1407
La abeja que en vuestra mano clavó su aguijón 1408
puede que haya jugado con vuestros párpados. 1409
DUQUESA
Mi buen amigo,
persuadís a un infeliz cuyos huesos el potro ha quebrado 1410
para que se los recompongan. Le suplicáis que viva, 1411
para que puedan volver a ejecutarlo. ¿Quién me ha de matar? 1412
Este mundo no es sino un tedioso escenario, 1413
pues mi papel lo interpreto contra mi propia voluntad. 1414
BOSOLA
Consolaos, que he de salvar vuestra vida. 1415
DUQUESA
No tengo deseo alguno de atender un asunto tan trivial. 1416
BOSOLA
Lástima os tengo, a fe mía. 1417
DUQUESA
Un necio sois,
pues malgastáis vuestra compasión en una infeliz 1418
que ni siquiera puede tener piedad de sí misma. 1419
Mis entrañas llenas están de puñales. Dejadme 1420
que aparte de mí esas malditas víboras. 1421
([Entra un Criado.])
¿Quién eres tú? 1422
CRIADO
Alguien que os desea larga vida.
DUQUESA
Que te ahorquen, pues es una horrible maldición 1423
la que me echas. Bien pronto voy a pasar a ser 1424
uno de los milagros más píos. Quisiera rezar. O no, 1425
más bien quisiera maldecir. 1426
BOSOLA
¡No!
DUQUESA
Podría maldecir las estrellas.
BOSOLA
¡Qué terrible deseo! 1427
DUQUESA
Y maldecir las tres benevolentes estaciones del año, 1428
hasta convertirlas en invierno ruso. Y al mundo entero, 1429
maldecirlo hasta que el caos se imponga. 1430
BOSOLA
¡Pero mirad! Las estrellas brillan siempre. 1431
DUQUESA
¡Ah! No lo olvidéis,
que a mi maldición le queda un largo camino que recorrer. 1432
Que vengan plagas que abran surcos en las grandes familias, 1433
hasta consumirlas. 1434
BOSOLA
¡No! ¡Basta!
DUQUESA
Y que a los tiranos,
por el gran mal que han hecho, jamás se les recuerde. 1435
Que los sufridos clérigos les olviden en sus oraciones. 1436
BOSOLA
¡Por piedad! 1437
DUQUESA
Que el Cielo cese, por un instante, de coronar 1438
a sus mártires, y que les dé castigo. Marchaos. 1439
Id y espetadles estas palabras: anhelo mi propia muerte. 1440
Misericordia es cuando los hombres matan deprisa. 1441
([Sale con criados.])
([Entra Fernando.])
FERNANDO
Es excelente. Tal y como yo lo deseaba. La desdichada 1442
mordió el anzuelo. Estas son figuras hechas en cera, 1443
la obra del excelso maestro de ese gran arte, el gran 1444
Vincenzo Lauriola; y ella las ha tomado 1445
por cuerpos de verdad. 1446
BOSOLA
¿Por qué hacéis esto?
FERNANDO
Para llevarla a la desesperación. 1447
BOSOLA
¡Por Dios! ¡Acabad!
No prosigáis con vuestra crueldad. 1448
Enviadle más bien un hábito de penitente con el que cubra 1449
su delicada piel; hacedle llegar libros de oraciones, 1450
y rosarios. 1451
FERNANDO
¡Yo la maldigo! Su cuerpo,
mientras mi sangre corría por sus venas, era más valioso 1452
que a lo que tú quieres dar consuelo, su alma. 1453
La rodearé de ordinarias prostitutas, 1454
y haré que harpías y rufianes le sirvan la comida. 1455
Para que pierda el juicio, estoy resuelto a sacar 1456
a los locos del manicomio, y a llevarlos 1457
hasta sus mismos aposentos. Que le canten, 1458
que bailen, que parloteen todos juntos, que hagan 1459
sus cabriolas a la luz de la luna llena. 1460
Si de ese modo ella puede descansar mejor, que así sea. 1461
Tu tarea está casi concluida. 1462
BOSOLA
¿He de verla otra vez?
FERNANDO
Sí. 1463
BOSOLA
No. Nunca más.
FERNANDO
Tendrás que hacerlo.
BOSOLA
No en mi propia imagen.
Mi condición de espía lo exige, así como 1464
esta cruel mentira postrera. Mi próxima misión 1465
habrá de ser de consuelo. 1466
FERNANDO
Es muy probable.
No es normal en ti esta piedad. Antonio está oculto 1467
en Milán. Dirígete allí, presto, 1468
y alimenta el fuego de mi venganza, 1469
que no habrá de cesar hasta consumirse. 1470
Con las peores enfermedades, los médicos son crueles. 1471
([Salen.])

Escena ii

([Entran la Duquesa y Cariola.])
DUQUESA
¿Quién gritó? Es horrible. 1472
CARIOLA
Es una delirante comparsa
de locos, señora; el tirano de vuestro hermano 1473
los ha desperdigado junto a vuestra alcoba. Nunca antes 1474
había visto tamaño abuso e iniquidad. 1475
DUQUESA
Yo en cambio se le agradezco. Pues sólo el ruido y la locura 1476
me harán conservar el juicio; la razón y el silencio, 1477
por el contrario, me vuelven loca. Siéntate, Cariola, 1478
relátame alguna lúgubre historia. 1479
CARIOLA
No hará sino acrecentar vuestra melancolía. 1480
DUQUESA
Te equivocas.
Escuchar penas mayores hará que olvide la mía. 1481
¿Esta es mi cárcel? 1482
CARIOLA
Así es, pero viviréis
hasta escapar de ella. 1483
DUQUESA
¡Te engañas, Cariola!
El gorrión y el ruiseñor jamás viven mucho tiempo 1484
si están enjaulados. 1485
CARIOLA
Ay, secad esas lágrimas, señora.
¿En qué pensáis? 1486
DUQUESA
En nada.
Cuando así me ves, es porque duermo. 1487
CARIOLA
¿Como un loco, con los ojos abiertos? 1488
DUQUESA
Cariola, ¿crees tú que nosotras nos veremos 1489
en el otro mundo? 1490
CARIOLA
Sí, sin duda, señora.
DUQUESA
Ah, y si pudiésemos... y si fuese posible 1491
conversar con los muertos por espacio 1492
de dos días... de ellos podría aprender algo, 1493
algo que aquí en la tierra segura estoy jamás sabré. 1494
He de hablarte de un milagro. No estoy loca... 1495
todavía... para dolor mío. Allí arriba, lo ves, el cielo semeja 1496
estar hecho de bronce fundido; la tierra es azufre ardiente, 1497
mas no estoy loca. Me acompaña la desdicha, 1498
tal como al cetrino esclavo de galeras el remo. 1499
La necesidad hace constante mi sufrimiento, 1500
mas la costumbre lo hace llevadero. ¿A quién me parezco? 1501
CARIOLA
Pues al retrato vuestro que se halla en la galería: 1502
una hermosa estampa de la vida, pero sin poseerla. 1503
O más bien, un venerable monumento 1504
sobre cuyas ruinas aún se llora. 1505
DUQUESA
Dices bien.
La diosa Fortuna parece tener ojos 1506
sólo para contemplar mi tragedia. 1507
¿Qué sucede? ¿A qué viene ese alboroto? 1508
([Entra un criado.])
CRIADO
Vengo a deciros
que vuestro hermano os ofrece una distracción. 1509
Dicen que un doctor, estando el Papa enfermo 1510
de una profunda melancolía, le hizo presenciar la visita 1511
de varios locos. Tan descabellado espectáculo, 1512
tan distinto y con tanta diversión, le hizo reír; 1513
fue de ese modo que reventó su absceso. El Duque desearía 1514
la misma cura para vos. 1515
DUQUESA
Hacedles entrar.
CRIADO
Contamos con un abogado loco y un sacerdote seglar. 1516
Hay un médico que perdió el juicio 1517
por celos; y un astrólogo 1518
que predijo en sus obras la fecha exacta 1519
del juicio final, y al no cumplirse, 1520
perdió la razón. Hay también un sastre inglés, enloquecido 1521
por el estudio de las nuevas modas. Y un ujier, 1522
que perdió la cordura por tratar de recordar 1523
el número de saludos de su señora, 1524
los ‘buenos días’ que le daba cada mañana. 1525
Tenemos también un granjero, un pícaro de mucho cuidado, 1526
que loco quedó al prohibírsele el comercio. 1527
Si soltáis a un prestamista desvariado entre ellos, 1528
pensaréis que el mismísimo diablo les acompaña. 1529
DUQUESA
Ven aquí, Cariola. Suéltalos cuando te plazca, 1530
pues la tiranía me tiene encadenadas. 1531
([Entran los Locos.])
([Un loco entona esta canción al son de música lóbrega.])
LOCO
Escuchad esta mi lúgubre balada, 1532
este mi aullido de fiero can, 1533
un sonido disonante, una amenaza, 1534
el rugido de animal, de ave mortal. 1535
Como un cuervo o una lechuza, como un toro y un oso, 1536
aullaremos y berrearemos nuestras versos, 1537
hasta que con ello los oídos os perfore, 1538
y os consuma el corazón. 1539
Cuando nuestro coro quede sin aliento, 1540
y tengamos vuestra bendición, 1541
cantaremos como los cisnes, y abrazaremos 1542
la muerte, con amor y reposo. 1543
ASTRÓLOGO LOCO
¿Todavía no ha llegado el día del juicio final? Habré de acercarlo con un telescopio; o mejor, construiré una lente que, en un instante, prenda fuego al mundo entero. No puedo dormir. Tengo la almohada repleta de puercoespines.
ABOGADO LOCO
El infierno no es más que una fábrica de vidrio, y allí los demonios hinchan continuamente las almas de las mujeres sobre huecas planchas de hierro, y las llamas jamás se consumen.
