Lope de Rueda

Comedia llamada de Los engañados

Gl'Ingannati

Lope de Rueda, <<Comedia llamada de Los engañados>> , en <<Las cuatro comedias>> , editado por Alfredo Hermenegildo, Madrid, Cátedra, 2001.

Joan Oleza Simó (Investigador principal) FaltaTraductor (Traductor) Hermenegildo, Alfredo (Editor de la edición crítica) Romeu Guallart, Luis María (Editor digital)

Español · Prosa

Con correcciones a cargo de Guillermo Carrascón.

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Comedia llamada de los engañados

muy graciosa y apazible, compuesta por Lope de Rueda.

ARGUMENTO DEL AUTOR

Si nos prestáis atención, generoso auditorio, oirán un veríssimo y no menos agradable acontescimiento que, onze o doze años después que Roma fue saqueada, acontesció con Verginio, ciudadano d'ella. Fue, pues, el caso que, habiendo este Verginio perdido gran suma de bienes y hazienda en el saco y juntamente un hijo de edad de seis años, con Lelia, su hija, nascidos los dos de un mismo parto, se vino a vivir aquí a Módena, la cual ciudad representa este teatro, a do Lauro, gentilhombre, de Lelia se enamora. Verginio, por hazer cierto camino a Roma, a su hija en un monesterio deposita. Vuelto, Gerardo, familiar y amigo suyo, dotándola con gran suma de dineros, a Lelia por muger se la pide y el padre se la concede. Lelia, sabiendo en el monesterio que, por la ausencia suya, su querido Lauro de Clavela, hija de Gerardo, anda enamorado, en hábitos de hombre determina salirse y, llamándose Fabio, con su amante por paje se deposita. Aquí cesso, señores, dexando de contar cómo el hijo perdido en Roma, llamado Fabricio, llega a este pueblo y, por ser tan semejante a Lelia, su hermana, los engaños que sobre ello suceden. Sé que se holgarán en estremo vuessas mercedes, si están atentos. Y queden con Dios. <<Et valete>> .
VERGINIO padre de Lelia
GERARDO padre de Clavela
MARCELO amo de [Lelia]
LELIA en forma de paje llamado Fabio
CLAVELA dama
PAJARES simple
LAURO caballero
CRIVELO lacayo
FRULA mesonero
FABRICIO hijo de Verginio
QUINTANA ayo de Fabricio
SALAMANCA simple de Fabricio
JULIETA moça
GUIOMAR negra

SCENA PRIMERA

(INTERLOCUTORES: VERGINIO, padre de Lelia.—GERARDO, padre de Clavela.—PAJARES, simple.—MARCELO, amo de Lelia)
GERARDO
¿Paréscete, Verginio, ser tiempo de darse conclusión en aquel concierto que ya otras vezes tú y yo hemos comença[do] a texer?
VERGINIO
Señor Gerardo, no tengas pensamiento que esté yo con menos congoxa que tú podrás tener por no haber dado fin en un negocio que para cada uno de los dos tan desseado tenemos; mas no debes maravillarte, pues sabes que mi ausencia no ha dado lu[gar] a que con más brevedad se efetuasse.
GERARDO
Mira, señor Verginio. Si, como yo he muchas vezes imaginado, no te hallas a tiempo ni con dineros para comprar atavíos a tu hija o para otras cosas que a este efeto conviene, dímelo, que de los que yo tuviere, te prestaré de muy buena voluntad.
VERGINIO
Yo te lo agradezco, aunque por agora no faltan, señor.
GERARDO
Créolo en verdad, pero dime, de gracia: ¿sabes si tu hija Lelia está en el monesterio?
VERGINIO
¡Guárdenos Dios, señor! Pues, ¿adónde había de estar, habiéndola yo dexado por mi propia mano en compañía de otra prima mía que en el mismo monesterio ha hecho professión? Mas dime, señor, ¿a qué efecto me lo preguntas?
GERARDO
No creas, señor, que lo pregunto sin causa.
VERGINIO
¿Cómo?
GERARDO
Yo, señor, te lo diré. Has de saber que, mediante el tiempo de tu ausencia, yo envié dissimuladamente a saber d'essas señoras monjas si tu hija estaba en el monesterio, lo cual he sabido por cosa muy cierta que no está allá dentro, sino que anda acá fuera.
VERGINIO
Pues ten entendido, señor Gerardo, que, si esso han dicho las monjas, no es sino por hazer a mi hija que profesasse, porque assí las unas como las otras he sabido yo que le han cobrado grandíssima afición.
GERARDO
Bien lo creo.
PAJARES
¿Cuál volver? ¡Juro al cielo de Dios allá no vuelva, aunque me lo manden y sopriquen saludadores a pies descalços y aunque vengan en cueros!
MARCELO
Aguardad, doñ'asno, que yo os haré dezir de no cuando os mandaren la cosa.
PAJARES
¿Asno? ¿Parésceos bien cuál habéis parado la caña con que la otra hazía la cama? Agora hará la cama con los dedos.
VERGINIO
¿Qué's aquesto, Pajares? ¿Cómo sales ansí? ¿Qué ropas son essas?
PAJARES
Las basquinas de la señora Lelia.
VERGINIO
¿Quién te las vistió?
PAJARES
Yo me las vestí.
VERGINIO
¿Para qué?
PAJARES
Estásse lavando mi sayo.
VERGINIO
¿Para qué se lava tu sayo?
PAJARES
Embarréme anoche.
VERGINIO
¿Adónde?
PAJARES
En el soterraño.
VERGINIO
¿Cómo?
PAJARES
Caí. ¿Hay más, son que caí?
VERGINIO
Cayó el asno, cayó.
PAJARES
Yo caí, yo, que hombre soy yo para caer cincuenta vezes muy mejor que vos.
VERGINIO
Ora no hay quien te entienda.
PAJARES
¿Diz que no hay quien me entienda? Espere vuessa merced, que yo le cogeré a las palabras. ¿Qué está a la entrada de la escalera junto al soterraño, al rincón?
VERGINIO
Ya, ya te entiendo.
PAJARES
Pues ahí, mal punto, caí, hablando con reverencia, y casi medio de boca.
VERGINIO
Pues, ¿cómo dezías que te habías embarrado?
PAJARES
Pues díxelo por afeitar el vocabro, que mejor dixera encer[...]ado o alquitrado, que no embarrado.
VERGINIO
Mas, ¡qué bueno estarías para retratar!
PAJARES
Yo le diré a vuessa mercé qué tal, que me dezían que parescía calabaça en conserva o milanazo con liga.
VERGINIO
Y agora, ¿por qué reñíades? Dezíme, ¿Marcelo?
PAJARES
Porque quería el señor amo con todo su seso que le fuesse yo acompañando de calle en calle hecho marigalleta.
GERARDO
¿No era razón?
PAJARES
No en verdad, señor desposado.
VERGINIO
Pues amo, ¿dónde queríades ir?
MARCELO
Señor, quería llegarme a Sancta Bárbara por aquella moça y roguéle a este asno que, pues estaba ansí, se reboçasse y tomasse un manto porque me fuesse acompañando y traxesse no sé qué baratijas que Lelia tiene en el monesterio. Y porque se lo mandé, nos ha querido hundir la casa a vozes.
PAJARES
¿Yo hundir la casa a vozes? Enteríssima sé que está. No me hubiéssedes vos más aína hundido las costillas a garrotazos.
VERGINIO
Pues, Pajares, ¿qué más bien querías que venir acompañando una dama?
PAJARES
¡Ande d'ahí! ¿También haze vuessa merced de las suyas como hijo de madre?
VERGINIO
¿Yo? ¿Cómo?
PAJARES
¿Paréscele a vuessa merced que, si topa por ahí el hombre con alguno del Almendralejo, que irán buenas nuevas a mi padre?
VERGINIO
Por cierto muy malas.
PAJARES
¿Qué nuevas?
VERGINIO
¿Qué me sé yo de lo que tú te piensas?
PAJARES
Yo le diré: que piensa el otro qu'es el hombre majano o sayalero y dille han que ando hecho santera o dama de forja.
GERARDO
Señor Verginio, yo me entro. Y en ess'otro negocio, lo dicho, dicho. Y en lo que toca al dote, a lo concertado me remito.
VERGINIO
Señor, a la mano de Dios. Ya vee que no se entiende en otra cosa.
GERARDO
Muy bien, señor.
VERGINIO
Marcelo, ya viste a Gerardo cómo estaba h[a]blando conmigo sobre el casamiento de mi hija Lelia. Por esso, abreviá en ir por ella, porque se efetúe. Y daréis de mi parte a essas señoras mías mis besamanos.
MARCELO
(¡oh, desdichada de ti, Lelia!)
VERGINIO
Ya yo lo veo. Mas, ¿qué queréis que haga, pecador de mí? Ya veis en cuánto estremo van hoy día las cosas del mundo, y este negocio viéneme a mí muy a cuenta.
MARCELO
¿Cómo muy a cuenta?
VERGINIO
Yo os lo diré. Está concertado que yo le dé a mi hija Lelia por muger, dotándomela en mil florines de su propia moneda, con tal condición que, si mi hijo paresce dentro de cuatro años, le case con su hija Clavela, dotándola en la misma cantidad.
MARCELO
Bien está, señor, pero yo más querría un rato de contentamiento que cuantos tesoros hay en el mundo. Pero yo me voy, que se haze tarde.
VERGINIO
Pues, amo, id y mirad que no vengáis sin ella.
MARCELO
Pierda cuidado.
PAJARES
Pues yo, amo, quédome.
MARCELO
Quédate con mal año que te dé Dios.
PAJARES
Para vos ser bueno, amo, mal habláis.
VERGINIO
Éntrate conmigo, tontazo.

SCENA SEGUNDA

(INTERLOCUTORES: MARCELO, amo de Lelia.— LELIA, en forma de paje, llamado Fabio.)
MARCELO
¿Habéis mirado el devaneo d'estos viejos podridos? Que querría reírme, sino que me falta la gana, que es lo mejor. No en balde dizen que muy muchas vezes los viejos se tornan a la edad primera. Mas, ¿qué digo? , ¿qué's lo que veo? En verdad que si Lelia no estuviera en el monesterio, que jurara que era ésta que aquí viene en hábito de hombre. Pero ¿qué digo? Que no es otra, por mi fe.
LELIA
¡Oh, pecadora de mí, que aun hasta esto me ha de ser la fortuna contraria! ¿Por qué calle me esconderé, que ya me ha visto el amo de casa de mi padre?
MARCELO
¡Lelia!
LELIA
¡Amo!
MARCELO
¿Qué's aquesto, Lelia? ¿Qué hábito es esse? ¿Por ventura es este el monesterio donde assí tu padre como todos pensamos tenerte recogida? Háblame. ¿De qué enmudeces?
LELIA
Señor amo, a quien con más razón debría yo llamar padre, no os debéis de maravillar verme en el hábito que me veis, que, sabida por vos la ocasión, bien cierta estoy que no seré culpante de mi atrevimiento.
MARCELO
No me digas tal, que, temblándome están las carnes, si el viejo alcançasse a saber esto, por estar como estamos en víspera de darte un marido muy honrado. Por tu vida, ¿no me dirás qué locura ha sido aquesta?
LELIA
Señor, como fortuna, amor y mi mala suerte, todos tres se han conformado contra mí...
MARCELO
¿Cómo contra ti?
LELIA
Bien tendréis en la memoria cómo, cuando por nuestros pecados Roma fue saqueada, allí mi padre, juntamente con un hermano mío, la mayor parte de su hazienda dexó perdida. Y aunque la pérdida no fue pequeña, la de mi hermanico es la que a mi padre más sin plazer le haze vivir.
MARCELO
Por cierto, no paresce sino que fue ayer y, a buena fe, que son passados buenos diez años, diez, y que les podríamos bien echar onze.
LELIA
Que dexemos estar los años que corren como viento y aun con más presteza.
MARCELO
Prosigue.
LELIA
Pues viniéndose mi padre a vivir aquí a Módena, yo, por mi mal, vi a Lauro, gentilhombre d'esta ciudad, el cual, conversando la casa de mi padre, de mí se enamoró. Y quiso Dios y mi suerte que con la misma moneda le pagasse, rescibiendo de mí todos aquellos honestos favores que a mi recogimiento fueron lícitos.
MARCELO
Muy bien sé todo esso.
LELIA
Y por depositarme mi padre en el monesterio con intención de ausentarse, pensando en Roma cobrar algo de su perdida ropa, nunca Lauro de mí tuvo acuerdo, antes he visto que de Clavela, hija de Gerardo, donzella hermosa y rica, excessivamente se ha enamorado.
MARCELO
Ora mira, Lelia. Dexemos de traer a la memoria historias passadas, sino anda acá a mi possada y cambiarás essas ropas, que hágote saber que tu padre ya es vuelto de Roma y me envió por ti y no salí a otra cosa de casa si no es a llevarte.
LELIA
Déxeme concluir.
MARCELO
Di, pues.
LELIA
No tuve otro remedio, después que mi padre en Sancta Bárbora me dexó, sino descubrirme a Candia, la monja tía mía, el grande afán que por la ausencia de Lauro yo passaba. La cual determinó de enviarle a llamar y trabar pláticas con él, porque a negocios que él tenía con las monjas solía venir.
MARCELO
Di, que bien te entiendo.
LELIA
Acaesció, pues, un día que, de habérsele muerto un paje suyo, venía el más afligido hombre del mundo y dezía que, si Dios otro tal le deparasse, que no se trocaría por otro de mayor estado. Y en verdad os digo que, sin otra consideración, inferí salirme del monesterio y serville de paje en el hábito que me veis, en el cual he procurado agradalle con cuanto estremo he podido y le sirvo de cada día.
MARCELO
¿Hay tal cosa en el mundo? ¿Y agora qué piensas hazer?
LELIA
Sola una cosa quiero de vos.
MARCELO
¿Y es?
LELIA
Que entretengáis a mi padre por espacio de algunos días, diziéndole que yo y mi prima y otras monjas hazemos ciertas devociones.
MARCELO
Pues ¿qué piensas hazer en esse tiempo?
LELIA
Yo lo diré. Clavela, querida de Lauro, tiene entendido que yo sea hombre y le he parescido bien. Yo, viéndola tan aficionada, hele dicho que, si Lauro no pretende olvidar y aborrescer, que no espere de mí tan sola una buena palabra..
MARCELO
¿Y crees tú esso que lo hará?
LELIA
Todo lo podría rodear fortuna. Mas por agora perdóname, que no sé quién viene allá, que a la tarde seré en vuestra possada y hablaremos más largamente.
MARCELO
Pues mira que no dexes d'ir. Cata que te quedo aguardando.
LELIA
Pierde cuidado, señor, que luego doy la vuelta. Adiós.