CURA LOCO
He de yacer con todas mujeres de mi parroquia cada diez noches. Así les sacaré el diezmo, como a las balas de heno.
DOCTOR LOCO
¿Acaso es mejor que yo el boticario porque a mí me hayan hecho un cornudo? Bien sé yo que es un pícaro, pues hace alumbre de la orina de su mujer, y se la vende a los puritanos, que tienen las gargantas irritadas, de tanto vociferar.
ASTRÓLOGO LOCO
Yo soy muy experto en heráldica.
ABOGADO LOCO
¿Lo sois?
ASTRÓLOGO LOCO
Tenéis por blasón la cabeza de una perdiz, a la que le han vaciado los sesos. Sois pues un caballero, y muy antiguo.
CURA LOCO
Los griegos se han vuelto turcos: nuestra única salvación es ahora la traducción helvética.
ASTRÓLOGO LOCO
[Al cura.] Señor, venid conmigo, que os he aplicar la ley.
ABOGADO LOCO
¡No! Mejor echadle ácido, que la ley se lo come todo, hasta la médula.
CURA LOCO
Maldito sea aquel que bebe sólo para satisfacer su naturaleza.
DOCTOR LOCO
Si mi lente tuviera conmigo, os haría ver una imagen que haría que todas las mujeres me llamasen doctor loco.
ASTRÓLOGO LOCO
[Señala al Cura.] ¿Quién es éste? ¿El soguero?
ABOGADO LOCO
No, no, no. Es un pícaro llorón, que mientras va mostrando las tumbas, mete la mano en las enaguas de la criada.
CURA LOCO
Que la desgracia se cebe en la carroza que trajo a mi esposa del baile de máscaras a las tres de la madrugada, pues había dentro un lecho de plumas.
DOCTOR LOCO
Cuarenta veces le he cortado las uñas al demonio. Las he guisado con huevos de CUERVO, y he curado fiebres con ellas.
CURA LOCO
Traedme trescientas hembras de murciélago, y prepararé bebedizos para ayudaros a conciliar el sueño.
DOCTOR LOCO
Que la escuela entera me ovacione. He aquí mi obra maestra: he conseguido que la caldera del jabón se atasque.
([Ocho locos interpretan una danza al ritmo de una música apropiada; tras ella entra Bosola, disfrazado de anciano.])
DUQUESA
¿También él está loco? 1544
CRIADO
Preguntadle vos misma; con vuestro permiso.
([Salen el criado y los locos.])
BOSOLA
Vengo a preparar vuestra tumba. 1545
DUQUESA
¿Mi tumba?
Hablas como si estuviera ya en mi lecho de muerte, 1546
como si me faltase el aliento. ¿Acaso me ves enferma? 1547
BOSOLA
Sí. Peligrosamente enferma, pues vuestra enfermedad 1548
no es visible. 1549
DUQUESA
Tú no eres uno de esos locos. ¿Me conoces? 1550
BOSOLA
Sí. 1551
DUQUESA
¿Y quién soy?
BOSOLA
Sois, en el mejor de los casos, una caja llena de larvas de gusanos. Sin embargo, puede que seáis un frasco de ungüento verde de momias. ¿Qué se esconde en esta carne? Un poco de leche cuajada y un pastel milhojas. Nuestros cuerpos son aún más endebles que esas trampas de papel que hacen los niños para atrapar moscas. Son incluso más despreciables, pues las nuestras sirven sólo para guardar lombrices. Decidme, ¿habéis visto alguna vez alguna alondra enjaulada? Así es el alma cuando se siente encerrada en el cuerpo. Este mundo no es sino una brizna de hierba para ella, y el cielo que nos cubre es como su espejito: sólo nos da un mísero conocimiento de la pequeñez de nuestra cárcel.
DUQUESA
¿Yo no soy tu duquesa? 1552
BOSOLA
Vos sois una gran mujer, sin duda. Aunque la lujuria va dejando su marca en vuestra frente, revestida ya de algunas canas, veinte años antes que a una alegre lechera. Dormís peor que un ratón que se viera obligado a hacer noche en la oreja de un gato. Y un niño a quien le estén saliendo los primeros dientes, si tuviera que yacer con vos, lloraría sin pausa, como si fueseis el más intranquilo compañero de cama.
DUQUESA
Mas soy y seré la duquesa de Amalfi. 1553
BOSOLA
Es eso mismo lo que os quita el sueño. 1554
La gloria, cual luciérnaga, brilla en la distancia. 1555
Mas mirada bien de cerca, ni calienta ni ilumina. 1556
DUQUESA
¡Qué bien te explicas! 1557
BOSOLA
En mi oficio, halagamos a los muertos, no a los vivos. Soy un sepulturero.
DUQUESA
Y vienes a hacer mi tumba... 1558
BOSOLA
Así es.
DUQUESA
Déjame que haga pues alguna chanza. 1559
¿Qué material vas a emplear? 1560
BOSOLA
No, decidme vos antes cómo la queréis. 1561
DUQUESA
¿Acaso nos tornamos caprichosos en el lecho de muerte? 1562
¿Preferimos seguir la moda también en la tumba? 1563
BOSOLA
Mucho, mucho. La imagen de los príncipes en sus tumbas 1564
no aparece como es costumbre, orando sus plegarias 1565
al cielo. Antes bien, sus manos reposan bajo las mejillas, 1566
como si hubiesen muerto de un dolor de muelas. 1567
No están tallados con la mirada fija en las estrellas, 1568
sino como si meditaran sobre el mundo, 1569
y del mismo modo parecen girar sus rostros. 1570
DUQUESA
Explícame, pues, cuál es el efecto 1571
de estos sombríos preparativos, 1572
de tus palabras, que tan adecuadas son para un panteón. 1573
BOSOLA
Lo haré.
([Entran los verdugos con un ataúd, cuerdas y una campana.])
Este es un presente de vuestros regios hermanos. 1574
Dadle la bienvenida, pues os comporta 1575
la última ventaja, el último dolor. 1576
DUQUESA
Déjame verlo.
Por mis venas corre la obediencia de la sangre, 1577
y en las de ellos la deseo, y hacer el bien quisiera. 1578
BOSOLA
Esta será vuestra última audiencia. 1579
CARIOLA
¡Oh, señora! 1580
DUQUESA
Calla, Cariola. No me asusta.
BOSOLA
Yo soy uno de esos pregoneros 1581
que es costumbre enviar a los reos, 1582
la noche anterior a su condena. 1583
DUQUESA
Hace un momento
dijiste ser un enterrador. 1584
BOSOLA
Eso fue para mortificaros, para haceros
sufrir más lentamente. Escuchad: 1585
([Bosola hace sonar la campana.])
escuchad ahora en este silencio 1586
cómo chillan la lechuza y el pato, 1587
llaman a gritos a nuestra señora, 1588
y le dicen que vista pronto su sudario. 1589
Aunque muchas tierras y riquezas poseíais, 1590
ahora con lo que medís, en la tierra os basta. 1591
Una larga guerra turbó vuestro pensamiento, 1592
mas aquí y ahora se os firma la paz. 1593
¿Qué es lo que los necios guardan en vano? 1594
Concebidos en pecado, lloran en su nacimiento; 1595
su vida toda cubren con un velo de errores. 1596
Su muerte, horrible tempestad del horror. 1597
Cubríos los cabellos con delicados afeites, 1598
vestid lino limpio, lavaos los pies, 1599
y para alejar al malvado demonio, 1600
haced que un crucifijo os bendiga el pecho. 1601
Llega ahora la marea alta, entre la noche y el día, 1602
cesad los gemidos, disponeos a partir. 1603
([Se acercan los verdugos.])
CARIOLA
¡Marchaos, villanos! ¡Tiranos! ¡Asesinos! ¡Ay! 1604
¿Qué le vais a hacer a mi señora? Pedid ayuda. 1605
DUQUESA
¿A quién? ¿A nuestros vecinos? ¡Están locos! 1606
BOSOLA
Deshaceos de esa molestia. 1607
([Los verdugos apresan a Cariola, que opone resistencia.])
DUQUESA
Adiós, Cariola.
No me queda mucho que pueda darte en mi última voluntad. 1608
A muchos y hambrientos invitados he dado de comer. 1609
El tuyo ha de ser un pobre legado. 1610
CARIOLA
¡Dejadme morir con ella!
DUQUESA
Te lo ruego, cuida de mi pequeño, no olvides darle 1611
el jarabe para el resfriado, y que mi niña rece sus oraciones 1612
antes de irse a dormir. 1613
([Se llevan a Cariola.])
Y ahora, haz
lo que te plazca. ¿Cómo he de morir? 1614
BOSOLA
Estrangulada. Estos son vuestros verdugos. 1615
DUQUESA
Yo les perdono. 1616
Una apoplejía, una hemorragia o la tos ferina, 1617
sería todo lo mismo. 1618
BOSOLA
¿No os da miedo morir? 1619
DUQUESA
¿Quién habría de temer
a la muerte, sabiendo que encontrará tan excelente compañía 1620
en el otro mundo? 1621
BOSOLA
Y sin embargo,
debiera afligiros el modo en que vais a morir. 1622
¿No os asusta esta soga? 1623
DUQUESA
En absoluto.
¿Qué placer me daría que me cortases la garganta 1624
con diamantes? ¿O que me asfixiases con humo 1625
de canela? ¿O que me mataras con perlas? 1626
Bien sé yo que la muerte tiene miles de puertas 1627
para que los hombres hagan su salida; y se sabe que descansan 1628
sobre extraños goznes geométricos, y se abren 1629
hacia ambos lados. Por el amor de Dios, hazlo ya, 1630
no quiero escuchar más tus susurros. Y a mis hermanos, 1631
diles que, ahora que estoy despierta, siento que la muerte 1632
es el mejor regalo que pueden hacer, o yo recibir. 1633
Quisiera librarme ahora de mi última falta de mujer. 1634
No quiero aburrirte. 1635
VERDUGOS
Estamos listos.
DUQUESA
Haced con mi aliento lo que os plazca. Mas entregad 1636
mi cuerpo a mis doncellas. ¿Me lo prometéis? 1637
VERDUGOS
Lo haremos.
DUQUESA
Tirad con fuerza, tirad. Que vuestra fuerza 1638
haga caer el cielo mismo sobre mí. 1639
¡Deteneos! Las puertas del cielo no son tan altas 1640
como los palacios de la realeza. Los que allí entran 1641
deben hacerlo de rodillas. Ven, muerte, ven. 1642
Como la mandrágora, hazme dormir. 1643
Decidle a mis hermanos que, una vez amortajada, 1644
ya podrán comer en paz. 1645
([La estrangulan.])
BOSOLA
¿Dónde está la criada?
Traédmela. Vosotros, matad a los niños. 1646
([Salen los Verdugos. Entra uno con Cariola.])
Mira, mira cómo duerme tu señora. 1647
CARIOLA
¡Maldito seáis
hasta la eternidad! Y ahora es mi turno. 1648
¿No son ésas vuestras órdenes? 1649
BOSOLA
Sí, y me da contento
que estés tan bien dispuesta para ello. 1650
CARIOLA
Os engañáis,
no estoy dispuesta. No he de morir sin obtener respuesta: 1651
¿cuál fue mi ofensa? 1652
BOSOLA
¡Matadla!
Tú guardabas su secreto. Guárdanos ahora el nuestro. 1653
CARIOLA
¡No quiero morir! ¡No puedo morir! Estoy prometida 1654
a un joven caballero. 1655
VERDUGO
Toma, que éste sea tu anillo de bodas.
CARIOLA
Dejadme hablar con el Duque. Le revelaré 1656
la traición a su persona. 1657
BOSOLA
Dilaciones. Terminad de una vez.
VERDUGO
Muerde y araña. 1658
CARIOLA
Si me matas ahora,
quedaré condenada. Hace dos años 1659
que no me confieso. 1660
BOSOLA
¡Tanto tiempo!
CARIOLA
Estoy preñada de un hijo.
BOSOLA
Si es cierto, a salvo quedará tu honor. 1661
([La estrangulan.])
Lleváosla de aquí.
Dejad a esta. 1662
([Salen los Verdugos con el cuerpo de Cariola.])
([Entra Fernando.])
FERNANDO
¿Está muerta?
BOSOLA
Tal y como vos
queríais. Mas con ello comienza ahora vuestro dolor... 1663
([Le muestra a los niños, muertos.])
Por Dios santo, ¿qué delito cometieron? 1664
FERNANDO
Nunca es de lamentar que mueran lobos jóvenes. 1665
BOSOLA
Clavad aquí vuestros ojos. 1666
FERNANDO
Ya lo hago.
BOSOLA
¿No os provoca el llanto?
Hay pecados que son un mero murmullo. El asesinato 1667
es un aullido. El agua humedece la tierra, 1668
mas la sangre la salpica y mancha los cielos. 1669
FERNANDO
Cubridle el rostro. Me ciega los ojos. Ha muerto joven. 1670
BOSOLA
No es cierto. Su infelicidad, a mi juicio, 1671
duró muchísimos años. 1672
FERNANDO
Ella y yo éramos gemelos.
Si muriera yo en este instante, viviría su vida 1673
sólo un minuto más. 1674
BOSOLA
Ella nació antes que vos.
Con esta sangre demostráis la antigua sentencia, 1675
de que peor acostumbran a llevarse los parientes 1676
que los más distantes extraños. 1677
FERNANDO
Déjame mirarla una vez más.
¿Por qué no tuviste compasión? Habrías sido un hombre 1678
de honor sin igual si la hubieses llevado 1679
a algún santuario en secreto; o, envalentonado 1680
por una buena causa, te hubieses interpuesto, 1681
espalda en alto, entre su inocencia 1682
y mi venganza. Yo te ordené, cuando estaba fuera de mí, 1683
que mataras a mi mejor amiga. Y lo has hecho. 1684
Déjame ahora examinar bien la causa: 1685
¿por qué su matrimonio me pareció tan innoble? 1686
Debo confesarlo: esperanzas tenía yo, 1687
si viuda se hubiese quedado, de haber ganado 1688
una enorme fortuna a su muerte. 1689
Ese fue el motivo. Su matrimonio 1690
me abrió un tajo de rencor en el corazón. 1691
Y en cuanto a ti – como en las tragedias, 1692
a un buen actor lo odian por hacer muy bien 1693
el papel del villano – te odio por esto. 1694
Has causado mucho mal por mi causa. Lo has hecho bien. 1695
BOSOLA
Permitidme refrescaros la memoria, pues veo 1696
que estáis cayendo en la ingratitud. Os exijo la debida recompensa 1697
por mis servicios. 1698
FERNANDO
Yo te diré qué mereces...
BOSOLA
Hacedlo.
FERNANDO
Te concederé el perdón por estos crímenes. 1699
BOSOLA
¡Cómo!
FERNANDO
Sí. Este es el mayor premio que puedo considerar 1700
para ti. ¿Qué autoridad tenías para ejecutar 1701
esta sanguinaria sentencia? 1702
BOSOLA
¡La vuestra!
FERNANDO
¿La mía?
¿Fui yo el juez? ¿Y bajo qué procedimiento legal 1703
se la condenó a la muerte? ¿Hubo un jurado 1704
que pronunciase sentencia, ante un debido tribunal? 1705
No encontrarás el acta de este juicio, no, 1706
salvo en el mismo infierno. Así has arruinado tu vida 1707
como un necio, y has de morir por ello. 1708
BOSOLA
Pervertido queda el curso de la justicia 1709
cuando el ladrón cuelga a otro de su misma condición. 1710
¿Quién revelará este acto? 1711
FERNANDO
Yo te lo diré.
El lobo encontrará su tumba y en ella escarbará 1712
no para devorar su cuerpo, mas para dejar ver 1713
este horrible crimen. 1714
BOSOLA
Vos, no yo, habréis de temblar por ello.
FERNANDO
¡Fuera de mi vista! 1715
BOSOLA
Antes mi estipendio.
FERNANDO
Eres un vil canalla. 1716
BOSOLA
Si me juzga vuestra ingratitud,
entonces yo soy... 1717
FERNANDO
¡Oh, horror! ¡Horror!
Que el temor a quien conjura a los demonios 1718
no pueda inducir a la obediencia. 1719
Nunca jamás vuelvas a censurarme. 1720
BOSOLA
Id pues con Dios.
Vuestro hermano, y vos mismo, sois hombres honorables. 1721
Vuestros corazones, no obstante, son un par de sepulturas 1722
vacías, pues están podridos y corrompen a otros. Vuestra venganza, 1723
como dos balas encadenadas, os ha unido de la mano. 1724
Hermanos sois, sí; mas la traición, como la peste, 1725
os ha infectado la sangre. Aquí quedo yo, 1726
como uno que tuviera un largo y dulce sueño dorado... 1727
ahora que despierto, enojado estoy conmigo mismo. 1728
FERNANDO
Vete a alguna parte desconocida del mundo, 1729
donde nunca más te vuelva a ver. 1730
BOSOLA
Decidme tan sólo
la razón de este vuestro desaire. Yo os serví 1731
y obedecí en vuestra tiranía. Me esforcé por complaceros 1732
antes que sacar ventaja del mundo en mi propio beneficio. 1733
Aunque detestaba el mal, fui devoto a vos, 1734
que me dabais órdenes inicuas. Escogí ser vuestro fiel criado 1735
antes que hombre honesto. 1736
FERNANDO
Saldré esta noche a cazar tejones. 1737
Es quehacer nocturno. 1738
([Sale.])
BOSOLA
Está enloqueciendo. ¡Basta ya de honra fingida! 1739
Por vanas esperanzas extenuamos nuestra virtud, 1740
sudando ante el frío y helándonos con el fuego. 1741
¿Qué habría yo de hacer si esto tornase a suceder? 1742
No vendería de nuevo la paz de mi conciencia, 1743
ni por todas las riquezas de Europa. Se mueve. ¡Está viva! 1744
Regresad, oh alma buena. Retornad de la oscuridad, 1745
y guiadme lejos de este infierno. Aún respira. 1746
En vuestros pálidos labios derretiré mi corazón 1747
para darles color de nuevo. ¿Hay alguien ahí? 1748
Traedle una tisana. ¡Oh Dios! No me atrevo a pedir ayuda, 1749
pues se podría arruinar esta clemencia. Ha abierto los ojos. 1750
Y en ellos parece abrirse el cielo, que antes estaba cerrado 1751
a mi alma, para otorgarme misericordia. 1752
DUQUESA
Antonio.
BOSOLA
Sí, mi señora, él vive. 1753
Los cuerpos sin vida que visteis no eran más que figuras 1754
simuladas. Se ha reconciliado con vuestros hermanos. 1755
El Papa ha hecho valer su intercesión. 1756
DUQUESA
Misericordia.
([Muere la Duquesa.])