SCENA TERCERA

(INTERLOCUTORES: GERARDO, padre de Clavela.— GUIOMAR, negra. — CLAVELA, dama. —JULIETA, moça.)
GERARDO
¡OH, válame Dios, y cuán averiguada cosa es al hombre que negocios de importancia tiene, no poder reposar, especialmente yo, que, después que hablé a Verginio sobre tomar por muger su hija Lelia, paresce que no traigo juizio de hombre! Y este Verginio es tan espacioso que, según lo desseo, dudo veré tiempo llegado. Agora yo me quiero llegar hazia su estancia a dalle otro tiento como que voy a otra cosa. Mas primero es menester advertir a mi hija Clavela a que, si acaso viniere a demandar de mí, que le digan que en casa de Milán Muñoz, el tendero, me hallarán.
GUIOMAR
Ya vo, siñor. ¡Jesú, Jesú! ¡Líbramela Dios de la diabro!
GERARDO
Dezí. ¿Téngome de quebrar la cabeça primero que respondáis? ¿Qué hazíades allá dentro, dueña?
GUIOMAR
¿Esso me lesí, siñor, delante de la honras de mi caras? ¡Farta de la fazendas tenemo que faser!
GERARDO
¿Qué haziendas son las vuestras, señora?
GUIOMAR
¡Ay, siñor Jesún Crisso! ¿Qué fazendas me lo pides? Primero por la mañanas, ¿no barremo la casa? En apué, ¿no ponemo la oya? En apué, ¿no paramo la mesa? En apué, ¿no fregamo la cudeya y la pratoz?
GERARDO
Bien.
GUIOMAR
En apué, ¿no me manda siñora Clavela que colamo la flor de la cucucena?
GERARDO
De açucena, diablo, que esso pienso que querrás dezir.
GUIOMAR
Sin siñor, y de xamín y de monqueta para adobar aquele guante que le tiene comendaros.
GERARDO
¿Pues agora se le ha antojado esso?
GUIOMAR
Anagoras, siñor, y dízime siñora Clavela: «Callan, fija Guiomá, aprender ben a colar la flores, que yo te prometes cuando san francas que te casamo con un mequero de aquesse que adoba la guante.»
GERARDO
¿Qué's aquesso de casar? Qué, ¿ya no quieres ser monja?
GUIOMAR
No, siñor, que ya tenemo un prima mía contrita na religiona monja priora nabadessa ayá en mi terra de Manicongo muy honradas. Yo, siñor, queremos muntipricar a mundos.
GERARDO
¡Sus! Basta que sepamos tu intención, que hablarse ha por más espacio sobre esse negocio. Y entra allá dentro y llama a mi hija Clavela, que se pare a la ventana, que le quiero hablar.
GUIOMAR
Que me plazer, siñor, sin que me la mandas.
GERARDO
Anda, ve.
GUIOMAR
¡Siñora, que lesir siñor!
CLAVELA
Assí, ¿qué's lo que dize?
GUIOMAR
Que vosa mercé que pare ventana, que queremo fablar con eya.
CLAVELA
¿Que me pare a la ventana? Corre, Guiomar, y dile que no puedo, que estoy acabando aquella gorguera de priessa, y que te diga a ti qué's lo que quiere.
GUIOMAR
Anda, siñora, dalen diabro aquesan movadiya. Turo día, turo día trabajar, ¡nome la Padre, la Fiyo, la Santo, amén!
CLAVELA
Aquí a la puerta le hablaré. ¿Para qué me he de encaramar por las ventanas?
GERARDO
No, cosa ninguna, hija; que, si os envié a llamar, no fue más sino por no decillo a essa lengua de tordo. Por vida vuestra, que si viniere Verginio, padre de Lelia, a demandar por mí, que le digáis que en casa de Milán Muñoz, el tendero, me hallará. No lo echéis en olvido, que es cosa que importa.
CLAVELA
Pierda cuidado.
GERARDO
Si a tu señora se le olvidare, acuérdaselo tú, Guiomar.
GUIOMAR
Que me plazer, siñor. ¿No dize en casa malaños terar Dios entero?
GERARDO
Essos sean para ti, perra.
CLAVELA
Déxela, señor, que yo me acordaré d'ello. Vaya en buena hora.
GUIOMAR
Como tú la quieres, siñora, mi álima, la coraçón.
CLAVELA
Entra allá, por tu vida, y tráeme mi almohadilla, y entretanto que estoy acabando no sé qué, saca tu rueca, porque me estés aquí acompañando.
GUIOMAR
Fazémolo como lo mandas por ciertos.
CLAVELA
¡Oh, vida triste y trabajosa! Ninguna cosa hay en ti que de seguridad pueda tener renombre. ¿Traes, di?
GUIOMAR
Toma, cátala ahí tu almovadilla, siñora.
CLAVELA
Muestra acá y llámame essa rapaza que me saque aquí un assiento.
GUIOMAR
¡Chuchuleta, machacha!
JULIETA
¡Ay, amarga de mí! ¿Y qué diablo me quiere allá fuera la cara de carbón de breço?
CLAVELA
¡Ah, señora Julieta! ¡Ah, dueña! ¿No salís?
JULIETA
Sí, señora. Heme aquí. ¿Qué manda?
CLAVELA
¿Qué hazíedes allá dentro, picuda?
JULIETA
¡Sí, picuda! ¿Qué había de hazer?
CLAVELA
Sácame aquí un assiento y dexaos de reçongar.
JULIETA
Sí, por cierto. ¿Y todo esso era? ¡Que no podía traello la cucaracha de sótanos, sino muy al lado con su señora!
GUIOMAR
Anda, ofrézcot’an diabro. Trae aquí un par de movadiyas en que sentar siñora.
JULIETA
Pues agradeceldo a quien está delante, que en buena fe que quiçá...
CLAVELA
¡Bien! ¿Qué's lo de quiçá? Pues si yo arrebato un varapalo, por ventura os pondré quiçá en paz.
JULIETA
¿Pues por qué consiente vuessa merced que me deshonre delante d'ella esta cara de párago por remojar?
GUIOMAR
¡Mírame la salmandera! ¿Ha viso qué pantasía tiene, cara de singorgüença?
JULIETA
¡Oíxte, mi duelo! ¿Para quién han de tener vergüença? ¿Quién es ella? ¡Assí la arrastren!
CLAVELA
¿Callaremos? ¡Ea! Tengamos la fiesta en paz, si os pesa. Calla tú, Guiomar.
GUIOMAR
¡Jesú, Jesú! ¿No mira vosa mercé que proguntar quín sa yo? Mira. mira fija, ya saber Dios y tora lo mundo que sar yo sabrina na Reina Berbasina, cuñados de la marqués de Cucurucú, por an mar y por a tierras.
JULIETA
Sí, sí, no le ronquéis.
CLAVELA
Calla, rapaza. ¿Y reina era tu tía, Guiomar?
GUIOMAR
¡Ay, siñora! ¿Pensar vosa mercé que san yo fija de alguno negra de par ahí? Ansí haya bono siglo álima de doña Bialaga, siñora.
CLAVELA
¡Gentil nombre tenía para dalle buen siglo!
GUIOMAR
Sí, siñora, doña Bialaga yamar señora mi madre, y siñor mi padre Eliomor. Cuenta que quiere desir don Diegoz.
JULIETA
Mirá cómo queréis essos bledos. ¡Qué gentiles nombres para un podenco!
GUIOMAR
Por esso primer fijo que me nacer en Potugal le yamar Diguito, como siñor su saragüelo.
CLAVELA
Su agüelo dirás.
GUIOMAR
Sí, siñora, Su sabuelo.
CLAVELA
¿Hijo tienes, Guiomar?
GUIOMAR
¡Ay, siñora! No me lo mientas, que me faze lágrima yorar. Téngolo, siñora, la India le San Joan de Punto Rico. Y agora por un mes la goso m'escribió un carta a que la ringlonsito. ¡Tan fresco como un flor de aquele campo! ¡Ay, entraña la mía, fijo mío!
JULIETA
Tan desatinada y tan borracha me venga el bien.
GUIOMAR
¿Quín sa borracha, Chuchuleta? ¡Ay, mandaria, mandaria! ¡Plégata Dios que mala putería te corra y no veas carralasolendas!
CLAVELA
¡Ay, amarga, qué carnestoliendas y qué mal pronunciadas!
JULIETA
¡Mal corrimiento venga por ti, amén!
GUIOMAR
Andá, putiñas medrosas, no es mi honras tomame contigos.
JULIETA
¡Mire qué fantasía! Pues callá, doña negra, que agora ha mandado su Alteza que a todos los negros y negras hagan pólvora.
GUIOMAR
Cagajón paral merda, tomá pala vos y a mandamento.
CLAVELA
Y déxala, Guiomar, que es una loca. Si no, dime. ¿Qué es lo que tu hijo te envió a dezir?
GUIOMAR
Aquella mochacho, aquella mi fijo, métemelo a prinsipio de carta diziendo: «Lutríssima madre mía Guiomar, la carta que yo te cribo no e para besamano, sino que sa bono. Bendito sea Rios, loado sea Rios, amén.» ¡Ay! ¡Dios te la preste, fijo de la coraçón y de l'antrañas!
CLAVELA
No llores, Guiomar, no llores.
GUIOMAR
No podemo fazer otro, porque tenemo la trógamo toro, toro, yeno de fatriqueras.
CLAVELA
Bien está. Por tu vida, Guiomar, que nos entremos de presto en el aposento. Y tú [...], Julieta, pornás essa almohada do sabes, que he visto a Lauro assomar por el cabo de la calle.

SCENA CUARTA

(INTERLOCUTORES: LAURO, caballero.— LELIA, en forma de paje, llamado Fabio.)
LAURO
¿Qué te parece, mi Fabio, cuán desgraciados habemos sido? ¿Has visto a qué tiempo tan oportuno veníamos y cómo mi señora Clavela se escondió con tanta presteza?
LELIA
¡Qué quieres que te diga, señor, sino que harto ciego es el que no vee por tela de cedaço! Averiguadamente ella te aborresce por todo estremo.
LAURO
¡Ay, que ya lo veo! Pero dime, mi Fabio, que gozes, y por aquella obligación te conjuro con que a servirme eres obligado, aquessas vezes que a visitar de mi parte has ido, ¿qué semblante te muestra cuando en mi negocio en hablar os ocupáis?
LELIA
¿Qué quieres, señor, que te diga, sino que ninguna vez de ti le hablo que con alegre rostro me vuelva respuesta, como si tú, señor, le hubiesses hecho las mayores injurias y los mayores agravios que a donzella de su suerte hazérsele pudiessen?
LAURO
Pues, ¿qué remedio?
LELIA
Que cambies el propósito y ames en otro lugar, pues tan mal se te paga el amor que muestras tenelle y el afición tan grande con que la sirves.
LAURO
¿Cambiar el propósito? No puedo.
LELIA
Si no puedes, estáte ansí.
LAURO
Ansí lo pienso de hazer.
LELIA
Poco ánimo tienes. Paresce que nunca en tu vida quesiste bien, sino que Clavela fue la primera que tu coraçón començó a sojuzgar.
LAURO
No, ni Dios tal quiera. Antes creo que de haber sido yo ingrato a Lelia, hija de Verginio, romano, la que a ti te paresce en estremo, ha permitido Dios que yo sea pagado con la misma ingratitud.
LELIA
Y dime, señor. Essa Lelia que dizes, ¿es muerta? ¿Cómo dexastes de tener su amor?
LAURO
Muerta, no. Antes después que su padre la ausentó por hazer cierto camino a Roma, nunca más d'ella he sabido, de la cual Lelia yo rescebí en todo aquel tiempo todos los honestos favores que de una generosa y honesta donzella se podían rescebir.
LELIA
D'essa manera, señor, mal le pagas. Parésceme que debrías procurar por ella y tornar en una amistad tan lícita.
LAURO
No es en mi mano.
LELIA
¿Cómo no?
LAURO
Aquesse cómo tampoco lo alcanço, Fabio; antes tengo creído que, de haber inferido Clavela, mi señora, que yo estó aficionado a Lelia, me desama; lo cual, si ello es ansí, que de rabia muera. Y por tanto te ruego, mi fiel criado, cuanto puedo, si mi salud desseas, que, cuando allá vuelvas, le digas que ya no amo a Lelia, como solía, antes huigo de acordarme d'ella, ni aun de oírla mentar, ¿entiendes, mi Fabio?
LELIA
Déxame, señor, que no es nada, sino que yo suelo ser apassionado del coraçón y tómanme a vezes estos desmayos. Y si me das licencia, iréme a la possada, porque ya casi en los pies no me puedo sostener.
LAURO
Pues, hijo, anda en buen hora y mira si es menester otro o que, para remedio de tu mal, algún medio se busque, que no faltará por diligencia.
LELIA
No te cures, señor, que para los males d'esta suerte tarde el remedio se halla.
LAURO
Hijo, vete a la possada y descansa.
LELIA
El descanso tarde lo espero.
LAURO
¿Qué dizes?
LELIA
Digo, señor, que el descansar es muy peor para esta mi dolencia.
LAURO
Pues, hijo, ve y aquello haz con que mejor te hallares y menos para tu salud daño sea.
LELIA
Voy, señor, lleno de desconfiança.
LAURO
Anda, que presto seré contigo, después de haber dado algunas vueltas por esta calle donde mi señora Clavela reside.

SCENA QUINTA

(INTERLOCUTORES: PAJARES, simple.—VERGINIO, padre de Lelia.—MARCELO, amo de Lelia.)
PAJARES
Ora juro al cielo de Dios, mostramo, si yo sé a qué tengo d'ir, ni a qué efeto vuessa merced m'envía. Sé qu'ell'otro ni la otra no son agora tan niños que no sabrán venirse, cuantis más que ya es hora de comer y la mesma hambre los ha de acarrear a casa como a mochachos huidores.
VERGINIO
Mira, Pajares, déxate d'essos preámbulos y cúbrete bien essa capa, que gran tardança es la que hazen y venirlos has acompañando.
PAJARES
¿Qué? ¿No está bien cubrida?
VERGINIO
No. Acaba ya.
PAJARES
Apártese vuessa merced de mi cobridero. Y perdone.
VERGINIO
¿Paréscete que está bien cubierta?
PAJARES
Esso vuessa merced lo dirá, que yo no lo veo ni descubro palmo de tierra.
VERGINIO
¡Oh, mal año te dé Dios, que no te has de saber cubrir una capa! Mira, cuando te la mandaren cubrir, ansí la has de poner.
PAJARES
¿Ansí? Ya, ya. ¿Está bien cubrida? Guarde, ¿qué dize?
VERGINIO
Agora sí. Toma este sombrero.
PAJARES
¿Quién lo ha de tomar?
VERGINIO
¿Diz que quién? Tú lo has de tomar.
PAJARES
¿A porpúsito búrlase conmigo? ¡Hame liado como a costal de arriero y «toma el sombrero»! ¿Con qué mano lo había de tomar? Sé que no tiene maneras ni sacabuches mi capa como balandrán de arcediano.
VERGINIO
¡Asno! ¿Qué? ¿Por aquí baxo no la sabes sacar?
PAJARES
¿Por dónde?
VERGINIO
Por aquí, ¡duelos te dé Dios!
PAJARES
Dize la verdad. Mas, pecador de mí y de vuessa merced, y perdone que los parto por medio, ¿quiere que me ande yo de calle en calle halconeando, dando manotadas como pez que ha caído en garlito, o como mulo de añoria que, dando vueltas al derredor, no halla paradero cierto?
VERGINIO
Ganosa está la bestia de comparaciones.
PAJARES
Bastián de Pajares me llaman, señor, para cuanto mandare.
VERGINIO
Pues lo que te mando no es sino que vayas al monesterio de Sancta Bárbora.
PAJARES
¿Y para qué a Sancta Bárbula? ¿Quiere que diga la sancta que voy disfreçado escudriñándole los rincones de casa?
VERGINIO
Para que hagas venir presto a mi hija Lelia y al amo Marcelo, viendo que ya es hora de comer.
PAJARES
Y an d'esso, mal punto, estoy corrido.
VERGINIO
¿Por qué estás corrido?
PAJARES
Porque a las horas de comer me lança de casa, como a los moços de los carniceros la Cuaresma.
VERGINIO
Pues, tonto, ¿piensas tardar allá?
PAJARES
¿Pues no tengo de tardar yendo a pie como yo voy?
VERGINIO
D'essa manera razón tiene su merced. Entre en la possada y ensille un poyo d'essos en que vaya caballero.
PAJARES
¿Un poyo?
VERGINIO
¿Dónde vas?
PAJARES
A ensillar un poyo como mandó.
VERGINIO
Pues, animal, ¿el poyo se ha de menear?
PAJARES
Pues esso es lo que me cumpre, porque nunca salgamos de la possada.
VERGINIO
¿Sabes tú, inocente, si tengo yo alguna cabalgadura en casa?
PAJARES
¿Quién le demanda cabalgadura? Cabalga blanda me diesse vuessa merced, que cabalga dura ni grado ni gracias.
VERGINIO
¿Qué's cabalga blanda?
PAJARES
Un rollo o rosca de aquellos que han amasado hoy, porque vaya caballero mi estrógamo. Y, a necessidad, un buen mendrugo de pan en las manos es bueno, por no ir hombre pensando en mal mi murmurar de nadie.
VERGINIO
¡Cata, cata! ¿Que todo esso era la caballería y el retoricar? Al fin no podías parar sino en cosas de comer.
PAJARES
¿No ve vuessa merced que dize el cura de nuestro pueblo: «Pedid y daros han», y que todos los buenos con pan son duelos?
VERGINIO
Pues yo os prometo, don asno, que si apaño un garrote, que yo os haga ir presto.
PAJARES
No me prometa vuessa merced cosa ninguna, qu'esso de garrote no es cosa que me conviene por agora.
VERGINIO
Primero vernán los otros qu'este macho se vaya de aquí. Espera, tomaré lo que digo.
PAJARES
¿Qué os paresce? ¡Espérele el reloix de Guadalupe! — Aguijad, amo Marcelo, pese a la puta de mi cara, que juro a mi, pecador, más esperado habéis sido vos y ess'otra que sereno tras ñublado.
MARCELO
Pues, ¡qué diablos! ¿Tantos ves que venimos? ¿No ves que vengo solo?
PAJARES
¿Solo viene? Cuantis que por la otra cantaba el cuquillo; que, por vos, siquiera no os traxera Dios acá.
MARCELO
Mas que no te hallara.
PAJARES
Señor amo, mostramo es ido por un garrote.
MARCELO
¿Para qué?
PAJARES
Pienso que para engarrotarme.
MARCELO
¿Por qué?
PAJARES
Porque no os iba a llamar. Por vida vuessa que, si traxere garrote y viéredes que me engarrotea, que os metáis en medio.
MARCELO
Que me plaze.
PAJARES
Ya lo trae. Quiérole dezir que ya no es de menester.
VERGINIO
¿Es ya venido? Pues tomá vos, porque vais presto cuando os mandare la cosa.
MARCELO
Paso, señor, paso.
PAJARES
Amo, ¿y el concierto?
MARCELO
Harto le dezía: «Passo, señor.»
PAJARES
Dios se lo perdone.
VERGINIO
Pues, amo, ¿cómo venís sin aquella moça?
MARCELO
Señor, entremos en la possada, que allá daré cuenta de todo como me ha acaescido con aquellas señoras, especialmente con la señora abadessa.
VERGINIO
Vamos.