BOSOLA
¡Oh! Se ha ido, se ha quebrado el hilo que la sujetaba 1757
a la vida. ¡Oh, sagrada inocencia, que descansas 1758
en el plumaje de una tórtola! La conciencia culpable 1759
deja una negra señal donde quedan escritas 1760
todas nuestras acciones, las buenas y las malas. Es una visión 1761
que nos muestra el infierno. Nos duele que no podamos hacer el bien 1762
cuando en nuestra mente esté hacerlo. 1763
Hete aquí la mayor aflicción humana. 1764
Estas mis lágrimas, tenedlo por cierto, no bebí 1765
con la leche del pecho de mi madre. Mi condición 1766
queda ahora muy por debajo del miedo. ¿Dónde estaba 1767
este llanto mientras ella estaba viva? ¡Seco estaba! 1768
Esta visión me resulta tan espantosa como lo es 1769
la espada para el infeliz que ha matado a su padre. 1770
venid, os sacaré de aquí. 1771
Y he de ejecutar vuestra última voluntad: entregaré 1772
vuestro cuerpo a la respetuosa atención 1773
de unas buenas mujeres. Eso el cruel tirano 1774
no podrá negárnoslo. Después partiré hacia Milán. 1775
Allí, algo habré de hacer que al instante 1776
enmiende mi bajeza. 1777
([Sale llevándose el cadáver de la Duquesa.])

Acto V

Escena i

([Entran Antonio y Delio.])
ANTONIO
¿Qué piensas de mis esperanzas de reconciliación 1778
con los hermanos Aragón? 1779
DELIO
No me fío.
Pues aunque han enviado los salvoconductos 1780
para que retornes a Milán, no semejan otra cosa 1781
que redes para atraparte. El marqués de Pescara, 1782
a cuyo nombre has puesto tierras en servidumbre, 1783
en contra de su noble carácter, se ha visto obligado 1784
a usurparlas. Algunos de sus servidores 1785
están ahora en pleno litigio 1786
por el derecho a recibir tus rentas. 1787
No puedo creer que los que te privan 1788
de tus medios de vida, de tu misma subsistencia, 1789
te quieran bien. 1790
ANTONIO
Nunca has creído
que pudiera esbozar mi propia seguridad. 1791
DELIO
Aquí llega el marqués. Yo mismo le solicitaré 1792
alguna porción de tus tierras. Sepamos 1793
para dónde sopla el viento. 1794
ANTONIO
Hazlo, te lo ruego.
([Entra Pescara.])
DELIO
Sire, quisiera haceros una petición. 1795
PESCARA
¿A mí?
DELIO
Es sencilla.
La ciudadela de San Benedetto, 1796
y sus heredades, otrora propiedad 1797
de Antonio Bologna. ¿Querréis entregármelas? 1798
PESCARA
Vos sois amigo mío, mas esta es una petición 1799
que ni me corresponde satisfacer, ni vos podéis recibirla. 1800
DELIO
¿No? 1801
PESCARA
Os daré amplias razones bien en breve,
mas en privado. Aquí viene la querida del Cardenal. 1802
([Entra Julia.])
JULIA
Oh, milord, quisiera que atendieseis un pequeño ruego, 1803
aunque con ello me convierta en vulgar pedigüeña. 1804
Traigo conmigo esta carta del Cardenal, un hombre noble, 1805
para obtener vuestras mercedes. 1806
([Le entrega una carta.])
PESCARA
Pide para vos
la ciudadela de San Benedetto, la cual pertenecía a Bologna, 1807
quien ha caído en desgracia y está desterrado. 1808
JULIA
Así es.
PESCARA
No podría haber pensado en otra amiga a quien complacer 1809
con tal regalo. Vuestra es. 1810
JULIA
Os lo agradezco, milord.
Le haré saber al Cardenal cuán reconocida os quedo, 1811
tanto por el obsequio, como por la presteza en darlo, 1812
lo que hace vuestra dádiva más grande. 1813
([Sale.])
ANTONIO
¡Cómo se enriquecen con mi ruina! 1814
DELIO
Sire, nuestra amistad
desde ahora lo es menos. 1815
PESCARA
¿Por qué decís eso?
DELIO
Me habéis negado antes lo que habéis regalado 1816
a esa persona. 1817
PESCARA
¿Sabéis qué era eso?
Eran las tierras de Antonio. Arrebatadas, no por vía legal, 1818
sino arrancadas de sus mismas manos 1819
por petición del Cardenal. No sería decoroso 1820
disponer de tan gran agravio para ponerlas 1821
en manos de un amigo. Se trata de una prebenda 1822
para retribuir a una meretriz. Es pues una injusticia. 1823
¿Habría acaso de derramar la sangre de inocentes 1824
para que mis partidarios, mis amigos, me tuviesen 1825
un mayor desprecio? Me complace que estas tierras, 1826
con gran injusticia desposeídas a su dueño, 1827
terminen teniendo un uso tan vil, 1828
el pago de su lujuria. Mi buen Delio, aprended 1829
a pedir de mí nobleza, y descubriréis 1830
lo generosamente noble que puedo ser. 1831
DELIO
Buena es la enseñanza.
ANTONIO
Hete aquí un hombre que podría ahuyentar 1832
al más insolente de los mendigos. 1833
PESCARA
El noble Fernando
ha arribado a Milán, enfermo, dicen, de apoplejía. 1834
Dicen otros que delira. Es mi propósito 1835
visitarle. 1836
([Sale.])
ANTONIO
Es un hombre de la nobleza.
DELIO
¿Qué propósitos tienes, Antonio? 1837
ANTONIO
Voy a arriesgar toda mi fortuna, la cual 1838
se reduce a la desventurada vida que me queda, 1839
merced a la maldad del Cardenal. Puedo obtener 1840
acceso a sus aposentos. A medianoche iré a visitarle, 1841
tal y como hizo su hermano con nuestra Duquesa. 1842
Quizá una repentina sensación de peligro, 1843
al presentarme ante él sin disfraz alguno, 1844
acompañada de mi devoción y obediencia, 1845
elimine de sus entrañas el veneno, y merezca 1846
una amigable reconciliación. Mas si fracaso, 1847
ello me librará de mi carga infame. 1848
Mejor es una sola caída que tropezar repetidamente. 1849
DELIO
A tu lado estaré frente a todos los peligros. 1850
Mi vida pongo al servicio de la tuya. 1851
ANTONIO
Eres por siempre mi más amado y preciado amigo. 1852
([Salen.])

Escena ii

([Entran Pescara y un Doctor.])
PESCARA
Decidme, doctor, ¿puedo ir a ver al paciente? 1853
DOCTOR
Si eso desea vuestra señoría. Mas se dispone 1854
a tomar el aire aquí en la galería, 1855
por indicación mía. 1856
PESCARA
Decidme, pues, ¿qué mal le aqueja?
DOCTOR
Es una enfermedad infecciosa, milord. 1857
La llaman licantropía. 1858
PESCARA
¿De qué se trata?
No conozco el término. 1859
DOCTOR
Os lo diré.
En aquellos que la padecen, ciertos humores fluyen 1860
que les hacen imaginarse transformados en lobos, 1861
y penetran en los camposantos en la oscuridad de la noche, 1862
y desentierran a los muertos. Hace dos noches 1863
encontraron a nuestro noble señor, a eso de la medianoche, 1864
en una callejuela, a espaldas de la Iglesia de San Marcos. 1865
Llevaba al hombro la pierna de un muerto. Aullaba 1866
de modo pavoroso. Dijo ser un lobo, mas con la diferencia 1867
de que la piel del lobo es peluda por fuera, y que la suya 1868
lo era por dentro. Ordenó a los guardias desenvainar, 1869
y que rasgaran sus carnes comprobarlo. 1870
Me llamaron al instante, y tras administrarle 1871
mis cuidados, le encontré muy recuperado. 1872
PESCARA
De lo cual me alegro sobremanera. 1873
DOCTOR
No obstante, persiste el temor a una recaída. 1874
Si le diera de nuevo un ataque, le daré un tratamiento 1875
tan directo que ni el propio Paracelso soñaría. 1876
Si me dieran licencia, lo libraría de su locura. 1877
Apartaos, os lo ruego. Por ahí viene. 1878
([Entran el Cardenal, Fernando, Malateste y Bosola.])
FERNANDO
Dejadme.
MALATESTE
¿Por qué busca su señoría la soledad?
FERNANDO
Las águilas vuelan solas. Sólo los cuervos, grajos y estorninos vuelan en bandada. ¡Oh, mirad! ¿Qué es eso que me sigue?
MALATESTE
Nada, mi señor.
FERNANDO
Sí, hay algo ahí.
MALATESTE
Es vuestra sombra.
FERNANDO
Detenedla. No permitáis que me siga.
MALATESTE
Es imposible mientras os mováis a la luz del sol.
FERNANDO
La estrangularé.
([Se lanza a tierra, sobre su propia sombra.])
MALATESTE
Mi señor, os enojáis con algo que no existe.
FERNANDO
Sois un necio. ¿Cómo voy a atrapar mi sombra a menos que me abalance sobre ella? Cuando descienda a los infiernos, deberé llevar conmigo un soborno. Debéis saber que un buen regalo le abre las puertas a la peor de las personas.
PESCARA
Levantaos, milord. 1879
FERNANDO
Estoy estudiando el arte de la paciencia.
PESCARA
Esa es una noble virtud. 1880
FERNANDO
Conduciré seis caracoles desde aquí a Moscú, y lo haré sin usar ni fusta ni látigo, les dejaré que se tomen su tiempo. Traedme al hombre más paciente del mundo, dejad que me rete en un experimento. Yo los seguiré como un cuatrero.
CARDENAL
Obligadle a levantarse. 1881
FERNANDO
Tratadme con sumo cuidado, por lo que os conviene. 1882
Lo que yo haya hecho, hecho está. Nada pienso confesar. 1883
DOCTOR
Permitidme atenderle. Mi señor, ¿estáis loco? 1884
¿Habéis perdido vuestro noble juicio? 1885
FERNANDO
Y éste, ¿quién es?
PESCARA
Es vuestro médico. 1886
FERNANDO
Haced que le rapen la barba, y que le arreglen las cejas. 1887
DOCTOR
Habré de emplear alguna artimaña con él. 1888
Será el único modo. Mi señor, mirad, os he traído 1889
la piel de una salamandra para protegeros 1890
de las quemaduras del sol. 1891
FERNANDO
Me duelen tanto los ojos.