SCENA SEXTA

(INTERLOCUTORES: FABRICIO, hermano de Lelia.—FRULA, mesorero.—JULIETA, moça.)
FABRICIO
Señor huésped, ya os tengo dicho que, si despertare aquel honrado hombre que en mi compañía viene y por mí os preguntare, que le digáis que soy ido a oír una missa y a ver otras particularidades d'este vuestro pueblo.
FRULA
¿Y a quién queréis que lo diga, señor? ¿Al que paresce abad, el que riñó anoche con el moço sobre el assar de los caracoles?
FABRICIO
A esse mismo.
FRULA
¡Oh, cómo es reñegado, cuerpo non de Dios conmigo! Pues perdonadme, señor, vuestro padre pensé que era.
FABRICIO
Antes le tengo en lugar de más que padre.
FRULA
¿Sois de aquí?
FABRICIO
Romano soy.
FRULA
¿Habéis estado aquí, en Módena, otra vez sin esta?
FABRICIO
En mi vida.
FRULA
Pues catad, señor huésped, que os aviso que vais advertido de la gente d'esta tierra, porque es la más mala que hay en el mundo, en quien hallaréis tantos engaños que os assombrarán. Y vos sois moço. No sería mucho engañaros fácilmente.
FABRICIO
Yo lo agradezco. Mas dezíme, señor huésped, ¿cómo es vuestra gracia?
FRULA
Señor, Frula me llamo. A servicio y mandado de todos los buenos.
FABRICIO
Señor Frula, no me engañarán si yo puedo. Haced lo que os tengo rogado y quedad con Dios.
FRULA
Id en buena hora.
FABRICIO
Por esta calle será bien atravessar. ¡Oh, qué bonita moça! A mí parece que viene encaminada.
JULIETA
¿Qué's esto? ¿Andas de camino, Fabio? ¿Qué hábito es aquesse? ¿Qué's de tu señor?
FABRICIO
(¿Si nos vido anoche llegar de camino y piensa que es mi señor mase Pedro Quintana? No me maravillo, que aun el huésped pensó que era mi padre.)
JULIETA
¿No me respondes?
FABRICIO
Durmiendo queda en el mesón. ¿Por qué lo dizes?
JULIETA
Mesonero es el tiempo. ¿Cómo andas ansí? Medrado parece que has. ¿Hate dado tu amo essa capa?
FABRICIO
¿Mi amo? Mi amo es mi buen dinero.
JULIETA
¿Ya mandáis dineros, Fabio?
FABRICIO
(¡Otro Fabio! Errado me ha el nombre.)
JULIETA
Ganosico vienes de burlas. Anda, ya, ya, mala landre me mate después de muerta, para mí, que, como dizen, soy de Córdoba y nascí en el Potro. Mira que te ha menester mi señora. Ven presto.
FABRICIO
(Bien me dixo a mí mi huésped que era diabólica la gente d'esta ciudad. Ésta debe ser moça de alguna cortesana y, como me vee estrangero, querrá procurar de sacarme algunas blanquillas. Mas quiero conceder con ella, aunque no traigo dos reales cabales.)
JULIETA
Acabemos. ¿Qué hablas entre dientes, Fabio?
FABRICIO
(¡Otro Fabio!)
JULIETA
Fabricio o Fabio, ansí veo que te llama tu amo y mi señora.
FABRICIO
¿Por qué calle iremos?
JULIETA
Por la de Oro. ¡Como si tú no supiesses las calles mejor que yo!
FABRICIO
Sí, mas no me acuerdo ya.
JULIETA
¡Miraldo al desatinadico! ¿Estuviste anoche allá y no atinas? Pues ven conmigo, que yo te adestraré.
FABRICIO
¿Es lexos?
JULIETA
Es el mal dolor que Dios te dé, amén. ¿Hazes del bobo? Sí, sí. Tomaldo a cuestas. Deziros ha mil gracias. Mira, quédate aquí en este cantón, que voy a ver qué haze mi señora, que luego salgo a llamarte.
FABRICIO
¡Mirá si lo dixe yo! ¡Mirá si va la señora a ver si está con alguno su ama! Porque si tal hay, no faltará un achaque con que me despedir; y, si no, ella volverá por hazerme caer con pie derecho. Pues mándole yo que harta mala ventura podrá llevar de mí. Quiérome esconder, que gente viene. No quiero que digan que estoy a puerta de semejante, aguardando tanda, como quien va al horno o al molino a moler.

SCENA SÉPTIMA

(INTERLOCUTORES: VERGINIO, padre de Lelia.— GERARDO, padre de Clavela. — JULIETA, moça. —FABRICIO, hermano de Lelia.)
VERGINIO
¿Qué queréis, señor, que os diga? ¿A quién más que a mí ni con más justa razón debe pesar? Pero dexadme topar con ella.
GERARDO
Y dígame, señor Verginio, ¿tenéis por cosa cierta andar vuestra hija Lelia en el hábito que dezís? ¿Y de quién lo habéis sabido?
VERGINIO
¿De quién? Primeramente lo supe de Marcelo, amo mío, que, habiéndolo yo enviado al monesterio, dixo que allá no estaba. Y también que fui yo en persona a sabello.
JULIETA
¡Jesús, vista soy de mi señor! ¿Volverm'[h]e? No, que será peor. ¡Sus!, que ya la tengo pensada.
GERARDO
Vuelva acá, rapaza. ¿Pensabas que no te habían visto? Di. ¿Do dabas la vuelta, hurona?
JULIETA
Señor, enviábame mi señora Clavela a llamar uno d'estos caxeros, que le quería comprar no sé qué cuentas.
GERARDO
¡Jesú, Jesú, que mentira tan probada! ¡Caxero diz que iba a llamar! Señor Verginio, ¿ha visto atravesar por aquí algún caxero?
VERGINIO
Que, señor, poco haze al caso salga a lo que saliere.
JULIETA
En buena fe, señor, tan claro se oyeron aquellas campanillas que ellos suelen traer, que no dixeran sino «vesme aquí».
GERARDO
Calla, calla, rapaza. Ven acá. ¿Qué haze mi hija Clavela?
JULIETA
Rezando la dexé.
VERGINIO
Tal sea mi vida. Cierto terná mejor juizio que no la mía. Pero, ¿qué digo? Hela, hela, señor, no hay más que dezir. Topado ha Sancho con su rocín. Llégate, llégate, hija Lelia, que conoscida eres.
FABRICIO
¿Lelia? ¡Abernucio! ¡Donosa gente es esta!
GERARDO
Sea bien venida la señora, digo el galán. Por Dios que os está bien esse hábito, que si yo fuesse [...] vos, nunca me lo quitaría.
VERGINIO
¿Qué es aquesso, hija Lelia? ¿Qué passos son estos en que andas? ¿Qué devaneo ha sido aqueste? ¿Qué ropa es essa? ¿Por qué no me hablas? Bien sé yo que sabes hablar.
FABRICIO
¿Dezís a mí, hombre honrado?
VERGINIO
¡Donosa está la respuesta! Di, ¿búrlaste conmigo?
FABRICIO
No tengo yo por costumbre burla[r]me con nadie, especialmente con quien no conozco.
GERARDO
¡Sancto Dios, qué poca vergüença, que aun fingirá no conoscerte! ¡Tomá por ahí! ¡Tené gana de casaros con semejantes!
VERGINIO
Agora, hija Lelia, lo passado sea passado y en lo por venir haya enmienda.
JULIETA
Cata que es el diablo el buey rabón. ¡Lelia diz que se llama el otro!
GERARDO
¿Qué dizes tú, Julieta?
JULIETA
Digo que se engañan en buena fe, señores. Mejor conozco yo este mocito que a mis proprias manos.
VERGINIO
¿Y tú de dónde le conosces?
JULIETA
De mil vezes que l’he visto con su amo.
GERARDO
¿Y cómo se llama?
JULIETA
Fabio. Y Lauro su señor.
VERGINIO
¿Lauro? Dexadme topar con él, que yo le enseñaré si es bien hecho traer a mi hija en semejantes tratos.
FABRICIO
(Por dios, no sé qué me diga. Esta tierra debe ser de bárbaros. El uno me toma por estrangero; el otro por mujer; el otro por paje. No hay quien los entienda.)
VERGINIO
No murmuréis, hija, sino andad acá conmigo a la possada y dad al diablo andar en devaneos ni servir a nadie. Basta que sirváis aquí a vuestro marido.
FABRICIO
¡Por dios, si no tuviesse respeto a las canas honradas, que yo os enseñasse de hablar de otra manera! ¿Qué cosa es marido? ¿Estáis en vuestro juizio?
GERARDO
Passo, passo, cuerpo de mi linage, señora, que no lo tenéis tan acabado. Que si aquí no nos quieren, acullá nos ruegan, como dizen.
VERGINIO
Calle, señor Gerardo, que de alguna cosa debe traer el seso perdido. ¿Qué le paresce que hagamos d'ella?
GERARDO
Señor, lo que a mí me paresce que, pues mi casa es tan cerca, la arrebatemos y la metamos en mi apossento. Y yo haré a mi hija Clavela que se vea con ella, que, quiçá por ser muger como ella, l[a] hará venir a lo bueno y le dará cuenta de toda su mudança.
JULIETA
(¡Muger es el diablo! No verá mi señora Clavela otros mejores toros, que no salí a otra cosa de casa que a llamalle.)
GERARDO
¿Qué rezas, Julieta?
JULIETA
Digo, señor, que a la mano de Dios, qu'es muy bien hecho, que también se holgará mi señora por ser muger como ella.
VERGINIO
Pues alto, señor Gerardo. Echalde mano valientemente como yo.
FABRICIO
Estad quedos, hombres honrados. ¡Por Dios que...!
GERARDO
¿Qué cosa es por Dios? Tené bien, señor, que no se nos vaya.
JULIETA
Déxate llevar, asno, que no te van a echar con leones, sino con la más linda dama que en toda Módena se halla.
FABRICIO
¡Passo, passo, señores, que no pienso deberos nada!
GERARDO
Calla, calla, que allá tienes de ir por fuerça o por grado. Ayuda aquí, Julieta.

SCENA OCTAVA

(INTERLOCUTORES: V[E]RGINIO, padre de Lelia .—GERARDO, padre de Clavela .—JULIETA, moça .—CRIVELO, lacayo .— SALAMANCA, simple .—FRULA, mesonero .—LAURO, caballero.)
VERGINIO
El más contento y satisfecho hombre del mundo salgo de casa, Gerardo, sólo por dexar mi hija Lelia en compañía de la suya.
GERARDO
¿A dónde se puede sufrir un semejante caso y atrevimiento como éste, sino en tierra de Guinea? Yo lo castigaré al ribaldo tacaño según meresce, que cumple más.
VERGINIO
¡Válame Dios! ¡Qu'és aquello?
JULIETA
¡Ay, señor Verginio! Por amor de Dios, que se vaya presto de aquí.
VERGINIO
¡Cómo! ¿Qué ha sucedido?
JULIETA
Ya lo dezía yo, pecadora de mí, que aquel mancebo era Fabio, criado de Lauro, y ellos que no, sino Lelia.
VERGINIO
¿Qué dizes?
JULIETA
Digo que mi señor se está armando con determinación de matar a vuessa merced.
VERGINIO
No hará, hija.
GERARDO
¡Assí que, fiándome yo de un hombre de tanta honra, me haya engañado tan malamente! ¡Ah, don traidor! ¿Y aquí estáis?
JULIETA
¡Ay, señor! Téngase.
GERARDO
Déxame, rapaza.
CRIVELO
Passo, passo, señor Gerardo. Tené un poco de respecto, siquiera por quien está en medio.
VERGINIO
Mirá, buen hombre. Si algo presumís que os debo, dexadme llegar a la possada, que presto daré la vuelta y os responderé como mandáredes.
GERARDO
Andá, que aquí os aguardo.
CRIVELO
Que no es menester nada d'esso, señor Verginio. ¿No sabríamos qué ha sido esto?
VERGINIO
Yo no lo entiendo.
GERARDO
¿Que no lo entendéis?
CRIVELO
Señor Gerardo, por amor de mí que me diga lo que hay o sobre qué es la cuistión, que si es cosa que tiene remedio, aquí está Crivelo que basta a remediarlo todo.
GERARDO
¿Qué remedio puede haber, pecador de mí, que, fiándome yo d'este señor, me engañasse?
CRIVELO
¿De qué manera?
GERARDO
D'esta: que a fuerça de braços me ha hecho poner un mancebo en mi casa que se llama Fabricio.
JULIETA
Que no, sino Fabio, señor.
GERARDO
Sea quien fuere.
CRIVELO
Ya le conozco.
GERARDO
Haziéndome creer que era su hija Lelia.
VERGINIO
Sí que lo es.
GERARDO
¿Aún porfiáis, mal hombre?
CRIVELO
Téngase, señor, y mire quién está delante.
GERARDO
Yo, fiándome d'él, creyendo ser ello assí, púsele en compañía de mi hija Clavela y le he hallado abraçado y besando con ella. ¿Parésceos si ha deshonrado mi casa para cuantos días viviere?
VERGINIO
Restituime mi hija, digo yo, y dexaos de essas francias.
GERARDO
Restituime vos mi honra y no penséis vencerme con palabras.
VERGINIO
Esperadme, pues, aquí.
CRIVELO
¡Vuelta, vuelta, señor Verginio! Señor Gerardo, él se va sin dudar a armar. Quitémonos de aquí.
GERARDO
¿Cuál quitar? Juro a mí, pecador, de aquí no me quite hasta verme persona con persona con él. Veamos a cuánto llega su lança.
CRIVELO
Mejor será que se quite de la calle y no dé que dezir a los vezinos.
JULIETA
Bien dize Crivelo, señor.
GERARDO
Por esse respecto lo quiero hazer.
CRIVELO
Pues, señor, quédese con Dios y éntrese en su casa.
GERARDO
Y vaya con él.
SALAMANCA
Pues, ¿qué diabros tanto madrugoren, que no tuvieron acuerdo de almorçar primero que se huessen, señor huésped?
FRULA
¿Yo no te dixe que no sé más de cuanto el moço salió primero por essa puerta, que el otro como abad fue en su busca?
SALAMANCA
Y dígame, señor mesonero, o bodegonero, o como es su gracia, por vida d'essa cara honrada, ¿sin almorçar se salioren?
FRULA
Tu señor, el moço bebió con una tórtola.
SALAMANCA
Pues, qué diablos, ¿no había taça en casa, que bebió con tórtola?
FRULA
Comió un páxaro, animal.
SALAMANCA
Y qué, ¿animal no es páxaro?
FRULA
No, pues eres tú.
SALAMANCA
Mercedes, señor huésped.
FRULA
Si tú no quieres entenderte... Lo que yo digo es que comió la tórtola y bebió tras d'ella. Y el abad, viendo que era ido, demandó unas sopas de la olla y ansí se fue.
SALAMANCA
¿Qu'ensopado va? ¡Ah! ¿Búrlase?
FRULA
¿Por qué me tengo de burlar?
SALAMANCA
Yo juro al cielo de Dios que no fue esso hecho sino de hombres lamineros. ¿Esso meresce el pobre de Salamanca por irse a dormir al pajar y ahorrar de cama?
FRULA
Ta, ta. ¿Qué? ¿Salamanca te llamas?
SALAMANCA
Salamanca me llamo, y aun me pesa d'ello.
FRULA
¿Por qué?
SALAMANCA
Porque en cosas de comer siempre quedo manco.
FRULA
Ora bien, queda en buen ora.
SALAMANCA
Vaya con Dios, señor bodegonero. ¡Oh, pobre de ti, Salamanca! ¿Dónde irás agora, solo y en tierra agena, y sin almorçar, ni quien te convide? Por aquí será bien que atraviesse y pida la plaça a do se venden cosas de comer.
LAURO
Cuéntame, Crivelo, lo que a contarme empeçaste, sin errar tan sólo un punto.
CRIVELO
Que yo te lo diré, señor, sin discrepar ni tan solamente media puntada.
LAURO
Pues di.
CRIVELO
Has de saber, señor, que, como tú me enviaste a casa de Clavela a ver a qué efeto esse rapaz se había detenido tanto, hallé riñendo a Verginio y a Gerardo.
LAURO
¿Y sobre qué?
CRIVELO
Sobre que oí dezír a Gerardo que había hallado a Fabio abraçado con su hija Clavela.
LAURO
¡Oh, traidor! ¿Que tal oíste?
CRIVELO
Digo que lo oí con estas proprias orejas y fue bien oído.
LAURO
¿Que fue bien oído, tacaño?
CRIVELO
No te empines, señor, contra mí, porque es verdad lo que te digo.
LAURO
Yo te creo.
CRIVELO
¿Cuál yo te creo? Digo que lo haré bueno al diablo que sea, si es menester, encima de un brocal de un pozo, que cumpl[o] palabras.
LAURO
Vamos. Si yo no le diere su pago, no me llamen hombre hijodalgo.
CRIVELO
Que yo solo basto, señor, a cortalle aquellos braçuelos.
LAURO
Crivelo, ven conmigo y, en velle, dale de tal suerte que le dexes tendido.
CRIVELO
Esso haz cuenta que está hecho. Yo me porné d'esta postura... No, sino d'est'otra, y ¡çápepete en tierra! Vamos.