DOCTOR
La clara del huevo del basilisco es un remedio infalible. 1892
FERNANDO
Que sea fresco el huevo, por lo que os conviene. 1893
No le permitáis que me examine, que los médicos 1894
son como los reyes: no admiten disputas. 1895
DOCTOR
Ahora me teme:
os lo ruego, dejadme a solas con él. 1896
CARDENAL
[A Fernando] ¿Qué haces? ¿Por qué te despojas de tus ropas? 1897
DOCTOR
Haced que me traigan cuarenta bacinillas llenas de agua de rosas. Nos los arrojaremos el uno al otro. Ya me tiene miedo. ¿Sabéis hacer cabriolas, milord? Soltadle, soltadle, os lo ruego. Veo en su mirada cierto grado de respeto. Cuando acabe con él, le habré dejado más manso que un lirón.
FERNANDO
¡Haced vos las cabriolas! A patadas lo voy a sacar de aquí. Le arrancaré la piel a tiras, para cubrir alguno de los cuerpos que este bribón habrá destripado en la sala de cirugía. ¡Fuera, marchaos! Sois todos iguales, animales para el sacrificio, de vosotros al final no queda más que lengua y entrañas, adulación y lascivia.
([Sale.])
PESCARA
Doctor, no os tenía tanto temor. 1898
DOCTOR
Es cierto, es cierto. Quizá haya sido demasiado franco. 1899
BOSOLA
¡Misericordia! Una mortal condena ha caído 1900
sobre el Príncipe Fernando. 1901
PESCARA
¿Sabe Su Excelencia
qué infortunio le causó al Príncipe 1902
esta tan extraña locura? 1903
CARDENAL
Algo he de fingir. 1904
como sabéis, según patrañas que vienen desde muy antaño, 1905
a la muerte de algún miembro de nuestra familia 1906
se suele aparecer la figura de una vieja mujer, 1907
la cual, dice la leyenda, fue asesinada 1908
por sus sobrinos para apropiarse de sus riquezas. 1909
Una noche, mientras el Príncipe estaba leyendo, apareció 1910
dicha figura ante sus ojos. A gritos, pidió socorro; 1911
su ayuda de cámara lo encontró 1912
bañado en un sudor frío, el rostro desencajado, 1913
sin decir palabra. Desde esa aparición 1914
ha ido de mal en peor, y ahora mucho temo 1915
por su vida. 1916
BOSOLA
Mi señor, quisiera hablar con vos. 1917
PESCARA
Os dejamos ahora,
con nuestros mejores deseos para el Príncipe, 1918
nuestro muy noble señor, de un total restablecimiento. 1919
CARDENAL
Mucho os lo agradezco.
([Salen Pescara, Malateste y el Doctor.])
¿Ya estás aquí? Bien. Mas no debes averiguar 1920
por medio alguno que yo tomé parte 1921
en la muerte de la Duquesa. Pues, si bien la induje, 1922
el grueso del acto mismo emanó 1923
de Fernando. 1924
[A Bosola.] Y bien, señor, ¿cómo está 1925
nuestra hermana? Diríase que la congoja 1926
hace que parezca tan debilitada. Mas pronto 1927
recibirá consuelo de mi parte. ¿A qué viene 1928
esa furia que delatan vuestros ojos? Ah, el Príncipe 1929
ha dejado de daros sus favores, lo sé. Pero consolaos, 1930
pues si hacéis una cosa por mí, yo suplicaré por vos, 1931
y aunque una fría lápida cubriese sus huesos, 1932
obtendría para vos lo que vos quisierais. 1933
BOSOLA
¿Qué cosa?
Decídmelo en pocas palabras, que lo haré al instante. 1934
Quienes largo tiempo piensan sus acciones, pocas empresas completan, 1935
pues tanto meditan su final que nunca las emprenden. 1936
([Entra Julia.])
JULIA
Eminencia, ¿venís a cenar? 1937
CARDENAL
Tengo asuntos que atender. Márchate.
JULIA
¡Qué hermoso porte tiene ese hombre! 1938
([Sale.])
CARDENAL
Escuchadme: Antonio merodea por aquí en Milán. 1939
Encontradlo, y matadlo. Mientras él viva, 1940
nuestra hermana no podrá casarse, y tengo pensado 1941
un excelente compromiso para ella. Haced esto que os pido, 1942
y decidme qué recompensa desearíais. 1943
BOSOLA
¿Cómo he de encontrarlo?
CARDENAL
Hay un noble caballero, un tal Delio, 1944
entre nuestras tropas; es su probado y leal amigo 1945
desde hace mucho tiempo. Vigiladlo, seguidle los pasos 1946
cuando acuda a misa. Es posible que Antonio, 1947
para quien la religión no es más que una materia escolar, 1948
le acompañe, aunque sea sólo por seguir costumbres 1949
algo mundanas. O podéis encontrar al confesor 1950
de Delio, y tratar de sobornarle para que os revele 1951
su paradero. Hay mil maneras de encontrar 1952
su rastro. Por ejemplo, podríais averiguar 1953
qué personas importunan a los judíos pidiéndoles 1954
grandes sumas de dinero en préstamo, pues debe estar necesitado. 1955
O podríais acudir a los retratistas, y preguntar 1956
por la persona que ha traído un cuadro de la Duquesa. 1957
Con algo de fortuna, una de estas... 1958
BOSOLA
No cejaré en este asunto.
Encontraré a ese desalmado Antonio, 1959
por encima de cualquier otra cosa. 1960
CARDENAL
Hacedlo, y seréis feliz.
([Sale.])
BOSOLA
Este hombre cría basiliscos tras sus ojos, 1961
lleva la muerte grabada en la mente. Mas no parece 1962
saber nada de la muerte de la Duquesa. 1963
¿Será su astucia? Debo seguir su ejemplo, 1964
porque no hay mejor manera de seguir un rastro 1965
que la de un zorro viejo. 1966
([Entra Julia portando una pistola.])
JULIA
Os he encontrado.
BOSOLA
¿Qué deseáis? 1967
JULIA
Las puertas están atrancadas.
Ahora, sire, os haré confesar vuestra traición. 1968
BOSOLA
¿Traición? ¿De qué habláis? 1969
JULIA
Decidme a cuál de mis criadas
habéis sobornado para que pusiera esa pócima 1970
de amor en mi copa. 1971
BOSOLA
¿Una pócima? ¿De amor?
JULIA
Así es. Durante mi estancia en Amalfi. 1972
De lo contrario, ¿cómo iba a enamorarme de vos? 1973
¡Con ese rostro! Tanto dolor he sufrido 1974
por vuestra razón, que el único remedio que me queda 1975
es saciar con vos mi deseo. 1976
BOSOLA
Sin duda, mas en el arma
que empuñáis contra mí no hay sino perfume y delicias. 1977
Espléndida señora, éste es un singular modo de revelarme 1978
vuestro deseo. Permitidme que os despoje de un arma 1979
y os proteja con mis brazos. 1980
[La abraza.] Cuán extraño es todo esto. 1981
JULIA
Comparad vuestro porte con lo que ven mis ojos, 1982
y veréis que mi amor no es tal milagro. 1983
[Le besa.] Mas ahora me diréis que soy 1984
una desvergonzada. La modestia, que se presume 1985
propia de las damas, resulta ser pesada como un pariente 1986
que nunca decide terminar su visita. 1987
BOSOLA
Observadme; simplemente soy un vulgar soldado. 1988
JULIA
Mejor que mejor, porque más apreciado es el fuego 1989
allí donde el roce no produce chispa. 1990
BOSOLA
No sé hablar como un galán.
JULIA
La ignorancia en el cortejo no os hará errar, 1991
siempre que el corazón os conduzca al bien. 1992
BOSOLA
Sois muy bella.
JULIA
Si vuestra acusación es de belleza, debo confesarme 1993
no culpable. 1994
BOSOLA
Vuestros ojos, con su resplandor
llevan un haz de flechas que penetran mucho más 1995
que los rayos del sol. 1996
JULIA
Vais a echarme a perder con vuestras lisonjas.
Inculpaos vos mismo con el cargo de cortejarme, 1997
mientras yo os hago la corte. 1998
BOSOLA
Sé qué he de hacer con esta criatura.
Aparentaré que nuestro amor crece sin mesura. 1999
[A Julia.] Si nos viese así su Eminencia el Cardenal, 2000
¿no me tendría por un perverso villano? 2001
JULIA
No, me acusaría a mí de ser una lasciva, 2002
mas a vos no os lo contaría como una ofensa. 2003
Pongamos que yo viese un diamante y lo robara. 2004
La falta no es de la piedra preciosa, sino del ladrón 2005
que la hurta. Yo voy a ser temeraria por vos. 2006
Nosotras, damas que gustamos de placeres, 2007
acostumbramos a refrenar nuestro deseo, nuestros anhelos, 2008
mas en un instante unimos la dulzura del goce 2009
con una excusa elegante. Si hubierais estado en la calle, 2010
apostado bajo mi ventana, allí mismo os habría 2011
cortejado. 2012
BOSOLA
¡Oh, excelentísima señora!
JULIA
Pedidme cualquier cosa, aquí y ahora, 2013
que yo os probaré que os amo. 2014
BOSOLA
Lo haré.
Si de verdad me amáis, no falléis en el intento. 2015
Anda el Cardenal sumido en un gran abatimiento; 2016
exigidle conocer la causa, no le permitáis obviaros 2017
con algún motivo falseado. Descubrid la razón de su tristeza. 2018
JULIA
¿Por qué queréis saberla? 2019
BOSOLA
Estoy a su servicio,
y a mis oídos ha llegado el rumor de que ha caído en desgracia 2020
ante el Emperador. Si es cierto, como los ratones que abandonan 2021
las casas en ruinas, iría a ofrecerle mis servicios 2022
a otra parte. 2023
JULIA
No tendréis que ir a la guerra, milord. 2024
Yo seré vuestro sustento. 2025
BOSOLA
Y yo vuestro muy leal servidor, 2026
mas no puedo renegar de mi oficio. 2027
JULIA
¿No abandonaréis
a un ingrato general por el amor de una dama? 2028
Sois como algunos que no pueden dormir en lecho de plumas 2029
si no se colocan una piedra por almohada. 2030
BOSOLA
¿Haréis esto por mí? 2031
JULIA
Con astucia.
BOSOLA
Debo saberlo mañana.
JULIA
¿Mañana? Ocultaos en mi alcoba pues, 2032
y obtendréis vos mismo la información. No os demoréis 2033
más de lo que yo lo haga. Me siento como un reo de muerte 2034
al que hayan prometido el indulto: quiero verlo firmado. Entrad. 2035
Veréis de qué manera le envuelvo el corazón con mis palabras, 2036
como si fuera una madeja de seda. 2037
([Bosola se oculta. Entra el Cardenal.])
CARDENAL
¿Dónde estáis? 2038
([Entra un Criado.])
CRIADO
Aquí, Eminencia.
CARDENAL
Si quieres conservar la vida,
asegúrate de que nadie hable con el Príncipe Fernando 2039
En su locura podría revelar 2040
el crimen. 2041
([Sale el Criado.])
Ahí está la que sin cesar me corroe. 2042
Hastiado estoy de ella; por cualesquiera medios 2043
me libraría de... 2044
JULIA
¿Qué os sucede, milord?
¿Qué os aflige? 2045
CARDENAL
No es nada.
JULIA
Estáis muy alterado.
Venid conmigo, confiad en mí, que yo os aliviaré 2046
ese peso que os oprime el corazón. ¿Qué os ocurre? 2047
CARDENAL
No puedo decírtelo. 2048
JULIA
¿Tanto os gusta el dolor que no podéis 2049
separaros ni siquiera un poco de él? ¿Pensáis 2050
que no puedo amaros, Eminencia, tanto en la tristeza 2051
como en la alegría?¿Sospecháis acaso de mí, 2052
quien durante años ha guardado los secretos 2053
de vuestro corazón? ¿No habré de saber guardar 2054
el secreto de vuestras palabras? 2055
CARDENAL
Date por satisfecha.
El único modo de guardar mi secreto 2056
es no revelártelo. 2057
JULIA
Decidle eso al eco,
o a los aduladores, que como el eco, siempre proclaman 2058
lo que oyen, aunque no sea completo. Mas no me lo digáis a mí. 2059
Si de verdad sois honesto con vos mismo, 2060
yo habré de saberlo. 2061
CARDENAL
¿Acaso vas a torturarme? 2062
JULIA
No, milord. El juicio mismo
os lo hará revelar. Tan malo es revelar un secreto a voces 2063
como no decírselo a nadie. 2064
CARDENAL
Lo primero es de necios. 2065
JULIA
Lo segundo es de tiranos.
CARDENAL
De acuerdo. Imagina que haya cometido alguna acción 2066
ocultamente, sobre la cual yo querría que nunca nadie 2067
supiese nada. 2068
JULIA
Es por ello que no debo saberlo.
Por mí, Eminencia, habéis ocultado pecados 2069
tan enromes como el adulterio. Milord, nunca he tenido 2070
ocasión de daros pruebas de mi constancia. 2071
Os lo ruego, Eminencia. 2072
CARDENAL
Te arrepentirás.
JULIA
Jamás.
CARDENAL
Te conduce hacia la ruina. No te lo diré. 2073
Escúchame bien: piensa bien en el peligro que entraña 2074
hacerse partícipe de los secretos de un noble. Los que así lo hacen, 2075
han de revestirse el pecho con acero 2076
para contener esos peligros. Te lo ruego, no insistas. 2077
Piensa en tu fragilidad. Más fácil es hacer un nudo 2078
que desenredarlo. Es un secreto que podría esparcirse 2079
por tus venas como un veneno latente, 2080
y acabar con tu vida en siete años. 2081
JULIA
Estáis jugando conmigo. 2082
CARDENAL
¡Basta pues! Quieres saberlo:
por orden mía, la Duquesa de Amalfi 2083
y dos de sus niños murieron estrangulados 2084
hace cuatro noches. 2085
JULIA
¡Cielo santo! ¿Qué habéis hecho, Eminencia?
CARDENAL
¿Qué me dices ahora? ¿Cómo te sienta? ¿Piensas que tu pecho 2086
será una tumba oscura y profunda donde guardes para siempre 2087
este secreto? 2088
JULIA
Os habéis descubierto, milord.
CARDENAL
¿Por qué? 2089
JULIA
Ya no me corresponde a mí ocultarlo.
CARDENAL
¿No?
Ven aquí. Júramelo sobre esta Sagrada Biblia. 2090
JULIA
Con toda mi alma. 2091
CARDENAL
Besadlo.
Y ahora, jamás habrás de decirlo. Te ha perdido 2092
tu curiosidad. El libro estaba envenenado. 2093
Sabía yo muy bien que eras incapaz de guardar un secreto, 2094
y por ello te he atado a él, con la muerte. 2095
([Entra Bosola.])
BOSOLA
¡Por caridad! ¡Deteneos! 2096
CARDENAL
¡Bosola!
JULIA
Os perdono, Eminencia.
Lo que habéis hecho es justo. 2097
Yo os traicioné, permití que este hombre 2098
escuchase vuestras palabras. Es por eso que os dije 2099
que no me correspondía a mí ocultarlo. 2100
BOSOLA
¡Necia mujer!
Pudiste haberle envenenado a él. 2101
JULIA
Sólo los débiles
meditan sobre lo que podría haber sido. Me voy, 2102
mas no sé adónde. 2103
([Muere Julia.])
CARDENAL
¿Qué haces tú aquí?
BOSOLA
Busco a un gran hombre, como vos, 2104
que no haya perdido el juicio, como milord Fernando, 2105
y hacer patente mi servidumbre. 2106
CARDENAL
Haré que os descuarticen.
BOSOLA
No juréis disponer de esa manera de una vida 2107
que no os pertenece. 2108
CARDENAL
¿Quién te dejó entrar?
BOSOLA
Ella, y su lujuria. Esas eran sus intenciones. 2109
CARDENAL
Muy bien.
Ahora tú y yo somos cómplices de asesinato. 2110
BOSOLA
¿Por qué disfrazáis vuestros sucios propósitos 2111
ante mí? ¿Acaso imitáis a aquellos que, tras planear 2112
una gran traición, y haberla llevado a cabo, 2113
corren a ocultarse en el panteón 2114
de los que tomaron parte? 2115
CARDENAL
Calla. Hay una gran fortuna a tu alcance. 2116
BOSOLA
¿De nuevo he de esperar los favores de esa diosa? 2117
Ese es el peregrinaje de un necio. 2118
CARDENAL
Tengo grandes honores
reservados para ti. 2119
BOSOLA
Muchos son los caminos que aparentan llevarnos al honor, mas algunos de ellos son muy indecorosos.
CARDENAL
Háblale al demonio de tus desventuras. 2120
Ya arde bien el fuego: no hace falta removerlo. 2121
Echa humo en abundancia. ¿Matarás a Antonio? 2122
BOSOLA
Sí. 2123
CARDENAL
Llévate su cuerpo.
BOSOLA
Voy a convertirme
en el más popular ataúd de los cementerios. 2124
CARDENAL
Te proporcionaré una docena de esbirros 2125
que te ayudarán a asesinarlo. 2126
BOSOLA
De ninguna manera. Hay médicos que aplican sanguijuelas a toda inflamación pestilente, y acostumbran a cortarles la cola para que la sangre corra por ellas más veloz. No quiero tener séquito a la hora de derramar sangre; pues más numerosa sería la compañía camino de la horca.
CARDENAL
Vuelve aquí a la medianoche. Me ayudarás a llevar 2127
su cuerpo hasta sus aposentos. Diré que ha muerto 2128
apestada, así menos querrán saber acerca de la muerte. 2129
BOSOLA
¿Dónde está su marido, Castruchio? 2130
CARDENAL
Ha partido hacia Nápoles, a tomar posesión 2131
de la ciudadela de Antonio. 2132
BOSOLA
Creedme. La fortuna os ha sonreído en este envite. 2133
CARDENAL
No faltes esta noche. Esta es la llave maestra 2134
que da acceso a mis aposentos. Con ella te hago entender 2135
la confianza que en ti deposito. 2136
([Sale el Cardenal.])
BOSOLA
Estaré dispuesto.
¡Pobre Antonio! Por su posición, la clemencia 2137
es necesaria, pero cuán peligrosa me resulta. 2138
Debo vigilar mis pasos. En terrenos helados 2139
que resultan tan resbaladizos es mejor que un hombre 2140
use clavos en su calzado. Es posible partirse el cuello. 2141
Este es un buen precedente. ¡Cuánta sed de sangre 2142
tiene ese hombre! ¡Parece no temer a nada! 2143
Hay hombres que dicen que el exceso de confianza 2144
está contiguo al infierno, un falso tabique los separa. 2145
Antonio, he de encontrarte; he de velar 2146
por tu seguridad, y ponerte fuera del alcance 2147
de esta jauría cruel que ya se ha cobrado 2148
parte de tu sangre. Y puede que yo, 2149
a ti me una en esta la más justa de las venganzas. 2150
Aun el brazo más débil encuentra fuerzas 2151
cuando golpea con la espada de la justicia. 2152
No puedo olvidar a la Duquesa. Me parece verla 2153
a todas horas. Es la congoja. ¡Penitencia! ¡Déjame en verdad 2154
beber de tu cáliz, y coróname tras asestar tu golpe! 2155
([Sale.])