SCENA NONA

(INTERLOCUTORES: LELIA, en forma de paje, llamado Fabio.—SALAMANCA,simple.— QUINTANA, ayo de Fabricio.—MARCELO, amo de Lelia.—LAURO, caballero.—CRIVELO, lacayo.)
LELIA
¿Qué tengo de hazer, pobreta de mí, sino tomar el mejor espidiente? Especialmente que Lauro, mi señor, tiene entendido de Crivelo, su lacayo, que me han visto abraçada con Clavela. Yo no entiendo quién puede ser este que, en mi forma y hábito, haya tenido tal atrevimiento.
SALAMANCA
¡Señor mase Quintana! ¿Qué digo? ¡Ojo! He allí a Fabricio.
QUINTANA
Ya lo veo.
LELIA
En manos de Marcelo, mi amo, voy derecho a ponerme.
QUINTANA
Llámale. Y sin manteo viene.
SALAMANCA
Habráselo jugado.
LELIA
¿Qué moço es este que me está llamando?
QUINTANA
¿Qué moço es este? ¡Ah, Fabricio! ¡Vergüença, vergüença! ¡Qué's del manteo?
LELIA
Hombre honrado ¿conocéisme vos a mí?
QUINTANA
Sí que te conozco.
SALAMANCA
Sí que os conoçuemos.
LELIA
¿Tú sabes con quién hablas?
SALAMANCA
Bien sé con quién hablo. Con Fabricio hablo.
LELIA
¿Cuál Fabricio?
SALAMANCA
Mi amo.
LELIA
Yo no soy tu amo.
QUINTANA
Déxate de chacotear, Fabricio, y vamos a la possada.
SALAMANCA
Vamos qu'es hora de comer.
LELIA
¿Quién te quita la comida?
SALAMANCA
Él me la quita, pues venir no quiere.
LELIA
Yo no tengo para qué.
SALAMANCA
Bien lo creo, pues tiene su tórtola en el buche.
QUINTANA
Calla, diablo, con tu comida.
SALAMANCA
Bien tenéis vos porqué callar, dómine faldetas, pues antes de salir de la possada assí os engollís las sopas como anadón nuevo los livianos o caracoles.
LAURO
Cátalo, Crivelo. Dale, muera.
LELIA
¡Sancta María señora! ¡Sed conmigo!
QUINTANA
Teneos, gentilhombre.
CRIVELO
Que no hay que tener.
SALAMANCA
¡A ess'otro, no a mí! ¡Oh, pecador de Salamanca!
LAURO
En casa de Verginio se ha metido.
MARCELO
¿Qué descortesía es esta tan grande, señores, de querer entrar con las espadas tiradas en casa agena?
LAURO
Dadnos esse rapazuelo de Fabio.
QUINTANA
¿Fabio? Fabricio se llama, señores.
MARCELO
Ni es esse ni ess'otro, que vivís engañados. Pero, señor Lauro, antes que te lo dé, primero te suplico que me oigas un negocio, que pocos días ha que acontesció en mi pueblo, maravilloso de oír.
SALAMANCA
Señores, ¿parésceles que vaya por sendas sillas al mesón?
MARCELO
¿Para qué? Di.
SALAMANCA
Porque, según ha tomado el comienço, no es mucho que nos tomen aquí las cumpretas.
QUINTANA
Déxele, señor.
LAURO
Que me plaze de lo oír. Pero ha de ser con una condición: que entreguéis luego esse rapaz en mi poder.
MARCELO
Yo te lo pondré en tus manos proprias, a fe de quien soy.
SALAMANCA
¡Qué gentiles alientos para quien querría estar en la possada y tener los assadores atravessados por estas tripas!
LAURO
Di presto.
MARCELO
Has de saber, señor, que no ha muchos años que un caballero tomó amores con una donzella, la cual le pagaba con el mismo amor. Quiso su desdicha que este caballero se enamoró de otra señora, olvidando la primera. La primera, viéndose despreciada de su amante, no sabiendo qué se hazer, acordó de mudar el hábito feminino. Y en el de hombre muy muchos días le sirvió. Pues andando a la desconoscida, viéndose todavía aborrescer d'este su señor, vino en tanto estremo, que estuvo para desesperar. Y está hoy día que plañe y lamenta en secreto, que es la mayor lástima en el mundo.
LAURO
¡Dichoso tal hombre, pues con tan firme amor es amado! ¿Y por qué no se da a conoscer de su señor?
MARCELO
Porque teme d'él mal sucesso.
LAURO
¿Cuál mal sucesso? A fe de caballero, que si por mí tal acaesciera... Más, ¿qué digo? No soy yo tan dichoso ni tan bien aventurado.
MARCELO
Señor, si por ti tal acaesciera, ¿qué es lo que hizieras tú? ¿No olvidaras otro cualquier amor por muger tan constante, siendo tan hermosa y noble como la otra?
LAURO
¿Cuál olvidar? ¿Y con qué se podría pagar un tan conforme amor?
MARCELO
Pues primero que en nuestra casa entres ni a Fabio veas, quiero que me jures a fe de caballero qué es lo que tú hizieras sobre este negocio.
LAURO
Por el juramento que me has tomado te juro que no le podría pagar con otra cosa si no era con tomalla por muger.
MARCELO
¿Hiziéraslo tú ansí?
LAURO
Y no de otra manera.
MARCELO
Pues entra, señor, que por ti proprio ha sucedido lo contado.
LAURO
¿Por mí? ¿Cómo?
MARCELO
Porque [...] Fabio, a quien tú quieres matar pensando que es hombre, es tu querida primera Lelia, hija de Verginio, romano, la cual se salió del monesterio por servirte en hábitos de hombre. Mira si le debes algo y le eres en grandíssima obligación.
LAURO
No me digas más, señor Marcelo, que yo te creo.
CRIVELO
Y aun por esso, señor, muchas vezes, cuando se iba acostar a la cámara de los lacayos, se apartaba acullá lexos en un rincón a desnudar. Yo dezíale: «Hermano Fabio, ¿por qué no te vienes a desnudar a la lumbre?» Y respondíame él diziendo: «Hermano Crivelo, tengo sarna.»
LAURO
¡Sus! Entremos allá dentro, que yo le quiero pagar con lo que tengo dicho.
SALAMANCA
Señor mase Quintana, si aquel no es Fabricio, ¿qué esperamos? Vámonos ad comedendum ad posatam .
QUINTANA
¿Qué dizes? ¿Qué algarabía es essa?
SALAMANCA
¿Algarabía es esta? Es gramátula, y aun de la más fina de Alcalá de Humares.
QUINTANA
Escúchate. — Dígame, señor. ¿Cómo dixo denantes que se llamaba el padre d'essa Lelia?
MARCELO
Verginio, romano.
QUINTANA
¿Verginio, romano?
MARCELO
Sí, señor.
QUINTANA
¿Tuvo otro hijo, sin este?
MARCELO
Uno, el cual se perdió en el saco de Roma.
QUINTANA
Por hallado se puede tener el día de hoy, que, llegando ayer aquí a Módena, so amparo y guarda mía, se nos ha desparescido. Y pensando ser este que se retraxo en vuestra possada, venimos en su seguimiento.
CRIVELO
¿Y es esse el que llamáis Fabricio?
QUINTANA
Sí, señor.
CRIVELO
¡Ta, ta! Que me maten si esse que vos dezís no es el que han tomado por Lelia y está encerrado en casa de Gerardo.
MARCELO
Pues por amor de mí, mientras nosotros nos entramos a efetuar el matrimonio del señor Lauro con Lelia, se vaya aquí con Crivelo.
QUINTANA
¿Dónde, señor?
MARCELO
A casa de Gerardo, porque Verginio es ido allá armado con Pajares, su moço, a que le restituya a Lelia.
QUINTANA
¡Válame Dios! Iré porque no suceda algún escándalo.
CRIVELO
Vamos. Y daremos noticia de lo passado.
SALAMANCA
Y pues yo, mase Quintana, o cuartana, ¿quédome hecho campaleón? ¿Piensa que m'he de mantener del aire?
QUINTANA
¡Oh! Toma. Cat'ahí cuatro reales y dalos a Frula, el mesonero, en señal, que se los debemos, y dile que te dé el portillón de la ropa.
SALAMANCA
¿Y no más?
QUINTANA
Y el pan que sobró del almuerço. Y vente aquí a la possada del señor Verginio.
SALAMANCA
(Y al pan podéis agradecer la vuelta.)