Escena iii

([Entran Antonio y Delio.])
DELIO
Aquella es la estancia del Cardenal. Este fuerte 2156
fue construido sobre las ruinas de una vieja abadía. 2157
A aquel lado del río hay un muro, que fue parte del claustro. 2158
Es un muro, que a mi parecer, ofrece el mejor eco 2159
que jamás hayas oído. Es tan profundo, tan lúgubre, 2160
tan perfecto en su respuesta, que mucho hay que suponen 2161
que se trata de un espíritu que responde. 2162
ANTONIO
Muy estimadas me son estas ruinas. 2163
Cada paso que damos sobre ellas es un avance 2164
que hacemos con nuestros pies sobre la historia. 2165
No me cabe duda de que en este patio abierto al cielo, 2166
que aparece desnudo a las inclemencias de la tempestad, 2167
yacen enterrados hombres que amaban a la Iglesia, 2168
que mucho le entregaron, pensando que ella 2169
protegería sus huesos hasta el día mismo del juicio final. 2170
Mas todo llega a su fin. Como los mismos hombres, 2171
iglesias y ciudades enferman, 2172
y deben morir, como nosotros. 2173
ECO
Morir como nosotros.
DELIO
El eco repitió tus palabras. 2174
ANTONIO
Fue un gemido,
tenía un sonido mortecino. 2175
ECO
Un sonido mortecino.
DELIO
Ya te dije que era un eco muy bueno. 2176
Puede sonar como un cazador o como un músico, 2177
o con un profundo lamento. 2178
ECO
Profundo lamento.
ANTONIO
Es cierto. Eso es lo mejor. 2179
ECO
Es lo mejor.
ANTONIO
Me recuerda a la voz de mi esposa. 2180
ECO
Voz de mi esposa.
DELIO
Alejémonos de aquí. Preferiría que no acudieras 2181
a ver al Cardenal esta noche. No vayas. 2182
ECO
No vayas. 2183
DELIO
La prudencia no atempera el dolor 2184
más que el tiempo. Debes llevar cuidado. 2185
ECO
Lleva cuidado. 2186
ANTONIO
La necesidad me obliga a ello.
Vuelve la vista atrás, examina los episodios 2187
de tu propia vida, y verás que es imposible 2188
escapar de tu destino. 2189
ECO
Escapa de tu destino.
DELIO
Escucha. Las mismas piedras parecen tener pena de ti, 2190
y te dan buen consejo. 2191
ANTONIO
No voy a hacerle caso al eco;
no es más que unas piedras, sin vida. 2192
ECO
Sin vida.
ANTONIO
A estas horas, mi Duquesa debe estar durmiendo, 2193
y los pequeños, espero que dulcemente. ¡Oh, mi Dios! 2194
¿No la he de ver nunca más? 2195
ECO
Nunca más.
ANTONIO
Hasta ahora había ignorado las palabras del eco, 2196
mas esta última, de pronto, me ha hecho ver 2197
un rostro envuelto en el dolor. 2198
DELIO
Es tu imaginación. 2199
ANTONIO
Marchemos de aquí. Quiero librarme de esta fiebre.
Vivir así, ciertamente, no es vivir. 2200
Es un escarnio, una afrenta a la vida. 2201
En adelante, no he de intentar salvarme a medias. 2202
He de arriesgar: lo perderé todo, o nada. 2203
DELIO
Que tu virtud
sea tu misma salvación. Buscaré a tu hijo. Te seguiremos. 2204
Puede que al ver a un muchacho que es sangre de su sangre, 2205
que es tan buena persona, se produzca en él 2206
mayor compasión. 2207
ANTONIO
Aun si así fuera, ve con Dios.
Aunque Fortuna juega su papel en nuestra desgracia, 2208
no lo hace en nuestra pesadumbre. 2209
Desdeñemos el dolor, porque es nuestro. 2210
([Salen.])

Escena iv

([Entran el Cardenal, Pescara, Malateste, Rodrigo y Grisolán.])
CARDENAL
No hace falta montar guardia por el Príncipe esta noche. 2211
Su Excelencia ha mejorado mucho. 2212
MALATESTE
Eminencia, permitidnos... 2213
CARDENAL
No, de ningún modo.
Cualquier ruido o movimiento no hacen 2214
sino enloquecerle. Os lo ruego, id a descansar. 2215
Y aunque le oigáis sufrir uno de sus violentos ataques, 2216
no os lo levantéis, os lo ruego. 2217
PESCARA
Milord, no haremos...
CARDENAL
No. Quiero vuestra promesa, vuestra palabra 2218
de honor. Es él mismo quien me ha hecho prometerlo. 2219
A mi juicio, en su apremio se mostraba muy sensato. 2220
PESCARA
Demos pues todos nuestra palabra de honor. 2221
CARDENAL
Y dadla también por vuestros sirvientes. 2222
PESCARA
También por ellos.
CARDENAL
Pudiera ser que, para poner a prueba vuestra palabra, 2223
yo mismo me alce mientras él duerme, y finja 2224
uno de esos trances de locura, y grite pidiendo ayuda, 2225
aparentando estar en grave peligro. 2226
MALATESTE
Aunque os cortasen el cuello,
no acudiría en vuestra ayuda. Para eso os he dado mi palabra. 2227
CARDENAL
Os quedo muy agradecido. 2228
([El Cardenal se aparta del grupo.])
GRISOLÁN
Terrible tempestad la de esta noche.
RODRIGO
Los aposentos del Príncipe se mecían como una cuna. 2229
MALATESTE
Mucho afecta demuestra el diablo 2230
cuando acuna a su hijo. 2231
([Salen.])
CARDENAL
Motivos sobrados tengo para no permitirles 2232
acercarse a mi hermano. A medianoche 2233
podré, con absoluta reserva, llevarme 2234
el cuerpo de Julia a su aposento. ¡Ah, mi conciencia! 2235
Quisiera ahora poder rezar, pero el demonio me ha hurtado 2236
el corazón; ya no tengo confianza en las plegarias. 2237
Le ordené a Bosola que viniera a recoger el cuerpo 2238
sobre esta hora. Tan pronto me preste ese servicio, 2239
ha de morir. 2240
([Sale.])
([Entra Bosola.])
BOSOLA
Esa era la voz del Cardenal. Le he oído hablar de mí, 2241
y mencionar mi muerte. Mas alguien viene. 2242
([Entra Fernando.])
FERNANDO
Muy silenciosa es la muerte por asfixia. 2243
BOSOLA
Veo que debo estar alerta. 2244
FERNANDO
¿Quién va? Con susurros, en voz baja. ¿Comprendes? 2245
Hay que hacerlo en la oscuridad. El Cardenal no querría 2246
que lo viese el Doctor, ni por todo el oro del mundo. 2247
([Sale.])
BOSOLA
Han planeado mi muerte; hete aquí las consecuencias de mi crimen. 2248
No hay aprecio por el mérito, ni las palabras piadosas; 2249
sabemos que las malas acciones con la muerte deben pagarse. 2250
([Se oculta. Entran Antonio y un Criado.])
CRIADO
Esperadme aquí, milord. Confiad en mí, os lo ruego. 2251
Os traeré una lámpara. 2252
([Sale el Criado.])
ANTONIO
Si lo encontrara rezando,
quizá hubiera una posibilidad de perdón. 2253
BOSOLA
Haz justicia, espada. 2254
No os daré mucho tiempo para plegarias. 2255
ANTONIO
¡Oh! Me han herido de muerte. En breve tiempo habéis puesto fin 2256
a este largo pleito. 2257
BOSOLA
¿Quién sois?
ANTONIO
Un pobre desdichado,
que sólo ha encontrado vuestro favor con la muerte. 2258
([Entra el Criado con una lámpara.])
CRIADO
¿Dónde os halláis, milord? 2259
ANTONIO
Muy cerca del final. ¡Bosola! 2260
CRIADO
¡Oh, infortunio!
BOSOLA
Calla tu pena, o mueres aquí mismo. ¡Oh Antonio! 2261
El hombre por quien habría dado mi propia vida. 2262
Qué somos sino esferas que se estrellan y vagan 2263
al capricho de las estrellas. ¡Mi buen Antonio! 2264
Debo decirte algo en tus oídos moribundos. 2265
Es algo que te partirá el corazón. Tu amada Duquesa, 2266
tus dos preciosos niños... 2267
ANTONIO
Sólo saber de ellos
enciende la llama de la vida en mí. 2268
BOSOLA
Están muertos.
ANTONIO
Algunos hombres han querido morir 2269
al recibir tristes noticias. Yo me alegro 2270
de morir, os lo digo en serio. No quisiera que ahora curaran 2271
mis heridas. No sabría encontrarle sentido 2272
a mi vida. En nuestra busca de la grandeza, 2273
como muchachos cuyo único interés es pasar el tiempo, 2274
semejamos perseguir burbujas que estallan en el aire. 2275
¿Dónde está el placer de vivir? Tan sólo unas horas 2276
en una larga enfermedad. Nos prepara para el descanso, 2277
para soportar las molestias. No te pido conocer 2278
cómo sobrevino mi muerte, tan sólo que me encomiendes 2279
a Delio. 2280
BOSOLA
¡Oh funesto suceso!
ANTONIO
Y haced que mi hijo escape de las cortes de los príncipes. 2281
([Muere Antonio.])
BOSOLA
Diríase que tú estimabas a Antonio. 2282
CRIADO
Aquí le traje
para que se reconciliase con el Cardenal. 2283
BOSOLA
No te voy a pedir que lo hagas. 2284
Toma este cuerpo, y si en algo aprecias tu vida, 2285
llévalo donde Lady Julia solía alojarse. 2286
Avanza rápido mi destino. 2287
Ya tengo al Cardenal en el yunque: 2288
ahora lo someteré al martillo. Nefasto error ha sido este. 2289
No quisiera ahora imitar proezas, 2290
ni infamias. Yo mismo pondré el ejemplo. 2291
¡Ea, muévete! Y asegúrate de respetar con tu silencio 2292
a quien llevas en tus brazos. 2293
([Salen.])