SCENA DÉCIMA

(INTERLOCUTORES: VERGINIO, padre de Lelia.—PAJARES, simple.—QUINTANA, ayo de Fabricio.—CRIVELO, lacayo.— GERARDO, padre de Clavela. —FABRICIO, hermano de Lelia.—CLAVELA, dama.)
VERGINIO
Mira, Pajares.
PAJARES
Miro, señor.
VERGINIO
No te cures de más, sino hazer como yo hiziere. Veamos si me darán a mi hija por fuerça o por grado o mal que les pese.
PAJARES
Y dígame, señor, ¿cuántos han de ser los alanceados , si plaze a la voluntad de Dios?
VERGINIO
Sólo uno es el que me ha ofendido.
PAJARES
¿Uno no más? Y ¿cómo se llama?
VERGINIO
De todo te han de dar cuenta. Gerardo se llama. ¿Por qué lo dizes?
PAJARES
¿Por qué? Querríame llegar a la iglesia.
VERGINIO
¿Para qué?
PAJARES
Para h[a]zelle dezir una missa de salud.
VERGINIO
Calla, badajo, que no sé quién viene.
PAJARES
Crivelo es el uno. Y el otro saludador me paresce.
CRIVELO
Guárdele Dios, señor Verginio.
VERGINIO
Seas bien venido con la compañía.
QUINTANA
Beso sus manos.
PAJARES
Señor Crivelo, ¿paréscele en qué andenes y riesgos me han traído mis pecados?
CRIVELO
¿Cómo, Pajares?
PAJARES
¿Cómo, me pregunta? ¿No vee qué enlanceado estoy?
CRIVELO
Pues, ¿qué haze al caso, di?
PAJARES
¿Quién me hizo a mí matahombres? Que aun por mis pecados los días passados mató mi padre un hurón y en más de quinze días no ossaba salir de noche al corral do le había muerto.
QUINTANA
¿Por qué?
PAJARES
Porque no me assombrasse su álima.
CRIVELO
Señor V[e]rginio, bien puede vuessa merced enviar este moço a casa a desarmarse.
PAJARES
¡Ah, Dios te dé salud, amén!
VERGINIO
¡Cuál enviar! ¿Venís vos hecho de concierto con Gerardo? Pues tené por entendido que no lo haré hasta en tanto que me dé mi hija tan sana y tan buena como se la entregué.
CRIVELO
Señor Verginio, ¿cómo os puede dar vuestra hija no teniéndola?
VERGINIO
¿Diz que no tiniéndola? Pues, ¿qué cuenta me da de la moça que yo le dexé en su poder?
CRIVELO
¿Moça? Yo digo qu'es moço.
QUINTANA
Señor, lo que yo tengo entendido d'este negocio es que Lelia está en tu casa con toda la honra del mundo y desposada con un gentilhombre que se llama Lauro.
CRIVELO
Dize verdad, señor. Con mi amo.
PAJARES
Y sin pedirme perdón, señor.
VERGINIO
¿De qué te había de pedir perdón?
PAJARES
De que me hizo ayunar el lunes sin ser ayuno, ni cantallo el martilojo de mi bravario.
VERGINIO
¿Que mi hija es desposada con Lauro? Dichoso sería yo si tal fuesse.
CRIVELO
Que lo puedes bien creer, señor.
VERGINIO
Y pues el que tanto le semeja que está en casa de Gerardo, ¿quién ha de ser?
QUINTANA
Tu hijo, señor.
VERGINIO
¿Qué me contáis?
QUINTANA
La verdad sin falta.
VERGINIO
¡Oh, Providencia divina!
CRIVELO
Señor, en casa de Gerardo me entro por dalle aviso del regozijo tan sobrado y ganar las albricias.
VERGINIO
Corre, ve.
PAJARES
Yo a desenlancearme.
VERGINIO
Señor..., ¿cómo es su gracia?
QUINTANA
Quintana, a su servicio.
VERGINIO
¿De qué tierra?
QUINTANA
De Roma, ayo de su hijo Fabricio.
VERGINIO
¡Fabricio! Y ¿quién le puso esse nombre?
QUINTANA
Señor, tú has de saber que el día de la revuelta que fue saqueada Roma, quiso su buena dicha o ventura que vino en poder tu hijo de un capitán español, dicho Fabricio. Y por quererle tanto, me lo dio que le enseñasse toda criança, llamándole de su proprio nombre. Y al punto que fallesció, lo dexó heredero de su hazienda.
VERGINIO
¡Sancto Dios!
QUINTANA
Yo, como por tu hijo y mi criado supiesse que tenía padre que se llamaba Verginio y, por información de algunos estrangeros, que en Módena residía, determiné de encaminarle a esta ciudad y traelle en tu presencia.
VERGINIO
Digo, señor, que yo estoy por ello a no faltaros en los días de mi vida.
CRIVELO
Señor, he aquí do sale el señor Gerardo y tu hijo Fabricio con su esposa Clavela mano por mano.
GERARDO
¿Qué le paresce, señor Verginio? Las cosas que son encaminadas por Dios, ¡cómo siempre vienen a parar en buen sucesso!
VERGINIO
Assí es la verdad, señor Gerardo.
QUINTANA
Fabricio, abraça tu padre.
FABRICIO
Deme sus manos, señor.
VERGINIO
¡Jesús y cuán semejante es a Lelia! Bendígate Dios, hijo mío, a ti y a tu esposa.
CLAVELA
Y a él dé largos días de vida.
GERARDO
Señor Verginio, pues no ha sido servido Dios que Lelia fuesse mi muger, según aquí Crivelo me ha contado, digo que yo me tengo por muy dichoso y contento que su hijo Fabricio sea mi yerno y, de hoy más, por consuegros y hermanos nos abracemos.
VERGINIO
Que me plaze. Y vamos derecho a mi apossento, donde se celebrarán las bodas cumplidamente.
CRIVELO
¡Sus, señores! Si les paresciere alcançar de la fiesta y confitura que allá dentro está aparejada, alléguense a la possada del señor Verginio, que, a fe de hombre de bien, según el preparatorio, no falten quexosos. Y, por tanto, perdonen.

FIN DE LA COMEDIA LLAMADA DE LOS ENGAÑADOS