Escena v

([Entra el Cardenal leyendo un libro.])
CARDENAL
Hay una cuestión acerca del infierno que me tiene intrigado. 2294
Este autor nos dice que en el averno existe un fuego material, 2295
el cual, no obstante, no quema a todos los hombres por igual. 2296
Dejémoslo estar. ¡Qué tedioso tener una conciencia culpable! 2297
Cuando he mirado esta tarde en los estanques del jardín de palacio, 2298
me ha parecido ver algo armado con un estoque, 2299
y dispuesto a acuchillarme. ¿Quién va? Por fin llegaste. 2300
([Entran Bosola y el Criado portando el cuerpo de Antonio.])
Tienes muy mal aspecto. 2301
Hay en tu rostro muestras de una gran determinación, 2302
unida al miedo. 2303
BOSOLA
Ojalá ilumine mis actos,
pues he venido a mataros. 2304
CARDENAL
¡Auxilio! ¡A mí la guardia!
BOSOLA
No os engañéis. 2305
No pueden oír vuestros gritos. 2306
CARDENAL
Detente. Repartiré mi fortuna contigo. 2307
BOSOLA
Vuestras oraciones,
así como vuestros ofrecimientos, llegan a destiempo. 2308
CARDENAL
¡Llama a la guardia! ¡Traición! 2309
BOSOLA
Os he cortado la huida.
Podéis ir hasta la alcoba de Julia, 2310
pero no más lejos. 2311
CARDENAL
¡Socorro! ¡Traición!
([Entran Pescara, Malateste, Rodrigo y Grisolán arriba].)
MALATESTE
Escuchad. 2312
CARDENAL
¡Venid a rescatarme! 2313
RODRIGO
¡Bah! Está fingiendo.
MALATESTE
Pero no es el Cardenal. 2314
RODRIGO
Sí, es él, sin duda.
Mas prefiero verlo ahorcado que ir en su ayuda. 2315
CARDENAL
¡Me han tendido una trampa! ¡Me atacan! Me van a matar 2316
si no venís en mi ayuda. 2317
GRISOLÁN
¡Qué bien que actúa!
Pero no voy a permitirle reírse de mi honor. 2318
CARDENAL
¡Me van a cortar el cuello! 2319
RODRIGO
No gritaríais tanto si así fuese. 2320
MALATESTE
Vayámonos. Volvamos al lecho. 2321
Eso mismo nos dijo que hiciéramos. 2322
PESCARA
Era su deseo que no acudiéramos en su ayuda. 2323
Mas creedme, por su voz no parece ser mofa. 2324
Por si acaso, bajaré hasta él 2325
y forzaré la puerta. 2326
([Sale.])
RODRIGO
Vayamos a verlo desde la distancia.
Veréis cómo se mofa el Cardenal de él. 2327
([Salen.])
BOSOLA
Tú has de ser el primero. 2328
Así no podrás desatrancar la puerta para que acudan 2329
en su auxilio. 2330
([Bosola mata al Criado.])
CARDENAL
¿Qué motivos tienes para querer matarme? 2331
BOSOLA
Mirad eso.
CARDENAL
¡Antonio! 2332
BOSOLA
Muerto a mis manos, sin yo quererlo ni saberlo.
Rezad ahora, Eminencia. Mas apresuraos. Cuando matasteis 2333
a vuestra hermana, le quitasteis a la justicia su equilibrio, 2334
y ahora no le queda más que la espada. 2335
CARDENAL
Tened piedad de mí.
BOSOLA
Ahora parece que toda vuestra grandeza era tan sólo fachada. 2336
Os estáis desmoronando mucho más deprisa que la calamidad 2337
os pudiera arrastrar. Basta ya, se acaba el tiempo. ¡Tomad esto! 2338
([Acuchilla al Cardenal.])
CARDENAL
Me has herido... 2339
BOSOLA
Una vez más.
([Acuchilla al Cardenal otra vez.])
¿Voy a morir como un conejo
sin oponer resistencia? ¡Auxilio! ¡Ayudadme! 2340
¡Me matan! 2341
([Entra Fernando.])
FERNANDO
¿Sonó la alarma? Dadme un caballo que esté fresco. 2342
Formad la vanguardia, o perderemos la batalla. 2343
¡Rendíos! Os daré el honor de las armas: 2344
sacudiré mi espada sobre vos. ¿Os rendís? 2345
CARDENAL
Ayúdame. Soy yo, tu hermano, el Cardenal. 2346
FERNANDO
¿Me habla el diablo?
¿Lucha mi hermano en el bando contrario? 2347
([Fernando hiere al Cardenal, y en la refriega, hiere mortalmente a Bosola.])
Ahí tienes tu rescate. 2348
CARDENAL
¡Oh, justicia!
Sufro ahora por todo lo que he consumado. 2349
El dolor es el primogénito del pecado. 2350
FERNANDO
¿Sois ahora hombres valerosos? Sabed que César mismo corrió peor suerte que Pompeyo, pues César murió en los brazos de la prosperidad, en tanto que Pompeyo lo hizo a los pies de la desgracia. Vosotros, en cambio, morís en el fragor de la batalla. El dolor no es apenas nada. Las más de las veces, el dolor desaparece cuando tenemos un sufrimiento mayor, así como se desvanece un dolor de muelas tan pronto llega al barbero que vino a arrancárnosla. Aprende, ésta es buena filosofía...
BOSOLA
Mi venganza es ahora perfecta: postraos, 2351
vos, causa de mi perdición. Los momentos finales de mi vida 2352
van a resultar ser los más útiles. 2353
([Bosola hiere de muerte a Fernando.])
FERNANDO
¡Ay! Traedme heno fresco, que pierdo el resuello. 2354
Este mundo, a mi parecer, es una perrera: 2355
rebasaré las expectativas y gozaré de grandes placeres 2356
más allá de la muerte. 2357
BOSOLA
Parecéis recobrar la cordura
ahora que estáis tan cerca del final. 2358
FERNANDO
¡Hermana! ¡Oh, mi hermana! Ella fue la causa. 2359
Sea por ambición, por la sangre o la lujuria, 2360
como el diamante, el corte que nos mata lo hacemos nosotros. 2361
([Muere Fernando.])
CARDENAL
Tú también tienes ya tu pago. 2362
BOSOLA
Lo sé. Mi alma, aunque cansada, se afierra a las palabras. 2363
Estoy presto a partir. Me sabe a gloria que vos, 2364
que cual enorme pirámide se mantuvo 2365
sobre una noble e inmensa base, 2366
acabéis como su punta, como la nada. 2367
([Entran Pescara, Malateste, Rodrigo y Grisolán.])
PESCARA
¿Qué os sucede, Eminencia? 2368
MALATESTE
¡Oh, qué funesto suceso!
RODRIGO
¿Por qué ha ocurrido esto? 2369
BOSOLA
Por venganza. He vengado a la Duquesa, quien fue asesinada 2370
por sus hermanos. También a Antonio, muerto 2371
por mi mano. A la lasciva Julia, 2372
envenenada por este hombre. Y por último, a mí mismo, 2373
que mero actor fui aunque en el centro de sus disputas, 2374
aun en contra de mi buen carácter, y al final 2375
menospreciado. 2376
PESCARA
¿Cómo os halláis, Eminencia?
CARDENAL
Cuidad de mi hermano.
Fue él quien nos causó estas heridas, mientras nosotros 2377
forcejeábamos. Os lo ruego, dejadme reposar, 2378
y que nadie haga memoria de mí. 2379
([Muere el Cardenal.])
PESCARA
Funesta ha resultado ser su negativa a recibir 2380
auxilio. 2381
MALATESTE
Y tú, desdichado, aunque ensangrentado estás, 2382
dinos cómo encontró Antonio su muerte. 2383
BOSOLA
Fue en la confusión. No sé cómo llegó a ocurrir. 2384
Fue un desconcierto como los que tantas veces he visto 2385
en las obras de teatro. Ya muero. 2386
Somos tan sólo muros sin vida, criptas abandonadas, 2387
que una vez en ruinas, no damos eco. Adiós. 2388
Puede que sienta dolor, mas no me duele morir 2389
en tan noble combate. ¡Oh lúgubre mundo! 2390
¿En qué penumbra, en qué oscuro pozo vive 2391
el hombre, ser pusilánime y temeroso? 2392
Que jamás sucumban las nobles ideas a la desconfianza, 2393
para morir o sufrir la vergüenza por una causa justa. 2394
Mi viaje es muy distinto. 2395
([Muere Bosola.])
PESCARA
Al llegar a Palacio, el noble Delio 2396
me alertó de la presencia de Antonio, y me mostró 2397
a un apuesto muchacho, su hijo y heredero. 2398
([Entran Delio y el hijo de Antonio.])
MALATESTE
¡Oh, milord! Llegáis tarde. 2399
DELIO
Eso me han dicho:
me preparé para esto antes de venir. Hagamos 2400
noble uso de esta desgracia, y unamos nuestras fuerzas 2401
para restablecer a este joven caballero 2402
con las potestades que de su madre recibe. Estos infortunados nobles 2403
que aquí yacen no dejan tras de sí mayor huella de fama 2404
que la que deja uno al caer sobre un terreno helado. 2405
Tan pronto brille el sol, se desharán su forma 2406
y su materia. Siempre ha sido mi parecer 2407
que la naturaleza no hace mejor para los hombres grandes 2408
que cuando los hace valedores de la verdad. 2409
Una vida íntegra es la mejor ayuda al buen nombre, 2410
el cual, tras la muerte, corona con nobleza nuestro fin. 2411
([Salen.])